agosto 19, 2006

Los aprovechados de siempre

Felipe Díaz Garza
Reforma
19 de agosto de 2006

Felipe Calderón Hinojosa no podrá presumir de ser el presidente de todos los mexicanos mientras no se gane el puesto con su desempeño. Sólo una cuarta parte de los electores registrados votó por él. Sus votantes representan apenas un poco menos del 15 por ciento de todos los mexicanos.

Lo mismo hubiera aplicado a Andrés Manuel López Obrador si la diferencia que presuntamente está a favor del panista hubiera estado a favor del perredista. El caso es que, si Felipe Calderón logra su confirmación, lo que todo indica que sucederá, será legalmente Presidente cuando asuma el cargo, aunque no sea representativo del universo total de nuestra población. Será un Presidente débil, como lo hubiera sido López Obrador, que tendrá que hacer y ganar negocios difíciles con un Congreso plural y pactar alianzas y coaliciones por todos lados.

Pero justamente es en las negociaciones políticas y en las alianzas y coaliciones donde Calderón podría reducir aún más su representatividad al compartir poder, a cambio de bastones de apoyo, con grupos o sectores menos representativos que él. Si finalmente es Presidente, Felipe debe ser juicioso en la elección de sus aliados y en el alcance de sus alianzas y no debe ceder al chantaje anticipado ni al cobro del apoyo de quienes se adjudican la autoría de un triunfo que el todavía candidato panista a la Presidencia no puede aún dar por logrado.

El jueves en Guadalajara, en un encuentro del michoacano con líderes sociales, convocado por el Consejo Agropecuario de Jalisco, representantes de sindicatos de empresarios de esa entidad le pidieron incluir a jaliscienses en su gabinete, apoyando su demanda en el papel que jugó el estado en su elección. El presidente del Consejo, Francisco Conejo Cejudo, le presentó la cuenta a su supuesto invitado para que la firmara: "Cerca de 3 millones de ciudadanos acudimos a las urnas, en las que la voluntad popular se vio reflejada en más de 1 millón 400 mil votos a favor del licenciado Felipe Calderón, lo que, por cierto, nos convierte en el estado con mayor diferencia de votos en tu favor", decía el voucher que solícitamente le acercó Conejo a Calderón.

Otros líderes empresariales, el de la Canaco y el de los porcicultores, junto con el gobernador electo Emilio González Márquez, abiertamente le pidieron al abanderado panista que se acordara de ellos, los jaliscienses, al formar su gabinete. Con poca reflexión Calderón les contestó: "Tengan la seguridad de que Jalisco va a estar, desde luego, bien presente". Quién sabe qué habrá querido decir, aunque es fácil adivinar en su respuesta un compromiso, comprometedor para Calderón y prometedor para los desafanados peticionarios.

Más tarde ese mismo día el panista encabezó en El Zapote, donde Francisco Ramírez lo destapó como precandidato presidencial hace más de dos años, un mitin masivo con 5 mil panistas, a quienes aseguró que combatirá la desigualdad social como arma para enfrentar a los seguidores de López Obrador, quienes "lo que no saben es que los vamos a rebasar por la izquierda, vamos a hacer justicia, y justicia en serio, en nuestro país".

Calderón Hinojosa debe entender que, si su triunfo es finalmente acreditado, será presidente de México, no gobernador de Jalisco ni mucho menos presidente de los industriales del puerco y de la agricultura o de los comerciantes de Tlaquepaque, por muchos votos a su favor que ellos le hayan puesto en las urnas. Tampoco será una de sus obligaciones presidenciales combatir la desigualdad para enfrentar así a los seguidores de López Obrador, ni rebasar a éste por la izquierda, como ofreció hacerlo en el arranque dicharachero que tuvo en El Zapote, muy al estilo de los que acostumbra el "alcalde" Fox (de San Francisco del Rincón).

Si verdaderamente va a ser Presidente, Felipe Calderón debe serlo también, quizás con más cuidado y resultados, de quienes no votaron por él, una abrumadora mayoría de dos sufragios en contra suya contra cada uno a su favor. Y todos los que no votaron por él deberán ser convidados a gobernar junto con él y con los muchos panistas jaliscienses que votaron a su favor, muchos, sí, pero muchos menos que los 25 millones de mexicanos que votaron contra el panista y de los 60 millones que no votaron por nadie pero que también son mexicanos y a quienes Felipe debe representar y servir por igual, si quiere pasar de Presidente virtual a Presidente literal.

Calderón debe combatir la desigualdad social y "hacer justicia, y justicia en serio, en nuestro país" porque hay mucha desigualdad social y mucha injusticia, no para enfrentar a los seguidores de López Obrador, a los que, en todo caso, igual que a todos los mexicanos, entre ellos el todavía candidato presidencial perredista, Calderón debe incluir en un abrazo coalicionario de todas las corrientes, de todos los partidos, de todos los sectores y de todas las clases sociales, como arma para enfrentar la injusticia y la desigualdad.

De eso se trata, de alianzas y coaliciones inteligentes y atrevidas, no de sacar del juego a los seguidores de Andrés Manuel, quienes, quizás con un enfoque radical pero no hipócrita ni desajustado, quieren, como Calderón, enfrentar la injusticia y la desigualdad para erradicarlas, a diferencia de los aprovechados cobradores de favores que, al estilo de los viejos priistas que desterramos de la política mexicana, quieren huesos que roer en el gabinete del presidente de su cofradía, no de su país.


Correo electrónico: diazgarza@gmail.com

En el límite

Jaime Sánchez Susarrey
Reforma
19 de agosto de 2006

El tiempo pasa inexorablemente. El conteo de las 11 mil casillas ha quedado atrás. No existe ya la posibilidad de que el resultado de la elección se revierta ni de que el Tribunal Electoral ordene la apertura de todos los paquetes y se cuente voto por voto. Las quejas de un gran fraude electoral no han sido documentadas y no lo serán en lo que resta del proceso. Tampoco hay margen para que se anule la elección. Además, la resolución del Trife será inapelable. Así que no hay vuelta de hoja: antes del 1o. de septiembre, Felipe Calderón será declarado oficialmente presidente electo de la República.

Eso explica la radicalización del discurso de López Obrador. Esta semana escaló un peldaño más. El martes invocó al espíritu de Emiliano Zapata y llamó a sus colaboradores a firmar la convocatoria a la Convención Nacional Democrática que habrá de celebrarse en el Zócalo de la Ciudad de México el 15 y 16 de septiembre. No sobra recordar que el primero en utilizar esta figura fue el subcomandante Marcos en la Cuarta Declaración de la Selva Lacandona.

Para justificar su decisión, AMLO citó el artículo 39 de la Constitución que establece: "la soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instruye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno".

No hay, pues, que quebrarse la cabeza. Más claro ni el agua. El candidato de la alianza Por el Bien de Todos se apresta a desconocer no sólo al nuevo presidente de la República, sino al conjunto de las instituciones del Estado mexicano. En ese paquete van el Instituto Federal Electoral, la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el Tribunal Federal Electoral y, por supuesto, el nuevo Congreso de la Unión.

Frente a esos poderes espurios, que se habrían robado la elección, la Convención Nacional Democrática tendrá las facultades de una Asamblea Constituyente que podría incluso reconocer a AMLO como el único Presidente legítimo. La resistencia y la lucha no serán de unas semanas o de unos meses. AMLO se apresta, como Juárez, a recorrer la República en un carruaje defendiendo las "instituciones" que él mismo fundará en un acto solemne en el Zócalo de la Ciudad de México.

Todo esto puede parecer, y en parte es, una pacotilla. López Obrador podría convertirse a la larga en un Presidente de opereta. Un Presidente que, a su paso, suscite carcajadas y groserías. Pero en lo inmediato existen riesgos que es necesario advertir. Hay un sector de la población que tiene fe ciega en su candidato y que está convencido de que hubo fraude. Y no sólo eso. Las corrientes más radicales y siniestras del PRD, encabezadas por Dolores Padierna y René Bejarano, le son incondicionales y tienen la fuerza y la capacidad de realizar movilizaciones y plantones a lo largo y ancho de la Ciudad de México.

El futuro de esta estrategia depende de una serie de factores adicionales. Tres son particularmente importantes: el primero se relaciona con la instalación de la LX Legislatura los días 27 y 28 de agosto. En esa fecha, los diputados y senadores del PRD tomarán posesión y protestarán cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes que de ella emanen. Será la fracción más importante en toda la historia del Partido de la Revolución Democrática. Sus integrantes enfrentarán inmediatamente el dilema de ajustarse a una práctica institucional o sumarse al proyecto insurreccional de López Obrador.

En el PRD han coexistido dos almas: una revolucionaria y otra pragmática y negociadora. La primera ha estado siempre ahí. Está en los genes de la izquierda socialista y en la memoria de los ex priistas. Todos ellos creen en el mito del pueblo en armas haciéndose justicia y fundando un nuevo orden. México en 1910, la URSS en 1917 o Cuba en 1959. La segunda es la que convirtió al PRD en un partido con vocación de gobierno, que apostó al voto y a la moderación.

Por paradojas de la historia, el mayor salto electoral que ha dado el PRD se debe al mismo personaje que ahora se propone desconocer las instituciones y con ellas la victoria y los avances de su propio partido. Porque para ningún perredista es un misterio que la aventura insurreccional del mesías de Macuspana puede terminar hundiéndolos definitivamente. Los costos de las movilizaciones, los plantones y las acciones de desobediencia civil, que ya han sido anunciadas, se pagarán irremediablemente en la elección intermedia del 2009.

El segundo factor es el gobierno de la Ciudad de México. Alejandro Encinas se encuentra en una situación extremadamente difícil. Su sometimiento incondicional a López Obrador ha afectado ya su imagen y su popularidad. Pero además, desde un punto de vista institucional está llegando al límite. Su prueba de fuego será no el primero, pero sí el 15 y 16 de septiembre. En esas fechas deberá optar entre las responsabilidades de su cargo y la lealtad incondicional a López Obrador. En el Zócalo no cabe una Convención Nacional por la tarde y una parada militar por la mañana. Es una o la otra. No hay más.

Tercer factor: La respuesta del gobierno federal. Hasta ahora la tolerancia ha rendido muy buenos frutos. Los excesos verbales y las acciones ilegales le han quitado la máscara a López Obrador. Muchos de los ciudadanos que votaron por él están decepcionados y aterrados con el personaje. Los costos económicos, sin embargo, han sido muy altos. Pero esa estrategia tiene un límite. Las provocaciones van a subir de tono y el uso de la fuerza pública, como ocurrió a las afueras de San Lázaro, se va a tornar indispensable.

Los días y semanas que vienen serán cruciales. López Obrador apostará a que sus provocaciones desemboquen en enfrentamientos para denunciar al gobierno de la República como represor y autoritario. Él sabe que ese es su mejor seguro para mantener a los perredistas moderados bajo control so pena de denunciarlos como traidores. No hay, en consecuencia, por qué esperar que abra la más mínima rendija de negociación en las fechas clave que se avecinan: 1o. y 15-16 de septiembre. Antes al contrario, va a echar toda la carne al asador.

El gobierno de la República y el Presidente electo, por su parte, deberán ponderar si pueden dejar el mando de la policía y la Procuraduría del Distrito Federal en manos de dos incondicionales de López Obrador.

Se avecinan tiempos difíciles en los que nada está decidido de antemano. Exigen prudencia, pero también mucha firmeza. Esperemos que Fox y Calderón estén a la altura de sus responsabilidades

Pasan lista para rellenar plantón

Dirigentes de varios grupos que pidieron el anonimato, aseguran que les solicitaron llevar más personas al plantón, de preferencia jóvenes y fuertes

Ernesto Osorio y Alberto Aguirre
Reforma

Ciudad de México (19 agosto 2006).- El plantón de la Coalición por el Bien de Todos en Paseo de la Reforma comenzó a reforzarse con una mayor presencia de hombres jóvenes y con un pase de lista en cada campamento por parte de los coordinadores de la movilización.

Dirigentes de varios grupos, quienes pidieron no revelar su nombre, confirmaron que líderes del movimiento les pidieron llevar más personas a la concentración, de preferencia varones jóvenes y fuertes.

En un recorrido, se constató la llegada de más personas. Al mediodía, dos microbuses arribaron al campamento de la Miguel Hidalgo con cerca de 60 personas, en su mayoría varones de Ecatepec, Estado de México.

"Venimos de San Cristóbal para apoyar aquí en el campamento, y pues aquí estamos para lo que nos pidan los compañeros del PT", comentó Enrique Viveros, estudiante de preparatoria.

En el campamento de la Álvaro Obregón la presencia de taxistas piratas del grupo Pantera fue más notoria que en días anteriores.

Uno de los representantes del Grupo Patria Nueva, quien reservó su nombre, comentó que los líderes les pidieron llevar a 5 personas más y duplicar ese número para la asamblea informativa de Andrés Manuel López Obrador del domingo.

Dirigentes de comerciantes del Centro que forman parte del plantón afirmaron que por la mañana hubo un pase de lista por parte de sus coordinadores quienes verificaban que la concentración fuera nutrida.

Adicionalmente, manifestantes de distintos campamentos confirmaron que hay un reforzamiento en la vigilancia del plantón que incluye el monitoreo de personas ajenas al movimiento.

"Compañeros, debemos organizarnos para no dejar solas las carpas, los campamentos. Tenemos que formar un comité de autodefensa para impedir que se infiltren provocadores o personas que quieran dañar al campamento y ser muy cuidadosos para hablar con desconocidos", advertían este viernes en el campamento de la Delegación Venustiano Carranza a través de un altavoz.

Prevén un millón

López Obrador auguró que a la llamada Convención Nacional Democrática convocada para el 16 de septiembre en el Zócalo acudirán más de un millón de delegados.

El perredista dijo que la convención será un acontecimiento histórico, cuyo tema principal será el debate sobre cómo hacer valer la democracia en México, en caso de que "se quiera imponer" a Felipe Calderón.