enero 06, 2010

¡Vaya con el cierre de año!

Marielena Hoyo Bastien
producciones_serengueti@yahoo.com
Animalidades
La Crónica de Hoy

La libré… y gracias a Dios heme aquí de nuevo dándole a la tecla para entrar en contacto con los lectores y lectoras atentos y amables a mi tema, en este inicio de año con el que… ¡oops!... se cerrará la primer década del siglo XXI, y que con todo y dibujársenos tétrico, particularmente por cuestiones económicas, deseo al menos que lo transcurramos de buenas, especialmente este Día de Reyes en el que quienes se hayan portado bien, o siquiera regularmente, habrán encontrado al pie del arbolito navideño algún regalito… no en cambio aquellos por cuyo actuar en razón de maldad, incapacidad, deshonestidad, negligencia o todo junto, solamente fueron dignos, si acaso, de un tizne como el que seguramente descubrió en su zapatote Patricio Patrón Laviada, titular de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA) que inexplicablemente tardó casi un año para proceder al desalojo del zoológico La Reina de Tizimín, Yucatán… ¿recuerdan?... según, el segundo en importancia de la zona, pero que aún así, por extrema vileza y un mal manejo administrativo que cuentan, incluye desvío de recursos por parte de la presidencia municipal correspondiente, mantuvo bajo crueldad máxima y tal cual, MUERTOS DE HAMBRE, a sus animales huéspedes, muchos de los cuales por ello, durante los últimos 10 meses fueron muriendo de manera trágica, francamente espeluznante. Y ahora, los que sobrevivieron hubieron de ser sacados por la fuerza durante una segunda intentona dada esta vez el 18 de diciembre pasado, pero ya bajo la intervención formal de elementos de Marina, Policía Federal, de los agentes especiales que para estos casos tiene designada la Procuraduría General de la República (PGR) y por supuesto, de más de un centenar de inspectores de la PROFEPA que encabezados por el Delegado Estatal Enrique Cárdenas González, llevaron como respaldo para el cateo la orden de un juez.

Lamentablemente por sus circunstancias individuales o por no contar con un espacio adecuado para su reubicación, algunos animales quedaron todavía en las instalaciones del dizque zoológico, lo peor, en espera de que alguien le ayude al procurador ambiental para colocarlos, lo que definitivamente no se puede aceptar. ¡Inepto! Cómo demonios tiene en sus manos claramente un poder, el conocimiento exacto del universo de ejemplares y sus terribles circunstancias, y no es capaz de contar anticipadamente con lugares suficientes y seguros para reinstalarlos, dejando recaditos al sector yucateco de la protección animal, magníficamente encabezado por Rosario Sosa Parra, para que le ayuden con ello. Me pregunto si de verdad resulta muy difícil conciliar con cada unos de los más de 100 zoológicos registrados ante la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) la posibilidad de apoyo. Y si las instituciones serían capaces de negárselo ante la crueldad de que fueron objeto los pobres animales, pero...

Así son las cosas. Para otro botón de muestra en este cruel asunto, quedan las declaraciones del alcalde tizimileño José Luís Peniche Bates que con gran descaro reclamó politización del caso y violación a la autonomía municipal, además de acusar (y quien acusa prueba) de abuso de autoridad a los elementos que cumpliendo estrictamente órdenes, según él, causaron destrozos al inmueble y robaron objetos y alimentos durante el operativo que, por otra parte, pudiendo haber sido resuelto tempranamente para evitar más muertes, igualmente fue descalificado por gobernadora Ivonne Ortega Pacheco que durante casi todo un año de denuncias (personalmente le envié la mía a su página oficial, sin obtener respuesta) nunca se pronunció, pero bien que vino a vociferar esta vez alegando también trasfondo político, y presentando como un acto lamentable la intervención de Marina, cuando precisamente ella, tanto en su calidad de Jefe del Estado como de mujer, tuvo la oportunidad de mediar, de negociar, pero sobre todo de parar ese absurdo abandono y mortandad de animales por hambre, canibalismo y negligencia; por una falta de atención total.

En cambio, llama mi atención que para el 28 de diciembre la PROFEPA haya podido encontrar hogar inmediato para más de mil reptiles y arácnidos procedentes de un decomiso en la colonia Morelos del DF. ¿Habrá sido una inocentada?... pero no, porque según el canal 34 de TV, los animales fueron recibidos en el herpetario del Zoológico de Zacango, donde francamente no veo cómo se alojará debidamente tamaña cantidad de complejas y protegidas especies. Pero…

El cierre de año dio todavía para más, como fue poder hacer el seguimiento por televisión de una Iniciativa Legislativa Popular impulsada por 180 mil firmas en busca de abolir las corridas de toros en Catalunya, que además de encabezar con gran éxito la lucha por desterrar la presencia de animales en los circos, ahora libró el primer paso de los 3 que se requieren para que lo solicitado sea un hecho antes del próximo mes de mayo, lo que tiene de punta a los taurinos. Durante esta primer vuelta, como se permitió total libertad de voto y además éste fue secreto, 67 fueron los pronunciamientos a favor de la Iniciativa, 59 los votos en contra, e inexplicablemente se dieron 9 abstenciones que seguramente serán posiciones definitivas para una final de la que estaremos muy pendientes en este espacio que…

Se alegra con un descarado lero lero por el fraude de que fueron objeto algunos ciudadanos mexicanos que durante la época navideña intentaron comprar perros vía cibernética… como si se tratara de cosas... ¡El colmo! Y…

Termino por hoy con un hecho que espero no se concrete. Se trata de la renuncia de Ernesto Enkerlin a la Presidencia de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas de la SEMARNAT, que aunque no tiene una fecha exacta para ser efectiva, desde hace casi tres meses está en manos de Juan Rafael Elvira, el Secretario. Siendo una Dependencia básica para la protección de nuestros recursos naturales, no la miro efectivamente posible sin su desarrollador, pero EE me dijo que ya cumplió con un ciclo. Quiere cerrar el capítulo y hacer un traspaso de mando ordenado, además de que su familia lo reclama. Lo entiendo. Sin embargo, insisto, a pesar de mi delicado desacuerdo con él por la matanza de animales que requirió la recuperación de algunas islas, no miro a la CONANP sin él, como persona y profesional. No por el momento.

Sufragio efectivo; sí reelección

José Antonio Crespo
Horizonte político
Excélsior

Por lo visto, fue muy eficaz la socialización política que desplegó el PRI en las últimas décadas sobre el conjunto de la sociedad. Convenció a una generación tras otra de que la re-elegibilidad de los cargos de representación política es sinónimo de autoritarismo, caciquismo o dictadura. Claro, la experiencia porfirista como causa de la Revolución así lo deja entrever, pero dicho anatema histórico vale sólo para el Ejecutivo, y el PRI lo hizo extensivo a quien no lo tenía: los legisladores. En 1933 se aprovechó lo ocurrido con Álvaro Obregón años antes para eliminar también la reelección legislativa, con fines de subordinar a los legisladores al Poder Ejecutivo, mediante el partido oficial. De esa forma, se transfería al jefe nato del partido oficial— el presidente—, la decisión fundamental sobre la carrera política de los legisladores. La no reelección legislativa no sólo es una anomalía democrática, sino un engranaje del presidencialismo monárquico que caracterizó al régimen priista. Sufragio efectivo y sí reelección constituyen un binomio fundamental de la democracia representativa. Que por razones históricas no podamos —ni queramos— restaurar la reelección en el Ejecutivo no justifica que mantengamos esa extravagancia también en el Legislativo.

La no reelección legislativa cortó uno de los dos vínculos democráticos esenciales entre representantes y representados. Al haberse reestablecido el sufragio efectivo (con sus altibajos, desde luego), se recuperó uno de los pilares de la democracia representativa, en tanto que el otro, la reelección, sigue pendiente. Pero al plantearse esa restitución democrática, he aquí que aflora en tirios y troyanos, de todos signos y filiaciones, la animadversión que cultivó el PRI contra la reelegibilidad inmediata de estos cargos de representación. El argumento lo vendió muy bien el tricolor durante sus años dorados: la reelección enquista en el poder a una élite política, que además responde a intereses fácticos o formales más que a sus representantes. Como si no fuera esa la práctica que prevalece hoy día, sin reelección legislativa. Por el contrario, la reelección pretende incorporar en las consideraciones de los legisladores un elemento de equilibrio ciudadano con otros poderes influyentes (formales y fácticos).

Se dice también que ese mecanismo será contraproducente en tanto los comicios no sean plenamente libres y equitativos. Bueno, pues para quien piense que aún no tenemos esencialmente sufragio efectivo ni siquiera tiene caso participar en los comicios, con o sin reelección. Pero resulta patético oír a muchos legisladores (de todos los partidos) argumentar la falta de sufragio efectivo. ¿Entonces, cómo llegaron ellos mismos al Congreso? ¿Con fraude o comprando votos? Hay también consejeros electorales que recelan de la reelección con ese mismo argumento. ¿Acaso los consejeros no pueden garantizar el sufragio efectivo? Para quienes aceptan el avance en materia electoral —pese a sus bemoles y altibajos— no tendría por qué haber dicha reserva. Si hay sufragio esencialmente libre, entonces la permanencia o no de los legisladores dependerá de los ciudadanos, más que de otros poderes (los gobernadores, las cúpulas partidarias, los líderes corporativos), a los cuales la alternancia del año 2000 transfirió la decisiva influencia sobre los legisladores que antes tenía directamente el Presidente de la República. Sin la posibilidad de reelección (y sin revocación de mandato legislativo), votar es dar un espaldarazo ciego a los legisladores, firmar un cheque en blanco sin posibilidades de pedir cuentas ni propinar ninguna sanción política. ¿Dónde está lo democrático en semejante relación?

Por otro lado, muchos piden la desaparición de los diputados de representación proporcional, para que queden sólo los de mayoría relativa, pero al mismo tiempo se oponen a la reelección, cuando justamente la racionalidad de tener diputados en distritos de mayoría es estrechar el vínculo con sus electores (lazos que en circunscripciones mayores, y con listas cerradas, se pierden por completo). En esa contradicción vivimos desde 1933: una pista predominante de diputados de mayoría sin el vínculo directo que justifica ese formato de representación democrática. En todo caso, la no reelección legislativa implica una representación política a la mitad.

Es como tener un auto sólo con las llantas delanteras, pero sin las traseras. El amplio rechazo a la reelección legislativa es uno más de los múltiples triunfos culturales del PRI.

El argumento lo vendió muy bien el tricolor durante sus años dorados: reelegirse enquista en el poder a una élite política.

enero 05, 2010

Los hipócritas

Carlos Loret de Mola
Historias de un reportero
El Universal

Todos los partidos políticos en México están en contra de elevar impuestos… pero sólo cuando son oposición. A la hora de encabezar gobiernos, PAN, PRI y PRD en distintas partes del país han apoyado nuevas cuotas y gravámenes que buscan mantener sanas sus finanzas a costa de la bancarrota de la población.

Abrimos 2010 con más Impuesto al Valor Agregado (IVA), más Impuesto sobre la Renta (ISR), más Impuesto a los Depósitos en Efectivo (IDE), más cara la gasolina, más caro el diesel. La propuesta fue de la administración federal, de extracción panista, y resultó aprobada con el visto bueno del PRI en el Congreso federal. El PRD se quejó de la impuestiza… que él mismo aplicó, vía la gestión de Marcelo Ebrard, en la Ciudad de México, al subir de un jalón agua, metro, predial, bodas, divorcios, licencias de conducir, actas de nacimiento, parquímetros y tenencias.

En la capital, se siguen quejando panistas y priístas, como si no hubieran hecho algo similar a nivel nacional.

En Hidalgo el PRI fomentó el aumento sistemático a la tarifa de agua hasta llegar a 22%, en Jalisco el PAN el transporte público, en Michoacán el PRD también el vital líquido. En Nayarit, el gobernador priísta dice en su página de la red social de internet Facebook que no se ha autorizado un alza en el pasaje del transporte público, pero ya están cobrando dos pesos más los camioneros. En Veracruz subió 20%. El priísta de Quintana Roo y el perredista del Distrito Federal crecieron de 2 a 3% el impuesto al hospedaje.

Gobernados por quien sea, cualesquiera las promesas e ideologías de los partidos políticos para llegar al poder, los mexicanos arrancamos el año económicamente inmovilizados por el desempleo, la crisis, la cascada de impuestos impulsada desde todos los partidos y, además, los súbitos incrementos a los productos de primera necesidad —frijol, sal, azúcar, tomate, papel higiénico— que en tan sólo un mes registraron aumentos muy, muy por encima de la inflación natural de la economía mexicana.

La realidad es que por más que promuevan un cambio de modelo económico, un bienestar financiero para la población, ningún partido político ha logrado establecer a la mínima escala una manera diferente de manejar la economía. Basta revisar las biografías de los secretarios de Finanzas estatales de PRI, PAN y PRD: reina el neoliberalismo, manda el modelo que sustituyó al estatismo fracasado… y reprobó también.

SACIAMORBOS

Feliz Año Nuevo

Dos desfiles

Federico Reyes Heroles
Reforma

Ya no tienen que combatir a los realistas, tampoco romper el vínculo con una monarquía poderosa. No serán perseguidos por el vasto territorio que recorrieron los héroes patrios en huida por momentos interminable. La conspiración ya no es necesaria, coincidencias y diferencias pueden ventilarse a la luz de día, quizá en exceso. No estaría mal que se reunieran en privado para avanzar en acuerdos. Deberían hablar menos a la prensa y más entre ellos. No tienen que formar ejércitos para encarar a las fuerzas imperiales. Se encuentran en un territorio integrado en lo general, comunicado, en que a diario damos por supuesto poder trasladarnos del sur al norte en unas cuantas horas.

No tienen que esperar largas semanas o meses para conocer las respuestas de aliados u opositores. Pertenecen a un país reconocido por la comunidad internacional, la doceava economía del mundo, con decenas de representaciones diplomáticas, un país que participa en el Consejo de Seguridad de la ONU, que ha firmado una lista de tratados comerciales, incluido uno con la mayor potencia del mundo. Cuándo hubieran soñado Hidalgo, Morelos o Allende un escenario así. Por más que nos quejemos hoy en este país hay 32 entidades con congresos locales, con poderes judiciales establecidos. Las disputas territoriales entre estados, si bien no han desaparecido, por momentos parecieran anecdóticas. El territorio nacional está básicamente poblado. Los planes de colonización son algo del pasado. No estamos a la espera de invasiones extranjeras propiciadas por el apetecible escenario de un Estado inexistente.

Tampoco tienen que deshacerse de la longeva dictadura de un personaje que llegó a tener todos los hilos de la conducción nacional. Hoy el poder está dividido en el territorio nacional y dentro del territorio en poderes y aún más con la participación de varios partidos. La lealtad de las Fuerzas Armadas a las instituciones es algo que damos por sentado, ni asonadas ni cuartelazos. Difícil pensar que la Ciudad de México sea tomada más allá de lo simbólico. Es inconcebible el asesinato de un senador después de mutilarlo para lograr su silencio, menos aún que el Legislativo sea cerrado. La prensa puede sufrir hoy las presiones brutales de los narcotraficantes, pero nadie podría siquiera imaginar que un gobernante pudiese callar a los medios. Qué hubiera dado Madero por tener el respaldo de una población en la cual sólo alrededor del 10% es analfabeta y no como en sus tiempos en que 90% vivía en esa condición. Mal que bien la cultura democrática hoy es mucho más amplia.

Qué hubiera dado el Apóstol de la Democracia por contar con un IFE o un TEPJF, con la participación de más de un millón de ciudadanos cada tres años en la conducción inmediata de las elecciones. O vivir en un país electrificado en el 97% en el cual se puede transmitir una convocatoria nacional a través de los medios sin tener que huir a Estados Unidos para sobrevivir. México hoy es otro. Quizá de ahí la desesperación ciudadana frente a la pequeñez de nuestra clase política. Lo más patético es la inmovilidad. Sabemos de las enormes injusticias, de la necesidad de fomentar inversión y empleo, de la baja recaudación no petrolera y sin embargo legislaturas entran y salen y son incapaces de lograr una nueva estructura fiscal en beneficio de todos. Ejemplos internacionales hay muchos. Esa información tampoco existía hace un siglo, menos dos. Ya no es asunto de la composición de las Cámaras, es cuestión de miopía patriótica. Ellos son los responsables de que la desigualdad se perpetúe, de que no se generen los empleos necesarios, de que cientos de miles de mexicanos tengan que abandonar a sus familias y cruzar la frontera norte. Mirados en retrospectiva desde el 2010, los retos de hoy parecieran muy menores. Fallan entonces los mexicanos.

Tampoco pareciera imposible terminar con la asfixia que está matando a la principal empresa nacional. Qué hubieran dado Carranza y Obregón por contar con ese activo. Y sin embargo los legisladores son incapaces de ponerse de acuerdo para inyectar nueva vida a ese motor del desarrollo. Por supuesto que cada reforma de fondo traerá problemas, Luz y Fuerza es el ejemplo más cercano. La imprescindible reforma laboral va a afectar intereses que lesionan a la nación en su conjunto. Pero para eso están los legisladores, para mirar por el país, independientemente de sus cálculos partidarios o personales. Qué van a pensar los jóvenes mexicanos en este 2010 cuando se les recuerde el desfile de grandes héroes que construyeron en plena adversidad a este país, adversidad que hoy no podemos ni imaginar. Pero también mirarán el otro desfile, el del presente.

En Calderón, Nava, Madero, Vázquez Mota, Paredes, Beltrones, Rojas, entre otros, se concentran hoy las grandes decisiones del futuro. ¡Qué oportunidad! México ha sido muy generoso con ellos. Es hora de que piensen en grande y busquen un lugar en la historia, en la de fondo.

Héroes muy poco heroicos

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

Aquí van unas líneas para alebrestar a los patrioteros, señoras y señores, y para merecer el calificativo de “antimexicano” que tanto les gusta endosarme. Nuestra historia está hecha de mentiras y nuestros héroes, por lo general, no son nada heroicos. Vamos por partes: el cura Hidalgo, ese señor que aparece en los billetes de banco y cuyo nombre figura obligadamente en una calle de cada colonia, barriada, municipio y asentamiento irregular de este país, era un tipo más bien sanguinario e impulsivo que se adelantó a los acontecimientos provocando masacres innecesarias siendo que la independencia, en sentido estricto, la consumó un personaje, Agustín de Iturbide, que no goza de particular popularidad hasta la fecha. Otro cura, José María Morelos, imaginaba un Estado tan alejado de los principios liberales que se hubiera entendido a la perfección con los ayatolas que han instaurado la teocracia en Irán. Lo peor, sin embargo, es que toda la historia del México independiente, a partir de 1821, es un recuento de enfrentamientos fraticidas, guerras, traiciones, asonadas y rompimientos del orden constitucional. El mexicano más infame de todos los tiempos, Antonio López de Santa Anna, recibió todavía la amable solicitud de tomar las riendas de la nación en 1853, luego de sus catastróficas gestiones anteriores y de haber perdido la mitad del territorio de la nación. Ah, y pidió que lo llamaran Su Alteza Serenísima. El próximo retorno del PRI al poder es una mera anécdota en comparación.

Llegamos así a la dictadura de Díaz, un raro período de estabilidad (las vías de ferrocarril que usamos hoy día las construyó él, para que vean cómo hemos progresado en 100 años) y, luego, al episodio de la sacrosanta Revolución Mexicana que, más bien, fue otro recuento de escaramuzas, guerrillas aisladas, atrocidades y hambrunas protagonizado por unos rebeldes intolerantes, matones, golpistas y desleales. Se salvan, por ahí, Madero y Juárez, dos liberales de cepa pura en un universo de caudillos brutales. ¿Qué vamos a celebrar en este 2010?

La razón de Estado, la revancha, la privacidad

Jorge Fernández Menéndez
Razones
Excélsior

Los últimos años han estado tan marcados por la ausencia del respeto a los derechos individuales básicos en aras de objetivos supuestamente superiores que, comenzando este 2010 no está de más revisar, dentro y fuera de México, esos objetivos y la forma en que lastiman la convivencia social.

¿Ha viajado usted a Estados Unidos este fin de año, después del fallido atentado navideño? Las llamadas “medidas adicionales de seguridad” son, desde México y desde cualquier otro lugar del mundo, un despropósito. Un recuento rápido nos deja, aquí en el país, con tres revisiones de equipaje y “corporales” dentro ya del área de embarque, con empleados de las aerolíneas y policías federales (sobre todo éstos) particularmente paranoicos. Todos los pasajeros son sospechosos y son tratados como tales, aunque se demuestre lo contrario. Sin embargo, no nos ha ido tan mal, por lo menos en los vuelos en que me ha tocado viajar. En Canadá, esos controles llegaron al paroxismo: diez horas, en la fila de revisión, estuvo una pasajera que intentó volar de Toronto a Los Ángeles con su hija de cinco años. En esas diez horas, además de perder el vuelo y las maletas, no pudo consumir ni agua ni alimentos. En la mayoría de los vuelos, en la hora previa al aterrizaje, no se permite a los pasajeros levantarse de su asiento; en algunos casos son despojados de todo tipo de artefactos, desde computadoras hasta libros, pasando por almohadas y cobijas. En un vuelo que iba de Pekín a Los Ángeles incluso los obligaron a estar despiertos. En uno que iba de Acapulco a Chicago no pudieron moverse los escasos tres pasajeros que transportaba. La lista de excesos es interminable.

¿Tiene sentido todo esto? Por supuesto que no. Nadie puede oponerse al establecimiento de medidas de seguridad estrictas luego de un intento de atentado. Pero el problema es que estas medidas no sirven. El joven nigeriano que quiso detonar el vuelo de Ámsterdam a Detroit estaba reportado por sus padres como simpatizante de Al-Qaeda. Se encontraba en las listas de sospechosos: Londres le había negado la visa británica y lo estaba siguiendo desde meses atrás, pero el consulado estadunidense en la misma capital inglesa le dio una visa de ingresos múltiples. Y Londres jamás informó a Washington sobre el caso.

Las llamadas medidas adicionales de seguridad, que son aleatorias, no sirven para impedir estos atentados sino con el fin de infundir miedo y zozobra en la gente y restringir cada vez más derechos, algunos tan elementales, en los últimos días del año, como el de no tener que volar con las “manos visibles” y sin hacer “movimientos sospechosos”. La seguridad está en tierra y en los mecanismos de inteligencia, en EU o aquí. Se han gastado, México incluido, miles y miles de millones de dólares en sistemas informáticos para contar con una enorme base de datos de todos nosotros, muchos de los cuales violan la privacidad. Y siempre se ha dicho que ello es para garantizar la seguridad global. Aceptémoslo. Pero, ¿qué sucede cuando se descubre que ese sistema no funciona adecuadamente y un sospechoso (de una lista que no es tan amplia, de no más de 500 mil personas) no es detectado y, con una bomba, puede abordar un avión? Si la inteligencia y los sistemas fallan, en éste y cualquier otro tema relacionado con la seguridad, la reducción constante de los más elementales derechos a la privacidad no sirve para nada.

Dejemos el terrorismo internacional y pasemos a nuestra más modesta agenda local. El 22 de diciembre, un grupo de patanes que dijeron pertenecer al SME bloqueó el domicilio particular del secretario del Trabajo, Javier Lozano. No pudieron salir ni él ni su mujer ni sus hijos. A algún colega eso le pareció algo “normal”. A las autoridades del DF aparentemente también, porque no hicieron absolutamente nada para desalojar a los bloqueadores. Estoy seguro de que si hubieran bloqueado el domicilio del jefe de Gobierno no hubieran opinado lo mismo. De “normal” no tiene nada: es un delito pero, además, la ruptura de una norma básica en la convivencia política civilizada. Si la vida particular y familiar es un límite que se puede traspasar, si la privacidad incluso en esos ámbitos, puede ser vulnerada, ¿dónde se pondrán las nuevas fronteras?, ¿quién establecerá ese freno? No deja de ser significativo que el SME, con la tolerancia del Gobierno capitalino, utilice los mismos métodos de los regímenes autoritarios que envían a sus incondicionales a bloquear las casas de sus adversarios. Algunos olvidan que el mismo día que se bloqueaba a la familia de Lozano, en Tabasco se mataba, como escarmiento, a los familiares de un marino. Son dos dimensiones de una misma lógica de venganza.

No deja de ser significativo que el SME, con la tolerancia del GDF, utilice los mismos métodos de los gobiernos autoritarios.

enero 04, 2010

No estaba muerto, andaba de parranda

Lydia Cacho
Plan B
El Universal

Algunos creen que el PRI regresará al poder en dos años, sin embargo quienes no vivimos bajo el espejismo de la capital del país, sabemos que el PRI nunca se fue. Abrimos las puertas al 2010 con la certeza de que al cumplir una década bajo el gobierno federal del PAN tenemos suficientes datos duros para hacer una evaluación de cómo se transformó el país a partir de que la sociedad le arrebatara al PRI la Presidencia de la República. Y tal vez para hacer el recuento de los daños debemos empezar por admitir que el PRI sigue dominando al país. El presidencialismo como lo conocíamos se colapsó, es cierto, sin embargo se reconformaron los poderes y son los gobernadores y sus estrategias para controlar a los congresos y a los medios locales quienes se afanan en mantener a la maquinaria semidictatorial afinada y balanceada.

Si usted, como yo, vive en provincia tiene mayor claridad sobre lo que se vive en las otras 31 entidades de la República. Tenemos 500 diputaciones federales, 128 personas en el Senado, 2 mil 445 presidencias municipales, mil 600 legisladores. Ellas y ellos pertenecen a todos los partidos y son en gran medida quienes colaboran para la sistemática descomposición del país. Tendríamos que decir que lo que los medios “nacionales” muestran sobre el país es una visión sesgada de la realidad; la capital es vista como el ombligo de México y sus particularidades generan dinámicas que difícilmente se muestran en otros estados; la razón es que el presidencialismo priísta no desapareció sino se diluyó entre los gobernadores.

Las leyes aprobadas a nivel federal difícilmente significan algo para los gobiernos estatales, los debates legislativos en el Distrito Federal parecen mostrar un país progresista con debates abiertos; sin embargo es sólo una entidad, el resto del país sigue otras dinámicas.

Los congresos locales, en general, son una farsa. Las y los diputados honestos de oposición al partido gobernante son la excepción y carecen de poder. Los gobernadores negocian con dinero, poder, amistad, espionaje o canonjías y al final utilizan a los parlamentos para hacer con el estado lo que les viene en gana. En Quintana Roo el gobernador gasta mil millones de pesos al año en “compensaciones” a los medios locales para evitar que digan la verdad; una cantidad similar o mayor erogan otros gobiernos en los estados. Los medios que no cooperan o no se venden son cooptados o llevados a la quiebra por presiones gubernamentales hacia el empresariado que retira su publicidad por miedo a represalias, o por mera colusión en la protección de intereses político-empresariales.

Cientos de reporteros y reporteras en toda la geografía nacional viven negándose a la corrupción y bajo riesgo de perder su trabajo; saben que gran parte de sus notas, generalmente las mejores, nunca serán publicadas porque dañan los intereses de políticos o empresarios poderosos. Esta corrupción abona a las estrategias del narcotráfico para amedrentar a los medios; en varios casos de asesinatos de periodistas se sospecha que no fue el narco sino la clase política local y los caciques regionales quienes mandaron ultimar las vidas de quienes les investigaban; pero en río revuelto, ganancia de gobernadores.

Siguiendo el mismo modelo del presidencialismo priísta, los gobernadores han fortalecido sus cacicazgos como nunca en la historia. Antes tenían jefe supremo, ahora a Calderón no lo reconocen más que para exigirle recursos federales. Nada más. Son los gobernadores los dueños de sus estados donde la separación de poderes es cuento de hadas. Las y los procuradores obedecen al jefe para arrestar a quienes les incomodan o proteger a quienes les facilitan sus ilícitos y nutren a la maquinaria. Las comisiones de Derechos Humanos están atadas de manos o cooptadas.

Son los gobernadores quienes se aseguran de evitar la aprobación de políticas públicas para el fortalecimiento de las actividades de la sociedad civil. Las asociaciones apolíticas que trabajan por sus comunidades en todo el país saben que tienen dos opciones, o se someten a los designios de los gobernadores a cambio de recursos públicos y de no hacer olas, o serán vetadas de todo apoyo gubernamental y deberán asegurar recursos federales para sobrevivir. No importa si el trabajo que hace la sociedad civil resulta indispensable para ancianos, mujeres e infancia; para los animales o el medio ambiente. Los jefes estatales y muchos alcaldes navegan entre la ignorancia, la soberbia y la noción de ser intocables, para debilitar las acciones de la sociedad civil. Quieren a la gente sometida y silenciada para seguir ejerciendo el poder sin auditorías, restricciones o resistencia.

En la medida en que se han establecido candados federales en depósitos bancarios para evitar el lavado de dinero, varios gobernadores han mandado a construir búnkers como los de Zhenli Ye Gon, en los cuales guardan millones en efectivo para sus campañas políticas. Generalmente es dinero robado de las arcas del Estado; los institutos electorales no harán nada porque al menos en 80% de los estados los Institutos Electorales Estatales están cooptados por los gobernadores. Durante el presidencialismo del PRI la oposición se hacía notar por su consistencia discursiva y cierta solidez para enfrentar al monopolio político. Ahora que ese presidencialismo se replica en la mayoría de los gobiernos locales, descubrimos a partidos de oposición que son débiles, corruptos e inconsistentes. No existe una oposición ideológica sino pequeños grupos en batalla por acceder al poder y a los salarios que la maquinaria les proporciona. Basta analizar cómo en los estados el PRD, el PAN y Convergencia han vendido candidaturas a la alcaldía en un promedio de 3 millones de pesos. Cancún es una muestra de esa compraventa de candidaturas.

Gobernadores de casi todos los estados ponen a prueba su poder en la medida en que se acercan las elecciones del 2012, los millones de personas que vivimos en los estados que funcionan bajo estas dinámicas patológicas tendríamos que desarrollar fortalezas civiles apartidistas que se resistan al fortalecimiento de la feudalización del país. Por lo pronto podemos comenzar por poner en duda el espejismo que nos han vendido expertos del centro del país: que vivimos una auténtica democracia electoral. En realidad, en buena parte del país lo que vivimos es una regresión política; una feudalización del territorio y quien se atreve a exhibirla localmente recibe el castigo del ostracismo y la amenaza. Yo digo que una buena resolución del nuevo año es perderles el miedo a los señores feudales, arrebatarles al menos el poder de amedrentarnos.

Etimología y política

Jesús Silva-Herzog Márquez
Reforma

El establecimiento del derecho universal al matrimonio en la Ciudad de México ha servido para poner en claro la filosofía política del PAN. De aquello trata la reforma en el Distrito Federal: de la universalización de un derecho. El cambio implica la generalización de una libertad que sólo podían ejercer algunos. La reforma se inscribe en el camino de los derechos civiles que han ido eliminando progresivamente la discriminación. Si no hay razón para negar el voto por razones de raza; si no hay justificación para impedir que un cargo sea ocupado por una mujer, tampoco encuentro razón válida para rehusar el reconocimiento público a una pareja que se compromete, sea cual sea su identidad sexual.

El PAN ha ofrecido sus razones para oponerse al derecho universal al matrimonio. Son interesantes porque revelan el sitio donde alojan la política. Nunca como ahora se ha expuesto la relación de Acción Nacional con la ortodoxia, su disposición a convertirse en escudero de lo sagrado. En materia política, el PAN ha pensado con cabeza propia. Ahí se han discutido y promovido cambios de signo positivo en la vida pública del país. Pero ahora que se debate lo más íntimo, lo más personal, el partido gobernante no ha podido más que defender las ofuscaciones clericales y exigir la sumisión de la política frente a la fe. Obispos y panistas nos dicen que el matrimonio no es cosa humana, que es manifestación de la naturaleza. Una práctica milenaria que el capricho democrático no puede alterar. Siendo un fruto natural, el matrimonio escapa del poder humano. El hombre no instauró caprichosamente la familia; no la inventó la sociedad, ni la ensambló algún gobierno con fines utilitarios. El matrimonio fue diseñado por la amorosa inteligencia de la que brotó el cosmos. Un acto de soberbia imperdonable, un atropello de consecuencias morales devastadoras sería que la vanidad humana pretendiera rehacer la inmejorable institución.

A Mariana Gómez del Campo, empeñosa dirigente del PAN en el Distrito Federal, debemos la clarificación de la filosofía panista. En una interesante entrevista con Carlos Puig, Gómez del Campo defendió la tradición como tabú. No invocó lo que ha sido como sugerencia de lo que debe seguir siendo, ni habló de los orgullos de lo heredado. De esa tradición conservadora pueden brotar advertencias sensatas. Lo notable en la reflexión de Gómez del Campo es que no despliega esa lógica, sino que invoca lo sobrehumano, lo inalterable. Acudió al expediente de la tradición para consagrar el tabú, aquello que no puede ser tocado, aquello que escapa al poder humano. Las implicaciones teológicas de su razonamiento son más que obvias. A las instituciones políticas no corresponde definir una institución milenaria, dijo. Nosotros no podemos redefinir lo inmutable. El matrimonio es y sólo puede ser lo que ha sido: un hombre y una mujer en busca de descendencia. Se refirió así a las raíces de la palabra matrimonio, como si la etimología definiera el contorno de una institución legal. Curioso argumento político: antes de regular una práctica, antes de normar un hábito, acudamos al diccionario de Corominas para ubicar los límites de nuestra imaginación. Por encima de los derechos fundamentales, arriba de la Constitución, honremos la raíz de las palabras.

No podemos trastocar la esencia de una institución natural, dicen. El problema es que, quienes invocan la naturaleza, son los menos dispuestos a abrir los ojos a la universalidad de la experiencia homosexual y a las mutaciones históricas y culturales del matrimonio.

Al coronar la etimología como fuente de ley, el conservadurismo panista adquiere nuevos tonos: denuncia a la voluntad como fermento pecaminoso. El argumento no es solamente antiliberal, es antimoderno: niega al hombre el poder de organizar su vida a través del acuerdo. Santificando la naturaleza, denuncia la perversidad del artificio. Nos dicen que universalizar el derecho al matrimonio tendrá consecuencias funestas. En un comunicado, los panistas en la Asamblea capitalina anticipan su cruzada: "No cejaremos en proteger a la niñez para evitar a toda costa que sean utilizados para satisfacer perversos e irracionales deseos antinaturales que perjudican, confunden, dañan y violan los derechos de los niños y las niñas". No es el cardenal Rivera quien habla de perversos e irracionales deseos antinaturales. Es el PAN. Renunciando a la prudencia burkeana, los panistas reivindican en estos temas la rabia de Joseph de Maistre, quien negaba cualquier poder a los mortales para instituir derechos. El hombre no legisla: el único legislador auténtico es el autor de la naturaleza, el inventor de las palabras.

La política de las etimologías no pretende cuidar una tradición. Defendiendo instituciones de mármol, deshumaniza la política. Invocando la naturaleza, rinde pleitesía a la teología. Niega con ello el ánimo hospitalario que respira la palabra política, desde su raíz.

No creo en ti…

Rafael Cardona
racarsa@hotmail.com
La Crónica de Hoy

Cuando el 2009 estaba por terminar fui invitado por Luis Reyes Brambila, director de Vallarta Opina a dar una plática a sus lectores. Bueno, a algunos de ellos, pues su cantidad era menor al número de las personas reunidas con este motivo.

Me pidieron mis opiniones y análisis en torno de los hechos recientes de la vida mexicana. Querían un diagnóstico de alguien cuyo único mérito ha sido observar de manera cotidiana los últimos 40 años de la vida pública, en la política, la cultura; los avances y retrocesos sociales y en general el curso de las cosas en México.

Conforme avanzaba la charla me di cuenta de cuántas pocas cosas buenas quedan en este país, o al menos cuán pocas son aquellas cuya existencia nos puede enorgullecer en verdad. Vamos a festejar este año, 200 años de vida independiente, pero sin haber conocido algo más allá de la dependencia ya haya sido cultural, económica o política.

Pasamos del colonialismo al patio trasero y cuando nos quisimos creer muy capaces caímos en la parte más sumisa de la dependencia: la penuria tecnológica.

Hace muchos años leí algo de José Luis Cortés López en un ensayo sobre la república del Congo. Se le atribuye a Mobutu haber dicho como explicación para el atraso africano: “... el gobierno ha importado este año más Mercedes Benz que tractores”.

Algo así nos ha sucedido a los mexicanos. De los “polkos” a los positivistas; de los revolucionarios rastacueros y de ahí a la pesadilla de los incultos servil y admirativamente educados en universidades de Estados Unidos para manejar lamentablemente nuestra economía y nuestro destino en favor de los intereses extranjeros.

Hoy tenemos un ejemplo de esta fascinación por las expresiones globales (sin haber producido tecnológicamente nada desde la invención del metate) en la manía de chacharear sin sentido y por escrito a través del Facebook o el Twitter (aun cuando ya exista el verbo “tuitear”).

Lamentablemente, los jóvenes de hoy en este país no tienen ya capacidad de mirar el mundo de frente. Sus sentidos —y valga esta digresión como ejemplo— están copados (y dopados) por los audiófonos del IPod y las pantallas de cualquier cosa con una de ellas, sea un televisor, una computadora, un IPhone o un teléfono celular; la tecnología al servicio de la nada, de la ñoñería compartida, la intrascendencia como finalidad, la confidencia de banalidades; la conversación inútil e insustancial no le beneficia a nadie, excepto a los fabricantes del equipo y a los concesionarios de la banda.

Nos conquistaron los franceses con su positivismo y su cursilería neoclásico porfirista y después los estadunidenses con su industria y sus recetas económicas. Nunca hemos sido una nación realmente independiente y mucho menos vimos culminar los esfuerzos de una Revolución, cuyo punto culminante murió en el parto. A fin de cuentas un país convocado a derrumbar una elite de 300 familias y dar paso a una nación igualitaria, dio paso a otra oligarquía más amplia sin haberse sacudido de la anterior.

Hemos pasado de la aristocracia pulquera a la cervecera o la telefonera, pero en el camino no hemos construido ninguna obra nacional de importancia. Nuestras aportaciones a la cultura universal se estacionan en el mole de guajolote y los chiles rellenos; las cajitas de Olinalá y la fiesta del día de muertos con todo y calaveritas de azúcar.

Cuando Andrei Sajarov se quejaba del atraso de la desaparecida Unión Soviética en un libro angustioso llamado Mi país, ¡oh! mi país (como el título de Ezra Pound) ponía como prueba del atraso ruso el mundo tecnológico de aquellos años (c.a. 1970) haberse quedado al margen de los inventos transformadores de aquel tiempo como los transistores, por ejemplo. Los mexicanos estamos peor. Siquiera los soviéticos habían construido naves espaciales y un notable poderío nuclear. Nosotros ni eso.

El único invento realmente mexicano ha sido la traducción de los modos para lograr opulentas generaciones al amparo de la “comaladas” sexenales de millonarios. Los cleptócratas de la “familia revolucionaria” dejaron su “know how” a las nuevas generaciones de la familia “contrarrevolucionaria”.

Por estas razones en algún momento de la charla recordé la frase de un amigo mío:¡cada día es más desesperante ser mexicano!

Fue entonces cuando contradije al admirado “vate” Ricardo López Méndez cuyo “¡Credo! Nos emocionaba hasta el tuétano cuando éramos jóvenes. ¡México, creo en ti!

Pues yo ya no creo. Cuando miro este desfile de mediocridades no halló muchas razones para la creencia, ni siquiera para la credulidad.

MÁS DE ARENA

Pugna e insiste el secretario de Turismo, Rodolfo Elizondo —hablando de las “comaladas”—, por la prosperidad del negocio de la “recuperación” de las arenas en Cancún.

Como todo mundo sabe los huracanes desnudaron el litoral cancunense, no tanto por la fuerza de los elementos sino por la degradación generada por las construcciones fuera de lugar. La arena se fue y se seguirá yendo (después de lastimar sin remedio a Cozumel convertida en banco arenero), pero los hoteleros y quienes depredaron la costa, insisten en repetir el modelo y sacan arena de otras partes para iniciar de nuevo el cuento de no acabar.

Y para esa patraña recuperadora se ha creado un Fideicomiso inaudito (nadie lo audita) y se ha dispuesto una inversión de casi 900 millones de pesos cuyo destino es el mismo de los ríos de nuestras vidas, ir a dar hasta el mar, como hubiera dicho Jorge Manrique.

La generación setentera

Agustín Basave
abasave@prodigy.net.mx
Profesor-investigador de la Universidad Iberoamericana
Excélsior

Nos define la oportunidad de haber vivido varias etapas de transición, de haber perdido la capacidad de asombro y ganado la permanencia de la perplejidad. Además de acontecimientos políticos, nos tocó experimentar innovaciones tecnológicas que transformaron nuestra cosmovisión.

Nací en 1958. Si usted, como yo, ronda el medio siglo de existencia, quizá comparta conmigo la dificultad para definir a nuestra generación. Las categorizaciones generacionales suelen darse a partir de hitos o momentos históricos, y nosotros carecemos de uno u otra que nos haya marcado de manera preponderante. Éramos niños en 1968, por lo que las revueltas estudiantiles nos pasaron de noche, y estábamos bastante maduros en 2001 para que los atentados terroristas en Estados Unidos reorientaran nuestra personalidad colectiva. Acaso 1989 sería nuestro referente. Fue el año axial de la globalización y de lo que yo llamo la era de Abraxas —mitad luz mitad sombra— que comenzó el rápido derrumbe del socialismo real y la lenta reversión del capitalismo a sus orígenes salvajes. Para entonces ya éramos treintañeros y ese parteaguas sí nos dejó una impronta identitaria.

Pero creo que hay algo que nos define más claramente. Me refiero a la oportunidad de haber vivido en plenitud juvenil varias etapas de transición, de haber perdido la capacidad de asombro y haber ganado la permanencia de la perplejidad. Además de los acontecimientos políticos y socioeconómicos que mencioné, nos tocó experimentar innovaciones tecnológicas que transformaron nuestra cosmovisión: durante la niñez, la masificación de la televisión con la irrupción del color; durante la adolescencia, la llegada de la computadora; durante la juventud, la aparición del fax y el teléfono celular. Poco después presenciamos el advenimiento de internet y la democratización de la información. Conocimos, pues, muchos mundos, o mejor dicho un mundo que se desdobló una y otra vez ante nuestros ojos. Y aprendimos a adaptarnos a todos ellos y a enriquecernos con esa permanente renovación de nuestra vitalidad.

Vivimos, además, una transición que usualmente pasa desapercibida. Es la mutación de valores que representaron los años setenta, los de nuestra pubertad y sus secuelas. A medio camino entre el idealismo social y pacifista de los sesenta y el hedonismo individual y materialista de los ochenta, con residuos psicodélicos y anticipos psicoterapéuticos, la década setentera nos dejó una génesis que absorbió revolución y evolución y nos volvió eclécticos y centristas por antonomasia. Hablo por supuesto desde mi muy personal mirador, pero creo que bastantes de mis coetáneos se identifican con esa caracterización. Somos prácticamente inmunes al dogmatismo, sea de izquierda o de derecha, y tratamos desasosegadamente de armonizar valores justicieros y modernizadores. Hemos visto romperse tantos tabús que la heterodoxia nos es prácticamente consustancial. Vamos, no aceptamos tesis de inmutabilidad y pureza ni hay apostasía que nos asuste, pero tampoco invocamos la tabla rasa.

La música es un reflejo elocuente. Nos selló lo mismo el rock que el soul y las baladas románticas, Led Zeppelin o The Doors y Roberta Flack o Jim Croce. De Los Beatles o Bob Dylan nos quedamos con la reverberación y de Air Supply o Cyndi Lauper capoteamos los prolegómenos. Atrapados entre All you need is love y Girls just wanna have fun, supimos apreciar tanto a Grand Funk Railroad o Creedence Clearwater Revival como a Chicago o a los Bee Gees, y gracias a la longeva exégesis de los Rolling Stones pudimos recorrer con gusto a Joan Báez o The Moody Blues, a Don McLean o Santana y a Michael Jackson o The Police. Vamos, fuimos capaces de sortear desprejuiciadamente el tránsito de Jimi Hendrix o Janis Joplin a James Taylor o John Denver. Evoco grupos y solistas anglosajones porque son los que se escuchaban en todo el mundo, pero también podría aludir al atardecer latinoamericano de la canción de protesta, al despertar de la salsa y al retorno de la trova y el bolero, todo bajo la mirada omnisciente de Serrat. Si eso no es una versatilidad generacional, no sé qué sea.

En este inicio de década, la segunda del segundo milenio, me pregunto qué papel podremos jugar quienes formamos parte de la generación setentera. ¿Serviremos de algo en un globo aldeano que palia la crisis sin atisbar la redención? Quiero pensar que sí, que nuestros genes metamórficos nos volverán catalizadores filoneístas de cara a esta nueva encrucijada de los tiempos. Y es que no somos insensibles a la tradición ni reacios al cambio, aquilatamos el pasado y el presente, entendemos la fuerza de la historia y el poder de la voluntad. Nada nos sorprende y todo nos intriga; todo nos concierne y nada nos parece vedado. Hemos vislumbrado las excrecencias del totalitarismo y la podredumbre del neoliberalismo de ruleta, pero también hemos sido testigos de las bondades del antiguo Estado de bienestar y las ventajas del progreso liberal. Padecimos la brida retardataria de los dogmas y disfrutamos del fuete transformador de la tecnología. Mientras nuestros predecesores son más proclives al ideologismo y nuestros sucesores tienden a soslayar el valor de los sedimentos, nosotros somos sincretismo encarnado. ¿Por qué no habríamos de cifrar una nueva era?

diciembre 29, 2009

El poder como forma de dominio

Maruxa Vilalta
Oasis
Excélsior

La capacidad de un individuo —por no llamarlo persona— o de un grupo de individuos para imponer su voluntad en contra de la voluntad de otros, con la alianza de medios —en las guerras con armas— capaces de causar daños a quienes se negaron a aceptar la imposición es una manera de ejercer el poder como dominio. Los daños que quienes dominan pueden causar a otros van desde la ruina económica, la pérdida del puesto o del empleo, de la reputación enlodada por la calumnia, la libertad intelectual y material y hasta pérdida de la vida.

Esto último en las guerras civiles causadas y manipuladas por un dictador con asesinatos de millones de personas. Pienso en el fascismo franquista de la guerra civil en España, (1936-1939) con el apoyo de los aviones de Hitler y Mussolini bombardeando a la población que huía por las carreteras. Y en otras más cercanas dictaduras en el mundo, entre ellas las de América Latina.

En algún otro artículo para Excélsior me referí al poder como coerción. Insisto ahora porque el poder como forma de dominio persiste.

El ciudadano está dominado —estamos dominados— por los partidos políticos, por sus dirigentes, sus integrantes, diputados que en varios casos ni siquiera terminaron estudios de secundaria, ambiciosos que no tienen ni nunca tuvieron ideales y siguen luchando por su propio beneficio. Ante esto el presidente Calderón trata de complacer a todos y con todos queda mal, recurre a la demagogia, apapacha, trata de mostrar optimismo en el que ya nadie cree y ha perdido a muchos seguidores. Acción Nacional, el partido, antes representante de la derecha y el conservadurismo, ahora más bien representa el fracaso. El PRI aspira antes que nada a recuperar el poder perdido. El PRD, o la izquierda, lamentablemente fracturada, desmenuzada en grupos y grupitos, ha perdido su fuerza. Aquella izquierda que le robaron a Cuauhtémoc Cárdenas y cuyos ideales —que los había— y fuerza no se han podido recuperar.

Y ahí va nuestro México, navegando con bandera de democracia, pero país en el que todos los partidos políticos tratan de imponer su poder y así obtener, no precisamente el bienestar, el dominio de la población.

En la historia de México, tan sometido a injusticias y dictaduras, no es la primera vez en que es devoradora la lucha por el poder.

A la fecha la imposición del poder se deja ver no solamente en la amenaza implícita o explicita al ciudadano sino también en la manipulación de información . Y en las “reuniones” que en la burocracia de las instituciones gubernamentales tanto agradan a los funcionarios que tienen entre dos y tres secretarias, frecuentemente mediolíngües, para informar que “el licenciado”, o “la licenciada”, “está en reunión”.

Así el burócrata deja de atender al ciudadano y aprovecha la “reunión” para manipular la orden del día en asambleas donde podrían discutirse peticiones de quienes se niegan a ser dominados y para eludir técnicas apropiadas de debate colectivo que puedan contradecir a quien ejerce el dominio. Con lo cual la ganancia podrá ser doble para los que “protegen” al que ejerce el poder y esperan ser recompensados.

En suma, manipular el orden del día de asambleas y consejos para que en ellos no se pueda incluir el tema político ni la posibilidad de manifestar oposición y sustentarla hasta hacerla objeto de discusión.

Navegamos en México con bandera de democracia, pero son muchos los que a la democracia anteponen el beneficio personal. Así las cosas, el poder como forma de dominio es uno de los factores fundamental de la estratificación social.

El presidente Calderón trata de complacer a todos y con todos queda mal.

La cigarra

Sergio Sarmiento
Jaque Mate
Reforma

"Cantó la cigarra durante todo el verano, retozó y descansó".
Jean de La Fontaine

Érase una vez una cigarra que cantaba en el verano. Retozaba y jugaba y volvía a cantar con alegría. El cálido clima del verano parecía extenderse por un tiempo sin fin.

Su vecina, la hormiga, no dejaba mientras tanto de trabajar. Tenía miedo al invierno que tarde o temprano habría de llegar. Reunía hojas y granos y acondicionaba su vivienda para sobrevivir el más inclemente de los climas.

La cigarra se burlaba. ¿Para qué desaprovechar los tiempos soleados y cálidos en un trabajo que dejaba sólo la frente perlada de sudor? La hormiga, sin hacer caso de las burlas, continuaba su trabajo.

Pero el clima empezó a cambiar. Las temperaturas pasaron a ser frescas y después se volvieron francamente frías. Los árboles perdieron las hojas. Los campos se secaron. No había ya granos ni hojas que recoger.

La hormiga se preparó a pasar el invierno en el calor de la cómoda morada que había construido en cuya alacena había una gran cantidad de granos y hojas. La cigarra, en cambio, empezó a pasar hambre y frío.

Una mañana la cigarra tocó a la puerta de la hormiga. Le pidió alimento que le permitiera sobrevivir a la inclemencia del clima. "Y ¿qué hacías tú cuando el tiempo era cálido y hermoso?", le preguntó la hormiga. La cigarra contestó con sinceridad: "Yo cantaba y bailaba todo el tiempo". La hormiga respondió: "Pues canta y baila ahora".

La historia habría terminado así en otros tiempos, en otros países. Pero esta cigarra y esta hormiga vivían en un país llamado México.

La cigarra empezó a organizar manifestaciones para protestar por la riqueza de la hormiga. Su acaparamiento de los víveres, decía, era la fuente de la pobreza de la cigarra. Con otras compañeras, montó un prolongado plantón en la avenida principal del reino, el llamado Paseo de la Reforma.

El rey, una cigarra electa por mayoría popular, empezó a indagar las razones de los plantones. Le pareció también injusto que la hormiga tuviera tanto y la cigarra tan poco.

Ordenó así expropiar el 30 por ciento de todo el grano almacenado por la hormiga. Él mismo se quedó con el 20 por ciento, que revendió para acrecentar su fortuna, y entregó el otro 10 por ciento a la cigarra. Dio además instrucciones para que la hormiga construyera una casa para la cigarra o, de lo contrario, perdiera la vivienda que tenía, la cual sería entregada a la cigarra por razones de justicia social.

La hormiga protestó y acudió a los tribunales; pero éstos, amedrentados por el rey, fallaron a favor de la cigarra.

Al año siguiente la hormiga se fue del reino y se estableció en otro muy lejano. Las cigarras la acusaron de evadir impuestos y de sacar sus capitales, por lo que confiscaron todas sus propiedades y las de todas las demás hormigas. Pronto todas emigraron del reino para unirse a la primera y con su trabajo edificaron una comunidad de gran prosperidad.

El rey festejó la salida de las hormigas como un acto de liberación nacional y prometió a las cigarras que su vida sería diferente a partir de ese momento. Ya no habría más hormigas que, con su codicia y afán de lucro, empobrecieran a las cigarras. De ahora en adelante todo sería prosperidad y las cigarras compartirían a partes iguales la riqueza del reino.

En el verano las cigarras cantaron y bailaron. Meses después llegó el invierno, más crudo que de costumbre, y el hambre y el frío acabaron con las cigarras. En esta ocasión no hubo grano que pudieran quitar a las hormigas para alimentarse.

MÁS GASTO DE GOBIERNO

Los mexicanos seremos más pobres en el 2009, pero los gobiernos siguen gastando cada vez más. El gobierno del Distrito Federal tendrá en el 2010 su mayor presupuesto de gasto de la historia: 129,433 millones de pesos. El gobierno federal tendrá el tercero jamás registrado: 3 billones 176 mil millones de pesos. Si el gasto gubernamental generara prosperidad, hace mucho que seríamos uno de los países más ricos del mundo.