septiembre 14, 2006

Ante calumnia, defensa

Enrique Canales
Reforma
14 de septiembre de 2006

¿Quién puso en riesgo la elección? ¿Andrés Manuel, quien estuvo calumniando sobre la ideología liberal y sobre los fracasos absolutos del gobierno de Fox, o Vicente Fox, quien estuvo aclarando algunos de sus logros y defendiendo la modernidad contra los ataques infundados que recibía?

Al principio de la campaña, Andrés Manuel comenzó atacando con falsedades a la ideología liberal y a la globalización como las causantes de todas nuestras tragedias. Pero en realidad han sido el nacionalismo echeverrista y el colectivismo los verdaderos causantes de nuestra pobreza porque todavía mantienen atrapados a los campesinos, a la educación, a la cerrazón de las fuentes de energía y al indigenismo paupérrimo.

Andrés Manuel estaba diciendo que el Fobaproa fue puro hurto, que el Tratado de Libre Comercio nos hacía daño, que el neoliberalismo y sus instituciones sólo defienden a los ricos, que el gobierno de Fox era un pelele de Estados Unidos, que los ricos no pagaban impuestos y vivían de puro privilegio, que la pobreza había aumentado, que Felipe le pasó 2 mil 500 millones en contratos a su cuñado, que el PRI y el PAN eran lo mismo. Y me quedo corto. ¿No se vale que un Presidente se defienda de esas calumnias y corrija en parte el mentirero?

Estamos cometiendo un grave error en cuanto a limitar legalmente durante las campañas las expresiones de apoyo o de crítica sobre cualquier tema a cualquier ciudadano, funcionario o partidario. La idea de una campaña electoral es precisamente que todos los mexicanos se animen a criticar o aplaudir todo lo que se ha hecho o lo que se proponen hacer todos los candidatos.

Para mí, lo único que no se vale es calumniar sobre un hecho delictivo concreto. Por ejemplo, yo no podría decir impunemente que tal candidato trafica con drogas o que recibió un soborno de 50 mil dólares. Andrés Manuel nunca comprobó ni nadie ha comprobado que Felipe Calderón durante su gestión como secretario de Energía -así lo dijo Andrés Manuel- le había otorgado 2 mil 500 millones en contratos a su cuñado. Vil calumnia.

No veo ninguna justicia electoral en que un candidato opositor pueda calumniar a un gobierno y dicho gobierno no tenga el derecho de defenderse apoyando con cifras a sus propios programas y logros de gobierno.

Sin embargo, en la resolución del Trife se criticó la participación de Vicente Fox, porque "puso en riesgo la validez de la elección". Luego en un galimatías de lógica expresó el Trife: "De no haberse debilitado su posible influencia, podrían haber representado un elemento mayor para considerarlas determinantes en el resultado, de haber concurrido otras irregularidades de importancia que quedaran acreditadas", concluyeron.

A juicio de los juzgadores, las formas "indirectas y metafóricas" empleadas por Fox para referirse a Andrés Manuel pudieron haber sesgado a los electores. Pero fueron las calumnias sin límite de Andrés Manuel las que sesgaron a los electores y condujo a millones por un camino falso.

También el Trife criticó frases de Fox como "cuentos chinos", "más vale paso que dure y no trote que canse" o "ir a lo seguro" y se le acusa de que en varias ocasiones habló de "cambiar al jinete, mas no de caballo". ¿Que qué? Estas expresiones de Fox, para mí, apenas compensaban un poco las enormes calumnias que expresaba Andrés Manuel y por lo visto sin ninguna observación de parte del Trife.

Comparado con las calumnias que anduvieron volando entre los dos bandos, lo que dijo Vicente Fox fue una simple defensa de algunos logros de su gobierno. Mientras que los economistas de Andrés Manuel decían que la inflación tan sólo beneficiaba a los inversionistas extranjeros, Vicente Fox tenía que aclarar el valor de su estabilidad económica. Cosa que el equipo de Andrés Manuel falseaba diciendo que eso perjudicaba a los pobres. Por contrarrestar Fox las mentiras y falsedades de Andrés Manuel, el indestructible desesperado gritó: "ya cállate, chachalaca".

¿Cómo que no se vale que grupos afines a la libertad de emprender y a la libertad económica paguen spots para decir que Andrés Manuel era un peligro para México? ¿No fue López Obrador el que insultó a los empresarios culpándolos del abuso, la pobreza y el retraso?

La equidad electoral no se logra permitiendo que un candidato pueda calumniar y levantarle falsos a un Presidente y a su obra de gobierno; obligando al Presidente a quedarse callado. Nada de eso, la equidad electoral se logra permitiendo que todo mundo pueda expresar su opinión, debatir y contrarrestar las aseveraciones de los demás.

No es por el lado de las limitaciones de las expresiones donde vamos a proteger a las campañas, sino por el lado de los presupuestos, de los tiempos de campaña y que cada partido tenga un mínimo de tiempo y espacio en los medios para expresarse libremente. Si alguien llega a expresar mugre, que se ensucie.


Correo electrónico: enriquecss@gmail.com

Carta enviada por Cuauhtémoc Cárdenas a Elena Poniatowska

Redacción ELUNIVERSAL.com.mx
El Universal
Ciudad de México
Jueves 14 de septiembre de 2006

Elena:

En la edición del diario La Jornada (página 8) del 10 de septiembre aparece una nota encabezada “Marcos y Cárdenas no apoyaron a AMLO por envidia”, en la cual se te atribuye, entrecomillada, la siguiente expresión: “Si estos tres personajes [en el texto de la nota se agrega a Patricia Mercado] se hubieran sumado, si no se hubieran echado para atrás, no habría la menor duda del triunfo de López Obrador, pero no lo hicieron por envidia”.

No me corresponde hablar de las razones de Patricia Mercado ni del subcomandante Marcos para haber adoptado las posiciones que adoptaron frente al proceso electoral reciente, pero puedo asegurarte que no fue la envidia lo que los motivó a actuar como lo hicieron, sino que, entre otras cosas, sólo ejercieron su derecho a pensar diferente.

En lo que a mí respecta, tu talento y trayectoria me obligan a darte una respuesta, obligadamente larga, de porqué no participé en la campaña de la coalición Por el Bien de Todos ni participo en la Convención Nacional Democrática, que empieza por decirte que la envidia no ha tenido lugar hasta ahora en mi conducta, ni pública ni privada, y que nunca me he echado para atrás frente a los compromisos que he asumido a lo largo de una ya larga vida.

Con Andrés Manuel he compartido por años propósitos y episodios importantes de la lucha por la democracia en nuestro país. Nunca exigimos incondicionalidad ni subordinación en nuestra relación. El trato en los muchos encuentros de los dos, puedo decirte, ha sido cordial y respetuoso.

Mis desacuerdos o desencuentros con él no son de carácter personal. Las diferencias que existen entre ambos son relativas a las formas de hacer y entender la política y sobre algunos aspectos programáticos, acentuadas, ciertamente, cuando se trata como hoy de los destinos del país y a partir de que se iniciara el proceso que debía conducir a la pasada elección del 2 de julio y respecto al cual ambos definimos con anticipación y públicamente nuestras posiciones frente al país y a la ciudadanía, él a través de sus “20 puntos”, sus “50 puntos” y del libro Un proyecto alternativo de nación, yo mediante la publicación de Un México para todos, de autoría colectiva. Aun con esas diferencias, mi voto fue por todos los candidatos de la Coalición, como en su momento lo hice público.

Una de las discrepancias que resaltaría de esas publicaciones es con relación al juicio que hace, sin mencionar nombres, de la digna y firme defensa del principio de no intervención y de la paz que hizo Adolfo Aguilar Zinser como miembro del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas.

Al respecto, Andrés Manuel escribió: “Después del triunfo de Vicente Fox, nuestra política exterior se ha conducido con desmesura. El resultado más notorio ha sido la afanosa intervención en el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que en la práctica sólo vino a complicar aún más nuestra situación internacional”, lo que me lleva necesariamente a preguntar si la política exterior de México debe plegarse incondicionalmente a la de Estados Unidos con el fin de no complicarse y olvidarse entonces de la defensa de los principios, de tomar decisiones soberanas en función de los intereses del país y de la dignidad misma de la nación, que gobierno y ciudadanos estamos obligados a respetar y a hacer valer.

Se dice también en ese proyecto: “Los sueños de ver a México como gran protagonista en el concierto de las naciones son sólo eso: espejismos protagónicos para alimentar ambiciones personales que nada tienen que ver con el país real”, lo que me lleva a pensar que se quieren desconocer los logros de la política exterior mexicana como, entre otros, la aprobación por amplísima mayoría de la Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados, el reconocimiento del derecho de los Estados a su mar patrimonial o la participación en el Grupo Contadora para lograr la pacificación de Centroamérica, que implicaron el despliegue de una gran actividad —y si se quiere llamar protagonismo— de la diplomacia mexicana.

Encuentro como una grave omisión de un candidato presidencial no tomar posiciones claras y públicas respecto a cuestiones importantes, tanto del momento como con consecuencias hacia adelante.

Puedo citarte los casos siguientes respecto a los cuales Andrés Manuel no se pronuncia todavía y que quienes consideramos prioritaria la lucha por el rescate y ejercicio pleno de la soberanía y por la cabal vigencia de un Estado de Derecho estimamos fundamentales: no ha habido una toma de posición en relación a los contratos de servicios múltiples de Petróleos Mexicanos; tampoco respecto a la ilegal prisión y la extradición hace unas cuantas semanas de seis ciudadanos vascos.

Sobre la iniciativa Sensenbrenner, que de llevarse a la práctica vulnerará los derechos de miles o millones de mexicanos en exilio forzado en Estados Unidos; la mayor y excesiva militarización de la frontera común del lado norteamericano, que constituye, sin lugar a dudas, un acto inamistoso hacia México; la iniciativa del Área de libre comercio de las Américas del presidente Bush y la propuesta alternativa de promover un acuerdo continental de desarrollo.

La iniciativa de ley de sociedades de convivencia, bloqueada en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal en los primeros tiempos de su gestión; la falta de tacto y de oficio diplomático en las relaciones del gobierno mexicano con los gobiernos y Jefes de Estado de Cuba, Venezuela, Argentina y Bolivia.

Reconocerás que en el círculo de colaboradores cercanos de Andrés Manuel se encuentran algunos de los que instrumentaron el fraude electoral y la imposición en 1988 desde el gobierno, el Partido Revolucionario Institucional, la Cámara de Diputados y la Comisión Federal Electoral, que impuso la banda presidencial a Carlos Salinas el 1 de diciembre de 1988.

Además, el que instrumentó la privatización del Canal 13 de la televisión; el que ha declarado que el proyecto económico de Andrés Manuel es el mismo que el de Carlos Salinas; el que pretendió promover la reelección de éste. Pero a ninguno, que se sepa, ha pedido Andrés Manuel explicación sobre su cambio de piel política y ninguno la ha dado públicamente.

Este mismo grupo es el que ahora, con algunas adiciones, acompaña a Andrés Manuel en sus nuevos proyectos y el de quienes podría pensarse que formarían parte de su gobierno, que no sería por sus antecedentes y falta de deslindes, un gobierno identificado con los principios y las luchas del PRD y de manera más amplia con aquellos de la izquierda mexicana.

Sólo para argumentar sobre uno de los casos: de seguirse la política económica del salinato, se proseguiría con la enajenación del patrimonio estratégico de la nación y con el desmantelamiento de la planta productiva, se pondría en práctica una política entreguista en lo económico y de subordinación en lo político, se profundizaría el desastre productivo y social del campo mexicano, se mantendría acrecentado el flujo migratorio masivo hacia Estados Unidos y se haría cada vez más agudo el proceso de concentración de la riqueza en pocas manos.

Por otra parte, no se podrá decir que no manifesté oportuna y públicamente mi desacuerdo con la postulación por parte de la coalición Por el Bien de Todos, de la que el Partido de la Revolución Democrática fue el eje, de candidatos con posiciones públicas contrarias a los principios del PRD, que nunca se deslindaron de sus pasados políticos ni han explicado las razones de su traslado al PRD o cómo concilian un pasado antagónico con los principios del PRD al haber aceptado una candidatura de éste, que no los representa por sus trayectorias y posiciones políticas públicas.

Ahí están, como muestra, algunos que fueron candidatos y otros que ya son legisladores en funciones. En este caso, voces como la mía y las de muchos otros que sólo demandaban congruencia, fueron simplemente ignoradas.

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En los últimos días de mayo hice público un documento a través del diario La Jornada denominado “Viendo hacia adelante: un camino democrático y progresista para México”, en el cual planteaba algunas cuestiones que me parece fundamental que se lleven a la práctica en el próximo sexenio, que pudieran ser consideradas por los candidatos entonces en campaña.

No merecieron la mínima observación, ni en sentido negativo ni en positivo, por parte del candidato de la coalición y la misma actitud de ignorar críticas, discrepancias e incluso planteamientos coincidentes con su línea política recibieron muchos de aquellos que por largo tiempo han militado en el campo progresista.

Digo en ese documento —y te lo reitero ahora— que al no haberse dado relevancia a la presentación y discusión de propuestas y compromisos por parte de los candidatos a lo largo de los meses de campaña, se hace necesario insistir en pensar y discutir el país que queremos, por encima de todo y antes que nada, así como en cambiar radicalmente la forma de hacer política, subordinándola a un proyecto de país y no a la simple ambición de poder o a la toma coyuntural de decisiones.

Entre las cuestiones básicas que no se discutieron en el ir y venir de las campañas estuvo la continuidad de la reforma electoral, que después del 2 de julio y ante los serios cuestionamientos que se han venido haciendo a la calidad del proceso electoral se ve aún más urgente, ya que a pesar de los muchos cambios que ha sufrido la legislación correspondiente, continúa inconclusa.

La gente reclama reducir y transparentar los gastos de las campañas; reclama que se llame a las cosas por su nombre, empezando porque las supuestas precampañas se reconozcan como campañas en la ley y en los cómputos de gastos y tiempos electorales; reclama abrir la posibilidad de candidaturas ciudadanas que no tengan que pasar necesariamente por la aprobación y gestión de los partidos políticos.

Además, facilitar el registro de nuevos partidos políticos, sin que el registro represente acceso automático a la asignación de dineros públicos; restituir en la ley la figura de las candidaturas comunes; reunir en no más de dos momentos dentro de un sexenio, los procesos electorales federales, estatales y municipales; y establecer las dos vueltas en las elecciones, tanto presidenciales como legislativas.

En materia de reforma electoral, la medida más efectiva, aquella donde se encuentra la principal respuesta a las exigencias populares, la reforma más de fondo es hacer equitativos los tiempos en los que partidos y candidatos tengan acceso a los medios electrónicos de comunicación, así como acotar los periodos en los que pueda hacerse propaganda dirigida al público, prohibiéndose a partidos, candidatos y particulares comprar tiempos en los medios electrónicos —televisión y radio comerciales— y que éstos sean asignados por la autoridad electoral de manera equitativa.

Lo anterior para que no sea el gasto mayor o menor en la compra de tiempos lo que determine la mayor o menor presencia de las alternativas electorales que se ofrezcan a la ciudadanía al través de esos medios. Así se tendrían campañas equitativas y se lograría una reducción sustancial de los tiempos y las erogaciones públicas —y en su caso privadas— en las campañas electorales.

Por otro lado, y también en relación con la cuestión electoral, debe legislarse para prohibir que en la publicidad que se hacen las dependencias oficiales al través de los medios de información —televisión, radio, prensa escrita— aparezcan imágenes y nombres de funcionarios, que si bien pudieron haber participado en la promoción o ejecución de algún programa o proyecto público, no hicieron sino cumplir con su obligación y en su caso, con un mandato ciudadano, pues fue irritante y ofensivo en las precampañas, como creo te consta, ver cómo candidatos o precandidatos de los tres partidos de mayor presencia nacional, despilfarraron a lo largo del sexenio y hasta que dejaron sus cargos, dineros públicos para su personal promoción político-electoral.

Es necesario comprometerse con reformar la reciente y vergonzosamente aprobada Ley de Radio y Televisión, recuperando para el Ejecutivo la capacidad de normar la operación de los medios de información electrónicos con sentido de servicio público y de equidad, abriendo las posibilidades, a partir de los avances tecnológicos en la materia, de otorgar nuevas concesiones a instituciones de educación superior, gobiernos estatales y municipales, organizaciones culturales y comunitarias y sociedades comerciales sin vínculos con los medios ya en operación.

Es ya oportuno también convocar a la revisión, con sentido y procedimientos democráticos, de las bases y los términos de nuestro pacto federal.

De esa revisión habrá de surgir la nueva Constitución que contenga la estructura y competencias de la Federación, los estados, los municipios y de los tres poderes de la Unión, que considere los derechos ya ganados por los mexicanos, sus nuevos derechos y los procedimientos para que el ciudadano o las colectividades hagan exigible su ejercicio frente al Estado.

Una que esté concebida visualizando la presencia de nuestro país en el mundo globalizado, que establezca los cauces para el tránsito de una democracia representativa plena, aún por alcanzarse, a una democracia de amplia participación social, así como los mecanismos de consulta ciudadana, iniciativa popular y de revocación de los mandatos, entre otras cuestiones.

Lo que hasta aquí te he expuesto son algunas de las razones que a mi juicio determinaron el número de votos que obtuvo Andrés Manuel el 2 de julio. Por estas mismas razones no creo, contra lo que tú has declarado, que mi ausencia de los actos públicos de la campaña haya provocado una dramática disminución de las preferencias electorales a favor de la coalición. Seguir argumentando más sobre estas cuestiones, sería entrar a un terreno estéril de especulaciones.

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Yendo a otros temas, me preocupa profundamente la intolerancia y satanización, la actitud dogmática que priva en el entorno de Andrés Manuel para quienes no aceptamos incondicionalmente sus propuestas y cuestionamos sus puntos de vista y sus decisiones, pues con ello se contradicen principios fundamentales de la democracia, como son el respeto a las opiniones de los demás y la disposición al diálogo.

Me preocupa, asimismo, que esas actitudes se estén dando dentro del PRD y en sus cuadros dirigentes, pues se inhibe el análisis y la discusión de ideas, propuestas y alternativas entre compañeros, más allá de que esa cerrazón se extiende también a lo que pueda llegar de afuera del partido; que la conducción política y las decisiones tomadas después del 2 de julio, como el bloqueo de Madero, Juárez y el Paseo de la Reforma —excluyo la ocupación de la plancha del Zócalo— se estén traduciendo en pérdidas y desgaste del movimiento democrático en lo general y del PRD en lo particular.

Me preocupan los cambios contradictorios de línea política: a un medio de información norteamericano Andrés Manuel le declaró no ser de izquierda, cuando había declarado serlo a lo largo de precampaña y campaña. Por otro lado, el 10 de agosto pasado se publicó en La Jornada una entrevista que hiciste a Andrés Manuel en la que preguntaste: “Si llegaras a la Presidencia, ¿tendrías que moderarte?”.

A lo que respondió: “Si, la institución te lo exige, yo lo haría. Es más, durante la campaña y hasta ahora no he dicho cosas que pienso sobre mi país, porque me he autolimitado, porque mi rol es hasta ahora uno.Una vez que se resuelva este asunto [el conflicto poselectoral], ya veremos.

Pero muchas cosas me las guardé porque uno tiene que actuar de una manera cuando es candidato y, desde luego, actuar de otra manera cuando se es Presidente, y de otra manera como dirigente de resistencia social. Pero en cualquier circunstancia uno tiene que mantener sus principios. Es nada más un asunto de matices, de moderación”.

¿Por qué entonces guardarse de fijar posiciones y hacer propuestas, cuando era precisamente en su calidad de candidato a la Presidencia cuando se tenían que hacer definiciones que atrajeran con lealtad y orientaran con rectitud el voto de la ciudadanía? ¿No es principio básico de un comportamiento leal y democrático actuar con transparencia y hablar con la verdad? ¿Cómo lo explicas tú?

En reciente documento suscrito por Andrés Manuel se plantea que la convención que él ha convocado para celebrarse el 16 de septiembre “decida si el órgano de gobierno y quien lo represente, se instale y tome posesión formalmente el 20 de noviembre o el primero de diciembre de 2006”.

Aquí me surge la siguiente pregunta: si se considera que el gobierno actual ha quebrantado ya el orden constitucional ¿para qué esperar al 20 de noviembre o al 1 de diciembre, por qué no empezar por desconocer a la administración en funciones, como sucedió cuando el movimiento constitucionalista encabezado por el Primer Jefe Venustiano Carranza desconoció al gobierno usurpador de Huerta, a los poderes Legislativo y Judicial y a los gobiernos estatales que no acataran el Plan de Guadalupe?

No pienso que así deba procederse. Hacerlo sería un craso error, de altísimo costo para el PRD y para el movimiento democrático en su conjunto. Por el contrario, estoy de acuerdo con la sensatez y sabiduría de Luis Villoro, que en un artículo reciente dice que la discusión de un proyecto nuevo de nación requiere de tiempo para su debate y no puede aprobarse en un acto declaratorio en el Zócalo, al calor de un discurso, pues haría falta por lo menos la consulta y la anuencia de delegados de toda la República.

Es decir, agrego yo, de un amplio proceso de análisis y discusión, que en función de un proyecto de nación construido colectivamente en la pluralidad y mediante procedimientos democráticos, desemboque en la elaboración de una nueva norma constitucional.

Villoro expresa también que “muchos no podemos estar de acuerdo con nombrar un nuevo presidente en rebeldía. Esto rompería, aunque sólo fuera simbólicamente, el orden constitucional. Para sostener una amplia y permanente oposición lo que menos necesitamos son actos provocadores.

Lo que sí es necesario, pienso yo con muchos conciudadanos, es caminar hacia la paulatina realización de un nuevo proyecto de nación para el porvenir cercano… Un proyecto de oposición podría seguir ciertas ideas regulativas: una nueva ley electoral; una nueva legislación sobre los derechos de los pueblos indígenas; resistencia contra la privatización de los recursos naturales; lucha contra la corrupción; ampliación de la educación en todos sus niveles; lucha para disminuir radicalmente la desigualdades económicas y sociales. Una izquierda nueva podría aglutinarse, sin perder diferencias, en las líneas de un proyecto semejante”.

Como ves, con esta larga carta lo que hago es defender el derecho a disentir, a pensar diferente, a pensar que cuando se ha impedido ha conducido a dictaduras, opresión, represión, sectarismos e intolerancia, que estoy cierto, ni tú ni yo queremos ver en nuestro país.

Muy atentamente

Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano

FIRMA

El carnaval termina el sábado

Jorge Fernández Menéndez
Razones
A.M.
14 de septiembre de 2006

Nuestra vida política, especialmente en el perredismo, se parece cada vez más a un carnaval veneciano, donde tras las elaboradas máscaras que buscan reflejar tristeza, alegría, lujuria, se esconden los rostros verdaderos de hombres y mujeres que las exhiben para esconder sus verdaderos sentimientos.

Los datos duros, los que justifican esos juegos de máscaras, son dos: primero, que Felipe Calderón ya es Presidente electo y toda la estratagema de reclamar por un fraude electoral que nadie vio y nunca se pudo comprobar, cayó por su propio peso. Pero tanto o más importante que eso es el derrumbe de la popularidad de López Obrador. La encuesta publicada ayer por Ulises Beltrán y asociados exhibe datos demoledores para el tabasqueño: sólo el 7 por ciento de los encuestados apoyan la llamada resistencia civil, mientras que apenas un 5 por ciento apoya los plantones en el Centro Histórico y Reforma. El 86 por ciento está en desacuerdo con la toma de la tribuna en San Lázaro. La imagen de López Obrador hoy es la que concentra más negativos en el escenario político nacional: 59 por ciento tiene una mala opinión del tabasqueño (hace dos meses las opiniones negativas eran de apenas 33 por ciento), mientras que el 66 por ciento tiene una buena o muy buena opinión de Felipe Calderón. Mientras que hace dos meses votó por López casi el 35 por ciento, hoy sólo votaría por él un 18 por ciento, el 61 por ciento opina que debe aceptar y aprovechar el diálogo que le ofrece Calderón. El 54 por ciento de los encuestados lo percibe “débil”, el 71 por ciento “fuera de sí”, el 74 por ciento “sin disposición a dialogar”, el 76 por ciento “desesperado”, el 74 por ciento “intransigente”. Pocas veces se ha visto un derrumbe político tan espectacular en apenas dos meses. Lo grave es que López Obrador no parece tomar en cuenta esos datos: quiere realizar una suerte de pulseada política con el presidente Fox el 15 de septiembre, el 16 convoca a una “convención nacional democrática” que no es ninguna de las tres cosas que pregona (no es convención porque no surge de una representación popular legítima, no es nacional porque se concentra en los organismos de masas que tiene el PRD en la capital del país, no es democrática porque sus objetivos pasan por desconocer las instituciones democráticas) y que sólo tiene como objetivo declarar a López Obrador “presidente legítimo” de los mexicanos. Dicen que cuando un enemigo se está equivocando no se le debe distraer. Adelante, pensarán los enemigos de López Obrador, con el capricho de dar el Grito en el Zócalo al mismo tiempo que el presidente Fox, adelante con la llamada convención democrática y la decisión de declararse “presidente”.

El tabasqueño (que está logrando que el PRD pierda Tabasco en los comicios para Gobernador de octubre, algo difícil de imaginar el dos de julio pasado) puede ignorar la realidad, hacer que la CND le cumpla sus más íntimas fantasías y autoproclamarse presidente, pero el PRD no puede seguir aferrado a una estrategia que lo llevará a la ruina. En términos políticos y electorales han perdido en dos meses todo lo ganado en años y de seguir así lo único que queda es seguir, como dice el tango, cuesta abajo en su rodada.

Por eso, han comenzado a revisar la estrategia: en la Cámara de Diputados, Javier González Garza, acepta que dialogarán con Calderón pero sólo después de que éste tome posesión como Presidente, mientras que la orden de López Obrador, es que se le impida a Calderón tomar posesión; los gobernadores Lázaro Cárdenas Batel, Amalia García, Zeferino Torreblanca, participan de la reunión de la Conago y si bien emiten un comunicado criticando el discurso de Calderón el domingo en la plaza de toros, aceptan participar en la reunión con el Presidente electo y destacan que no renunciarán a ningún espacio institucional, al mismo tiempo que López Obrador está llamando a mandar “al diablo las instituciones”; los mismos gobernadores van a la reunión de Nuevo Vallarta, mientras que Alejandro Encinas se queda en el DF, inmovilizado en la trampa política que le tendió López Obrador con el plantón y en la que él, dócilmente, se encerró solo. Adiós a las aspiraciones de Encinas de presidir el PRD ante el inminente retiro de Leonel Cota Montaño. Entre sus aliados la confusión es brutal: el coordinador de los diputados de Convergencia, Alejandro Chanona, en una misma frase aseguró el lunes que reconocen a Calderón como Presidente electo y que dialogarán y negociarán con él, pero que siguen apoyando a López Obrador y que participarán en una CND que busca desconocer al mismo Presidente que ellos dicen reconocer.

Mientras tanto, el priísmo sigue, no sin contradicciones, hilando fino de cara a la próxima administración. Los dirigentes del tricolor se reunieron con Calderón, comenzaron a establecer acuerdos. En el Congreso se están aprestando a distribuir las comisiones en las cámaras de Diputados y Senadores y mientras el PRD se mantenga en una posición intransigente, se podrá quedar sin nada sustantivo. Se debe reconocer que los panistas y priístas han tenido la mesura de esperar, para que se terminen de decantar las cosas entre el PRD y el lopezobradorismo, para cerrar ese capítulo, pero el tiempo en el Congreso se acaba y si el PRD no asume su responsabilidad se aislará cada vez más y quedará amarrado a su ex candidato, cuyas principales estrategias tienen un respaldo de apenas entre el 7 y el 5 por ciento de la población. A veces los políticos no quieren aceptarlo, pero los datos duros son esos, con base en ellos deberán los perredistas definir su futuro, deberán quitarse las máscaras, porque su carnaval veneciano termina el sábado 16.

jfernandez@milenio.com

El monstruoso error de Reforma

Ciro Gómez Leyva
La historia breve
Milenio
14 de septiembre de 2006
gomezleyva@milenio.com

Cientos de miles de ciudadanos acompañaron las protestas de Andrés Manuel López Obrador la tarde del sábado 8 de julio y las mañanas de los domingos 16 y 30. Fueron movilizaciones asombrosas que prometían no sólo conmocionar, sino revolucionar la vida pública del país. La gente quería dejarse ver y oír, luchar, identificarse, abrazarse. Y abrazar y arropar al líder.

Justo entonces, López Obrador anunció una medida que había tomado en solitario: apoderarse a la mala de una zona simbólica y vital de la ciudad que gobernó y que sus compañeros gobernaban y seguirían gobernando. La gente, incondicional hasta ese momento, reprobó la acción y no lo acompañó en la locura. Se fueron y no regresaron. Ahí están las estadísticas para demostrarlo. Y las fotografías, las crónicas, los testimonios.

La protesta cívica devino insurrección, pero ya sin el magnífico apoyo de los días anteriores. El movimiento lopezobradorista se desfondó, perdió fuerza, empuje y tuvo que abastecerse del onanismo de los radicales y los resentidos. El discurso del tabasqueño comenzó a sonar a retórica grotesca y, a medida que se agrandaba el agujero popular, las arengas de López Obrador se acercaron peligrosamente al callejón de los ridículos.

Alguien dijo ayer que el plantón de Reforma moría de muerte natural. Cierto. Sin partidarios del artero castigo que se le imponía a cientos de miles de ciudadanos, los campamentos se vaciaron pronto. Un fiasco. ¿Quién se hace cargo de esta falla monumental?

La encuesta más reciente de Consulta Mitofsky marca que el rechazo al PRD pasó de 30 por ciento en julio, a 39 en agosto: el más alto que ha tenido jamás. Y que la imagen negativa de López Obrador creció diez puntos en ese lapso, para alcanzar un terrible, madracista, 38 por ciento. No es casual, tampoco, que 12 de cada 100 personas que votaron por él digan hoy que se arrepienten de haberlo hecho.

Ganó repudio a montones y a cambio no obtuvo mayor cobertura de los medios, ni cohesión interna ni respeto y simpatía en el extranjero. El traumático plantón de Reforma ha sido el mayor error estratégico de López Obrador. Y el desatino más grande de la izquierda desde que participa en la vida institucional: el más grande en tres décadas.

A partir del domingo, por fortuna, será sólo un triste recuerdo.

Rehenes de las fechas

Joaquín López Dóriga
En Privado
Milenio
14 de septiembre de 2006
lopezdoriga@milenio.com

¿Y si después de todo no hubiera nada? Florestán

Desde un principio, la estrategia de la coalición fue convertirnos en rehenes de la incertidumbre desde la amenaza de las fechas.

Primero, que iniciarían un movimiento de resistencia civil que termina con más saldos que haberes.

Segundo, que se instalarían en plantón permanente en el corredor Zócalo-Centro Histórico-Reforma, y ya se van.

Tercero, que el movimiento se extendería por todo el país con campamentos que nunca se montaron, todo se redujo a ese corredor de la Ciudad de México.

Cuarto, que habría más campamentos y plantones permanentes en las sedes de todos los distritos electorales, que no se vieron, y ante el Tribunal Electoral, que fueron reducidos y efímeros.

Quinto, que impedirían la instalación del Congreso pues sus legisladores no se presentarían, lo que fue una tomadura de pelo, todos fueron y el Legislativo se instaló en la fecha que dice la ley.

Sexto, que el 1 de septiembre veríamos lo nunca visto en el Congreso con López Obrador en San Lázaro al frente de multitudes, que no se cumplió, y se redujo a que el Presidente dejara su Informe por escrito.

Séptimo, que impedirían la declaración de Felipe Calderón como Presidente electo en otro plantón que encabezaría su ex candidato, y Calderón fue declarado Presidente electo y recibió el dictamen en el Tribunal.

Octavo, que Fox no daría el Grito en el Zócalo, y lo dará.

Noveno, que no habría desfile el día 16, y habrá.

Décimo, que en la convención no proclamarían a López Obrador Presidente, y lo harán.

A lo largo de estos 75 días, la estrategia fue hacernos rehenes de la incertidumbre a golpe de plazos, lo que se disipó en la misma proporción que pasó el tiempo y se desgastó su movimiento desde los niveles que nos habían advertido.

Hoy, pues, se van con menos banderas de las que ondeaban al comenzar.

Y comenzará otra etapa.

Retales

1. JUGADA. Estaban enojadas el jueves por la noche Amalia García y su hija la senadora Claudia Coricci, por la reticencia de la Secretaría de Gobernación de autorizar la jugada en la feria de Zacatecas que se resolvió con un plantón “voto por voto” en la delegación. Y todos hicieron su juego;

2. CORTANDO POR LOZANO. Javier Lozano, ex priista y vocero de Labastida, dice —¡Uy!— que ya nos veremos cuando sea titular de SCT. ¿Y cómo para qué? Lozano esquiva el problema de intereses que habría con él en ese cargo; él, que ha cobrado en la nómina de Tv Azteca; y

3. NEGOCIOS. Fernando Aboitiz, prófugo del PAN, delegado saliente de Miguel Hidalgo, busca la protección de Ebrard ahora que Gabriela Cuevas comience la revisión del laberinto que le dejó para ocultar permisos y relaciones con desarrolladores impresentables de Polanco. Aboitiz será de los primeros escándalos, y sus beneficiarios también.

Nos vemos mañana, pero en privado.

Tenemos elecciones confiables.- Fuentes

El escritor mexicano negó que hubiera existido fraude en las pasadas elecciones del 2 de julio

Reuters

Madrid, España (13 septiembre 2006).- El escritor Carlos Fuentes señaló este miércoles que México tiene una democracia que apenas empieza a crecer con procesos electorales confiables pero imperfectos.

"El problema es establecer la legitimidad plena del proceso electoral en México. Nosotros luchamos durante décadas para salir de la ´dictablanda´ del PRI donde el presidente de turno designaba a dedo a su sucesor y llegar a un sistema democrático. Estamos ante una democracia niña (...) tenemos procesos electorales confiables pero imperfectos", declaró.

Fuentes descartó que hubiera habido fraude porque, a su juicio, sería muy extraño que sólo existiera en las elecciones presidenciales, ya que ni las urnas al Congreso ni al Senado -donde la izquierda logró buenos resultados- han sido cuestionadas.

El escritor aborda en su último libro de relatos, "Todas las familias felices", la violencia latente en México, que teme que se traslade a la vida pública de su país.

Fuentes, galardonado con el premio Cervantes y el Príncipe de Asturias de las Letras, elaboró 16 relatos donde retrata los problemas y dificultades de familias individuales, intercalados con otros 16 coros prosas poéticas al modo de las tragedias griegas- donde la colectividad invisible cobra protagonismo.

"En todas las sociedades latinoamericanas encontramos una multitud de voces, sabemos que estamos rodeados de una multitud de voces que no nos llegan, que a veces claman por hacerse escuchar, que nos hacen señas", dijo el miércoles Fuentes durante la presentación en Madrid de la obra.

"Nunca acabamos de escucharlas, nunca acaban de expresarse y cada novela, cada cuento que se escribe, es una pretensión fracasada de antemano de dar más voz al mundo". agregó.

El autor de "La muerte de Artemio Cruz" revela la situación de las bandas juveniles, niños mendigos, hijas violadas, huérfanos y traficantes, entre otros habitantes de los bajos fondos de México.

"Mi gran preocupación es que esa violencia subyacente, subterránea no ascienda a la vida política y contagie con violencia a la vida pública de México; eso lo debemos evitar porque sería catastrófico", dijo.

El ambiente en México -alborotado en las últimas semanas por denuncias de fraude del candidato presidencial izquierdista, que perdió por una leve diferencia los comicios de julio a manos del líder conservador- centró gran parte de la intervención de Fuentes, sobre todo por su mención al peligro de que la violencia se traslade a la política.