septiembre 27, 2007

De reformas y personas necesarias para la transición

Fernando Sánchez Argomedo
yo Influyo

México sigue avanzando de forma muy lenta en el proceso de transición. Una transición que no ha estado exenta de grandes sobresaltos. Recordemos que la intención de este país es transitar de un modelo de democracia representativa a un modelo de democracia participativa.

Hemos visto de qué forma se ha distribuido el poder que antiguamente estaba en manos del Presidente de la República y que repartía a placer de acuerdo a los intereses de su grupo y partido.

UN GOLPE AL CENTRALISMO

Sin duda quien dio el gran golpe al estado centralista fue el expresidente Vicente Fox, hoy perseguido por sus acérrimos enemigos, los cuales han dejado claro que siguen siendo los mas afectados en este proceso de apertura democrática y distribución del poder.

Más de uno de ustedes que me hacen el favor de leerme, está haciendo muecas por la anterior expresión, sin embargo podemos ser verdaderamente miopes si no reconocemos con objetividad el gran paso que en los últimos 7 años ha dado nuestra democracia. Estos hechos han sido calificados por varios como debilidad del anterior Presidente de la República.

Sin embargo consideramos que debemos dejar de lado la polémica en relación a la actuación de Vicente Fox para focalizarnos en analizar como el Estado Mexicano ha sido forzado a madurar. Como lo hemos comentado en innumerables ocasiones por este medio, es claro que el único poder que comenzó el proceso de democratización de forma seria y contundente fue el poder Ejecutivo, no sin un costo real pero al mismo tiempo visionario.

Fue el ejecutivo y en particular el Presidente quien cediendo el poder fue “víctima” de su misma determinación. Víctima de decisiones viscerales en el Congreso víctima de cuestionamientos derivados de la “transparencia”… Recordemos que quien impulsó la transparencia, un enorme avance en el trayecto de maduración de la democracia participativa de México, es quien hoy está siendo cuestionado de por falta de transparencia.

En el camino de esta reflexión llegamos a un punto en el cual le pido a los lectores que nos ahorremos los calificativos y los adjetivos a los actores políticos, en particular al expresidente. Mejor hagamos un serio ejercicio para entender de fondo que es lo que le hace falta a esta democracia. Para ello es fundamental saber de forma clara, objetiva y con hechos, no accidentes, en donde estamos parados actualmente.

LOS PODERES Y SU MADUREZ DEMOCRÁTICA

De los tres poderes el mas avanzado en términos de democracia es el poder Ejecutivo ya que está abierto a la rendición de cuentas de cara a la sociedad mediante el Instituto de Acceso a la Información (IFAI), igualmente tiene que rendir informe al congreso. Los controles y los mecanismos de la Secretaría de la Función pública cada día son mas estrictos y exigentes para evitar la corrupción, siendo siempre perfectibles.

El poder legislativo, es el principal centro de poder del Estado, de donde han emanado las principales transformaciones recientes e incluso desde donde se abrieron las posibilidades a la alternancia, están en sus manos las reformas necesarias para modernizar las instituciones del Estado mexicano. Sin embargo es claro que este poder aun se encuentra muy atrás en el proceso democratizador. No es un poder totalmente abierto a la rendición de cuentas, aun no maduran en su capacidad para llegar a acuerdos, se agrupan en mini centros de poder para lograr objetivos particulares y de grupo.

Es claro que los diputados y senadores trabajan esencialmente por sus intereses particulares, de ahí que surjan reformas a la medida o surgidas a partir de sus caprichos como fue la pobre reforma electoral que tenía como objetivo un acuerdo interno y que al final se le incluyeron algunas modificaciones valiosas, sin embargo no fue una reforma seria fue simplemente una moneda de cambio.

Ni que decir del atraso democrático que tienen los estados y lo mismo para los municipios.

El poder judicial ha tenido que aprender su nuevo papel de poder independiente a marchas forzadas y no sin algunos deslices antidemocráticos y de inmadurez, sin embargo es claro que es uno de los poderes mas maduros en términos de democracia, lo que en realidad le hace falta es mas transparencia.

Todo lo anterior nos debe hacer reflexionar sobre el verdadero ejercicio de la política que está en las manos de los hombres que la ejercen y los ciudadanos que mediante los cuerpos intermedios de la sociedad deben buscar el equilibrio necesario para la consecución del bien común.

Por eso ir a fondo en la transición hacia una democracia participativa y hacia un nuevo sistema político significa ir a las personas y actores de este cambio. Significa hacer énfasis en las virtudes que deben tener estas mujeres y hombres en cuyas manos está el futuro del país y de nuestra descendencia.

LA PRUDENCIA, VIRTUD PARA TRANSFORMAR

La virtud que deben tener estas mujeres y hombres es la virtud de la prudencia. Desafortunadamente de pocos políticos se puede hablar que sean prudentes y mucho menos que sepan que significa serlo. Por otro lado si podemos asegurar que muchos actores sociales son verdaderamente mujeres y hombres prudentes.

La “prudencia es el hábito intelectual que dirige rectamente la acción humana”, es decir la que hace que los actos y las decisiones humanas sean y se tomen en el momento adecuado.

Las partes de la prudencia son: a) el “consejo” que permite a la persona que toma una decisión en cualquier momento hacerse de la información necesaria para poder tomar la decisión de forma adecuada; b) el “juicio”, que es la elección de la acción a realizar dada la información y c) el “imperio” que ordena poner en práctica la acción determinada dado el “consejo” y el “juicio”.

Una persona prudente sabe lo que decide y sabe porque lo decide, no solo eso, sino que busca lo mejor dada la realidad que enfrenta y eso mejor está en relación a la búsqueda del mayor bien para los demás, que al final es el bien común.

Un hombre prudente hace un uso adecuado de su “memoria” para hacer referencia a su experiencia en el pasado o a situaciones semejantes, su “inteligencia” que le permite reconocer los principios universales y aspectos individuales del presente, su “docilidad” que le permitirán indagar no reconociéndose poseedor de toda la verdad y allegándose del consejo y la información suficiente que parte del reconocimiento de que no se puede saber todo, su “sagacidad” que le ayudará a ser creativo, y el “razonamiento” que le permite aplicar el conocimiento del que dispone a la situación.

Un hombre prudente también debe ser “previsor”, esto le permite ordenar su decisión sin olvidar el fin que se persigue, debe ser “circunspecto” para considerar todas las aplicaciones de la decisión tomada y debe ser “precavido” para prevenir obstáculos que se presenten.

Todas estas características que definen a la persona prudente, debe tener todo aquel que tenga que ver con la transformación de un país.

Suena sencillo decir que la persona prudente hace lo que debe cuando debe, pero implica una formación mas amplia, implica conocimiento, experiencia e inteligencia, todo ello acompañado de un instinto que va mas allá y le permite ver el entorno que le rodea.

La pregunta queda en el aire, ¿realmente contamos con los suficientes hombres prudentes para poder dirigir a este país para alcanzar el fin esperado?

La respuesta la tenemos cada uno de nosotros en dos sentidos. Por un lado haciendo un análisis sobre nuestros políticos y por otro lado reflexionando si nosotros estamos preparados para ser parte de esta importante transición en nuestro país.

La mano invisible del Mercado