julio 11, 2006

¿Corrompieron a más de 50 mil lopeozobradoristas?

Ciro Gómez Leyva
La historia en breve
Milenio
11 de julio de 2006

Esta vez los datos duros son muy duros. De acuerdo con los números oficiales del IFE y el SIJE (Sistema de Información de la Jornada Electoral), difundidos hoy por MILENIO, la Coalición por el Bien de Todos registró a 235 mil personas para que vigilaran el 96 por ciento de las casillas que se instalarían el 2 de julio. Sin embargo, muchas de ellas no se presentaron a hacer su tarea el día de la votación.
¿Por qué?

El SIJE precisa que la coalición del PRD, PT y Convergencia sólo vigiló 79.4 por ciento de las casillas, lo que significa que dejaron de cuidar 26 mil 878 de las 130 mil 477 casillas abiertas el 2 de julio. Si se cruza el dato de representantes registrados con el de quienes no cumplieron, se tiene un ausentismo de, cuando menos, 50 mil personas. Pero como en una casilla puede haber dos representantes, ese 50 mil se podría multiplicar por 1.1, 1.3, 1.7, o, incluso, por dos. Es decir, podría crecer a 55 mil, 85 mil o, incluso, a 100 mil ausentes. Eso, sin contar a ninguno de los 17 mil representantes generales (coordinan el trabajo de los representantes de casilla y pueden ejercer sus funciones) que podrían haber llenado parte de los
huecos.

Son cifras de escándalo que perfilan una de dos cosas: o a los lopezobradoristas les tenía tan sin cuidado el mítico 2 de julio que prefirieron emplear el domingo en otras cosas, o fueron corrompidos para no presentarse a resguardar las casillas. Si este último fuera el caso, ¿cómo puede la coalición por el Bien de Todos hablar de moralidad electoral si uno de cada cinco de sus soldados rasos era un pequeño bandido?

Hay más datos. Tomo uno. La coalición ha anunciado que impugnará 50 mil casillas, cuando, como se dijo líneas arriba, no tuvo presencia en poco menos de 27 mil. ¿Quiere eso decir que otros 23 mil representantes que sí hicieron acto de presencia, o son muy distraídos, o son analfabetas, o no saben sumar, o no saben defender sus derechos, o también fueron comprados, lo que elevaría el número de corruptos al menos a 75 mil?

Todo lo anterior, desde luego, en el entendido de que en cada una de las casillas donde no hubo gente de López Obrador se llevó a cabo un fraude. En cada una de ellas. Por eso a veces los datos duros son tan duros.

Sembrar la duda

Denise Maerker
denise.maerker@nuevoexcelsior.com.mx
Atando cabos
Excelsior
Martes 11 de Julio del 2006

Decir que en México se ha cometido un fraude, no es cualquier cosa. Es una palabra cargada de significados y de historias dolorosas. En nuestro país sabemos lo que es un fraude electoral; prácticamente nacimos sabiéndolo. Todos conocemos miles de anécdotas de cómo se manipulaban las elecciones, los mayores de quince años entendemos los términos de la política electoral de entonces: el ratón loco, las urnas embarazadas, los muertos que votan, la desaparición de boletas, el padrón rasurado.

Por eso, y porque desde hace más de diez años hemos invertido una fortuna en desterrarlo de nuestro vocabulario, es penosísimo oír de nuevo esa palabra. ¡Que hubo errores humanos; que es sorprendente el comportamiento del PREP; que los Consejeros la regaron más de una vez! Pues sí, pero hablar de fraude, es otra cosa.

El sábado pasado, por primera vez, López Obrador dijo esa funesta palabra refiriéndose a la elección del pasado 2 de julio, lo hizo primero frente a los corresponsales extranjeros y después en el Zócalo frente a miles de personas.

¿A qué se refieren exactamente cuando hablan de fraude? En el Zócalo Andrés Manuel dijo que es fraude lo que se desprende de las conversaciones telefónicas que dio a conocer entre Elba Esther Gordillo y el gobernador de Tamaulipas. No sé si escuchamos lo mismo, yo más que fraude oí una demostración de simple oportunismo. ¿A qué se refieren entonces? Por el momento han dado varios argumentos: Claudia Sheinbaum dice que encontraron diferencias entre los datos de las casillas que están en la base de datos del PREP y las del cómputo distrital, dice que en 30,021 casillas los datos no coinciden. Efectivamente son muchos, pero dónde está el dolo, la mala fe. Hablar de fraude es imaginar y finalmente demostrar que los errores en el llenado de las actas o en la captura de los datos no son simples errores humanos sino el resultado de una acción concertada para perjudicar a López Obrador quitándole sistemáticamente votos. ¿Quiénes fueron? ¿Cómo es que tantas personas pudieron estar coludidas? No sé.

El equipo de Andrés Manuel también dice que presumen que hubo un programa que le atribuía a Felipe Calderón la mayoría de los votos que emitieron los ciudadanos a favor de Roberto Campa. Le pregunté a Claudia cómo pudo darse semejante programa sin que fuera detectado por sus representantes de casilla o en el momento de los cómputos distritales y me respondió: "Por lo menos te voy a sembrar la duda. Llama mucho la atención que independientemente de donde fueran llegando las casillas Campa tenía siempre el mismo porcentaje de la votación…". Lo revisé, en las encuestas dadas a conocer antes de la elección se veía una diferencia importante entre las intenciones de voto por el PANAL a la Presidencia y al Congreso.
En fin.

La palabra está dicha y la duda efectivamente sembrada.

Yo no sé si ganó Felipe Calderón ni me toca a mí determinarlo. Sé que la estructura que se instaló el 2 de julio para recibir y contar nuestros votos no tiene nada que ver con lo que operaba en la época de los fraudes. Yo no sé si el día de la elección no se hicieron trampas, lo que sí sé es que nadie ese día habló de embarazo de urnas ni de violaciones flagrantes a la ley. Sé que en todas las casillas había ciudadanos y representantes de los partidos. Yo no sé si los ciudadanos que participaron ese día hayan sabido llenar las actas de forma adecuada, sí sé que las probabilidades de que muchos se hayan puesto de acuerdo para perjudicar a uno solo de los contendientes es bajísima.

Sé que el mismo 2 de julio los datos de las encuestas de salida nos hablaban de una sorprendente, al menos para mí, ventaja de Felipe en las elecciones. Sé que por lo cerrado de los resultados ningún medio se aventó a dar sus datos esa noche. Sé que el resultado del conteo rápido del IFE coincide con el del cómputo distrital.

No sé si hubo fraude, sólo puedo decir que no veo cómo se pudo haber cometido. Y eso, evaluar las pruebas que se presenten, será tarea del Tribunal. Lamento mucho, muchísimo, que antes de que eso ocurra, la duda haya quedado sembrada. Nos costó años construir instituciones que nos permitieran desterrar el fraude electoral de nuestras vidas, ha sido simple cuestión de días y de unas cuantas suposiciones para volver a sembrar la duda y la sospecha.

¡Es una lástima para todos!