agosto 06, 2006

Piden aceptar fallo; AMLO lo rechaza

López Obrador advirtió que mantendrá su postura de exigir el recuento total de votos y rechazó el fallo del tribunal

Claudia Guerrero y Ariadna García
Reforma

Distrito Federal (6 agosto 2006).- Mientras el PAN, el PRI y Alternativa avalaron ayer la negativa del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación sobre volver a contar voto por voto de la elección presidencial, Andrés Manuel López Obrador consideró que los magistrados utilizaron un criterio muy estrecho y muy limitado.

"Los integrante del tribunal utilizaron un criterio estrecho y muy limitado. A los magistrados les faltó, dicho con todo respeto, altura de miras. Inclusive, su decisión es legalmente endeble, no tiene argumentación suficiente y decente", expresó el perredista durante una de sus asambleas informativas, en la Plaza de la Constitución.

Advirtió que mantendrá su postura de exigir el recuento total de votos y rechazó el fallo del tribunal.

"No estamos de acuerdo porque nosotros demandamos, con mucha claridad, el recuento de todos los votos, voto por voto casilla por casilla", dijo ante miles de simpatizantes reunidos en el Zócalo.

En tanto, el vocero del PAN, César Nava, señaló que esta es la oportunidad para que López Obrador demuestre su compromiso con la legalidad.

"Nosotros esperaríamos que su discurso y su conducta sea de respeto absoluto a la sentencia del Tribunal", dijo.

El PRI, en tanto, consideró que la resolución de los Magistrados obedece a una correcta interpretación de los procedimientos establecidos en la ley electoral.

En el mismo sentido se expresó el Partido Alternativa, que también avaló la decisión de los magistrados.

Orwell y AMLO

Isabel Turrent
Reforma
6 de agosto de 2006

Pedirle a un político la verdad, es pedirle peras al olmo. Aun en una democracia, el político en campaña se empeñará en transmitir al electorado una batería de promesas que no podrá cumplir -al menos en su totalidad-, y el político en el poder intentará presentar "su" verdad como la verdad objetiva. Pero el acceso a información imparcial y a análisis ponderados y racionales, el respeto al marco legal y al voto imponen límites a la capacidad de manipulación del político. López Obrador se cuece aparte. Distorsiona la verdad de manera sistemática, hace caso omiso de la ley y acusa a sus oponentes de lo que él hace o planea hacer. Para entender su discurso, el mejor camino parece ser el recurso a la ciencia ficción (1984 de George Orwell le viene como anillo al dedo), y la consulta de textos que explican el funcionamiento de sistemas no democráticos, o de libros que analizan los riesgos que los demagogos presentan a la democracia.

Sus lemas parecen copiados de los eslogans de Big Brother, el líder infalible de Orwell: "La guerra es la paz", "La libertad es la esclavitud" y "La ignorancia es la fuerza". López Obrador ha acuñado varios que no desmerecen frente a los del Hermano Mayor orwelliano: "La minoría es la mayoría", "La derrota es la victoria" y "La 'gente' soy yo".

Si en 1984, la lengua de la manipulación era el Newspeak, AMLO ha inventado su propio neospañol. En este nuevo idioma los fraudes existen sin pruebas y pueden mudar de casaca: pasar de ser cibernéticos, a ser a "la antigüita", y de regreso. Los insultos, las agresiones y las pancartas que salpican su movimiento e incitan a la violencia, son "medios pacíficos", y puede autoproclamarse Presidente a pesar del voto de la mayoría y de lo que dicten las instituciones electorales. "Pacífico", afirma, es también su "movimiento de resistencia civil". El problema, para empezar, está en la contradicción en los términos del neospañol de López. "Resistencia", según el diccionario es, en su primera acepción, "la acción de usar la fuerza para oponerse a algo". Resistencia que estaría justificada, si acaso, tan sólo si el Trife ya hubiera dado un veredicto y éste violara la ley. El movimiento convocado por el PRD no tiene qué resistir y no es pacífico -las "sonrisas se pueden volver puños"-. Su objetivo es presionar a las instituciones establecidas para lograr un veredicto a su favor.

Las explicaciones de la adhesión de muchos a López, a pesar de sus mentiras y contradicciones, no pueden encontrarse dentro de un modelo democrático. AMLO es producto y resultado de la política de masas que se inauguró con la expansión del sufragio universal en el siglo XX. Se mueve en el territorio donde incubaron, hace décadas, sistemas autoritarios, totalitarios y fascistas. López Obrador tiene todavía millones de seguidores porque no apela a la razón. Se dirige, como todos los Mussolinis en todas las latitudes, a las emociones. Como ellos, AMLO ha alimentado los resentimientos sociales de los más ignorantes apelando a la pertenencia a una comunidad "superior", escenificando reuniones y ritos teatrales, jugando con los sentimientos populares, y haciendo un llamado al "legítimo" predominio de quienes los apoyan -la "gente"- sobre el resto de la sociedad. Quienes lo siguen han abdicado de la razón y han convertido su lucha en un asunto de fe ciega.

Stalin, que ha aparecido en más de una pancarta en las movilizaciones perredistas, no lo hubiera hecho mejor. También él inventó enemigos internos inexistentes, sobre los cuales derramar las pasiones de sus seguidores: los ricos y los trotskistas, entre otros. La retórica clasista de López, tampoco lo aleja de los líderes fascistas que parece imitar: hasta Hitler repitió lemas anticapitalistas y ataques a los grandes empresarios que le fueron muy útiles durante su ascenso al poder -para luego pactar con los grandes industriales.

Otro elemento común entre AMLO y movimientos autoritarios de tintes fascistas, es la ausencia de otro programa que no sea la lealtad al líder. Mussolini se preciaba de no tener un ideario: él mismo era la definición del fascismo. Sin embargo, como advierte el analista británico Geoff Mulgan en su libro más reciente, "las formas más malignas de gobierno son las que hacen las mayores demandas de lealtad... Cuando, en ausencia de una guerra, los Estados (o líderes) empiezan a imponer demandas de lealtad absoluta, esa es una buena señal de que algo no cuadra". En el movimiento que encabeza López Obrador, lo que no cuadra son sus repetidas profesiones democráticas. El choque entre sus declaraciones y sus actos es abierto y frontal.

Los totalitarismos y fascismos florecen en medio de crisis políticas y económicas. Para desgracia de López, la economía mexicana ha resistido hasta ahora los embates de sus marchas y plantones y una mayoría del electorado confía en las instituciones democráticas del país. Para la nuestra, AMLO ha decidido fabricar la crisis que necesita: está empeñado en vulnerar el marco institucional que enmarca el sistema democrático del país y en sembrar el caos en la capital, dislocando la economía de la Ciudad de México a imagen y semejanza de lo sucedido en Oaxaca en las últimas semanas.

Su éxito depende de una última variable. Ningún líder autoritario ha podido tomar jamás el poder sin la pasividad de la mayoría de la población y sin la parálisis de los poderes establecidos. En el momento en que el Trife dé a conocer su decisión, los ciudadanos estarán obligados a apoyar abiertamente el veredicto y las autoridades, a restablecer el imperio de la ley.


Correo electrónico: iturrent@yahoo.com

"Se los dije..."

Itinerario Político

Ricardo Alemán
06 de agosto de 2006
El Universal

• Ganamos todos, incluso la coalición Por el Bien de Todos

• Siguen vivas las instituciones democráticas, pese a todo


D e nada valieron presiones, medidas extremas, chantajes. Al final de cuentas el Tribunal Electoral -cuyos integrantes pasarán por ello a la historia- decidieron la improcedencia del "voto por voto" en la elección del pasado 2 de julio y sólo aprobaron el recuento de 9.07% de las casillas impugnadas por la coalición Por el Bien de Todos. Imperó la razón sobre el corazón. O si se quiere, se validó la sensatez de las instituciones por sobre los intentos de una salida política.

En su sesión de ayer sábado, el Tribunal Electoral ofreció a todos -por supuesto a todos los que quieran verlo- que a pesar de las fallas del proceso electoral, de las presiones y de las delirantes expresiones contra las instituciones electorales, aún se puede confiar en el entramado institucional que nos dimos los mexicanos para resolver las controversias electorales, y que siguen vivas las instituciones que colocan la legalidad por sobre las ambiciones personales. Y con ello rescataron la confianza y la certeza en las elecciones mexicanas.

¿Y quién ganó?, se preguntan tirios y troyanos. Y la respuesta no puede gustar, pero sin duda que ganó la coalición Por el Bien de Todos -cuya demanda de presunto fraude fue tomada en cuenta y resultó fundamental para ordenar el recuento del casi 10% de la elección-, que será una muestra fundamental para pulsar la validez de todo el proceso. Pero también ganó el Partido Acción Nacional, cuya mayoría de votos favorable a su candidato, en el recuento inicial, será sometida a una prueba de fuego -de la que podrá resultar fortalecido y legitimado o, en su caso, verá alejarse definitivamente su triunfo-, no por la gritería de los adversarios y menos de los aplausos de sus simpatizantes, sino por el peso institucional.

Pero el verdadero triunfo de la primera resolución del Tribunal Electoral -sobre la controvertida elección del pasado 2 de julio- es el de la razón, el de las instituciones y de la cultura de la legalidad. La unanimidad expresada por el Tribunal Electoral sobre el recuento de una muestra representativa -de las casillas impugnadas por la coalición Por el Bien de Todos-, no es más que una respuesta contundente a quienes tienen dudas y a aquellos que alimentan el germen de la duda. Al final de cuentas, si esa muestra deja ver que existen indicios de un presunto fraude, siguen abiertos los canales para proceder en consecuencia, para avanzar en el recuento de voto por voto y casilla por casilla. En caso contrario, si la muestra no permite ver la existencia del supuesto fraude, la máxima instancia ratificará al ganador sin los lastres de una elección cuestionada.

Decisión ´salomónica´

Lo primero que se debe reconocer del Tribunal Electoral -de la sensatez y la sensibilidad de sus integrantes- es que, por un lado, no permitieron que los influenciara el ruido político y mediático que produjo la crisis postelectoral, pero tampoco cerraron ojos, oídos y razón, sobre la duda real o ficticia sobre el resultado electoral. En rigor, los magistrados del Tribunal Electoral pulsaron el problema, atendieron los reclamos de las partes y caminaron por el sendero de la solución salomónica.

En efecto, no negaron la posibilidad de un supuesto fraude -para lo cual decidieron tomar una muestra precisamente de las casillas impugnadas-, pero tampoco validaron a ciegas la elección. Eso sí, ratificaron que la elección cumplió, en lo general, con el principio de certeza, pero también abrieron la puerta a un muestreo -en realidad, el recuento del casi 10% de las casillas no es más que eso, tomar una muestra de los distritos impugnados por la coalición Por el Bien de Todos-, que de arrojar indicios de un presunto fraude, abrirá la posibilidad de un recuento total.

Resulta ilustrativo que en la exposición de motivos de la resolución del tribunal se asiente que los impugnadores de la certeza de la elección -es decir, el PRD, su candidato López Obrador y la coalición Por el Bien de Todos-, no hayan impugnado el total de los distritos electorales. Por esa razón, no fue posible reclamar el recuento del total de los votos. Ese razonamiento, de sentido común, más que jurídico, fue el hilo conductor de la resolución. Pero también ese mismo razonamiento dejó ver que AMLO y sus seguidores no tuvieron la capacidad no sólo de cuidar el ciento por ciento de la elección, sino que no contaban con pruebas suficientes para reclamar un presunto fraude. En pocas palabras, no era posible reclamar un fraude electoral generalizado, sin contar con la totalidad de las pruebas para impugnar los 300 distritos electorales de la propia elección. Sin esas pruebas era imposible que el tribunal caminara rumbo al recuento voto por voto y casilla por casilla. Pero esa ambigüedad mostró precisamente el fondo de asunto, que AMLO y sus seguidores proponen una solución política, por sobre una solución legal

Por eso el Tribunal Electoral tomó una decisión no sólo salomónica, sino de un profundo sentido político; es decir, pulsó las impugnaciones, no hizo caso a presiones y chantajes, pero decidió ofrecer la certeza fundamental -mediante el recuento de votos-, en aquellas casillas en donde eran "fundadas en parte" las impugnaciones. Es ilustrativo, por eso, que de las 130 mil 437 casillas en que se distribuyó la elección, sólo en seis distritos el Tribunal Electoral haya encontrado razones fundadas para el recuento, y que en 143 distritos haya encontrado "irregularidades fundadas en parte" -casillas que también serán abiertas para aclarar toda duda-, y que se haya desechado 25 infundadas. Aun así, el Tribunal Electoral decidió el recuento de aquellas en donde existía la mínima duda -ya no hablemos de una duda razonable-, para despejar precisamente todo sentimiento de ilegalidad. Por eso se debe reconocer la capacidad institucional y política del tribunal, porque a pesar de la crisis política en la que aparecía inmerso, le dio respuesta a todos los interesados, pero sobre todo a los ciudadanos.

Para efectos prácticos, el tribunal ordenó realizar un recuento de votos en una muestreo del casi 10% de las casillas impugnadas -de las que AMLO y su coalición impugnaron-, para medir la certeza de la elección, por un lado, o la ilegalidad, por el otro. Pero al mismo tiempo dejó abierta la posibilidad de que si en esa muestra de 10% resulta que en efecto, por un lado, existen irregularidades -sean técnicas o por motivo de un presunto fraude- que afectan el resultado final, o se confirma, por el otro, la tendencia del voto, se procederá en consecuencia. Es decir, que si en ese 10% de casillas existen elementos para comprobar el presunto fraude o que las fallas humanas alteraron el resultado, se procederá al recuento voto por voto y casilla por casilla en el total de la elección. Pero si en esa muestra no existen evidencias de irregularidades mayores y se mantiene la tendencia del ganador, serán corregidas las irregularidades denunciadas y se procederá a declarar presidente electo -una vez realizadas las correcciones- conforme al resultado final.

El ´todo o nada´

¿Pero cuántos mexicanos que por las razones que se quiera, de quienes apoyan a López Obrador, estarán conformes con la decisión del tribunal? Está claro que AMLO y sus simpatizantes quieren a toda costa, al precio que sea, el triunfo en una elección a la que, una vez vistos los resultados, le acreditan toda suerte de irregularidades. Son pocos los que entienden que de suyo la resolución del Tribunal Electoral ya les dio la razón a los impugnadores, al abrir una muestra significativa de la elección -porque ordenó abrir aquellas casillas en las que "con fundamento parcial" se presume una irregularidad-, y porque están montados en la nada política estrategia política del "todo o nada".

En corto -no sólo miembros del PRD sino de la izquierda que ese partido dice representar-, vieron con buenos ojos la señal mandada por el Tribunal Electoral. Pero en la plaza pública, en los plantones esa misma resolución fue vista como una derrota, cuando en realidad es un triunfo. En su mensaje a sus seguidores, AMLO dijo que los argumentos del tribunal fueron "endebles", cuando todos saben, desde el mismo 3 de julio, que lo verdaderamente "endeble" fueron los argumentos del supuesto fraude.

Llama la atención que AMLO haya usado la fraude de que "los argumentos del Tribunal Electoral son endebles", y que no haya descalificado todo el procedimiento del propio órgano superior de los procedimientos electorales. Lo que se debe entender de esa declaración es que el tribunal le quitó a AMLO y a sus seguidores los instrumentos legales para impugnar la elección. Eran muchos los que esperaban que el candidato López Obrador descalificara rabiosamente al tribunal, como es su costumbre, pero en este caso debió tragar sapos y serpientes, por una razón elemental: porque el tribunal exhibió el fondo de la estrategia de AMLO, que no es otra que una campaña discursiva y mediática para hacer creer que hubo un fraude en donde no existió.

Por lo pronto hoy conoceremos las acciones adicionales que llevarán a cabo López Obrador y sus seguidores, pero lo cierto es que el "estate quieto" que le aplicó la máxima instancia electoral será un elemento más para bajar los niveles de beligerancia y adicción de los loperzobradoristas. El cuento del fraude generalizado, de la perversión de todos contra AMLO, cada día se viene abajo por su propio peso, y cada vez son más los que se alejan de esa versión. Pero eso no quiere decir que AMLO se quede conforme. Seguirá en su protesta, porque en el fondo no es un demócrata, sino un autócrata, que en su diccionario no conoce la palabra derrota.

Prueba de fuego

Pero en realidad en donde la resolución del tribunal se convierte en un verdadero problema -más allá de las declaraciones alegres y de los pronunciamientos institucionales-, es el en el Partido Acción Nacional y en el cuartel de su candidato, Felipe Calderón. En la exposición de motivos del Tribunal Electoral quedó claro que no existen elementos para hablar de una elección fraudulenta, que no se puede argumentar que el gobierno de Vicente Fox influyó de manera decisiva, que ni los empresarios, la Iglesia y menos agentes externos influyeron en el sentido del voto de los ciudadanos. La elección, dice el tribunal, "cumplió con el principio constitucional de certeza". Pero al ordenar el recuento en una muestra de casi 10% de las casillas, el propio tribunal abre la puerta a la posibilidad de un manipuleo. Esa rendija es para el PAN y para su candidato Felipe Calderón, al mismo tiempo, madre de una guillotina o de una bendición. ¿Por qué? Muy fácil, porque ese muestreo permitirá constatar o desechar, según el caso, la posibilidad de un presunto fraude o la validez del triunfo de Felipe Calderón. Los panistas dijeron que asumirían en cualquier caso el resultado de Tribunal Electoral. De hecho ya lo han aceptado -acaso seguros de que el recuento de ese 10% de las casillas no modificará en mayor medida su corta distancia como ganadores-, pero en realidad nada puede asegurar que esa sea la tendencia.

Existen muestreos que ha realizado el PAN que auguran su triunfo incluso luego del recuento de toda la elección. Pero esos muestreos no son más que eso, ejercicios estadísticos. Está claro que hubo fallas en la elección, que hay irregularidades no sólo en el conteo de votos, sino en la sumatoria de los votos anulados, y de las boletas sobrantes. Una buena parte de las irregularidades tienen que ver con esa suma final, y no con el recuento de los votos que recibió cada uno de los candidatos presidenciales. Pero justamente de esa compulsa -que en rigor es el recuento de los votos del 10% de las casillas-, es para saber si de alguna manera manos extrañas influyeron en la elección.

El sentido común y la lógica política indican que una muestra de 10% de las casillas deberá arrojar la misma tendencia favorable a Calderón. Pero precisamente esa muestra se convertirá en la mejor carta de legitimación para el candidato panista, si es que realmente no hubo "mano negra". En lo personal no creemos que hubo trampa; más aún, siempre defendimos en este espacio la inviabilidad política de un fraude, pero también es cierto que creemos que la resolución del tribunal será una prueba de fuego para todos, para los candidatos, sus partidos, los simpatizantes de ambos, y también para los analistas y columnistas. La virtud de la resolución del Tribunal Electoral es precisamente esa, la de poner a prueba las instituciones de la democracia electoral mexicana, entre cuyas instituciones está la opinión pública y los analistas de la cosa política.

La fortaleza

Por lo pronto, queda claro que a pesar de todos los cuentos, de todos los golpes mediáticos, de los montajes sobre un presunto fraude, las instituciones electorales -como el IFE y el Tribunal Electoral- dan muestras de que la endeble democracia electoral mexicana sigue en pie, y que a pesar de gritos y sombrerazos, de desplantes locuaces de una parte del la intelectualidad mexicana, de plantones y bloqueos, de intentos por dinamitar esas instituciones, la democracia electoral sigue viva. Y por eso viva la democracia. Y si no, al tiempo.

aleman2@prodigy.net.mx