julio 23, 2006

Acaba en riña elección de PRD en Tabasco


Carlos Marí
Grupo Reforma

Lanzan piedras consiguiendo romper el cerco y llegar hasta las puertas del lugar de la convención de delegados

Villahermosa, México (23 julio 2006).- Mientras que Andrés Manuel López Obrador pide a sus seguidores protestar pacíficamente por los resultados de la reciente elección presidencial, un grupo de perredistas de Tabasco protagonizó este domingo una pelea entre sí, que dejó seis lesionados.

Desde el martes, el Partido de la Revolución Democrática en la entidad determinó suspender la convención de delegados de Teapa para elegir a su candidato a Alcalde; el encuentro será trasladado a esta capital como medida de seguridad, luego de brotes de inconformidad suscitados en ese municipio.

La dirigencia perredista instaló un "grupo de logística", conformado por 50 personas, para resguardar la sede de la convención, pero uno de los aspirantes a la Alcaldía, Germán García, quien reclama elección por consulta abierta, arribó con otro grupo, que en dos ocasiones desató violencia y provocó que la convención abortara.

"Si bien el PRD de Tabasco es apasionado y gritón, ese grupo que encabezó la agresión no es del PRD, sino uno que envió un aspirante inconforme para causar destrozos e inhibir la participación de los delegados en la convención", dijo Juan Manuel Ávila, presidente del Servicio Electoral Nacional del PRD.

En la primera zacapela, al filo de las 08:30 horas, y cuando la convención apenas iniciaba, los inconformes fueron repelidos.

En la segunda, registrada tres horas después, lanzando piedras consiguieron romper el cerco y llegar hasta las puertas del lugar de la convención, donde rompieron las puertas, mientras que aún se encontraban dentro unos 250 delegados.

Apenas cedió el zafarrancho, los delegados abandonaron las instalaciones.

Estiman inviable el voto por voto

Alberto Aguirre y Víctor Fuentes
Reforma

Estiman que en el caso de esta elección no existen razones para llegar a tales extremos

Ciudad de México (22 julio 2006).- Abogados expertos en derecho electoral apuntaron que sería "jurídicamente inviable" que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) permita el recuento, voto por voto y casilla por casilla, de los casi 42 millones de sufragios emitidos en la elección del 2 de julio.

"Jurídicamente es inviable la apertura de todos los paquetes y no podemos dejar pasar que los perredistas sólo impugnaron el 40 por ciento de las casillas, por lo que (los magistrados) no deberían permitirlo", planteó María del Carmen Alanís, experta en derecho electoral y ex secretaria ejecutiva del IFE.

Sin embargo, si el tribunal lo considerase "indispensable", podría acceder a esa petición, pero insistió en que el sistema jurídico no contempla un mecanismo para recontar voto por voto.

A los argumentos jurídicos, Fernando Franco-González Salas, ex magistrado presidente del tribunal electoral, agregó los problemas logísticos y operativos para recontar los votos.

"Esto implicaría que el tribunal sustituyese a toda la estructura de la jornada electoral, donde participaron cerca de un millón de ciudadanos, y también a la estructura distrital del IFE que hizo los cómputos. Esto debe ser meditado con mucho cuidado por los magistrados", advirtió.

Señaló que en una primera revisión del juicio de inconformidad promovido por la Coalición por el Bien de Todos, los magistrados le solicitaron a dicha alianza anexar sus escritos de protesta, lo que fue interpretado por Franco-González Salas como un "primer indicio" de su apego a la Ley de Sistema de Medios de Impugnación, que no contempla la apertura total de las casillas.

Para Lorenzo Córdova Vianellio, coordinador del departamento de Derecho Electoral del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, tanto la apertura total de las casillas como una declaratoria de no validez de la elección presidencial "teóricamente" son posibles, aunque no estén previstas en la legislación vigente.

Estimó que en el caso de esta elección no existen razones para llegar a tales extremos.

Edgar Corzo, director de la Revista Mexicana de Derecho, asumió que incluso un recuento parcial sería limitado.

Consultados por REFORMA, los expertos vieron poco probable que el TEPJF rechace, por improcedente, el juicio de inconformidad presentado por la Coalición por el Bien de Todos para la elección presidencial. Pero, si lo declara improcedente, automáticamente quedaría confirmado el triunfo de Felipe Calderón.

Coinciden en recomendar que los magistrados accedan a la apertura de casillas impugnadas por el PRD en 227 de los 300 distritos electorales.

John M. Ackerman, coordinador del Programa de Legalidad, Estado de Derecho y Rendición de Cuenta de la Flacso-México, insistió en que los magistrados deben estudiar la causal abstracta invocada por los perredistas, que implica anular la elección.

Pipis y gañas

Democracia secuestrable

Enrique Krauze
Reforma
23 de julio de 2006

Para ilustrar el argumento ad terrorem con el que las ideologías totalitarias imponían su verdad a la sociedad, el filósofo polaco Leszek Kolakowski contaba una fábula: dos niñas emprenden una carrera en un parque; la que va atrás exclama continuamente, a grandes voces, "¡voy ganando!, ¡voy ganando!", hasta que la que lleva la delantera abandona la carrera y se echa a llorar en brazos de su madre, diciendo: "no puedo con ella, siempre me gana".

Sin el desenlace, algo similar está ocurriendo en México. Tras una jornada electoral libre, ordenada y pacífica en la que sufragaron 42,249,541 mexicanos cuyos votos fueron computados en 130,477 casillas por 909,575 ciudadanos (no funcionarios), el candidato del PRD a la presidencia, Andrés Manuel López Obrador, resultó perdedor por un margen de 0.57%, equivalente a 240,822 votos, frente al candidato del PAN, Felipe Calderón. Los números del sistema electrónico de conteo preliminar, avalado por la Universidad Nacional Autónoma de México, coincidieron con el recuento final efectuado en los 300 distritos electorales que concentraron las actas de las casillas. Fuera del resultado adverso en la elección presidencial, en la misma jornada electoral el PRD logró convertirse en la segunda fuerza en el Poder Legislativo (aumentando considerablemente su posición en ambas Cámaras) mientras que su candidato a la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, triunfó con el 47%. Por si fuese poco, el PRD arrasó con casi todos los puestos ejecutivos (las delegaciones en las cuales está dividido el Distrito Federal) y en la Asamblea Legislativa del propio Distrito Federal.

Esa es la realidad que atestiguaron 1,800 consejeros distritales, 970,000 representantes de todos los partidos, 24,769 observadores nacionales y 639 internacionales. No obstante, y a pesar de que Andrés Manuel López Obrador considera válidas las elecciones que produjeron triunfos nunca vistos para su partido, no acepta su derrota personal. Dado el estrecho margen de la elección presidencial, ha decidido ejercer su derecho a impugnar los resultados en el Tribunal Electoral de la Federación. Esta instancia final e inapelable será la que decida, en un plazo cuya fecha límite es el 6 de septiembre próximo, cuáles irregularidades reclamadas son válidas, en cuáles casillas procede o no un recuento de los votos, y cuál es el resultado final de la elección presidencial.

Si el candidato del PRD se hubiese limitado a instrumentar esa estrategia jurídica, su actitud no habría dañado inadmisiblemente el proceso electoral ni socavado a la frágil democracia mexicana. Pero, como era previsible, López Obrador no podía conformarse con una estrategia legal, que él mismo, despectivamente, ha llamado "formal". Tal y como ha hecho a lo largo de su vida, él tenía que ir por más, ir por todo, y es allí donde encaja la fábula de Kolakowski: tenía que recurrir al argumento ad terrorem para lograr su propósito.

Como la niña del cuento, sabedor desde el 2 de julio por la noche de que las tendencias no le favorecían, acudió al Zócalo para declarar: "Hemos ganado la presidencia de la república". Días más tarde, luego del recuento oficial que en el mismo sentido hizo el Instituto Federal Electoral (organismo ciudadano autónomo que, revirtiendo una larga historia de fraudes, desde 1996 organiza con éxito y probidad las elecciones en todos los niveles federales), López Obrador congregó al "pueblo" a una "asamblea", en la que llamó a Fox "traidor a la democracia", y utilizó la palabra más ominosa del diccionario político mexicano: la palabra "fraude". Esta descalificación de la institución electoral (que acababa de dar el triunfo a cientos de sus candidatos) y los discursos incendiarios que han seguido desde entonces, hasta culminar en un llamado "a la resistencia civil", representan una táctica nada "formal"; representan precisamente el recurso ad terrorem aplicado con un riesgo enorme para la paz de México.

Además de proclamarse vencedor, insultar al presidente Fox, amenazar a Felipe Calderón y a su familia, llamar delincuentes a los funcionarios del IFE, considerarse traicionado por miembros de su propio partido y adelantarse al veredicto del Tribunal Electoral, López Obrador ha echado mano de un repertorio digno de una novela de Orwell. Irregularidades aisladas, presuntas y, en todo caso, no dictaminadas por el Tribunal, son presentadas al público como evidencia palmaria de que todo el proceso estuvo viciado, ignorando el testimonio de los observadores extranjeros y de millones de mexicanos. Cuando sus propios representantes de casilla negaron la supuesta irregularidad que López Obrador pretendió demostrar en un video, el líder aseguró que fueron "comprados". A la mentira aúna la contradicción (del fraude "cibernético" a su negación: el fraude "a la antigüita"), la inconsistencia (aunque pide "abrir todas las casillas y contar voto por voto", ante el Tribunal Electoral sólo presentó impugnaciones en el 39% de las casillas) y la calumnia (de existir un millón y medio de boletas "robadas", el hecho implicaría que miles de representantes del PRD son delincuentes electorales). El daño causado a nuestras instituciones electorales puede ser irreversible. Ante la andanada ad terrorem, ¿qué ciudadano querrá en el futuro participar en una casilla?

Pero lo más preocupante, desde luego, es que López Obrador ha convocado a movilizaciones de centenares de miles de personas en toda la república "en defensa de la "democracia", la misma democracia cuyas instituciones ha puesto en entredicho. Si bien ha insistido en que las marchas serán "pacíficas" y "no caerán en provocaciones", sabe muy bien que en el actual ambiente de extrema polarización, la provocación puede provenir de cualquier lado. Para calibrar sus intenciones no hace falta ser adivino, él mismo lo ha expresado con todas sus letras, y es preciso creerle: él nunca aceptará un resultado adverso, ni de los votantes, ni del Tribunal Electoral; él "ganó la presidencia" e irá "tan lejos como la gente quiera".

"La gente", "el pueblo", no son, por principio, los 27,034,972 mexicanos de todas las clases que no votaron por él; no son siquiera los 14,756,350 ciudadanos que lo apoyaron en las urnas. "La gente", "el pueblo", son aquellos que puede movilizar en las calles y plazas del país, y que lo ven como él se ve a sí mismo, como el Mesías de México. ¿Y quién interpreta los deseos de ese "pueblo", depositario de la ley natural y divina, no de la despreciable ley escrita por los hombres? El líder carismático que encarna la Verdad, la Razón, la Historia y el Bien, el líder que prometió salvar a México de la opresión, la desigualdad, la injusticia y la miseria, el que "purificará la vida nacional": Andrés Manuel López Obrador.

El mundo ha visto muchas veces esa película. Es el huevo de la serpiente dictatorial. Un hombre impermeable a la verdad objetiva, un Mesías que se ha proclamado "indestructible", pretende secuestrar la democracia mexicana y, de no obtener el rescate exigido, incendiar al país. No exagero. De hecho, el vocero del PRD, Gerardo Fernández Noroña, declaró hace unos días a Los Angeles Times que, en última instancia, está abierta la vía de la "insurrección". Pero en una democracia (y México es ahora una democracia, aunque su larga historia se empeñe en desmentirlo) no son las teas ardientes, los comités de salud pública, ni los líderes iluminados los que deciden: es el voto ciudadano, es el imperio de la ley.