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abril 23, 2005

AMLO Y Perón

Enrique de la Madrid
El Sol de México
23 de abril de 2005

Demagogo es aquel que predica doctrinas
que sabe falsas a hombres que sabe idiotas.

Mencken

Miles de mexicanos, todos pobres, permanecen largo tiempo en la cárcel mientras son juzgados por no poder pagar una fianza. Esta situación sin duda justifica un reclamo airado de los afectados.

Igualmente airado y desaforado, pero por las razones opuestas, fue el reclamo de AMLO al enterarse de que dos diputados locales del PAN pagaron su fianza para evitar que entrara a la cárcel.

¡Es el primer caso que conozco de alguien que se molesta por no entrar a la cárcel!

¡Es evidente que quería entrar a la cárcel por el efecto político que tendría!

Se le hacía agua la boca de que circulara por el mundo una foto de él tras las rejas.

Esta era una gran oportunidad para seguir manipulando a la gente y muy especialmente a la menos favorecida.

Decir que AMLO es un populista no es una crítica, es una mera descripción.

El populista es el que sacrifica el futuro de su país con tal de obtener beneficios para él en el presente.

Uno de los populistas más dañinos para su país ha sido Juan Domingo Perón en Argentina.

Argentina era uno de los siete países más ricos del mundo a principios del siglo pasado.

Al final de la Segunda Guerra Mundial, Argentina se benefició de vender granos y carne a una Europa hambrienta.

En 1943 un grupo de militares, entre ellos Perón (admirador del dictador fascista Mussolini) dio un golpe de estado contra el entonces Presidente argentino. Cada miembro del grupo escogió una Secretaría y, para sorpresa de todos, Perón escogió el recién creado Departamento Nacional de Trabajo.

Sus intenciones eran claras: cortejar a los trabajadores y clases populares para, con su apoyo, obtener el poder.

Perón se enemistó con sus compañeros y éstos lo metieron a la cárcel.

Su entonces compañera, Evita, con el apoyo de sindicatos afines, convocó al pueblo para acudir en defensa de Perón y fue tal la presión que lo sacaron de la cárcel.

Al poco tiempo, ganó la elección presidencial por abrumadora mayoría.

El resto de la historia ya se conoce.

Argentina no se ha recuperado desde entonces y sigue en permanente deterioro, con algunos espacios de tranquilidad.

A eso estaba apostando AMLO, a encender al pueblo, a hacerse la víctima, y mejorar así sus posibilidades de llegar a la Presidencia.

En la vida no sólo cuentan los hechos sino también las intenciones.

Es claro que los apoyos a los viejitos y a las madres solteras, no buscan mejorar su condición de vida. El propósito es comprometerlos para que lo apoyen.

Si realmente quisiera su bienestar, AMLO se hubiera enfocado en generar empleos permanentes para los habitantes del D.F., combatir la inseguridad, procurar un gobierno honesto y austero de verdad, no con funcionarios como Ponce y Bejarano.

No lo ha hecho porque ni le interesa ni sabría cómo.

El objetivo es claro: hacerse del poder a como dé lugar y especialmente a través del uso, abuso y engaño del más humilde, aprovechando su abandono, sus necesidades, su fragilidad, su decepción de la política.

Esta película ya la hemos visto en México y en el mundo. En México ha llevado más de veinte años reponernos de los efectos nocivos de los gobiernos populistas de Echeverría y López Portillo.

En el mundo, Argentina no ha vuelto a ser lo que fue, Alemania e Italia fueron arrasadas en la Segunda Guerra Mundial tras los gobiernos populistas de Hitler y Mussolini, Cuba sigue con Castro y es hoy un desastre; Venezuela se empobrece con Chávez.

No nos dejemos engañar. No porque la situación del país sea insatisfactoria, tenemos que optar por el suicidio colectivo.

Mejor definamos antes el tipo de país que queremos y el perfil de nuestros gobernantes.

No es con busca pleitos y rebeldes sin causas como alcanzan los países sus objetivos. Es con trabajo arduo, permanente y en la dirección correcta como se llega a la meta.