mayo 07, 2005

A VECES parece que Andrés Manuel López Obrador está bailando en una boda...

Templo Mayor
Por F. Bartolomé
Reforma

A VECES parece que Andrés Manuel López Obrador está bailando en una boda: izquierda, derecha, uno, dos...

Y ES QUE se dice de izquierda, pero por alguna extraña razón le gusta moverse por y para la derecha.

IZQUIERDA, DERECHA, izquierda, derecha... y el jefe de Gobierno zangolotea su discurso y sus acciones según su muuuy particular concepción de la geometría política.

SI PARA López Obrador es de derecha denunciar que su gobierno oculta la información, entonces seguramente esconderla debe ser una postura de izquierda.

VIOLAR un amparo es un acto puro de la izquierda revolucionaria; sólo la derecha debe respetar las instituciones y el Estado de Derecho.

SI LA JUSTICIA falla en su favor, es que actuó con conciencia de izquierda; si lo hace en contra, definitivamente está comploteada con la derecha.

SACARLE dinero a los trabajadores del gobierno capitalino con rifas, bailes y colectas -voluntariamente a fuerza-, eso es de izquierda. Y más si ese dinero sirve para financiar la campaña del jefe.

MOVILIZAR a esos mismos burócratas de su trabajo en horas hábiles es de izquierda. Separar lo personal de lo institucional es de derecha.

ES MUY de izquierda que su secretario de Finanzas fuera cliente VIP del Bellagio gracias a los millones de dólares de dudosa procedencia que apostaba en Las Vegas. De derecha sería llegar al Holiday Inn para jugar con centavos en las maquinitas.

DAR PROPINAS de 5 mil dólares, como lo hacía ese funcionario apostador, es de izquierda radical. De derecha sería un viaje austero a Oaxtepec.

PARA López Obrador los valores de la izquierda se reflejan al embolsarse miles de dólares atados con ligas. Exhibir el video es de derecha.

REGALAR dinero del erario público para conquistar el poder, es de izquierda. Cuestionar la viabilidad financiera de esa política es cosa de la derecha.

SOLAPAR a los taxis piratas debe ser de izquierda; cuando alguien demanda que les apliquen la ley, se considera de derecha.

EL RAYITO se autoproclama de izquierda pero, caray, lo que lo mueve es la derecha: eso explica que abra la información pública no por cumplir con preceptos universales de transparencia, sino para no darle armas a sus supuestos adversarios.

CONSIDERA como algo de izquierda ser juez y parte para determinar él mismo cuándo, cómo y sobre qué informar. La rendición de cuentas obligatoria ante los ciudadanos que representa... es un dogma derechista.

ABRIR la información pública por principio democrático sería -¡Jesús!- algo de derecha. Hacerlo como estrategia electoral es claramente de izquierda.

HABRÁ que asumir como un logro de la izquierda, entonces, el que un gobernante cambie las disposiciones legales a su antojo. Y más si lo hace ante la crítica de una fantasmal derecha.

UNOS DERECHOS ciudadanos sometidos al son que toca el gobernante en turno: izquierda, derecha, uno, dos, cha-cha-chá...

Popularidad vs. legalidad

Por: Raúl Trejo Delarbre

Andrés Manuel López Obrador se encuentra tan engolosinado con la posibilidad de que le quiten el fuero, que ya escribió el discurso que espera leer en San Lázaro. Así se lo platicó ayer a Carmen Aristegui. Parece más preocupado por saber si la televisión nacional transmitirá la sesión en donde la Cámara de Diputados decidiría si el desafuero procede o no, que por la decisión que deba tomar, antes, la Sección Instructora.

El aplazamiento hasta pasado mañana para que esa Sección se reúna mantendrá el suspenso que tiene en vilo al mundo político. Más tiempo, difícilmente nutrirá de mejores elementos de juicio a los diputados de esa comisión. Pero dará mayores márgenes a la murmuración que encuentra espacio lo mismo en mentideros políticos que, sorprendentemente, en primeras planas como las de Milenio.

Muchos ciudadanos se oponen al desafuero. Entre ellos se encuentran desde quienes consideran que cualquier delito que pueda haber cometido se le debe dispensar a López Obrador por las posibilidades que tiene de ganar las elecciones presidenciales hasta los que, temerosos de una reacción violenta de los partidarios de ese personaje, exhortan a que no avance el proceso de desafuero.

En todos esos casos, los argumentos para descartar el desafuero son de índole política. Sin embargo, prácticamente nadie, desde el campo de quienes se han alineado tras los intereses del jefe de Gobierno, ha querido reconocer las implicaciones que, para la legalidad, tendría el rechazo al desafuero.

Si lo que se busca al mantenerle el fuero al jefe de Gobierno es evitar conflictos, o reconocer la simpatía que tiene de acuerdo con las encuestas, habría que decirlo con toda claridad. Sería preciso reconocer, con todas sus letras, que se busca una solución política a contracorriente del orden jurídico que tenemos.

Hay quienes, con recelo o sarcasmo, dicen que la legalidad se encuentra tan devaluada en nuestro país que más vale hacerla a un lado en este caso. Con ese argumento habrá que allanarnos, entonces, a una aplicación siempre discrecional, de acuerdo con la correlación de fuerzas políticas, de las disposiciones legales. Con posiciones similares se podrían dispensar los abusos de los macheteros de Atenco o incluso los crímenes en Tláhuac.

Entre quienes abogan por una solución política, al margen del orden jurídico, se encuentra don Javier Quijano Baz. A comienzos de septiembre pasado ese abogado publicó un estruendoso artículo en donde sostenía que quitarle el fuero a López Obrador equivaldría a un golpe de Estado. Entre otras varias, esa posición tan discutible encontró respuesta en esta columna, el 9 de septiembre.

En aquella ocasión señalamos que un golpe de Estado es algo tremendamente distinto al desafuero. Un golpe así, recordábamos, implica el empleo de vías ilegítimas para buscar el poder político mediante el desplazamiento, o la sustitución, de un gobierno o un gobernante con actuación de órganos del Estado y ruptura del orden constitucional.

Don Javier esperó 5 meses para replicar y el 14 de febrero pasado, en Milenio, intentó rebatir aquellas precisiones. A él le parece que el desafuero de López Obrador cumple con cada una de las condiciones que señalamos para un golpe de Estado —y que sintetizamos de varios textos de ciencia política—. El lunes pasado insistió en esa opinión en el noticiero del Canal 40.

Ese distinguido abogado se vuelve a equivocar. La declaración de procedencia es un mecanismo plenamente legítimo, previsto en la Constitución para que las faltas de los servidores públicos protegidos con fuero no queden sin sanción cuando la Cámara de Diputados así lo considere pertinente. No implica, desde luego, ruptura alguna del orden constitucional. Al contrario. (Don Javier, además, me identifica como “jurista y analista político”. Lo primero no lo soy, mi formación académica se encuentra en las ciencias sociales. Lo segundo, intento serlo pero cada vez tengo más dudas al respecto).

Llama la atención —y suscita profunda preocupación— que un abogado con el prestigio y la trayectoria de Quijano soslaye las condiciones jurídicas de este caso y reivindique una de las de carácter político. Para él, retirarle el fuero a López Obrador equivaldría a un golpe de Estado porque se trata de un personaje con gran aceptación en las encuestas y que puede ser Presidente de la República.

Esa argumentación es muy riesgosa. La suposición de que la popularidad y las posibilidades políticas de un ciudadano lo eximen de responder a la ley forma parte de la obnubilación colectiva que ha ocasionado la polarización en torno a este caso.

Así, mientras sus partidarios se confunden y los adversarios desesperan, López Obrador aguarda el momento en que podrá confirmarse como víctima de una conspiración que jamás pudo acreditar, pero que le resultó tan eficaz en el terreno de la propaganda.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx