mayo 29, 2008

México y el Día Mundial del Medio Ambiente

Luis Maldonado Venegas
Presidente del Comité Ejecutivo Nacional de Convergencia
El Universal

El próximo 5 de junio se cumplirán 36 años de la institución del Día Mundial del Medio Ambiente por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Además, e infortunadamente, se habrán cumplido más de 200 años del uso intensivo, extensivo e irracional de los recursos naturales del planeta, a partir de un hito que marcó para siempre la historia de la humanidad: la Revolución Industrial.

Es cierto que la Revolución Industrial hizo una aportación histórica al auge económico, científico y técnico, pero también lo es que, a su abrigo, surgieron modelos de crecimiento y desarrollo no sustentable que amenazan hoy la existencia misma del hombre.

Los cambios climáticos, la destrucción de la capa de ozono, la desaparición de millones de hectáreas de selvas y bosques, la pérdida de biodiversidad, el sobrecalentamiento de la Tierra y el confinamiento de basura nuclear y desechos tóxicos configuran hoy el gran desafío para gobiernos y sociedades: cómo conjuntar crecimiento económico y preservación ambiental.

Pero hay otro factor que, en opinión de los especialistas, incide en el deterioro ambiental: la pobreza. Los pobres no tienen a su alcance otra vía para superar su condición, o para sobrevivir al menos, que la explotación intensiva y extensiva de los recursos naturales.

Tan grave es el problema global, que incluso los tratados internacionales propenden a incluir normas ecológicas que coadyuven a resolver el deterioro ambiental.

Lo global incluye a México y al esfuerzo con que los mexicanos debemos contribuir en esta batalla mundial. En nuestro país, los procesos de contaminación, devastación y depredación de la tierra son graves y preocupantes. Lagos y ríos están afectados; los habitantes de grandes ciudades, como el DF, Monterrey o Guadalajara, siguen sometidos a contingencias ambientales por emisión de gases tóxicos; la tala ilegal destruye cada año un millón de hectáreas de bosques; cerca de 97% de la superficie nacional presenta ya ciertos grados de desertificación; de proseguir estos niveles de tala y degradación de los suelos, dentro de 30 años no existirán tierras aptas para la producción agrícola en México y la mayor parte de los basureros públicos han rebasado su vida útil.

Ocurre, según los expertos, que las regulaciones son muy pobres y la conciencia cívica, política y social parece inexistente. Pero además, no hemos logrado impulsar, con buen éxito, una cultura ecológico-ambiental ni estimular una cultura de inversión ambiental. Por ejemplo, invertir en el reciclaje y el tratamiento de desechos industriales, o en plantas de tratamiento de aguas negras, puede ser un negocio de alta rentabilidad.

Resulta claro que el problema ambiental debe ser fortalecido en la política nacional de desarrollo, pero debe ser un nuevo estilo de desarrollo: el sustentable, que vaya de la mano con una firme política de Estado para combatir la pobreza.

Apoyemos el desempeño de instituciones como el Instituto Nacional de Ecología y la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente; reforcemos los procesos de inversión, investigación, capacitación y desarrollo en materia ambiental; incrementemos nuestra incipiente conciencia cívico-ecológica; ampliemos la preservación de la biodiversidad y de las reservas naturales estratégicas; apoyemos a las empresas que tratan de corregir sus emisiones contaminantes; elaboremos planes de desarrollo municipal; renovemos y reorientemos nuestra técnica y nuestra tecnología.

Y celebremos así este 5 de junio, el Día Mundial del Medio Ambiente.

Porque, dice la ONU, hemos llegado a un punto en el que consumimos más de lo que la naturaleza produce. Si no logramos detener este proceso, ello puede significar nuestra desaparición de la faz de la Tierra.

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