abril 19, 2007

En Europa, en tanto la lucha anti-religiosa se intensifica, los ateos toman el púlpito

Tomado de la revista electrónica Sentido Común

por Andrew Higgins
Dow Jones Newswires

Caen, Francia, 16 de abril – Cuarenta minutos antes de iniciar el espectáculo, el auditorio Alexis de Tocqueville, con 500 asientos, estaba ya repleto. Una persona colocó una cámara de video en la primera fila y un ingeniero de sonido verificó los micrófonos.

La estrella: Michel Onfray, un célebre filósofo y el sumo sacerdote del ateísmo militante de Francia. Vestido totalmente de negro, caminó en el escenario y observó a su reverente audiencia para dar su conferencia semanal, de dos horas: “Filosofía Hedonista”, que forma parte de una serie y que se transmite por radio.

“Podría fundar una religión”, dijo.

Onfray, de 48 años y autor de 32 libros, está a la vanguardia de un curioso y cada vez más poderoso fenómeno europeo: la fanática no creencia en Dios.

La indiferencia pasiva con relación a la fe ya casi dejó vacías las iglesias europeas. Pero el debate sobre la religión es más intenso y estridente en el viejo continente de lo que había sido en décadas pasadas. Una vez más, se convierte en un tema relevante, en parte debido a la angustia por las crecientes e inquietas poblaciones musulmanas europeas y el temor de que la fe se afirme a sí misma en la política de estado y en las políticas públicas.

Todo esto se suma al creciente impulso del ateísmo combativo, el que confronta, en vez de limitarse a ignorar a la religión.
Karen Armstrong, antigua monja católica y prominente autora británica sobre temas de religión, denomina a esta tendencia “secularismo misionero”. Dijo que imita el ardor del cristianismo, el islamismo y el marxismo, que en sus raíces urgen a convertir a los no creyentes a su visión particular del mundo.

Onfray afirma que el ateísmo enfrenta una “batalla final” contra “la jerigonza teológica” y que debe agrupar a sus tropas.
“Ya no podemos tolerar la neutralidad y la benevolencia”, escribe en su Traité d’athéologie, o Manifiesto ateísta), éxito de ventas en Francia, Italia y España. “Los tiempos turbulentos en los que vivimos sugieren que el cambio está próximo y que ya llegó el momento de instaurar un nuevo orden”.

Como en muchas luchas que involucran a la fe, la lucha europea entre los creyentes y no creyentes también sustituye a otros temas concretos, que van más allá de lo sobrenatural. En este caso, se trata de la batalla por definir la identidad de un continente.

Medio siglo después de que el Tratado de Roma, de 1957, sentara las bases de la actual Unión Europea, integrada por 27 naciones, Europa ha asegurado su paz y prosperidad. Pero aún es bastante incierto qué une a dicho bloque, más allá del interés económico. Dijo Armstrong: “Existe una lucha por definir la civilización europea”.

El mes pasado, en Londres, destacados ateos británicos se enfrentaron a defensores de la fe en un debate público sobre la moción, “estaríamos mejor sin la religión”. Los boletos costaron 40 dólares, pero hubo tal demanda para asistir al evento, que éste debió cambiarse a un auditorio mayor, con capacidad para 2,000 personas. La audiencia declaró la victoria de los ateos, por un margen de 1,205 contra 778, con algunas abstenciones.

En Alemania, un opulento fabricante de muebles está financiando el “centro de estudios de la Ilustración”, un grupo de científicos y otros personajes interesados en exponer la falsedad de la religión. Lleva el nombre de Giordano Bruno, el filósofo y cosmólogo del Siglo XVI que fue quemado en la hoguera por herejía. En Italia, un ferviente no creyente fue a la Corte Europea de los Derechos Humanos con la proclama de que la Iglesia Católica Romana es culpable de fraude: Jesús, dijo, nunca existió.

La alarma sobre el Islam ha sido el principal catalizador de gran parte de la polémica. La población musulmana de Europa, estimada entre 15 y 20 millones de personas, es cada vez más numerosa, más abierta y, en algunos casos, más religiosa. Esta lucha también es producto de una intensa confrontación que data de la época de la Ilustración: el movimiento intelectual del Siglo XVIII que afirmó la primacía de la razón sobre la superstición.

“La batalla por la religión se reinicia, y será muy difícil”, dijo Terry Sanderson, presidente de National Secular Society de Inglaterra, organización fundada en el Siglo XIX, pero que ha ganado nuevo impulso. Su membresía se ha duplicado en los últimos cuatro años, para llegar a casi 7,000 personas, de acuerdo con Sanderson. Para los convertidos del cristianismo, la sociedad les proporciona un certificado de “des-bautismo”. “¡Hágalo oficial!”, conmina esta sociedad en su página electrónica, www.secularism.org.uk

La causa del ateísmo obtuvo el respaldo de un artista famoso el año pasado cuando la estrella musical Elton John, en una entrevista, dijo que la religión organizada convierte a las personas en “lemmings odiosos”.

La repercusión contra la religiosidad ha invadido la comunidad musulmana de Europa. En febrero, Mina Ahadi, mujer de Colonia, Alemania, nacida en Irán, creó el primer grupo ateísta musulmán del continente: el National Council of ExMuslims. De inmediato, empezó a recibir amenazas de muerte y fue puesta bajo protección policiaca.

“Nuestro principal mensaje es: ‘No creemos’”, dijo Ahadi, hablando en una cafetería cerca de la Catedral de Colonia, un impresionante tributo a la fe cuya construcción requirió 600 años. Un policía rondaba en las cercanías.

El ateísmo, dijo Ahadi, debe confrontar a la religión y adoptar sus métodos. Su grupo empezó con apenas 30 miembros en febrero, y el mes pasado ya tenía más de 400. Cabildea con funcionarios de la Unión Europea sobre restricciones al velo y organiza reuniones públicas en las que ex musulmanes explican por qué renunciaron a su fe. “Si se quiere trabajar contra los movimientos musulmanes, hay que ser como ellos” dijo. “Tenemos que salir a las calles y decir por qué luchamos”.

Los promotores del ateísmo europeo también han incursionado en Estados Unidos. “The God Delusión” (El Engaño de Dios), un libro de Richard Dawkins, catedrático de Oxford, ha estado en la lista de los éxitos de ventas de no ficción de The New York Times. Otro escritor ateo británico, Christopher Hitchens, que radica en Estados Unidos, escribió su propio tratado antirreligioso, “God Is No Great: How Religion Poisons Everything” (Dios no es grandioso: cómo lo envenena todo la religión), programado para salir a la venta en mayo.

El cristianismo, que alguna vez fue el cimiento de la identidad europea, ha estado perdiendo feligreses en el Continente, por lo menos durante medio siglo, aunque algunas encuestas de opinión sugieren que esta tendencia decreciente ha llegado al máximo. Cerca de tres cuartas partes de los europeos aún se describen como cristianos. De acuerdo con las encuestas, sólo una pequeña minoría va a la iglesia. En Europa Occidental, menos de 20% lo hace.

Es difícil de determinar el número de ateos. Algunas encuestas dan una cantidad menor a 3%, pero otras dicen que es mucho mayor.

Cuando la Unión Europea preguntó a sus ciudadanos que clasificaran los valores que representan a Europa, la religión quedó en último lugar –muy por detrás de los “derechos humanos”, la “democracia”, la “paz”, la “libertad individual” y otras opciones. Sólo 3% escogió a la religión.

Los líderes religiosos luchan contra los no creyentes afirmativos. John Sentamu, arzobispo de York de la Iglesia de Inglaterra, se quejó en diciembre pasado, en una declaración sobre los “ateos iliberales que han unido fuerzas con seculares agresivos”. Respondía a las demandas de que Jesús fuera retirado de las obras navideñas y que las fiestas de la navidad fueran llamadas “festivales invernales”.

El folleto ateísta de Onfray, recientemente traducido al inglés, ha provocado tres refutaciones, tan extensas como un libro, de cristianos molestos, así como una gran cantidad de artículos. Para refutar “El Engaño de Dios” del profesor Dawkins, un profesor de teología de Oxford escribió su propio libro, “The Dawkins Delusión” (El Engaño de Dawkins).

Sin embargo, los ateos y sus adversarios concuerdan en una cosa: Dios, que fue declarado muerto hace más de un siglo por el filósofo alemán Friedrich Nietzsche, está regresando, por lo menos como foco de controversia. “En tiempos recientes, la fe está en la agenda pública de una manera sin precedentes”, dijo el manifiesto fundador de Theos, un nuevo centro cristiano de estudios con sede en Gran Bretaña.

Traducido por Luis Cedillo
Editado por Juan Carlos Jolly

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