julio 04, 2000

Otro México Memoria y gratitud

Carlos Castillo Peraza
Diario de Yucatán

Otro México, por fin. Un país distinto que parece aún no creer, pese a la euforia natural que genera todo cambio político de relevancia histórica, lo que logró el 2 de julio, sin el rastro de sangre que caracterizó a otras transformaciones nacionales de 1810 a la fecha, e incluso a algunos de los que fueron sólo intentos de impulsar modificaciones, así fuese someras, de la realidad política nacional.

¿Quién recuerda ahora al Gral. Felipe Angeles, fusilado en Chihuahua en 1919? ¿Y al también general Francisco Serrano, asesinado salvajemente en Huitzilac, Morelos, en 1927? ¿Y a los vasconcelistas de 1929, cruelmente torturados y también asesinados en Topilejo, y a José Vasconcelos triturado por el fraude electoral ese mismo año? ¿Y a Gómez Morín, horrorizado e indignado por esos crímenes y que, en 1939, contra toda esperanza razonable, funda un partido político .el PAN. que apuesta por el camino de la legalidad, la democracia y el voto para sacar a México de una situación en la que el civismo languidecía bajo la violencia? ¿Y al Gral. Juan Andreu Almazán, víctima de las triquiñuelas electorales y cívicamente criminales urdidas desde Los Pinos por otro general llamado Lázaro Cárdenas? ¿Y a Miguel Henríquez Guzmán y a Efraín González Luna, arrollados por las pandillas de pistoleros y alquimistas en 1952? ¿Y a Salvador Rosas Magallón y a Víctor Manuel Correa Rachó que sufrieron persecución y fraude comicial en sus respectivas penínsulas, las de Baja California y Yucatán, en los 60?

Sé que omito u olvido nombres, pero las dimensiones y premuras del artículo periodístico semanal no permiten presentar el listado completo de los precursores del triunfo democrático del domingo ppdo., entre los que no quisiera omitir al menos a dos grandes periodistas de México: don Vicente Villasana, queretano asesinado en Ciudad Victoria, Tams., en 1947, por el jefe de policía, y don Carlos R. Menéndez, yucateco que ya en 1911 reclamó airado en Palacio Nacional, nada menos que a don Francisco I. Madero, las irregularidades electorales que frustraron .en favor de José Ma. Pino Suárez y en perjuicio de Delio Moreno Cantón y los electores de Yucatán. las esperanzas en el recién nacido régimen revolucionario, en cuyos pañales iba bordado aquello del "sufragio efectivo". ¿Quién recuerda hoy que uno de los mayores músicos mexicanos, Miguel Bernal Jiménez, fue candidato del PAN en Morelia, precisamente cuando la "revolución" devoraba a escritores, pintores y artistas? ¿Y a Adolfo Christlieb Ibarrola, el primero que pensó y ejecutó la vía del diálogo y los acuerdos para sacar al país de sus ostracismos recíprocos e intentar la construcción en común de una obra que sólo puede ser realizada en común?

Hasta en los bares, la hora feliz es al menos para dos. Y si bien puede decirse que los que bebemos hoy la copa de la victoria algo pagamos por ella, es honesto, es justo y es verdadero que hubo quienes pusieron por anticipado una buena parte del monto de este sabroso trago, cuando creer en la democracia era como un sueño sin despertar imaginable, una ilusión sin asideros, una fe entendida con las palabras de san Pablo: sustancia de cosas que no se ven. Vaya, pues, por ellos y con ellos, también para ellos, el brindis que hoy podemos pronunciar gracias a lo que osaron hacer y padecer ellos.

No está de más, por otra parte, esbozar algunas reflexiones poscampañeras. La primera es que los dos partidos que, según el PRD, son los culpables de las supuestas o reales barbaridades que trataron de evocarse pronunciando las siglas "Fobaproa", se llevaron 80 de cada cien votos emitidos, lo que prueba que el tema sólo prendió en ese 16% de electores que constituyen el voto duro perredista. Si se piensa que en noviembre del año pasado el PRD estaba en ese mismo porcentaje de preferencias, el escándalo no le redituó casi ni un solo voto. Y el partido que, para el rencoroso discurso negriamarillo, fue el responsable de aquel asunto, ganó las elecciones presidenciales. Tampoco tuvo efectos positivos el verbalismo infamante tanto perredista como priísta contra el supuesto extranjerismo o antinacionalismo del PAN y de Vicente Fox Quesada: un pueblo que se ha puesto en el mundo ya no tiene oídos para el chovinismo acedo, hijo de la construcción de un "imaginario" nacional según el cual México es una especie de mónada irrepetible, incontaminada, incomunicada, solitaria y cerrada. Vale la pena, a este respecto, recordar el brillante párrafo de aquel maravilloso uruguayo que fue don Carlos Quijano: "Conservador... y peligroso...

es aquel que por inercia, por pereza, por senectud y también por interés, transforma las ideas recibidas, que en la época del alumbramiento político pudieron ser revolucionarias y fecundas, en un campo de dogmas inmutables; aquel que vive y actúa sobre un fondo intocado e intocable de axiomas". Y añadía que tal tipo de conservadores .peor que el de quienes sólo quieren conservar bienes materiales. suele poner en el pasado, que es la muerte, la esperanza que es la vida. Así sonaron los discursos finales de Francisco Labastida al PRI y de Cuauhtémoc Cárdenas al PRD. Mucho más el de este último que el del primero, cuando comenzaba el lunes 3.

No es menos aleccionador, por otra parte, repetir ahora y aquí, en la hora feliz, otro texto del sabio pensador y periodista uruguayo citado en el párrafo precedente, más notable por haber sido escrito en 1965 para la revista montevideana Marcha, cuando aún su país se soñaba rico, democrático y vacunado contra los males horribles que, más adelante, lo aquejarían con lujo de crueldad .insania de la que fue víctima el propio don Carlos bajo la dictadura militar. y desbordada barbarie: "Mirar y ver, conocer los hechos, no supone resignarse a soportarlos.

Por el contrario se les soporta, se es esclavo de ellos, cuando se les ignora. Mirar y ver es el principio de la sabiduría. Y ya ha sido dicho que para dominar a la naturaleza, hay que obedecerla. El país entero tiene que comprender, debe comprender, con todo lo que ello significa, que es débil y pequeño; que está en un continente enfeudado; que el peligro y la amenaza rondan sus fronteras; que el mundo está sacudido por una revolución prodigiosa y vertiginosa; que las nuevas técnicas lanzadas ya a la conquista del espacio y de otros mundos, aquí, en esta tierra, llevan camino de trastornar toda la escala de valores; que la victoria será de los más eficientes y los más capaces; que en la insularidad no encontrará refugio; que el pasado no vuelve; que sus mitos están muertos y no le sirven ya ni de arma, ni de escudo; que sólo se vive cuando se vive peligrosamente y que nuestra gran aventura .la aventura para la cual los tiempos están maduros. es la de crear el país y crear la gran patria o las grandes patrias americanas".

Los mexicanos ya nos dimos la oportunidad, pero no basta el hecho fundacional de habérnosla dado. El sistema democrático no garantiza por sí mismo ni fatalmente el desarrollo material, la justicia social ni el Estado de Derecho. Pero la oportunidad ha sido creada.

Irresponsables y suicidas seríamos si no la aprovechamos, sin olvidar hoy, en la justificada fiesta del fin de un régimen, que hubo quienes abrieron el camino, y sin dejar de reconocer que, la noche del domingo 2 de julio, hubo un Presidente de la República, priísta quizás incluso a pesar del PRI, que tuvo el valor de obedecer el mandato de los mexicanos como no lo había hecho otro antes que él, y que hizo suya la oportunidad que, en las urnas, nos dimos todos los que cumplimos el deber y ejercimos el derecho de acometer ese acto minúsculo pero fundamental de la democracia, por el que apostó en 1939 Manuel Gómez Morín: el acto de votar..