junio 13, 2008

Atenicidad

Pedro Ferriz
El búho no ha muerto
Excélsior

En la Antigua Grecia, el Rey Solón promovió en un —consejo permanente— dentro de su gobierno, formas de expresión que fueran representativas de las diferentes regiones, por él gobernadas. Esmeradamente buscó que no hubiera desproporción que concentrara en una región, mayor peso. Que sesgara sus decisiones haciendo que un grupo pesara más que el resto. A ese consenso, se le llamó “atenicidad”… que no era otra cosa más que la esencia de lo que en su momento: pensaba, decía y quería el pueblo ateniense. Una especie de gentilicio representado en pensamiento, forma de ser y esencia. Más adelante este concepto evolucionó y hoy lo conocemos como idiosincrasia. La serie de ideas comunes de un grupo social o la democracia expresada en las ideas generales de un determinado pueblo. “Ubuntú”, en lengua zulú, quiere decir “soy como soy, porque somos como somos”. La suma de aspiraciones, frustraciones, claros y oscuros de mentes y personas con denominadores comunes. El entorno, ambiente, historia y realidad forja no solo tu yo físico. El yo profundo del que hablaba Sócrates, está cincelado por tu realidad espiritual, ligada a los demás.

Si alguna vez —o innumerables— has tenido la oportunidad de superar ese horizonte. Entonces puedes ver “desde afuera” lo que somos. “Verse al espejo, no desde la persona, sino desde la imagen”… Un ejercicio, por demás interesante al que le invito, querido lector, a practicar.

Si este periodo de nuestra vida nacional, nos ha llegado a exasperar… por lento, tortuoso, retrógrado, atávico, plagado de tabúes, convulso, confrontado. No es por otra cosa, sino porque así somos. Así somos. Si merodean conceptos que rechazan al mundo exterior y expresiones transnacionales, es porque fuimos un pueblo —no colonizado— sino conquistado. Invadido varias veces… y entonces, es fácil vender la idea de que estamos por ser invadidos otra vez. De hecho, la “consulta popular energética” a la que se convoca desde la izquierda, está basada en que “funcionen” nuestros más arraigados complejos. La genética histórica, puesta en marcha. Quien no ha podido salir de lo que somos para “ver desde afuera”, nunca podrá modernizar a México. Siempre verá adelante, viendo para atrás. Cuando otros países pegan saltos hacia la modernidad, lo pueden hacer al abandonar lo que han sido, para tomar lo mejor de los demás. La revolución cultural de Mao, basó su desarrollo en lo más arraigado de su identidad. Esto hizo imposible que China se abriera. Mao tuvo que morir, para que otra generación pudiera ver hacia afuera. Practicar una política de apertura, derivó por un período intransigente, en el que fue necesario hacer oídos sordos a los que jalaban al país, a su “Muralla China”…

Es constante en nuestro proceso de cambio, la fuerte voz del que tiene reticencias. Está claro que no podemos avanzar “sin problemas”. Pero también lo está, el que la fuerza de los que conducen al futuro, es más débil que aquella que desea un México inmóvil. Los que por suerte pudimos salir durante nuestro período educativo, somos los que más renegamos del estado de cosas. De este juego de “a las estatuas de marfil… ¡uno, dos y tres así!”. De este país en donde nada urge y todos podemos proponer la dilación.

Hoy que Marcelo Ebrard —cabeza de más alta jerarquía en la izquierda con un puesto público en el país— le digo: Lo que propones, será tu Waterloo. Consultar al pueblo, sobre materias especializadas, te atará las manos. Ante lo que sea que se te ocurra ejecutar mañana, no faltarán las voces que te frenen. “Que no haga nada Marcelo, si no es previamente consensuado con cada gobernado”. Una especie de candado, para la acción.

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