septiembre 27, 2006

La oaxaquización del país: del mito del fraude al de la ingobernabilidad

José Carreño Carlón
La Crónica
27 de septiembre de 2006

Quedó clara esta semana la conexión entre la estrategia insurreccional de Oaxaca y la de Amlo, que ya parecía desfallecer entre las deserciones y el desprestigio universal.

La diferencia es de perspectiva: Para Amlo y sus espacios mediáticos se consideró vital exhibir como certificado de supervivencia el tanque de oxígeno que le ofreció la Asamblea Popular del Pueblo (sic) de Oaxaca (APPO) al identificar su meta con la del candidato presidencial derrotado: la de evitar la toma de posesión del Presidente electo en las urnas.

Mientras que la APPO reparó tardíamente en que esa forma de escalar su ofensiva contra la capital de la República y varios estados —la estrategia de oaxaquización del país— está llevando a fortalecer a sus enemigos oaxaqueños.

El más beneficiado fue el gobernador Ulises Ruiz, porque el amago de una APPO a escala nacional está conduciendo a cohesionar con él al entramado institucional del país, ante la amenaza insurreccional.

Y entre los más perjudicados están quienes, desde el PRD, el PAN y el propio PRI, querían ajustar cuentas con el mandatario oaxaqueño y exigían su cabeza desde el discurso de la disociación de la APPO con la “resistencia civil” de Amlo y con cualquiera otra expresión de radicalismo o sedición. Se trataba —juraban— de una oposición local justificable ante el mal gobierno local.

Todo empezó el domingo, como el título de un libro publicado en1963, con ilustraciones de Alberto Beltrán y relatos de Elena Poniatowska sobre la ciudad de México, sus alrededores y algunas ciudades de provincia.

Pero esta vez ocurrió el domingo pasado en el curso del programa de Denissse Maerker en el Canal 4 de Televisa. Allí, el líder de la APPO, Flavio Sosa aterró a la audiencia con sus nada convincentes explicaciones del asalto al hotel donde agredieron a Ricardo Rocha y a los legisladores del estado y con su retórica plenamente asimilada a la de Amlo.

Habló de sus aprestos para la “movilización popular pacífica en la capital del país”; de que “el 2 de julio se retrató el rechazo” al neoliberalismo; de que “este sistema económico ya no lo acepta la sociedad”; de que “es un referéndum lo que pasó el 2 de julio, y la movilización es un cuestionamiento a las leyes obsoletas e instituciones caducas”.

Y todo siguió el lunes, con la advertencia de Jesús López Rodríguez, de la comisión directiva provisional de la APPO, que resultó música celestial para Amlo, pero también era un seguro de vida política para el gobernador Ulises Ruiz, que así veía comprobada —a confesión de parte— la alianza Amlo-APPO contra el resultado electoral: “…no dejaremos a Felipe Calderón tomar posesión como presidente”, exclamó el líder, si no cae Ulises.

La jactancia del connubio Amlo-APPO continuó en la prensa del martes, con la bienvenida y el ofrecimiento de apoyos que el gobierno del DF y el PRD le anticiparon a la marcha oaxaqueña para, con sus integrantes, volver a ocupar con campamentos la ciudad de México, a partir de la próxima semana.

Cierre de filas ante la escalada y reflejos tardíos de la APPO
También el domingo, pero en Milenio, la cabeza principal recogía la información de que “Se gestan APPO contra cuatro gobernadores”, tres de ellos perredistas y uno priista, coincidentemente identificados por su disposición a asumir el resultado electoral que le dio el triunfo a Calderón: respectivamente, Pablo Salazar Mendiguchía, de Chiapas; Zeferino Torreblanca, de Guerrero; Lázaro Cárdenas Batel, de Michoacán, y Fidel Herrera, de Veracruz.

Otro signo de identidad Amlo-APPO, difícil de ocultar.
Cerca de mil 700 organizaciones sociales y políticas han decidido emular en todo el país al movimiento de Oaxaca, aterraba la nota de Milenio.

Del mito del fraude electoral, la estrategia de Amlo transita así a la construcción del mito de la ingobernabilidad, a ver si con éste sí logra evitar la toma de posesión del Presidente electo y obligar a una nueva elección.

En la escalada de las APPOs al estilo oaxaqueño, Amlo parece encontrar su punto más fuerte, pero a la vez parecería que la APPO está encontrando allí su punto más débil, en tanto fortalece a su enemigo, el gobernador de Oaxaca, que logra el cierre de filas del México institucional, al exhibir una APPO utilizada por Amlo en su esquema de hacerle la vida imposible al nuevo gobierno.

De allí que Amlo, desde su perspectiva, haya decidido ayer sembrar en los que considera sus legisladores el mensaje de alerta contra la aplicación de la ley y el uso de la fuerza pública contra quienes considera su nueva carne de ingobernabilidad: el movimiento oaxaqueño. Mientras el líder oaxaqueño Flavio Sosa se esmeraba en el noticiario de Ezra Shabot (W Radio) en un discurso de apego a la legalidad y de deslinde con el PRD, tardío y poco convincente tras las evidencias de la semana.

El Estado soy nosotros Diario sombrío

Guillermo Sheridan
Letras Libres
Septiembre de 2006

Cazador certero en el territorio del despropósito verbal, Sheridan desnuda en este anecdotario cronológico las más sonadas barbaridades que han dicho el candidato perdedor y sus valedores desde el pasado 2 de julio.
Me gusta la geometría del lenguaje, poner las palabras donde tienen que ir.


Andrés Manuel López Obrador


3 de julio. Retórica

Dice el periódico que “AMLO se declaró triunfador de la contienda presidencial y exigió a la autoridad electoral, al Ejecutivo federal y a sus adversarios respeto a esa victoria”. Es natural que, convencido de que su persona encarna al pueblo, AMLO exija ese reconocimiento, sin estrategia y quizás (lo que es aún peor) sin demagogia. Curioso que insista en que ese reconocimiento debe otorgarse con respeto. Luego de fintear “con todo respeto”, acostumbra asestar potente izquierdazo. Esta contradicción le resulta muy simpática a adversarios y detractores. Con todo respeto, es usted un miserable. Estos dobleces son frecuentes en otros registros: ayer también dijo: “Soy muy respetuoso de las instituciones y de manera particular de lo que resuelva el Instituto Electoral; sin embargo quiero informar al pueblo de México que ¡ganamos la presidencia de la República!” (Los signos de admiración son del reportero, más admirado que AMLO.) Luego de declararse respetuoso, arrasa al objeto del respeto con un sin embargo. Se puede suponer que una de las partes del discurso es falsa. ¿Cuál? Si la segunda es falsa...

4 de julio. AMLO vulcanólogo

La escritora Poniatowska acepta con tal fruición que hubo “golpe de Estado” que, con una imagen detonante, advierte que “seguimos siendo volcanes bajo la blanca cúpula del Popocatépetl y la Iztacíhuatl”. Es lindo: en el nuevo “idilio de los volcanes”, AMLO es el guerrero de voluminosos güevos y nosotros la señorita de las suculentas tetas. En la página vecina, otro comentarista tiene otra visión ígnea: “… la nación está sentada sobre un volcán a punto de estallar.” Dentro del volcán, o sentados en él, vemos ondear la bandera amarilla de la emergencia eruptiva. “Que nadie se llame a engaño sobre lo que puede suceder en los próximos días”, termina el visionario. Como en toda profecía autocumplida, tendrá razón. Comienza un periodo sombrío, de ésos en los que el conocimiento de la realidad es un acto de fe.

5 de julio. AMLO presiona (democráticamente)

Para que su respeto a la institución quede de manifiesto, AMLO la presiona. El volcán comienza siempre como “bola”. La idea de “hacer bola” ¿será un remanente de ese afectuoso sobrenombre que se daba a la Revolución? “Hacer bola” es el testimonio final del horror de la política a la mexicana. Si la Unión de Trajineros Ahogados de Padierna quiere apoyo, va a la Delegación de Xochimilco y “hace bola”. Si el PRD quiere que su líder sea presidente, igual. La bola sirve para negociar la ley (e impedir que se cumpla). La justicia, desde luego, privilegia a la bola sobre los particulares sin bola. La bola presupone, por principio, que la autoridad es o parcial o (con todo respeto) incompetente, y que por eso requiere que la bola la vigile, la intimide o la apresure. Desde luego, también sirve para que el partido dueño de la bola haga compraventa de servicios corporativos. El PRD ¿graduará el arte de “hacer bola” a su versión superior que es “hacer volcán”?

En entrevista, AMLO declara: “Sí, confío en el árbitro, confío en el proceso, siempre he sido respetuoso de las instituciones, lo voy a seguir haciendo, pero también nosotros no podemos de ninguna manera aceptar un resultado que no corresponda a la realidad.” Interesante conflicto entre las instituciones y la realidad. La cabeza de AMLO expropia la realidad y desde luego descarta otras realidades, por lo menos a la realidad real y a la institucional. En lo primero se asemeja al pobre Quijote; en lo segundo a Lenin. Arraiga su realidad (es decir, su acto de fe) en “la gente”, a condición de que “la gente” sea su reflejo, no la gente que prefiere ceder al Estado su representación colectiva y la encomienda de la ley. Al poner su propia percepción de la realidad sobre la del Estado, o al condicionar la objetividad de esa realidad a que concuerde con la suya, AMLO expropia a la colectividad en su individualidad. Más que el Estado, él es la colectividad. Un análisis del veleidoso empleo que hace de mayestáticos y primeras personas rendiría simpáticos resultados a un psicolingüista. Como todo voluntarista, AMLO argüiría, previsiblemente, que tal representación sólo es “real” si la autoridad del Estado es “legítima” (es decir, que cuadre con su fe). Círculo vicioso habemus.

Sus apologistas comparan ya las disparidades entre su realidad y la realidad al fraude electoral de 1988. La autoridad del Estado en 1988 se ejerció de manera ilegítima. Pero AMLO menosprecia que, precisamente por lo ocurrido entonces, se haya reformado el procedimiento electoral y se haya entregado su control a los ciudadanos (gracias en buena medida, ¿quién lo diría?, a Porfirio Muñoz Ledo). En 1988, el niño de la democracia se cayó en el pozo priísta de siempre, cuyo brocal agrandaron Camacho, Bartlett y Arturo Núñez. Pero que el pozo se haya tapado con el IFE, el FEPADE y el TEPJF carece de “realidad” (menos aún para los nuevos camaradas de AMLO: Camacho, Bartlett y Núñez, ahora súbitos expertos en cerrar pozos).

6 de julio. la historia c’est moi

Mi (¿ex?) amigo R. me reprocha no haber votado por López Obrador. Cuando me dice “no negarás que hubo fraude”, lo que me dice es “no puedes no creer que la historia de México está llena de agravios e injusticias”. La opinión (“¡todos lo saben!”) identifica ambas cosas como una sola e interpreta la derrota de AMLO como nuevo agravio.

No voté por AMLO, porque el lado siniestro del PRI no compensa mi admiración por sus muchos, enormes logros. Frente a sus mejores iniciativas y sus lúcidas mentes –que las hubo en abundancia– me detiene el peso espeluznante de sus caciques, sus líderes sindicales, sus matones plenipotenciarios. El cinismo de los priistas que hoy danzan con AMLO ofende a la razón, y que AMLO baile con ellos ofende hasta al cinismo. Saben venderse, y la causa de su antiguo correligionario precisa de administradores para las nuevas CROCs, CTMs, CNCs y CNOPs –infelices exámenes de estrabismo. Tampoco votaría por el patético culto al sufrimiento y al sentimiento, con sus alados cantautores, brechtianos furibundos, tinterillos de toma y daca, plañideras starbucks. Y menos aún por la rebaba eternamente impune de “históricos” del CEU, el CGH, cheguevaras de auditorio, sacerdotes artríticos que viven de quemar copal en el templo de las Tres Culturas ante una grey de kindergarten cuyos manteles huelen a “tachas” y regatón. No, nunca más el PRI.

Pero más que ver a un neopriista en 2006, el fundamentalismo contestatario exige ver en su líder a los reloaded héroes que nos dieron patria. Y en las elecciones del 2006 la purga de las anteriores, la cifra de todos los agravios acumulados, el clímax de una justicia escamoteada desde 1910, o por lo menos desde 1940 (cuando mi general Cárdenas “Señor del Gran Poder”, eligió –democráticamente solito– a mi general Ávila Camacho y no a mi general Múgica, como tendría que haber sido). Todas las fechas agitan el corazón y erizan las uñas blancas del Caudillo. ¿Cómo pueden pertenecer al mismo movimiento Bartlett y Poniatowska? AMLO sabe que “la gente” quiere volver al PRI, pero con la conciencia limpia.

7 de Julio. ¡freunde, fraude!

El plan B de AMLO es obvio: de no ganar el conteo distrital, se descalificaría (con todo respeto) a las instituciones, se grita ¡fraude! y no se da un paso atrás. Punto. En su mejor estilo, se “imagina” que hay fraude en la primera frase, y al cerrar el párrafo lo imaginado ya es “prueba fehaciente”, como el Quijote, que pasa de conjeturar si los molinos serán gigantes a considerarlo un hecho en el mismo parlamento. Sus seguidores en cambio, no se parecen a Sancho: ni dudan ni repelan. Lo que el líder presiente, “la gente” lo consagra. La gente ha sido preparada para creerle todo: tanto se le dijo “ya ganamos” que no consideró no ganar. Esto complementa las décadas priistas en las que proclamar desde antes “ya ganamos” habría sido redundante (y explota en su provecho la elemental desconfianza en el aparato judicial que prohijaron esas décadas). A lo largo de setenta años, la única opción mexicana para sentirse seguros de ganar algo era votar por el PRI. Esto dejó una inercia pavloviana de credulidad que AMLO invierte en una incredulidad utilitaria. Más allá de un posible (y hasta hoy no probable) fraude electoral, a AMLO le interesa que “la gente” se sienta defraudada. Lo defraudado no es el hipotético “triunfo”, sino la (su) esperanza.

8 de julio. AMLO universitario

El periódico objetivo proclama un “fraude cibernético”. Lo dice el “eminente fisicomatemático de la UNAM Bolívar Huerta”. El científico lanza la hipótesis (es decir: la demostración) de que un algoritmo malevo pervirtió las computadoras. El nombre del “eminente científico” no aparece en las listas de investigadores o docentes que publican en internet los institutos de Física y Matemáticas de la UNAM. La prensa dice que es investigador del Centro de Estudios sobre la Universidad (CESU), pero tampoco ahí se le registra. Una búsqueda en Google lo identifica en cambio como militante de la Red de Estudiantes Universitarios que patrocinaba el PRD durante la huelga de 1999-2000 (cuyo control perdió en provecho de los “ultras”). El “eminente científico” de 2006 era una cuenta de Rosario en el 2000. Otros universitarios que rodean a AMLO: Luis Bravo Pérez (a) “El Tíbiri-tábara”, el señor de copiosa cabellera ensortijada que está parado en la tele junto a AMLO la noche del 2 de julio en el Zócalo. Dejó de militar en Ciencias Políticas, hizo carrera en el STUNAM, despachó en el Tlalpan de Carlos Ímaz, fue secretario de movimientos sociales (sic) del PRD y secretario de desarrollo urbano del DDF. Eminentes científicos, y eminentes funcionarios. Lo mejor de la UNAM al servicio de “la realidad”. Me temo que no tardarán en cerrarla (con todo respeto).

9 de Julio. ¿A qué le temen?

AMLO “exige” un recuento voto por voto (lo de casilla por casilla es redundante) y reta a las instituciones (y a su adversario) con viril interrogante: “¿A qué le temen?” Él mismo aporta la respuesta con el improbable refrán “el que nada debe, nada teme”. Yo no debo, pero temo que, si las instituciones (ya descalificadas por él) concediesen el capricho (para recalificarse ante él), tendrían que saltar sobre sus propias leyes. Precedente poco republicano: el otorgamiento a un particular de poderes extraordinarios para que sancione toda ley, reglamento o iniciativa de acuerdo con su superior entendimiento, so pena de padecer el volcán que ese particular active (previa autorización de una asamblea de particulares). AMLO sería una especie de shadow government de un solo hombre que sancionaría sólo lo que se ajustara a su realidad. Curioso apetito de quien desprecia a los “poderosos”. ¿Hay en México alguien más poderoso que él? Es tan poderoso que privatiza el Zócalo cuando le viene en gana; se hace encuestas de opinión (a sí mismo), y como su opinión es tan poderosa, se declara su propio simpatizante veinte millones de veces; ordena que la ley sea legal, pero no “legalista”. Es el único mexicano dueño de un partido político. En suma, es tan poderoso que él solo va a defender a la patria de los poderosos.

15 de julio. López Obrador, crítico literario

Además de las muchas tareas que derivan de la dramática cruzada que ha emprendido, para rescatar a la patria de las garras de sus usurpadores (aproximadamente el 75 por ciento de los mexicanos en edad de votar), el Lic. López Obrador consigue hacerse de tiempo para poner de manifiesto sus dotes de intelectual progresista, en la modalidad de la crítica literaria.

A continuación, se reproduce su obra completa, que hemos dividido en dos secciones: I. Obra crítica breve, y II. Obra de largo aliento (cabe señalar que la crítica literaria del Lic. López Obrador se expresa sólo de manera oral).

I. Obra crítica breve

Se trata de apuntes que suelen apretar juicios muy interesantes sobre relevantes personalidades de la actualidad literaria mexicana.

– Elena Poniatowska es una gran escritora.

– Elena Poniatowska, gran escritora.

– Tengo la dicha enorme de ser amigo de Carlos Monsiváis.

– Monsiváis es el intelectual que más se reconoce en nuestro país.

– El mejor escritor de México y yo diría uno de los mejores del mundo, Rulfo, es de aquí de Jalisco. Arreola, en fin, Agustín Yáñez. Éste es un estado con mucha tradición, histórica, cultural, entonces por el lado del turismo hay una opción.1

II. Obra de largo aliento

La obra literaria más ambiciosa, hasta la fecha, del Lic. López Obrador es su ensayo “Tolstoi hoy”.2 También es el único. El editor se ha permitido dividir el ensayo en tres partes:

“Tolstoi hoy

I. Justificación

– Yo no odio, no soy rencoroso y porque soy feliz, porque me ha tratado bien la vida, yo por eso quiero que la gente sea feliz. Porque puede enfrentar cualquier circunstancia y puede incluso atravesar situaciones económicas difíciles, pero si uno es feliz puede salir adelante.

II: Exposición

– Yo recuerdo aquel pasaje de Tolstoi en la novela cuando se enferma el Zar de Rusia y llegan los curanderos y le dicen “usted sólo se puede curar si conseguimos una camisa de un hombre feliz en Rusia”; entonces ahí van todos los de la corte a buscar al hombre más feliz de Rusia para curar al Zar, y van con un empresario muy próspero, pero no era feliz, y luego van con un comerciante próspero, pero no era feliz, y luego van con un sabio y tampoco, y encuentran a un campesino que era feliz y le preguntan “¿Por qué eres feliz?” “Porque estoy bien conmigo mismo, con mi conciencia y estoy bien con los demás, soy feliz”, “Ah pues tú eres el hombre más feliz de Rusia, vamos a llevarle la camisa”, pero no tenía camisa.

III. Conclusión

– Entonces la felicidad no significa únicamente lo material, entonces eso me ayuda mucho a poder relacionarme, se lo digo sinceramente, no odio. Yo no estoy tampoco en contra de quien obtiene bienes materiales, es mi manera de pensar, respeto mucho a otros y sí me gustaría de que la gente humilde, la gente de abajo, la gente pobre viviera mejor y de que fuesen muy felices todos y por eso estamos en esto.”

La aparición de “Tolstoi hoy” provocó algunas discusiones. La intelectual prosionista y filoplutócrata Rabina Granta Gore declaró que el Lic. López Obrador no tenía “con todo respeto, ni una puta idea de lo que dice”,3 toda vez que el texto citado no es una novela, sino “El zar y la camisa”, un cuento infantil. “Está difícil –agregó– confundir una novela con un cuento infantil de doce renglones.” Luego, al hombre feliz no lo encuentran “curanderos” (“¡Es Rusia, joder, no Catemaco!”) sino el zarevitch. Y sobre todo, el hombre feliz no dice que su felicidad derive de “estar bien conmigo mismo, con mi conciencia y estar bien con los demás”, sino de que “trabajé un poco, comí cualquier cosa y ahora me voy a echar una siesta sabrosa y tranquila”. Es decir, deriva de que –dice Granta– “es un sujeto bobo e indolente”.

Granta Gore discurre sobre la predilección por Tolstoi en una persona que más parecería inclinarse por Dostoievski. A fin de cuentas, a Tolstoi le interesan los Rostov y los Bezuhov, aristócratas y burgueses “señores del dinero”.4 Por otro lado, contra la postura del estadista mexicano, Tolstoy detesta el determinismo y su idea de que son los “grandes hombres”, como el baboso de Napoleón, quienes mueven la historia. Y su célebre repugnancia por los “jefes” en general (“quienes más desean cambiar al mundo son los menos dispuestos a cambiarse a sí mismos”) es famosa. Entonces ¿cómo explicar los lazos entre el líder azteca y el viejo sabio de Yásnaia Poliana? ¡Una pieza más en el complejo rompecabezas que es el licenciado!

26 de julio. Más universitarios

Aparece un “Frente Universitario de Apoyo Crítico (sic) a López Obrador” que lo invita a cantar en la UNAM a fines de agosto. Doble contra sencillo a que la cierran (críticamente). Este FUAC(sic)lo lo dirige el señor Jorge René González. Google revela que es perredista (sic), consejero universitario (ultrasic) y funcionario de la Dirección General de Gobierno del DDF (megasic). Así pues, fue a invitar (críticamente) a su patrón. El mismo joven dirige un “colectivo” llamado Agrupación Universitaria Tiempos Modernos, que realizó hace tiempo “una encuesta sobre preferencias electorales en cuatro instituciones públicas de educación superior y tres privadas de la ciudad de México, la cual reveló que Andrés Manuel López Obrador encabeza las preferencias, con 36 por ciento, seguido por Felipe Calderón, con 28”. González enfatizó “que la metodología obedeció a mecanismos científicos, por lo que los resultados son altamente confiables”. ¡He ahí, pues, la misteriosa encuesta que le daba diez puntos de diferencia a AMLO, aportada por otro “eminente científico”! No deja de intrigar que este mismo señor González fue el primero en enterarse, al amanecer el 19 de julio –cuando estaba en el Hemiciclo a Juárez colgando (críticamente) la “expofraude”–, que “alguien” había dañado las obras de arte que decoran a la Alameda. ¡Consejero universitario, funcionario del DDF, encuestador, instalador de exposiciones y detective! ¡Tiempos modernos!

28 de julio. AMLOman, superstar

Las “asambleas” en el Zócalo se parecen cada día más a un espectáculo dominguero con bandas y mariachis (otra forma de violencia). La gente está tan habituada a ir los domingos a mirar shows al Zócalo que dan a AMLO el comportamiento ad hoc: chillidos histéricos, damas orgasmeantes, meneos colectivos ante una mezcla de Juan Gabriel y el Niño Fidencio. Y como el Caudillo se sabe sólo una canción, el público ya la memorizó y canta los coros antes que la estrella. Si la estrella entona, por ejemplo, “Por eso exi…” La multitud adelanta “¡Voto x voto!” Si enuncia “Fo…”, le responden “¡traidor, traidor!” Soledad Loaeza lo explica con brillantes en su editorial (valientemente) publicado ayer en un diario objetivo: “Como otros líderes cesaristas que lo precedieron, AMLO ofrece un ejercicio personalizado y centralizado del poder, una relación directa entre él y la gente, la movilización ininterrumpida, el plebiscito permanente, una situación sostenida de excepción; y al igual que muchos de esos líderes cesaristas, utiliza las instituciones democráticas para destruirlas, porque si llegáramos hasta donde los lopezobradoristas nos quieren llevar, sólo ruinas quedarían de lo que habría sido una efímera experiencia democrática.”

1 de agosto. Alma grande (AMLO Ghandi)

Lo que el Caudillo y sus priistas le exigen a un movimiento para considerarlo “pacífico” se limita a que no haya violencia física. Para ellos, todas las otras formas de sufrimiento que derivan del caos vehicular que ellos, poderosos que son –y para defenderlo de los poderosos–, han impuesto al pueblo, tan bueno y tan noble y tan lo mejor de México, no suponen violencia. Está universalmente aceptado que toda forma de humillación entraña violencia. Toda disrupción de la vida cotidiana, sobre todo si incluye miedo, es violenta. Toda afectación a los derechos humanos incluye violencia. La Organización Internacional del Trabajo considera que cualquier cosa que altere la salud, la seguridad y la productividad de los trabajadores es violenta. En tanto que los traslados cotidianos son etapa integral del trabajo, los bloqueos son violentos. Es más: todo cuerpo que bloquea el paso legítimo de otro cuerpo, se convierte en arma. En la lógica de AMLO, cuando Díaz Ordaz golpeaba y mataba gente había violencia, pero no cuando enviaba ambulancias a chillar por las calles en la noche, o soldados a sonar sus estoperoles.

2 de agosto. Una vocera

La empresaria Jesusa, maestra de ceremonias de las asambleas, declaró hace días en un diario objetivo: “Es muy importante dejar en claro que quienes cierren carreteras o avenidas, quienes molesten a las personas en su vida cotidiana, creándoles más problemas de los que ya tienen, no pueden ser considerados parte de este movimiento. A quienes usen la violencia les vamos a tener que decir: no en nuestro nombre, ustedes no nos representan, ustedes le están haciendo el caldo gordo a la derecha, a los de El Yunque, a Calderón.” Este domingo, toda coherencia, enfrentó a AMLO y le dijo que “ya no forma parte de este movimiento”. Mala onda.

3 de agosto. Magias civiles

Comparar la resistencia civil del PAN con la del PRD es desnivelado: el PAN luchaba por terminar un monopartidismo de 70 años; el PRD por acabar con una democracia de 6. ¿Qué tendrá de resistencia civil ir a cantarle las mañanitas con el Himno Nacional al edificio vacío de la Bolsa de Valores? El divertimento de Noroña recuerda otro: cuando en el 2003 denunció al PRD ante el IFE por no respetar la democracia interna del partido.

6 de agosto. AMLO polemista

Luego de que AMLO puso a discusión en la asamblea (es decir: él) la iniciativa del Comité de Resistencia Civil (es decir: él) sobre la conveniencia de tomar (con todo respeto) el Zócalo y el corredor de Reforma (moción que él aceptó de inmediato y por unanimidad), Monsiváis denunció su injusticia en carta abierta. Más tarde agregó que nunca se le invitó a formar parte de ese comité, ni se le pidió permiso para incluir su nombre entre sus miembros. Hoy, en otra asamblea, AMLO se refirió, sin nombrarlo (¡cuidado! porque cuando AMLO no nombra, no nombra con respeto) al “intelectual que más se reconoce en nuestro país”:

“Hemos [la asamblea, es decir él] escuchado atentamente las críticas y los cuestionamientos que se nos han hecho, incluso por parte de amigos cercanos, de intelectuales y de ciudadanos que apoyan nuestro movimiento y que votaron por nosotros, pero que no están de acuerdo con algunas de nuestras acciones de resistencia civil.”

La crítica de Monsiváis mereció como respuesta este poderoso argumento:

“Quisiéramos que entendieran nuestras razones, somos respetuosos de la opinión de todos los mexicanos, porque la esencia de la democracia es la tolerancia y la libertad de expresión. Sólo en el autoritarismo se cancela en la práctica el derecho a disentir de los ciudadanos” [el de circular es otra cosa].

Sí, pero Monsiváis ejerció su libertad de expresión precisamente para hacer una crítica a la Asamblea (es decir, a él). El diálogo queda así:

Monsiváis: No estoy de acuerdo con lo que usted hace por estas y estas razones.

AMLO: Quisiera que estuviera de acuerdo (pues sus razones me importan un bledo).

Al no responderle, AMLO lo ignora, que equivale a decir que lo censura y que no lo tolera (y que ingresa al rango de innombrables).

7 de agosto. Granma

Dice el diario “honrosa excepción” que no sirve a los poderosos (sólo al Poderoso): “Cada día es mayor el número de habitantes de la capital, pero también del resto del país, que se incorporan a los campamentos y se suman con alegría y entusiasmo a los intensos programas culturales y recreativos en curso.”

8 de agosto. Programa cultural

Los grupos de rock-and-roll que educaron ayer a las personas que están en plantón en Paseo de la Reforma son “Kancer Urbano” y “Fuerzas del Kaos”. Hay konsenso en ke fue espektakular.

8 de agosto. Y más universitarios

Un Movimiento de Estudiantes No Aceptados cerró hoy avenidas cercanas a la UNAM y al Poli. Lo dirigen una señorita Alondra Ramos y (one more time!) Higinio Muñoz. Sus consignas corean “¡La UNAM no es panista / la UNAM es comunista!” (para tener una idea de su plataforma, véase www.militante.gob; no tiene pierde). Higinio Muñoz fue durante años líder del Consejo Estudiantil Metropolitano, originalmente ligado al PRD. Antiperredista y “ultra” más tarde, fue encarcelado cuando la policía liberó a la UNAM. Al salir, fundó su Promotora por la Unidad Nacional contra el Liberalismo, que acusaba a AMLO de “represor”. Ya no. Sus páginas web recomiendan al Caudillo:

1.- La única alternativa ha de ser a través de la lucha en las calles, la vía legal sólo debe ser vista como un complemento, si nos basamos en ella estamos condenados a vivir seis años de lo mismo. La ley actual, las instancias electorales están hechas para hacer valer los intereses contrarios a nosotros como trabajadores y jóvenes.

2.- Andrés Manuel debe ponerse claramente al frente de esta lucha, debe llamar inmediatamente a que los sindicatos realicen una huelga de 24 hrs. Él ha dicho en muchas ocasiones que no va a defraudar, ni engañar al pueblo, es la hora de cumplir esas palabras.

9 de agosto. numeritos

Me dice mi amigo c.c.: “Desde un punto de vista probabilístico, si se hacen más de 130,000 operaciones de conteo, es inevitable que haya errores. Una de las fantasías detrás de la consigna del voto por voto es suponer que, de hacerse un recuento manual, esos errores no ocurrirían de nuevo. La persuasión de la consigna se basa en ese malentendido. El problema en los procesos estadísticos y de conteo no son los errores, sino el no entender que estos tienden a compensarse o a cancelarse entre sí.”

10 de agosto. Nadie está por Encinas de la ley

Declara el señor Encinas, jefe de gobierno, cuestionado sobre su tolerancia y apoyo y financiamiento al bloqueo: “la lógica de los conservadores de la ultraderecha (sic que los distingue de los ultraconservadores de izquierda, es decir Castro, Chávez y Kim Jong-il) que exigen mi renuncia, es la de erradicar al enemigo.” El señor Encinas no erradica, bloquea, que es otra cosa.

11 de agosto. AMLO y el pueblo

Según un periódico, AMLO declaró hoy: “Le tengo un profundo amor y admiración al pueblo de México, que es gente muy noble y muy buena, lo mejor que tenemos en México.”

No estoy de acuerdo. El mexicano es por lo general ignorante, violento, tonto, fanático, corrupto, ladrón, sexista, caprichoso, temperamental, alcohólico, arbitrario, golpea a sus hijos y a las mujeres, idolatra el ruido, tira basura, nunca ha respetado el derecho ajeno, se pasa los altos, evade impuestos, compra y vende piratería, zarandea a los peatones, no duda a la hora de hacer transas, desprecia a la ley, no sabe aritmética elemental ni tirar pénaltis. Lo mismo puede decirse de la clase baja. Tenerle amor y admiración a eso es masoquismo o demagogia.

12 de agosto. Y el ganador es…

La mejor frase en lo que va del conflicto es la del eterno dipunador y senaputado Pablo Gómez (otro “universitario”), que interrogado sobre si los bloqueos atentan contra el libre tránsito que garantiza la Constitución contestó: “Hasta donde sé, a nadie se le ha impedido cambiarse de casa.”

13 de agosto. Voluntarismo bis

AMLO proclama que “estemos donde estemos, en Palacio Nacional, en las plazas públicas o en cualquier lugar, vamos a seguir defendiendo nuestro proyecto de cambio verdadero.” Su jerarquía de escenarios manda al Poder Legislativo al limbo del “cualquier lugar”, cuando, uno diría, debe ser no sólo el primero sino –en una democracia– el principal. Sería positivo que ahí, en las cámaras, el PRD trabajara para que, en efecto, se luchara contra el horror de la desigualdad económica. Pero el Legislativo, a pesar del avance del PRD, le estorba. Como escribió Silva-Herzog Márquez: “AMLO lo ha repetido muchas veces: la historia mexicana camina a zancadas de movilización, no conforme a la cadencia indolente de las instituciones elitistas”.

Luego AMLO dice una cosa muy rara (pero, a estas alturas ¿todavía es raro?): va a refundar México para “purificarlo”, porque él quiere que el pueblo sea “feliz”. Las mismas palabras de todo autoritario, de Mussolini al Khmer Rojo. Esta demagogia deleita a la asamblea, pero ¿aterrará a la izquierda? No hay nada más alejado del pensamiento de Marx o de Lenin que “refundar” al Estado (ése fue Stalin). Entendían que, como el proletariado carece de cultura propia, debe crearla sobre las normas burguesas y que, por tanto, acusar al orden burgués de perverso va contra los intereses del pueblo. Pero la idea de crear burgueses le ha de parecer abominable a AMLO, que prefiere a los pobres. Elige la “propaganda de la acción” a la paciencia de educar en democracia; el hecho inmediato a la lenta apropiación condensada del poder. Su voluntarismo de tanates coquetea con Tánatos. Una histeria que explicaría su obsesión por mostrarse puro, humilde y modesto: el paradigma “refundado” y “purificado” que justifica e ilustra su ética voluntarista. Otra señal palpable de histeria es la voluntad de “suicidarse políticamente”, mezclada con su obsesivo encomio de la felicidad, esa emoción “eminentemente hipócrita” de quienes, incapaces de asumir las consecuencias de su deseo cotidiano, se inventan “una felicidad oficial”, como sugiere Slavoj Zezik.5 (Boucher, su comentarista, agregaría que “una sociedad que otorga libertad para buscar la felicidad es una sociedad loable: una que indica cómo ser felices es tiránica”.)

14 de agosto. AMLO, su parto

Este domingo, AMLO declaró ante su asAMLOea: “Combati–remos la pobreza y la monstruosa desigualdad imperante en nuestro país. Ya es insoportable que una minoría rapaz lo tenga todo, mientras la mayoría de los mexicanos carece hasta de lo más elemental e indispensable. Además, sin justicia no habrá garantías de seguridad ni tranquilidad para nadie. Tampoco habrá paz social. La paz es fruto de la justicia.“Tiene parcialmente razón (llamar “rapaz” a toda la minoría no es buena idea, ni necesariamente cierto; decir que “la mayoría” carece de lo fundamental es demagogia).

Acto seguido, hizo lo peor que puede hacer alguien que seriamente se sabe agraviado por la desigualdad: parió a la “verdadera democracia”. En la República Okupa del Zócalo, en vivo y en directo y a todo color, AMLO, él solito, arropado en su asamblea, ¡parió a la “verdadera” democracia!

Él no dará un paso atrás. Él dará el “grito”. Él defenderá al pueblo del “gobierno ilegítimo” durante años, si es necesario. Él renovará a las instituciones. Él asume en su modesta persona los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial. En el mismo momento en que dio a luz la “verdadera democracia”, el PRD fue sumariamente substituido por una “Convención Nacional Democrática con representantes de todos los pueblos del país”. Esa convención, y no los partidos, no la democracia, espuria ella misma, es la que decidirá “en definitiva el papel que asumiremos en la vida pública de México”.

“Fuerzas del Kaos”… ¿dónde tokarán mañana? ~

México, df, a 14 de agosto de 2006.

septiembre 26, 2006

Erotismo, sexualidad e intelectuales

Luis González de Alba
Letras Libres
Septiembre 2006

Como antes lo hiciera con “Marcos”, un segmento amplio de la inteligencia apoyó a López Obrador. González de Alba estudia el caso paradigmático de Elena Poniatowska y su aceptación acrítica de la violencia revolucionaria, incapaz aún hoy de extraer las lecciones de la caída del Muro de Berlín.

En el convite para la refundación del PRI, a cargo de López Obrador, gran número de intelectuales mexicanos desfilaron tras la bastonera Poniatowska y el tamborilero Monsiváis. ¿Cómo pudo tal patinazo ocurrir? Intentemos desbrozar el enigma. Los intelectuales, en cualquier país, significan por su obra, no por sus opiniones políticas. Pero siempre se las están pidiendo. Y ellos las dan con fruición. Ya a nadie importa si Ezra Pound hizo propaganda fascista desde la radio de Roma. Eso no está en sus poemas. Como sí están los cantos a Stalin en la obra de Neruda. Prescindibles, pero están. Y está en la obra de Octavio Paz su combate al estalinismo cuando por eso se podía perder la vida, y su frío análisis del México gobernado por un ogro filantrópico. Otros supieron acomodarse a la filantropía del ogro. Pero no es temor ante el poderoso lo que hemos visto en los intelectuales mexicanos en estos cinco años de campaña presidencial de Andrés Manuel López Obrador, ni en el delirio de poscampaña. Lo que hay es embeleso por el caudillo y mesías. Algunos presentan la ceguera que sólo cae sobre los enamorados ante el erotismo del amado y sus feromonas sexuales. No se puede entender de otra manera que hombres y mujeres inteligentes aclamen en 2006 lo que combatieron en tiempos del PRI. No los han avergonzado ni las citas a Stalin. Justificables en boca de un compositor ruso en 1935, pero inconcebibles cuando el obradorismo busca en ese tirano genocida un ejemplo democrático para probar que las elecciones en el México del 2006, a cargo de un millón de ciudadanos y vigiladas por otro millón de representantes partidarios y observadores de sesenta países, no fueron limpias. Hay quien es poeta y campesino, o novelista y militante político, con o sin partido. Pero nuestros medios acostumbran interrogar a intelectuales sobre los últimos acontecimientos de la vida pública, con independencia de si tienen alguna militancia política. Responden, casi siempre, con esquemas. Y los esquemas tienen éxito porque son fáciles de recordar y de repetir: No al pinche fraude ha tenido difusión aunque nadie haya podido explicar cómo se cometió, pequeño, grande, generalizado o pinche. No es tampoco necesario explicarlo: es un acto de fe, es la otra moneda de un dogma similar: ganamos. Preguntar, pedir datos, números, es pasar al bando de los herejes. Es pedir los huesos de Juan Diego. Por esto, no es de extrañar que la masa en un mitin vitoree una ocurrencia graciosa. En cambio, sí lo es que gente de reflexión haga lo mismo.

Ideas y ocurrencias

En una famosa polémica, Octavio Paz señaló que Carlos Monsiváis “no es un hombre de ideas sino de ocurrencias”. Pues sí, pero de ahí su éxito, conclusión que no derivó Paz. Se cita más frecuentemente la ocurrencia. La inmensa mayoría de los lectores la recuerda, los caricaturistas la plasman con facilidad porque nacieron caricatura, aunque el contenido sea escaso. “El intelectual florero”, tituló Jesús Silva-Herzog Márquez un polémico ensayo. En resumen, y citándolo de memoria, señala que en todo simposio, sea de astronomía o apreciación musical, sienta bien un bello adorno floral en el escenario y la participación de algún intelectual famoso, no porque conozca del tema, sino porque su nombre adorna el programa y llena el auditorio: es el intelectual florero, podría no estar, pero mejor si está. Cómo se han ganado los intelectuales mexicanos ese derecho a guiar la opinión política es un misterio, pues nuestros grandes nombres son más bien contraejemplos:

Martín Luis Guzmán: la apología del priismo más cerrado y obtuso. José Vasconcelos: la del nazifascismo en prólogo inicuo a un volumen de propaganda hitleriana. León Felipe: “A este Presidente hay que quererlo”... dijo de Gustavo Díaz Ordaz, porque lo recibió en Palacio y le dio unas palmaditas durante la crisis de distanciamiento con los intelectuales, en 1968. Salvador Novo: “Es la mejor noticia que he recibido en el día”... la entrada del Ejército a la Ciudad Universitaria. Fuentes-Benítez: “Echeverría o el fascismo.” Las astucia política de Echeverría le hizo ver que el presidente Díaz Ordaz había quedado derrotado ante la historia al perder el apoyo de quienes la escriben: los intelectuales. Y su mayor esfuerzo lo encaminó a recuperar, para la Presidencia de la República, a las mentes pensantes. No por lo que pensaran, que podía tenerlo sin cuidado, sino por lo que escriben y publican. Así consiguió desde aquel célebre “Echeverría o el fascismo”, cuya paternidad quedó entre Carlos Fuentes y Fernando Benítez, hasta un artículo de María Luisa La China Mendoza, titulado “Mi novio Echeverría”.

A la distancia, me dice más el artículo de La China, sobre el atractivo físico del Presidente, que la expresión de Fuentes y/o Benítez: estoy convencido de que el atractivo del caudillo procede, en buena medida, de fuentes sexuales. Quien lo dude, no tiene que leer a Wilhelm Reich, le bastará con recordar los primeros años de Marcos y el EZLN. Nada, salvo su atractivo físico, explica aquella rendida entrega
de la inteligencia nacional ante la resurrección de la tesis
guerrillera, empeorada por los cambios mundiales: la caída del muro de Berlín y la desaparición de la Unión Soviética con sus satélites. Marcos lo sabía y lo explotaba con referencias a “las armas que Dios me dio”, “la leche que me sobra” y otras dignas de páginas para buscar parejas sexuales y afectivas. Un novio, Marcos, cuyo vacío la intelectualidad no percibió, embargada por la renovación de la utopía revolucionaria, que parecía perdida. Hoy Marcos pasó de moda. Ya no es in llevarle libros.

La doble moral

Una y otra vez, los intelectuales dan muestra de doble moral, doble rasero, y siguen tan campantes para la siguiente ocasión. Exigen a Israel salir del Líbano, pero no condenaron “que durante 2003, Israel sufrió más de mil bajas civiles a manos de terroristas palestinos”, señaló el Embajador de Israel. “Nunca pidieron el cese de la matanza de israelíes. La pregunta es: ¿Dónde estaban los firmantes? ¿No cuenta para ellos la sangre israelí?” La pregunta del Embajador se puede repetir una y otra vez: ¿dónde estaban cuando...? Cuando el gobierno del DF empleó todos sus medios para crear la imagen nacional de López Obrador: entrega de obra pública sin licitación a empresarios que, por supuesto, luego participaron en la campaña de la esperanza; terrenos regalados a la Iglesia Católica, a los ricos de Santa Fe, fondos públicos a raudales para los medios afines. Todo se metió al fuego de la gran caldera que impulsaba la campaña del jefe de gobierno del DF: burócratas, ambulantes, ancianos con cupón, taxistas piratas tolerados. Dónde estaban nuestros intelectuales cuando todos los diputados del PRD aprobaron la llamada “Ley Televisa” –sin leerla, según admitió Pablo Gómez. Dónde estaban cuando el PRD hizo avanzar esa ley, votó en contra cuando ya era imparable, y cobró por sus servicios en tiempos a precio de regalo y entrevistas a modo. Dónde estaban nuestros intelectuales cuando Marcos respondió que había lanzado a combatir indios con rifles de madera “porque debían recuperar las armas auténticas de los caídos”. Hicieron peregrinación a Chiapas, tropezándose en las barrancas, lastrados por la carga de sus libros, sus hijos que llevaban a ofrendar a los lugares sagrados del EZLN. Es que la utopía de una definitiva Revolución, matriz de un mundo nuevo, no se ha marchitado en los corazones de quienes ni siquiera han elevado una condena definitiva contra la feroz dictadura de Fidel Castro. Al fin parece recuperarse de su breve exilio una dama venerada: la lucha de clases. Y con ella, el desprecio por la legalidad “burguesa”. Una impunidad de clase cubre al intelectual. Ellos lo saben y emplean a fondo esa patente de corso. A ver quién se atreve a detenerlos, así le iría.

El fuero de los intelectuales

El ejemplo más reciente y franco de esta provocación que se sabe impune, con fuero, ha sido el cierre de las oficinas centrales de Banamex encabezado por Elena Poniatowska. Si una persona está obstruyendo el acceso, la sacan; si resiste, llaman a la policía. Pero surge la primera duda cuando se trata de un grupo de estudiantes: “¿Nos acusarán de represión si los sacamos?” “¿Nos recordarán el 68?” Y la duda concluye si a la cabeza de los manifestantes se encuentra la imagen misma de la corrección política: mujer, dama, anciana (como la calificó allí mismo Jesusa Rodríguez: “¿Ya no creemos en nuestro Consejo de Ancianos?”), cargada de honores, bien vestida y con su collar de perlas. A ver quién es el guapo que se atreve a jalarla a una patrulla por los varios delitos implicados cuando se impide el acceso a un banco. Elena lo sabe. No lo habría hecho en París, porque se le habría aplicado la ley; lo hace en México, confiada en que el PAN ha dado infinitas muestras de torpeza, tontería e ignorancia, y que, por lo mismo, le será fácil transformar su justa detención y presentarla como otra muestra de salvajismo panista.

Cuando se trata de nuestras grandes figuras, todo se disuelve en risas. Hasta el delito. Pero, ¿y el banco afectado? ¿Y los clientes cuyo tránsito fue impedido? Se lo merecen porque son riquillos. Lo dijo con todas sus letras Elena: el acto se hacía “sin molestar a la gente, sólo a los de arriba”. Que no son gente, son riquillos. Pues mi sirvienta tiene su cuenta de ahorros en Banamex.

Para entender el entusiasmo de muchos intelectuales, actores y gente de las izquierdas por un típico representante del paleopriismo echeverrista, como es Andrés Manuel López Obrador, con todo y sus corporaciones aliadas, así como las sonrisas de quienes cometieron su travesura en Banamex, resulta paradigmático el último capítulo de Fuerte es el silencio, libro de Elena Poniatowska donde el atractivo sexual de un caudillo, luego guerrillero, el Güero Medrano, nunca es secundario, y sus mujeres, entre ellas una secretaria llamada “Elena” (oh, padre Freud), chaparrita y delgada (oh, de nuevo), siempre cuaderno de notas en mano, apunte y apunte (recontra oh), que escucha su recetario maoísta con arrobo y deseo. Luego esa Elena huye con el Güero Medrano a la clandestinidad de la guerrilla. El proceso que condujo a tantos intelectuales rumbo a Marcos, luego al lopezobradorismo, en Elena (Poniatowska) comenzó desde que La noche de Tlatelolco la convirtió en figura inevitable de la izquierda. Un caso de hechizo mutuo.

Pablo Pascual: el niño y el traje del emperador. Debe de haber sido 1981. Me sacudió una frase de Pablo Pascual, gran amigo mío, militante de aquella izquierda que hizo los sindicatos universitarios, el Partido Socialista Unificado de México, luego el PMS, que se fundiría, con la Corriente Democrática de Cuauhtémoc Cárdenas, en el Frente Democrático que le buscó la Presidencia, y después en el PRD. Pablo me hizo lo que el niño a su pueblo reunido para aplaudir el traje nuevo del emperador: el niño que se atreve a señalar cómo el emperador no lleva traje alguno, va desnudo. Ocurrió así: Elena acababa de sacar Fuerte es el silencio. Me había dedicado muy cálidamente un ejemplar, con nubes, flores y expresiones de enorme afecto; comíamos con frecuencia juntos y nos llamábamos por teléfono para conversar. Pablo me soltó de sopetón y sin previo aviso: “Oye, tu pinche amiga es una pendeja...” Lo miré con el mismo azoro de Juan Diego oyendo al abad Schulenburg decir que no hubo apariciones. Musité un tartamudeante: “Pablo...” con el tono de quien teme que se abra la tierra en ese instante. Pablo Pascual concluyó: “En su pinche libro nuevo hace héroes a los que nos tienen sentenciados a muerte a mí, a Rolando Cordera, a Gilberto Guevara, a ti, Luis, a ti...” Me dio vergüenza reconocerle a Pablo que no había leído más que las dos páginas con su dedicatoria. Luego había visto las fotos. El último capítulo, sobre la colonia Rubén Jaramillo, de Morelos, que tanto había indignado a Pablo Pascual. Lo acabo de leer, ahora en julio de 2006. Y no le doy razón a Pablo: no es el relato de una tonta, es el de una enamorada. Narra una invasión de tierras, la del fraccionamiento Villa de las Flores, y su transformación en “colonia Rubén Jaramillo”, fundada por aquel famoso Güero Medrano que pasó luego a formar una de las guerrillas cercanas a Lucio Cabañas, y que hizo del secuestro, homicidio, robo y asalto a mano armada la “voz del pueblo”, y nos puso en la mira de los fusiles proletarios a todos los “reformistas” que sólo hacíamos trabajo político para crear partidos. Los tiempos del delirio.

Es de una simpleza abrumadora: el catecismo más elemental e ingenuo sobre la maldad de los ricos y la natural bondad y sabiduría de los pobres, el derecho de éstos a “tomar lo que es suyo” sin más justificante de propiedad que los sufrimientos del pasado y el presente. “Campesinos con machete, otros con rifle dispuestos a defender a su familia, su tierra...” Que “su” tierra tenga otro propietario es secundario. “Ya estuvo bueno de agachar la cabeza frente al patrón, vamos a exigir lo nuestro.” Bien, sólo que el dueño de ese fraccionamiento ocupado no es el patrón. Lo que el Güero Medrano planeaba (sin decirlo a los colonos) para la Jaramillo era “Convertirla en territorio libre dentro del estado de Morelos y buscar después otra base...” La táctica maoísta aprendida por Florencio el Güero Medrano en China. No lo dice el Güero, sino la propia narradora: “Uno de los factores decisivos en cualquier lucha revolucionaria es la reacción de los ricos.” Imposible decirlo de forma más trivial. “La Jaramillo no sólo demostraba que un grupo humano puede oponerse al gobierno sino también convertirse en fuerza política”: oponerse al gobierno es una virtud en sí misma, y no se había hecho en la historia de la humanidad... Hasta que la Jaramillo demostró que era posible. Y más claro: “¡No hay que conciliar, hay que tomar el poder, pendejos reformistas!” No es el grito de un personaje, es el resumen de la narradora contra los “obreros sacones dispuestos a aliarse al PRI” y que sólo le hacen “el juego al patrón”. Y era, no casualmente, el grito de los guerrilleros contra quienes estábamos formando los partidos de izquierda, el grito con el que cayó abatido por balas revolucionarias el profesor Alfonso Peralta; el grito para matar a tiros en Culiacán a un primo de Gilberto Guevara. Y era el que emplearían para terminar con nosotros, preocupados en hacer sindicatitos y partiditos. Luego, a la muerte del Güero Medrano, concluye la narradora, ya en éxtasis: “Quién quite y a la mejor todavía viva porque dicen luego que los luchadores no mueren, pero pues váyase a saber.” Y recoge el canto de los niños, en la fiesta escolar de la Jaramillo: “Y aquí en Morelos, / Florencio Medrano / intrépido vencerá.”

Aquí estoy, a estas alturas de la vida, leyendo un canto emocional y erótico a la guerrilla, ricos malos y pobres buenos, caudillos mujeriegos y mujeres enamoradas, discursos para atraer pobres a “la lucha”, con el anzuelo de un terrenito. Una conocida oratoria recuperada sin asomo de análisis por Elena, y me sospecho que abaratada aún más por ella. Allí se ve, en una nuez, el entusiasmo de muchos intelectuales por la violencia revolucionaria y el esperado parto de la Historia. Ninguno se atreve a ponerlo en ese lenguaje descarnado. Pero está implícito en la “toma” de Banamex, la ocupación del Zócalo y el Paseo de la Reforma, y en el éxtasis que sienten por otro simplificador extremo: López Obrador.

El affaire Poniatowska-Woldenberg

Pasó el tiempo. La “Rubén Jaramillo” fue ocupada por el Ejército y los dirigentes entraron a la clandestinidad. Elena publicó su saga. Las guerrillas fueron exterminadas y los partidos crecieron. La legislación fue eliminando paulatinamente el control de las elecciones por el gobierno y poniéndolas en manos de ciudadanos sorteados al efecto. Cuando “corría el año del Señor” de 1996, los nuevos partidos políticos hicieron ver a los habitantes del DF, por décadas sin derecho a elegir gobernantes, esa injusticia. Yo vivía por entonces allá. La oposición y algunos militantes civilizados del PRI lanzaron la propuesta de regresar a los ciudadanos del DF el derecho a elegir su gobernante, hasta entonces nombrado sin más por el Presidente de la República.

¿A quién dar la banderola de salida? Se pensó en un personaje inobjetable: Elena Poniatowska. Ella tuvo a cargo el discurso inicial. Fue sorprendente, porque no lo dirigió contra el PRI, que había cancelado nuestros derechos ciudadanos, ni contra la sucesión de regentes impuestos; vaya: ni siquiera a favor del virrey Bucareli. Lo que escribió y publicó luego fue un discurso, en el estilo del “Yo acuso” de Zola, donde se repite una frase con insistencia. ¿Contra quién? Contra un joven casi desconocido que colaboraba quincenalmente en La Jornada (el diario que habíamos fundado los exiliados del unomásuno). “¡Y le vamos a demostrar a José Woldenberg que los ciudadanos sí pensamos! ¡Y le vamos a demostrar a José Woldenberg que...!” Un fogoso discurso... que nadie entendió.

Tomé la ofensa para mí y en La Jornada comenté el despropósito de Elena: José Woldenberg, Pepe, no sólo era mi amigo, sino un hombre en cuyo juicio sensato yo confiaba desde que había aparecido en las tumultuosas asambleas sindicales de la UNAM, todavía lleno de espinillas, y ponía orden y concierto con mesuradas palabras. No entendía por qué debíamos enfilar baterías contra él. ¿No era la imposición sexenal de regente priista el enemigo a vencer? Ese mismo día me llamó Elena y pidió hablar conmigo. Me había leído. Llegó a mi casa e hizo este asombroso relato: que había aceptado el honor, pero sin saber qué decir; y al comentar esa inquietud con Pablo Gómez, éste le había sugerido como tema el artículo de Woldenberg, donde sostenía que los ciudadanos no pensamos.

Le pregunté si había leído el texto. No, no lo había leído. “Y escribiste esa catilinaria, Elena... ¿sin leer a Pepe?” Que Pablo se lo había platicado. “Pues te lo cuento yo: dice Woldenberg, y estoy de acuerdo, que nadie tiene derecho a hablar a nombre del pueblo o de los ciudadanos, porque hay ciudadanos que piensan de una forma, ciudadanos que piensan de otra... Luego remata con un chiste facilón: Y algunos ni siquiera piensan.” Que Pablo no se lo había contado así. Le mostré el diario. Elena se veía muy afligida. Se dijo “soy muy tonta” varias veces y se recriminó por meterse en lo que no conocía. Me pidió el teléfono de Woldenberg. “Quiero llamarlo para disculparme.” Respondí que la ofensa había sido pública y la disculpa, en mi opinión, también debía serlo. Estuvo de acuerdo y se despidió.

Llamé a Pepe: “Elena Poniatowska se acaba de ir, iba muy compungida por lo que dijo de ti y te llamará pronto, además escribirá algo al respecto”. Pasaron semanas, años. Jamás lo llamó. Mucho menos escribió la disculpa que Pepe merecía.

El ciego guiando a tuertos

El caso de Elena explica, en cierta medida, el rumbo extraviado de los intelectuales mexicanos. Hubo ciegos de amor guiando a tuertos que no querían ver. Se volcaron a la defensa de un proyecto que claramente era la restauración del viejo PRI anterior a Salinas, el paleoPRI. Punto por punto, la oferta de López Obrador estuvo calcada de la práctica de Luis Echeverría. No vieron la elección de Estado ocurrida en el DF: todo el aparato de gobierno fue puesto al servicio de las candidaturas del PRD, no con alusiones más o menos veladas, como las de Fox, sino con dinero público, equipo material y humano, desde burócratas hasta las organizaciones controladas por Bejarano y Padierna. No cambiaron de opinión cuando las obras mayores del gobierno del DF, entregadas sin concurso, vieron sus costos protegidos por un secreto de diez años, ni cuando la Comisión de Transparencia del DF renunció en pleno y la capital se transformó en la única entidad federativa sin transparencia. Cero transparencia. Como Luis Echeverría, su maestro en política priista, López Obrador supo atraerse las simpatías de muchos intelectuales. ¿Cómo lo consiguió? La retórica de López Obrador padece tal orfandad en las ideas que sirve en marchas y mítines, pero no explica su éxito entre una buena parte de los intelectuales. Se entiende sólo a partir de la presencia de voces que, como un espejismo, oculta arenas secas bajo agua inexistente: así cubrieron la penuria de ideas.

Retazos y saldos

Para hacer ese trabajo de espejismo, fue necesario hacerse un traje con los retazos que la izquierda exitosa ha tirado a la basura. Y para descubrir esa retacería barata hay que ir de nuevo a los libros de estos intelectuales, leerlos sin amor viejo, sin piedad. Leer: “Son muchos los jóvenes que tienen noticia de los ejércitos libertadores en Guatemala, en El Salvador, en Nicaragua, y están dispuestos a vivir la experiencia de la revolución.” Dicho por quien narra, no por un personaje con ese pensamiento; leer y buscar en fuentes de la época lo que hacían esos “ejércitos libertadores”. No era material de difícil acceso: se podía hallar en Plural.

A la vuelta de veinte años hemos visto que los hechos no eran de derecha ni de izquierda, sólo eran. Y ahí están ahora los resultados: Nicaragua se deshizo de sandinistas a la primera oportunidad de elecciones libres, El Salvador no se ha repuesto de su guerra civil, Guatemala fue a dar a Guatepior muchos años. Pero ésos son los retazos que hacen reconocible el traje de izquierdista. Hacer suyos a estos personajes, estos símbolos, fue el mayor triunfo mediático de López Obrador. ¿Cómo lo consiguió? Quizá porque son retazos hechos de la sustancia de la utopía, del sueño compartido. Es difícil despertar del sueño socialista y descubrir que estuvimos defendiendo una pesadilla. Y que lo hicimos por fe, por aceptación del dogma, contra evidencias. Nos seguimos preguntando cómo fue posible que el mundo no viera Auschwitz. Es más fácil entenderlo si observamos que en estos días se sigue celebrando el 26 de julio.

La caída del muro de Berlín, de la Unión Soviética y de los regímenes satélites fue el robo de un sueño, un fantasma de orfandad recorrió el mundo de las izquierdas. Pero en sólo un lustro nuestros intelectuales revivieron su vieja utopía juvenil con el levantamiento del EZLN. Luego le vieron las fisuras, salió el cobre. Y se aferraron a otra: el rayo de esperanza de López Obrador, que tiene todos los rasgos apetecidos. O los tenía hasta que acusó hasta a sus propios representantes de casilla de haberse corrompido. No dejó títere con cabeza. Al parecer, como dice Serge Moscovici, psicólogo social rumano-francés, los hombres no podemos vivir bajo un cielo vacío. Ni siendo intelectual. ~

septiembre 24, 2006

Pacta familia Calderón evitar política

Aseguran que evitarán ser 'hermanos incómodos'

Mayolo López y Adán García

Ciudad de México (24 septiembre 2006).- Familiares de Felipe Calderón aseguran que no tendrán espacios en su Gobierno ni harán vida política. Además, tienen un pacto para no ofrecer ni pedir favores de la próxima Administración federal.

Con un pie en Europa --donde planea cursar una maestría--, Luisa María Calderón, la hermana mayor del Presidente electo, pinta su raya y desde ahora perfila su intención de apartarse de la esfera del próximo Gobierno para evitar casos como "los que han lastimado al País".

La ex senadora panista relata en entrevista que hace tres años, cuando Felipe ya había decidido buscar la Presidencia, los dos se sentaron a platicar sobre la influencia de los parientes en el Poder Ejecutivo.

"Aunque cada uno de nosotros ha hecho su propia carrera nos pareció que estar fuera del espacio de sus decisiones es una decisión que protege al Poder Ejecutivo", señaló.

"Si yo voy a la Presidencia... tú ¿qué onda?", le preguntó su hermano en esa ocasión, narra Luisa María.

"´Si tú vas a la Presidencia yo estoy fuera´, le respondí, y me dijo que estaba bien".

Juan Luis Calderón detalla que tanto él como su hermana vivirán una especie de exilio político.

"En términos personales estaremos ocupándonos, primero, de no interferir de ninguna manera, de no tener nunca el mote público de hermanos incómodos".

María de la Salud Hinojosa de Gallego, tía de Felipe, reconoció que la familia hizo un pacto.

"Hicimos un acuerdo en que nadie le va a pedir un favor porque lo único que haríamos es desprestigiarlo, además luego nos cantan los favores", dice la tía "Saluca" quien reside en Celaya.


Con información del AM

Gasta EMP $238 mil al día en Felipe

El Estado Mayor Presidencial recibe 238 mil pesos por día, en promedio, para la seguridad del Presidente electo y su equipo.

Por la cantidad de elementos y la experiencia del EMP si esa labor la realizara una empresa privada de seguridad los costos probablemente serían mayores.

El Estado Mayor tiene asignado a un grupo de militares, con grados que van de sargentos a tenientes coroneles para las tareas de escolta de Calderón y sus colaboradores.

En el primer reporte de transparencia que se elabora acerca del equipo calderonista, Hacienda informó a REFORMA que el 7 de septiembre quedó constituido el fideicomiso público desde donde se manejan los 150 millones asignados al cambio de Gobierno, de los cuales 20 millones fueron asignados al EMP.

Con información de Armando Talamantes

septiembre 20, 2006

AMLO comete delitos federales como sedición, motín y ejercicio indebido del servicio público, afirma el jurista Romero Apis

Emilio Viale
La Crónica
Martes 19 de Septiembre de 2006

—Licenciado, ¿hay delito en lo ocurrido el sábado en el Zócalo?
—Desde luego, son delitos del orden federal, que están previstos en el Código Penal Federal.
—¿Cuáles son?
—Uno, el de sedición, que está contemplado en el Artículo 130 del Código Penal Federal.
—¿Quién comete el delito?
—Quienes pretendan desconocer o desconozcan a las autoridades legítimamente constituidas.
—¿López Obrador, en este caso?
—Dice la ley que quien mueve a muchas personas para que desconozcan a las autoridades legítimamente constituidas.
—¿Cuál sería la culpa de López?
—Bueno, dice el Código, en su artículo 13, que incurren en conducta delictiva, quienes cometen, preparan, participan, ayudan a la ejecución del delito, son autores intelectuales, cómplices o encubridores.
—¿Hay culpa y culpable, entonces?
—En realidad este delito lo ha cometido López Obrador más de una vez, cuando desconoció el fallo del Tribunal Federal Electoral, cuando rechaza la investidura de Felipe Calderón, Presidente electo de México, y también al ignorar la autoridad del Congreso, que dio a conocer el Bando de la declaración de Presidente electo.
—¿Qué pena podrían darle los jueces?
—Según el CPF, hasta 15 años de prisión.
—¿Cuál otro delito?
—El de ejercicio indebido del servicio público, que señala el artículo 214 del mismo código.
—¿En qué consiste?
—En asumir o investirse de un cargo que no le han dado, o para el que no ha sido designado legítimamente.
—¿Legítimamente? ¿no fue legal lo del sábado?
—Desde luego que no, fue absolutamente ilegal.
—¿La penalidad?
—Cárcel, hasta por siete años.
—¿Hay más delitos?
—Sí, por la toma del Zócalo y de Reforma.
—¿Qué delitos son?
—El de motín, que se comete cuando se pretende obligar a la autoridad a dejar de hacer algo legítimo, o hacer algo que es ilegítimo, como el caso de forzar la voluntad del tribunal electoral para que no reconozca el triunfo de Felipe Calderón.
—¿Qué artículo y que penalidad?
—Es el 131 del código, y hasta 10 años de prisión.
—Abogado, ¿quién debe acusar, alguna autoridad?
—No necesariamente, tampoco tiene que ser querella del perjudicado, lo puede hacer cualquier ciudadano.
—¿Cualquiera?
—Usted, yo, cualquiera que no esté de acuerdo con las violaciones a la ley y considere que se deben castigar.
—¿Los damnificados pueden acusar?
—Por supuesto, por delitos del orden común y también del orden federal.
—¿Tienen que aportar pruebas?
—Sí, pero quién puede negar los hechos, hay muchas grabaciones en radio, televisión… diarios, no, no lo podrían negar los indiciados.

septiembre 19, 2006

Molesta a perredistas posible cobro mensual de cuota en apoyo a AMLO

México, 19 Sep (Notimex).- La posibilidad de que la cuota de 20 mil pesos que aportó cada uno de los 127 diputados federales del PRD, para organizar la Convención Nacional Democrática, se convierta en una aportación mensual empieza a causar molestia en San Lázaro.

De acuerdo con legisladores perredistas, sobre todo de la corriente Nuevo Sol, hubo solidaridad para aportar una cifra global
de 2.5 millones de pesos para dicha convención, pero no estarían de acuerdo en que esa cuota sea mensual durante la LX Legislatura.

"Fuimos solidarios con el evento realizado el 16 de septiembre, pero al parecer existe la intención de que la cooperación se vuelva mensual y ahí ya hay voces que internamente no lo apoyaríamos", dijo el diputado federal perredista Francisco Santos Arreola.

El legislador por el estado de México aseguró que al menos 80 diputados federales del PRD estarían contra la petición de la
dirigencia del partido o del coordinador de la bancada perredista en San Lázaro, Javier González Garza.

Aunque negó que hasta el momento haya una solicitud formal, Santos Arreola refirió que se perfile esa posibilidad para financiar el denominado Frente Amplio Progresista que encabeza Andrés Manuel López Obrador.

Informó que dicha aportación, hasta el momento extraordinaria, se dio al margen del 10 por ciento de la dieta mensual que deben entregar al Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del PRD.

En días pasados el coordinador de la bancada del PRD en San Lázaro, Javier González Garza, informó que cada uno de los 127 diputados federales perredistas aportó 23 mil pesos para la organización de la Convención Democrática Nacional.

Un Mussolini tropicalizado

Jorge Fernández Menéndez

Hay diferentes maneras de hacer el ridículo, casi todas ellas exploradas con anterioridad, pero la de López Obrador el sábado en el Zócalo capitalino rebasa, con mucho, a la de varios de sus numerosos antecesores en la vida política nacional.

Decíamos la semana pasada que la llamada Convención Nacional Democrática, en principio de cuentas no era ninguna de las tres cosas: no era una convención porque no había delegados representativos: cualquiera que se presentara como delegado, aunque fuera de sí mismo, era inmediatamente registrado y ahí quedaron en la portada de los periódicos los payasos con sus gafetes de delegados; no era nacional, porque en el resto del país, fuera de la Ciudad de México (donde el clientelismo y la manipulación del gobierno local operan ya fuera de toda discreción), la CND y el lopezobradorismo simplemente son una historia lejana e incomprensible; y mucho menos era democrática: en realidad, fue un acto de corte, diseño y concepto fascistoide, donde no se permitió a nadie discutir nada; donde las resoluciones fueron entregadas a los asistentes antes de que comenzara el mitin, en el cual en apenas 28 minutos se aprobó todo lo que propuso López Obrador, incluido el nombramiento de "! presidente legítimo" (un paso golpista más que lo acerca, como siempre ocurre con este personaje, al autoritarismo de derecha); incluso los pocos que se atrevieron a intentar votar a mano alzada en contra de esa designación fueron intimidados para que olvidaran esa pretensión; se montó (en forma particularmente cobarde y con pleno respaldo de López Obrador) una campaña de insultos para Cuauhtémoc Cárdenas y cualquier disidente.

López Obrador no recuerda a ningún líder de izquierda conocido, pero sí a viejos y nuevos líderes fascistas o neofascistas. A Michelángelo Bovero, por ejemplo, en el excelente ensayo que publicó hace un par de semanas en Excélsior, su forma de no aceptar la derrota le recuerda a Silvio Berlusconi. Agrega Bovero que "no siempre, aun cuando sea formalmente legítima, una protesta tiene motivaciones y fines aceptables desde un punto de vista democrático. A veces puede representar un peligro para la salud de la democracia... la decisión de una multitud que responde a las preguntas del líder con un sí o un no, que aprueba levantando la mano, no es una decisión democrática. Es más bien equiparable a la aclamación, que constituye (según decía Bobbio) precisamente la antítesis de la democracia... a quien conoce la historia del siglo XX italiano la imagen de una multitud que responde ‘¡¡¡sí!!!’ a la pregunta del líder, evoca terribles recuerdos". En otras palabras: a Bovero la ! forma de hacer política de López Obrador le recuerda a Mussolini y cuando veíamos el sábado a Elena Poniatowska llamando "líder" a López Obrador y olvidando cualquier sentido crítico con respecto al movimiento del que forma parte, nos recordaba a un Charles Maurras tropicalizado.

El fascismo, dice el maestro de Bovero, Norberto Bobbio, en su Diccionario político, "es una ideología de crisis" y nace como respuesta a "la falta de integración, bajo diversos aspectos, entre muchos individuos y los modelos institucionales constituidos". Cuando nos preguntamos cuál es el sentido de esta movilización post 2 de julio del lopezobradorismo, de las asambleas informativas, los plantones, la CND, la autodesignación como "presidente legítimo", la respuesta que tenemos de algunos dirigentes del movimiento es que, si no realizan esas acciones, desaparecerían de la opinión publicada, lo cual es falso: si López Obrador hubiera aceptado el resultado electoral pero hubiera exigido toda una agenda de reformas políticas y sociales al próximo gobierno, sin duda estaría en los medios, hubiera mantenido o aumentado su popularidad y hubiera contribuido a la consolidación democrática, pero hizo todo lo contrario y ha perdido presencia en los medios y popularidad, al tie! mpo que se ha colocado como enemigo de las instituciones democráticas. Sin embargo, la respuesta está en el propio Mussolini, convencido de que "la primacía le corresponde a la acción, aun cuando esté equivocada. Lo negativo, el eterno inmóvil, es condenación. Yo estoy de parte del movimiento. Yo soy un marchista". ¿Y las marchas desde Tabasco, las marchas capitalinas, el plantón, no convierten al autoproclamado presidente legítimo también en un marchista, no está dando primacía al movimiento y a la acción por encima de la razón?

El concepto de movimiento es clave para estas formas políticas que en América Latina han tenido exponentes tan destacados como Juan Perón o Getulio Vargas en la posguerra o Hugo Chávez en la actualidad. Por eso el partido del que surge el líder debe disolverse en el movimiento. Por eso el Frente que se integró el sábado tiene como objetivo diluir en él al PRD, porque el partido se convierte en un estorbo para el liderazgo unipersonal: así ocurrió con todos esos movimientos similares, del pasado o del presente. Giran política e ideológicamente sólo en torno al líder, no admiten disidencias ni debates. Perón, Vargas, Chávez, Castro, desaparecieron o se enfrentaron a los grupos o partidos políticos organizados que los llevaron al poder y crearon su propio movimiento, con indefiniciones tan grandes, tan amplias, que permiten cualquier maroma política del líder. Decía Mussolini: "Los prejuicios son mallas de hierro o de oropel. No tenemos el prejuicio republicano ni el mon! árquico, no tenemos el prejuicio católico, socialista o antisocialista. Somos cuestionadores, activistas, realizadores".

El objetivo primero, por lo tanto, es desaparecer al Partido de la Revolución Democrática y diluirlo en el Frente. ¿Y qué mejor demostración para ello que los acompañantes de López Obrador en el templete del Zócalo el sábado?, ¿cuántos dirigentes de izquierda, del perredismo real, estaban allí avalando su futura liquidación?

septiembre 18, 2006

Costará a PRD autoproclamación.-Cárdenas

El líder de izquierda lamentó que los perredistas no se hayan atrevido a criticar a López Obrador

Luis Méndez

Madrid, España (18 septiembre 2006).- El llamado líder moral del Partido de la Revolución Democrática (PRD), Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, consideró que es un grave error desconocer la elección del panista Felipe Calderón y proclamar a Andrés Manuel López Obrador como "presidente legítimo", ya que repercutirá negativamente en el PRD y en la izquierda mexicana.

"Es un grave error que puede tener un alto costo para el PRD y para el movimiento democrático. Me preocupa la situación actual de enfrentamiento. Posiblemente vamos a tener ciertas confrontaciones y turbulencias por algún tiempo. El camino de la confrontación, de romper y no respetar un orden constitucional no dará los mejores resultados para el País", señaló el líder moral del PRD al diario español La Vanguardia.

Además, el político michoacano criticó la campaña "excluyente" que realizó el ex candidato de la ex coalición Por el Bien de Todos, así como distintos factores que conllevaron a la derrota del tabasqueño.

"Faltó una clara candidatura de izquierda, no sólo de dicho, sino también de propuesta y compromiso. Varios candidatos del PRD estuvieron en posiciones antagónicas a lo que representan los principios del partido.

"Hay que agregar la exclusión en la campaña de buena parte del propio PRD, imposición de candidatos sin prestigio, las formas de expresión de López Obrador hacia el Presidente Fox, los ataques a ciertos sectores de la población. Presentaba a todos los banqueros y empresarios como malos. Fueron factores que hicieron perder votos".

Cuestionado sobre la fuerza moral que tienen algunos dirigentes perredistas como Manuel Camacho Solís para protestar por el presunto fraude electoral, Cárdenas subrayó que no tienen autoridad moral para estar en los cargos que ocupan por su pasado contrario a los principios que ahora dicen defender.

Asimismo, el fundador del sol azteca lamentó que los perredistas no se hayan atrevido a criticar ni a protestar contra las acciones de López Obrador.

"No se atreven a levantar la voz (contra AMLO), pero muchos lo van a hacer en poco tiempo. Las condiciones del País y del partido obligarán a hablar a mucha gente que hasta ahora ha estado callada", indicó.

En la entrevista con La Vanguardia, Cárdenas agregó que México, como cualquier País democrático, no puede funcionar sin respeto a las instituciones y sin acato a las normas constitucionales.

Bailando por un sueño (presidencial)

“¡Traidor, traidor!”

Ciro Gómez Leyva
La historia breve
Milenio
gomezleyva@milenio.com

Dante Delgado tuvo que acercarse a la pasmada Elena Poniatowska. “Siga leyendo, siga leyendo”, le dijo al oído con firmeza diplomática. Poniatowska dejó correr todavía unos segundos antes de retomar la lectura del discurso inaugural de la Convención Nacional Democrática, que había sido interrumpido por el grito “¡traidor, traidor”!”, que la multitud le dedicaba a Cuauhtémoc Cárdenas por haberse osado a criticar un par de días antes a Andrés Manuel López Obrador; por advertirle que sería un craso error jugar a ser un “presidente en rebeldía”.

Poniatowska parecía cobrarse, a la vez, el atrevimiento de Cárdenas por haberle escrito una carta invitándola a reflexionar. La dulce Elena decidía tirar la imagen del ingeniero a la jaula de los lobos hambrientos. Fiel estampa de lo que ha sido el lopezobradorismo en las últimas semanas: autoengaño, intolerancia y sevicia. La noche del 2 de julio tenía al menos a 15 millones de almas en la bolsa y al México político en un puño. El sábado, en una convención sin representación efectiva, se desvanecía en un circense acto de onanismo masivo. Pero quien se atreve a decírselos es un traidor.

¿Quién se hace cargo de la derrota? ¿Quién ahí adentro encarará a López Obrador para reprocharle que dilapidara una ventaja tan formidable que llegó atener a los adversarios de rodillas, rezando para que el tsunami amarillo fuera benevolente con ellos? ¿Todo es culpa de la “propaganda sucia”, de la lengua de Fox? ¿Cuántos nuevos adeptos tiene hoy el “movimiento”? ¿Quién, honestamente, cree que la autoridad moral de Andrés Manuel es más grande hoy que en julio, mayo, marzo...? ¿Quién se hace cargo de los millones que votaron por él y hoy vomitan al “presidente legítimo”?

Es un desastre. Lo que López Obrador y su pequeño círculo (ni siquiera fueron capaces de abrirle al “pueblo” un lugar en las tres comisiones creadas por la convención) han hecho con la esperanza de millones de personas es una infamia. Dilapidaron una gran cosecha de votos a cambio de, Carlos Marín dixit, crearse su república patito; a cambio de convencerse a sí mismos que son los elegidos para purificar a la sociedad.

Cuauhtémoc Cárdenas debe estar tranquilo. Es un honor ser acusado de traidor por la intolerancia democrática nacional.

Nueva amenaza

Susan Kaufman Purcell
Directora, Centro de Politica Hemisféria, Universidad de Miami
América Economía

Hasta hace muy poco, la mayor amenaza a los procesos electorales en América Latina venía de la derecha, específicamente, de los golpes militares. Las fuerzas armadas usualmente recibían apoyo político de grupos de clases media y alta, deseosos de evitar que los estratos bajos obtuvieran poder político.

Durante los últimos años, sin embargo, la principal amenaza a los procesos electorales en la región ha venido de la izquierda, específicamente de líderes carismáticos y populistas que dicen tener la representatividad de los pobres. Y en una especie de reflejo de los anteriores golpes militares de derecha, las movilizaciones sociales de izquierda están desafiando cada vez más a la legitimidad de los presidentes de derecha para gobernar. Como resultado de esta dinámica, durante la década pasada fueron desbancados mandatarios en Argentina, Bolivia y Ecuador.

La actual crisis política en México forma parte de esta tendencia. Una serie de reformas electorales realizadas en los 90 dieron al país uno de los sistemas electorales más transparentes de América Latina. La elección de julio, sin embargo, fue muy estrecha, con el aparente ganador, Felipe Calderón, que obtuvo cerca de 224.000 votos más que el candidato que le siguió, Andrés Manuel López Obrador, de un total de 41 millones de votos. Comprensible y legítimamente, López Obrador pidió un recuento en algunos distritos que habían dado a Calderón mayorías amplias. Las autoridades accedieron.

Pero en vez de esperar que las autoridades finalizaran el recuento, López Obrador animó a sus seguidores a tomarse las calles, quienes cerraron una de las arterias principales de Ciudad de México. Luego, demandó un recuento total de los votos escrutados y después llamó a anular las elecciones.

Entonces amenazó con continuar sus movilizaciones por años y a extenderlas a otras partes del país. Finalmente, pidió la reestructuración del sistema político completo. Durante todo este proceso, insistió en que había ganado la elección, porque era el candidato de los pobres y México tiene más gente pobre que rica. Rehusó aceptar que muchos pobres hubieran votado por un candidato de derecha.

López Obrador no es el único a quien le resulta difícil aceptar la idea de que los pobres en América Latina pueden votar por candidatos conservadores. Este prejuicio está difundido a lo largo de toda la región. Y es entendible, dada la historia de gobiernos militares de derecha y la histórica concentración del poder en las elites económicas y religiosas.

Pero muchos de los pobres de la región no son ahora tan pobres como lo eran antes. Habiendo sido víctimas de políticas económicas fracasadas e irresponsables, vieron sus estándares de vida mejorar como resultado de las políticas conservadoras que han controlado la inflación y estabilizado las monedas de sus países. En México, muchos de esta clase pobre emergente, particularmente en el norte, votaron por Felipe Calderón.

La incapacidad para aceptar esta nueva realidad llevó a muchos, tanto en América Latina como en el extranjero, a simpatizar, tolerar e incluso apoyar el comportamiento ilegal y disruptivo que amenaza con socavar las instituciones democráticas aún débiles de la región. Estas personas asumen que los movimientos sociales, integrados principalmente por gente pobre, merecen simpatía y compasión, aun cuando estén fuera de la ley.

Este prejuicio en favor de la izquierda también hace difícil para el desarrollo de las democracias de América Latina dedicar los recursos que corresponden a mejorar instituciones como las policías y las fuerzas armadas, necesarias para garantizar el cumplimiento de la ley. Es, por supuesto, siempre riesgoso tomar acciones en contra de los movimientos sociales que rompen la ley, ya que esto puede repercutir en una violencia incontrolada y en la muerte de personas inocentes. Y es particularmente riesgoso hacerlo cuando la confianza en las instituciones a cargo de mantener el orden público es baja, como ocurre en América Latina.

Sería mejor para América Latina si el prejuicio a favor de los pobres produjera un compromiso real de los gobiernos de la región y las personas que los eligen para mejorar su situación. También sería mejor si este prejuicio fortaleciera la capacidad de las democracias de la región para hacer cumplir la ley. Ésta sería, por supuesto, una solución parcial del problema. La otra solución obvia involucra fortalecer el compromiso de las democracias latinoamericanas y las personas que representan para hacer sus sociedades más equitativas y justas.

De mal en peor

EL PAÍS
Opinión
18 de septiembre de 2006

La conducta del candidato izquierdista en las elecciones presidenciales mexicanas, Andrés Manuel López Obrador, ha pasado del esperpento a la amenaza real para las instituciones políticas de México, un país de gran peso político y económico en todo el continente americano. López Obrador, del PRD, perdió las elecciones por un margen muy pequeño de los votos (el 0,58%) frente al candidato del conservador Partido de Acción Nacional (PAN), a pesar de lo cual inició un peligroso camino de deslegitimación de la democracia cuando mandó al diablo las instituciones y decidió rechazar el resultado electoral en nombre de un supuesto fraude. Ahora acaba de dar un paso que empeora la situación, al proclamarse presidente de México ante cientos de miles de partidarios en la plaza del Zócalo. Los temores, bastante fundados si se atiende a la escasa finura democrática del personaje, apuntan a que el siguiente disparate sea el nombramiento de una especie de Gobierno paralelo que consagre la división del país.

Aunque excéntrico hasta ahora en México, el comportamiento de López Obrador está en línea con las tentaciones bien recientes de cambios constitucionales y reformas legales en algunos países latinoamericanos, como Venezuela o Bolivia, orientados a perpetuar o ampliar las presidencias actuales sin pasar por las urnas. Son la excrecencia de actitudes caudillistas o de simple desprecio a las reglas más elementales que deben respetar todos los partidos democráticos: el ganador, por el margen que sea, gobierna si se lo permiten sus leyes parlamentarias y el perdedor saluda, da la enhorabuena y se dedica a vigilar estrechamente al Gobierno elegido. Sería inútil, probablemente, recordar a López Obrador la conducta en casos similares de otros políticos de más fuste y tradición democrática, como la de Al Gore en Estados Unidos, que renunció a prolongar una controversia sobre un supuesto fraude electoral para no dividir al país y mantener la estabilidad.

Si los comportamientos elegantes no le conmueven, puede reflexionar sobre el deterioro de la imagen de México en el exterior, política y también económica. Lo que importa es que las instituciones mexicanas dispongan de resortes para acabar con este intento ridículo de subvertir la democracia, y que los países del entorno que ahora jalean sus pretensiones -y que coinciden con quienes sugieren reformas constitucionales retrógradas- reconozcan públicamente y sin reservas al verdadero ganador, Calderón.

septiembre 17, 2006

Acepta AMLO cargo de 'Presidente'



Al escuchar la designación, López Obrador se presentó ante la concurrencia y levantó su mano derecha en señal de triunfo

Grupo Reforma

Ciudad de México (16 septiembre 2006).- Andrés Manuel López Obrador aceptó este sábado el cargo de "Presidente de México".

Después de que los delegados de la Convención Nacional Democrática lo nombraran "Presidente legítimo", López Obrador dijo que son muchos los frutos de esta asamblea nacional, y destacó la aprobación del plan de resistencia pacífica.

Expresó que en el proceso de reconstrucción de la nueva República tienen que atender tres objetivos.

Primero, no caer en la violencia y mantener el movimiento en el marco de la resistencia civil; segundo, no venderse y rechazar la compra de conciencias, y tercero, luchar con imaginación y talento, para romper el cerco informativo en su contra.

Luego de mencionar la integración de un gabinete, el tabasqueño dijo que tendrán una sede en la capital de la República y, al mismo tiempo, será itinerante, para escuchar y recibir de todas las regiones del País las propuestas.

Aunque no habló de rebeldía, el político tabasqueño calificó de andamiaje legal vigente como instituciones piratas.

De nuevo con los ojos llorosos, aseguró que actuará con humildad y que honrará siempre a sus seguidores de quienes se dijo es 'su servidor'.

Al escuchar la decisión López Obrador se presentó ante la concurrencia y levanto su mano derecha en señal de triunfo.

Tras la votación de las propuestas de la convención, los delegados acordaron que no reconocerán a Felipe Calderón, 'El usurpador', como presidente electo ni al gobierno que él encabece.

Los delegados acordaron que la toma de posesión de López Obrador se lleve a cabo el próximo 20 de noviembre a las 15:00 horas, en la Plaza de la Constitución.

Despeñadero

Jaime Sánchez Susarrey
Reforma
16 de septiembre de 2006

La crónica de El Universal no tiene pierde: el 1o. de septiembre, antes del VI Informe, AMLO se encuentra reunido con su Estado Mayor. Ahí están Jesús Ortega, Manuel Camacho Solís, Ricardo Monreal, Leonel Cota, Horacio Duarte y, por supuesto, Marcelo Ebrard. López Obrador está decidido a encabezar una marcha que partiría del Zócalo, donde se encuentran reunidas unas 35 mil personas, al Palacio Legislativo de San Lázaro.

Sorpresivamente, contra todo su estilo, el ex candidato de la coalición Por el Bien de Todos decide consultar a sus 15 más cercanos. Es más, no sólo los consulta sino que somete a votación la decisión que está a punto de tomar. La pequeña asamblea se divide: Manuel Camacho, Porfirio Muñoz Ledo, Marcelo Ebrard y Jesús Ortega se oponen. Leonel Cota y Fernández Noroña, entre otros, están incondicionalmente con el Jefe.

AMLO procede entonces a la consulta: "Voy a preguntar a ustedes: ¿Vamos allá o nos quedamos aquí? A ver, que levanten la mano los que quieren ir. Bájenla. Que levanten la mano los que prefieren quedarse aquí". El resultado de la votación es muy apretado: ocho en contra y siete a favor. López Obrador realiza el conteo de nuevo, mano por mano, y concluye: "Esa es la decisión, es la decisión correcta. Eso es lo que vamos a hacer" (El Universal online, 8/sep/06).

La imagen vale más que mil palabras. El líder se está resquebrajando. López Obrador consultaba poco y oía menos. Se guiaba por su instinto y era inflexible. No aceptaba que sus decisiones se discutieran. Era parte de su estilo de hacer política. La autoridad y el carisma que ejercía sobre sus seguidores derivaban, en buena medida, de esa seguridad. Andrés Manuel nunca se equivoca, murmuraban todos en voz baja. O para decirlo en palabras del propio López: soy indestructible e invencible.

Y así parecía ser. AMLO ha ido a contracorriente toda su vida. Su biografía es la de un navegante solitario. Nunca había tratado como pares a sus colaboradores más cercanos. La forma en que trazó las estrategias de campaña lo confirman. El desconocimiento de las encuestas, los 10 puntos que proclamaba tener por encima de Calderón y los 500 mil votos la noche del 2 de julio son un ejemplo fehaciente de ese estilo. No consultaba ni escuchaba a nadie. Él decidía por instinto y por impulso.

¿Por qué entonces el cambio y, sobre todo, qué significa? La derrota, se dice y se repite, no es buena consejera. Andrés Manuel no estaba ni está preparado psíquicamente para lo que le ocurrió. Su primera reacción fue negar la realidad e invocar el fraude y el complot. No había en ello ninguna sorpresa y al principio todo parecía ir sobre ruedas. Es más, el Mesías de Macuspana se sintió de nuevo como pez en el agua. Las movilizaciones y las protestas deberían culminar con una decisión favorable del Tribunal o en una larga marcha para rescatar la República.

El problema está en que todo se ha complicado. La vía legal quedó atrás. Ya hay Presidente electo y el entorno nacional e internacional le es completamente adverso. Pero además, la convocatoria de la Convención Nacional Democrática se está convirtiendo en una aventura muy costosa y riesgosa. Porque, en el fondo y en la superficie, el desconocimiento de todas las instituciones y la referencia al artículo 39 de la Constitución constituyen una proclama revolucionaria sin más, aun cuando se maquille con el término de movimiento pacífico.

No hay duda. Por segunda vez en su vida el Mesías de Macuspana ha perdido el rumbo y no sabe cómo ni hacia dónde dirigirse. La primera, vale recordarlo, ocurrió en el 2000 cuando en el último minuto dudó en postularse a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México. En esa ocasión Cuauhtémoc Cárdenas lo sacó adelante. Hoy la historia se repite: López ya no confía en López; ha perdido la confianza y la fe en sí mismo.

Sólo así se explica que haya reculado ya en dos ocasiones claves para su estrategia y para su movimiento. La primera la describí arriba. La otra es aun más importante: la decisión de levantar el plantón en el Zócalo y Reforma constituye una doble derrota. Primero, porque nunca en su vida se había echado para atrás; siempre había ido hacia delante y en el filo de la navaja hizo retroceder a todos sus adversarios. Baste recordar lo que ocurrió con el proceso del desafuero.

La segunda, porque la estrategia del movimiento se ha vuelto contradictoria y errática. No se puede, con un mínimo de consistencia, llamar a una insurrección civil, montar una magna provocación contra todas las instituciones, que incluye la toma del Zócalo, de Reforma y el anuncio de la celebración de la Convención el 16 de septiembre, para luego hacer mutis y retroceder. López hizo un petate, el tiro le salió por la culata y quedó en ridículo.

Para decirlo de otra forma, una vez que AMLO convocó a la Convención Nacional Democrática y se trazó como objetivo impedir la toma de posesión de Felipe Calderón, debió haber ido hasta las últimas consecuencias: mantener el plantón contra viento y marea para obligar al Ejército a usar la fuerza o, en su caso, hacerlo recular y con él al Estado en su conjunto. En ese juego de provocación pudo haber obtenido beneficios en cualquiera de las dos canchas: ganando la apuesta si no lo desalojaban o denunciando la "represión del Estado autoritario" por haberlo confrontado.

Las desgracias y las malas noticias no terminan ahí. El siguiente paso complicará más las cosas. La Convención Nacional Democrática, sin representación efectiva alguna, seguramente proclamará al señor López presidente legítimo de los Estados Unidos Mexicanos. El sainete se convertirá entonces en una opera bufa: el presidente de chocolate con nariz de cacahuate blandirá la amenaza de impedir la toma de posesión de Felipe Calderón y anunciará un nuevo orden institucional.

Sin embargo, nadie le va a creer porque no dispone de los medios para cumplir su bravata. Y no sólo eso. El tiempo corre en contra del hijo más preclaro de Macuspana. Tanto los diputados como los senadores del PRD, para no hablar de los gobernadores y de Marcelo Ebrard, entrarán paulatinamente en el aro de las negociaciones. Las instituciones que el señor López mandó al diablo hace unas semanas están muy lejos de haberse agotado. El interés del PRD como partido no coincide con los delirios de su ex candidato. El final del Indestructible se anuncia, pues, caricaturesco. Paso a paso, el tabasqueño se enfila a un verdadero despejadero, pero gracias a Dios y para su consuelo, Marcos le ha organizado ya un encuentro intergaláctico de pronóstico reservado.

septiembre 15, 2006

Vicente Fox, presidente de México, en Dolores Hidalgo, Guanajuato.

Libres por fin…

(favor de enviar a todo mundo)

Han quitado las molestas carpas y lonas que impedían el libre transito en la ciudad. La pregunta que queda en el aire es, ¿Quién va a pagar todo el daño que causó tan brutal atropello a la libertad?, ¿Quién?

Yo pienso que la sociedad afectada y todos aquellos que verdaderamente son pacíficos y que aguantamos la irracionalidad en el D.F. no debemos dejar impune este atropello. Perdida de empleo, familias que se quedaron sin ingreso, empresarios y hoteleros que tuvieron que cerrar, hasta ambulantes y boleros vivieron su peor pesadilla.

No señores, esto no se va a quedar así como así. Como sabemos que no hay autoridad en el DF y que el señor Encinas es empleado de ese personaje que se siente el redentor de los pobres y por otro lado ni menara de exigirle a su carnal que fue de los que también dejó en su casa los regalos de boda de Palacio de Hierro y se fue a dormir a unas humildes casas de campaña, seguramente compradas en Martí por aquello de que no se colara el aire frío. Ni hablar con el nuevo jefe de gobierno del cual no se espera más que lo mismo de antes y quien también es empleado del excandidato de esa izquierda radical y anacrónica padre del Señor de la Ligas quien por cierto aun no dice donde quedó el dinerito de Ahumada.

Esta ciudad debe resplandecer y renovarse. Debemos comenzar por todos y cada uno de los que vivimos en ella y como lo del plantón no quedará impune comenzaremos por hacer lo necesario para que ese PRD irracional se vaya para siempre de esta ciudad.

Ya vimos que estos señores solo se van a la maña. Gracias al ejercito que con su presencia y fuerza moral no han regresado nuestra libertad de tránsito.

Ahora nos queda a los que vivimos en el D.F. acabar con el PRD del D.F.. Esto no se nos va a olvidar, y un servidor lo va a estar recordando hasta que no quede ni una bandera amarilla en ninguna de las delegaciones de esta bella capital de México, nuestro México.

Marcelito no se nos ha olvidado que:

1) Queremos ver que hay detrás del fideicomiso de los segundos pisos

2) Queremos ver el padrón de todos los que reciben pensiones

3) Queremos ver el padrón de la entrega de vivienda

4) Queremos ver cuanto se gastó el Gobierno del D.F. en el plantón y quien va a pagar las pérdidas

5) Queremos saber quien te mandó regalitos el día de tu boda

6) Queremos saber que pasó con el dinero de Bejarano, Imaz y demás compinches.

7) Queremos hablar con Ahumada

8) Queremos saber porque en los segundos pisos hay baches

9) Queremos saber porque la planta baja del periférico no se ha arreglado

10) Queremos saber porque hay tatas inundaciones

11) Queremos saber porque se permiten los plantones

12) Queremos saber quien nos va a pagar los daños derivados de la cantidad de baches que hay en toda la ciudad

13) Queremos saber porque cada día hay mas taxis piratas

14) Queremos saber porque cada día hay mas giros negros y mucha droga


La mayoría de los que vivimos en el DF queremos que el PRD y Marcelo Ebrard paguen los platos de las estupideces que han estado haciendo.

Hoy 15 de septiembre inicia una campaña contra el PRD del DF y contra Marcelo, para que nunca nos vuelva a suceder lo que ya nos sucedió.

Se convoca a todo ciudadano del DF de buena voluntad a que envíe este correo y con ello se sume a esta campaña y que desde hoy recuerde esos 14 puntos de arriba y que e diga a todos sus vecinos YO NO VOTE POR MARCELO o NUNCA MAS VOTARÉ POR EL PRD EN EL D.F.

Soy Ernesto Granja y estoy de regreso.

p.d. Les pido a todos esos borregos del PRD que repiten como dementes VotoXVoto que se eviten enviarme groserías, amenazas y sandeces… mejor piensen 2 veces… perdón, con que piensen es mas que suficiente.

ernestogranja06@hotmail.com