agosto 12, 2006

Manifiesto

Jaime Sánchez Susarrey
Reforma
12 de agosto de 2006

No, no es una broma ni un sainete mal organizado. López Obrador es mucho más que un muchacho malcriado y berrinchudo. Su estrategia está bien trazada. Los campamentos, los plantones, las manifestaciones y los bloqueos tienen un objetivo preciso: presionar al Tribunal Electoral y crear tensiones y conflictos. El escenario de la ingobernabilidad es el último peldaño que pretende alcanzar. Pero él sabe que para llegar ahí hay que ir escalón por escalón.

La demanda de contar voto por voto es sólo una consigna que le sirve para atacar a Felipe Calderón y para movilizar a sus huestes. Nada más. Porque a fin de cuentas, él y sus asesores saben perfectamente que los 240 mil votos a favor de Calderón no podrán ser revertidos. De hecho, los resultados del conteo de las 11 mil casillas que ordenó el Tribunal Federal Electoral no han modificado los números globales; los pocos votos que AMLO gana en una casilla Calderón los empata en otra.

No debe sorprender, en consecuencia, que el Peje haya descalificado el recuento y se niegue desde ahora a reconocer su validez. Pero lo que vale para este conteo parcial, también se aplica al recuento que él exigía de las más de 130 mil casillas. A pregunta expresa: ¿reconocerá usted la victoria de Calderón si el recuento global confirma su triunfo? Respondió categórico: la elección está viciada de origen, Felipe Calderón jamás será un Presidente legítimo.

No hay, pues, ningún misterio. López Obrador acatará el fallo del Trife sólo si: a) modifica los resultados generales y le otorga a él la victoria -cosa que es materialmente imposible; b) anula las elecciones por considerar que hubo inequidad en la contienda (la famosa causal de nulidad abstracta). De no ser este el caso, desconocerá la legalidad de todo el proceso y denunciará a los siete magistrados por someterse a los dictados de "los de arriba". El Tribunal pasará así a formar parte del complot en contra suya.

Conforme pasa el tiempo parece cada vez más improbable que el fallo del Trife se ajuste a las expectativas de AMLO. Por eso su discurso está girando a posiciones más radicales. En los 10 puntos que publicó el martes 8 de agosto hay varias tesis que merecen ser subrayadas: 1) un grupo muy poderoso de privilegiados manda en México; 2) hicieron todo para impedir el triunfo de la Coalición; 3) el 2 de julio recurrieron a la falsificación de actas y a la alteración de los resultados, es decir, cometieron un gran fraude.

Y finalmente, el corolario: "En el fondo, quieren que aceptemos sin chistar la desigualdad, la pobreza, el desempleo, la migración, los salarios de hambre, el cierre de espacios en las universidades públicas, la aprobación del IVA en medicinas y alimentos, la privatización de la seguridad social, de la industria eléctrica y del petróleo; y permitir que den el golpe definitivo a millones de productores con la libre importación de maíz y frijol del extranjero".

Así que desde su perspectiva no hay vuelta de hoja. La elección le fue arrebatada a la mala a él y a la coalición Por el Bien de Todos. La imposición de Calderón atenta contra los intereses de la mayoría y de la nación misma. Por eso, en el momento en que el Tribunal falle y la vía legal quede definitivamente cancelada, habrá que optar por vías alternas para "defender la democracia y todo lo que ello implica".

Sobra señalar que en esta ocasión, como en otras, el Peje espanta con el petate del muerto. Nadie está planteando en Acción Nacional la privatización del seguro social, de la industria eléctrica ni del petróleo. Pero en realidad, esta precisión no es relevante. Y no lo es, porque poco importa si la denuncia es real o no, lo que interesa es que López Obrador la está utilizando para justificar la movilización permanente contra el nuevo presidente de la República y su gobierno.

La lógica del planteamiento es perfectamente clara: es un llamado a la insurrección contra el orden existente para emprender una "renovación de las instituciones y una purificación de la vida pública" (palabras textuales del Peje). Semejante tesis, aquí y en China, es de naturaleza revolucionaria. Porque su punto de partida es muy simple: el orden institucional ha sido violentado y la vía legal ha quedado cancelada; sólo mediante las movilizaciones y la acción directa se puede defender a la patria y al pueblo de los grupos de poder.

La temperatura va a subir en los días y semanas que vienen. AMLO no miente cuando dice que no se va a quedar con los brazos cruzados. Las movilizaciones, los campamentos, los plantones y los bloqueos se van a multiplicar. Hoy la consigna es el conteo voto por voto; mañana, una vez que el Trife concluya sus labores, el objetivo será impedir que Calderón tome posesión como presidente de la República y, en su caso, derrocar u obstruir al nuevo gobierno.

Lo que hemos visto hasta ahora: la toma de Reforma, Juárez y el Zócalo, además de los bloqueos a empresas, bancos y carreteras federales, es apenas una probadita de lo que vendrá. Hay quienes insisten en que el PRD y López Obrador se están debilitando y se debilitarán aún más con esas acciones, ya que muchos ciudadanos las condenan. Sin embargo, eso tampoco es relevante. La apuesta del Peje ya no es por las mayorías ni por el voto de los ciudadanos. En ese campo ya perdió.

Su apuesta es a las corrientes más duras y radicales del PRD; los que le son incondicionales y están dispuestos a movilizarse e infringir la ley. De ahí la reaparición de Dolores Padierna en las tareas del recuento de votos. Porque para sitiar al Distrito Federal y otras ciudades no se necesitan millones de ciudadanos, bastan pequeñas organizaciones bien disciplinadas y dirigidas con inteligencia. Esa es la lógica de todos los movimientos revolucionarios. Lo experimentó Lenin con los bolcheviques en 1917 y lo reeditó, en otro contexto, Fidel Castro en 1959.

Por otra parte, el gobierno de la Ciudad de México se ha puesto ya al servicio incondicional de AMLO. A Encinas no le importa la ley ni la afectación de los ciudadanos. Y por si fuera poco, existen otros elementos que complicarán aún más las cosas. La posibilidad de que los grupos armados clandestinos se sumen a la protesta es real. Basta recordar que en 1994 irrumpieron violentamente en el contexto del levantamiento del EZLN. Amén de que el crimen organizado, particularmente los cárteles del narcotráfico, verían con muy buenos ojos el debilitamiento del gobierno y del Estado mexicano.

El enfrentamiento es ya inevitable. Más vale verlo y prevenirlo, a que nos tome a todos por sorpresa.