agosto 02, 2005

Un traje a la medida de AMLO

Ley de Transparencia y Acceso a la Información del Distrito Federal

Laura Cardoso Tierra
lcardoso@revistavertigo.com

El DF es la región menos transparente. Obstáculo tras obstáculo, el PRD en la Asamblea Legislativa da largas para hacer valer esta ley que entró en vigor en julio pasado.

A la fecha no se ha instalado el Consejo de Información Pública bajo el pretexto de que hay que hacer modificaciones a esta normatividad.


Hace 23 meses que el PRD en la capital pretende crear un blindaje informativo. Candado tras candado el jefe de gobierno Andrés Manuel López Obrador ha puesto a la Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública entre los pendientes de su administración. “No queremos ocultar nada”, dijo hace unos días, pero la realidad es que los diputados locales no se
ponen de acuerdo respecto de las modificaciones que se harán a esta ley que entró en vigor el ocho de mayo. Casualmente cuando la ciudad de México se pintó de amarillo, luego de las elecciones de jefes delegacionales y diputados de la Asamblea Legislativa, se cumplió el plazo para elegir a quienes integrarían el Consejo de Información Pública.

Lo que aún tiene inconforme a la fracción del PRD es la integración del Consejo, sus salarios y atribuciones. Pareciera que quieren un traje a la medida del jefe de gobierno para que pueda gobernar y autofiscalizarse, ser juez y parte.

Por eso tantas largas. Desde que se presentó la iniciativa de ley en diciembre de 2001, a López Obrador no le cayó muy bien que existiera una normatividad que le haga transparentar sus programas para los pobres y menos que haya un órgano autónomo que obligue a todas las autoridades a entregar la información que requieran los ciudadanos.

En el discurso López Obrador siempre dijo estar dispuesto a la transparencia, a la honestidad, a acabar con la corrupción —lo cual lo llevó finalmente al triunfo en el DF—, y aunque luego de 16 meses de foros, debates y consultas se aprobó la ley, de nada sirvió, pues cuando la tuvo en sus manos le hizo un sinfín de modificaciones. Y no fue sino hasta marzo de este año que se aceptó, pero nuevamente López Obrador tardó 51 días para publicarla y ello sólo por la presión de los diputados y medios de comunicación.


Argucia tras argucia

¿Dónde está entonces la voluntad política? Hay que considerar que, de acuerdo con la Ley de Transparencia, una vez que ésta entre en vigor debió haberse instalado a los 60 días el Consejo de Información Pública del Distrito Federal, y aunque se eligió a quienes lo integrarían, a López Obrador tampoco le gustó.

Interpuso una controversia constitucional contra la Asamblea Legislativa del Distrito Federal el 15 de julio. Su argumento: no estar de acuerdo con el proceso de selección de los consejeros ciudadanos.

Los consejeros ciudadanos seleccionados son Leoncio Lara, Odette Rivas y
María Elena Pérez Jaén; el primero renunció ante la indecisión de los partidos políticos y falta de voluntad del jefe de gobierno.

Y aunque a principios de agosto el ministro Genaro Góngora Pimentel le otorgó una suspensión respecto de la integración del Consejo de Información, el consejero Leoncio Lara consideró que la petición de López Obrador era una táctica dilatoria y se corría el riesgo de que los diputados de la próxima Asamblea (la actual) realizaran una maniobra jurídica para modificar la ley y reponer el procedimiento de conformación del Consejo de Información.

Sin embargo, tres meses después la Suprema Corte de la Nación ordenó a López Obrador instalar el Consejo.


¿Dónde está su “voluntad” política?

Y tenía razón el entonces consejero Lara: el PRD puso manos a la obra. De inmediato decidieron reformar la ley para salvar a López Obrador de la orden de la Corte y conformaron un dictamen de reformas de ley, que si logran aprobar dejará nulo el mandato judicial.


La información es de todos

Comenta María Elena Pérez Jaén que la información no le pertenece a López Obrador: es de todos los ciudadanos, y que las leyes no pueden estar a capricho de quien gobierna.

A diferencia de la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública Gubernamental, en la que hubo voluntad política, en el Distrito Federal ocurre lo contrario. Pareciera que tenemos que esperar a que cada Legislatura haga lo que le conviene a su partido.

Y aclara: la corrupción no se combate por decreto. Y en caso de que haya reformas a la ley en la materia tienen que ser por consenso.

Reflexiona sobre los obstáculos que enfrenta dicha ley y las resistencias para hacerla valer: la transparencia no es un accesorio sino el alma de una sociedad democrática y todo lo que se gaste en ésta es en beneficio de todos los ciudadanos.

Pareciera que el Ejecutivo local no quiere invertir en un Consejo que rinda cuentas de lo que gasta. Los ciudadanos no sabemos nunca los resultados de las auditorías, mismas que se practican a diferentes dependencias y sólo la Contaduría Mayor de Hacienda conoce los resultados pero con dos años de retraso.

Hace una semana Pérez Jaén escribió en un artículo de un semanario nacional: “Sería irresponsable que la fuerza política que gobierna el Distrito Federal, después de conocer la resolución de la Suprema Corte, cometiera un acto de pandillerismo político y aprobara en estos momentos reformas a la ley. Esto significaría una regresión política para secuestrar el derecho a la información, porque las reformas que contiene el dictamen restan atribuciones al Consejo, lo despojan de autonomía y lo dejan como un órgano honorífico, cosmético y de ornato”.

La consejera agrega en ese texto: “Es preocupante que el jefe de gobierno y su partido utilicen estas argucias para eludir las resoluciones de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Ser demócrata es no tener miedo a la transparencia y abrir la información sin cortapisas, bajo el mandato de una ley que obliga al gobernante ante los ciudadanos. Nuestra capital no puede someterse al voluntarismo de quien ejerce el poder. No vaya a ser que la transparencia en el Distrito Federal en vez de ser un asunto de honestidad valiente, quede secuestrada en una oscuridad cobarde”.

A discutir

Las fracciones parlamentarias en la Asamblea Legislativa no logran los acuerdos para destrabar la Ley de Transparencia. Y aunque luego de las críticas que recibió el PRD por pretender imponer un blindaje informativo cambió su discurso, la realidad es que siguen con la intención de imponer su propuesta de reformas.


El martes pasado se había anunciado que se presentaría ante el pleno el dictamen de reformas, sin embargo no ocurrió. Lo mismo pasó el jueves.

Mientras el PRD propone que el Consejo de Información tenga facultades para emitir sanciones y quien infrinja las disposiciones sea sancionado por la Contraloría General, e incluso por autoridades judiciales, el PRI plantea la autonomía del Consejo y que sus resoluciones sean obligatorias, además de que sea totalmente ciudadano para evitar que el gobierno capitalino sea juez y parte.

El PRI también propone que el salario de los consejeros sea similar al que recibe el jefe de gobierno, pero López Obrador sugiere que sea equivalente al de un profesor de tiempo completo de la UNAM: entre 25 mil y 30 mil pesos. Además, sugiere que las auditorías sean públicas y que la Asamblea Legislativa no intervenga en la elección del presidente del Consejo de Información.

El Partido Acción Nacional coincide con el tricolor en el sentido de que el Consejo sea eminentemente ciudadano y que se pague a los consejeros un salario equivalente al jefe de gobierno, “con la cuchara grande”, como diría López Obrador, y que se les otorguen facultades

Nos quedamos solos

Francisco Rojas
02 de agosto de 2005

YA se fue el jefe de Gobierno del Distrito Federal. Los capitalinos nos quedamos en la orfandad, sin entrevista mañanera, sin declaraciones que animen el chismorreo cotidiano, desde la posible boda hasta el lugar en que debe dormir el próximo Presidente de la República. Los adultos mayores lloran compungidos la partida de quien los salvó de la miseria, aun cuando siguen recibiendo el valioso estipendio con el que resolvió sus problemas y los incorporó a una vida digna y decorosa; qué importa que para ello, a su edad, tuvieran que pasar lista en mítines y marchas de apoyo a su protector.

Se nos fue quien resolvió el problema de la inseguridad, coordinó con efectividad los cuerpos policiacos, nos sacó del temor con el que transitábamos por las calles de la ciudad; disminuyó las cifras de asaltos armados, robos, violencia y puso ejemplo de eficacia al reorganizar la procuración de justicia y con visión de estadista impulsó su impartición y administración. Nos devolvió la tranquilidad perdida y acabó con la impunidad en que se refugiaba 99% de los delincuentes.

Se nos fue a recorrer los polvosos caminos del país, seguramente acompañado por Nico, quien bajó considerablemente la tasa de desempleo en la ciudad de México y elevó la aportación de ésta al PIB. La claridad de su pensamiento económico y lo acertado de su acción en el rubro disminuyó casi al mínimo el número de ambulantes que invadían las principales calles de la ciudad, aunque haya algunos complotistas que afirmen que en las banquetas y quicios de viviendas se haya triplicado su presencia.

Salvador epónimo de la moderna Tenochtitlán, libró a la ciudad de inundaciones y desastres al continuar con decisión las obras del drenaje profundo y el mantenimiento de lo construido anteriormente, por más que algunos vecinos desconsiderados protesten porque sus casas y calles se inundan con cualquier llovizna. Resolvió el problema de abasto de agua al oriente de la ciudad al continuar las obras del acuaférico, sin hacer caso de voces destempladas que dicen que paró totalmente esa obra para desviar los recursos a frivolidades y caprichos.

Ya tenemos segundos pisos y distribuidores viales, bien proyectados, perfectamente planeados, que a la par que resuelven el problema vial embellecen el entorno de una ciudad que estaba en franco deterioro; realizó la obra del siglo, con mayor calidad de la esperada, en menor tiempo del previsto y con menores costos de los presupuestados. Sin duda los segundos pisos serán parteaguas en la historia de esta ciudad que desde 1325 no contemplaba obra de tal envergadura. No importa, valga la redundancia, no haberle agregado un metro al Metro.

Ya no está para nuestra desgracia, al frente del gobierno capitalino, quien acabó con la deuda pública de éste, por más que algunos que no cursaron aritmética aseveren que deja a la ciudad con un adeudo de 44 mil millones de pesos; se fue a caminar el país quien hizo de la transparencia en el gasto, la rendición de cuentas y las licitaciones públicas y abiertas credo escrupulosamente observado en el desempeño de la función que los capitalinos le encomendaron.

Se nos fue quien combatió con denuedo la piratería y las mafias que se habían apoderado del DF. Hoy la ciudad está todavía de luto por la partida de su gobernante veraz, incapaz de mentir, negado para la demagogia, que no pudo resistir el llamado de las multitudes que lo aclaman para asumir mayores retos en los que repita el éxito, la seriedad y la responsabilidad que demostró al frente del gobierno citadino.

Se fue, pero nos dejó 50 compromisos destinados a salvar la República. El legado, que nos atempera el desamparo en que nos dejó, tiene la importancia de las tablas de la ley mosaica y estimula la inteligencia de los mexicanos para imaginar cómo convertir en realidad los compromisos que serían sostén y pilar de su gobierno. Tenemos que reflexionar cómo y con qué recursos vamos a responder a la confianza del nuevo Mesías; seguramente habrá que sumar los dineros de Bejarano, Ímaz, Ponce, y los ex delegados de Gustavo A. Madero, Tláhuac y Álvaro Obregón. Persiguió a los corruptos, aun cuando no faltan envidiosos que juran que todo huele mal en el gobierno central y en las delegaciones.

Se nos fue nuestro rayito de la esperanza y dejó la capital con sus problemas resueltos o a punto de resolverse, con ciudadanos satisfechos de su actuación, con escuelas de alta calidad en su trabajo, con Metrobús que ya quisieran en ciudad Neza, abierto a la crítica y tolerante con sus detractores. Nos acongoja su ausencia y se nos debilita el ánimo, pero viviremos reconociendo la profundidad de los cambios que impulsó en la vida capitalina, la indeclinable orientación de izquierda con la que gobernó y el permanente insomnio al que su trabajo lo condujo. Qué coraje, en esas iba cuando me sonó el despertador.