agosto 10, 2006

Nerilicon

AMLO, el intolerante

José Luis Cuevas

Mi primer encuentro con López Obrador fue hace algunos años en un restaurante chino que estaba en la calle Amsterdam.
Llegó acompañado de Enrique González Pedrero, quien nos presentó. Nada sabía yo de él. Ignoraba por completo su trayectoria política. Tenía yo frente a mí a un hombre silencioso, poco simpático. Se despidieron y fueron a ocupar su mesa. Yo había llegado acompañado de mi yerno, a quien hice un comentario: "He notado en este señor cierta antipatía hacia mi persona".

Pocos años después volví a saber de él cuando fue nombrado jefe de Gobierno. Por un periódico me enteré que había decidido retirar todo subsidio al Museo José Luis Cuevas y a otros centros de cultura. Enojado por esta absurda decisión protesté enérgicamente en mi columna Cuevario. Echó marcha atrás y, quizá por consejo de Alejandro Aura -que en aquel entonces trabajaba con él-, volvieron los raquíticos dineros a las arcas de los centros de cultura que de esta manera siguieron funcionando.

López Obrador nunca ha puesto un pie en el Museo Cuevas, a pesar de que siempre se le invitaba a las actividades. Nunca tuvo la atención de disculparse. Volví a verlo cuando en el Paseo de la Reforma se inauguró mi exposición de Animales Impuros. En aquella ocasión fue Julieta Campos quien leyó un espléndido texto sobre mi trayectoria artística. Al jefe de Gobierno lo ví a distancia, silencioso como siempre. Lo noté indiferente, o quizás aburrido. Surgió en mí la idea de que la cultura no era primordial para él.
Cuando llegaron las elecciones, López Obrador denunció que se había cometido un fraude cuando se anunció que Felipe Calderón había ganado por un corto margen. Como muchos otros, lo creímos y manifestamos nuestro descontento. Yo encabecé a los pintores que en masa acudimos a la Procuraduría General de Justicia del DF para denunciar que unas mantas habían sido destruidas por cuatro facinerosos. Ya habíamos hecho antes unos pendones en los que exigíamos se hiciera un recuento de los votos. Los autores fuimos Vicente Rojo, Gilberto Aceves Navarro y yo. El pendón mío fue el más explícito. Mi Giganta levantaba el brazo derecho sosteniendo una pancarta que decía "Voto por voto" y "Casilla por casilla". Los pendones fueron colocados en la fachada del edificio del Gobierno del DF.

Unos días después, a través de Julio Derbez, antiguo amigo mío, fui llamado por Felipe Calderón para que lo visitara en el Club de Industriales, donde tiene sus oficinas. Su intención era manifestarme su indignación por la destrucción de mi escultura Figura obscena, delito cometido por el presidente municipal Leoncio Morán, perteneciente al PAN. Me comentó ser un gran admirador de mi obra y me sorprendió que supiera tanto sobre mi trabajo de artista. Al final de la reunión que duró media hora, me pidió le firmara una litografía mía que había adquirido hacía algunos años. Cumplí con su deseo y nos despedimos cordialmente.

Al día siguiente en el diario La Jornada, apareció una foto mía en la que estoy firmando la litografía que se titula L´amour fou.

Este hecho despertó la furia de los perredistas y mi pendón, en el que manifiesto mi apoyo a López Obrador había desaparecido.

Yo no pertenezco a ningún partido, pero estoy del lado de la ley. Es lógico pensar que mi admiración por López Obrador se ha enturbiado. He dejado de creer en él. Después de todo su acción de destruir mi pendón es tan intolerante como la que manifestó el presidente municipal del PAN en Colima al dañar mi escultura Figura obscena.

Dominan al PRD sargentos del oportunismo: Rascón


Daniel Blancas Madrigal
La Crónica de Hoy
Jueves 10 de Agosto de 2006

Marco Rascón uno de los fundadores del PRD habla de Andrés Manuel López Obrador.

De perredista a perredista… Andrés Manuel López Obrador lo ubica como líder de una izquierda de caricatura, como un hombre que desprecia al PRD y a su dirección histórica, y cuyo movimiento de resistencia civil poselectoral dejará espacios de ingobernabilidad en la ciudad que nutrió su principal ejército.

“Su movimiento se va reduciendo a los últimos niveles de estrategia que utilizó el CGH durante el conflicto en la UNAM del 2000: golpes y manotazos sin sentido”.

“Es un político que usa a personas, partidos, masas e instituciones cuando le conviene, cuando está en dificultades. En otro caso, tira todo a la basura, porque le gusta ser un líder solitario, que se adueña de los templetes, que entra por una valla ovacionado, sin que nadie lo toque”.

Son frases de Marco Rascón, militante del sol azteca y uno de los fundadores del partido. Conoce a detalle el proceso que convirtió a López Obrador en el “dueño virtual” del PRD y que, tras los resultados adversos del 2 de julio, lo han llevado a retar a las instituciones del país.
La charla ocurre a ritmo de guitarra. Entre tragos de café y libros, a unos metros de su restaurante en la colonia Roma.

“La candidatura de López, simuladamente, quiso representar a la izquierda, pero su idea de fondo fue más litúrgica, clerical: sustituyó la idea de la convicción por actos de fe, había que creer en él y comprometer el voto por miedo. Fue el primero en impulsar una campaña de miedo: se votaba por él o venía Felipe Calderón con su horno crematorio a incinerarnos a todos. Hizo una caracterización caricaturesca de la derecha para introducir a una izquierda que también era de caricatura: Núñez, Guadarrama, Camacho, Socorro Díaz, sargentos del oportunismo, cuyo único propósito es aprovechar los afluentes del PRD para tener representación política”, dice Rascón tras el primer sorbo de té.

—¿Cómo fue que estos personajes se filtraron en el proyecto perredista?

—López Obrador los introdujo, les entregó el partido, porque él desprecia a las corrientes de izquierda. Tuvo que poner esta lápida y desde ahí construir el lopezobradorismo, reconstruyó a las fuerzas más conservadoras del priismo y las impuso como estructura de gobierno. Se puede decir que Cuauhtémoc Cárdenas también venía del PRI, pero la gran diferencia es que en 1988 el rompimiento no sólo se dio en la candidatura, sino en la ideología. Cárdenas permitió el crecimiento de la izquierda, López Obrador la liquidó.

—¿En qué momento el PRD se hizo vulnerable?

—Después de la gestión de López Obrador como presidente del partido, en 1999. Él alimentó una sucesión fraudulenta y una lucha de trampas entre Jesús Ortega y Amalia García. Vulneró la ética del partido e inició un proceso de descomposición que arrojó dirigentes sin autoridad y que luego albergó actos de corrupción. Se quiso después sustituir el problema de la ética con la presunción de que teníamos alianzas y recursos, pero fue un clima que propició el ingreso de personajes como Carlos Ahumada y los videoescándalos que el propio Obrador protegió con su idea cínica de que “los otros han robado más”.
Rascón hace una pausa y la mirada delata dolor… “Las fieras olieron sangre y se dejaron venir, el partido se hizo propicio para ellas”.

—Entonces el ciclo comienza en un fraude y se busca terminar igual…

—Si en aquellas elecciones internas se hubiera pedido el voto por voto, no aguantamos ni el primer conteo. Los mecanismos legales del partido fueron desechados por acuerdos políticos entre corrientes internas, algo parecido a lo que hoy se le pide al PAN: un acuerdillo para el recuento y que después el Tribunal Electoral se haga bolas con la legalidad.
AGUA Y ACEITE. Según el ex diputado federal, López Obrador pulverizó el voto duro de la izquierda. Recuerda al tabasqueño en una reunión con militantes históricos del partido en la que les dijo: “Ustedes son unos héroes, pero ahora van a venir profesionales”.

“López se adueñó del PRD, lo hizo con relaciones cortesanas, con una idea unipersonal de conducción e imposición de candidatos, dirigentes y estrategias”.

—¿Cómo pudo un hombre llegar al poder absoluto?

—Destruyó los liderazgos de la lucha social y el que más le costó fue el de Cuauhtémoc Cárdenas. Lo fraguó desde la presidencia del partido, cuando repartió el poder entre las corrientes: los Chuchos, los Amalios, los Bejaranos… Desarmó al PRD como partido federado y fortaleció una burocracia desde la que construyó su candidatura al gobierno del Distrito Federal y desde la que generó imposturas e imposiciones. Maquinó el criterio de las candidaturas con base en encuestas: si no eres famoso, estás fuera. Con apoyo de Ernesto Zedillo, con quien desarrolló un pacto de transición unilateral, consiguió su registro, porque él tenía credencial de elector de Tabasco. Ya en el gobierno, ganó terreno vía la confrontación con Fox. Su premisa siempre ha sido buscar enemigos para no decir quién es, para definirse en función del adversario.

—¿En este tiempo se dio el deslinde total con Cárdenas?

—Sí, porque sus aliados, en especial Camacho, comenzaron a promover la idea de que Cuauhtémoc era un traidor. Y es que cualquier presencia política de Cárdenas los pone en riesgo de presentarse como los artífices e ideólogos de este movimiento.

Rascón relata que en la marcha en contra del desafuero, el 24 de abril del 2005, López Obrador “invitó a Cuauhtémoc vía Poniatowska y Ortiz Pincheti, pero ese día llegó directo al Zócalo, despreció caminar con la dirección del partido y entonces los dirigentes corrieron al templete y dejaron a Cuauhtémoc solo, con un grupo detrás que le gritaba traidor. Porfirio Muñoz Ledo también llegó directo, López le pidió hablar, pero con la intensión de que lo abuchearan. El mensaje lopista fue claro: el 88 ha muerto, el viejo y Porfirio no son nada… Ese fue el parteaguas en el apareció Camacho como el gran ideólogo.

—Se habla mucho del desprecio de López al partido…

—Cuando está en dificultades recurre al PRD, cuando no lo necesita lo borra del mapa. Usa a todos los elementos políticos, incluidas las masas, cuando le conviene.

—Para este uso y desuso debió colocar piezas claves…

—Después de aquella marcha impuso a Leonel Cota, quien era el que le cargaba el maletín a Roque Villanueva. Decir que Cota es el dirigente del partido de izquierda parece broma. López es el rey de la imposición: ¿cómo aliarse con Arturo Núñez, quien se refería a las diputadas del PRD como “perras” cuando era coordinador de la fracción de diputados del PRI? Ahora perros y gatos andan juntos y todos se callan…

—¿Por qué el silencio?

—Por las aspiraciones de poder, todos pensaron que López ganaría la elección. No hay una gran cohesión en el movimiento, que se edificó sobre la base de la victoria. En la derrota, los personajes oscuros y contrainsurgentes explotarán lo que les dejó la alianza y desaparecerán. La fuerza es virtual y lo peor es que la izquierda pagará la factura.
LOS ESCALONES. Tras la segunda tasa de té, Marco Rascón reprocha el “castigo a la ciudad”, con el bloqueo del corredor Reforma-Zócalo.

“Quien le abrió espacio a Marcelo Ebrard, lo dejará hundido en la ingobernabilidad. A partir de ahora, cualquier grupo podrá cerrar Reforma y nadie tendrá la calidad moral para desalojarlo. Esta decisión representa, además de un contrasentido, una demostración de debilidad, porque los campamentos están vacíos. Ebrard ya está sintiendo la vara “del yo sobre todas las cosas”.

—¿Y Alejandro Encinas?

—López ya se lo comió, así es él: escalón que utiliza lo va destruyendo sin miramientos.

De perredista a perredista: “No me preocupa Calderón, sino la debilidad de la izquierda después de esta conducción contrainsurgente. La izquierda tendrá que recomponerse y deslindarse de López Obrador y su grupo… Carlos Salinas generó violencia, muerte y persecución contra el PRD, y sin embargo el partido se mantuvo, pero López se metió como la humedad y ha hecho que se derrumben nuestros cimientos”…

Elecciones y Estado de derecho

Stephen Zamora
Reforma
10 de agosto de 2006

El Estado de derecho debe respetarse siempre, no sólo cuando nos resulta conveniente. Puede ser que nuestro sistema electoral tenga defectos, a pesar de ser reconocida su calidad, pero el siguiente paso no es descalificarlo sino subsanar las diferencias

Como catedrático de leyes especializado en las relaciones entre Estados Unidos y México, he seguido con más que interés académico la transición que se ha dado en México de un gobierno autoritario y presidencialista a la democracia sin comillas (para parafrasear a Enrique Krauze). Ahora, la nueva democracia mexicana enfrenta su desafío más importante con las protestas por la certificación del Presidente electo, a causa de alegatos de fraude electoral. No pretendo ser experto en el sistema electoral mexicano, pero como admirador de la sociedad mexicana, me siento impulsado a expresar mi opinión en cuanto a por qué el llamado a un recuento total, o a una nueva elección, podría ser contraproducente y dañoso del sistema democrático que México intenta asumir.

La nueva democracia de México se predica sobre el respeto al Estado de derecho: una frase sencilla, pero un concepto complicado de poner en práctica. Muchos gobiernos y muchas organizaciones internacionales (Banco Mundial, FMI, etcétera) coinciden en la conveniencia de lograr un gobierno basado en el Estado de derecho (contrario a los caprichos de partidos políticos o regímenes autoritarios). Pero el Estado de derecho compromete a infinidad de instituciones e individuos de todos los niveles de la sociedad. Crear una democracia que responda al Estado de derecho requiere paciencia y compromiso, que pueden perderse en el accidentado camino de reformas y construcción de instituciones. La transición aún fresca de México a un Estado de derecho (simultáneamente con una transición a una economía abierta) no se ha dado sin grandes esfuerzos; ha habido muchas perturbaciones, y no todos los miembros de la sociedad se han beneficiado de los cambios. No obstante, durante la década pasada, la sociedad mexicana ha sido más exitosa que cualquier otra del mundo al mejorar dramáticamente las instituciones democráticas que son esenciales para la generación de un verdadero Estado de derecho.

El "efecto presidencialismo" -71 años de gobierno autoritario- es un legado difícil de abandonar en una transición a un Estado de derecho. Resulta difícil borrar los vestigios de un gobierno de caciques políticos, y el extendido cinismo del gobierno y la desconfianza en éste. Así que cuando se realiza una elección a nivel nacional, con una votación tan cerrada que produce un resultado sin precedentes y cuestionable, hay una tendencia a volver a las protestas y concentrarse en las personalidades de los candidatos más que en las instituciones. Pero la democracia está fundada en las instituciones establecidas para promover y preservar a la democracia. El Estado de derecho no se refiere a textos legales, sino a las instituciones que administran las leyes -a tribunales que no son corruptos y que operan dentro de un rango aceptable de eficiencia; a un Congreso que es responsivo a las necesidades de reformas legislativas eficaces; a agencias de la rama ejecutiva que operan en un ambiente de transparencia; y a las actitudes de la ciudadanía. Estas instituciones esenciales han sido mejoradas mediante reformas legales e institucionales durante la última década, pero el eslabón débil permanece al final -las actitudes de la ciudadanía, que aún son influenciadas por el pasado.

¿Cómo debe el pueblo mexicano ver las elecciones? El desempeño de los organismos electorales de México no fue perfecto, pero si la perfección fuera un requisito de la democracia, no existiría ninguna. Si bien no son perfectas, las leyes electorales de México y las instituciones relacionadas han sido sometidas a una continua corrección y mejoramiento durante los últimos 20 años, y se han ganado el reconocimiento internacional como modelos a imitar. El año pasado, cuando la Autoridad de la Coalición en Iraq buscaba modelos para realizar sus primeras elecciones de un nuevo gobierno, envió a una delegación a un país que es reconocido por tener un sistema electoral eficaz -no hablo de los EU sino de México.

Además de reforzar el proceso electoral en sí, las reformas mexicanas han creado un Tribunal Electoral independiente para que juzgue las disputas que surjan de las elecciones. La mayoría de los observadores ve al TEPJF como un organismo profesional e independiente que es improbable que tome decisiones sobre bases meramente políticas. ¿Acaso esto significa que el Tribunal estará libre de errores? No necesariamente -al igual que el mismo proceso electoral, el Tribunal está conformado por seres humanos que son imperfectos. No obstante, el Tribunal es la institución democrática más creíble de la sociedad para resolver los asuntos contenciosos de estas elecciones.

Es posible que las leyes electorales no sean perfectas y que el Tribunal no sea perfecto, pero ¿eso significa que los resultados deben ser impugnados? De ninguna manera. Si una institución democrática es imperfecta, la democracia mejora a la institución o la maquinaria, pero no la desatiende. Hacer caso omiso de las leyes electorales y la autoridad del Tribunal Electoral -el sistema adoptado por un Congreso electo democráticamente para evaluar la validez de las elecciones- sería antidemocrático. Aun peor, socavaría el respeto por el Estado de derecho que tanto dolor le ha costado a México elevar.

Las manifestaciones políticas son un efecto secundario necesario e incluso saludable de la democracia. El gobierno mexicano ha permitido tales protestas, siempre que no desborden en violencia. También se puede llamar a la violencia civil cuando un sistema legal abandona los preceptos sobre los que está basado. Sin embargo, éste no es el caso en las elecciones del 2006 de México.

Hay un paralelo interesante entre las elecciones de México del 2006 y la elección de George W. Bush como presidente de EU en el 2000. Al Gore obtuvo más votos a nivel nacional que Bush, pero la elección dependió de los resultados de un estado, Florida, cuyos votos en el Colegio Electoral determinarían el resultado de la elección. Florida era un estado controlado por un gobernador republicano (hermano de George Bush) y un funcionario republicano encargado de realizar la elección. Cuando el aparato electoral decidió que Bush había ganado la elección, Al Gore pidió un recuento de votos, debido a la evidencia de irregularidades en el conteo. El asunto fue remitido primero a los tribunales estatales y luego a la Suprema Corte, que dictaminó -en una decisión 5-4 de jueces que votan de acuerdo con las líneas políticas de los partidos- que la determinación de los funcionarios electorales de Florida no debería ser alterada. (Lástima, Estados Unidos no cuenta con un tribunal electoral independiente). Inmediatamente, el entonces vicepresidente Gore apareció en televisión nacional y dijo que, pese a no estar de acuerdo con la decisión de la Suprema Corte, la aceptaría. Al igual que muchos otros oponentes de George Bush, me sentí sumamente decepcionado por el resultado, y seguiré decepcionado por las políticas emprendidas por la Administración Bush. Al igual que muchos compatriotas míos, sin embargo, acepté la decisión por respeto al sistema democrático que la produjo, con la esperanza de que podríamos mejorar el sistema para el futuro.

No creo que los ejemplos estadounidenses sean necesariamente laudables o deban ser impuestos a otros países. En este caso, sin embargo, hay una lección en la que los mexicanos deben reflexionar, independientemente de que la fe en las instituciones democráticas y la adherencia al Estado de derecho deban imponer el apoyo a las decisiones producidas por los tribunales de acuerdo con las leyes y con la Constitución mexicana, en lugar de volver a la práctica de la intervención que hace caso omiso de la ley. Uno no sigue el Estado de derecho cuando resulta conveniente y lo abandona cuando es inconveniente.

El "comodín" en la elección mexicana es la misma carta que es jugada por Andrés Manuel López Obrador -la condición de la pobreza endémica que plaga a la sociedad mexicana, y la injusticia inherente a las disparidades tan amplias de la riqueza en el país. Quien llegue a ser presidente de México debe atacar tal injusticia que severamente debilita a una sociedad democrática. Si sale Felipe Calderón como Presidente, no podrá equivocar en este compromiso -la democracia mexicana no es "sostenible", como dicen los abogados del medio ambiente, con las injusticias económicas que existen en el país. Ojalá que cualquier campaña contra la injusticia económica que se lleve a cabo sea librada de una forma que muestre respeto por el Estado de derecho y las instituciones democráticas.


El autor es profesor "Leonard B. Rosenberg" de Derecho en el Centro de Leyes de la Universidad de Houston, y es co-autor del libro Mexican Law publicado por Oxford University Press en el 2004.

Traducción: Patricia González Hernández.

La voz del Tribunal

José Woldenberg
Reforma
10 de agosto de 2006

El TEPJF ha desahogado un muy relevante "incidente": la solicitud de la Coalición Por el Bien de Todos para realizar un nuevo escrutinio y cómputo de la votación total de la elección presidencial. Y su resolución -impecable y pedagógica- ha querido ser leída según la conveniencia de los actores. Por ello intentaré reconstruir su lógica. Se trata de un "incidente de previo y especial pronunciamiento", un capítulo de un proceso más amplio y complejo.

El Tribunal recuerda las normas que regulan la organización de las elecciones, la función del IFE, pero se detiene en un eslabón fundamental: las mesas directivas de casilla, de las cuales subraya que "son órganos transitorios, integrados por ciudadanos residentes en la sección electoral correspondiente a la casilla donde actúan, a los cuales se les encomienda la realización de una función fundamental... la de recibir la votación, así como la de realizar y autentificar el escrutinio y cómputo el mismo día de la jornada...". Se trata de "ciudadanos que no forman parte de la estructura orgánica ordinaria del IFE y desvinculados de los partidos... (para) garantizar la imparcialidad... pues en la medida que las mesas... se integran con ciudadanos insaculados al azar, que no son servidores públicos de confianza ni dirigentes partidistas, es más remota la existencia de una posible inclinación o preferencia...". Recuerda el procedimiento para la integración de las mesas directivas y su conclusión es que esa fórmula "genera una gran certeza sobre su imparcialidad".

El Tribunal pondera un segundo candado de seguridad: "el derecho de los partidos de nombrar representantes de casilla y representantes generales", lo que "contribuye de modo importante a hacer realidad la garantía de actuación imparcial de esa autoridad genuinamente popular que es la mesa directiva de casilla".

Se detiene de manera pormenorizada en el procedimiento de escrutinio y cómputo y realza el papel estratégico que juegan las actas (tanto la original como las "autógrafas al carbón"), "en las cuales quedan asentadas... los resultados de la votación". Dice: "Las copias...merecen pleno valor probatorio" y son un instrumento invaluable para los partidos.

Concluye: "Cuando los documentos... cumplen a plenitud los requisitos y formalidades esenciales legalmente exigidos, adquieren definitividad, y con esto queda cerrada toda posibilidad ordinaria de un nuevo escrutinio y cómputo, por personas diferentes a los ciudadanos receptores de la votación".

No obstante: "en la medida que el acta no contenga alguna de las formalidades apuntadas, especialmente cuando presenten inconsistencias entre los datos numéricos relativos a boletas recibidas, boletas sobrantes e inutilizadas, número de votantes... el documento disminuye ese grado óptimo de certeza...". Sin embargo, "el sistema legal ofrece todavía un nuevo mecanismo para que recobre esa plenitud": la sesión de los consejos distritales. Asienta: "El cómputo distrital está concebido para que simplemente se sumen las cifras obtenidas de cada acta", pero cuando aparezcan inconsistencias, el Consejo tiene una función de "depuración". Cuando los resultados de las actas no coinciden, cuando se detectan alteraciones evidentes, cuando no existe acta ni en el expediente ni la tiene el presidente del Consejo o cuando existan errores evidentes, el Consejo debe recontar los votos. El Tribunal considera como "errores evidentes" "cualquier diferencia o inconsistencia en las cifras" de las actas.

Señala: "la pretensión de la Coalición... consiste en que se ordene realizar un nuevo escrutinio... (para) dar certeza al resultado". Y contesta el Tribunal: "El método establecido para garantizar el principio de certeza en los resultados electorales... es el que precisamente está desarrollado en el COFIPE... (pues) en la legislación está concebido todo un mecanismo o procedimiento de control, casi absoluto, para que cada voto manifestado en las urnas se cuente...".

Y apunta algo más: "La circunstancia de que se justificara que en algunas o varias mesas de votación se cometieron irregularidades, o que éstas aparezcan en las respectivas actas... no constituiría base para sostener la procedencia de la realización de nuevo escrutinio y cómputo en el universo de casillas electorales, bajo el argumento de que es factible que en todas se encuentre la misma irregularidad o inconsistencia... (porque) como cada centro de votación es único, integrado por sujetos distintos, ubicado en lugar distinto y rodeado de un entorno diferente, los sucesos o acontecimientos ocurridos en uno, no guardan interconexión con los otros, más si las irregularidades se atribuyen a los ciudadanos que integraron las mesas...".

Por otro lado, el Tribunal recuerda la singularidad de los juicios de inconformidad contra los resultados asentados en las actas y la obligación de hacerlo en cada uno de los distritos, "porque la inconformidad que se promueva contra cómputos distritales, por nulidad de votación... o por error aritmético... no podrán traspolarse o extenderse a cómputos de dos o más distritos, ni a la votación recibida en casillas no cuestionadas". En buena lógica dice: "No es válido pretender que los hechos u omisiones ocurridos en una sirvan como base para lograr la nulidad de otra diferente".

Y dado que la Coalición sólo impugnó casillas en 230 distritos, "esa circunstancia, por sí sola revela la inadmisibilidad de la pretensión del recuento general...". Por ello no procede ni el recuento total ni el de una muestra aleatoria sino el de cerca de 12 mil casillas en las que se detectaron errores en las actas.

Luego el Tribunal atiende una serie de acusaciones realizadas por la CBT que a su juicio no impactaron el cómputo de los votos y que seguramente valorará en el momento de la declaración de validez (o no) de la elección. Pero ésa es harina de otro costal.

Luz a luz II

Germán Dehesa
Reforma
10 de agosto de 2006

Muchas gracias. La respuesta fue fulminante. Uno de los últimos visitantes me informa de que ya eran 48 mil las luces encendidas y cerca de tres imágenes, tres recuerdos, liberados. Cuando entré por última vez ya eran totalmente visibles la Fuente de Petróleos y el Auditorio Nacional. Según calculé, en mi feliz ignorancia, entre hoy miércoles y mañana jueves conseguiríamos los 200 mil pixeles necesarios para liberar las 16 imágenes.

Yo no contaba con los caprichos de la tecnología. A la altura del pixel 48 mil, "el servidor" dejó de servir. Esto no lo digo yo, porque de esto su Charro Negro lo ignora detalladamente todo. Lo que este ciudadano hizo fue empezar a dar de alaridos, a solicitar la inmediata presencia de David, el Rey de la Cibernética, quien funge como mi asesor personal en el uso de cualquier cosa que se enchufa (menos una). Me lancé también a hacer telefonemas desesperados a todos los chicos y chicas que conforman mi "soporte técnico". Todos concordaron en un diagnóstico: fuimos víctimas de nuestro éxito, el servidor tronó (¿qué pasó, Telmex?) y la página desmamonose. Me consta que todo mundo, menos yo que nomás estorbo, está trabajando a marchas forzadas para resolver este drama cibernético y mi mejor deseo es que, a la hora en que leas estos renglones, lectora lector querido, puedas ingresar a www.despejalaciudad.org.mx y te incorpores al juego y al fuego. Si lo piensan bien, lo que estamos organizando es un ciberplantón, un ejercicio -tan necesario en México- de "¡Vámonos respetando!".

Y hablando de esto y conectando con una plática que tuve recientemente con mi muy querido Gilberto Rincón Gallardo acerca de la brutal discriminación (dícese de la automática falta de respeto) que en este país, de manera abierta o embozada, se practica; en torno a este asunto, quiero decir algo acerca de la estúpida discriminación que ha aflorado como herramienta política en esta campaña. Para los amarillos, los azules y sus simpatizantes son una gran masa de burgueses pirrurris que lo único que buscan es proteger sus injustos beneficios e impedir cualquier cambio que se haga a favor de una justicia social, por lo demás, tan urgente. A su vez, los azules no se quedan atrás ¡qué va! y afirman de modo injurioso y rabioso que no pueden permitir que triunfen los nacos, los muertos de hambre, los prietos, los ignorantes, los que no son como ellos. Estos modos de expresarse, este suponer que se está adoptando una posición política a base de injurias, me producen una infinita vergüenza. Las cosas no son, no pueden ser, así. Nada hay más contrario a la verdadera democracia que la discriminación y el automático desprecio por el otro que, según nuestros arcaicos criterios, ha cometido el imperdonable delito de ser distinto y de pensar distinto.

Éste, lo juro por todo lo que amo, no es el espíritu que anima el juego que ayer les propuse y al que muchos de ustedes entraron y entrarán tan alegremente. Respeto es la palabra clave de nuestra propuesta. Lo decía ayer, pero lo repetiré hoy: todos cabemos en esta generosa y hospitalaria Ciudad que también puede ser infernal para muchos. Estoy hablando (y al hacerlo recuerdo a Felipe González) de que la democracia es una avenida ancha y espaciosa; por ella podemos ¡ojo! circular todos. Unos irán a la derecha, otros por el centro y otros por la izquierda. Todo se vale y es respetable. Lo único que no se vale es cerrar la avenida a nombre de no sé qué, no sé cuál, gesta ciudadana que nuestros nietos venerarán como un triunfo histórico. A. Camus se pregunta: ¿a nombre de qué felicidad futura me piden que abofeteé a mi prójimo del presente?. No le entro. Prefiero encender mi luz y despejar la avenida.



¿QUÉ TAL DURMIÓ? DCCCLV (855)


ARTURO MONTIEL ROJAS.


Cualquier correspondencia con esta columna con foco parpadeante, favor de dirigirla a german@plaza delangel.com.mx (D.R)

Voto por voto... cambia poco

Andrés Manuel López Obrador rechazo de nuevo el recuento parcial de votos

Staff
Reforma

Ciudad de México (10 agosto 2006).- Al desarrollarse el primer día del recuento de votos en 11 mil 839 casillas, los primeros reportes arrojan un mínimo ajuste en los sufragios obtenidos por los principales contendientes por la Presidencia de la República.

En el DF, con 150 casillas computadas en 7 distritos, la Coalición por el Bien de Todos sumó sólo 48 votos a su causa, pero el PAN también obtuvo 41 sufragios más de los que tenía en un principio.

En el distrito 15, donde la Coalición radicó el "juicio líder", a través del cual impugnó la elección presidencial, López Obrador obtuvo 12 votos más, Calderón 11 y Roberto Madrazo 10.

Las variaciones fueron menores y para todos los partidos. En el distrito 20 de Iztapalapa, la Coalición ganó 6 votos y el PAN perdió 9; pero en el distrito 5 de Tlalpan, Calderón aumento 21 votos y López Obrador sólo 4.

En Jalisco, con la apertura de 538 paquetes, de los 2 mil 705 que se ordenaron abrir, la Coalición Por el Bien de Todos recuperó 193 votos.

En Nuevo León, con 212 casillas computadas hasta anoche, de las 508 que fueron impugnadas por los perredistas en 11 distritos, la Coalición por el Bien de Todos sumaba 55 votos más a favor de los que tenía antes del recuento.

"Ya llevamos el 90 por ciento de ellas recontadas. La Coalición gana un voto o gana dos, pero en otras las vuelve a perder. Entonces estamos tablas", resumió Rafael Morales, vocal de organización de la Junta Distrital 13 en Huatusco, Veracruz en donde se recontarán 116 casillas.

El candidato de la Coalición, Andrés Manuel López Obrador, rechazó ayer el recuento.

"Quiero decir que nosotros no aceptamos ese recuento. Que estamos asistiendo para no abrir otro frente y que no tengan más elementos nuestros adversarios para vociferar que somos irrespetuosos de la ley", dijo ante miles de simpatizantes reunidos en el Zócalo, en el día once de su plantón.

Mientras tanto el PAN aseguró que el PRD no encontrará en el recuento los sufragios que le hacen falta para derrotar a Calderón.

"No encontrarán en este procedimiento los votos que andan buscando, los votos que no obtuvieron en las urnas. No encontrarán en el recuento ni en sus denuncias infundadas los votos para remontar la ventaja que les lleva Calderón", expresó Germán Martínez, representante del PAN ante el IFE.

Bloquean bancos y liberan lateral

Simpatizantes de Andrés Manuel López Obrador bloquearon ayer, durante seis horas, las oficinas administrativas de Bancomer, HSBC y Banamex, como parte de su campaña de resistencia civil.

Los manifestantes hicieron vallas humanas para impedir que los empleados entraran a laborar.

En tanto, un tramo de los carriles laterales de Paseo de la Reforma están de nuevo abiertos a la circulación vehicular.

Hacia el centro, se puede usar la lateral en el tramo de Lieja a Insurgentes, mientras que hacia el Poniente, está libre la lateral entre Insurgentes y Río Nilo, según se observó durante un recorrido.

Sin embargo, sólo circulan camiones de turistas, repartidores de mercancía y tránsito local.

Los tramos han sido abiertos de manera gradual desde el martes.

Con información de Alberto González y Ariadna Bermeo

La ocupación

Soledad Loaeza
La Jornada
10 de agosto de 2006

El Distrito Federal es una ciudad ocupada. Desde hace ya tres semanas los lopezobradoristas están instalados a lo largo del Paseo de la Reforma en una operación que nos divide, obstaculiza el tráfico, restringe la libre circulación de personas, incide sobre el buen funcionamiento de establecimientos comerciales. Esta operación se ha impuesto como una medida de fuerza sobre los habitantes de la ciudad
que por diferentes razones no compartimos la causa de AMLO. Los ocupantes cuentan con el apoyo de servicios y servidores públicos que responden a sus necesidades y a las de su líder. También ha quedado fuera del espacio público y bajo el control de un partido político la avenida emblemática de la capital de la república, al igual que lo está el Zócalo, aunque desde hace muchos años éste dejó de ser la plaza en la que nos reconocemos todos los mexicanos.

Como ocurre en todas las ciudades ocupadas, en poco tiempo se ha instalado la rutina, sólo que en nuestro caso los ocupantes han logrado hacerlo con más celeridad que los demás. Debe ser la costumbre. En unas cuantas horas armaron tiendas de campaña, mesas de comedor, sillas, catres, televisiones, conexiones eléctricas, baños portátiles, con ciencia y paciencia colocaron televisiones, mantas, pancartas, áreas de juego para prescolares, colchonetas de yoga, y zonas de esparcimiento donde unos cuantos ocupantes matan el tiempo con partidas de dominó y de ajedrez, aprenden a pintar por número, toman bebidas de moderación, echan una cascarita, bailan o dormitan plácidamente mientras llega la comida. Para muchos de ellos, si no es que para todos, estos días han sido una temporada vacacional memorable. La prensa publica imágenes de una kermés, poco concurrida tal vez, pero no hay duda que los ocupantes se entretienen, mientras los habitantes de la ciudad prensan las manos en el volante o se amarran la lengua para controlar el enojo que les produce la impotencia.

La tranquilidad que se respira en la zona de ocupación es envidiable para los demás que, en cambio, tenemos que hacer despliegue de ingenio y perseverancia para llegar a los compromisos de trabajo o a las citas familiares que nos obligan a atravesar la zona de ocupación. No sólo eso. A diferencia de los ocupantes, los demás vivimos en la incertidumbre. Esta reacción es un éxito para la estrategia del vocero Fernández Noroña, pues ése es justamente su objetivo. Cada vez que habla nos advierte con tono más que intimidatorio que lo que estamos viviendo hoy es poca cosa frente a lo que viene. No sabemos qué sigue, pero nos han dicho que será peor. De manera inevitable un sentimiento de inseguridad, así sea mínimo, asalta a todo aquel que no es ocupante
y que se atreve a caminar por la zona restringida. Es cierto que en general los ocupantes simplemente ignoran a los transeúntes, pero uno los ha visto tan fieros, el discurso de su líder tiene un tono tan combativo, sus denuncias contra quienes no piensan como él son tan rabiosas -y cada día más-, que uno camina temeroso de que lo
identifiquen como alguien ajeno a ellos. Bajo la mirada complaciente que la autoridad sostiene sobre los ocupantes, los demás nos sentimos por completo desamparados. Habrá quien considere que quizá lo mejor es unirse a ellos, por lo menos para recuperar el sentimiento de seguridad que nos ha regateado la ciudad desde mucho antes de que todo
esto ocurriera, y que ahora se ha acrecentado. Entre los más desesperados surge la tentación de pedirle al TEPJF que ya, que le reconozca a AMLO todos los votos que él quiera, que lo declaren presidente, y nosotros nos comprometemos a no volver a votar nunca más para no provocarle disgustos.

Más allá de estas reacciones de desesperación, los habitantes de la ciudad que no participamos en la ocupación estamos luchando por desarrollar una rutina. No será tan difícil. Durante ya casi 10 años los gobiernos perredistas nos han sometido a un duro entrenamiento en el que hemos aprendido a esperar pacientemente mientras los paristas
hacían machincuepas sin ton ni son en la vía pública o los quejosos de todo el país eran bienvenidos al Zócalo por las autoridades locales, que les prometían resolver conflictos que nada tenían que ver con la ciudad. Una vez aquí los arropaban, les daban una plataforma para protestar contra las autoridades federales y los integraban a sus huestes. Enorme disciplina desarrollamos los defeños durante la construcción del segundo piso del Periférico, entonces, como ahora, vivimos muchas horas atorados en enredados embotellamientos, en cortes de calles, controlando los nervios, el cansancio y todo aquello que pone diariamente a prueba las reglas de convivencia. Ahora de nuevo nos hemos visto obligados a reorganizar nuestros calendarios, horarios
y trayectos, a modificar nuestra rutina de trabajo o de diversión; pero seguramente lo lograremos. Aprendimos a ceder, respondimos con flexibilidad. Es seguro que volveremos a votar.

Hay que tener confianza. Estos tiempos tan duros también templan nuestra resistencia.

"Querido Andrés Manuel"

Francisco Martín Moreno

No existe ningún mexicano, medianamente sensato, que no esté de acuerdo con tu tesis consistente en que "Primero los Pobres". ¡Claro que primero los pobres! ¿Quién puede oponerse a semejante propósito político y social? Quienes realmente queremos a este país deseamos elevar a la altura mínima exigida por la dignidad humana, a todos aquellos compatriotas que carecen de lo estrictamente indispensable. ¡Claro que queremos educación para todos! ¡Claro que queremos bienestar para toda la nación! ¡Claro que queremos un ingreso per cápita de cuando menos 30 mil dólares al año para cada mexicano! ¡Claro que queremos apagar todas las mechas encendidas, que no hacen sino atentar en contra de la estabilidad y del desarrollo en general del país! ¡Claro que queremos aumentar el ingreso, pero a través de la productividad y no a través de decretos ya conocidos que disparan la inflación con todas sus consecuencias!

¿Quién no desea ayudar los indios de México? ¿Quién no desea alfabetizarlos? ¿Quién no desea contener la emigración de cientos de miles de mexicanos a los Estados Unidos? ¿Quién no quiere agua potable, televisión, estufas, piso de concreto y paredes de ladrillo en cada familia mexicana?

Querido Andrés: todos coincidimos en la necesidad inaplazable de rescatar a los marginados, sólo que yo no coincido contigo en las estrategias que has planteado para rescatarlos de la miseria. Entiende que la única célula generadora de riqueza es la empresa y los empresarios, a los que tú llamas hambreadores del pueblo o parásitos
sociales, son los agentes operadores del bienestar. La práctica lo ha demostrado. Mientes.

Todos coincidimos con el fin, pero la mayoría no está conforme con tu método. Se vio en las urnas. Ni partiendo el sueldo de los funcionarios públicos a la mitad ni evitando la corrupción que devora lo mejor de nuestro país, podremos generar la suficiente riqueza para crear los empleos que requiere México, la herramienta más eficaz para ayudar a los pobres que tanto nos preocuparan. Tu diagnóstico está
equivocado. Un gobierno encabezado por ti jamás creará los empleos que requiere México ni extinguirá las mechas encendidas, ni impulsará la recaudación tributaria indispensable para que el gobierno aumente significativamente el gasto en Desarrollo Social. Nadie con dos dedos de frente podría aceptar que tus tesis económicas ayudarán a la capitalización de las empresas ni estimularán la investigación
tecnológica, ni ampliarán los mercados, ni estimularán la competitividad en el comercio internacional, ni abaratarán costos de producción, ni propondrán alternativas inteligentes para modificar el TLC, dando los pasos adelante necesarios para acercarnos, poco a poco, al esquema de una Comunidad Económica de Norteamérica.

No tienes ningún derecho en detener a la inversión extranjera ni a la doméstica, que tanto necesitamos para prosperar. No tienes justificación para espantar a los capitales que vienen a ayudarnos a construir un México mejor. Careces de elementos, nunca los tendrás, para estimular el odio entre todos los mexicanos, ni para polarizar este país, ni para crear trincheras entre todos nosotros únicamente para dividirnos, la única condición en que los mexicanos hemos sido históricamente derrotados.

Tú no representantas a la izquierda, sino al más catastrófico populismo, del que yo no quiero jamás volver a acordarme. Izquierda era la de Mitterand, la de Felipe González, es la de la Bachelet, a diferencia de la supuesta izquierda de Chávez o la de Castro, quien ha impuesto la felicidad con la fuerza de las bayonetas...

No, no Andrés, para ti es irrelevante el incendio de todo lo mío, la destrucción de todo lo que he construido en los últimos siete siglos. Es claro que no te importa que nos volvamos a incendiar como en 1810, en 1858 o en 1910, siempre y cuando tú puedas compensar los vacíos sicológicos que se remontan a tu infancia. No, Andrés, ese no es el camino. Si el padrón federal lo integran 72 millones de electores y de ellos sólo 14 votaron por ti, entonces 58 millones no te quieren en la Presidencia, o sea más del 80 por ciento te rechaza como jefe del Ejecutivo.

Antepones tu bienestar personal al mío. Deseas intimidar a las autoridades judiciales mediante la protesta callejera. No quiero un Mussolini mexicano que acepte la ley siempre y cuando le beneficie y que rechace a la Constitución por ser una herramienta a favor de la burguesía. La mayoría somos concientes de nuestras debilidades económicas y sociales, sólo que hemos decidido no convocarte a ti para resolver los difíciles problemas que nos aquejan.

Abandona el llamado a la violencia. Abstente de erigirte como intérprete de la voluntad popular y resígnate a aceptar tu derrota. La mayoría de los mexicanos no te quiso en la Presidencia de la República, porque lejos de ayudar a los pobres los hundirás más en la desesperación hasta que volvamos a matarnos con las manos entre
nosotros mismos.

Atentamente El Pueblo de México

Respuesta

¡Cuánto dolor le ha costado este modo de ser a la humanidad!

Sara Sefchovich
10 de agosto de 2006

Muchos lectores me escribieron en relación con mi artículo de la semana pasada, en el cual criticaba la toma de las calles por simpatizantes de AMLO. En los correos hubo de todo, desde "la felicito" hasta "es usted fascista"; desde "se lo dije," hasta "exagera". Algunos me criticaban por "hacer literatura"; otros a partir de sus propias invenciones sobre mi persona: si soy o no mexicana, si soy "riquilla", si uso o no el Paseo de la Reforma. Hay quien me incluye entre los "intelectuales", dicho como un insulto y quien me acusa de recibir dinero por sostener mi posición. A todos ellos les agradezco que me lean y me escriban, y les devuelvo la siguiente reflexión:

Según Linda Egan, esta es una frase de Monsiváis: "En la batalla entre tú y el mundo, ponte del lado del mundo". La idea es exactamente opuesta a la de Gandhi: "Si el mundo no responde a tu llamado, camina, camina solo".

¿A cuál de esas consignas obedecer? La respuesta a esta pregunta se ha convertido, en los tiempos que corren, en crucial. Y como van las cosas, Gandhi resultará el perdedor, pues todo indica que atreverse a pensar diferente ya no es señal de valentía y convicciones, sino de estupidez y hasta de traición.

Hoy día hay que sumarse a la bola o arriesgarse a que lo anatematicen, en el sentido medieval de la palabra. No estoy hablando porque sí. Véase la reacción furibunda a las críticas que hicieron Carlos Monsiváis, Héctor Bonilla, Miguel Ángel Granados Chapa, Rolando Cordera (y la que esto escribe) a la toma de las calles de la ciudad como método de lucha y se entenderá cuando digo que aquí estamos descubriendo el sabor y los sinsabores de la unanimidad obligatoria.

Porque ninguno de ellos están contra AMLO y su causa, sino que criticaron un camino que les (nos) parece que afecta a demasiadas personas y que hasta resulta contraproducente. Pero la reacción fue la repetición de la historia europea de entreguerras, de la historia china posrevolucionaria, de la Argelia independentista, de la Revolución Cubana: esos momentos históricos cuando se niega el derecho a la mínima crítica y se exige comprar el paquete completo, so pretexto de que no es tiempo para disensiones y que para sostener "los supremos intereses de la lucha política y social," que se supone son "los supremos intereses del pueblo," es necesario evitar "desviaciones peligrosas". En consecuencia, se pide guardar para mejores épocas el recuento de los errores, la crítica a los métodos, la opinión divergente.

Me resulta doloroso ver a Monsiváis y a Bonilla teniendo que reafirmar públicamente su lealtad a la causa de AMLO, aquél con un desplegado, éste con sus declaraciones en el zócalo, como si alguien pudiera a estas alturas ponerla en duda. Y todo por el solo hecho de haberse "atrevido" a disentir de uno de sus métodos de lucha.

Y entonces pienso en las palabras de Gyorgy Lukacs, el gran intelectual y militante comunista húngaro, cuando durante el estalinismo tuvo que hacer lo mismo y al respecto dijo: "No vale la pena arriesgarse por rechazar una pequeña humillación, por el placer de actuar de un modo retador. Los revolucionarios necesitamos tener paciencia y valentía, el amor propio está de sobra. La época es difícil, ahorremos nuestras fuerzas".

Estamos viviendo un momento ideológico por el que ya pasaron el socialismo, el feminismo, la negritud, el latinoamericanismo y ahora el pan-arabismo, aquel donde con el pretexto de la causa, se deja de lado la democracia. Porque si ésta significa respeto, apertura a ideas diferentes, capacidad de crítica y autocrítica entonces aquí no la tenemos.

Pues lo que estamos viendo es que si alguien se atreve a ir mínimamente contra la corriente, contra la opinión generalizada, contra la decisión del líder, le cae encima la maldición, el enojo, la acusación de traición, la conversión automática en enemigo.

Mala cosa la de tener que estar reivindicándose, defendiéndose, explicando lo que se quiso decir, haciendo públicos actos de fe, todo para no quedarse afuera, para no ser acusado de traidor y enemigo. Mala cosa ésta de que se descalifique, insulte, ofenda, agreda a quien se atreve a pensar diferente. Mala cosa esta división que se ha hecho entre buenos y malos, ricos y pobres, intelectuales y pueblo.

Mala cosa creer que uno y sólo uno tiene la razón y la verdad y que los demás tenemos que acatar esa razón y esa verdad sin chistar. ¡Cuánto dolor le ha costado este modo de ser a la humanidad y ahora aquí estamos, nosotros también, en México, metidos en lo mismo!

sara.sefchovich@asu.edu

Escritora e investigadora en la UNAM

'Nada por aquí, nada por acá'

En el segundo día de recuento, en el Distrito 13 de Veracruz la revisión en las mesas de escrutinio no presentó cambios en los paquete electorales

Benito Jiménez / enviado
Reforma

Veracruz, México (10 agosto 2006).- "Uno, dos, tres, cuatro, cinco… a ver, otra vez", se escucha cada rato la voz de Francisco Juan Zamora, presidente consejero del Distrito 13 de Veracruz.

Cada voto de las 116 casillas con presuntas irregularidades. "Nada por aquí, nada por acá", bromea Zamora y muestra los paquetes electorales.

A Demetrio Guarnero, representante de la coalición Por el Bien de Todos, no le hace mucha gracia. Se pone sus lentes y no deja de anotar números.

"Pero por qué no coincide, el acta dice 70 votos y la copia de operaciones dice 72. ¿Qué pasó? Ah, están en los nulos, pues avisen, nomás me están cazando a ver a qué hora me descuido, no sean malogras", reclama el perredista.

Es el segundo día de recuento. Son dos mesas de dos metros de largo por uno de ancho. Una la preside Zamora y otra Susana Córdova, dos ciudadanos de este pueblo. Una maestra de secundaria y otro comerciante de granos.

Al centro, paquetes, boletas y actas electorales. Además, galletas de coco y café, pero de marca, no regional.

La voz que más se escucha es la de Zamora Flores. "Sesenta, sesenta y uno, sesenta y dos… sale. ¿Otra vuelta o ya? Ustedes dicen, yo cuento", dice sonriente.

Hay un receso. Son las 13:27 horas. "Perenne, Perenne, guardo el cuaderno, no me vayan a tachar mis números, porque híjole, no se sabe, no se sabe", expresa Raúl Jiménez, también de la coalición.

"Lléveselo, lléveselo, no queremos que diga hoja por hoja, cuaderno por cuaderno", le bromea el representante del PAN, Rogelio Silvestre.

En tanto, los militares van y vienen. De la puerta a la azotea y de la azotea al patio donde están las mesas de escrutinio. Aburridos, con su rifle de asalto al hombro.

Afuera no hubo presión. El miércoles, 20 campesinos bailaron danzón y gritaron "voto por voto, casilla por casilla". Ayer nada, ni pancartas ni consignas.

'¿Dónde quedó la salsita?'

En la calle cada quien lo suyo. "No sé. Pero esa casa ya parece un cuartel, no una oficina electoral. De todos modos, quien gane seguiremos igual. Esto ya está demás, sólo es más gasto para el pueblo", refunfuñar doña Ignacia Martínez. Una señora que vende pan cerca del Distrito 13.

A la hora de la comida, personal auxiliar del IFE, consejeros,
representantes de los partidos, magistrados y militares se dan un
tiempo.

Chiles rellenos, arroz, carne de puerco en salsa roja, frijoles y agua de melón es el menú.

"A ver sargento, dónde quedó la salsita", pregunta Raymundo Hernández, de la Alianza Por México.

"¿Y luego, qué va a pasar señor Magistrado?", plantea Mónica, la asistente Rafael Morales, vocal de Organización del Consejo Distrital mientras saborea un chile relleno de picadillo.

"Se levanta un acta de la diligencia, un acta circunstanciada que será remitida a la Sala Superior, con todos los resultados de las 116 casillas revisadas", contesta Enedina Litta, Magistrado del Primer Tribunal Colegiado en Materia Administrativa del Trabajo del Séptimo Circuito de Boca del Río.

Es la chorcha, la hora del amigo. Nada de acusaciones