agosto 03, 2006

LA LUCHA NO VIOLENTA POR LA DEMOCRACIA

María Elena de la Rosa Vázquez
Revista La Nación
2274
Agosto 2006

La injusticia social, política y económica ha llevado a millones de personas en el mundo a convertirse en actores de movimientos cívicos pacifistas, lo que desde las primeras décadas del siglo pasado se le denominó resistencia civil pacífica y activa.

México, como muchos otros países, tiene en su historia reciente una basta experiencia en este tipo de manifestaciones.

El Partido Acción Nacional ha sido uno de los principales promotores de éstas, como instrumento para la defensa de la voluntad popular en procesos electorales cuando las condiciones políticas de México eran totalmente diferentes a las actuales, por lo menos en cuanto a elecciones presidenciales.

De ello dan cuenta a La Nación el senador por Durango Federico Ling Altamirano; el secretario de Doctrina del Comité Ejecutivo Nacional del PAN, Salvador Abascal Carranza, y Raymundo Gómez Ramírez, ex coordinador nacional de la Resistencia Civil Pacífica y Activa (Recap) que lideraba el Partido desde hace poco más de 20 años.

Los consultados reconocieron que los movimientos cívicos en los que participaron contribuyeron a alcanzar reformas importantes en el terreno electoral, a abrir los espacios de discusión política y a consolidar la confianza ciudadana en las instituciones públicas.

El Centro de Documentación e Investigación del PAN (CedisPAN) tiene en su archivo importantes testimonios de aquella lucha que los líderes y militantes panistas libraron ante la imposición de autoridades del régimen priista: convocatorias a la protesta, la negociación, pero sobre todo al reclamo pacífico de la verdad.

Aglutinar fuerzas
Para hablar de la trascendencia de la Recap en la vida interna del Partido, el ahora funcionario estatal de Educación en Querétaro, Raymundo Gómez Ramírez, dijo que ésta aglutinó experiencias que el mismo PAN había vivido desde su fundación.

A partir de entonces, 1939, Acción Nacional fue creando mecanismos de participación ciudadana para denunciar fraudes electorales e injusticias sistemáticas por parte de un régimen antidemocrático, autoritario, precisó el Coordinador Operativo de la Unidad de Servicios para la Educación Básica del Estado de Querétaro (USEBEQ).

Y lo que ocurrió a partir de la década de los ochenta fue la integración formal de un sistema -“una herramienta de lucha”- que empezó a dar frutos en la medida en que se abrieron a todo el espectro ciudadano los reclamos de justicia.

La Recap tuvo un papel fundamental en la defensa de la elección presidencial en 1988, cuando Manuel J. Clouthier participó como candidato del PAN. Entonces el Partido no estaba solo en la lucha, otras organizaciones apoyaron el movimiento.

Desarrollo Humano Integral A.C. (DHIAC), partidos como la Coalición Democrática Potosina, de la Revolución Democrática, sindicatos, agrupaciones de padres de familia, entre muchas otras instancias salieron a las calles para reclamar que los derechos cívicos y políticos se respetaran en diferentes fechas y lugares.

Lucha sin violencia
“La no violencia es una acción política moderna... un medio para liberalizar a un pueblo o a un grupo social de la acción injusta del poder, sea éste político, económico o social”, señaló Luis H. Álvarez Álvarez en un artículo recopilado por la publicación semestral de la Fundación Rafael Preciado Hernández, Propuesta, en agosto de 1999.

Quien en repetidas ocasiones padeció el autoritarismo, Álvarez Álvarez precisó en su escrito que la no violencia tiene como raíz una exigencia moral, “es un reclamo por la incon-gruencia existente entre un orden injusto y la prédica del gobernante o de la ley”.

En sus oficinas, el senador Federico Ling narró a La Nación las innumerables acciones de resistencia civil que el Partido encabezó en aras de lograr un sistema político, pero sobre todo un orden social más justo.

Para Ling Altamirano y Luis H. Álvarez, el norteamericano Henry David Thoreau (1817-1862) es quizá el primer teórico de la resistencia civil, en aquel momento llamada “desobediencia civil”.

Según su premisa, la obediencia a la ley no obliga al ciudadano cuando ésta es injusta y la razón de tal postura es la incongruencia o la discrepancia entre el decir y el hacer, “entre las ideas que se profesan y el ejercicio del poder”.

Entre los políticos de oposición también circuló el libro The Politics of Non-Violent Action (Políticas de Acciones no Violentas) de Gene Sharp.

Movimientos pacíficos como los de Mahatma Gandhi, Martin Luther King, y del literato ruso León Tolstói inspiraron a ciudadanos de muchos otros países.

Las teorías y la filosofía de la acción no violenta llegaron también a México desde las primeras décadas del siglo XX, pero hasta los ochenta se expresaron en toda su dimensión como resultado del, entonces sí, fraude electoral sistemático.

Protagonista de acciones de resistencia civil pacífica en Chihuahua, Durango, Nuevo León, Sonora, Sinaloa, Baja California, San Luis Potosí, Yucatán, Acción Nacional enfrentó la situación de planear muy bien las acciones, rememoró Federico Ling Altamirano.

Y es que no es salir a la calle a manifestarse, congregarse, plantarse frente a una oficina de gobierno, ayunar, bloquear carreteras sin una razón de peso. Hay que articular cada acción, planear, contemplar riesgos, metas, pero sobre todo establecer el objetivo que implica estudio y análisis responsable, enlistó el Senador por Durango.

“Durante la resistencia civil del PAN fuimos aprendiendo todo esto paso a paso, hubo quien diseñó la tecnología y quien la aprendió bien. Chihuahua era como la vanguardia y nos iba orientando.

“Tuvimos que aprender casi dolorosamente, es el sistema para prever la represión que pudiera haber ante una acción de resistencia civil”, porque quienes participaron sufrieron golpes, encarcelamiento, repudio social, apuntó Ling Altamirano.

Crear conciencia
Para el secretario de Doctrina del CEN panista, Salvador Abascal Carranza, el objetivo fundamental de la Recap fue crear conciencia ciudadana, “hacerles ver que no estaban solos, que cuando ellos creen en la democracia hay un partido que los respalda, y la otra vía era sensibilizar a la autoridad”.

Coincidió con el Senador en cuanto a que las acciones de la resistencia civil deben ser bien pensadas, y que uno de los primeros ejercicios es hablar con la autoridad, informando siempre qué se pretende y negociar llegado el momento.

Hay una obligación moral, así lo marcan los cánones de la resistencia civil, considerando que se pugna por un cambio, por el reconocimiento de los derechos ciudadanos, por un bien común, supremo, puntualizó a La Nación.

Gracias a la Recap se reconocieron algunas de las victorias del Partido en el terreno electoral, y se contribuyó en gran medida a reformar preceptos constitucionales para garantizar los derechos fundamentales de los mexicanos.

“Hicieron posible que el Partido pusiera en el imaginario colectivo la visión ciudadana de un partido responsable, moderno, que estaba dispuesto a defender sus derechos.

“Con acciones como las de San Luis Potosí -en la que el PAN participó junto con el PRD y la Coalición Democrática Potosina, en 1991- se desconoció al Gobernador electo del PRI”, por lo que el entonces presidente Carlos Salinas de Gortari tuvo que nombrar un gobernador interino, recordó Abascal como un ejemplo claro de las conquistas.

Lo mismo sucedió en esas fechas con la elección de Guanajuato en la que el panista Carlos Medina Plascencia fue nombrado por el Congreso local gobernador interino, luego de intensas acciones de resistencia civil que protagonizó el hoy presidente de México, Vicente Fox Quesada, en su calidad de candidato del PAN al Gobierno del Estado.

Salvador Abascal dimensionó los triunfos de la Recap, tanto electorales como legislativos, cambios estructurales “que han llevado a la sociedad mexicana a reconocer y darle la confianza a Acción Nacional para encabezar el Gobierno de la República”.

“La paz es el camino”
Las formas, los métodos, la intensidad, las acciones, la creatividad, todo tiene que ir engarzado con la paz, con los más elementales valores del ser humano, y en estricto apego a la verdad, a la realidad, concluyeron nuestros entrevistados.

Forjados políticamente en las plazas, codo a codo en una marcha, en la palestra diaria, en la gestión social y humana, en fin, en la resistencia civil, los consultados sostienen que la condición sine qua non para emprender una lucha cívica es la no violencia, el respeto al opuesto y al tercero.

Ling, Abascal y Gómez reflejaron sus anhelos en la frase que inmortalizó el luchador social de nuestros tiempos, Maquío: “Cambiemos a México sin odio y sin violencia”.

Tláloc enfurecido

La coexistencia de la pluralidad política reclama la defensa de las instituciones de nuestra democracia

3 de agosto 2006

El 2 de julio millones de mexicanos fuimos a las urnas para elegir al Congreso de la Unión y al Presidente de la República. En diez estados hubo comicios locales: elegimos a tres gobernadores y al Jefe de Gobierno del Distrito Federal, con sus respetivos congresos locales y decenas de ayuntamientos.

Fueron elecciones auténticas entre partidos y candidatos plurales. Ninguna fuerza política ganó todo y ninguna perdió todo. Nuestra votación nos obliga a vivir y convivir en la pluralidad.

La convivencia y la competencia política civilizadas son el principio y el fin de la democracia. Este es el valor que hoy deseamos refrendar, preocupados por un clima público que puede erosionar lo que tanto trabajo ha costado construir.

Quienes firmamos este documento hemos votado por diferentes candidatos y partidos, pero nos unen las siguientes convicciones que creemos son la base para una coexistencia de la diversidad política tolerante y productiva:

1. Todas las fuerzas que participaron en la elección son legítimas. Expresan las propuestas y esperanzas de diferentes franjas de la sociedad. Esa diversidad es una riqueza que debe preservarse. Las elecciones son el único método que garantiza que sean los ciudadanos los que decidan quiénes deben gobernar y legislar.

2. Durante las campañas sobraron descalificaciones, pero la jornada del 2 de julio fue ejemplar por la participación ordenada de más de 42 millones de votantes. Fueron instaladas prácticamente todas las casillas por más de 500 mil ciudadanos sorteados y capacitados por el IFE. Todo ello transcurrió con normalidad. Reconocemos al IFE, más allá de errores puntuales, por su eficacia en la organización de esta tarea gigantesca. Refrendamos nuestra confianza en su imparcialidad y en su independencia.

3. Hemos elegido un Congreso plural donde ningún partido tendrá mayoría absoluta de votos; habrá gobernadores de diferentes partidos, congresos locales y ayuntamientos habitados por la variedad de las opciones políticas. Celebramos que la pluralidad política del país quedó genuinamente expresada en la elección del 2 de julio.

4. Las elecciones siguen probando que son el canal legítimo para la expresión de las más profundas inquietudes de una sociedad compleja como la mexicana. El espectacular crecimiento de la izquierda en estas elecciones confirma que es a través del sufragio como las distintas fuerzas políticas pueden expandir su influencia e insertar sus propuestas en la agenda nacional.

5. Existe, sin embargo, una aguda controversia en torno a la limpieza y validez de la elección presidencial. Quienes firmamos este documento hemos seguido los argumentos y pruebas presentadas en el litigio. No encontramos evidencias firmes que permitan sostener la existencia de un fraude maquinado en contra o a favor de alguno de los candidatos. En una elección que cuentan los ciudadanos puede haber errores e irregularidades, pero no fraude.

6. Los partidos y candidatos tienen el derecho de acudir al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación para hacer valer sus inconformidades. Esa es la ruta diseñada para atender dudas, quejas o conflictos electorales. No se pueden erradicar por completo los diferendos en materia electoral. Pero a lo largo de los últimos diez años todos ellos han sido resueltos a través de la vía jurisdiccional. Una vez que el Tribunal ha resuelto, se han terminado todos los conflictos.

7. No debemos alimentar una espiral de crispación y alarma. No inyectemos elementos que envenenen el ambiente político, no enfrentemos a los adversarios como si se tratara de enemigos. Edifiquemos un clima que refuerce la convivencia política en la diversidad.

8. Refrendamos nuestra confianza en el Tribunal
Electoral. Es la última y definitiva voz autorizada para desahogar el diferendo en torno a la elección presidencial. No queda sino respetar la resolución del Tribunal.

9. Nuestras instituciones electorales son un patrimonio público que nadie debe lesionar. Son el soporte de una de las libertades fundamentales que los mexicanos hemos conseguido en estos años: la libertad de votar y ser votados sin que nadie manipule nuestro mandato.

Adrián Acosta Silva
Larissa Adler-Lomnitz
Luis Miguel Aguilar
Héctor Aguilar Camín
José Antonio Aguilar Rivera
Sealtiel Alatriste
Eliseo Alberto
Jorge Alcocer
Enrique Alduncin
Ignacio Almada
Asunción Álvarez
Francisco Javier Aparicio
Antonella Attili
Roger Bartra
Eduardo Barzana
Ricardo Becerra
Humberto Beck
Ulises Beltrán
Edmundo Berumen
José Joaquín Blanco
Edmundo Calva
Salvador Camarena
Enrique Canales
Julia Carabias
Emmanuel Carballo
Miguel Carbonell
María Amparo Casar
Jorge G. Castañeda
Marina Castañeda
Adolfo Castañón
Ricardo Cayuela
Santiago Corcuera Cabezut
Lorenzo Córdova
Ramón Cota Meza
Israel Covarrubias
José Luis Cuevas
Leonardo Curzio
Luis de la Barreda Solórzano
José Antonio de la Peña
Germán Dehesa
Roberto Diego Ortega
Christopher Domínguez Michael
Denise Dresser
Irene Durante Montiel
Juan Eibenschutz
Roberto Eibenschutz
Ricardo Elías
Álvaro Enrique
Fernando Escalante Gonzalbo
Beatriz Espejo
Guillermo Fadanelli
Fátima Fernández Christlieb
Jorge Fernández Meléndez
Héctor Fix Zamudio
Enrique Florescano
Fernando García Ramírez
Luis Emilio Giménez Cacho
David Gómez-Álvarez
Luis González de Alba
José Antonio González de León
Olbeth Hansberg
Carlos Heredia
Claudio Isaac
Ángel Jaramillo
Fuad Juan
Gerardo Kleinburg
Enrique Krauze
León Krauze
Mario Lavista
Soledad Loaeza
Cassio Luiselli
Ángeles Mastretta
Álvaro Matute
Samuel Melendrez Luévano
Víctor Manuel Mendiola
Mauricio Merino
Jean Meyer
Pedro Meyer
Mario J. Molina
Silvia Molina
Ciro Murayama
Humberto Murrieta
Benito Nacif
Enrique Norten
Octavio Novaro
Federico Novelo
Joel Ortega Juárez
Antonio Ortiz Mena López Negrete
Pablo Ortiz Monasterio
Ignacio Padilla
Guillermo Palacios y Olivares
Pedro Ángel Palou
David Pantoja Morán
Julio Patán
Braulio Peralta
Rafael Pérez Gay
Rafael Pérez Pascual
Jacqueline Peschard
Ernesto Piedras
Jean-Francois Prud’homme
Ricardo Raphael
Román Revueltas Retes
Federico Reyes Heroles
Jorge Javier Romero
Alejandro Rossi
Luis Rubio
Pablo Rudomín
Daniel Sada
Luis Salazar
Pedro Salazar Ugarte
José Sarukhán
Cecilia Sayeg
Guillermo Sheridan
Isabel Silva Romero
Carlos Sirvent
Guillermo Soberón
Fernanda Solórzano
Beatriz Solís Leree
Jaime Tamayo
Ricardo Tapia
Carlos Tello Díaz
Raúl Trejo Delarbre
Julio Trujillo
Isabel Turrent
Guillermo Valdés Castellano
Eduardo Valle
Josefina Zoraida Vásquez
Rodolfo Vázquez
Xavier Velasco
Diego Villaseñor
José Warman
José Woldenberg
Ramón Xirau
Gina Zabludovsky
Fernando Zertuche
Leo Zuckermann

Lógica política

Sergio Sarmiento
Reforma
3 de agosto de 2006

"Nada hay tan conforme a la razón como esa negación de la razón". Blaise Pascal

La lógica es muy sencilla. Como los señores del Tribunal Electoral pueden fallar en contra de lo que yo considero debe ser su decisión, le pido al candidato que contendió contra mí que les exija a los magistrados que fallen a mi favor, y como mi rival no me hace caso, secuestro a mis vecinos por tiempo indefinido. Pero eso sí, les pido una disculpa por hacerlo.

Es la misma lógica si, debido a que alguien me amenaza de que me va a pegar, yo respondo pegándole un puñetazo a un transeúnte que pasa junto a mí y le digo que le pego porque quiero que otro señor que va pasando le exija a quien me amenazó que no lo haga.

No hay mucha lógica en todo esto, pero tal es la actitud de Andrés Manuel López Obrador y del PRD al bloquear todo el corredor turístico Paseo de la Reforma-Zócalo de la Ciudad de México para exigirle a Felipe Calderón que le pida a los magistrados del Tribunal Electoral que cuenten nuevamente los votos de la elección del 2 de julio.

Lo paradójico del asunto es que este corredor ha sido uno de los proyectos que López Obrador utilizó como carta de presentación durante su campaña para la Presidencia de la República. El corredor era su prueba de que, en caso de ser electo, no gobernaría de espaldas a la iniciativa privada. Y, efectivamente, el corredor fue remozado con fondos de los negocios que se encuentran precisamente en el Paseo de la Reforma, Avenida Juárez y Madero.

Pero hoy López Obrador ya no necesita esa máscara y busca asfixiar económicamente a estos comercios y restaurantes... y todo para mandarle a Felipe Calderón el mensaje de que abogue por él frente a los magistrados del Tribunal Electoral.

El candidato del PRD está asumiendo una posición que él mismo sabe es absurda porque se ha dado cuenta de que esto funciona en un país como el nuestro en que la autoridad se niega a ejercer su función. Después de todo, los maestros de la sección 22 han mantenido secuestrada a Oaxaca durante más de dos meses exigiendo la renuncia del gobernador.

La lógica del secuestro de quien nada tiene que ver en el asunto es tan perversa que muchos simpatizantes del propio López Obrador la han cuestionado. Hay una izquierda inteligente en el país que entiende, para empezar, lo terriblemente injusto del ataque de Andrés Manuel a los trabajadores que deben ganarse la vida en el corredor turístico, pero que también se da cuenta de lo contraproducente de esta agresión a los habitantes del Distrito Federal para la imagen de López Obrador y del PRD.

Han empezado a surgir voces para que el gobierno federal intervenga. Después de todo, el Presidente tiene facultades para destituir al secretario de Seguridad Pública de la capital, lo que le permitiría nombrar a alguien que sí estuviera dispuesto a hacer cumplir la ley. Pero no lo hará por razones políticas. ¿Para qué meterse en un pleito con el gobierno capitalino y con el PRD, para qué usar la fuerza pública para abrir las calles y darle a López Obrador el mártir que éste busca, si el propio candidato del PRD está tomando las medidas necesarias para disminuir su popularidad política? Una intervención del gobierno federal violaría toda lógica política.

Lo peor de todo para los ciudadanos comunes y corrientes, los que no tenemos sueldos del gobierno o de los partidos políticos, es que Andrés Manuel y sus colaboradores se están metiendo en una espiral ascendente de radicalismo de la que no podrán escapar fácilmente. Ya han anunciado que seguirán endureciendo sus medidas de resistencia. Esto significa que el daño que están causando a los ciudadanos no es suficiente como forma de presión a los magistrados. Necesitan algo más.

Uno no puede dejar de temblar ante esta amenaza, sobre todo si consideramos que la estrategia del PRD para influir sobre el Tribunal Electoral ha sido agredir a ciudadanos que no tienen nada que ver en el asunto.

Hay diferencias en el movimiento de López Obrador. Han surgido voces sensatas en el entorno del candidato que le han señalado que el bloqueo, o cualquier otra medida destinada a agredir a los ciudadanos, no sólo es injusta sino políticamente dañina. Pero quien está tomando las decisiones, y quien al parecer no tiene ninguna intención de moderar las acciones de resistencia, es el propio López Obrador.

Todo parece indicar que el bloqueo del corredor turístico continuará. La lógica de Andrés Manuel y de los perredistas es completamente distinta a la de los humanos comunes y corrientes. Nosotros no pensaríamos en golpear a una persona para mandar un mensaje a otra para que asuma una posición frente a una cuarta. Pero poco a poco nos estamos dando cuenta de que ésta es la lógica de López Obrador. Y lo que más inquieta es la amenaza de que, como estos golpes no han sido suficientes, habrá que propinar otros más para que el mensaje se entienda.



Iguales

Si todos somos iguales ante la ley, todos podemos bloquear las calles que queramos. Si todos somos iguales, todos podemos exigir a la Compañía de Luz y Fuerza del Centro que nos instale diablitos para no tener que pagar la electricidad. Si todos somos iguales, todos podemos jugar futbol en las calles. Por el bien de todos, primero nosotros.

¿Democracia directa?

José Woldenberg
Reforma
3 de agosto de 2006

"Escuchen bien amigas y amigos, lo que les voy a decir, quiero una respuesta de ustedes, sincera, que lo pensemos, aunque sea un instante, les propongo que nos quedemos aquí, en asamblea permanente, hasta que resuelva el Tribunal. Les propongo que aquí nos quedemos, que permanezcamos aquí, día y noche, hasta que se cuenten los votos y tengamos un presidente electo con la legalidad mínima... Si decidimos quedarnos, nos organizaremos de la siguiente manera: Aquí, en el Zócalo, se quedarán los que provienen de los 31 estados del país, y a lo largo de Madero, Juárez y el Paseo de la Reforma... se establecerán los habitantes de las 16 delegaciones del Distrito Federal... Estamos hablando de 47 campamentos. En cada campamento habrá una coordinación integrada por senadores y diputados electos, jefes delegacionales electos, dirigentes de los partidos de la Coalición... Y habrá un representante de las redes ciudadanas en cada campamento. (Luego viene la explicación de en qué calles estarán los diferentes campamentos)... Voy a poner a consideración de ustedes esta propuesta. Les pregunto, ¿nos quedamos? ¿Sí o no? Voy a volver a preguntar de otra forma. Los que estén por que nos quedemos, que levanten la mano. Los que no estén de acuerdo que levanten la mano. ¿Abstenciones? Nos quedamos" (La Jornada, 31 de julio de 2006).

Así fue como Andrés Manuel López Obrador le planteó a la multitud y ésta "resolvió" llevar a cabo "los campamentos" que han desquiciado la Ciudad de México en los últimos días. Una medida que al obstruir la circulación en varias de las principales calles y avenidas del Distrito Federal ha tenido efectos multiplicadores en el ya de por sí complejo problema del tráfico vehicular. Pero más allá de la sinrazón de la medida, vale la pena detenerse en el procedimiento de aprobación de la misma, porque expresa (creo) una concepción de las relaciones entre el líder y sus seguidores que ofrece claves para entender la idea de la política del principal dirigente de la izquierda mexicana.

AMLO hizo la propuesta a título individual ("les propongo"), y en ningún momento mencionó al comité ejecutivo del PRD o a la coordinadora de la Coalición o a la de las redes ciudadanas o a un grupo de asesores. Se trata de la iniciativa que presenta el líder a un conjunto mayúsculo e indiferenciado. Por supuesto, en un acto no sólo masivo sino multitudinario no hay espacio para la deliberación, para sopesar las bondades o problemas que las "propuestas" puedan acarrear; pero el líder asume (ya sea de manera retórica o que verdaderamente lo crea) que la responsabilidad es compartida (él propone, los otros respaldan), mientras que la multitud cree (imagino) que la responsabilidad es del líder. Y finalmente la votación simbólica de cientos de miles no puede ser contada, ni nadie, por supuesto, pretende hacerlo. Se trata más de un ritual de adhesión que de una auténtica decisión.

Algunos llaman a eso democracia directa. No obstante, esa fórmula de relación entre el líder y la masa -sin intermediarios- carece de dos de los elementos fundamentales de las prácticas democráticas: a) la posibilidad de debate entre dos o más iniciativas y b) por ello la existencia de pesos y contrapesos que hacen del "demos" un sujeto y no un objeto, un conjunto con visiones distintas y no un monolito indiferenciado. Lo que vimos es una fórmula de relación plebiscitaria que no necesita de circuitos de deliberación, porque supone que el líder encarna las esperanzas y necesidades de sus "representados" y éstos depositan en él su confianza. Se trata de un representante directo que habla a nombre de un conjunto inmenso de personas que ponen en él no sólo sus anhelos y proyectos, sino también su responsabilidad. Por ello, si el líder se equivoca los seguidores también lo hacen. Ésta es, entonces, la primera derivación de los liderazgos unipersonales y carismáticos: las altas posibilidades de error, ya que suele suceder que incluso las ocurrencias se convierten en directrices políticas.

La desaparición en el discurso de los partidos que fueron la plataforma de lanzamiento de su candidatura tampoco parece ser casual, al igual que la atrofia de los circuitos de deliberación en los propios partidos. Es el resultado de la construcción de un sujeto compacto y sin fisuras, el pueblo, con el cual el líder quiere y puede relacionarse (en los actos masivos) sin mediaciones que le estorben. El líder popular (y qué duda cabe que lo es) se siente a sus anchas con ese océano multitudinario en donde las diferencias, los matices, las contradicciones se borran, para dar paso a una adhesión fervorosa que él sabe cultivar.

De igual manera, los otros partidos y las instituciones estatales aparecen como una especie de laberinto insondable en donde las energías y los anhelos populares tienden a diluirse. De ahí la forma maniquea y despreciativa en que son tratados. Si el pueblo es uno -y no una pluralidad de intereses, visiones, necesidades- y ya encontró a su líder, entonces todo aquello que no se forme en el "bando popular" no es sino expresión de intereses aviesos.

Es en ese desprecio a los complejos equilibrios que después de todo se han construido en el mundo estatal en los últimos años donde se encuentra la pulsión más nociva de esa forma de entender la acción política. Porque resulta altamente disruptiva en la perspectiva de asentar y eventualmente consolidar las rutinas y prácticas democráticas que suponen precisamente que las leyes y las instituciones son los conductos a través de los cuales deben convivir y competir las diferentes opciones políticas. Fuerzas distintas y encontradas que merecen y tienen que coexistir.

Hora de despejar

Germán Dehesa
Reforma
3 de agosto de 2006

El asunto está muy peludo. La Ciudad de México está tomada por una bola de ciudadanos mexicanos cuyas cívicas y patrióticas actividades son muy variadas: jugar cartas, dominó, permanecer echadotes, bailar ritmos tropicales, poner diablitos, conseguir una minicancha de fut de pasto sintético, ir a la feria y con todo esto, defender heroicamente al siempre victimizado Napoleón de los Pantanos y su convicción histórico-teológica de que él y sólo él es el ungido y consagrado. Me dicen que personas muy allegadas a su sacra presencia le han dicho que se la está xalando en extremo y que ésa, según politólogos y urólogos, no es una buena estrategia. Palabras más o menos, eso es lo que le dijo mi cuate Bonilla, pero yo me permito hacer sobre esto una reflexión que comienza con una pregunta: ¿cómo saber si la de AMLO es o no una buena estrategia, si previamente no sabemos qué es lo que quiere?. Todavía hay quien piensa que AMLO quiere ser Presidente de México por la vía institucional y democrática de las urnas. No es mi caso. Como decía el lunes, estamos asistiendo a una veloz dilapidación de un capital político y a un suicidio electoral. López Obrador ya no quiere el poder por este camino; él va rumbo a la confrontación y de algún modo sabe que el recuento voto por voto, apoyado por muchos de nosotros, o no se hará, o si se hiciere, no le resultará favorable. No hay otra manera de entender esta radicalización tan extrema hacia donde navega AMLO y que pasa por la toma de otras vías primarias y de aeropuertos y carreteras. Si a lo que va el Peje es hacia una insurrección civil y a una confrontación directa y violenta con el orden constituido, entonces, mi querido Héctor, la estrategia de López Obrador es la correcta.

Tengo otra pregunta que quizá es la más importante, sobre todo si se toma en cuenta la absoluta e incondicional rendición del Gobierno de la Ciudad y la sacatona y pachorruda actitud de Vicente Fox quien, como no hay ningún Bribiesquita que trabaje en Paseo de la Reforma, ha asumido su característica pose de ¿yo por qué?, para luego proseguir su plácido viaje rumbo al ansiado brócoli. La pregunta es: ¿y los ciudadanos?.

De esto se trata, de que los ciudadanos hagamos algo al ver a nuestro país en ruta de colisión y con el narco y con los gringos que se echarían de cabeza al revueltísimo río y acabarían siendo los únicos beneficiarios de otra revolución mexicana. Si soportamos que nos quiten nuestra Ciudad, me temo que también soportaremos que nos quiten nuestro país. Yo no. Todo esto lo declaro con calma, sin ánimos belicosos, sin sesgos partidistas, sin voluntad de atropellar el derecho de todos a dirimir democráticamente sus diferencias; sin embargo, con toda serenidad exijo: devuélvanme mi Ciudad, corran a Encinas que sólo sirvió para ser gato, dejen de estar empleando recursos públicos, dinero nuestro, para mantener este borlote que literalmente ya se pasó de la raya; ya estuvo suave de que la agenda nacional la dicte un señor que actualmente no tiene más cargo que el de candidato a la Presidencia y cuya bandera es, o dice ser, la de los pobres. Si esto fuera cierto, no estaría empobreciendo el erario de la Ciudad, no estaría robándonos nuestro tiempo y nuestras posibilidades de ganar un salario; no estaría tramando una insurrección civil que terminaría haciendo más pobres a los pobres y al país entero. Así como estuve a favor del voto por voto, me pronuncio absolutamente en contra de estos arrebatos demenciales. En este día 2 dedicado a todos los Ángeles, desde mi hijo hasta el de la Independencia, declaro que no me da la gana que me quiten mi Ciudad y exijo su inmediata devolución, ¡canastos!.



¿QUÉ TAL DURMIÓ? DCCCL (850)


MONTIEL y el Precioso siguen durmiendo como si no fueran lo que son.

Descartan fraude y apoyan al Trife

El espaldarazo a las instituciones electorales fue encabezado por José Woldenberg y Héctor Aguilar Camín

Reforma
Staff

Ciudad de México (3 agosto 2006).- Un grupo de personalidades salió en defensa del IFE, respaldó anticipadamente el fallo de los magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación y se pronunciaron en contra de la tesis de que hubo fraude en los comicios del 2 de julio.

"Refrendamos nuestra confianza en el Tribunal Electoral. Es la última y definitiva voz autorizada para desahogar el diferendo en torno a la elección presidencial. No queda sino respetar la resolución del Tribunal", dice el texto firmado por varias decenas de personalidades.

Impulsado por José Woldenberg, ex presidente consejero del IFE, por el escritor Héctor Aguilar Camín, y avalado por intelectuales, escritores, académicos, científicos y analistas de la vida pública, el documento se sustenta en nueve considerandos.

"No encontramos evidencias firmes que permitan sostener la existencia de un fraude maquinado en contra o a favor de alguno de los candidatos. En una elección que cuentan los ciudadanos puede haber errores e irregularidades, pero no fraude", dice el texto.

"Nuestras instituciones electorales son un patrimonio público que nadie debe lesionar", agrega el documento denominado "En defensa de nuestra democracia".

Los firmantes expresan su preocupación por el un clima público que puede erosionar lo que tanto trabajo ha costado construir y advierten la necesidad de mantener una convivencia y la competencia política civilizadas.

Además, sin mencionar por su nombre a Andrés Manuel López Obrador o a los partidos que integran la Coalición por el Bien de Todos, los intelectuales llamaron a la cordura a los militantes de la izquierda mexicana.

"El espectacular crecimiento de la izquierda en estas elecciones confirma que es a través del sufragio como las distintas fuerzas políticas pueden expandir su influencia e insertar sus propuestas en la agenda nacional", insisten.

"No debemos alimentar una espiral de crispación y alarma. No inyectemos elementos que envenenen el ambiente político, no enfrentemos a los adversarios como si se tratara de enemigos.

Edifiquemos un clima que refuerce la convivencia política en la diversidad", concluyen.

La escalada de Obrador

El País
Opinión
3 de agosto de 2006

Manuel López Obrador, el líder centroizquierdista mexicano derrotado por estrechísimo margen en las presidenciales de julio, porfía en un camino peligroso para presionar a los jueces y denunciar el supuesto fraude electoral que le ha arrebatado la jefatura del Estado. La última fase de su protesta para exigir el recuento manual de todos los votos consiste en hacer acampar a sus huestes en el centro de la capital mexicana, paralizado y caótico desde hace tres días. No hay peligro de intervención policial para restituir la normalidad: el gobierno de la ciudad está en manos de su partido, el de la Revolución Democrática (PRD).

El Tribunal Federal Electoral, ante el que López Obrador ha recurrido, tiene hasta el 6 de septiembre para pronunciarse sobre las elecciones, ordenar un recuento total o parcial de los votos o dar por bueno el resultado que otorgó la victoria al conservador Felipe Calderón, del oficialista Partido de Acción Nacional (PAN). Es una institución respetada, integrada por siete jueces sin compromisos políticos
conocidos.

Pero un mes es probablemente demasiado tiempo en el clima de creciente tensión política alimentada por López Obrador. El aspirante derrotado, cultivador de un populismo fácil, se prodiga en inquietantes mensajes que van desde considerarse el indiscutible presidente de México hasta el desprestigio del Tribunal Electoral, pasando por anunciar que acatará el resultado del recuento que exige "incluso si pierdo". Parece como si el objetivo final del ex alcalde de México fuese anular
los comicios ganados aparentemente por Calderón, que mantiene un perfil deliberadamente bajo.

Con las movilizaciones populares que viene abanderando desde hace un mes, Obrador ha escogido el peor método democrático para defender la democracia. México se ha dotado en los últimos años de instituciones electorales creíbles, de funcionamiento democrático y maduro. Y no hay de momento evidencia alguna que avale el fraude denunciado por el líder centroizquierdista. Echarse al monte antes de que los órganos de arbitraje hayan cumplido su función, significa, entre otras cosas, que López Obrador carece de respeto por el sistema legal del país que aspira a presidir. La acampada en curso -pomposamente llamada resistencia pacífica- es un grave error más para ganar en la calle lo que le han negado las urnas. Un peligro menor es que acabe perdiendo el apoyo de quienes no le votaron, pero están a favor del recuento. Otro, de mucho mayor alcance, que la confrontación que el ex alcalde de México DF está fomentando, acabe yéndosele de las manos.

(c) El País S.L. | Prisacom S.A.