junio 27, 2006

López Obrador, no sería una caja de Pandora

Martha Colmenares
Noticiero Digital

Un régimen electo legalmente puede desembocar en la demagogia y amenazar las libertades. Y para México, con la gestión como gobernador del candidato presidencial Manuel López Obrador, no sería una caja de Pandora la que se abriría de ganar las próximas elecciones presidenciales. Pertinente cuando Enrique Krauze dijo que “Venezuela es un recordatorio de que las elecciones son un elemento necesario pero no suficiente para la democracia…” (1)

La revolución prevalece sobre el derecho. López Obrador vende al mundo esa teoría.

“México es tierra de caudillos desde que Morelos prefirió ser llamado Siervo de la Nación antes que Alteza. Llueven con probidad los elogios al gran líder de la revolución de las reformas, Benito Juárez y a sus ilustres compañeros, el lúcido José María Otero y quien fuera llamado el más culto de los presidentes mexicanos del siglo XIX, Largo Tejada. Emilio Rabasa dijo de Juárez: “No es posible asumir poder más grande que el que Juárez se arrogó de 1863 a 1867, ni usarlo con más vigor, ni con más alteza de miras, ni con éxito más cabal”. Rabasa, destacado constitucionalista, se rindió al embrujo de los Hombres Necesarios, los caudillos que arruinaron por mucho tiempo el porvenir institucional de América. Rabasa olvidó que Juárez, un destacado jurista, era hombre de instituciones y tan defensor del derecho ajeno como lo dijo en la más célebre de sus esmaltadas frases.

Hemos padecido tres generaciones de caudillos. La primera, la libertadora, entre el destruido orden jurídico español y el por construirse el orden republicano. En ese vacío, solo los libertadores podían ser la ley. Caudillos, pues, a su pesar. La segunda, la de los Dictadores Necesarios, especie a la cual pertenecen Porfirio Díaz, Juan Vicente Gómez, “Chapitas” Trujillo, Somoza, Juan Manuel Rosas, Alfredo Stroessner, Rafael Carrera (el vencedor de Morazán), Justo Rufino Barrios, Tomás Regalado. Unos más otros menos suplantaron la ley pese a que el orden republicano ya estaba impuesto, con el argumento de que los latinos necesitábamos dictadores que, con puño de hierro, nos ayudaran a salir del subdesarrollo. La idea fue tomada de Hippolite Tayne: El Gendarme de ojo avizor, de mano dura, que por la vía de hecho inspira el temor y que por el terror mantiene la paz. La tercera, la de las revoluciones de fantasía para aplastar el derecho, que no es sino el resultado de largas luchas sociales precisamente contra la autocracia.

Para estos nuevos caudillos la revolución está sobre el derecho, según un ideario que aceptas o eres excluido. En esa categoría entran Perón, Getulio Vargas, Hugo Chávez y el más emblemático de todos: Fidel Castro. A ese dudosamente honorable lugar esperan ingresar Evo Morales y, por lo visto, el Gobernador de México DF, Manuel Antonio López Obrador. Federico Engels repetía un viejo proverbio inglés: “The proof ot the pudding is in eaten”. La prueba de la verdad es la piedra de toque de las promesas. Según datos de la FAO, la revolución cubana entre 1997 y 1999 hizo crecer la desnutrición de su pueblo en 17% ¡casi dos millones de subnutridos! Y en Venezuela, según cifras del INE (oficina gubernamental) la pobreza aumentó en los primeros cinco años de Chávez en más del 10%. Perón arruinó el gran porvenir de Argentina, Velasco hundió a Perú en una honda crisis, Vargas selló su fracaso con un pistoletazo… y sin embargo, la revolución prevalece sobre el derecho. López Obrador vende al mundo esa teoría.

Para sus hagiógrafos, la oligarquía mexicana “aprovechó” algunas infracciones, con el objeto de cerrarle el camino hacia la Presidencia. Sabemos de su acercamiento a Cuba en el pasado, convencida que como candidato no lo pregonará, después podría venir el zarpazo. La cuestión es otra y tiene relación con la supervivencia del estado de derecho. Como gobernador rechazó cuatro veces mandamientos de amparo emanados de Tribunales del contencioso-administrativo. El expediente es o era de una claridad deslumbrante. ¿Puede un funcionario romper las reglas del derecho de una manera tan desenfadada? Si puede y se jacta de eso, con López Obrador la presidencia podría caer en manos de un personaje carente de límites y dominado por la idea de que por encima del orden jurídico, donde se consagran los derechos de todos y la forma de defenderlos, estará un Mesías a quien hemos de darle un cheque en blanco. López Obrador se acoge marrulleramente a la autoridad Juárez, olvidando que para éste el respeto al derecho ajeno es la paz” (2)

Reflexión:

Por su parte, Joaquim Ibarz, periodista español del periódico La Vanguardia, en su artículo “El Fantasma del "Chavismo" recorre Mexico”, luego de las notables coincidencias expuestas entre los señores Hugo Chávez Frías y Manuel López Obrador, basado en lo expresado por Luis Rubio, politólogo y director general del Centro de Investigación para el Desarrollo (CIDAC), también directivo de “Transparencia Mexicana”, resalta el hecho de que no es tanto el problema político de México que López Obrador o cualquier otro candidato pudieran ejercer “poderes dictatoriales”. Lo verdaderamente importante es -dice-, “que las instituciones políticas no sean lo suficientemente sólidas como para limitar el abuso del poder por parte de quien releve a Vicente Fox en la residencia de Los Pinos”. Martha Colmenares

Cita
(1)“Las diferencias entre liberalismo y democracia” Enrique Krauze

López Obrador, a cazar el hambre sin reglas

Martha Colmenares.

Andrés Manuel López Obrador ha dicho "que el sólo obedece la ley y la Constitución si lo considera conveniente", del cual hicimos una reflexión en "López Obrador, marrullero de los que la revolución prevalece sobre el derecho", razón que le resta cualquier grado de excelencia. Pero en todo caso, él no lo está ocultando. Y lo que se dice debe tomarse muy en serio y para experiencia miren que tenemos la venezolana. Igual sucedió con Hugo Chávez cuando en los años iniciales de su mandato presidencial le escribió una famosa carta a lo que fue la Corte Suprema de Justicia, hoy Tribunal Supremo, en la que le dijo "El Estado Soy Yo", y resulta que nadie le creyó, nadie le dio importancia. ¡Cuidado Mexicanos!, entonces. Ustedes están siendo
alertados.

Pero mucho más allá, desde el punto de vista de lo demagógico, sus inclinaciones populistas, son tremendamente peligrosas, en un hombre que al estilo Chávez maneja el arte de la capitalización de las insatisfacciones de un pueblo que estadísticamente tiene elevados niveles de ignorancia y pobreza, y creen que las ayuditas los podrá salvar, y por eso se fundamentará en el populismo. Coincidimos con las apreciaciones de Carlos Ramírez, autor de la columna periodística
"Indicador Político", de las cuales hace referencia en Las caras de López Obrador, artículo de Armando Reyes Vigueras, sobre lo que dijera hace un tiempo sobre López Obrador: "…es un líder que anda buscando insatisfacciones, que logra construir una relación de dependencia, explota dicha situación y continúa a la caza de otras insatisfacciones".

Demostrativo en su actuación como gobernador del DF con los vales de leche, los útiles escolares, y sus ancianos y madres solteras "asalariados", quienes deben ser afectos a su gestión y hasta se les impone para estos dias de campaña hacer bulto en las concentraciones. Motivos suficientes para sentir preocupación. Lo que se llama el "Pan para hoy y hambre para mañana", que a falta de políticas asertivas se acelerará sin remedio, porque será su gran bandera para concentrar el poder de llegar a ser electo presidente pues los autócratas necesitan de los pobres, como buenos cazadores de las insatisfacciones que son. Echarle la culpa a los ricos, y no hacer uso de la ley, ¡total! los pobres se conforman con el hoy. Ya luego con más hambre, verán burladas sus ilusiones.

Martha Colmenares es comunicadora social con amplia experiencia en los
medios impresos. Es la representante en Venezuela del diario Milenio,
de circulación nacional en México. Además, Martha Colmenares se
desempeña como moderadora del blog Por los Presos y Perseguidos
Políticos en Noticiero Digital.


» Escríbele a Martha Colmenares marthaccolmenares@yahoo.com

Carton de Pedro Sol

De amenazas y fantasmas

Federico Reyes Heroles
Reforma
27 de junio de 2006

Éste ha sido un largo y tortuoso proceso electoral. Comenzó con la especulación oficial autorizada desde Presidencia hace alrededor de tres años, con la señora Marta incluida. Le siguió el desfile de encuestas de carrera de caballos, convertido en deporte nacional. Poco importó la brutal distancia hasta la fecha final y la poca consistencia de ese tipo de ejercicios. Llegó el desafuero, con toda la carga de dudas que rodearon al proceso. Después las precampañas y sus oscuros financiamientos y, por fin, las campañas internas con todo tipo de zancadillas. Con el 2006 entramos de lleno en la competencia y, como era lógico, las muy cantadas tendencias electorales se empezaron a mover. La agenda nacional se hundió detrás del lodo, de
las descalificaciones fundadas e infundadas.

Estamos en la última semana rodeados de escándalos sobre financiamientos ocultos y parentela aprovechada. Mentirosos se dicen unos a otros desde hace meses en un triste espectáculo que degrada aún más la política. El ciudadano reacciona y rechaza a los encuestadores que quieren conocer su opinión. En el 2006 hay más del doble de ciudadanos que evade cualquier situación que suponga desplegar su inclinación. Entre "no respuesta" y rechazo, los silenciosos rebasan el 50 por ciento. El voto oculto podría entonces ser muy alto. En el 2000 fueron por lo menos 6 puntos porcentuales. En el 2006 podría
haber más sorpresas. Ese es el ambiente previo al cierre de campañas en que los candidatos caen en el paroxismo, en la peor etapa de la fiebre política. Es una verdadera enfermedad.

Alterados por la incertidumbre, enfermos de exposición, los candidatos han inventado cualquier cantidad de fantasmas: la "elección de Estado", el gran fraude que está al acecho. En su ánimo de contagiar virulencia parecieran ignorar los costos para el país de su irresponsabilidad. Salvo Roberto Campa ninguno de los candidatos ha expresado su apoyo irrestricto a las autoridades electorales, por el contrario, PRI y PRD han seguido sembrando dudas hasta el último momento. ¿Qué es esto? Súmese a ello el movimiento minero con más hojas que una cebolla, el anunciado paro nacional de varias organizaciones sindicales, justo a cuatro días de la elección y a la disidencia magisterial infiltrada de radicales con amenazas de todo
tipo. Por lo que hace a estos actores nada edificante habrá que recordar de la elección del 2006.

Pero por fortuna está por llegar el momento en que los partidos y corifeos disfrazados de mil maneras tendrán que hacer mutis, salir de escena unos días. En su lugar entrarán los ciudadanos en todas su modalidades. Ciudadanos en las casillas, ciudadanos frente a los partidos políticos, ciudadanos en la observación del proceso, ciudadanos en el recuento de las boletas, ciudadanos llevando paquetes electorales, ciudadanos reportando los resultados. El IFE se convertirá por varios días en el eje de la vida nacional. Todos los ataques, las mentiras e infundios lanzados en contra de la institución, todos los fantasmas invocados por varios contendientes fueron cayendo por su propio peso. A cinco días de la elección no se ha demostrado la existencia de algún factor determinante, como lo establece el código, que desvirtúe las condiciones de equidad y transparencia del proceso. Por supuesto que partidos y ciudadanos conservan el derecho de impugnar todas las irregularidades que se puedan presentar, pero hasta hoy -en los hechos que no en las palabras- los contendientes han aceptado como válido el proceso. ¡Qué daño nos hicieron los fantasmas!

Si las tendencias no vienen muy cerradas, las encuestas de salida serán capaces de retratarlas a partir de las ocho de la noche. Si los medios internacionales realizan este tipo de ejercicios, las cifras empezarán a correr desde la tarde. Por el contrario, si la contienda viene muy cerrada, las encuestas de salida podrían ser contradictorias. Nada hay de anormal en ello y así deberemos tomarlas. Recordemos la experiencia de la elección Gore-Bush. Después vendrán los conteos rápidos que son un instrumento más preciso y confiable pero que tiene que esperar al cierre de casillas para tomar de allí los resultados. Finalmente, si las tendencias no vienen atípicamente cerradas -menos de .5 por ciento- el IFE estará en posibilidad de dar
información oficial, que no resultados, a partir de las 11 de la noche. Salvo que algún fenómeno meteorológico o alguna catástrofe ocurriera, el proceso como tal deberá ser bastante predecible e incluso sanamente aburrido y conoceremos los resultados esa noche. De no ser así tendremos que esperar al PREP cuyas tendencias se estabilizan en menos de 24 horas.

Para recuperar la sensatez perdida se pueden tomar varias medidas. Exigir que los candidatos no hagan pronunciamientos sobre sus victorias sino hasta después de que el IFE haya hecho el propio. El presidente Fox ya asumió esa posición. Que los comentaristas radiales y televisivos no caigan en la trampa de los reporteros que, por encontrar una nota, sacan de contexto la información. "No se abrieron casillas en Chiapas". Cuántas son, qué porcentaje de la votación representan. Recordemos que en un proceso tan amplio las nociones de mucho y poco se alteran. Lo que no debemos hacer es caer en el juego de las declaraciones irresponsables. No hay posibilidad de una alteración significativa de los resultados. El sistema electoral mexicano está construido justamente para impedir algo así. En una semana estaremos comentando los resultados que seguramente serán apasionantes. Confiemos en nosotros mismos, en nuestra propia historia y cerrémosle el paso a las amenazas y a los fantasmas.

Guerra AMLO-IP

Itinerario Político
Ricardo Alemán
26 de junio de 2006

El candidato de la coalición Por el Bien de Todos dice haber identificado a los que promueven una campaña "en su contra"

A pocos días de la jornada electoral en la que se renovarán los poderes Ejecutivo y Legislativo -además de los gobiernos estatales del Distrito Federal, Guanajuato, Jalisco y Morelos-, se ha desatado una peculiar guerra político electoral entre los más influyentes capitanes de empresa, agrupados en el Consejo Coordinador Empresarial (CEE), y el candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador.



Cualquier ciudadano curioso puede presenciar esa guerra mediática y declarativa ente "ricos y pobres" con sólo asomarse a las pantallas de televisión y escuchar las frecuencias de radio, en donde a la embestida discursiva de López Obrador contra los empresarios de todas clases -a los que igual acusa de "vividores", de "no pagar impuestos", que de ser "traficantes de influencias"-, el CCE responde con spots en los que identifica a AMLO, sin mencionarlo por su nombre, como un peligro para la estabilidad económica de la última década.

Pero esa peligrosa guerra, con su cauda de lucha de clases, entre "ricos y pobres", amenaza con convertirse en el "crisol" de una acalorada contienda electoral que, de no detenerse a tiempo, no augura nada bueno para el "día después", para el nuevo gobierno que a querer o no empezará a partir del próximo lunes 3 de julio. Claro, salvo que la noche del 2 de julio lo competido de la contienda impida declarar a un ganador.

Por lo pronto, en medio del circo mediático que son las campañas electorales, los guerreros intercambian lanzadas y enseñan los dientes. En un despropósito que va contra libertades fundamentales, la representación del PRD en el IFE intentó censurar los spots lanzados por el Consejo Coordinador Empresarial contra el eventual triunfo de AMLO. En respuesta, el candidato dice haber identificado a los que desde la iniciativa privada promueven una campaña "en su contra", en una suerte de amenaza velada.

Y es que si bien censurables desde el punto de vista ético -porque se coloca todo el peso del máximo organismo empresarial mexicano contra un candidato presidencial-, los spots del CCE son perfectamente legales y hasta políticamente correctos, porque expresan la postura de un grupo social que ha sido estigmatizado por un candidato presidencial que los detesta. ¿Qué esperaba AMLO de sus adversarios de clase, a los que en su discurso descalifica y hasta amenaza con perseguir si gana la elección?

López Obrador está en su derecho de expresar, sea como estrategia proselitista, sea por su origen de clase, que "no le caen bien" los empresarios, que son "unos vividores", que "le sacan ronchas", que "son corruptos y saqueadores". Lo que quiera. Como los empresarios están en su derecho de responder, en términos de ley electoral, a las acusaciones del primero. Pero el problema no es legal, y menos de simpatías y antipatías. El problema es que con razón o sin ella, amplios sectores empresariales ven con preocupación creciente la llegada al poder de López Obrador. Lo mismo ocurrió en 1988, en 1994 y 1997, cuando Cárdenas se acercó al poder presidencial y cuando alcanzó la Jefatura de Gobierno del DF. Pero vale decirlo, Cárdenas no es López Obrador.



En cambio, el CCE surgió el 5 de agosto de 1976, al final del gobierno populista de Luis Echeverría, como un instrumento de presión contra los excesos del poder presidencial. Echeverría se caracterizó por una permanente confrontación con los poderosos grupos empresariales de la época, sobre todo los de Monterrey, a los que acusó por la reducción en la inversión y por la fracasada política económica, que terminó en una espiral inflacionaria. Desde entonces el CCE ha reunido a la mayoría de los empresarios -los que a pesar de todo siempre resultaron los grandes beneficiados de los gobiernos priístas-, y ha sido vocero de la iniciativa privada frente al poder público, y en algunos casos un dique a los excesos del presidencialismo imperial. La historia al parecer se repite. Pero la de Echeverría con el CCE no es la primera de estas guerras. Otra confrontación que resultó catastrófica para los ciudadanos en general -por la ruinosa crisis económica a la que se había llevado al país- se produjo a raíz de la nacionalización de la banca, el 1 de septiembre de 1982, cuando José López Portillo intentó la reivindicación de su gobierno. Entonces apareció en escena un líder, Manuel J. Clouthier, próspero agricultor de Sinaloa y en ese 1982 presidente del CCE. En protesta por la devaluación del peso y por la nacionalización de la banca inició a través de la Coparmex las jornadas "Por México", que no fueron otra cosa que la participación activa de los empresarios en política.

Esa fue la semilla de lo que hoy es el PAN en el gobierno de Fox, y Clouthier fue uno de los impulsores de la democracia electoral mexicana. La historia se repite, y no aparece quien les explique a AMLO y a los poderosos empresarios que juegan con fuego. Al tiempo.

Se lanza AMLO contra empresarios

López Obrador dijo que los empresarios del CCE son delincuentes de cuello blanco que no quieren el cambio verdadero en el País


Claudia Guerrero/enviada
Reforma

Toluca, México (26 junio 2006).- Andrés Manuel López Obrador se lanzó este lunes contra del Consejo Coordinador Empresarial, al que acusó de ser el más tenaz promotor de la campaña mediática en su contra y de realizar jugosos negocios al amparo del poder público.

"Toda esta campaña que traen ahora los del CCE, los más fuertes y tenaces promotores en contra nuestra, son los que han hecho negocios jugosos al amparo del poder público, son en sentido estricto traficantes de influencias", aseguró durante una entrevista radiofónica.

Antes, frente a la plaza de Los Mártires, el candidato de la coalición Por el Bien de Todos a la Presidencia, aseguró que esos empresarios que se han lanzado en su contra son delincuentes de cuello blanco que no quieren el cambio verdadero en el País.

"Cada vez están más nerviosos, ve uno los spots en la televisión, escucha uno la radio, están dale y dale, todo un bombardeo para meterlo miedo a la gente.

"¿Qué miedo puede tener el pueblo de México? ¿A poco lo van a espantar con el petate del muerto? ¡Uy qué miedo, mira cómo estoy temblando!", expresó.

Luego de su mitin en la capital mexiquense, López Obrador tiene contemplado realizar su cierre regional en Morelia, Michoacán.

Votar en contra del que podría ser un mal presidente

Leo Zuckermann
Juegos de Poder
Excélsior
26 de junio de 2006

leo.zuckermann@cide.edu

Un buen presidente puede terminar su mandato sin pena ni gloria. En cambio, un mal presidente puede acabar llevando al país a la bancarrota. Esta es la paradoja en un sistema presidencial como el mexicano. Y, por eso, resulta muy importante la decisión de por quién votar el próximo domingo.

Los mexicanos todavía tenemos una cultura presidencialista donde creemos que el presidente es poderosísimo; que puede hacer la diferencia en nuestras vidas. Por eso esperamos que aparezca un personaje épico que, casi por arte de magia, resuelva todos nuestros problemas.

La realidad no es así. La democratización del país ha pasado por precisamente quitarle muchos poderes al presidente, de tal suerte que éste es hoy un actor político más del sistema político. Un buen mandatario entiende esto y, por lo tanto, respeta a los otros poderes constituidos, observa las restricciones legales y económicas del país y defiende los intereses de México con el extranjero.

Al terminar la contienda electoral, con todas las exageraciones que conlleva, un buen presidente debe atemperar las expectativas de la población y las suyas propias. Debe asumir que es imposible cambiar al país radicalmente en seis años y, en cambio, promover modificaciones graduales que le permitan a México seguir progresando. Si hace esto, quizá pase a la historia sin mucha pena ni gloria: como un gobernante eficaz y nada más.

El problema es cuando el presidente pierde el piso y, efectivamente, pretende cambiar todo de la noche a la mañana. Cuando el Ejecutivo Federal asume la misma cultura presidencialista que imperó durante tantos años, donde el presidente se cree todopoderoso con el mandato de cambiar radicalmente al país. Un mandatario con el objetivo de entrar en los libros de la historia patria, llamado a hacer lo que no se ha hecho en doscientos años. ¡Cuántos presidentes no hemos visto en México que toman ese camino y terminan perjudicando al país! Porque, insisto, si bien un buen presidente puede terminar sin pena ni gloria, uno malo tiene toda la capacidad de llevar a México al despeñadero.

Por eso, quizá, la decisión del próximo domingo sea de votar por el candidato menos malo. El que tenga más posibilidades de contenerse; de asumir el papel templado de un presidente democrático en tiempos de normalidad política y económica. Tal vez el mejor sufragio sea por el personaje que sí esté dispuesto a terminar en el 2012 sin mucha pena ni gloria.

Votar por un político de esta calidad puede sonar chocante. Sin embargo, en la historia de México han funcionado mejor los presidentes considerados como oscuros y aburridos, del tipo de Ruiz Cortines o Zedillo, que aquellos coloridos que prometieron el sol, la luna y las estrellas, como Echeverría o Salinas.

Sobre este asunto, el otro día, en una conferencia me preguntaron cuándo tendría México a un presidente estadista. La pregunta me tomó por sorpresa. Para contestar, rápidamente pensé en políticos que considero que entran en esta categoría. Me vinieron a la mente Benito Juárez, Winston Churchill y Franklin Delano Roosevelt. Todos ellos lideraron en momentos críticos a sus naciones, se levantaron con la victoria y dejaron una huella indeleble. Respondí, entonces, que ojalá no tuviéramos un presidente estadista, porque éstos surgen cuando un país enfrenta duras crisis nacionales y, con toda honestidad, yo esperaba que México no tuviera una situación de esta naturaleza. Por supuesto que me gustaría que tuviéramos más Juárez en nuestros haberes políticos, pero creo que, si el precio para tenerlos es el de guerras sangrientas o crisis políticas, sociales o económicas, bien podríamos ahorrárnoslo.

Mi respuesta, empero, me inquietó. A final de cuentas, había contestado algo que sonaba insensato y políticamente incorrecto. La respuesta fácil y "correcta" hubiera sido que México efectivamente necesitaba un político estadista tal como lo define la Real Academia Española, es decir, una "persona con gran saber y experiencia en los asuntos del Estado". En este sentido, el 2 de julio tendríamos que votar por el candidato más cercano a estas características.

Sin embargo, luego encontré una cita memorable del ex presidente norteamericano Harry Truman: "Un político es un hombre que entiende del gobierno; un estadista es un político que lleva muerto quince años". Me pareció genial porque, sin duda, los verdaderos estadistas son aquellos que se forjan siendo buenos gobernantes. El término de estadista en realidad debe aplicarse a políticos veteranos que han tenido una prestigiosa carrera, que ya libraron y resolvieron muchas situaciones complejas y que, sólo entonces, resultan populares entre la población.

Tiene razón Truman: para ser estadista, primero hay que ser buen gobernante. ¿Y cómo se logra esto? De acuerdo con la magnífica obra del Palacio Comunal en Siena, pintada en 1340 por Ambrogio Lorenzetti, las virtudes del buen gobierno son Sabiduría, Justicia, Concordia, Magnanimidad y Paz Social. El próximo domingo uno podría votar en positivo buscando al candidato que tenga la mayor dosis de éstas.

Sin embargo, quizá resulte más importante para el futuro del país votar en negativo, es decir, identificando al candidato presidencial que tenga los atributos que llevan al mal gobierno según el propio Lorenzetti —Poder Omnímodo, Crueldad, Envidia, Rencor, Codicia, Vanidad y Arrogancia—, y sufragar en contra de éste otorgándole el voto al aspirante que tenga más oportunidad de ganarle. En otras palabras, tratar de bloquear la llegada del político que tenga las mayores posibilidades de convertirse en un mal presidente con toda la capacidad de arruinar al país.

En una democracia, los votos positivos y negativos tienen el mismo peso y, para una sociedad preocupada por su destino, son igual de legítimos.

Un español aduce que le quitaron su empresa por no dar sobornos

El español Antonio Torres denuncia seis años de persecución, registros y detenciones ilegales.

JOAQUIM IBARZ
Corresponsal MÉXICO
La Vanguardia (España)
20 de mayo de 2006


"Me han expropiado ilegalmente, me han quitado la empresa por negarme a pagar un soborno de cinco millones de dólares (3,8 millones de euros) que me pidieron altos funcionarios del Gobierno de la capital que decían actuar en nombre de Andrés Manuel López Obrador", afirma el empresario español Antonio Torres.

López Obrador fue alcalde de Ciudad de México y hasta hace un mes era el favorito para ganar la presidencia como candidato del PRD.

Torres, quien acaba de pasar una semana en la cárcel por la acusación de obstruir la actuación de la autoridad, denuncia que le han despojado de su empresa Equipamientos Urbanos de México (Eumex) por no prestarse al chantaje de los altos cargos del Gobierno de la capital, que supuestamente buscaban ingresos económicos para la campaña de López Obrador.

Sin licitación, Eumex pasó a manos de una firma cercana al ex alcalde.

"No licitan nada, no hay transparencia. Quieren entregar el contrato a una empresa que les dé lo que ellos quieran."

"Soy víctima de un expolio, sufro una confiscación como la de Evo Morales con Repsol en Bolivia, sin garantías jurídicas."

"Los tribunales me han dado la razón en 25 procesos, pero no acatan los fallos."

"Piensan que pueden hacer lo que quieran porque se sienten dueños y propietarios del Gobierno del DF", señala Torres.

Eumex ha invertido en México unos 35 millones de euros, la mayoría en el Distrito Federal (DF), donde ha instalado 2.500 modernas marquesinas en las paradas de autobuses que llevan un soporte publicitario con el que se financia el montaje y el mantenimiento.

Tras la incautación de las marquesinas, los anuncios que gestionaba Eumex fueron sustituidos por propaganda política a favor de López Obrador, lo que los partidos PAN y PRI consideran ilegal.

Las autoridades de la capital demandaron a Eumex por el supuesto incumplimiento de compromisos fiscales y por no pagar la luz que consume, pero los jueces dictaminaron que cumple con todas sus obligaciones legales.

Torres, que dice haber soportado seis años de persecución, registros de oficinas y detenciones ilegales, señala a La Vanguardia que "cada vez que las autoridades pierden un juicio se incrementa el hostigamiento hacia la empresa y sus trabajadores".

Pese a la gravedad de la acusación, Torres no quiere explicar detalles sobre la supuesta petición de dinero por enviados de López Obrador, algunos de ellos funcionarios en ejercicio del Distrito Federal.

"No puedo decir que López Obrador me haya pedido dinero directamente, pero sí sostengo que en nombre suyo vinieron a pedirme dinero."

"Espero que me pongan una demanda por difamación y entonces daré los detalles del intento de soborno."

"Responderé ante los tribunales de justicia si López Obrador se querella contra mí. Espero que lo haga", señala Torres.

El empresario subraya que las autoridades del DF "quieren el contrato de Eumex".

"No hemos parado de recibir ofertas que en realidad son un chantaje", dice.

Torres relata que hace dos meses un connotado empresario cercano al Gobierno del DF le dijo: "Me he reunido con López Obrador. La solución es que me vendas la empresa, soy persona autorizada".

"Me pedía desprenderme de Eumex en condiciones leoninas. Me llegó a decir que le vendiera mi contrato y saliera del país. En esa reunión estaban los representantes de todos los accionistas".

"Si gana López Obrador, acabaremos en la cárcel; pero si no, mucha de esta gente que nos ha hostigado tendrá que responder ante la justicia", advirtió Eduardo Macías, representante legal de Eumex.

Alejandro Encinas, a quien López Obrador cedió la alcaldía de la capital mexicana, afirma que el caso Eumex es "un asunto totalmente concluido".

Dice que ya fue adjudicada la comercialización de la publicidad de las marquesinas, sin ofrecer detalles, y que es "absolutamente falso" que se vaya a beneficiar a "amigos" de López Obrador, como aseguran los directivos
y los abogados de Eumex.