diciembre 18, 2007

La participación de la sociedad civil: parte natural de la cultura democrática

Escrito por Futuros
elmercurio.es

Entrevista a Marieclaire Acosta Urquidi

Marieclaire Acosta Urquidi es una intrépida e internacionalmente respetada activista de los derechos humanos. Ha trabajado por más de treinta años en la promoción de los derechos humanos. Acosta ha sido miembro de Human Rights Watch y de Amnistía Internacional. Fue la fundadora y presidenta de la Academia Mexicana de Derechos Humanos y de Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos.

Futuros la entrevista por su doble experiencia de trabajo desde la sociedad civil y en cargos gubernamentales.

"Creo que no existe la claridad conceptual de decir: avancemos en la construcción del perfeccionamiento de la democracia, porque lo que tenemos en América Latina y en México es una democracia que además de frágil está muy degradada".

RF: ¿Quisiera presentarse a los lectores de Futuros?

MCA: Soy mexicana, Mi formación profesional es en ciencia política, la sociología política más bien, a la que me dediqué durante varios años como investigadora tanto en la Universidad Nacional como en el Colegio de México. Desde hace más de 30 años me involucré muy activamente en el tema de los Derechos Humanos, primero a través de Amnistía Internacional, fui la presidenta de la sección mexicana de Amnistía Internacional, en una época muy difícil, en los 70’. México en ese momento pasaba por una guerra sucia y un gobierno que alternaba la represión despiadada con las medidas populistas, pero en ese momento vi emerger la sociedad civil por lo que vi una nueva oportunidad y trabajé en la fundación de un par de organizaciones de Derechos Humanos, a las cuales he tenido el honor de dirigir. Primero fue la Academia Mexicana de Derechos Humanos, que fue una propuesta conjunta que hicimos con otros intelectuales y activistas como Sergio Aguayo y Rodolfo Calenjaque. Estuve al frente de la academia por 6 años en la década de los 80’s. Fue una experiencia extraordinaria porque la Academia fue justamente un espacio que contribuyó a que esa sociedad civil incipiente de México se fortaleciera y se orientara hacia el tema de los Derechos Humanos.

Después de estar en la Academia las vicisitudes de la política me llevaron a salirme de esa institución y a fundar una organización más militante que es la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos, en la cual estuve por más de una década. Este fue un organismo que se crea con la finalidad de defender a casos concretos de violaciones de derechos humanos y sigue siendo una organización que ha tenido mucho éxito en esa tarea. Hemos logrado sacar muchas personas de la carcel y logró llevar al gobierno de México a rendir cuentas por muchos actos de violaciones graves de derechos humanos.

Cuando la elección del año 2000 fui de las personas de la sociedad civil identificada con la izquierda que llamamos al electorado a votar por Vicente Fox, básicamente con la finalidad de sacar al PRI del gobierno y lograr, de una vez, que se completara la transición democrática con la alternancia en el poder. Fui parte de ese movimiento y experimenté por ello consecuencias tanto positivas como negativas. Pasé a formar parte del equipo de transición del presidente electo Fox y después fuí nombrada embajadora especial para los Derechos Humanos y la Democracia. Luego, fuí subsecretaria para los Derechos Humanos, y eso me permitió el enorme privilegio de organizar y diseñar la primera política pública de Derechos Humanos apegada a estandares y criterios internacionales en México. Los compromisos internacionales adquiridos en esa etapa permanecen vigentes a pesar de que yo ya no estoy en el gobierno.

RF: ¿A que se refería con las consecuencias negativas?

MCA: Lo negativo de la experiencia fue que no toda la sociedad civil estaba tan comprometida como yo creía con el tema de la democracia y la alternancia y hubo muchas decisiones de carácter mas partidista e ideológico entre la sociedad civil y una parte de mis colegas -al aceptar trabajar para el gobierno electo de Fox- reprobaron mi actitud porque consideraron que yo había traicionado al Partido de la Revolución Democrática, que era el partido de izquierda. Creo que todo eso ha sido superado y forma parte del pasado.

RF: Pero creo que no es la primera persona que ha trabajado primero en la sociedad sociedad civil mexicana y después ha desempeñado funciones en el gobierno. Creo que hay otros ejemplos en México, ¿no es así?

MCA: Sí, hay otros ejemplos y muy elocuentes, pero es interesante porque entramos en la discusión de lo que es políticamente correcto y lo que es políticamente incorrecto. Por ejemplo, muchos de mis colegas, miembros de la sociedad civil entraron a trabajar al gobierno de Cuatemoc Cárdenas, en el Distrito Federal, pero como era un gobierno de izquierda eso fue bien visto.
Vicente Fox es un hombre que no venía de la izquierda, venía de un partido de centroderecha, que es el PAN, pero que intentó ser un gobierno de coalición, invitó incluso al Partido de la Revolución Democrática a formar parte de su gobierno y le ofreció ministerios e incorporó gente con una trayectoria en la izquierda mexicana, como Jorge Castañeda. Pero los que entramos al gobierno de Fox tuvimos una especie de condena de parte del lider moral del Partido de la Revolución Democrática, Cuatemoc Cárdenas, porque cuando Vicente Fox ganó las elecciones dijo que era lo peor que le hubiera podido suceder al país. Muchos sentimos que esa posición era inconsistente con sus propios ideales, porque si alguien había convocado a la lucha por la democracia 10 años antes había sido él, y la democracia tiene sus reglas. El que gana, el que toma el gobierno, es quien ganó la competencia, no necesariamente el que tú prefieres.

Todo este cuestionamiento puso de manifiesto las contradicciones de ciertas instituciones de la sociedad civil, la compleja relación de muchos de los compromisos de la sociedad civil con la democracia. Yo entiendo que estas situaciones son compartidas con varios países de América Latina, que no es un fenómeno exclusivamente mexicano, y que tiene que ver también con el hecho de que estamos explorando terrenos novedosos.

RF: ¿Qué cree que demandaría la sociedad civil para hacer una cooperación efectiva con gobiernos democráticamente electos?
MCA: Hay un dicho en México que creo que es muy explícito y que dice "la burra no era arisca, a palos la hicieron". Si tú vienes de una tradición autoritaria como la que vivimos durante 70 años con el PRI, de un sistema político que niega la existencia de la sociedad civil, que considera que el estado es el representante de la sociedad y que aplasta cualquier manifestación de autonomía, pues evidentemente vamos a tener una desconfianza estructural con cualquier colaboración con el gobierno. Por supuesto que es un proceso acumulativo, ¿de que experiencia histórica te puedes agarrar para saber como relacionarte con el gobierno?

Por otro lado, de parte del gobierno tampoco había un entendimiento ni un conocimiento de lo que es la sociedad civil y menos aún un respeto de lo que era la sociedad civil bajo el PRI. Al contrario, la sociedad civil siempre fue vista como algo a lo que se le tenía que tener una desconfianza enorme, que ocultaba, quien sabe, un propósito extraño y que podría tener conexiones con algún grupo subversivo o de crimen organizado. Hubo muchas ocasiones en las que distinguidos miembros del PRI, decían que las ONG’s estaban financiadas por el narcotráfico, o éramos comunistas ligados a la guerrilla. En realidad, el terreno no era muy propicio para la colaboración con el gobierno.

Ahora bien, si además de la falta de experiencias positivas, tienes un candidato electoral como Fox, que contaba con el respaldo de una coalición muy plural, formada con el único propósito común de acabar con el PRI pero constituida con fuerzas bastantes dispares entre sí, no estábamos ante una situación favorable para el desarrollo posterior de políticas. Sin embargo, creo que hubo experiencias exitosas en este gobierno, pese a todo, y creo que, en justicia, la sociedad civil nunca ha tenido más espacio y más capacidad de acción que ahora.

RF: ¿Qué recomendaciones haría tanto a la sociedad civil como al gobierno, ya que ha tenido la oportunidad de trabajar de ambos lados, para mejorar esta relación de una forma más cooperativa y eficiente?

MCA: Primero, creo que no es lo mismo fortalecer la sociedad civil de un régimen autoritario que está en la oposición a fortalecer la sociedad civil de una democracia en construcción. Ahora, si le agregas a esa democracia en construcción la realidad de un país en donde hay una desigualdad social y una injusticia enorme, se genera mucha confusión, porque la percepción que tienen varias de las organizaciones de la sociedad civil es que nada ha cambiado, que la democracia no sirvió para nada porque no cambió nada, porque los pobres siguen siendo muy pobres y los ricos siguen siendo muy ricos, y la policía sigue violando los Derechos Humanos.

Esta manera de ver las cosas genera una enorme confusión y puede provocar un deseo de volver hacia atrás. En esas circunstancias entra la tentación del populismo, la tentación de apoyar gobiernos populistas. Se promueve el discurso de que la democracia ya la tenemos y ahora en lo que hay que trabajar es en la justicia social, porque la democracia no ha resuelto nada, entonces la solución está con el partido o el candidato que va a resolver el problema de la injusticia social.

Creo que no existe la claridad conceptual de decir: avancemos en la construcción del perfeccionamiento de la democracia, porque lo que tenemos en América Latina y en México es una democracia que además de frágil está muy degradada. Es una democracia con instituciones hechas para el autoritarismo. Entonces lo que habría que hacer es replantear las instituciones y hacer una reforma del estado, construir instituciones que vayan de la mano con la democracia y que se orienten a alcanzar la justicia social. Creo que una parte importante de la sociedad civil pudiera asumir esta postura.

RF: ¿Qué tendría que hacer el gobierno?

MCA: Los funcionarios gubernamentales tendrían que, -y me refiero tanto al gobierno nacional de Fox, como al del Distrito Federal de Andrés Manuel López Obrador-, dejar de tenerle tanto miedo a la sociedad civil. Creo que eso se logra con las acciones, profundizando en los experimentos que ya se han hecho. Yo tuve el privilegio enorme de poder dejar creada una Comisión Intersecretarial, formada por todos los ministerios que tienen que ver con el tema de los derechos humanos, funcionando con la participación permanente de la sociedad civil. Al principio todo el mundo tenía una desconfianza horrible y finalmente ahí está la Comisión Intersecretarial. Un sector importante de las organizaciones de derechos humanos siguen participando, otro grupo optó por la línea radical de descalificar el esfuerzo y ya se salió, pero en rigor sigue participando una buena parte de las organizaciones y siguen avanzando.

El gobierno tiene que entender la participación de la sociedad civil como parte natural de la cultura democrática. Con el tiempo los gobiernos van a entender que es importante que la sociedad civil esté ahí y participe. Pero es un proceso lento, que va a requerir todavía varios procesos electorales y también dependerá de que tanto la sociedad civil desarrolle capacidades de interlocución real con el gobierno, -porque no es lo mismo hacer protestas que hacer propuestas-, como de tener los instrumentos para darle un seguimiento adecuado a las propuestas. A veces esas funciones propositivas y de monitoreo pueden convertirse en un trabajo modesto que ya no tiene la grandilocuencia de los grandes gestos y las grandes posturas; a veces el darle seguimiento a las acciones del gobierno requiere una acción menos visible, pero más consistente y efectiva.

RF: ¿Cuáles serían los obstáculos para seguir ese camino?

MCA: Hay muchísimos problemas. Pero por solo mencionar un enorme obstáculo para el avance de la sociedad civil: la percepción que tienen los partidos políticos de México del papel de la sociedad civil.

RF: ¿De qué manera?

MCA: Casi sin excepción, ninguno de los partidos políticos reconoce plenamente el valor de la sociedad civil.

RF: ¿Ni siquiera los de la izquierda?

MCA: El Partido de la Revolución Democrática es el más amable con la sociedad civil, en el sentido de que reciben a los representantes de la sociedad civil, pero no siempre toman en cuenta de manera efectiva sus planteamientos. No está todavía enraizado de manera suficiente en su cultura política, además es un partido complejo, plural, que está muy atravesado también por el populismo y bueno, para ese sector populista la sociedad civil, simplemente, no existe. Existe el pueblo, pero la sociedad civil no.

El PAN, que es el partido con más tradición liberal, tiene finalmente una visión bastante mezquina de la sociedad civil a pesar de ser un partido que estuvo en la oposición durante muchos años, pero le molesta mucho que haya otras organizaciones que sean autónomas y que no sean parte del PAN. Por lo menos, al igual que sucede con otros partidos, es una visión de una parte del PAN; hay otro sector que es más abierto.

RF: ¿El PRI?

MCA: Desde luego la sociedad civil no existe para el PRI. Debo decirte que todos los partidos en México están atravesando por profundas crisis. También la transición democrática va a llegar al interior de los partidos en algún momento. El problema es que estamos pasando por una etapa muy difícil porque desgraciadamente el gobierno de Fox no pudo proporcionar el liderazgo político que necesitaba el país para consolidar su paso a la democracia y entonces se ha abierto una competencia electoral dos años antes de las elecciones, lo que hace muy difícil la democratización de los partidos. La lucha por el poder, simplemente, es tremenda y hace difícil que se procesen las diferencias internas dentro los partidos. Pero ahí están y desde luego en cada uno de los partidos hay sectores más abiertos que sí entienden que una democracia necesita de una sociedad civil actuante y participante.

RF: Por lo que dice el panorama no es muy alentador en cuanto a la participación de la sociedad civil.

MCA: Ha habido avances. Se promulgó una ley de participación de la sociedad civil, que reconoce que las organizaciones de la sociedad civil son entidades de interés público y que además proporciona financiamiento del estado para las organizaciones y prerrogativas especiales. También hay instituciones dentro del gobierno, como por ejemplo el Instituto de Desarrollo Social (INDESOL) que tienen una política muy desarrollada de fomento a las organizaciones de la sociedad civil.

Yo diría que el panorama no es tan negro. Como siempre está lleno de tonalidades de grises, pero estamos todavía en un proceso incierto y abierto. No obstante, buena parte de las organizaciones de la sociedad civil en México están pasando por un proceso de reflexión y de toma de conciencia de que tienen que cambiar.

Ahora hay organizaciones de la sociedad civil que están surgiendo -y eso a mi me parece una señal muy alentadora- en este nuevo contexto democrático. Son organizaciones que están dirigidas a la profundización de la democracia y están dando pasos importantes. Por ejemplo, hay una que se dedica al tema de la transparencia, del derecho a la información, y ha logrado resultados verdaderamente extraordinarios. Ha conseguido abrir procesos en el poder judicial o en la procuraduría general de la República que eran absolutamente vedados al conocimiento público. Como ves hay ejemplos, por lo que tengo la esperanza de que a pesar de que será un proceso largo y difícil creo que se irá avanzando.

RF: ¿Cuál fue su experiencia más gratificante trabajando para el gobierno?

MCA: Tuve muchas experiencias gratificantes, la verdad, es difícil mencionar una. Quizás la más gratificante fue sentar al ejército mexicano frente a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y discutir los casos de violaciones de derechos humanos que se le atribuye y lograr que el ejército cooperara y que entendiera que no era un atentado a la soberanía nacional sino un ejercicio de justicia elemental y de civilidad democrática el que tuviera que rendir cuentas a ese nivel por algunos casos. Ese para mí fue el logro mayor, una de mis mayores satisfacciones. Pero lo que me hizo realmente feliz fue cuando -casi al final de mi período- el procurador de justicia militar me invitó a comer un día y me dijo "ya entendí lo que usted quería hacer". Eso para mi habla de que si se pueden cambiar cosas que parecen inmutables.

RF: ¿Piensa que la experiencia de haber trabajado para el gobierno enriquece su nuevo trabajo?

MCA: Sí, ciertamente, mucho. Antes de trabajar para el gobierno veía el mundo en blanco y negro, era como hablar de los buenos y los malos. Esta experiencia me ha cambiado la visión del mundo. Ahora veo muchos tonos de grises, creo que es un acercamiento a la realidad. Reafirmé mis convicciones sobre la importancia del dialogo y la negociación, en entender que el poder político del estado nunca es monolítico, que detrás de todo siempre hay grandes o pequeños intereses, que realmente la política es el arte de conciliar esos intereses en aras de un propósito determinado. En fin, me siento más fructífera y madura de lo que era antes. Creo que la decisión de colaborar con una transición democrática en México fue acertada y era la posición que había que tener en ese momento frente a un gobierno autoritario y corrupto. Las posiciones éticas son importantes frente a la grisura de la democracia. Pero el discurso ético también tiene que ir acompañado de la eficacia política.

El papel que debemos jugar los elementos de la sociedad civil que entramos a la función pública en estos momentos en América Latina es un papel de innovación y mediación, ya que no siempre nos podemos sostener dentro de los gobiernos y no siempre tenemos el apoyo y la cooperación de las organizaciones de la sociedad civil pero podemos jugar una función útil. La lucha sigue y hay que encontrar nuevos caminos, y ciertamente volver a la sociedad civil pero con una visión mucho más compleja de la realidad y de donde están los retos.

Publicado en Revista Futuros No 9. 2005 Vol. III
http://www.revistafuturos.info