agosto 09, 2007

Es el peronismo, estúpido

Gabriel Dreyfus
09 de Agosto de 2007
www.adlatina.com

“Aún hoy no entiendo como un extraordinario político como Eduardo Duhalde pudo cometer semejante error estratégico”.

En esta oportunidad, Dreyfus realiza un análisis sobre la decisión de Daniel Scioli –candidato a gobernador de la Provincia de Buenos Aires- de contratar al consultor político estadounidense, James Carville, el mismo que asesoró a Eduardo Duhalde, para trabajar en los lineamientos políticos de su campaña.

Acabo de leer en el diario Clarín que Daniel Scioli -candidato a gobernador y casi seguro ganador en la Provincia de Buenos Aires- contrató al consultor político estadounidense (demócrata) James Carville para trabajar en “los grandes lineamientos de su campaña”.

“Es la economía, estúpido” -aclara Clarín- “es la célebre frase que acuñó Carville, cuando asesoró al demócrata Bill Clinton en la campaña que en 1992 lo llevó a la Casa Blanca”.

Felicitaciones, James.

Ese concepto reflejó un profundo conocimiento de la situación política y económica de su país y, sin duda, contribuyó al triunfo de Clinton.

Y también dice Clarín: “Se enamoró de la Argentina en 1999 cuando asesoró a Eduardo Duhalde en su campaña electoral contra Fernando de la Rúa. Carville no hablaba español ni conocía el juego político argentino. No obstante, el primer día que aterrizó en Ezeiza, cuando le dieron una encuesta con un cuadro de la situación política lo primero que dijo fue: “Es Menem, estúpido”. Y desde ese momento su consejo fue que había que concentrarse en pegarle a Menem y no a De la Rúa. Quienes trabajaron con él, recuerdan que gracias a su asesoramiento Duhalde logró repuntar enormemente en todos los sondeos de opinión.

Bullshit.

Duhalde perdió las elecciones justamente por esto.

Y no me baso en un estúpido sondeo de opinión sino en el resultado de las urnas.

Lo que lo hizo Presidente a De la Rúa no fue la extraordinaria campaña de Ramiro Agulla -que sólo sobrevendió a un mal “producto” acelerando su caída- sino la pelea entre el entonces Presidente Menem y su ex vicepresidente y -siendo gobernador de Buenos Aires- miembro del mismo Partido Justicialista.

Obviamente Menem prefería que ganara De la Rúa y Duhalde -¿o Carville?- cometió el más grande error político de su vida (después tuvo otro…).

Ciertamente, el gran opositor a Menem -agresivamente demostrado en su campaña- fue otro peronista.

Ningún menemista -aún había muchos- votaría a Duhalde después de esa campaña.

Ningún antiperonista convencido -aún hoy quedan bastantes- lo haría por eso: sin duda Duhalde era más peronista y eso los ahuyentaba más.

Y la enorme mayoría (ganó en primera vuelta) votó a desgano a De la Rúa.

Aún la gran mayoría de los radicales, que eran alfonsinistas.

Por supuesto, De la Rúa también contó con el incomprensible regalo de los votos del peronismo progre aportados por el luego renunciante vicepresidente Alvarez.

De eso Mister Carville no tiene la culpa.

Aún hoy no entiendo cómo un extraordinario político como Eduardo Duhalde pudo cometer semejante error estratégico.

Y Daniel Scioli -sin duda menos político y menos peronista que Duhalde- va por el mismo camino.

Ahora en beneficio del gringo que le vende espejitos de colores a los indios.

Porque Scioli no puede perder a menos que Carville haga cien goles en contra…

Quienes hemos sido paridos por el peronismo -a favor o en contra, no importa- no entendemos cómo se puede contratar a un asesor estadounidense para comunicarse con el pueblo peronista.

¡Y cómo puede volverse a contratar al mismo!