junio 25, 2007

¿Qué está pasando aquí?

Germán Dehesa

Lo de Hugo es un oprobio que no tiene nombre, ni apellido, ni le tendría que importar a nadie y hoy es lunes y más nos valdría pensar en otras cosas y recordar, por ejemplo, a Margarita Michelena que era la titular de la columna de donde he tomado este título.

¿Qué está pasando aquí? Miren, pasa por ejemplo, que en México tenemos a los legisladores más flojos y mejor pagados del mundo. Con dificultades llegan a tener años laborales de seis meses y el resto lo dedican a puras tarugadas y maniobras que resultan perfectamente inútiles, pero muy costosas para el país. Asuntos como éste, los leemos o los oímos y pensamos que no es taaan importante; que es un problema similar al del lirio acuático en Chapala y ¡no, señores, no! (percíbase mi ira); es una gran mentada de madre, es un robo mayúsculo de un dinero que no es cualquier dinero, es el nuestro ¡el nuestro, lo oyeron! (cada vez me pongo peor); seguramente todos se los decimos en voz baja, pero yo alzo mi voz a la mitad del foro, a la manera del tenor que imita la gutural entonación del bajo para cortar a la epopeya un gajo: ¡qué poca madre, señores legisladores!; legisladrones les tendrían que decir por robarle al país con su pachorra, sus viajes idiotas, sus giras de estudio y sus mentiras miserables. ¡¿Me están oyendo, Manlio Fabio y Emilito Gamboa y toda la caterva de bandidos que son de su misma ralea?! (cada vez me estoy poniendo peor). Y es que no puede ser que el Gordo Carstens nos apriete cada vez más (imagínense cómo aprieta Carstens) y a los causantes cautivos no nos quede de otra más que pagar los crecientes impuestos que, de inmediato, van a parar a los bolsillos de estos desgraciados. Y ya no digo más, porque apenas es lunes y como decía mi nana: se te puede quebrar la bilis.

¿Qué está pasando aquí? Sucede que corrieron a todos los mandos de la Policía Federal en el país. Estamos hablando de 34 malandrines quienes, aprovechando su cargo, lograron lo que se llama un gran doblete: robaban mediante la complicidad a sus compañeros y robaban al público en general, lo solicitara o no lo solicitara. Corrieron a estos muñecos, pero de inmediato "las corporaciones" del país han entrado en acción. Entendemos (cuando entendemos) por corporación a todos estos grupos que, desde hace décadas, se han formado en el país para defender los intereses de los corruptos dedíquense estos a lo que se dediquen. Podemos hablar de sindicatos, de mutuales, de fraternidades, de grupos de defensa. Se llaman de muchas maneras, pero tienen una sola tarea: impedir las tareas de la justicia y defender exitosamente a los malhechores. Éste es precisamente el caso de estos "mandos" que lo único que mandan es dinero para su casa, o sus casas, según la necesidad. A nadie deberá espantarle que dentro de unos meses y tras silenciosas maniobras, estos robavacas ya estén de regreso y vuelvan a robar porque esto es lo suyo. ¿Y la sociedad? Pagando impuestos.

Esto es precisamente lo que pasa aquí. Pasan el robo, la flojera, la corrupción y sobre todo, pasa ¡la impunidad!, la impunidad que es un cáncer que nos está devorando. Y luego nos espanta que nos gane Estados Unidos donde el deporte lo toman en serio y lo viven como una pasión y como un trabajo y donde corren al entrenador, al jugador y al directivo inepto; donde cuidan su cuerpo y su ánimo y su condición física, pues ¿cómo no nos van a ganar? Y de cada diez veces les ganaremos una y haremos fiesta y borrachera y sacrificios humanos y todo lo que nos gusta. Pues dígame usted (¡le estoy hablando!) ¿Cómo no nos van a ganar?

¿QUÉ TAL DURMIÓ? MLXXII (1072)

La Suprema Corte preferiría no ver el caso del Precioso; pero ¿cómo no verlo?

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