mayo 30, 2006

"Cadena Nacional" por Paco Calderon

Seleccionados hacen equipo con Felipe Calderón y... gratis


Adolfo Sánchez Venegas
La Crónica
Martes 30 de Mayo de 2006

Con un llamado a que “el 2 de julio, al votar, hagamos que gane México”, cuatro integrantes de la selección de futbol que participarán en Alemania, y cuatro ex mundialistas, expresan su apoyo al candidato presidencial del PAN.
Francisco “Kikín” Fonseca, Claudio Suárez “El Emperador” y Ricardo Osorio, integrantes de la selección mexicana que participará en el Mundial de Alemania 2006, se vistieron de azul para apoyar la candidatura de Felipe Calderón Hinojosa a la Presidencia de la República.

En distintos videos promocionales aparecen también los ex mundialistas Alberto García Aspe, Carlos Hermosillo, Benjamín Galindo “El Maestro” y Oscar “El Conejo” Pérez.

“Por un México Ganador” fue el plan que presentó Calderón ayer y que incluye los videos que comenzarán a difundirse días previos al Mundial —aunque el del “Kikín” se adelantó el sábado pasado durante el juego Francia-México— y por los cuales no cobraron los seleccionados ni la Federación de Futbol.

Los siete jugadores invitan a los mexicanos a votar el próximo dos de julio por el candidato del Partido Acción Nacional.
En el promocional, el “Kikín” Fonseca, con la camiseta de la Selección puesta, asegura que “los triunfos se logran con pasión”, y pide que “el 2 de julio, al votar, hagamos que gane México”, victoria que compara con el triunfo de Calderón. Pide a los electores “hagan equipo con Felipe Calderón”.

En un segundo spot aparecen “El Emperador” Claudio Suárez, Ricardo Osorio y otra vez el “Kikín”. En voces alternadas, aseguran que "la clave del triunfo es trabajar con pasión, para construir el México que queremos”… y añaden que “el 2 de julio al votar hagamos que gane México, hagamos equipo con Felipe Calderón”.

Un tercer anuncio televisivo presenta a cuatro ex seleccionados mundialistas: Carlos Hermosillo, Alberto García Aspe, Benjamín Galindo y Oscar Pérez, quienes visten de manera informal y también invitan a votar por el abanderado de Acción Nacional.

Hay un video más que no involucra a futbolistas y en el que aparecen cinco presuntos jugadores de la selección, con la faz borrosa, que visten camisetas del “equipo de todos”, pero dos que están en primer plano llevan pantaloncillos, uno blanco, y el otro azul.

En ese tenor y a 34 días de las elecciones presidenciales, Calderón Hinojosa comparó los comicios con una liguilla del fútbol o la recta final de los 110 metros con obstáculos, en donde se debe poner todo el corazón por delante para ganar la contienda.

Y es que el candidato también presentó su propuesta para el deporte de alto rendimiento, en presencia de Martín Bermúdez, Leonardo Lavalle, Leticia Torres, Cristina Hoffman, Eric Osorio, Eric “El terrible Morales”, Gilberto Alcalá, Daniel García, Fernando Ochoa, Aldo Orozco, Adrián Chávez, Carlos Hermosillo, “El Gonini2 Vázquez Ayala y Ricardo “El Finito” López
Ahora, enfatizó, viene la recta final, la liguilla, precisamente la parte decisiva y aquí habrá que meterle “mucho corazón, mucha pasión, mucha decisión a lo que falta.”

“Vamos a llegar a la meta con claridad. Tengo también firmemente puesta en la cabeza la idea de que el México que soñamos, el México que queremos tendrá lugar y que nosotros en esta gran empresa, en esta gran misión, en esta gran aventura que nos hemos impuestos millones de mexicanos, vamos a ganar.”

Por lo tanto, afirmó, vamos a llegar en primer lugar el 2 de julio y desde ahí construiremos una plataforma deportiva que el país necesita.

Posteriormente, en entrevista habló sobre el PRI y dijo que para los priístas debe ser muy difícil el momento porque su candidato ya no tiene posibilidades de triunfo y, evidentemente, la contienda se está perfilando “entre el candidato del PRD y nosotros.”

Perredistas piden quitarlos

En la estrategia de presionar al Instituto Federal Electoral para que dicte resolutivos a su favor, el perredismo bloqueó ayer nuevamente las instalaciones de este órgano colegiado en demanda de que salga del aire el spot en el que el futbolista Francisco “Kikín” Fonseca apoya a la campaña de Felipe Calderón.

“Kikín”, centro delantero del Cruz Azul, es seleccionado nacional para la Copa Mundial de Alemania, pero ayer fue pretexto de Alfredo Rojas Díaz Durán, candidato a diputado federal de la coalición Por el bien de todos, para llamar la atención.

Rojas Díaz Durán encabezó a una treintena de perredistas y bloqueó el acceso principal de la sede del IFE, con el argumento de que debe salir del aire el spot en el que el futbolista apoya al candidato presidencial del PAN.

Según el candidato a diputado federal, “Kikín” Fonseca recibe recursos públicos de la Comisión Nacional del Deporte y de la Federación Mexicana de Futbol, por lo que es ilegal que públicamente apoye a Calderón Hinojosa.

Los spots

“Kikín” Fonseca
* "Los triunfos se logran con pasión.
El 2 de julio al votar hagamos que gane México.
Hagamos equipo con Felipe Calderón".

“Kikín” Fonseca, Claudio Suárez y Ricardo Osorio
* "La clave del triunfo es trabajar con pasión para construir el México que queremos.
El 2 de julio al votar hagamos que gane México.
Hagamos equipo con Felipe Calderón."

Carlos Hermosillo, Alberto García Aspe, Benjamín Galindo y “El Conejo” Pérez
* "Se que podemos tener un México Mejor, mucho mejor.
La clave del triunfo es el trabajo unido como uno solo.
El 2 de julio hagamos que México gane.
Hagamos equipo con Felipe Calderón.

López Obrador, el mesías tropical

Enrique Krauze / Historiador

La revista Letras Libres, en su edición del mes de junio, presenta ensayos sobre los tres principales candidatos presidenciales. El director de la revista, Enrique Krauze, escribió el correspondiente al candidato de la Alianza por el Bien de Todos, Andrés Manuel López Obrador. REFORMA reproduce el capítulo de dicho texto titulado

'Desayunando con el Peje'

Conocí a Andrés Manuel López Obrador, el famoso y controvertido jefe de gobierno del Distrito Federal, una mañana (casi una madrugada) de agosto de 2003. Tempranero como un gallo, rijoso símbolo con el que le gusta compararse, elusivo como el pejelagarto, típico pez de las aguas de Tabasco, del que proviene su sobrenombre, López Obrador convocaba diariamente a los medios a una conferencia a las seis de la mañana para informarles sobre la marcha de su gestión, pero
también para sortear ingeniosamente las preguntas comprometedoras y lanzar certeros picotazos sobre el presidente Vicente Fox. El desayuno tendría lugar en sus oficinas, situadas en los altos del antiguo ayuntamiento. En el pequeño anexo a su despacho, mientras observaba sus objetos de culto personal (una imagen de Juárez, una foto de Salvador Allende, otra de Rosario Ibarra de Piedra, una más del propio López Obrador conversando con el "subcomandante Marcos", la escultura en madera de un indígena), pensaba que su presencia cotidiana en aquel espacio casi teocrático de México revelaba su sagacidad política: entendía la gravitación histórica del lugar y por eso no salía de él. En cambio, Fox despachaba exclusivamente en la residencia oficial de Los Pinos y sólo llegaba al Zócalo de vez en cuando. Jovial, directo y sencillo, con una sonrisa maliciosa pegada al rostro, era difícil no simpatizar con López Obrador. Nos acompañaba un hombre de sus confianzas, José Agustín Ortiz Pinchetti, veterano luchador democrático. López Obrador comenzó a hablar de historia. En los años ochenta, en un receso involuntario de su agitada vida política, había escrito dos libros sobre Tabasco en el siglo XIX. "Están muy basados en don Daniel", reconoció, y la alusión al mayor historiador liberal del siglo XX me llevó a recordar la opinión que alguna vez me confió el propio Cosío Villegas sobre el general Lázaro Cárdenas: "Yo siempre lo admiré por su instinto popular". Le dije que advertía en él la misma cualidad, y que bien usada podría enfilarlo a la Presidencia. López Obrador lo tomó como la constatación de algo evidente: "El pueblo no se equivoca". Yo tenía curiosidad de saber si era cierto que no tenía pasaporte. "Es extraño -me dijo- que me reclamen eso. El presidente Venustiano Carranza nunca cruzó la frontera". "Es verdad -le expliqué-, pero Carranza fue presidente entre 1916 y 1920, los tiempos han cambiado mucho". Traje a cuento el caso de Plutarco Elías Calles, que antes de ocupar la Presidencia, y para preparar la serie de reformas económicas que llevó a cabo (entre ellas la fundación del Banco de México), había viajado por Europa. ¿Por qué no seguir sus pasos y luego entrevistarse con la prensa liberal en Nueva York? No fui convincente. Años atrás había pasado unos días en Estados Unidos, y con su esposa (Rocío Beltrán, fallecida en 2003) solía visitar Cuba. Eso era todo: "Hay que concentrarse en México -me dijo-. Para mí la mejor política exterior es la buena política interior".

Era obvio que el mundo lo tenía sin cuidado. Su mundo era México. Y el mundo de su mundo era Tabasco. Nacido el 13 de noviembre de 1953 en el pequeño pueblo de Tepetitán, en el seno de una esforzada familia de clase media dedicada a diversos ramos del comercio, nieto de campesinos veracruzanos y tabasqueños, y de un inmigrante santanderino que había llegado a "hacer las Américas", López Obrador vivió una niñez tropical, libre y feliz. Sus biografías oficiosas contendrían datos interesantes sobre su carácter temprano. "Fue un niño muy vivaracho -recordaba su padre- pero tenía una enfermedad: no se le podía decir nada ni regañarlo, porque se trababa". Según parece, le decían "piedra", porque pegaba duro: "Se peleaba con alguien, le ganaba, y salía con esa sonrisita burlona de 'te gané". Era malo para las matemáticas y muy bueno para el beisbol, aunque "cuando perdía su equipo, terminaba enfurecido". Tepetitán tenía unas cuantas calles, pero los López Obrador vivían a sus anchas: "No teníamos barreras -recuerda uno de sus hermanos-, teníamos el pueblo entero, era nuestro". Si la familia salía, era para viajar en automóvil a las playas de Veracruz y Tampico. En los años sesenta se mudaron a Villahermosa, capital del estado; en los setenta, Andrés Manuel estudió ciencias políticas en la UNAM y se hospedó en la Casa del Estudiante Tabasqueño. A partir de 1977, hasta 1996, pasaría la mayor parte deltiempo en su patria chica.

Había dos maneras de animar la conversación con López Obrador: hablar de beisbol o hablar de Tabasco. Opté por la segunda. El desayuno tabasqueño (pescado frito, plátano con arroz), el prehistórico pejelagarto disecado sobre un estante, el manoteo enfático y hasta la pronunciación del personaje (que, como es común en aquella zona del Golfo de México, convierte las "eses" en "jotas"), todo conspiraba para llevar la plática a Tabasco: cuna de la cultura madre de Mesoamérica, la olmeca; puerta de la Conquista (allí desembarcó Cortés y conoció a "La Malinche"). La historia de Tabasco lo apasionaba tanto o más que la historia de México. Con evidente gusto me refirió su buena impresión de los dos grandes jefes del siglo XX en Tabasco (Tomás Garrido Canabal y Carlos Madrazo). Y con mayor placer aún recordó su amistad con el poeta Carlos Pellicer
("el tabasqueño más grande del siglo XX") y reconoció la obra de Andrés Iduarte ("nuestro mejor escritor").

Yo recordaba que Tabasco -caso no único pero sí excepcional entre los 32 estados de México- no había dado un solo presidente a México y quise plantearle la cuestión, pero López Obrador abrió sin querer una posible pista: "a los tabasqueños se nos dificulta mucho acostumbrarnos al Altiplano -me dijo-, es otra cultura; también a mí me ha costado trabajo adaptarme". Para explicarse mejor, me leyó en voz alta un párrafo extraído de uno de los libros que escribió sobre su estado:

En Tabasco la naturaleza tiene un papel relevante en el ejercicio del poder público.
En consonancia con nuestro medio, los tabasqueños no sabemos disimular.
Aquí todo aflora y se sale de cauce. En esta porción del territorio nacional, la más tropical de México, los ríos se desbordan, el cielo es proclive a la tempestad, los verdes se amotinan y el calor de la primavera o la ardiente canícula enciende las pasiones y brota con facilidad la ruda franqueza.

"De aquí parte -dijo- mi teoría sobre el 'poder tropical': el tabasqueño debe controlar sus pasiones".
Me había dado una clave biográfica que yo tardaría en descifrar. "Quizá en el futuro -le dije, al despedirme- tenga usted que hacer una adaptación aún mayor: pasar del Altiplano a la aldea global".

Bátiz, Ortega y Encinas: respondan

Juan Ciudadano
Reforma
lunes 29 de mayo

Dice la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal que, como muestra de su eficacia, han bajado 20 por ciento las denuncias presentadas ante el Ministerio Público.

Esto es con relación a la gestión Cárdenas-Robles. Antes eran 585 al día, ahora son 470.

El peligro es que se propongan llegar a cero denuncias, porque lo logran.

Cuando no se está dispuesto a cambiar las reglas de un sistema -y conste que dije sistema y no personas- que no funciona, menos denuncias lo convierten en sinónimo de menos delitos. Es la única manera de maquillar el fracaso.

Pero, el mismo número -la baja en el número de denuncias- es utilizado como indicador de la quiebra de nuestro sistema justicia por quienes estudian, desde la academia, la debilidad del estado de derecho, particularmente en la Ciudad de México.

Estas son las dos lecturas diametralmente opuestas de la realidad. A partir de divergencias como ésta no se puede resolver un problema.

Mientras el Procurador Bernardo Bátiz y el Secretario de Seguridad Pública, Joel Ortega, celebran la baja en denuncias, la Cámara Nacional de Comercio de la Ciudad de México revela que sólo el 29 por ciento de los afectados por robo en el primer trimestre del año pasado presentó denuncia. De los que no lo hicieron, 42 por ciento dijo desconfiar de la policía y 38 por ciento lo consideró una pérdida de tiempo.

Así, para seguir bajando las denuncias, entonces hay que convencer al 29 por ciento de "tercos" que sigue denunciando, que lo deje de hacer.

Mientras no reconozcan que es el sistema de justicia opaco, lento, cerrado y burocrático lo que no funciona, las autoridades seguirán en la interpretación fantasiosa de estadísticas.

Son los únicos que creen que las denuncias bajan porque bajaron los delitos.

Cada uno de los indicadores -denuncia, crímenes, detenidos y apresados-, las autoridades los leen al revés.

¿No será que se denuncia cada vez menos porque el 80 por ciento de los capitalinos confía poco o nada en los jueces, el 59 por ciento cree que es posible sobornar a un juez y el 83 por ciento considera a nuestro sistema de justicia como opaco?

Pero el Procurador Bernardo Bátiz y el Jefe de Gobierno, Alejandro Encinas, usan sus números para concluir lo insólito.

Dice Encinas que hoy se cometen 30 por ciento menos delitos que hace 10 años y hay 355 por ciento más presos que entonces.

Si las denuncias siguieran efectivamente el mismo patrón que los delitos y los presos fueran delincuentes peligrosos, tendríamos que estar enviando a nuestros genios de la seguridad a dar cursos en todo el mundo sobre cómo se combate la delincuencia y se hace justicia.

Lo que no dice Encinas es que los agentes del Ministerio Público reciben premios económicos por consignar, sin importar la calidad de las averiguaciones. Las cárceles del DF están llenas de gente inocente, nada más para que las autoridades puedan pararse el cuello.

En un tema como éste, es absolutamente criminal trabajar bajo el principio de que si la realidad no coincide con mis indicadores de éxito, el problema es de la realidad.

Enderezar la justicia capitalina exige reconocer primero que el problema tiene que ver más con un sistema que no funciona que con las personas que lo manejan y que una debilidad fundamental de las reglas del juego vigente es que los mecanismos de rendición de cuentas son de lo más endebles.

Necesitamos un sistema que nos permita ver todas las etapas del proceso.

Para esto es indispensable, aunque no suficiente, que los juicios sean orales. Es necesario ver y medir la actuación de los MPs, de los jueces, de los abogados defensores y de los propios acusados.

Lo que el DF necesita de los candidatos al Gobierno capitalino es el reconocimiento de que el sistema vigente no funciona y, por lo tanto, no lo van a solucionar ni los magos del PRD, ni los del PRI, ni los del PAN.

Los procesos de justicia en el DF -y en México- necesitan otro diseño.


Correo: juanciudadano@juanciudadano.com

El paternalismo, nuevamente

Jesús Silva-Herzog Márquez
Reforma
Nacional
29 de mayo de 2006

Hace 200 años nació John Stuart Mill. En muchas universidades y publicaciones del mundo se recordó al gran defensor de la libertad, el abogado de la excentricidad, el patrono de la polémica. No es extraña esta profusión de homenajes. Mill sigue aportando su lucidez al combate contra los dogmatismos que no terminan de reinventarse. Su convicción más apasionada fue que el hombre se hace humano al elegir. Por eso sostenía que hay que defender el derecho a equivocarnos. Si nos arrancan esa libertad de errar nos convierten en esclavos, en actores de un drama impuesto. Sus contemporáneos lo describen como un hombre triste y serio pero sus escritos están impregnados de optimismo. Estaba convencido de que la discusión libre, la confrontación de ideas, la diversidad de estilos de vida nos conducirían a la plenitud individual y al progreso colectivo. En su ensayo sobre la libertad revela que las víctimas de la censura no son solamente los censurados sino la colectividad en su conjunto. Al callar a un hombre de ideas antipáticas no solamente se le tapa la boca a él. Somos el resto de los humanos quienes más padeceremos su silencio.

En México hemos decidido honrar la memoria de John Stuart Mill con severísimos ataques a la discusión pública. Como a Darwin lo alaban hoy los charlatanes que promueven la idea del diseño inteligente, a John Stuart Mill lo enaltecen los paternalistas que nos dicen qué debemos escuchar y qué es conveniente silenciar. Las autoridades electorales mexicanas han determinado que hay ideas y opiniones que no es prudente ventilar públicamente; que resulta democrático castigar algunas expresiones descorteses y que los ciudadanos no son competentes para evaluar la sensatez de las palabras. Porque somos niños, necesitamos el ciudado de nuestros protectores.

Así han razonado los tutores electorales. Hace unos días el tribunal electoral decidió que los anuncios del Partido Acción Nacional debían salir inmediatamente del aire. Las razones que aportó el tribunal, de acuerdo con la propuesta del magistrado José Alejandro Luna Ramos son la consumación del paternalismo antiliberal. El magistrado concluye que los mensajes panistas son ilegales por tres razones: 1) enfatizan los rasgos negativos del candidato perredista; 2) son manifestaciones sobre acciones pasadas y no trazan un proyecto de futuro y 3) son discursos ajenos a la plataforma electoral del PAN. Nótese que no se determina que los mensajes han de prohibirse por divulgar falsedades (cosa que sería entendible) sino por promover valores que los magistrados rechazan. La sentencia del tribunal es farragosa e incoherente. Los resolutivos del fallo no se respaldan con solidez en las consideraciones jurídicas que se hacen en ella. Admite el ponente que las expresiones no son injuriosas pero, en virtud de que no promueven un programa político, sino que pretenden empañar la imagen del adversario deben ser silenciadas.

Independientemente de quién haya sido afectado o beneficiado por esta resolución, vale la pena analizar la lógica y los efectos de esta resolución. Siguiendo la hipocresía de moda, el tribunal ha decidido prohibir las campañas negativas. Enfatizar los defectos del adversario y cuestionar su trayectoria pública es una estrategia política perfectamente legítima en cualquier democracia. En la nuestra, ha quedado vedada por la absurda sentencia. ¿Qué tipo de debate público puede escenificarse en nuestro país cuando se establece que resulta ilegal proyectar mensajes que tengan como propósito fundamental el criticar al adversario? De acuerdo cono el tribunal, a partir de ahora, el candidato perredista, por ejemplo, no podría preparar un mensaje televisivo dedicado a cuestionar la falta de experiencia del candidato panista, ni podría cuestionar su desempeño como efímero secretario de Estado, ni podría poner en duda su honorabilidad. Nada de ataques ni asuntos del pasado. Deberá dedicarse a publicitar su proyecto agropecuario y su plataforma cultural. La concepción democrática del tribunal resultará popular y políticamente correcta pero es francamente pueril. Imagina el proceso electoral como una confrontación filosófica en la que los ciudadanos examinan desapasionadamente las propuestas de los partidos. Una comparación fría de ideas y planes que desemboca en la razonada decisión del sufragio. No sé dónde se verifique tan admirable escrutinio intelectual. En las democracias que conozco el voto se mueve por programas y recuerdos, por simpatías y antipatías, por cálculos y emociones.

No quiero decir que la propaganda electoral esté libre de restricciones legales. Pero el trazo de sus linderos es una labor compleja de la que se desentendió el voto mayoritario del tribunal. En contraste, el voto particular del magistrado José de Jesús Orozco Henríquez es un elegante razonamiento que logra cuidar la libertad en beneficio del debate público. Orozco enfatiza el contexto y la naturaleza de los sujetos que polemizan. Un partido cuestiona con severidad a un candidato en una campaña electoral. En esta situación es necesario cuidar el vigor del debate, incluso con protecciones adicionales. El magistrado disidente concluía que los mensajes cuestionados estaban constitucionalmente protegidos. "Sostener lo contrario, por ejemplo, exigir un estricto canon de veracidad con respecto a expresiones dirigidas a personas públicas durante un debate público, o bien, en relación con cuestiones de interés público o general, como las políticas económicas que un candidato propone o ha implementado cuando fue gobernante, fomentaría la autocensura, incompatible con la libertad de pensamiento y de expresión". Lamentablemente, la mayoría decidió afiliarse a la causa del paternalismo.

Laura Cors con Felipe Calderón

Benito Castro con Felipe Calderón

Luis Roberto Alvez Zague con Felipe Calderón

Memo Rios con Felipe

Benny Ibarra con Felipe

Erika Buenfil con Felipe

Alejandro Cardenas con Felipe

Maria del Sol con Felipe

Fernando Sariñana con Felipe

Miguel Herrera con Felipe

Francisco "Kikin" Fonseca con Felipe Calderón

Empuja 'El Kikín' a panistas

Graba el futbolista la semana antepasada sendos spots para promover el voto por Calderón

Mayolo López

Ciudad de México (28 mayo 2006).- Antes de partir a Europa, Francisco "El Kikín" Fonseca se puso la camiseta blanquiazul para hacer mancuerna con Felipe Calderón y Juan Manuel Oliva, los abanderados panistas a la Presidencia de la República y al Gobierno de Guanajuato.

El delantero tricolor, uno de los jugadores más carismáticos del conjunto nacional, grabó la semana antepasada sendos spots para promover el voto por Calderón y por Oliva, sin que hubiese cobrado por ello, según fuentes panistas.

El martes 16, cuando Calderón visitó a la escuadra en el Centro de Alto Rendimiento, "El Kikín" azuzó a sus compañeros para recibir con "pamba" al candidato.

Dos días después, en el mismo césped, Fonseca desairó a la candidata Patricia Mercado cuando pateó el esférico en compañía de los seleccionados.

Con "El Kikín" por delante, al menos porque ha participado en la grabación de spots, un conjunto de deportistas y estrellas de la farándula están apostando a la causa calderonista.

Un seleccionado nacional más, Rafael "El Chiquis" García, y tres viejos conocidos de la afición, Manuel Negrete, Miguel "El Piojo" Herrera y Luis Roberto Alves "Zague", aparecen en una lista que la campaña de Calderón ha enviado vía correo electrónico a simpatizantes y militantes en la página de internet Los Líderes con Felipe.

Del mundo deportivo sobresale la mención de la taekwondoín Iridia Salazar, medalla de plata en Juegos Olímpicos; del velocista Alejandro Cárdenas y de los pilotos Mario Domínguez y Michael Jourdain.

En el ámbito de la farándula son citados los comediantes Benito Castro, Memo Ríos, Carlos Eduardo Rico, Daniel Salazar, y los nombres de actores como Érick del Castillo y Érika Buenfil; así como de las hermanas Mayte e Isabel Lascuráin, del Grupo Pandora, Liliana Amorós y María del Sol.

Simpatizante del PAN en León, Guanajuato, el papá de "El Kikín", Francisco Fonseca, es amigo Juan Manuel Oliva.

El papá de "El Kikín" abrió las puertas al candidato panista a la Gubernatura para participar de la grabación junto con el delantero tricolor.