diciembre 06, 2006

Crónica del 1 de diciembre



Estimados compañeras y compañeros:

He leído y escuchado algunas opiniones críticas hacia nuestras diputadas y diputados por lo que sucedió en la cámara a partir del martes.

Es muy importante tener la información completa para dimensionar y calificar sus actos.

Desde hace tiempo estaba anunciada en forma inequívoca la intención del PRD y otros de impedir la toma de protesta de Felipe Calderón. El propósito era claro: Causar una crisis constitucional, hacer que el Presidente Calderón quedara disminuido en su dignidad y legitimidad, provocar para que se generara violencia y así tener más argumentos para unir adeptos en contra del gobierno electo.

El martes, nuestros diputados recibieron información confiable de que los del PRD se iban a adelantar y a posesionarse del presidium de la cámara. Durante la sesión, un grupo de perredistas se movilizó hacia el presidium y nuestras diputadas y diputados reaccionaron rápidamente por el otro lado para evitar que se posesionaran de él. Su ágil respuesta logró que, después de los forcejeos, prevaleciera una situación en que nuestros legisladores tenían básicamente el control del presidium, con dos o tres perredistas infiltrados. El presidente de la cámara, Jorge Zermeño, levantó la sesión y convocó para la sesión solemne del viernes a las 9:30. Los coordinadores negociaron una tregua para que no hubiera violencia y que se respetaran las posiciones que cada quien tenía hasta que se negociara un acuerdo. Los senadores inmediatamente les hicimos llegar nuestro respaldo moral a nuestros colegisladores y la noche de ese día fuimos a hacer presencia de solidaridad, si bien desde afuera del recinto, porque parte del acuerdo fue que no entraran y salieran sino los que ya estaban ahí.

La primera propuesta fue que todos desalojaran el salón y éste se cerrara. Los perredistas la rechazaron.

Los perredistas estaban empeñados en que se cambiara el recinto del Congreso, pero permanentemente se negaron a dar seguridades de que una vez cambiado el recinto respetarían la ceremonia, y más aún, la dirigencia de ese partido anunció que harían todo lo que fuera necesario para impedirla, fuera donde fuera.

Nuestros diputados y diputadas, además de resistir estoicamente los tres días, hicieron una labor efectiva de distensión para aplacar a los contrarios y que ellos mismos contuvieran a los más violentos.

Todos los senadores de Acción Nacional pasamos la noche del jueves en vela en un salón cercano al recinto, porque había la posibilidad de que al finalizar la tregua se desatara la violencia y queríamos estar inmediatamente disponibles para lo que se requiriera. Cuando accedimos al recinto a las 8:00, los perredistas se lanzaron a cerrarnos el acceso y a bloquear las demás entradas al recinto. Nuevamente hubo empujones y violencia, pero finalmente todos los senadores logramos entrar. El problema siguiente era que no había quórum porque no habían llegado los diputados y senadores del PRI. Cuando llegaron, entraron por la puerta tras banderas, atrás del presidium.

Nuestros diputados y diputadas reforzaron la tribuna mientras los senadores nos distribuimos en diversos puntos acordados la noche anterior. Cuando nos avisaron en secreto que el presidente protestaría desde la tribuna (porque había otros casos contemplados), nos dedicamos a entretener a los perredistas dispersos en los diferentes accesos, alegando con ellos que deberían liberarlos para que pudiera ingresar el presidente.

Poco después los presidentes de las cámaras, Zermeño del PAN por la de diputados y Beltrones del PRI por la de Senadores, ocuparon sus lugares en el presidium, igual que los respectivos secretarios. El presidente Zermeño pidió a los secretarios que certificaran si había quórum, y habiéndolo hecho, sonó la campanilla, declaró instalada la sesión y pidió a las comisiones de cortesía que acompañaran a los presidentes al recinto. Unos minutos después, entraban los presidentes y ocupaban su lugar. En ese momento, nuevamente empezó a haber movimientos violentos que de una forma u otra contuvimos y para cuando los perredistas se reagruparon, ya no les quedó más que hacer ruido con los silbatos que llevaban, pese a lo cual se escuchó perfectamente tanto la voz del presidente de la cámara, como la del presidente Calderón. Se traspasó la banda presidencial como manda la ley, se la ciñó el presidente Calderón y acto seguido el presidente del Congreso solicitó que todos se pusieran de pie para entonar el himno nacional. La victoria estaba consumada.

¿Qué lograron nuestras diputadas y diputados con sus acciones? Nada menos que preservar las instituciones y que no quedara ninguna sombra de duda sobre la legalidad de la toma de posesión del presidente Calderón; que se mantuviera el control del acceso tras banderas; que por ese acceso pudieran ingresar tanto los legisladores del PRI para hacer quórum, como los presidentes entrante y saliente; que se preservaran los lugares del presidente y secretarios de las cámaras; que se pudiera instalar y conducir la sesión desde la tribuna, y que se diera la escena histórica y conmovedora que aparece en la foto que aquí les envío, que finalmente representa la victoria de la Constitución, la ley y el orden sobre la violencia, la crisis y el caos.

La historia pondrá en perspectiva estos hechos. Yo, que participé en algunos de ellos, no tengo duda de su trascendencia.

Viendo esta foto, no puedo dejar de pensar en lo fundamental que es nuestra unidad en el trabajo por el bien del país, y en lo pequeñas y mezquinas que a veces son nuestras diferencias y ambiciones personales. La conservaré con gran cariño y respeto, como recuerdo y como reconocimiento a nuestras compañeras y compañeros que resguardaron con valor la más alta tribuna del país, a quienes les reitero una efusiva felicitación y un muy fraterno abrazo.

Saludos,

Fernando Elizondo Barragán
Senador del PAN por Nuevo León