agosto 28, 2006

TEPJF resuelve las impugnaciones al cómputo de la elección presidencial

La Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) arrancó la sesión para resolver las impugnaciones al cómputo de la elección presidencial del 2 de julio.

Alrededor de las 8:20 horas del lunes 28 de agosto, los magistrados comenzaron con el desahogo de los 240 juicios de inconformidad interpuestos por la coalición Por el Bien de Todos, los 133 del PAN y 2 más de ciudadanos "independientes", para dar un total de 375 impugnaciones presentadas contra la elección presidencial.

En proyecto de resolución aprobado, así como en las exposiciones de los magistrados, se concluyó que aunque sí hubo ajustes en la sumatoria de votos, el recuento realizado en diligencias judiciales no cambió el primero (Felipe Calderón, PAN) y segundo lugar (Andrés Manuel López Obrador, coalición Por el Bien de Todos) de la elección presidencial.

Aún queda pendiente que el TEPJF haga el cómputo final de los 300 distritos y emita, de ser el caso, las declaratorias de validez de las elecciones y de presidente electo.

Una vez resueltos los juicios de inconformidad, el Tribunal deberá calificar la elección para determinar si ésta se llevó a cabo conforme a la ley y por lo tanto ratifica o no al ganador del cómputo de los votos. El TEPJF tiene hasta el 6 de septiembre para calificar la elección y dejó en claro que las demandas de la coalición que tendrían que ver con una posible anulación de la elección, la resolverá en la emisión de su siguiente dictamen, lo que deberá ocurrir a más tardar el 6 de septiembre.

El magistrado Alejandro Luna afirmó el lunes 28 de agosto ante la Sala Superior que las irregularidades por integración de mesas directivas de casillas y errores de números y aritméticos no fueron elevados en los casos que a él le correspondió analizar. Por lo anterior, desde su punto de vista, todos perdieron sufragios y el resultado que señaló el Instituto Federal Electoral (IFE) no se modifica.

Aseguró que tanto la coalición Por el Bien de Todos como el PAN no pudieron acreditar las irregularidades y por ello sólo en situaciones extremas se aplicó la nulidad y se privilegió el voto del ciudadano en la gran mayoría de casos. El magistrado dijo que en las casillas que él analizó durante el cómputo parcial del 9 de agosto, el PAN inició con un millón 131 mil 243 votos, y una vez terminado el escrutinio concluyó con 1 millón 124 mil 19 votos. En tanto, la coalición Por el Bien de Todos inició con 935 mil 469 votos y culminó con 930 mil 914.

El Magistrado Mauro Miguel Reyes Zapata expuso que en el análisis de los recursos de impugnación de la elección presidencial presentados por la coalición Por el Bien de Todos, se observó la presentación de escritos elaborados con machotes, generalidades, los escritos en algunos casos no ofrecieron evidencia alguna de alteración de documentos o de actas de escrutinio y cómputo. Existe en lo que en el argot judicial se dice 'escopetazo', señaló.

Reyes Zapata dijo que el TEPJF analizó todas las demandas, pero fue indispensable actuar con congruencia y conforme a la ley.

La magistrada Alfonsina Berta Navarro Hidalgo propuso al pleno del TEPJF la anulación de 174 casillas computadas en la elección presidencial. De proceder la propuesta de la Magistrada Navarro Hidalgo (quien estudió 54 de las 375 impugnaciones al cómputo de la elección presidencial), comenzaría la modificación del cómputo de votos dictaminado en los 300 distritos electorales por el Instituto Federal Electoral.

El TEPJF desechó por unanimidad los cuatro juicios que reclamaron la asignación de los 200 Diputados Federales de Representación Proporcional. Con esta resolución, la Sala Superior confirmó el acuerdo del pasado 23 de agosto por el cual el Consejo General del Instituto Federal Electoral realizó la distribución de las 200 diputaciones por la vía de representación proporcional a los diferentes partidos políticos. Los Diputados y Senadores de la LX Legislatura podrán asumir sus cargos el martes 29 de agosto.

¿Es un avión? No, ¡es El Peje!

Luis González de Alba
La calle
Milenio
28 de agosto de 2006

Ya se nos fue. Despegó. Sería de risa si no estuviera poniendo en riesgo la vida de sus apóstoles. Todos quienes hemos conducido un mitin entusiasta sabemos que “la gente” hace lo que le pidamos y no hace el dirigente –como afirma repetidamente Su Alteza Pejesísima– lo que sus bases le piden. Falso y demagógico. Entre gitanos no nos leemos la mano. Quien pide contención desde el micrófono, eso obtiene; cuando damos por terminado el mitin e instamos a volver ordenadamente a casa, así lo hace la gente; pero quien llamara a quemar el Palacio Nacional tendría miles de voluntarios. “La gente” pide órdenes y las obedece.

López Obrador ha estado siguiendo un juego macabro en busca de sangre que reavive sus campamentos vacíos, que llene las grandes, uniformes y costosas carpas que “la gente” no pudo haberse pagado.

El juego lo comenzó desde la jefatura de gobierno al no atender amparos ganados por ciudadanos. Su departamento jurídico no dio seguimiento a juicios interpuestos contra el gobierno de la ciudad porque jamás López Obrador ha creído en las leyes. Dio las primeras muestras al ser presidente del PRI en Tabasco y, de inmediato, plantearse la creación de “redes ciudadanas” paralelas a su partido, redes que dependieran única y exclusivamente de él. Falló entonces porque el PRI tiene colmillo. Pero no falló en el PRD, donde la misma iniciativa tuvo completo éxito. Así logró el control personal, monárquico, del partido que asaltó desde el PRI. Ocurrió como previene la ecología respecto de las especies trasplantadas: las poblaciones nativas no tienen defensas contra el nuevo predador porque la evolución no las hizo necesarias. El predador desconocido arrasa.

Una vez con el PRD bajo su mando absoluto, expulsados o anulados sus fundadores (oh, padrecito Stalin), López Obrador lo rellenó de priistas sin hueso. Así obtuvo la total fidelidad de una nueva población cobijada bajo el cascarón vacío del PRD. Y pudo lanzarse de lleno a su tarea: pavimentar su camino a la Presidencia. Líder nato, supo que la acción de la ley en su contra le traería frutos. Buscó, una y otra vez, la confrontación legal, hasta forzar el desafuero, que finalmente obtuvo.

Supo que este país, de héroes derrotados y por eso héroes, vería en el gobernante sin fuero una víctima. La habilidad para acentuar esos rasgos es notable en López Obrador. Calculó bien las debilidades del presidente Fox. Pedía entonces cárcel, como la pide, a gritos, también ahora. Vio recular a Fox una y otra vez: ante Marcos, ante los machetes de Atenco, ante cualquier conflicto. Fox seguía siendo el candidato en busca de simpatías: la Presidencia estaba desierta. Allí sólo doña Marta se afanaba por mandar. Y con ese saber dispuso cada nueva jugada. No es demócrata, sino genio de la intriga enfrentado a bobos, lerdos y aturdidos que no dan paso sin traspié. Claro: se declaró invencible, invulnerable, el indestructible. Sus viejos colmillos priistas hicieron garras a los militantes de izquierda dentro del PRD. Una masacre. No quedó sino El Peje con su corte más fiel de priistas agradecidos: Monreal, Cota, Camacho, Ebrard, Guadarrama, otra vez Muñoz Ledo trepando a codazos. Atrapado con las manos de su secretario particular, René Bejarano, en los dólares del contratista Carlos Ahumada, el escurridizo Peje reaccionó como el ladrón de un cajero automático que alega mala fe de los banqueros al haber ocultado cámaras de seguridad. Y, de nuevo, le resultó. Era, en efecto, indestructible: el video de su secretario de Finanzas, nada menos, Gustavo Ponce jugando en Las Vegas, los datos sobre sus transferencias millonarias... se cargó a la cuenta de la maldad de sus adversarios y no a la de la corrupción de su gobierno.

¿Quién no quiere destruir a un enemigo político? ¿Les perdonaron la súbita riqueza a los hijos de Marta Sahagún? Todavía los investigan. Parece natural. Pero no lo es cuando del Peje se trata.

Bien, pues allí lo tienen: lo hicieron todos los que han apoyado sus quejas. El desafuero se lo buscó a pulso. Los videos grabaron hechos reales, nunca desmentidos ni explicados. Pero las inteligencias de México lo querían en las boletas, con la ley en suspenso, trato especial. Allí estuvo y perdió. Ahora se afana en destruir a batazos las urnas, como destruyó el amparo. Y bajo sus propias reglas alza el vuelo delirante rumbo a su “Presidencia”.

Peje en su tinta:
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El otoño apocalíptico de López Obrador

Ciro Gómez Leyva
La historia breve
Milenio
28 de agosto de 2006
gomezleyva@milenio.com

Hoy, con las primeras resoluciones firmes del Tribunal Electoral, comenzará el otoño de la crisis política mexicana. El verano, que debería haber traído certezas y salud, se evapora entre amenazas cargadas de odio.

Andrés Manuel López Obrador marcó ayer el cambio de estación y ratificó al 16 de septiembre como fecha para declarar, formalmente, la insurrección, sea con el modelo del gobierno paralelo, el de las operaciones callejeras para pelear contra la “usurpación” o una mezcla de ambos.

Los movimientos son cada día más claros. Si alguna característica ha tenido la agitación lopezobradorista es la secuencia lógica de su discurso y sus acciones.

El líder fue transparente ayer en la plaza al expresar: uno, “nos asiste la razón histórica”; dos, “la Nación nos necesita”; tres, “es ahora o nunca”; y cuatro, “yo no voy a traicionar al pueblo de México”. Y remató: “Ya no tenemos ningún respeto por las instituciones actuales, porque ya no son las del pueblo; por eso vamos a crear las nuestras”.

Es la insurrección, la hora de materializar la batalla apocalíptica entre el pueblo bueno y la siniestra conspiración de las fuerzas corruptoras. El otoño del 2006, con su simbolismo de septiembres patrios y noviembres revolucionarios, es el momento justo para ir al frente: ni una estación antes, ni una después. De López Obrador y sus duros no cabe esperar un análisis racional de intereses y deseos: viven ya la fase de la “purificación” social.

Hay, desde luego, mucho de legítimo en su bandera por la dignidad, en su denuncia de la gravísima situación cotidiana de millones de personas y en su punzante señalamiento contra el México de las instituciones que funcionan más para perpetuar privilegios que para ensanchar libertades.

Pero incluso así, nada parecería darle la razón a su proyecto de abrir la batalla apocalíptica aquí y ahora. Porque hay todavía etapas por agotar. Porque si fracasa, dinamitaría mucho de lo conquistado política, social, culturalmente. Y, sobre todo, porque si tiene éxito, México se encaminaría al túnel de alguna forma de totalitarismo, que (hasta donde entiendo que se ha medido) es exactamente por donde millones de mexicanos no quieren atravesar.

Con los atentos saludos de López Obrador

Carlos Marín
Asalto a la razón
Milenio
28 de agosto de 2006
cmarin@milenio.com

La virulencia de muchos mensajes que desde hace algunas semanas llegan al correo que calza este espacio (sin el aderezo de los insultos y las amenazas), corresponden a la perversidad con que Andrés Manuel López Obrador viene azuzando contra medios y periodistas.

Ante lo imposible de probar el “fraude electoral” de que habla, orienta sus baterías contra quienes nada tuvieron qué ver con su fracaso en las urnas.

Ignorante de que, como en las especies, en los medios informativos se da una selección natural, y de que el periodístico es un oficio libre, liberal, libérrimo, libertario y hasta libertino porque lo ejercen personas libres, pergeña patrañas como la de ayer en su mitin zocalero:

“¿Cómo quieren que aceptemos sin chistar lo que se dice en los medios de comunicación, cuando son usados para llevar a cabo una acción propagandística de sometimiento a favor de la derecha y del autoritarismo? ¿Cómo piden silencio y aceptación a la decisión del Tribunal, si ello implica que se consuma un golpe de Estado en nuestro país…?”.

Acostumbrado a usar instituciones y personas, cree que los medios, al igual que él y su partido, son totalitarios, y quiere inclusive hacer creer que se tendió en su contra “un cerco informativo”, pero bien sabe que no puede citar un solo caso (algún diario con lectores, una radiodifusora con audiencia, una televisora con televidentes) en que le hayan cerrado las puertas.

Sin embargo, siembra el odio al que se refirió Ciro Gómez Leyva en su columna del viernes, pero no sólo contra quienes opinan distinto a él sino —aguas!—contra el simple hecho de informar.

No le gusta que se ponga en duda la calidad ética de su comportamiento porque es incapaz de aceptar que el autor intelectual y material de su derrota se llama… Andrés Manuel López Obrador.

Aunque desde la campaña dijo que sus adversarios aplicaban la receta nazi de que una mentira mil veces repetida se vuelve “verdad”, tal ha sido precisamente su estrategia, neceando para que a él y a sus acólitos se les crea que todo el mundo (Porfirio Muñoz Ledo declaró a El Universal que el “fraude” se maquinó en Europa), con excepción de “la gente” (“el pueblo”, “los pobres”, “los de abajo”, “los buenos”), conspiró en su contra.

¿Cómo darle por su lado cuando tiene la descocada osadía de tirar línea para que sus feligreses lo designen “Presidente legítimo”, “encargado del Poder Ejecutivo”, o “jefe del Gobierno en resistencia”?

Solía decir que lo único que no debe hacerse en política es el ridículo, pero no comprende que aceptar “a como dé lugar” que su gallito ponga su depa en Palacio Nacional, es conceder que Calígula tuvo razón cuando hizo senador a su caballo.

Cerco de medios

Sergio Sarmiento
Jaque Mate
Reforma
28 de agosto de 2006

"Ya ni siquiera pasan la información que generamos. Quieren desaparecernos". Andrés Manuel López Obrador

No deja de ser paradójico. Este viernes pasado, en una entrevista de casi una hora y media sin interrupciones con Jacobo Zabludovsky en el programa De 1 a 3 del Grupo Radio Centro, Andrés Manuel López Obrador se quejó de que existe un "cerco informativo" alrededor suyo. "Hace un mes que no aparezco en televisión", dijo el candidato de la coalición Por el Bien de Todos.

No sé realmente si sea cierto que hace un mes que López Obrador no aparezca en televisión, pero cerco informativo no hay. En los casos en que a mí me consta, los de mis programas de televisión o de radio, ha sido él quien no ha aceptado las reiteradas invitaciones para ser entrevistado. Las respuestas que han dado sus operadores de medios ante las reiteradas peticiones han sido "No" o "Con Sarmiento no" o "Quizá más tarde", pero el hecho es que no se me ha dado ninguna entrevista desde la elección.

López Obrador tiene todo el derecho de escoger quién lo entreviste, por supuesto, pero no puedo olvidar los tiempos en que él y su gente, cuando protestaban por el resultado electoral de Tabasco de 1994 o cuando promovían sus acusaciones por el Fobaproa, me agradecían efusivamente mis entrevistas porque decían que nadie más les abría espacios en los medios electrónicos. ¡Cómo han cambiado los tiempos!

A pesar de sus afirmaciones de que sufre un cerco informativo -y de su peligrosa tendencia a azuzar a sus seguidores en contra de los medios, lo cual pone en peligro a los reporteros que lo cubren día con día- no hay personaje político en este momento en México que tenga una mayor cobertura de los medios de información. De hecho, si comparamos la atención que se le da a él y la que está recibiendo Felipe Calderón debería ser el panista el que se quejara de sufrir un cerco informativo.

Especialmente paradójico es que López Obrador haya dicho que los medios no quieren cubrirlo en un muy popular programa de radio, el de Jacobo Zabludovsky, en el que habló durante hora y media, dijo lo que se le antojó y no fue interrumpido siquiera por cortes comerciales.

López Obrador ofreció en ese programa un prolongado monólogo en el que repitió muchos de los temas que ha venido reiterando en sus últimas semanas de "resistencia civil", inclusive el de que los medios no le hacen caso. Zabludovsky nunca interrumpió sus prolongadas respuestas: simplemente hizo las preguntas que un buen periodista debe hacer. Al final Andrés Manuel le agradeció haberlo dejado hablar durante tanto tiempo. Ningún otro personaje de la vida pública habría recibido un trato similar en un medio importante de comunicación.

La verdad es que los medios siguen dándole a López Obrador una cobertura muy intensa, quizá excesiva. Hay quien ha acusado a los medios, de hecho, de darle alas a López Obrador para llevar a cabo sus acciones en contra de los ciudadanos. La toma del Paseo de la Reforma, por ejemplo, es una medida realizada específicamente para mantener la atención a los medios. Lo dijo el propio López Obrador en su entrevista con el Financial Times: "Si no hubiéramos tomado Reforma, no existiríamos". Hay así razones para que la gente común y corriente, las víctimas del plantón, exija que los medios ya no le presten atención a Andrés Manuel.

Parte de la estrategia de López Obrador ha sido racionar sus presentaciones en medios de comunicación y aceptar entrevistas solamente en algunos, previamente seleccionados. Pero las entrevistas han sido constantes. Así, un día es entrevistado por Carmen Aristegui, el otro por el Financial Times -que señalaba que una entrevista con López Obrador es algo muy difícil de conseguir-, un día después por Le Monde y al siguiente por Zabludovsky. Si no ha estado en más medios es porque no ha querido. Claramente López Obrador está aplicando una estrategia de medios, pero no se ve por ningún lado un cerco informativo.

Quizá parte del problema es que López Obrador ha exigido siempre que los medios se plieguen a sus deseos. Nunca se quejó de la intensa cobertura de sus conferencias matutinas de prensa, la cual no se ha hecho nunca para las conferencias de ningún gobernador. Con el proceso de desafuero la cobertura se hizo mayor, pero después López Obrador se quejó de que los medios le habían prestado más atención a la muerte de Juan Pablo II.

En las últimas semanas López Obrador ha afirmado que no se cubre su plantón con la intensidad que él quisiera, pero además ha acusado a los medios de hostigarlo por hacer investigaciones sobre cómo se está financiando el bloqueo o qué beneficios buscan las organizaciones que participan en él. Ya lo hizo al descalificar un reportaje del periódico Reforma sobre las organizaciones que ofrecen vivienda pública a la gente a cambio de participar en el plantón.

Andrés Manuel es y ha sido siempre un gran estratega de medios. Puede vanagloriarse justamente de su habilidad para manipularlos. Lo que no puede hacer es quejarse de que los medios no le hacen caso.

Tribunal

Hoy, en una sola sesión, desahogará el Tribunal Electoral los 375 juicios de inconformidad por las elecciones del pasado 2 de julio. Si bien tiene plazo hasta el 6 de septiembre para calificar la validez de la elección, se espera que en esta misma sesión se concluya con este paso adicional y se emita la declaratoria de Presidente electo. Los partidos políticos están obligados por ley a acatar la decisión del Tribunal.