julio 25, 2006

Beligerancia

Sergio Sarmiento
Reforma
25 de julio de 2006

"No hay nada peor que la agresividad estúpida". Johann Wolfgang von Goethe


El PRD obtuvo en las pasadas elecciones del 2 de julio una gran oportunidad. Los electores moderados, aquellos que no votan usualmente por ese partido, estuvieron dispuestos a dejar atrás la tradicional imagen de beligerancia de los perredistas. De esta forma, el PRD duplicó su participación en el Congreso de la Unión y estuvo a punto de capturar la propia Presidencia de la República.

Éstos son triunfos enormes para el principal partido de izquierda de nuestro país, pero que pueden desmoronarse como consecuencia de la nueva agresividad de las protestas perredistas ante el resultado de la elección presidencial.

Nadie cuestiona las impugnaciones legales sobre la elección presidencial. El sistema electoral de nuestro país -el que tanto ha cuestionado ahora la alianza Por el Bien de Todos pero que el PRD ayudó a construir en su momento- establece un sistema muy claro que avanza gradualmente del conteo del voto por parte de los ciudadanos y la suma de las actas por los consejos de distrito hasta la calificación de la elección por parte del Tribunal Electoral. La impugnación de irregularidades es una parte esencial del sistema.

El problema no radica, pues, en las impugnaciones sino en el cuestionamiento de la honestidad de toda la elección. Esto se lleva por delante a los cientos de miles de ciudadanos que participaron como funcionarios de casilla o como representantes de partidos. Otro problema es el recurso a marchas y bloqueos que van más allá de la simple expresión de agravios, ya que toman como rehén a la sociedad para presionar a los magistrados del Tribunal Electoral, al PAN y a las autoridades federales.

Los dirigentes perredistas no han podido dejar atrás los instrumentos de los partidos corporativistas, fascistas o comunistas que se sirven de las movilizaciones de masas como una forma de presión a las instituciones. En esto el PRD está demostrando ser igual al viejo PRI que, por ejemplo, movilizó en 1982 a cientos de miles de personas en apoyo a la estatización de la banca por el presidente José López Portillo.

Pero entre más regresa el PRD a las tácticas corporativistas, más pierde la oportunidad de demostrar que está realmente comprometido con la democracia. Esto lo habría logrado si hubiese aceptado las reglas del proceso electoral y presentado sus impugnaciones en los términos que marca la ley, pero manteniendo el respeto a los funcionarios del IFE, a los ciudadanos que fungieron como funcionarios de casilla y a los representantes de partidos en las secciones. Lo que estamos presenciando en este momento, especialmente conforme vemos que cada prueba del supuesto fraude se desmorona, es a un candidato perdedor y a su partido que simplemente no están dispuestos a aceptar una derrota en una competencia democrática.

No hay duda de que un número importante de simpatizantes del PRD se sienten entusiasmados con el movimiento de protesta encabezado por López Obrador. Podrá cuestionarse si realmente 1.1 millones de mexicanos participaron en la marcha al Zócalo del 16 de julio, pero no hay duda de que el PRD ha demostrado una vez más su gran capacidad de movilización de masas. No sé tampoco cuántos simpatizantes logrará reunir Andrés Manuel este 30 de julio, en su nueva "asamblea informativa", pero el número será nuevamente muy grande.

Sin embargo, no importa cuántas personas se acomoden este próximo domingo entre el Museo de Antropología y el Zócalo, no rebasarán el número de votos que recibió Felipe Calderón ni los que obtuvieron López Obrador o incluso Roberto Madrazo.

El problema al que se enfrentan Andrés Manuel y el PRD es que las marchas que generan entusiasmo entre los ciudadanos más radicales tienden también a alejar a los más moderados. Y si bien resulta claro que López Obrador consiguió la mayor parte del voto de la izquierda radical este 2 de julio, su resultado excepcional, ése que lo dejó a un cuarto de millón de votos del triunfo en la carrera presidencial, es producto del número de sufragios moderados que logró atraer.

El PRD debería estar aprovechando al máximo el resultado electoral de este 2 de julio, como lo ha planteado el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, para convertirse en una oposición sensata y lista para prepararse para gobernar. En lugar de eso está echando por la borda el capital obtenido en la campaña y está reavivando su imagen de partido intransigente y beligerante.

Si el PAN consiguió una parte importante de sus avances electorales con una campaña que presentaba a López Obrador como un peligro para México, y que la alianza Por el Bien de Todos consideró difamatoria, hoy es López Obrador el que insiste en presentarse nuevamente como un riesgo para el país. Y esto ocurre porque se percibe que está rechazando los principios fundamentales de la democracia.



Gamboa

La elección de Emilio Gamboa como coordinador de los diputados del PRI es muy importante. El PRI será el partido bisagra en la próxima legislatura. Su voto resultará crucial para la aprobación y rechazo de legislación. Gamboa ha mantenido un papel protagónico en la política nacional más tiempo que nadie. Desde el momento en que fue secretario particular del presidente Miguel de la Madrid, ha logrado mantener siempre cargos importantes en el sistema político. Y esto se debe, fundamentalmente, a que es un político pragmático.


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