marzo 16, 2006

Aguas con las plumas y plumíferos del Peje

El 28 de febrero, Carlos Ramírez publicó una columna para “las plumas y los plumíferos” de López Obrador: “Periodistas, analistas e intelectuales que militan de alguna manera en el PRD, pero que usan sus espacios periodísticos para criticar al PRI y al PAN, aunque sin señalar sus participaciones directas en las campañas del partido del sol azteca”.

Mucho ojo cuando leas algún artículo de los siguientes autores: Guadalupe Loaeza, Juan Villoro, Porfirio Muñoz Ledo, Carlos Monsiváis, Juan Ramón de la Fuente, Ricardo Rocha, Lorenzo Meyer, Enrique del Val, Gustavo Iruegas, Miguel Ángel Granados Chapa, Víctor Flores Olea, Enrique González Pedrero, Agustín Basave, René Drucker, Luis Mandoki, Federico Arreola, Manuel Camacho, Rogelio Ramírez de la O, Elena Poniatowska, Ciro Gómez Leyva, Dennise Maerker.

Seguro que son artículos con una gran dosis de parcialidad a favor del Peje, y eso es lo más antiperiodístico que puede haber. No hay autonomía, imparcialidad y equilibrio en sus comentarios, bases fundamentales para considerar un artículo periodístico.

Mexicar / Inflarse o crecer

Reforma, jueves 16 de marzo 2006
Enrique Canales

Andrés Manuel, al criticar la disciplina financiera y fiscal actual, entonces piensa que si echamos a volar más rápido la maquinita de imprimir dinero, nos endeudamos más y gastamos las reservas, vamos a tener más dinero para repartir y resolver los problemas de la pobreza.

Esta izquierda piensa que se puede crecer inflando el número de pesos que recibimos a cambio de un dólar. De esa manera cuando nos pagan un dólar por hacer una camisa, ahora nos van a pagar cada vez más pesos y nos imaginamos que estamos ganando más.

Cuando los presidentes fijaban el tipo de cambio con criterio político y social, pensaban que en realidad le estaban fijando un nuevo precio a las cosas, pero sólo cambiaban las etiquetas de precio que ahora marcaban números más inflados.

Al lanzar un nuevo bando, para establecer el tipo de cambio, imponer aranceles o cerrar fronteras, AMLO favorecería a los productores nacionales incompetentes y obligamos a la población a comprar menos cosas para poder mantener a los productores nacionalistas que no quieren competencia extranjera dentro de su corral.

La inflación es la manera de robar a toda una población con la excusa de proteger el mercado interno. La inflación es un éxito si no te fijas que ahora puedes comprar menos productos baratos que provienen del extranjero.

Al fijar un nuevo tipo de cambio, Andrés Manuel pretenderá que nadie suba los precios, pero los comerciantes y productores están obligados a subir los precios porque, si no, no podrían reponer el inventario que están vendiendo, lo cual los llevaría a la quiebra; con la pérdida de capital y un sinnúmero de empleos reales.

El intermediario no es el culpable de que suban los precios, siempre y cuando existan muchos intermediarios compitiendo. Prueba de ello es que cuando los productores nacionalistas quieren vender directamente tienen que ser subsidiados con calles, plazas, guardias, camiones, impuestos, recolección de basura y robo de electricidad. ¿Se bajó el precio por eliminar a los intermediarios? No, se escondió el costo.

La izquierda piensa, y lo intentó con Salvador Allende, que en una economía planeada y centralizada se evita mucho desperdicio porque se racionaliza el mercado en armonía con la producción; sin embargo, la variedad de la oferta y la variedad de la demanda son lo que crea las oportunidades de crecimiento y nuevos empleos.

Si queremos fomentar las micro, pequeñas y medianas empresas, no las podemos planear pues nadie puede planear ni menos centralizar la variedad o la innovación. Así en una economía centralizada todos los empresarios se convierten en empleados. Por eso en las economías centralizadas la innovación es casi nula y el crecimiento es pura inflación.

El peso, el dólar, el euro y el yen valen porque los puedes comprar y vender en el instante que así lo desees. Al impedir el libre intercambio monetario te sales de las canchas de referencia y puedes hacer que 10 pesos valgan 100 pesos.

El valor real del peso también está muy relacionado con los derechos de propiedad de los terrenos, ranchos, casas, fábricas y ahorros. Por eso los pesos cubanos, que te sirven para comprar algo de comida y algunas propiedades efímeras en Cuba, nadie los quiere. ¿Alguien pensará dejarles a sus hijos un fajo de pesos cubanos como ahorro para su seguridad futura?

Es cierto que un país se puede independizar de las disciplinas y evaluaciones del FMI o del BM, pero no puede evitar que millones de inversionistas en todo el mundo consideren esas disciplinas y evaluaciones de las instituciones financieras mundiales como guías para juzgar el valor real de la moneda de dicho país.

Cualquier país puede organizar sus propias ligas de futbol para independizarse de los organismos internacionales, sin embargo, en algún momento van a tener que competir contra los equipos oficiales, si es que quieren ser apreciados como futbolistas.

El interés económico para llevar alimento, casa y ropa a la familia es mucho más fuerte que el interés patriótico: pero uno puede sacrificarse por la patria por unos años, hasta que se da uno cuenta de que está defendiendo a unos tiranos ineptos y que la patria podría ser más abierta y generosa.

Un primo nacido en Texas de viejas familias texanas todavía me recuerda que López Portillo le quitó los 50 mil dólares que tenía invertidos en un banco mexicano y le devolvió el equivalente en pesos al tipo de cambio oficial. Por lo que, al final de cuentas, en vez de 50 más intereses, recibió unos 22 mil dólares verdaderos. Me decía: "Les presté caballos de un cuarto de milla y me regresaron burros flacos mordisqueados por coyotes".

La inflación mide la cantidad de gente que trabaja ganando un sueldo sin merecerlo; entre más inflación, más se emplea a gente que no produce lo que gana.


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