julio 06, 2008

Agua y sangre

Jean Meyer
Profesor investigador del CIDE
jean.meyer@cide.edu
El Universal

El recalentamiento del planeta nos obliga a tomar conciencia de nuestra irresponsabilidad frente a un recurso natural tan vital como lo es el agua. Tan vital que con el agotamiento de los ríos de agua el siglo XXI bien podría ver correr ríos de sangre. Mañana, ¿cuántas tierras estériles por falta de agua? Según el Comité Científico Francés sobre la Desertificación, ese temible proceso bien podría afectar a 2 mil millones de personas, cuando soluciones sencillas permitirían frenar la desertificación. Como nuestro siglo va a sufrir episodios climáticos extremos, diluvios y sequías más frecuentes y más prolongadas, el manejo del agua va a ser vital, factor de guerra y paz.

La amenaza vale para 100 países, sobre todos los continentes. Se salva la Europa templada que recibe ya oleadas de inmigrantes africanos expulsados por la desertificación. Se puede, se debe mejorar el manejo del agua y de las técnicas agrícolas. Teóricamente, conservar los bosques, abandonar la mala costumbre del incendio es sencillo y barato; cerrar la llave, no despilfarrar el agua también. Electoralmente es costoso instalar medidores y cobrar el valioso líquido, pero cuando uno sabe que la tercera parte o la mitad del agua que llega a nuestras ciudades se pierde en fugas o se derrama inútilmente, da coraje.

Fred Pearce publicó un libro terrible: Cuando los ríos no llevan agua. La crisis definitoria del siglo XXI. Señala que el Nilo, el río Amarillo en China, el Indus en Pakistán, el río Colorado, el río Grande en EU y México se están muriendo entre las arenas, a veces no llegan más al mar. El sagrado río Ganges está casi seco durante la temporada de estío porque India lo bombea a muerte. El Nilo de Asia central, el Oxus, ha sido derivado para sembrar algodón en el desierto. Medio siglo de bombeo en las grandes llanuras de EU y en el norte de México, a partir de Aguascalientes, han bajado el manto freático de tal manera que ya estamos chupando agua fósil y que serán necesarios 2 mil años de buenas lluvias para reponerlo. He visto desaparecer chupaderos, lagos y ríos tanto en México como en mi Provenza natal.

En Francia, el 13 de junio de 2007, el gobierno publicó un decreto que constata “la muerte del Ródano”, el primer río de Francia, y que prohíbe consumir pescado a lo largo de 300 kilómetros. Los productos de la contaminación industrial se concentran en los peces. La muerte del río es el símbolo de nuestra relación perversa con el medio ambiente, con la naturaleza y los intereses en juego son tantos y tan complicados que nadie sabe cómo conciliar el desarrollo necesario a la defensa ambiental.

¿Y nuestros ríos mexicanos? Tú sabes, querida lectora, estimado lector, que están peor que el río francés. Salvar nuestra agua debe ser una prioridad nacional. El agua es la vida, su realidad como su símbolo. Si no la salvamos, mañana habrá guerra por ella, guerra internacional y guerra civil.

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