noviembre 07, 2001

La prensa y el Presidente. En defensa propia

Ernesto Julio Teissier
Diario de Yucatán

Tuvo toda la razón el Presidente cuando dijo, en su programa de radio del sábado, que una parte de los medios, y sobre todo la prensa escrita, han desatado contra él una campaña feroz y prolongada en la que se han hecho a un lado las informaciones útiles para el país y le han dicho “puras babosadas”.

Los aludidos no pueden lanzar siquiera el acostumbrado grito de “¡pruébenmelo!”, porque el criterio es de fama pública: el lunes por la noche, en los dos noticieros de televisión con más auditorio, le preguntaron al público si la prensa se había excedido en sus críticas, y un 75% de los que respondieron dijeron que sí.

Ese —el que aguanta hasta los límites, pero de pronto se olvida de los buenos modales y dice las cosas como las piensa— es el Vicente Fox de la campaña, el que le gusta al tendido de sol y a la galería. Quizá no es muy político, ni muy intelectual, ni muy respetuoso de las formas, pero es mucho más popular, y hasta populachero. Y ya hacía falta que apareciera, cuando menos para que los mexicanos dejáramos de sentir que el antifoxismo peleaba, como dicen mis paisanos, “con el retrato de Alvaro Obregón”, que tiene la triple desventaja de que es retrato, de que es la foto de un muerto y de que, cuando vivo, estaba manco.

La sensación de que el guanajuatense actuó en defensa propia es tan generalizada que parte de los que antes pegaban y ahora recibieron se quedó prácticamente muda cuando el consabido Joaquín los mandó entrevistar el lunes: unos balbucearon, otros se salieron por la tangente y otros más adoptaron, como opinadores de fuste, algo diametralmente opuesto a lo que habían vociferado en las páginas de, para citar un ejemplo, “Milenio Diario”; ninguno de ellos tuvo la presencia de ánimo de salir en defensa de sus censuras y agresiones de antes.

De personajes de la prensa profesional, que no ataca sin una causa válida (no desde luego las botas de charol, ni el hecho de que no haya leído a Borges) vinieron consideraciones diferentes: uno de ellos dijo que “para ponerse a mano siquiera en el tono, al Presidente le faltaron adjetivos”; otro afirmó que “el derecho a la crítica no es privado de los periodistas, sino que se extiende a toda la ciudadanía”, y un tercero, más concreto, se limitó a observar: “Si a los censores no les gustó, la ley les da el derecho: que lo demanden, pues, como él no los demandó a ellos”.

La verdad es que sus impugnadores todavía no han llegado a señalarle al Presidente una falla importante, que sea significativa para el desempeño de su función. La sandez de Carlos Monsiváis, de que “no lo eligieron para que se queje”, cae por su base: en lo financiero, el gobierno de Fox no sólo no ha pedido nuevos préstamos, sino que además se ha limitado a un presupuesto notoriamente insuficiente (entre otras razones, porque le dejaron deudas ocultas y otros compromisos), sin sobrepasar siquiera en 0.65% las cantidades que le autorizó el Congreso; ha mantenido a las guerrillas en sus guaridas, sin atacarlas, pero sin dejarlas avanzar, y ha hecho labor social en los territorios en que actúan.

La economía de México en la época de Fox es, con mucho, la mejor defendida de América Latina y una de las pocas que en el mundo se han salvado de la devastación. Los programas sociales (educación, salud, combate a la pobreza) no sólo no se han interrumpido, sino que también se han limpiado y han aumentado, a pesar de que el sistema priísta los dejó plagados de corruptos. Las carreteras del país están libres de asaltantes; el narcotráfico y los delitos cometidos por funcionarios se han reducido, al grado de que ni uno solo de los miembros del equipo presidencial es objeto siquiera de murmuraciones de que ha hecho negocios con el cargo.

Los viajes de que tanto se quejaban los que con frecuencia eran invitados a ellos han tenido ya resultados positivos: México no ha caído en un “crack” ni en una recesión porque el Presidente ha promovido, en todos los ámbitos, tanto los productos nacionales como las ventajas que el país presenta para nuevas inversiones; a pesar de que se espera la recuperación de las economías en el primer trimestre del año entrante, aquí a la corriente de maquiladoras que se iban la compensa ahora otra de maquiladoras que vienen o que aumentan sus inversiones y contrataciones. No hay en la república un estado al que no haya visitado cuando menos una vez el Presidente, al contrario de las épocas anteriores en que los mandatarios esperaban a que les vinieran a plantear los problemas a Palacio Por esas y otras razones, pedirle a Fox que gobierne es una tontería: gobierna, y lo hace mejor que muchos de sus antecesores, y sin los vicios en que incurrieron algunos de ellos. ¿Están inconformes porque no invitó a la fuente de la Presidencia a su viaje a Nueva York? No están en lo justo, en primer lugar porque los medios en que trabajan han machacado con que se gasta demasiado en llevar personajes, y en segundo, porque vamos a ver cómo los reporteros de las agencias envían reportes más completos, más al grano, de los que se enviaron en los viajes anteriores. ¿Quieren que Fox se convierta en intelectual, con anteojos de aros negros y mano desmayada? Eso no se les concederá.

Y no se trata de hacer la defensa de Fox por “siseñorpresidentismo”, por la paga ni por deificación del personaje; aunque quienes han abusado de la libertad de prensa no lo adviertan, realmente erosionan la gobernabilidad y la paz pública del país, porque el turbión de comentarios hirientes, majaderos, insultantes que han vertido contra el de guanajuato no es, como yo mismo lo dije y ahora lo rectifico, un hecho sin precedentes: el 6 de noviembre de 1911 tomó posesión de la Presidencia de la República don Francisco I. Madero, que fue recibido por una prensa “borracha de libertinaje” con una furia y saña semejantes a las de ahora. El señor Madero y el vicepresidente Pino Suárez fueron obligados a renunciar el 19 de febrero de 1913 y asesinados tres días después.

¿Están buscando los del espumarajo a su propio Victoriano Huerta?—

E.J.T.— México, D.F., noviembre de 2001.

(Correo electrónico: ernestoteissier@aol.com)