noviembre 12, 2007

La lección de Zapatero

Rogelio Carbajal Tejada
La Crónica de Hoy
Lunes 12 de Noviembre de 2007

Apenas el pasado sábado, cuando ya finalizaba la XVII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno celebrada en Chile, el presidente venezolano Hugo Chávez protagonizó un nuevo incidente internacional, ahora con España, cuando en reiteradas ocasiones llamó fascista al ex presidente español José María Aznar.

Su sucesor en el gobierno español, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero, salió al paso y, aunque distante ideológicamente de Aznar, defendió la calidad democrática de su mandato exigiendo, al mismo tiempo, respeto y cuidado en las expresiones empleadas por su homólogo venezolano.

La frase utilizada por Rodríguez Zapatero no puede y no debe pasar desapercibida, pues entraña un profundo sentido democrático, de tolerancia y de nacionalismo bien entendido. En medio de los excesos verbales de Hugo Chávez, Zapatero le increpó: “…se puede estar en las antípodas de una posición ideológica y no seré yo quien esté cerca de las ideas de Aznar, pero fue elegido por los españoles y le exijo ese respeto”.

En efecto, la frase con la que el presidente del Gobierno de España salió al paso contra las críticas del presidente venezolano, entraña profundos valores democráticos que más de uno en México debería conocer y sobre todo practicar. Para nadie es un secreto lo que el propio Zapatero expresa en su alocución y que implica la distancia de pensamiento que lo separa de su predecesor. Por eso, la defensa que hace de Aznar toma mayor dimensión, pues a pesar de sus diferencias comparten en común el origen democrático de sus mandatos.

Es ahí donde se encuentra la primera lección: el origen de democrático de los gobiernos exige por ello mismo, respeto. En última instancia esta consideración para con los gobernantes electos democráticamente se traduce en un respeto al pueblo que los eligió, y a ello, precisamente, alude Rodríguez Zapatero.

La expresión es también una enseñanza de tolerancia política. Sólo se puede ser tolerante cuando se sabe exactamente lo que se es. Zapatero —es obvio— lo tiene muy claro: su pensamiento y su política, son de izquierda y con ella se puede discrepar o estar de acuerdo, como se puede disentir o congeniar con una política de centro, de derecha o de corte liberal. Pero esta clara diferencia ideológica no obsta para reconocer que José María Aznar merece el respeto y la consideración pública como presidente español que lo fue, pues como antecesor de Zapatero, Aznar representó —como ahora lo hace él— a su país.

Una tercera lección se desentraña de aquí. En política exterior —también a pesar de las distancias que puedan existir— un país es uno e indivisible y su imagen como nación democrática (España lo es) se defiende contra todo y contra todos. Aznar fue Jefe del Gobierno y su figura (como la de Felipe González o la de Adolfo Suárez) sigue representando, en tanto ex presidente, a España. La lección es la de un político que entiende bien la de la defensa en el exterior de su país.

Este capítulo protagonizado por José Luis Rodríguez Zapatero debe añadirse a uno anterior, pues hace ya más de un año fue el primer gobernante en reconocer públicamente a Felipe Calderón como presidente electo. Como cualquier demócrata, Zapatero entiende muy bien que una elección se gana en las urnas y como tal felicitó a Calderón. Semanas después volvió a la escena y llamó a la izquierda mexicana a actuar democráticamente, a acatar el resultado electoral y, como oposición, a tratar de influir en las políticas desde la privilegiada posición que los ciudadanos le habían otorgado.

El resto de la historia también se conoce. La izquierda mexicana no comprendió el mensaje e incluso lo criticó fuertemente al grado de la descalificación. Su actuación, lejos de aceptar el resultado de la elección como lo aconsejaba el líder socialista europeo, fue cada vez más irracional.

Esta triple enseñanza de la Cumbre Iberoamericana, a la que se agrega la del capítulo mexicano, es fundamental para la vida democrática en México, sobre todo para quienes instalados en la bandera de la tolerancia, la niegan flagrantemente cuando alguien piensa diferente a ellos. Aceptar la lección y, ante todo, practicar los valores que entraña serán fundamentales para consolidar la democracia.

Y no obstante que se pueda discrepar de la ideología socialista del propio Rodríguez Zapatero (parafraseando su propia intervención), las lecciones que nos ha dejado son dignas de reconocerse.

rogelio.carbajal@gmail.com

'Vendaval sin rumbo' por Paco Calderón

Los irresponsables, otra vez

Macario Schettino
El Universal
12 de noviembre de 2007

Alguna vez ya lo habíamos comentado en este espacio: éste es un país de irresponsables. La tragedia en Tabasco me parece que es gran evidencia de ello, por su origen, por lo que hoy ocurre y espero que no por lo que habrá de seguir.

En un país que por tantos años ha vivido bajo un régimen autoritario y vertical, es costumbre achacar los males a los gobiernos, y particularmente al Presidente, que por mucho tiempo pareció todopoderoso. Esta característica del régimen de la revolución, fue una de las que impidieron la ciudadanización de la sociedad, porque nos mantuvo en un perpetuo estado infantil. Nunca había un responsable de nada, porque todo era parte del Estado. Nos pasamos el siglo XX siendo irresponsables, es decir, infantes a los que todo les ocurría y nada podían hacer para evitarlo.

No quiero decir que la tragedia de Tabasco pudo haber sido evitada con dos o tres pequeñas medidas, porque eso no es correcto. Inundaciones ocurren en muchas partes, con frecuencia catastróficas. Pero sólo en países de irresponsables pone uno a vivir a un millón de personas en un pantano que seguramente se inundará. La diferencia con los países de adultos es ésa: no que no ocurran desastres, sino que la población se hace responsable de reducir los riesgos.

Acá los políticos rápidamente han culpado a sus congéneres: que si los gobernadores anteriores, que si el presidente anterior, que si las paraestatales. Y es perfectamente posible que cada uno tenga una pequeña parte de culpa, pero hay que sumarle a los líderes que promovieron construcción de vivienda, a otros políticos locales que dieron permisos a sabiendas de las amenazas, a los miles de personas que aceptaron vivir en zonas claramente problemáticas y que, como lo hemos hecho por cientos de años, aguantaron los riesgos porque así se acostumbra. Y a los miles que no hicieron caso a los anuncios de la inundación, que les hubiera permitido rescatar algunos bienes y evitar el trauma de huir en medio del agua.

Sin menospreciar la irresponsabilidad de los políticos, también hay que asumir la que tiene la sociedad. Porque no sólo en Villahermosa hay viviendas en zonas de muy alto riesgo, las hay en prácticamente todas las ciudades grandes del país y en muchas medianas. Y no sólo en Villahermosa se ha construido una ciudad en donde no hay manera de mantener servicios públicos, salvo a costos excesivos. Y no nada más tenemos riesgos de inundaciones, sino que tenemos una perpetua actitud irresponsable en todas direcciones.

No tratamos el agua que desechamos, no cuidamos los bosques, no separamos la basura. Vaya, ni siquiera la tiramos donde se debe, sino por donde vamos pasando. Y todo eso cuesta, y mucho. No somos responsables siquiera con nuestra salud y la de nuestros hijos, y por eso somos uno de los países con mayor obesidad, y en consecuencia con mayores riesgos de diabetes, lo que implica mayores costos de salud pública. Para terminar la letanía, ni siquiera nos hacemos responsables de la educación de nuestros hijos y, en consecuencia, seguimos soportando la actitud criminal de los profesores que destruyen la vida de los jóvenes al dejarlos incapacitados para aprender. Y el costo es inmenso.

Es posible que muchos mexicanos no tengan siquiera conciencia del daño que implica su irresponsabilidad. Pero eso mismo es un problema que la sociedad debe resolver. Porque corregir las irresponsabilidades es absurdamente costoso. Es necesario que hagamos un esfuerzo por tomar conciencia de nuestra actitud y hacernos responsables de nuestras acciones. Ya no culpando de todo al gobierno, aunque no por ello dejar de vigilarlo.

Hace 30 años, no asumir las responsabilidades de la sociedad permitió la destrucción casi total de la economía a manos de gobiernos igualmente irresponsables. Pero no pueden, quienes vivieron entonces, simplemente culpar a esos gobiernos y asumirse como víctimas. Como no se puede, hoy, seguir actuando irresponsablemente impidiendo decisiones urgentes, en lo fiscal, en lo energético, en lo educativo.

No podemos dejar de asumir nuestra responsabilidad. Lo que no hagamos hoy se tendrá que pagar mañana, y muy caro. Las generaciones pasadas nos han trasladado un costo enorme, no hagamos lo mismo nosotros.

www.macario.com.mx
Profesor de la EGAP del ITESM-CCM