julio 22, 2008

Consulta tramposa

Germán Martínez Cázares
Presidente nacional del PAN
El Universal

De “tramposos y sinvergüenzas” no bajó Alejandro Encinas a sus compañeros de partido. Ni más ni menos. Debemos decirle a Encinas que la celebración de la consulta petrolera, como método para enfrentarse a la propuesta del presidente Calderón, también es un triunfo de la trampa.

¿No van a estar en las casillas de la consulta, como funcionarios, los mismos del “cochinero”? ¿No van a ir a votar los mismos? ¿No elaboraron las preguntas los mismos apoyadores de Encinas? ¿No van a sancionar los resultados los ocupantes del templete en el Zócalo durante las peroratas de López Obrador? Pasarán por las urnas y celebrarán la victoria de “su defensa a Pemex” los mismos a los que Encinas llama desvergonzados y tramposos.

El plebiscito perredista sobre la reforma a Pemex es tramposo porque no busca definir nada. Ganará el “no” sin ningún problema.

Es una estafa porque no busca hacer participar a la sociedad ni encontrar con genuina actitud democrática el sentido de la opinión pública. La consulta pretende endurecer una posición tomada anteriormente: oponerse a la propuesta panista para modernizar Pemex.

De paso, también lograrán los perredistas calentar el músculo a los ultras de López Obrador para “tapar” (como policías al New’s Divine) las puertas del Congreso federal, al momento de someter a discusión parlamentaria la iniciativa presidencial de Pemex.

Movilizar para confrontar es el propósito. La consulta es la voz de arranque al plan de choque final para destrozar, con fuerza física, el trabajo de las cámaras.

El Congreso es expresión libremente emitida de voluntad ciudadana. La consulta busca escamotear y defraudar esa expresión ciudadana. Justamente por eso es tramposa. Equivale a timar a los 15 millones de mexicanos que acudieron a las urnas a votar por diputados y senadores.

¿Alcanzarán esa cifra de participación? ¿Creen que vale más un ejercicio de movilización partidista a una elección constitucionalmente celebrada? La diferencia entre esa consulta estrictamente partidista y una elección constitucional es la misma que existe entre un invasor de tierras y un propietario formal, entre alguien que no paga impuestos y otro que sí, entre un vendedor ambulante ilegal y un comerciante establecido.

La consulta es “democracia pirata”, informal, sin valor o legitimidad democrática frente a una decisión del Congreso.

Podemos y debemos discutir la reforma de la representación política y la necesidad de establecer instrumentos de democracia directa en México. El politólogo Roberto Gargarella en un estudio basado en la Convención Constituyente estadounidense de 1787, criticó al sistema representativo y afirmó su carácter elitista. Quizá tiene razón, pero también rechazó al populismo y a las mayorías desbocadas.

Pero los problemas o pendientes de nuestra democracia o del Congreso no autorizan al PRD a rechazar las decisiones de nuestros representantes, cuando no están de acuerdo.

La consulta tramposa puede ser útil domésticamente a los perredistas para unificar sus criterios sobre Pemex.

Unos quieren debatir. Otros quieren dialogar y acordar una reforma con PAN y PRI. Algunos hasta exigen al presidente Calderón que “retire” su iniciativa. Unos más animados buscan coincidir con el proyecto del PRI.

Si la consulta ni siquiera logra unificar criterios frente a Pemex, entonces correrá el peligro de ser, además de embeleco y artimaña, un burdo concurso de acarreo entre tribus perredistas.

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Las consultas les encantan a Evo Morales y a Hugo Chávez. ¿Ese es el camino?

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