mayo 24, 2006

Elección de Estado ¿cuándo y dónde?

Luis Pazos
El financiero
24 de mayo de 2006

Una elección de Estado implica, en primer término, que el titular del Poder Ejecutivo, y en otro tiempo también la última palabra en el Legislativo y el Judicial, designe a su sucesor. En segundo lugar, significa la utilización de recursos públicos, tanto monetarios como humanos para apoyar la campaña del candidato del presidente en turno.

La elección de Estado fue una constante en los 70 años del PRI en el poder y todavía se da en algunos gobiernos estatales donde ese partido controla el Ejecutivo y el Legislativo. Una elección de Estado supone que con los recursos gubernamentales y de las empresas estatales, como Pemex, el partido en el poder reparte dinero para aumentar el llamado "voto duro" o "clientelar".

Una elección de Estado implica que un gobierno ofrece dinero o privilegios a un sector de la población (cañeros, tercera edad, taxistas piratas, ambulantes) y después se las cobra, pidiéndoles que asistan a sus mítines y voten por sus candidatos. Una elección de Estado es cuando un gobierno inaugura una obra pública, como sucedió con un tramo de un paso a desnivel en el DF, y convierte ese acto en un mitin político a favor de un candidato.

Una de las características del nuevo gobierno panista es que terminó con las elecciones de Estado. Los medios de comunicación y los analistas pensaban que Santiago Creel sería designado por el presidente como candidato de su partido, pero resulta que salió Felipe Calderón. Eso es una prueba que ni en el seno del nuevo partido en el poder, hubo una elección de Estado sino democrática. El PAN fue el único partido que realizó elecciones verdaderamente democráticas. El actual presidente panista, Vicente Fox, no intervino en la designación del candidato de su partido. Eso es algo nuevo en México.

Ahora bien, es diferente utilizar recursos públicos para dárselos a un candidato, a decir lo que ha hecho un gobierno. Difundir lo logrado no constituye una elección de Estado. En todos los países democráticos: Estados Unidos, Francia, Chile, Canadá, Alemania, el presidente habla de sus avances y los electores deciden si son suficientes para votar por el candidato de su partido.

Hay un viejo dicho que dice "el burro hablando de orejas". Así sucede con quienes durante toda su vida política han utilizado los recursos públicos para apoyar campañas y ahora como candidatos se rasgan las vestiduras y denuncian una elección de Estado como una estrategia para justificar su baja en las preferencias electorales, como lo demuestran las encuestas.

Cartita a santa Fox

Astillero
Julio Hernández López
La Jornad
24 de mayo de 2006

• ¿De Estado? Sí, pero no convergencias inevitables
• Exabruptos y falta de tiempo


Lo más notable de la muy mal escrita carta de López Obrador a Fox es que el tabasqueño acepta como un "exabrupto" el haber tratado de silenciar chachalacas, que reconoce que le ha faltado "tiempo" para comprometerse adecuadamente con las minorías y las causas de la diversidad, y que está dispuesto a compartir con el PRI "la movilización legal y pacífica para detener el pobrísimo (quiso decir 'paupérrimo': Astillero, en funciones de Rubencito Aguilar Gramatical) y carísimo maniobreo (acción de maniobrar: el mismo R.A.G.) del presidente Fox y los suyos".

Más que un ejercicio epistolar pareciera ser una descripción de ánimo político: Andrés Manuel no sabe definir si está en presencia de una "elección de Estado" o no, y tampoco está en condiciones de ser claro respecto a la alianza envenenada que le ha planteado el madracismo promotor de impugnar los comicios pidiendo su anulación. El término "elección de Estado", por ejemplo, es "perfectamente demostrable", dice con optimismo conceptual al inicio del párrafo correspondiente a ese asunto (el texto completo puede verse en www.lopezobrador.org.mx). "Sin embargo, a (sic) momentos la expresión podría parecer determinista" (¡Sopas!) "y no es éste el caso en lo más mínimo" (¡Más sopas!). "Si la intención es, en efecto, la de usar todos los recursos legales asociados al poder para retenerlo, la elección sí lleva trazas de ser de Estado" (o sea, pinta, apariencia, facha), "pero esto es nada más una parte del panorama" (¡ah, bueno, es una elección panorámica con aspecto de ser "de Estado"!) porque "estamos también, por fortuna, y es lo fundamental, ante una elección de sociedad" (¡¡!!).

Respecto a la alianza con el priísmo, López Obrador pretende dirigirse a las bases del tricolor y no a los dirigentes "de arriba", como si quien hubiera puesto en la agenda los temas de la elección de Estado y de la alianza con el pejerredismo hubiera sido un militante de base y no la punta de la pirámide tricolor que es el candidato Madrazo, o como si la acción del priísmo pudiese ser autónoma de lo que decidan sus líderes en las alturas. "Permanecen acrecentadas", dijo (o sea: siguen siendo las mismas, pero más, que a fin de cuentas es lo mismo) "nuestras críticas al clientelismo de invención priísta, y a sus métodos inescrupulosos, pero si la meta es la implantación de la legalidad en la República, la convergencia será inevitable" (es decir, ¿priístas clientelistas e inescrupulosos, pero encaminados a la meta de implantar la legalidad?), y dicha confluencia "no requiere de modo alguno de pactos o reuniones específicas" (como las que han realizado Manuel Camacho y Ricardo Monreal con priístas comisionados para tales fines), pues "la defensa de la ley es una asamblea permanente" (¡Sacarrácatelas!).

El resto de la misiva se detiene en criticar tópicos capilares del discurso foxista, como el que asegura que "el proceso electoral está de pelos", o reivindica "la Reforma Liberal y la acción al (sic) pensamiento de don Benito Juárez" y el "programa civilizatorio del general Lázaro Cárdenas". Ya casi al final, reconoce que "nos ha faltado tiempo para establecer o refrendar nuestro compromiso con las minorías legales y legítimas de este país, con las causas de la diversidad".

No haría falta una entrevista personal con el Presidente de la República (un títere y pelele, por lo demás) para plantearle lo que López Obrador hizo público "por estar convencido de lo obvio: usted no quiere recibirme y yo, por mi parte, al existir los cauces de mis puntos de vista y de nuestra actitud" (Astillero está a punto de rendirse por ya casi no entender nada), "asumo que no desee tener conversación conmigo". En caso de que gane las elecciones López Obrador, harán falta no un vocero rubencito pero sí varios correctores de estilo y, desde luego, cuando menos un par de brújulas.

AMLO-Madrazo, ¿Calderón gana o pierde?

Joaquín López Dóriga
Milenio
24 de mayo de 2006

¡Ah! Necia realidad, qué obcecada eres. ¡Chingao! Florestán

Ya había advertido un cambio en la táctica de Roberto Madrazo acercando su discurso al de Andrés Manuel López Obrador, en la denuncia ya conjunta de una “elección de Estado”.

Debo decir que no me sorprendió, pues desde hace mucho tiempo doy seguimiento a su, esa sí sorprendente, capacidad de maniobra; ese ponerse de pie desde la tumba que la han cavado, una tras otra, sus enemigos, todos compañeros de su partido.

En eso tengo que reiterar —y dale con el autocitarme— que es él, y no Andrés Manuel, el verdadero políticamente indestructible.

Pero lo que sí me desconcertó fue la respuesta de López Obrador, quien, a través de una carta al presidente Fox, le dice que sí, que tomará la calle con Madrazo “para detener el pobrísimo y carísimo maniobreo del presidente Fox y los suyos”.

Este acercamiento, finta epistolar, que no alianza, rompe la composición PRI-PAN que él mismo había establecido en su contra, argumento que exhibió para no acudir al primer debate, con el costo que ya pagó.

Ahora, aquella alianza, casi, casi, conspiración y complot de sus adversarios, PRIAN, ha muerto, la mató López Obrador, y manteniéndose la ecuación dos a uno, la alineación se forma diferente: PRI-PRD contra Felipe Calderón, al menos para el próximo debate, ya no digamos para lo poselectoral.

No sé cómo vaya a cortar este cambio de vía en la táctica de los tabasqueños y en la vertiente de los indecisos.

Hay optimistas del PRI-PRD que afirman que el voto duro tricolor se sumará al de AMLO, con lo que construirán una fuerza imbatible asegurándole la Presidencia.

Y no tengo claro el impacto de este acercamiento en los indecisos. Pero me parece que los que ya están contra López Obrador no se los acercará Madrazo, y los que están contra Madrazo no se sumarán a López Obrador, con lo que el ganador de esa alianza sería Calderón, siempre y cuando dé el estirón que no ha dado, y el salto que los suyos esperan y los no definidos exigen para afianzar la punta, espacio que se ha estrechado, ya que no hay ventaja eterna si no se trabaja con ahínco.

El asunto está en aguas de Calderón.

Y nada o se ahoga.

Retales

1. VELEIDOSA. Cuando algún asesor de Calderón le dijo que capitalizara un alza bursátil, le ocultó el riesgo de la caída, bursátil, claro. Ahora, al que le dijo que él había provocado aquel alza habrá que reclamarle el endoso del actual desplome;

2. LERDO. Fernando Lerdo de Tejada dijo sí a la Cofetel, pero de presidente. Pero cuando lo propusieron para comisionado de siete años y no ocho que dura esa presidencia, les tiró al arpa; y

3. ULTRAMARINOS. A López Obrador le operan en el extranjero Juan Enríquez y en lo financiero Rogelio Ramírez de la O; a Calderón Arturo Sharukán y Eduardo Sojo, lo económico. ¿Y de Madrazo? No, pues nadie.

Nos vemos mañana, pero en privado.

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