julio 14, 2006

Silva-Herzog Márquez afirma que López Obrador desmanteló el PRD y aniquiló a la izquierda; está desquiciado, dice

Fran Ruiz
La Crónica de hoy
Viernes 14 de Julio de 2006

Lo compara con Carl Schmitt, el ideólogo del nazismo

El autor del ensayo La idiotez de lo perfecto reconoce a Andrés Manuel López Obrador en el retrato que realiza de Carl Schmitt, el ideólogo del nazismo que defiende al caudillo como líder que se apoya en las masas para derribar las instituciones. “Esa es la estrategia del candidato perredista, me asusta terriblemente”.

“Ojalá dejen atrás la mitología del hombre fuerte”

“El PRD tiene que replantearse lo que debe ser la izquierda en la actualidad, ojalá dentro del partido se expresaran ahora con mayor libertad voces que dejen atrás el discurso populista y la mitología del hombre fuerte, del gran caudillo, y que pongan su reloj con el tiempo de la izquierda contemporánea del mundo”.

La cita era para abordar su último libro, La idiotez de lo perfecto, y lo que significa la política para cinco pensadores, pero, con la que está cayendo encima, la pregunta es inevitable:

—¿Qué opina de esta crisis pos-electoral mexicana?

—Andrés Manuel López Obrador está desquiciado y no entiende a razones; sufre una paranoia terrible que lo lleva a acusar a todo el mundo de traidor, me parece realmente peligroso.

—¿Cómo se puede frenar?

—Espero que alguien en el PRD reaccione y haga que entre en razón. Creo que el partido fue uno de los ganadores de la elección y sus actores principales deberían intervenir y ayudar a moderar a López, porque pensar que hubo fraude como dice verdaderamente no tiene pies ni cabeza.

—¿Está pensando en alguien del PRD?

—No pienso en nadie, sólo que deberían replantearse lo que es la izquierda en la actualidad, ojalá se expresaran voces que dejen atrás los mitos nacionalistas y el populismo, que dejen atrás la mitología del hombre fuerte, del gran caudillo, que apueste a los programas y las ideas, y que pongan su reloj con el tiempo de la izquierda contemporánea del mundo, como la izquierda española, la chilena o la brasileña, y no tengan su reloj con esa izquierda de los tiempos de oro del PRI.

—¿Y los que piensan, como Le Monde, en Marcelo Ebrard como el nuevo líder de la izquierda mexicana?

—No sé que vida pueda tener Ebrard dentro el PRD si es que López Obrador gana la Presidencia, cosa que considero bastante poco probable. No creo que pueda asumir algún tipo de liderazgo.

—Porque López es el líder absoluto del PRD ¿no?

—Peor que eso, porque López es el líder de la izquierda populista y nostálgica. En realidad López Obrador desmanteló al PRD y a la izquierda mexicana, la aniquilo; incluso se apropió lamentablemente del nacionalismo, que formaba parte del universo imaginario del conservadurismo, para crear una izquierda reaccionaria.

—Has hablado de populismo, ¿cómo se refleja en AMLO?

—Cuando dice que la gente está por encima de las instituciones; mejor dicho, cuando dice que la gente está en contra de las instituciones. Esto es populismo propio de un caudillo que se apoya en la gente. López Obrador está siguiendo lo que diría cualquier manual del populista.

—¿En qué observamos que está aplicando este manual?

—Cuando no le hace caso a los resultados electorales y al árbitro electoral, cuando amenaza que no le va a hacer caso al Tribunal (Electoral del Poder Judicial de la Federación –TEPJF-), cuando convoca a la gente para que se comuniquen con el caudillo a través de asamblea. Todo eso es lo que plantea el primer autor de mi libro, Carl Schmitt, la idea del caudillo como líder que se apoya en las masas para derribar las instituciones. Por eso López Obrador me asusta terriblemente.

—Y retomando su obra La idiotez de lo perfecto, retrata a cinco hombres que meditaron sobre la política, ¿qué otro político mexicano encajaría con alguna de las cinco propuestas?

—De AMLO y su paralelismo con Schmitt, que dice “como no podemos reconciliarnos tenemos que pelearnos los unos a los otros” ya hablé; luego están Michael Oakeshott, Octavio Paz, Isaiah Berlin y Norberto Bobbio, con éste último me identifico porque, siendo socialista, le dijo a la izquierda que se reconciliara con el Estado, que apostara por la racionalidad, la igualdad y la legalidad, las tres banderas de la izquierda moderna, defensora de un Estado democrático moderno, respetuoso de las normas.

Me parece que Calderón podría ser la gran sorpresa agradable de la historia reciente de México, porque creo que representa una posibilidad de modernización dentro de Alianza Nacional. No es el político bronco que fue Vicente fox, que tomó por asalto al PAN, sino que es un hombre que conoce a su partido, que conoce el Congreso y que creo que después de las elecciones ha tenido gestos de cordura, que sus llamados han sido sensibles, sensatos, aunque tiene por delante una tarea muy complicada, por la manera en que desembocaron las elecciones de julio.

Marx y el 2 de julio

Carlos Elizondo Mayer-Serra
Reforma
14 de julio de 2006

Según Marx una vía para hacer la revolución comunista era el sufragio universal. Las democracias burguesas del siglo XIX no les daban el voto a los pobres y a los analfabetas. Bastaba lograr el derecho a que todos votaran. Dado que el proletariado era mayoría, ganaría en las urnas e impondría un nuevo sistema económico.

El movimiento obrero logró el sufragio universal a principios del siglo XX en casi todos los países europeos. Sin embargo, el triunfo comunista a través de las urnas no ocurrió, a lo mucho ganó la socialdemocracia. Para el marxismo-leninismo la explicación de esta incapacidad de lograr mayoría no era el fraude, sino que el proletariado no tenía conciencia de clase y votaba en contra de sus intereses.

Entre creer que son por definición mayoría y que las masas fueron manipuladas se encuentran el PRD y sus aliados. Estimaron que iban a ganar. Ninguna encuesta les daba los famosos 10 puntos, pero su lógica era la siguiente: si hasta la encuesta de Reforma nos da una ligera ventaja, es obvio que estamos arriba y por mucho; los pobres están con López Obrador y éstos son mayoría.

Todo parece indicar que no fue así. La moneda pudo haber caído del otro lado. No haber gritado chachalaca y haber asistido al primer debate quizá le habría permitido ganar. Una lluvia en Iztapalapa el 2 de julio, como la del martes 4, habría reducido la votación a su favor. Así de inciertas son las elecciones cerradas, por lo que se prestan a todo tipo de interpretaciones por parte del perdedor.

Primero fueron los 3 millones de votos faltantes en el PREP. Fue un error de comunicación del IFE, pero el PRD sabía dónde estaba el archivo con las casillas con alguna contradicción o faltante. No descubrieron una trampa secreta. Los supuestos votos faltantes ya se contaron y no cambió el sentido de la votación. Luego vino la fantasía del fraude cibernético. Ya empezarán a circular todo tipo de "pruebas", incluido el supuesto embarazo de urnas registrado en un video, ya negado hasta por la representante del PRD en la casilla.

Si bien hay una batalla mediática respecto a la credibilidad del proceso, sólo el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación puede decir qué pruebas son válidas y cuáles no y si se puede o no contar todo otra vez; para lo cual hay restricciones legales claras. Pero mucho dependerá de que el PRD haya armado un buen caso desde el punto de vista jurídico, mucho más sólido que lo exhibido públicamente.

El fraude en el conteo es la primera crítica. Le segunda es la manipulación de las conciencias. Fue el voto del miedo, los medios de comunicación estuvieron en contra; si los pobres tuvieran verdadera conciencia de su situación, habría ganado López Obrador.

El problema de la falsa conciencia es que corta por ambos lados. Un pobre que vota por un milagroso aumento del 20 por ciento en sus ingresos, ¿vota bien informado? Entre el paraíso prometido por López Obrador y el infierno que hubiera sido su triunfo según Calderón, ganó por un pequeño margen el segundo. Pero si nosotros vamos a decidir quién votó engañado, qué piensa realmente el pueblo, debiéramos ser honestos y decir que el ciudadano no debe votar puesto que es manipulable y buscar un método para elegir gobernante mejor que el voto, algo que nadie ha encontrado.

Falta ver qué dice el Tribunal, pero los retos de un futuro gobierno de Calderón serían muchos. Más fácil habría sido para López Obrador. Por nuestra historia, por el absurdo desafuero, porque su base de apoyo son fundamentalmente los sectores con menores ingresos, una nueva alternancia era más creíble. Además, para convencer de que no era un peligro bastaba ser muy prudente en el arranque.

¿Cómo puede Calderón cumplir con las desbordadas esperanzas de los sectores que votaron por López Obrador -mismas que quedarán como posibles en la mente de sus votantes-? El reto más grande es cómo lograr, al mismo tiempo, una mayor distribución de la riqueza y un crecimiento más acelerado tomando en cuenta esa globalización que López Obrador siempre despreció en sus alegres promesas. Deberá hacer un esfuerzo por sumar a otras fuerzas políticas, pero con instituciones poco propicias para la colaboración. Tendrá que hacer todo lo posible para que el gobierno no sea ni sea visto, por parafrasear a Marx, como el comité de administración de la burguesía.

"Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa". Son palabras de Marx. Comparar el 88 con el 2 de julio es una farsa. El 2 de julio no se calló ni se cayó el sistema. Sólo hubo una votación muy cerrada.

El Tribunal está para esclarecer todas las presuntas irregularidades que presenten en tiempo y forma los partidos. Éstos, para reconocer su decisión; aunque fuera por un voto de diferencia, como todos lo dijeron antes de la elección. Están tan crispados los ánimos tras una campaña donde se dijeron de todo, que parece fácil justificar el no acatar la determinación del Tribunal. Pero sin instituciones para mediar el conflicto, ponemos en riesgo lo que con tanto dinero y esfuerzo hemos construido.

Los derrotados

Elba Esther Gordillo logró derrotar a Roberto Madrazo a través de una carambola política, y hoy domina al PRI

Ezra Shabot
Reforma
14 de julio de 2006

Las elecciones del pasado 2 de julio dejaron un número importante de derrotados, los cuales requieren encontrar una salida a la frustración, sin violentar la ley y adaptándose al resultado de las urnas. Los primeros que lo han hecho en forma clara son los priistas. Hundidos en la peor de todas sus crisis, los tricolores asumen con claridad los resultados de una contienda que les demostró el costoso error de haber permitido que el presidente del partido fuese, no sólo el candidato, sino el único negociador de posiciones a partir de una lógica excluyente y por lo tanto suicida. Hoy, Madrazo sólo puede pedir inmunidad ante la derrota, a cambio de entregarles el partido a sus adversarios y aceptar sus condiciones.

Los gobernadores priistas del norte del país, quienes operaron a favor de Calderón y de los candidatos del PRI al Congreso, son hoy, junto con Elba Esther Gordillo, los nuevos dueños del maltrecho aparato partidario tricolor. La profesora actuó con el sentido maquiavélico más refinado y consiguió reventar a un Madrazo considerado como un as en el manejo de la política. La maestra armó no sólo su propio partido e impuso a Roberto Campa como ariete central, sino que apoyó a Calderón e incluso impulsó a sus candidatos dentro del PRI. La carambola de muchas bandas le funcionó, y hoy espera cobrar los frutos de su atinada estrategia.

Es por eso que, en un lapso relativamente corto, el PRI pasará a poder de los antimadracistas y negociará con Calderón un nuevo pacto de gobierno que podría darle al panista la mayoría necesaria para impulsar las primeras reformas económicas y políticas. Por otro lado, el Partido de la Revolución Democrática se alza con una victoria que no incluye la carrera presidencial. Tanto en diputados, en senadores y en el Distrito Federal, el triunfo perredista es resultado del extraordinario trabajo de operadores políticos como Ricardo Monreal, del propio Marcelo Ebrard en la capital del país, y sin duda de la figura fundamental del PRD: Andrés Manuel López Obrador.

Sin embargo, la derrota de AMLO por una mínima diferencia ha obligado al partido en su conjunto a radicalizar el discurso, y a poner en peligro lo alcanzado hasta este momento. La descalificación del IFE, que surge desde la elección de los actuales consejeros, los cuales no fueron aceptados por el PRD, supone el cuestionamiento de todo el sistema electoral mexicano. Es decir, ni el IFE ni sus instrumentos de credibilidad institucional, como lo son su Conteo Rápido, el Programa de Resultados Preliminares (PREP), el recuento de los Consejos Distritales, son suficientes para determinar un ganador en una contienda cerrada.

El siguiente paso para el PRD es trasladarse al Tribunal Electoral, no para denunciar irregularidades, sino para pedir lo imposible y lo ilegal. Abrir todos los paquetes electorales para realizar un recuento sin los controles propios del ejercicio ciudadano del 2 de julio, y con ello provocar no el triunfo de su candidato, sino la anulación de la elección presidencial. Es esta la apuesta del extremismo político e ideológico de un demagogo iluminado como López Obrador, capaz de tirar por la borda el triunfo de su partido. El Tribunal Electoral está sometido a grandes presiones, pero no tiene otra alternativa que ajustarse a la ley, y abrir únicamente aquellos paquetes en los que considere se violaron las disposiciones de la legislación vigente.

No existe otra posibilidad. Los grupos de intelectuales y comunicadores que demandan la apertura de todos los paquetes electorales colaboran con la destrucción de un sistema electoral sólido y creíble, más allá de los errores que por inexperiencia se cometieron el día de la elección. De hecho, apoyan un golpe de Estado, en aras de satisfacer las ambiciones de aquellos que en las urnas, fueron derrotados.