febrero 09, 2006

¡Muera el Sheraton! ¡Va por Texas!

Los representantes de Fidel Castro en México, el PRD, actúan su papel en esta, llamada por Carlos Marín, opereta.



El asalto a la razón - Carlos Marín

9-febrero-06

Provocación o no, la intromisión estadunidense que motivó el oprobioso incidente de la expulsión de cubanos del hotel María Isabel Sheraton ha cobrado visos de opereta.

Como repentinas aunque patéticas defensoras de Churubusco y Molino del Rey en la guerra del 47, las autoridades perredistas del Distrito Federal han emprendido La madre de todas las batallas en contra del hotel María Isabel Sheraton.

¡Ja, ja, ja, juajuajuaaá!

De la noche a la mañana, con sus venales inspectores como carne de cañón, encontraron “múltiples irregularidades” que significarán la clausura de este enclave del imperialismo yanqui.

Más fidelistas que el comandante Fidel Castro, los responsables del maravilloso funcionamiento de la Ciudad de México tienen el descaro de advertir que el cierre del hotel no tiene como causa el desalojo de la delegación cubana, sino faltas detectadas “en chinga”, entre las que se encuentra la “insuficiencia” de cajones de estacionamiento, edificaciones clandestinas y falta de licencias para expender bebidas embriagantes y hasta la carta de alimentos… ¡en Braille!

Tuvo que producirse la echada a la calle de los 16 cubanos para que las eficientes autoridades ordenaran una inspección al hotel.

Es viejo el ejemplo de cómo trabajan los policías de caminos en la moderna Policía Federal Preventiva cuando paran bajo cualquier pretexto a los conductores de tráilers: cuando ven que todo está en regla (licencia de conducir, tarjeta de circulación, papeleo de mercancía, aseo personal, buen aliento, gato hidráulico, refacción, presión de las llantas…), preguntan por el botiquín, lo abren y constatan que trae lo necesario y hasta de más para cualquier emergencia. Los patrulleros se van cuchicheando hasta su patrulla, regresan y uno le dice al chofer: “Lo siento, manito, se te olvidaron las pastillas para la tos, así que dinos, ¿cómo nos vamos a arreglar?”.

Ninguna cosa distinta es lo que las autoridades locales están haciendo con uno de hoteles emblemáticos de la globalización.

Véase nada más:

Generosa, la jefa delegacional Virginia Jaramillo dijo que la gerencia del hotel tiene hasta cinco días para presentar sus alegatos de defensa en audiencia, pero, sentenciosa, adelantó que las violaciones a distintos reglamentos hacen inevitable la clausura en un plazo de 15 a 20 días y lo peor: la revocación de licencia para operar.

Adicionalmente y sólo si los cubanos expulsados presentaran una queja, el gobierno de la capital pediría la intervención de las secretarías de Turismo y Hacienda.
¡Sopas!

Los inspectores -ésos tan queridos y populares que mantienen rechinando de limpia la ciudad, que han erradicado el narcomenudeo, la venta callejera de artículos pirata y/o robados, así como el expendio y la adulteración de bebidas fuera de la ley-, informaron ya que el hotel viola diversas fracciones de los artículos 9, 34, 43 y 77 de la Ley de Establecimientos Mercantiles, “por lo que procede la clausura inmediata y permanente…”.

Eso sí, según Jaramillo, “hemos procedido de buena fe, conforme a quejas ciudadanas por escrito e infinidad de verbales…”.

Por lo mismo, habrá esta consideración para los encargados del hotel: pasar por la nada tortuosa ni sádica tarea de acudir a una audiencia con funcionarios delegacionales, ante quienes deberán rendir cuentas sobre las faltas que se “descubrieron”.

Entre otras consecuencias, se anticipó que si quiere evitar la clausura, el María Isabel Sheraton deberá demoler en un lapso de diez días ¡tres mil metros cuadrados de construcción!

Con tal empuje, lo menos que podrá esperarse del gobierno imparcial del Distrito Federal es que la semana próxima, con sus inspectores al frente, se lance a la recuperación de Texas.

¡Viva México!