agosto 07, 2006

López Obrador acusa a los jueces electorales de actuar contra él

• "Vamos a seguir con nuestra demanda", dice el candidato izquierdista

Antonio O. Ávila (México)
EL PAÍS
Internacional - 07-08-2006

Un desafiante Andrés Manuel López Obrador proclamó ante miles de sus seguidores que "si se niegan a abrir todas las casillas [mesas electorales] y contar todos los votos, es una prueba contundente de que ganamos la elección presidencial", al descalificar la decisión del Tribunal Electoral de no recontar los sufragios emitidos en la elección presidencial del pasado 2 de julio, por considerar que no hay indicios de las "supuestas irregularidades" denunciadas por López Obrador. El candidato izquierdista, perdedor de aquellos comicios ante Felipe Calderón, del Partido Acción Nacional (PAN), afirmó que los magistrados actuaron en su contra.

En una decisión histórica, los siete magistrados del tribunal ordenaron que se abran 11.839 mesas electorales impugnadas por la coalición izquierdista Por el Bien de Todos, y no las más de 130.000 instaladas el 2 de julio. López Obrador dijo: "No estamos de acuerdo, porque nosotros demandamos con mucha claridad el recuento de todos los votos. Los integrantes del tribunal utilizaron un criterio estrecho y muy limitado, y a los magistrados les faltó, dicho con todo respeto, altura de miras".

Algunos expertos en derecho electoral consideran que la determinación del Tribunal puede entenderse como una victoria de la coalición, toda vez que si se descubrieran irregularidades graves, podría cambiar el recuento oficial, que favoreció al conservador Felipe Calderón con menos de un punto porcentual.

En lo que parece el punto sin retorno, López Obrador dejó en claro: "Vamos a seguir sosteniendo nuestra demanda: ¡voto por voto, casilla por casilla! Y ante esta primera decisión del tribunal, insistimos en que los magistrados deben rectificar su resolución, porque tienen la facultad y la obligación moral de hacerlo... Vamos a triunfar".

El ex consejero del Instituto Federal Electoral (IFE) Jaime Cárdenas dijo que "judicialmente todo va a depender de lo que ocurra al abrir las más de 11.000 casillas (mesas electorales); si se encuentran muchas irregularidades, errores aritméticos, entonces puede haber posibilidades de que se abran más". Pero no lo consideró como un punto a favor de López Obrador, porque el tribunal descartó cargos como la campaña negra, la intromisión del Gobierno federal en las campañas, ya que actuó con apego a las leyes electorales.

Para especialistas en derecho electoral como Lorenzo Córdova, "será el Tribunal el que tramite y resuelva todas las inconformidades y ponga un punto final a la disputa electoral. Probablemente su fallo no dejará satisfechos a todos, pero esas son las reglas que convinimos y hay que ajustarnos a ellas". Mientras que López Obrador censuró la posición de los magistrados, el portavoz del PAN, César Nava, respalda al tribunal al señalar: "Estamos convencidos de que un recuento de los votos, parcial o total, puede contribuir a darle mayor certidumbre al resultado y gobernabilidad al presidente electo. Sin embargo, reiteramos que respaldaremos cualquier resolución que adopte el tribunal. Confiamos que la decisión del tribunal será aceptada por todos los partidos, coaliciones y candidatos, pues ofrece seguridades de que se está actuando con imparcialidad, con sensibilidad a las circunstancias del momento, y con apego a la ley". El candidato de la coalición izquierdista dejó claro ante su movimiento de "resistencia civil": "Vamos a ejercer nuestro derecho a la duda, no es casual o lo puede ser; por eso hablo de la duda legítima, el criterio que asumió el tribunal es igual, exactamente igual al que venía sosteniendo el PAN desde hace más de diez días...".

El portavoz del PAN, César Nava, por su parte, replicó que "la acusación que hoy presenta el señor López Obrador es de suma gravedad y frivolidad. El candidato sugiere, con sus dichos, que el Tribunal Electoral, en su sentencia interlocutoria adoptada por unanimidad de los magistrados de la Sala Superior, actuó bajo consigna, supuestamente dictada por integrantes del equipo de Felipe Calderón". Y añadió: "Sus argumentos son absolutamente irresponsables, carentes de lógica y del más elemental sentido común... Los votos que no se obtuvieron en las urnas no pueden ser obtenidos con movilizaciones o amenazas".

Sensatez para México

EL PAÍS
Opinión
07-08-2006

Apenas unas horas después de que el Tribunal Electoral de México desestimara su demanda de un nuevo recuento de todos los votos de las pasadas elecciones presidenciales mexicanas, el derrotado candidato izquierdista, Andrés Manuel López Obrador, ha rechazado el fallo, conminando a los miembros del tribunal a que "rectifiquen" y proclamando la continuación de la llamada "campaña civil" por la que sus partidarios bloquean la Ciudad de México.

López Obrador parece empeñado en seguir la peligrosa senda del populismo, la desestabilización del país y la deslegitimación de las instituciones que él mismo aspira a gobernar. Con su insistencia en no acatar el resultado electoral y sus "recomendaciones" a los jueces, ha perdido otra oportunidad de demostrar la categoría exigible a un presidente de un país como México.

El Tribunal Electoral es una institución independiente y respetada. Sus miembros han examinado las denuncias de la coalición encabezada por López Obrador y no han hallado razones que avalen la denuncia de un presunto fraude. Por tanto, sólo volverán a ser escrutadas 11.839 mesas del total de 130.477, algo menos del 10%. Es una decisión acertada que debe ser respetada por todos. El hecho de que el recuento oficial de las elecciones del pasado 2 de julio diera al candidato conservador Felipe Calderón el triunfo por sólo el 0,58% de los votos (234.934 sufragios), da idea de la profunda división de la ciudadanía y de la necesidad de apoyos políticos para gobernar que necesitará el futuro presidente. Pero en ningún caso justifica la tensión a que se están viendo sometidas las instituciones. Con su decisión, el Tribunal Electoral ha demostrado que los organismos democráticos mexicanos funcionan, incluso en situaciones de máxima tensión política. Es algo de lo que todos, sobre todo los mexicanos, deben congratularse.

López Obrador debe rectificar y aceptar el resultado de las urnas. No tiene sentido mantener movilizados a sus seguidores en protestas y manifestaciones que conllevan un potencial peligro de enfrentamiento civil. La ocupación permanente de parte de la capital mexicana es una coacción a la ciudadanía y una pésima imagen para el resto del mundo.

Lo que México necesita es sentido común por parte de todos los actores políticos. Y, por supuesto, un líder fuerte y legitimado capaz de emprender las reformas políticas, económicas y sociales que el país necesita para salvar tantas desigualdades. Ése, y no otro, debería ser el objetivo de López Obrador, aunque el elegido para tal tarea no sea él.

De líderes y seguidores

Soledad Loaeza
La Jornada
27 de julio de 2006

Con todo respeto, para utilizar una de las fórmulas favoritas de Andrés Manuel López Obrador, y con base en un recuento incluso aproximado de los votos que recibió en la elección presidencial, ni siquiera 65 por ciento de los mexicanos respondemos en forma positiva a su forma de hacer política. Para muchos su liderazgo es un enigma. El estilo de AMLO escapa a las tipologías tradicionales de los líderes políticos mexicanos. No es la figura paternal ungida de solemnidad y silencios significativos que evoca el general Cárdenas; tampoco es el orador grandilocuente en que se convirtió Luis Echeverría cuando llegó a la Presidencia de la República para denunciar un pasado que también era el suyo, aunque algo de LEA hay en AMLO que se formó en esa escuela y cuenta hoy con el patrocinio de prominentes echeverristas. Tampoco es el líder propositivo capaz de vender una imagen de futuro como lo fue Carlos Salinas en su momento, si bien ahora más de uno
quiere olvidar la fascinación que experimentó ante la certeza y capacidad de decisión del hoy innombrable. En este caso la presencia de tanto salinista en el entorno de López Obrador revela, más que una afinidad de estilos, un encuentro fortuito de intereses.

Muchos son los que ven en el éxito de López Obrador el efecto de un carisma: esa virtud inexplicable que posee un individuo que genera fe entre sus seguidores y que inspira en éstos la determinación de creer y hacer cualquier cosa que el líder carismático les pida creer o hacer. Puede ser. Pero el significado que hoy tiene la noción de carismático es tan equívoca y empobrecida como para atribuirse alegremente a los cantantes guapos o a cualquier simpático que ande por ahí.

El liderazgo de AMLO poco tiene de eso, en cambio tiene mucho de una política de masas moderna. Una que en lugar de mover las almas, como les gusta decir a los panistas, se propone mover las vísceras. Hasta ahora su instrumento más poderoso ha sido un discurso que provoca pasiones, sobre todo un sentimiento de indignación que no es difícil despertar en un país como México, donde la desigualdad, la pobreza y la corrupción naturalmente inspiran repudio y disgusto. Pero hay que añadir que también produce indignación el oportunismo de los antiguos priístas -varios nada menos que de Gobernación- que ahora desde el púlpito del PRD imparten lecciones de democracia; asimismo es más que irritante la irresponsabilidad de algunas celebridades que se abrazan al poderoso para ejercer la influencia que las urnas les arrebataron, así como es escandalosa la intolerancia y la mentira en boca de unos y de otros.

El liderazgo de López Obrador es nuevo en México, pero no del todo original. Tiene los rasgos del cesarismo que en el siglo XX en Europa y en América Latina encarnaron líderes autoritarios, como Juan Domingo Perón en Argentina o Getulio Vargas en Brasil, que llegaron al poder cuando la universalización del sufragio trajo la irrupción de las masas en la política. En México este fenómeno se ha producido tardíamente, cuando el nuevo sistema electoral, al garantizar comicios limpios, impulsó el voto de decenas de millones de ciudadanos, al mismo tiempo que demandaba formas de hacer política distintas a las del corporativismo cardenista que subordinaba la identidad del ciudadano a la del obrero, el campesino o el intelectual.

El tipo de liderazgo político que ha construido AMLO se asemeja al que desarrolló Evita Perón, no por cierto la habilidad discursiva, sino su capacidad para erigirse en una suerte de pararrayos de la tensión social. Al ostentarse paladín de los pobres y hacer de la denuncia antielitista eje de su propia pasión, López Obrador quiere investirse ante todo de la rabia que, según él, debe incendiar el corazón de los millones de mexicanos que a diario sufren la humillación de la pobreza. Por esta misma razón, y al igual que Evita, inspira encendidos sentimientos de reverencia o de rechazo igualmente vehementes. Como otros líderes cesaristas que lo precedieron, AMLO ofrece un ejercicio personalizado y centralizado del poder, una relación directa entre él y la gente, la movilización ininterrumpida, el plebiscito permanente, una situación sostenida de excepción; y al igual que muchos de esos líderes cesaristas, utiliza las instituciones democráticas para destruirlas, porque si llegáramos hasta donde los lopezobradoristas nos quieren llevar sólo ruinas quedarían de lo que habría sido una efímera experiencia democrática.

Las tácticas de AMLO para mover a la indignación son ahora bien conocidas: reuniones multitudinarias dominadas por la emoción colectiva, exacerbación de los ánimos mediante la satanización machacona de personajes o decisiones impopulares, construcción de un universo binario en el que él y los suyos representan el bien y todos los demás el mal. En el mundo incierto de los inicios del siglo XXI, López Obrador ofrece las irrebatibles certidumbres de un hombre poseedor de una verdad que no reconoce ningún principio de realidad, pues poco importa si para imponerse incurre en exageraciones descabelladas, en inconsistencias, inexactitudes o contradicciones. En el discurso lopezobradorista lo mismo se defiende el voto que se desconocen los votos emitidos; al igual que se habla de la defensa de las instituciones se propone pasar por encima de ellas para llegar a un acuerdo político -que equivale en el fondo, muy al estilo salinista, a sugerir una macro concertacesión-, o se afirma en forma contundente que el objetivo no es la anulación de la elección, pero se hace todo para que se imponga por la fuerza de los acontecimientos.

Si entender el liderazgo carismático siempre plantea dificultades, porque involucra una dimensión de subjetividad, prácticamente impenetrable, descifrar a los seguidores es peor que eso. Los más humildes tienen razones objetivas para dejarse convencer por un político que les ofrece el mejoramiento inmediato de sus condiciones de vida -lo último que les importa es saber de dónde va a salir el dinero que les promete. Sin embargo, resulta indescifrable el embeleso que se ha apoderado de aquellos que viven en el mundo de las ideas y del conocimiento, y que parecen estar dispuestos a dejarlo todo para seguir al líder con la fe ciega del converso. Tampoco sería ésta la primera vez que intelectuales sucumben a la seducción irresistible del líder popular. Pero, dadas las penosas consecuencias de esta experiencia, cabe preguntarles: ¿y luego?

Templo Mayor: ¡QUIEN fuera regidor en Atizapán!

Si corruptos y aprovechados hay ¡Hasta en el PAN!... probablemente ganen 3,000 pesos al mes y necesiten esa 'compensación' por su arduo trabajo. No dudo que suceda en otros ayuntamientos dirigidos por otros partidos, pero en un ayuntamiento panista lo considero como un agravio personal y si lo sigo pensando... una traición.

Fray Bartolomé
Reforma
7 de agosto de 2006

¡QUIEN fuera regidor en Atizapán!

RESULTA que cada uno de los 20 miembros del cabildo se llevará al menos 1 millón de pesos como "estímulo económico" por concluir su gestión.

ASÍ QUE 16 regidores, tres síndicos y el presidente municipal Salvador Vázquez, panista, terminarán el año bien remunerados por sus esfuerzos.

Y LO paradójico del asunto es que si bien la dirigencia del PAN en el Edomex aceptó que podría tratarse de un abuso, también dejó claro que no pueden hacer nada para frenarlo.

SI ACASO, como ofreció Francisco Gárate, líder del PAN en el Edomex, lo que harán es que no se vuelva a repetir.

O COMO quien dice, taparán el pozo después de ahogado el niño.

Sigue el calambre

Germán Dehesa
Reforma
7 de agosto de 2006

Sería exagerado decir que ya no entiendo nada. Lo correcto es decir que entiendo muy poco y que lo poco que entiendo no estoy seguro de estarlo entendiendo bien (me dan ganas de autoimpugnarme). Me consuela imaginar que no estoy solo en mi perplejidad. Creo que somos muchos los que, a partir del 2 de julio, sentimos que nos han puesto frente a un demencial rompecabezas con piezas sobrantes y piezas faltantes.

Y tan bien que íbamos. La jornada del 2 de julio, mientras estuvo en manos de los ciudadanos, los votantes y los ciudadanos funcionarios de casilla fluyó, hasta donde sabemos, de manera impecable. Hasta aquí todo era tersura y tranquilidad. Después apareció Pericles y con lo que dijo y no dijo les abrió la jaula a los candidatos, a los miembros de los partidos, a los simpatizantes y a todos y todas los héroes y heroínas instantáneas. AMLO, lo sabemos, no conoce límites y vive además con la comodidad de saber que no hay, por lo pronto y a la vista, alguien que le marque, le señale, le imponga esos límites. Por su parte, Calderón cayó en una suerte de estupefacción de la que aún no sale más que para hablar, con patético maniqueísmo, de los violentos y los pacíficos y para señalar que se respetarán las decisiones del Tribunal. Éste es todo su discurso.

El caso es que hasta la fecha (¡y lo que falta!) no sabemos quién ganó, aunque presumimos que el ganador lo será de un modo extremadamente precario.

Por si algo faltara, por la Ciudad, cual mosquitos, zumban sin cesar los rumores que siempre se disfrazan de opiniones fundamentadas: que el interino va a ser el Gordo Soberanes, que el borracho que, en su calidad de tal, se fue sobre algunos tianguistas políticos de los que puso AMLO allá en Reforma, actuó como parte de una estrategia panista; otra me llega y me dice que los del PAN con todo y Yunque tienen instrucciones de llevar víveres envenenados a los que acampan en nuestra avenida; dicen también que los abajo firmantes somos una bola de exquisitos intelectuales, que suponemos ser los únicos pensantes del país y que con esa soberbia decretamos, y en esto tienen razón, que no hubo fraude, cuando esto es decisión, no nuestra, sino del Tribunal. De mí sé decir que actué libre y personalmente, que no represento a nadie más que a mí mismo, que no soy la inteligencia del país y que, hasta donde yo sé y he averiguado, no hubo fraude, aunque los mismos que afirman con la autoridad que sólo da el haber sido biógrafo de M. Sahagún, que la decisión es del Tribunal, pasan a demostrar que sí hubo fraude y se olvidan del enaltecido Tribunal.

Como es sabido, el multimencionado Tribunal ya se pronunció, no aceptó el recuento voto por voto, pero anunció que abrirá cerca de 12 mil casillas, muchas de las cuales están en territorios panistas o elbistas. Supongo que la muestra es respetable y que sólo después de escrutada podrá procederse a la revisión voto por voto, o a la eventual anulación de los comicios, o a la declaración de un ganador.

Esta decisión distó mucho de agradarle al Serenísimo Marqués de la Reforma y así, después de un agradable reposo en el Gran Hotel de la Ciudad de México (me dicen que ahí duerme) se volvió a trepar en su macho y ya anunció que Reforma sigue tomada y que ahora tomará toda el área aledaña al Tribunal y que va a seguir pensando (sic) en nuevas medidas.

Por todo esto, por lo que no alcanza a decirse, por lo que todavía sucederá, millones de mexicanos vivimos en la perplejidad. En particular, los que habitamos en esta ciudad sin gobierno que es el DF, quienes estamos, además de perplejos, crecientemente airados. No tienen el menor derecho. La Ciudad es de todos. Habrá que despejarla.