agosto 31, 2008

Ciudad de la esperanza

Jean Meyer
Profesor investigador del CIDE
jean.meyer@cide.edu
El Universal

Desde Bogotá puedo averiguar que si bien los viajes forman la juventud, también despiertan a uno de un sueño que en nuestro caso es resignación sumisa a la dura realidad. ¿Herencia de muchas generaciones que vivieron bajo “la dictadura perfecta”? No sé, pero se expresa en el famoso dicho “Aquí nos tocó vivir”, que desemboca en “ni modo, ¿qué le podemos hacer?”.

Pero en Bogotá se ve que se puede hacer mucho, que un alcalde de primera puede hacer milagros, milagros confirmados y aumentados cuando, como en este caso, se siguen varios alcaldes de primera. En Bogotá, en cinco años realizaron el milagro, que se antoja imposible en nuestra gran Tenochtitlán, de sacar la capital del abismo en el cual se encontraba hundida: caos vial, terrible inseguridad, suciedad, contaminación, basura.

Hoy el mexicano que pone pie en tierra en Bogotá se asombra de lo liso, parejo, ancho de las banquetas. Y de la multitud de peatones que caminan hasta altas horas de la noche, como en Nueva York, París o Berlín. Multitudes de todas edades y condiciones sociales, hermosas muchachas que andan solas sin miedo. Cuando sube al carro, nuestro compatriota no puede creer que no haya baches, que las calles no parezcan bombardeadas, y en las carreteras se repite el milagro del pavimento parecido a una pista de hielo. ¿Qué no saben robar allá las constructoras? Y qué decir de los 340 kilómetros de “ciclorrutas” enteramente separadas de las vías transitadas por los coches? Hacen de la bici un verdadero medio de transporte y no sólo una diversión para el domingo.

¡El Metrobús! El nuestro es ridículo en comparación. Varias líneas recorren grandes distancias sobre vías reservadas, tan separadas de las calles y avenidas como una línea de Metro; gozan de dos vías en ambos sentidos que permiten que las unidades se rebasen. Anoche, viernes, entre 9 y 10 horas, cuando todo el mundo sale; pude contar hasta 10 unidades, una tras otra, corriendo, parando, sin bloquear la siguiente, todas llenas de gente sentada toda, nada que ver con nuestras latas sardineras.

Ya que nuestras autoridades capitalinas han pretendido inspirarse de Bogotá para la bici y el Metrobús, debo contar una anécdota: hace unos años tuvo lugar en nuestro país un encuentro entre los alcaldes de ciudades multimillonarias; el de Bogotá abogó a favor del transporte público y de la disuasión del carro individual. Concluyó que había dos maneras de destruir una metrópoli, lanzando una bomba atómica o construyendo un segundo nivel sobre las vías rápidas. Nuestro buen alcalde, Andrés Manuel López Obrador, se levantó ofendido y dio un portazo.

No tengo espacio para desarrollar el tema de la seguridad, de la creación de una policía eficiente y respetada, pero ahora sé que sí, se puede. Bogotá tuvo la suerte de contar con tres excelentes alcaldes sucesivos; de partidos diferentes, ninguno de ellos tuvo durante su mandato ambiciones presidenciales, a diferencia de los tres últimos nuestros. El PRD ejerce el poder en el DF desde tres sexenios, sin haber logrado gran cosa, precisamente porque piensa sólo en la Presidencia de la República. A Marcelo Ebrard le quedan cuatro años para olvidar la Presidencia y hacer el milagro.

Chocan cúmulos de galaxias

Luis González de Alba
Se descubrió que...
Milenio

Si resulta impresionante imaginar el choque de dos mundos, el de dos galaxias era el más formidable espectáculo observado por los astrónomos, si bien “choque” debe entrecomillarse ya que ninguna de las estrellas que por cientos de miles de millones conforman una galaxia choca con otra. Las distancias interestelares son tan inmensas que las galaxias se entrecruzan sin que sus estrellas se toquen. Para darnos una idea de la separación entre las estrellas de una galaxia, hagamos un modelo en que el Sol y nuestro planeta, separados por 150 millones de kilómetros, estuvieran a 15 centímetros de distancia. Así, la estrella más cercana al Sol, llamada Próxima, del sistema binario (de dos estrellas enlazadas por gravitación) Alfa del Centauro, estaría a unos 10 mil kilómetros: un granito en el DF y otro más allá de Nueva York en nuestro modelo a escala.

Hay sin embargo efectos gravitatorios formidables que producen “mareas” entre las estrellas y transforman, en ocasiones por completo, la forma de las galaxias una vez que vuelven a separarse y se alejan. Con poderosos programas de computación se han logrado crear modelos de estas mareas gravitatorias para observar los resultados de tales colisiones. Aplicando a galaxias reales los resultados obtenidos con los modelos computarizados, se pueden explicar algunas formas anómalas como el posible resultado de un choque galáctico.

Pero las galaxias no son la mayor acumulación de materia en el universo, hay además cúmulos y súper cúmulos de galaxias. Y estos cúmulos también pueden entrar en colisión, como han descubierto astrónomos de la Universidad de California en Santa Bárbara, empleando observaciones proporcionadas por los telescopios satelitales Hubble y Chandra para rayos X, anunció el pasado 27 de agosto la NASA. El conjunto de las galaxias en choque fue denominado MACSJ0025.

El equipo estuvo conducido por Marusa Bradac, de la UCSB, y Steve Allen del Instituto Kavli para Astrofísica de Partículas y Cosmología, en la Universidad de Stanford, también California.

La colisión de cúmulos anunciada por la NASA está ocurriendo a casi seis mil millones de años luz. Esto significa que observamos un hecho como era cuando nuestro planeta aún no existía.

“Es un importante paso hacia el entendimiento de las propiedades de la misteriosa materia oscura”, dice Bradac. “La materia oscura es más de cinco veces más abundante que la materia ordinaria en el universo. Este estudio confirma que estamos tratando con una muy diferente clase de materia, nada similar a algo de lo que estemos hechos. Y pudimos estudiarla en una muy poderosa colisión de cúmulos de galaxias.”

La hipótesis de un diverso tipo de materia, no observable con los medios clásicos de la astronomía, fue propuesta para resolver un enigma: si se considera la velocidad de rotación de las galaxias y la cantidad de materia contenida en ellas, las matemáticas predicen que la fuerza centrífuga debería destrozarlas: no deberían existir las galaxias. Puesto que existen, deben ser forzosamente más pesadas, tener una masa mayor de lo calculado a partir de sus estrellas y nubes de gas y de polvo. Los cálculos dicen que unas cinco veces más pesadas. A ese material que aporta la masa necesaria se le llamó “materia oscura” por inobservable.

Entre las primeras respuestas para definir de qué está constituida esa diversa forma de la materia, se pensó una muy sencilla: materia ordinaria en formas opacas, como el polvo y los aerolitos. Nada ha confirmado esa parsimoniosa explicación y más bien las observaciones tienden a señalar que es materia constituida quizá por otro tipo de partículas.

El equipo logró inferir la distribución de la masa total, tanto de materia ordinaria como oscura, implicada en el choque de cúmulos MACSJ0025. Las velocidades de millones de kilómetros por hora tienden a disminuir en el gas caliente en cada cúmulo, pero no en la materia oscura. La evidencia apoya el punto de vista de que las partículas componentes de la materia oscura interactúan entre sí sólo muy débilmente o nada en absoluto, excepto por el tirón de la gravedad.

Uno de los mayores logros de la astronomía moderna ha sido levantar el inventario completo de la materia y la energía contenidas en el universo. Por diversos caminos se ha llegado a establecer que la materia oscura es cinco veces más abundante que la ordinaria. Los resultados obtenidos con observaciones del choque de cúmulos MACSJ0025 confirma tanto esa hipótesis como la que sostiene que no se trata sólo de materia ordinaria difícil de observar, sino de otra forma de materia, hasta hoy desconocida y sólo deducida por sus efectos gravitatorios.

Una luz al final del túnel ecológico mexicano: Transforma

Luis Manuel Guerra
quimicoguerra@quimicoguerra.com
La Crónica de Hoy

En este México convulso que pareciera sumergirse cada vez más en una espiral descendente de violencia, incertidumbre y falta de propósito, surge una iniciativa orquestada por cinco organizaciones exitosas que le han apostado al futuro de nuestro país para crear una cultura de sustentabilidad en nuestra sociedad.

Estos cinco gigantes son líderes mundiales en lo que cada uno hace, son empresas globales que inciden de forma importante en la economía del mundo.

Si han mantenido su liderazgo a lo largo de muchas décadas es porque hacen sus cosas muy bien, y esta semana que termina comprometieron su reputación e imagen en una aventura ecológica que a mí, querida, querido lector, me motiva a renovar mi esperanza en un México exitoso y bondadoso en lo económico, en lo social y en lo ambiental, un México que le haga justicia al maravilloso legado que recibimos como custodios de una biodiversidad sorprendente y exuberante, de paisajes que lo dejan a uno sin aliento por su majestuosidad, de una plétora de ecosistemas que nos regalan tanto la voluptuosidad embriagante de las selvas siempre verdes como los secretos ocultos a la vista humana de los desiertos vivos, la permanencia estable y amable de los bosques y la asombrosa productividad biológica de nuestros mares tropicales.

Esta custodia ha quedado en entredicho por mucho tiempo por la ausencia de una participación masiva de la sociedad mexicana en su conjunto a favor de la sustentabilidad.

No hemos sido capaces los mexicanos de crear una mística nacional en torno a la salvaguarda de nuestra riqueza natural. Cierto que han existido, y existen actualmente, muchos proyectos y programas que tratan de encauzar a los mexicanos por el derrotero del desarrollo sustentable, pero estos esfuerzos han fallado en cuanto a la creación de una masa crítica de ciudadanos suficientemente grande para impulsar a nuestros compatriotas a crear un colectivo social que proteja nuestro legado natural: a pesar de contar con el programa de reforestación más ambicioso en la historia de nuestro país, seguimos perdiendo 280 millones de árboles por año, más de 200 mil hectáreas de cobertura forestal por cambio de uso del suelo, a pesar de tener un sistema de 168 áreas naturales protegidas que abarcan actualmente 23 mil 098 hectáreas, perdemos aceleradamente hábitat que pone en riesgo a cada vez más especies animales y vegetales. Es por eso que la iniciativa TRANSFORMA se presenta como una luz al final del túnel negro del ecocidio en nuestro país.

Cada uno de los cuatro gigantes que suscribieron este compromiso el pasado martes 26 de agosto tienen ya por sí solos una serie de iniciativas en favor del desarrollo sustentable que inciden positivamente en la preservación de nuestra riqueza biológica: Wal-Mart México es la primera empresa privada en Latinoamérica que alimentará a más de 100 de sus tiendas con energía eólica; Coca-Cola está creando en este momento los bosques necesarios para compensar el volumen total de agua que vende como refrescos en México; Philips está creando la primera “Ciudad Luz” en México para reducir el consumo eléctrico municipal por iluminación en hasta el 30 por ciento; Natura y Unilever exigen ya a todos sus proveedores que cumplan con estrictos controles ecológicos en las materias primas que utilizan.

Pero esta nueva iniciativa va más allá de estos programas individuales. Establece un foro común para unir recursos, compartir conocimientos, financiar conjuntamente proyectos encaminados a elevar la conciencia ecológica de la sociedad.

La unión de los cinco puede representar el primer esfuerzo colectivo de la gran empresa para verdaderamente detonar una mística entre todos nosotros, ciudadanos, para actuar a favor de un medio ambiente sano, para aprender a vivir en armonía con la naturaleza.

Esta iniciativa está encaminada primordialmente a los jóvenes de México, quienes tendrán en unos pocos años la responsabilidad de timonear nuestro país hacia una forma de desarrollo que contemple al medio ambiente como su centro de preocupación. TRANSFORMA quiere precisamente transformar la conciencia de los jóvenes de nuestro país para convertirlos en promotores de un desarrollo que satisfaga sus ambiciones legítimas de empleo cuando terminen sus estudios, de acceder con condiciones razonables a una vivienda digna cuando formen una familia, de tener el respaldo de un sistema de salud eficiente que promueva el fomento a la salud, de confiar en un estado que garantice su seguridad.

Los cinco gigantes han reconocido que es a través de la modificación de hábitos y costumbres de los jóvenes como mejor se puede acceder al desarrollo sustentable, y para eso están uniendo su experiencia y capacidad de gestión para impulsar proyectos dirigidos primero a los muy jovencitos, de cinco a 11 años, y luego a los jóvenes de 11 a 18 años. Para el año 2050, ellos dirigirán los destinos de México.

Para entonces, los enormes desarreglos que le hemos causado al planeta se habrán evidenciado despiadadamente como el gran reto de la supervivencia de nuestra raza humana, y los jovencitos de hoy serán los adultos que tendrán que resolver lo que nosotros no pudimos, o no quisimos, resolver.

Es por eso que una iniciativa como TRANSFORMA nos da luz al final de este túnel negro de la incertidumbre actual, incentivando la creatividad a favor del medio ambiente entre los jóvenes, motivándolos a pensar en nuevas categorías del desempeño humano, financiando proyectos con alto contenido educativo, proyectos de nuevas aplicaciones de la energía como son las celdas de combustible o la generación de hidrógeno a través de bacterias, etcétera.

México necesitaba una alternativa como TRANSFORMA. En esta página le damos la más cálida y comprometida bienvenida.

TRANSFORMA, nos la queremos jugar con ustedes, por el bien de México.

México, de blanco

Pascal Beltrán del Río
Bitácora del director
Excélsior

A la memoria de Gilberto Rincón Gallardo

Hay momentos que dejan huella en la historia de una sociedad. En México, durante mi vida consciente, esto ha sucedido seis veces: los terremotos de septiembre de 1985, las elecciones presidenciales de 1988 y 2000, el alto al fuego contra la insurrección zapatista de 1994 y las dos movilizaciones de rechazo a la inseguridad: la de 2004 y la de ayer.

En todos estos episodios, los ciudadanos han sido los protagonistas. Se trata de momentos en que el curso del país cambió por voluntad de la gente, espontánea pero resuelta. Tal vez esos momentos no hayan dado lugar a todas las expectativas que levantaron, pero quienes los vivimos los tendremos siempre presentes en cualquier revisión de la historia.

Ayer, desde un lugar de la marcha, tuve esa impresión: los mexicanos vivimos algo histórico y, por tanto, irrepetible. Quizá lo sucedido el sábado no nos conduzca al país que deseamos, pero estoy seguro de que hoy nuestra sociedad amaneció distinta.

Como ocurre en estos casos, no hubo guión. Faltaban diez minutos para las seis de la tarde cuando se dejó ver la cabeza de la marcha. No era la vanguardia que se esperaba, integrada por los organizadores de Iluminemos México, sino un grupo de ciudadanos que en otro contexto habría calificado de ordinarios, pero en éste, eran extraordinarios. Ciudadanos adelantados, en los dos sentidos de la expresión.

Sólo hora y media después aparecería la avanzada original, cuando el Zócalo estaba prácticamente lleno.

La de ayer fue una marcha sin latas de pintura en aerosol, sin las consignas clásicas y ensayadas de quienes suelen tomar la calle para protestar, sin equipo de sonido para conducir las demandas ni responsables de ordenar el avance de los contingentes. Cientos de miles —¿quién sabe cuántos?— que caminaban sin control, pero con absoluto orden.

“Somos más que ellos”, decían algunas pancartas, tan improvisadas como el torrente humano que llenó el corredor Paseo de la Reforma-Zócalo. Y sí: fueron más, fuimos más… más que nunca. Ya vendrán los debates sobre las cifras de la movilización, pero algo tengo claro: nunca, en dos décadas y pico en este oficio, había visto algo semejante.

Mientras los veía pasar, desde la base de la escultura de Felguérez, en el entronque de Paseo de la Reforma con Juárez, no pude dejar de pensar en los equivocados, los que no estaban porque no quisieron ir o porque no fueron convocados. Los que desdeñaron el hartazgo ciudadano, calificándolo de “reacción de las élites” (si hubieran estado ahí habrían visto que los manifestantes provenían de todos los estratos sociales). Los que corrieron la versión, la noche anterior, de que la movilización sería un desastre, que el boicot de algunas organizaciones y la lluvia reducirían la concurrencia. Y los periodistas desdeñosos e incrédulos de la capacidad de la gente de unirse, en una tarde fría y lluviosa de sábado, para decir nuevamente “ya basta” a la incapacidad gubernamental frente a la delincuencia.

Llegué a mi escritorio en Excélsior, una vez concluidos en el Zócalo el Himno Nacional y el encendido de las veladoras. Prendí la computadora y acudí a la página de internet de la BBC, mi termómetro para los asuntos internacionales. La marcha de la Ciudad de México y las que se llevaron a cabo en los estados eran su segunda nota en importancia, sólo detrás de la evacuación de Nueva Orleáns por el huracán Gustav y antes que el artículo del primer ministro británico Gordon Brown sobre la “agresión rusa” en el Cáucaso. Si las movilizaciones mexicanas contra la inseguridad no son un acontecimiento de talla mundial, no sé qué sean.

“La reacción asertiva comienza en Martí”, decía uno de los primeros carteles que me tocó ver en la marcha. El juego de palabras con el eslogan, como homenaje al empresario que catalizó la indignación social desembocada ayer en la calle. La gente tiene claro el hecho que la sacó de su casa para marchar, otra vez, contra la falta de seguridad. Pero también tiene claro el rumbo: “O se ponen a trabajar o mejor se van”. Esa es la consigna. Cortesía, ella también, del valeroso Alejandro Martí.

Una marcha que puso un dique al aprovechamiento partidista del descontento, como demostró el cartel —elaborado en casa, igual que la mayoría— que reproducía los logotipos de los tres principales partidos, pero con siglas cambiadas: “BLA”, “BLA” y “BLA”. Si las urnas que se colocaron en el trayecto para recibir las propuestas ciudadanas para acabar con la inseguridad hubieran tenido por propósito recoger sufragios, el BLA tricolor, el BLA blanquiazul y el BLA negro y amarillo seguramente habrían terminado empatados… con cero votos.

Una marcha que en su caudal llevaba los testimonios, en cartulina o en tela, de miles de víctimas de la delincuencia, quienes ayer perdieron el miedo a la represalia y dejaron de ser anónimos. Como Eduardo Marín, quien llegó de Hidalgo para denunciar el secuestro de su hermano y la inmovilidad de la Procuraduría estatal ante el caso. O Marión Velarde, una mujer a la que le dieron un balazo en la tibia izquierda luego de asaltarla y aun así se aventó los 3.7 kilómetros de la marcha. O Carlos Ovidio, a quien, en su propio automóvil, lo trajeron paseando quienes lo secuestraron mientras decidían cuánto dinero podrían arrebatarle.

Una marcha de gente enojada, sí, pero con suficiente esperanza para aceptarle un abrazo al chavo que ofrecía “abrazos gratis”.

Una marcha que da fe de que esta sociedad aún tiene el instinto de exigir cuentas a la autoridad que cumple mal su encomienda, por muy dejados e indolentes que seamos los mexicanos la mayor parte del tiempo.

Y es que la gente, como el agua, siempre encuentra su curso. Eso lo tendrán que aprender los gobernantes que, por incapacidad, desidia o complicidad, se han dejado rebasar por los delincuentes.

Peligra el ajolote por contaminación en Xochimilco: UNAM

Notimex
El Universal
Ciudad de México
Domingo 31 de agosto de 2008

De acuerdo con el estudio sobre densidad poblacional de la especie de 2007 a 2008, la cantidad de estos anfibios disminuyó una décima parte, en comparación con 2004

El investigador del Instituto de Biología de la UNAM, Luis Zambrano González, advirtió que en cinco años podría desaparecer el ajolote, especie endémica de Xochimilco, por causa del deterioro ambiental que sufren los canales.
De acuerdo con el estudio sobre densidad poblacional de la especie de 2007 a 2008, la cantidad de estos anfibios disminuyó una décima parte, en comparación con 2004, debido al crecimiento poblacional en la demarcación y la sobreexplotación del agua.

Según un comunicado, especies como la carpa y la tilapia fueron introducidas por la FAO para promover la acuacultura en el país, y representan casi 95% de la biomasa de la zona, por lo que resultan dañinas para el ajolote, explicó el investigador.
Zambrano González resaltó que aunque la UNESCO ha generado proyectos para conservar el área de Xochimilco, el deterioro y la erosión de la zonas chinamperas origina la continua desaparición de ecosistemas y biodiversidad.

"Para conservar al ajolote es indispensable conservar a Xochimilco, el sistema acuático es rescatable por sí sólo, pues es una zona generadora de biodiversidad", subrayó el especialista.
Consideró además que el mal estado del lugar se debe a que todo el líquido que entra a los canales es residual, lo que ha vuelto el terreno salitroso.

Respecto a la posible creación del acuario más grande de América Latina en Xochimilco, señaló que es poco recomendable un acuario en esas condiciones, pues "en el largo plazo la factura que nos pasará el ecosistema lacustre será mayor que cualquier beneficio social o económico", señaló.

¿Por qué voy a la marcha?

Ivonne Melgar
Retrovisor
Excélsior

Será porque sí puedo decir que una guerra marcó la ruta de mi historia, cuando en mi patria original, El Salvador, el odio, la sangre, el miedo, la muerte y el exilio se hicieron parte de la vida nacional. Acaso por ese sentimiento de desamparo frente a un destino, experimentado en plena adolescencia, una suerte de naufragio, ante el hecho obligado de cambiar de suelo. Supongo que por esa huella de la imposición de lo inevitable, no hay guerra ni guerrilla ni ejército ni fuerza armada que me ilusionen.

Antes de que las lecturas subversivas universitarias pudieran entusiasmarme, como ocurre en la juventud sensibilizada frente a la desigualdad, me había tocado conocer el costo social y emocional de la guerra, la herencia de una polarización que divide a las comunidades y, lo peor, paraliza su desarrollo.

México era, para los desterrados de aquellos años ochenta, una puerta al futuro. La escuela pública aún tenía esa fuerza republicana expresada en las aulas donde convivían los hijos de servidores públicos, obreros, microempresarios, militares, intelectuales. Recuerdo aquella novedad descubierta entonces con mi hermana. Lo disfrutábamos como alivio, porque nadie hablaba ahí de odio de clase.

Ya en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, con ese sello republicano todavía en el encuentro de alumnos procedentes de distintos grupos sociales, ajenos como generación a la idea de que una cosa era la formación en universidades públicas y otra en privadas, comprendí que la diferencia entre aquel país centroamericano herido por la guerra civil, y este México que apenas despuntaba hacia la transición democrática, no estaba sólo ni principalmente en el petróleo o en sus riquezas diversas, sino en la existencia del Estado.

Es cierto, era un Estado autoritario y censor. Pero en comparación a la asfixia de la bota militar salvadoreña de la que habíamos escapado, el régimen priista era, en el peor de los casos, eso, un régimen aferrado al poder y dispuesto a muchas triquiñuelas para conservarlo.

Por eso marchamos, un sábado del verano de hace 20 años justamente, porque ese Estado nos había arrebatado la posibilidad de la alternancia y porque al frente del reclamo iba un hombre, Cuahtémoc Cárdenas que no azuzaba a la violencia ni al odio.

Y eso era fundamental para quienes buscábamos seguir al pie de la letra la lección de Ryszard Kapuscinsky, el escritor polaco dedicado a reportear el mundo: si alguna misión tenía el periodismo, era la de hacer comprender y comprendernos. Nada de redentores ni de tribunales de oficio. Sólo y únicamente tomar esa complicada tarea de hacernos entender.

Han corrido dos décadas y en el oficio cotidiano he confirmado el daño del periodismo militante y del que deja de ser periodismo para convertirse en publicidad del poder.

Y sigo aspirando al periodismo de la comprensión. Nunca tanto como ahora que tocamos, colectivamente hablando, el sentimiento de desamparo frente a la delincuencia, como si fuera un destino.

Pero hay algo más que miedo al asalto y terror al secuestro. Hay polarización, un clima de desconfianza, de ausencia de Estado, de guerra.

Suponíamos que era asunto de la retórica oficial, echar mano del lenguaje bélico como parte de la estrategia de combate, señalando al crimen organizado como el enemigo a vencer y a sus protagonistas como traidores de la patria. Y lo son, por supuesto que sí. Pero no basta con enfrentarlos para sacarlos de aquí. Tampoco el arsenal moderno y la inteligencia castrense resultan suficientes. Porque, como en las guerras, no todo es bala y bayoneta. Existen bases de apoyo, redes económicas, poderes fácticos. Es decir, el Estado pierde su capacidad de colocarse por encima de la pugna.

¿Cómo, cuándo y por qué perdimos la capacidad del Estado en el ejercicio de la violencia institucional? ¿Existió acaso una transición en ese aspecto para un Estado que hace 40 años ejerció esa violencia institucional contra sus jóvenes, masacrándolos?

¿O esto es una consecuencia más de ese camino hacia la privatización que paulatinamente le quitó el carácter republicano a la escuela y a la universidad, hasta llegar a la pretensión, fallida como nunca, de privatizar la seguridad?

Ya nos lo había advertido en su dramática y excelente historia de La Zona el cineasta mexicano Rodrigo Plá: no se puede dividir al país entre los que tienen capacidad de pagar un sistema de resguardo y quienes deben aguantarse con la ineficiente policía. Eso es irreal. O tenemos Estado para todos o no tenemos. O la seguridad es colectiva o no es seguridad.

Por eso lastima tanto la incapacidad de los partidos políticos y sus actores de primera línea para comprender la indignación ciudadana. Sea en la molestia de Beatriz Paredes porque Alejandro Martí pide a las autoridades rendición de cuentas o en la simpleza de Gerardo Fernández Noroña al desdeñar la movilización de esta tarde porque surgió ante el asesinato “de un niño rico”.

El Estado también falla porque ese componente imprescindible que son los partidos no quieren ciudadanos, sino clientelas.

Por eso regreso, 20 años después, a una marcha. Porque respiro el odio, la desconfianza y el miedo de clase. Porque quiero que mis hijos conozcan el alivio de la convivencia republicana, porque sé que no es fácil denunciar cuando en la colonia, en la unidad habitacional, los narcomenudistas son los hijos de la vecina y la comadre, en un país donde las cárceles están llenas de pobres y la clase política es la principal beneficiaria de la impunidad.

Porque tenemos que romper la trampa del reparto de culpas y el círculo vicioso de que los gobiernos no amputan sus gangrenados órganos porque los gobernados hemos aprendido a soportar la pus.

Antes de que nos paralice la polarización, digamos no al odio. Menos guerra y más reconstrucción del tejido social con cero tolerancia a los funcionarios simuladores. Y que si la administración federal sabe qué gobernadores no cumplen, lo diga. Basta de insinuaciones. Menos sangre y más eficiencia institucional. Menos soldados y más Estado. Por eso voy a la marcha, por eso prenderé mi vela, porque el Estado requiere de ciudadanos movilizados por la responsabilidad y la propuesta.

agosto 30, 2008

Iluminemos México

Iluminemos México

Iluminemos México

Perfil: Rincón Gallardo, defensor de grupos minoritarios

Notimex
El Universal
Ciudad de México
Sábado 30 de agosto de 2008


El activista de izquierda fue hasta hoy presidente del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación fue miembro fundador del Movimiento de Liberación Nacional y de la Central Campesina Independiente

Gilberto Rincón Gallardo, quien murió este sábado a la edad de 69 años en el Hospital Angeles de la ciudad de México, fue un importante activista de izquierda desde hace más de 45 años y luchador contra la discriminación.
El hasta hoy presidente del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación fue miembro fundador del Movimiento de Liberación Nacional y de la Central Campesina Independiente.

En 1989 fue fundador del Partido de la Revolución Democrática (PRD) , por el que se desempeñó como diputado federal en la LV Legislatura; y en 2000 fue candidato a la Presidencia de la República por Democracia Nacional.

También participó en la fundación del Partido Mexicano Socialista, en donde fue secretario general hasta su disolución en 1989, después de postular en 1988 como candidato presidencial al tambien fallecido Heberto Castillo para la Presidencia de la República.

Asimismo, fue fundador del Partido Socialista Unificado de México (PSUM) , donde ocupó el cargo de secretario de Relaciones Exteriores, también diputado federal por el Partido Comunista Mexicano en la LI Legislatura, y miembro del Comité Ejecutivo Nacional y del Comité central de este partido.

En 2006 Rincón Gallardo fue ratificado al frente del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, cargo al que lo había invitado el expresidente Vicente Fox Quesada.

Se desempeñó también como presidente de la Delegación Oficial de México en la Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia, así como de la Comisión Ciudadana de Estudios contra la Discriminación.

Fue articulista en el periódico Excélsior y en Notimex, así como comentarista en el programa radiofónico Imagen y asesor en la construcción de la propuesta oficial para la Convención de las Naciones Unidas a favor de las Personas con Discapacidad.

Dictó conferencias en diversas universidades e instituciones nacionales y del extranjero; fue fundador del Centro de Estudios para la Reforma del Estado, en donde ocupaba el cargo de director general, y publicó el libro A contracorriente.

Del 31 de julio de 1968 al 22 de diciembre de 1971 fue preso político y obtuvo su libertad bajo palabra.

A Rincón Gallardo, quien nació en el Distrito Federal el 15 de mayo de 1939 y realizó estudios de Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México, le sobreviven su esposa y tres hijos, así como siete nietos.

Iluminemos México

Yuriria Sierra
Nudo Gordiano
Excélsior

Hoy, millones de mexicanos en el Distrito Federal y distintos puntos del país unirán su voz y sus pasos para poner las cosas en claro: han ido y venido políticos, campañas electorales y promesas; y, junto con esto, también hemos visto cómo los índices delictivos van en ascenso y cómo las autoridades se van haciendo chiquitas ante ello.

Ese será el contenido del grito de los ciudadanos que se expresen en la manifestación a realizarse esta noche. Iluminemos México es el nombre de esta denuncia ciudadana ante la inseguridad que se ha vuelto parte del aire que respiramos en todo el país.

Iluminemos México no es una campaña en pro de algún partido político. Es al contrario, la suma de la fuerza de todos los que los colocamos ahí, en ese perseguido hueso, escaño o puesto, a quienes dicen servir a nosotros, protegernos y que no han dado lo prometido. Es una exigencia con el fin de que se pongan la camiseta del lado que les corresponde.

Razones para dar una nueva luz a nuestro país sobran:

Iluminemos México, porque apenas el jueves pasado fueron más de 30 los ejecutados en nuestro país en un solo día, y que se suman a las dos mil 900 personas asesinadas en nuestro territorio en lo que va del año.

Iluminemos México, porque lejos del temor de perder nuestras pertenencias, está, y se incrementa, el temor de perder nuestra libertad y, peor aún, la vida.

Iluminemos México, porque aquella imagen que nuestro país presumía en el mundo, aquel concepto de solidaridad, hermandad y acervo histórico, está siendo rebasada por la imagen de la delincuencia. Apenas esta semana supimos que las embajadas del Reino Unido, Suiza, Estados Unidos y Japón alertan a sus ciudadanos sobre los peligros que constituye una visita a nuestro país. Peor aún, hacen referencia a que las autoridades mexicanas —policías y jefes de comando— están coludidas con las organizaciones delictivas.

Iluminemos México, porque también hace falta que hagamos nuestra parte: según cifras del Instituto Ciudadano de Estudios sobre la Inseguridad, apenas 12% de los delitos que se comenten en nuestro país son denunciados y, si a esto le sumamos la burocracia por la que deben pasar estas denuncias antes de dar resultados, la cifra de casos resueltos se reduce aún más.

Iluminemos México, porque no seremos únicamente quienes nos concentremos en el Paseo de la Reforma los que gritemos en silencio: ciudades como Guadalajara, Monterrey, Tijuana, Mexicali, Aguascalientes, Ensenada, Cabo San Lucas, Culiacán, Ciudad del Carmen, Xalapa, Tapachula, Saltillo, Toluca, Celaya, Iguala, Pachuca, Morelia, Cuernavaca, Cancún, Tulum, Oaxaca y Tepic, se han unido al llamado y lo harán desde su trinchera.

Iluminemos México, porque también los ciudadanos mexicanos que radican fuera de nuestro país se unirán a las voces de aquellos que los han recibido en otras partes del mundo. Así, ciudades como Madrid, Houston, Chicago, Tel Aviv, Varsovia y Londres, también harán una labor de solidaridad.

Porque esta vez no se trata de reflectores apuntando a alguien en especial, se trata de un uno solo apuntando a nuestro país que nos diga que somos mayoría y la unión de fuerzas es lo único que puede hacer que regrese la tranquilidad y la calma.

Si salir a las calles a exigir ese derecho nuestro hace que los oídos que tengan que escucharnos finalmente hagan su trabajo, pues entonces lo haremos las veces que sean necesarias…

Iluminemos México

agosto 29, 2008

Respalda ODCA marcha de Iluminemos México

eluniversal.com.mx

La Organización Democráta Cristiana de América (ODCA), que preside Manuel Espino expresó su respaldo a la marcha contra la inseguridad "Iluminemos México".

A través de un comunicado, la ODCA informó que Espino no asistirá al recorrido del próximo sábado, sin embargo "sí habrá presencia de colaboradores" de la organización.

Dicha movilización se llevará a cabo el próximo sábado 30 de agosto en distintas ciudades del país, por lo que la ODCA expresó su "espíritu solidario".

La organización dirigida por el ex presidente nacional del PAN, Manuel Espino aseguró que las manifestaciones libres de los ciudadanos son una expresión democrática que los gobiernos deben atender sin menosprecio ni regateo alguno.

La ODCA insistió que "el grito de exigencia de la sociedad para reclamar paz, libertad y seguridad es una determinación" que la organización respalda.

Además la ODCA ha permanecido atenta a la evolución de la inseguridad en México, lo mismo que al esfuerzo del presidente Calderón para combatir el crimen.

¿Por qué marchar?

Ana María Salazar
salazaropina@aol.com
Analista política
El Universal

Si somos pocos los que participamos este sábado 30 de agosto en la marcha Iluminemos México, será un mensaje a toda la clase política de que no nos importa nuestra seguridad y la de nuestra familia y que nadie les va a recriminar su irresponsabilidad.

Una de las formas más importantes de expresión ciudadana en una democracia es manifestarse en una marcha. Para la mayoría de los ciudadanos el marchar será la única forma de expresar nuestra furia por los años de negligencia por parte de las autoridades corruptas e incompetentes. Marchemos todos para recordarles a los malvados que son mucho más los buenos mexicanos que los malos.

Marchemos por solidaridad a las víctimas de la delincuencia y la violencia en México. Para ellos esta marcha será uno de los pocos espacios donde, gracias a las multitudes, podrán exigir justicia y cambios, sin que ellos y sus familias corran riesgos.

Debemos marchar por Fernando Martí, por Silvia Vargas Escalera, por Alberto, Juan, María, José, Luisa, y todas aquellas personas que han sido víctimas de los delincuentes, sin importar su clase social, actividad económica a la que dedican, creencia o lugar de residencia.

Este sábado marcharemos además por los cientos de niños robados y desaparecidos en el país, y que la mayoría son hijos de comerciantes o de la clase trabajadora, según la Asociación Mexicana de Niños Robados y Desaparecidos. A estos niños no sólo se los llevan para exigirles dinero a sus padres, sino para venderlos en adopciones ilegales, o, peor aún, para prostituirlos.

¿Por qué marchar? Porque nuestros hijos se merecen una oportunidad de vivir en un país en donde, cuando vayan a la escuela en la mañana, su mayor preocupación pueda ser no llegar tarde a clases o no olvidar su tarea. No deberían tener que preocuparse por ser la siguiente víctima de secuestro o del narcomenudeo que merodea sus escuelas. Nuestros hijos no se merecen vivir en el país con más secuestros en el mundo y uno de los más violentos. Con esta marcha les decimos a los secuestradores que ya basta, nuestros esposos, esposas o hijos no son mercancía que pueden disponer o desechar por dinero.

Marchemos en señal de apoyo a todos los funcionarios públicos que hacen su trabajo en una forma honesta y preocupados por el bienestar del ciudadano y por los que murieron cumpliendo su deber. Pero también al marchar les estamos diciendo a los funcionarios corruptos, malvados, flojos e ineptos que la sociedad les estará exigiendo que “no sigan recibiendo un sueldo por no hacer nada, porque eso también es corrupción”, como lo dijo Alejandro Martí, padre de un niño asesinado por secuestradores.

En esta marcha les recordaremos a los partidos políticos y a los candidatos a las gubernaturas, legislaturas y presidencias municipales que hay elecciones en julio del año que entra, y que el tema sobre la mesa será la inseguridad en el país. ¿Cuáles serán sus propuestas? ¿Qué cuentas nos van a rendir?

Recordemos a Martin Luther King cuando dijo que “aquel quien acepte pasivamente el mal está igualmente involucrado que el que lo perpetúa. Aquel que acepte el mal sin protestar, en realidad está cooperando con éste”. No seamos cómplices de los criminales debido a nuestra complacencia.

Para más información de dónde marchar ir a los sitios electrónicos: www.iluminemosmexico.org.mx y www.anamariasalazar.com.

¡Suerte, Iluminemos México!

Ciro Gómez Leyva
gomezleyva@milenio.com
La historia en breve
Milenio

No tengo el optimismo de hace cuatro años, cuando el jefe de Gobierno del DF, Andrés Manuel López Obrador, se hizo cargo de la promoción de la inolvidable marcha contra el secuestro. Él y sus propagandistas nos insultaron sin parar, nos dijeron pirruris paranoicos. Y eso que las encuestas marcaban que 89 por ciento de los ciudadanos pensaban que el problema de la inseguridad era muy grave.

López Obrador, lo sigo creyendo, perdió en ese episodio los 250 mil votos que lo hubieran instalado en la Presidencia de la República. Y es que era una insensatez alinearse contra esa marcha, porque nunca habrá razón ni estrategia política que valga para despreciar el dolor ajeno.

Por eso hoy no hay político que se alineé contra Iluminemos México.

Ojalá me equivoque, pero no siento que haya la misma rabia del 2004. Ni la ilusión de entonces. Creo que muchos ya no quieren volver a entusiasmarse con la idea de presionar desde la calle a todas las autoridades, porque todas han fallado. Hay demasiadas derrotas en cuatro años para ser optimista.

Además, algunos de los grupos más notables de la sociedad en la batalla contra el hampa y la impunidad no bendijeron ni bendecirán la marcha de mañana. Sus razones tendrán.

Suerte a Iluminemos México. Y a cada uno de quienes van a marchar con la angustia y la duda de si hay escapatoria a este azar de horror que rige a México.

Suerte a quienes, como el 27 de junio de 2004, van a marchar para decirle a Alejandro, a Mati, a Silvia, a Nelson y a miles de nombres propios con tragedias consumadas, que la vida sigue y tiene que ser mejor sin Fernando, sin Silvita, sin sus, nuestros desaparecidos.

Suerte a la gente que va a llegar al Zócalo con su dolor. A la gente que no se piensa rendir.

Marchar, ¿eficaz?

Arturo Damm Arnal
arturodamm@prodigy.net.mx
La Crónica de Hoy

(Primera de dos partes)

Para Silvia y Nelson

El domingo 27 de junio de 2004 cientos de miles de ciudadanos participamos en la marcha a favor de la seguridad contra la delincuencia, demandando del gobierno el cumplimiento de la única tarea que justifica su existencia y, por lo tanto, el cobro de impuestos. Esa tarea consiste, en caso de que haga falta recordarlo, en garantizar la seguridad de los gobernados contra la delincuencia y, en caso de fallar, en impartir justicia en sus dos vertientes: castigar al agresor y resarcir a la víctima. Han pasado más de cuatro años y las cosas en materia de seguridad y justicia no solamente no han mejorado, sino que han empeorado, por una razón que sobresale del resto: la complicidad de muchas autoridades con los criminales, complicidad que deja al ciudadano en la indefensión. ¿De qué se trata? No de un problema de redacción de la ley, o de aplicación de la misma, sino de ética, siendo la falta de la misma el principal problema que enfrentamos, en todos los ámbitos, los mexicanos. Ética.
Transcurrieron ya más de cuatro años de aquella “histórica” marcha y las cosas en materia de seguridad y justicia siguen, no igual, sino peor. Y escribo histórica entre comillas porque, a cuatro años de distancia, resulta claro que de histórica aquella marcha no tuvo nada, sobre todo si por históricos entendemos acontecimientos que marcan un antes y un después, antes y después que, en materia de seguridad y justicia, con relación a la mentada marcha, no existen. Puede ser que, en función de la cantidad de gente que, voluntariamente, acudió a la marcha, la misma pueda ser calificada de histórica. Pero no hay que olvidar que la marcha no fue un fin en sí misma, sino un medio de presión sobre los gobernantes para que, con honestidad y eficacia, cumplan con la única tarea a la que no pueden renunciar sin dejar de ser gobierno: garantizar seguridad e impartir justicia, tarea que siguen sin cumplir.

Ahora, de nueva cuenta, se convoca a los ciudadanos a una marcha, el sábado 30 de agosto, para, nuevamente, exigir a los gobernantes que cumplan con su tarea, exigencia que podrá tener cierta eficacia, pero no toda la que debería. ¿El nombre de la marcha? Iluminemos México. Ojalá y que esta marcha resulte más eficaz que la anterior, pero a mí me queda claro que ya podremos marchar todos los días, que las marchas no serán suficientes para obligar (y esta es la palabra que hay que usar: obligar) a los gobernantes a cumplir con su tarea esencial: garantizar seguridad e impartir justicia. Entonces, ¿qué medida puede resultar más eficaz? Es más, ¿cuál es, si de lo que se trata es de obligar a los gobernantes a que cumplan con su deber, la medida más eficaz? Dejar de pagar impuestos, mismos que se justifican, únicamente, si el gobierno garantiza la seguridad e imparte justicia.

¿Qué es lo único que justifica que el gobierno obligue al gobernado a entregarle parte del producto de su trabajo, es decir, qué es lo único que justifica el cobro de impuestos? Que el gobernante, con honestidad y eficacia (y en tales menesteres la eficacia comienza por la honestidad) garantice la seguridad e imparta justicia. Si no lo hace el cobro de impuestos pierde legitimidad, hecho ante el cual el ciudadano no tiene ninguna obligación moral (por más que la legal persista), de cederle parte del producto de su trabajo al gobernante.

¿Queremos presionar a los gobernantes para que cumplan con sus tareas esenciales? Dejemos de pagar impuestos, pero hagámoslo como debe hacerse. ¿Cómo? Lo veremos en la siguiente entrega.

Continuará.

La marcha, la desestabilización, la legalidad

Jorge Fernández Menéndez
Razones
Excélsior

Mañana esperamos marchar, con muchos miles más, a partir de las seis de la tarde en la Ciudad de México, acompañando a manifestantes que lo harán simultáneamente en otras 60 ciudades del país, para exigir a la autoridades de los tres órdenes de gobierno que cumplan con su obligación de garantizar la seguridad de la ciudadanía.

Hace cuatro años, cuando se dio aquella magnífica marcha contra la inseguridad, quien entonces gobernaba la Ciudad de México, la descalificó, diciendo, públicamente, que era una marcha de “pirrurris” que en realidad querían afectarlo políticamente: que el descalificador gobernara la ciudad con mayor índice de criminalidad del país no era su problema. Ahora, días atrás, el inefable Gerardo Fernández Noroña sostuvo que todo el “escándalo” por la inseguridad se debía a que había muerto “un niño rico”, en alusión a Fernando Martí. El jueves pasado, a la entrada del Palacio Nacional, los provocadores de siempre, manejados por Noroña, insultaron a todo aquel que se atreviera a ir al Consejo Nacional de Seguridad Pública, comenzando por los perredistas, incluido Marcelo Ebrard. Y ahora, desde la más diversas fuentes surge otra expresión que se atribuye a López Obrador, que encaja perfectamente en esta lógica: qué bueno que todo esto sucede, habría dicho, según estos testimonios, porque es “un punto malo para Calderón y un pirrurris menos”. ¿Alguien puede sorprenderse entonces de que muchos de los secuestros sean cada vez más crueles, violentos, vejatorios para las víctimas, si se está haciendo apología del crimen y se le justifica con una versión tercermundista de la lucha de clases?

Nuestros políticos, muchos de ellos por lo menos, no entienden que la ciudadanía está cansada de tanta mezquindad y cuanto mayor es ésta, más amplio resulta el retroceso: hoy, según muestran todas las encuestas, el índice de rechazo a López Obrador es mayor que el que en su momento generó Roberto Madrazo entre potenciales votantes, mientras que las expectativas electorales del perredismo se derrumban por debajo de sus cifras históricas. Por eso la vía que le queda al lopezobradorismo y a sus actuales voceros, como Porfirio Muñoz Ledo o Manuel Camacho, es la amenaza, el chantaje de que debe caer el gobierno de Felipe Calderón para iniciar, ahora sí, una auténtica transición. Por supuesto, ellos se encargarían de conducirla por el bien de todos nosotros. El motivo esperaban encontrarlo en la inseguridad, pero, ante la reacción de la gente, que tomó en sus manos ese derecho, han decidido concentrarlo en el tema petrolero. Resulta paradójico que el PRD haya tomado tribunas, impedido el debate parlamentario, convocado a un inútil ejercicio de cien días, realizado una “consulta popular” (de la que ayer dieron los resultados, aunque todavía no terminan de contar los escasos votos que fueron emitidos hace semanas) y que, finalmente, presenten una iniciativa que no incluye nada nuevo y, en realidad, está por debajo, en el diagnóstico y la propuesta, de la que había presentado Cuauhtémoc Cárdenas hace ya meses. De todas formas es una propuesta que puede, en algunos términos, compatibilizarse con la del PRI y la del gobierno federal, incluida la participación privada en obras de Pemex. Lo único que se logró fue crispar a la opinión pública en un debate falso sobre una supuesta privatización que nunca estuvo sobre la mesa y paralizar al país otros seis meses, un semestre que hubiera sido muy importante para paliar, por la vía de la reactivación del sector energético, los efectos de la crisis económica internacional.

El lopezobradorismo apuesta ahora a una triple jugada, aunque sus fuerzas sean cada vez más escasas: por una parte, exacerbar la polarización social, mediante el tema de la inseguridad; por la otra, a través de la reforma energética, presentándola como “una entrega del petróleo a las multinacionales”, provocar una crisis de gobernabilidad y, por ese mismo medio, exhibir a los sectores del PRD a quienes considera “traidores” a su líder. Son objetivos ambiciosos, mas dependerá de la madurez de los otros actores políticos dejar ese esfuerzo en el vacío o abrirle un espacio para que prospere. Porque ninguno debería engañarse, el interés de esos grupos es deshacerse de todos, al costo que sea. Cerremos, como sociedad, también ese espacio, marchando el sábado en la noche.

Una tibia cultura de la legalidad

Según la Secretaría de la Función Pública, el presidente del Comité Olímpico Mexicano, Felipe El Tibio Muñoz, está impedido de ejercer cualquier puesto público por los malos manejos presupuestales en su paso por el gobierno en el sexenio de Vicente Fox. O sea que, un hombre inhabilitado por la SFP se convirtió en líder del COM, lleva las riendas del deporte olímpico mexicano y recibe para ello recursos públicos que legalmente no podría administrar. Olvidemos, por un momento, el pobre desempeño de nuestros representantes en Pekín; olvidemos que todos y cada uno de esos atletas han logrado mucho o poco con base, exclusivamente, en su propio esfuerzo, sin ayuda o apoyo de nadie, por lo menos, no de las instituciones del deporte olímpico; es más, olvidemos que enviamos una delegación oficial de 86 integrantes, pero que fueron muchos más los “dirigentes” que viajaron con todos los gastos pagados, incluidos los de sus familiares, y dejaron fuera a entrenadores, nutriólogos y médicos para los deportistas. Olvidemos todo eso y quedémonos sólo con un dato: ¿cómo puede ser que un hombre inhabilitado por hechos de corrupción comprobados por el gobierno al que perteneció pueda encabezar el deporte mexicano y seguir recibiendo recursos públicos que, para colmo, continúa manejando mal y discrecionalmente? ¿Cómo nos pueden hablar luego de una cultura de la legalidad?

Ramírez, ‘El Nigromante’, ¿palabras para hoy?

Juan María Alponte
México y el mundo
El Universal

Ignacio Ramírez, conocido como El Nigromante, nació en 1818

Ignacio Ramírez, conocido como El Nigromante, nació en 1818. Su padre, Lino Ramírez, federalista, fue partidario de las reformas de Gómez Farías que anticiparían las Leyes de Reforma de Juárez. Ello, sin más, se olvida. Su hijo, Ignacio Ramírez, definido como ateo y jacobino, tiene escritos que obligan a repensar su biografía. Uno de ellos, firmado el 16 de octubre de 1867 —La Muerte de Maximiliano— lo ratifica. Después de condenar las guerras del Imperio señala que el Partido Progresista, “despreciando la desatinada grita de Europa tiene un profundo respeto a sus propias convicciones”.

¿Cuáles? Las explica: “Arengando a la tropa y al pueblo hemos salvado a los principales reaccionarios de Hermosillo. Cumplimos así con la Constitución de 1857, que hemos jurado…”.

Añade: “Pero ¡matar a un hombre con las formalidades de un juicio! No culpamos al Consejo de Guerra; sus miembros tenían obligación de obedecer; pero el superior y el gobierno, a quienes se permite y toca deliberar, ¿buscaron la venganza? Eso es indigno. ¿Quisieron imponer un castigo? La primera de las leyes, la Constitución, protegía la cabeza del reo. ¿Procuraron impedir un nuevo crimen de parte de Maximiliano? ¿Sabían, por ventura, que volvería al trono de México? La Europa y el criminal no les merecían ninguna consideración, pero debieron respetar la Constitución que les ha concedido las armas para salvarla y no para corromperla. Salvando a Maximiliano y sus cómplices en nombre de nuestro Código, ¡con cuánta admiración hubiera sido proclamada como divina la primera ley que contiene palabras de vida para nuestros enemigos… Si los que convirtieron las tablas de la ley en una piedra de sacrificios como la de Huitzilopoxtli pueden, consultando con su conciencia, jurar que han salvado a la patria, dignos son de respeto por sus servicios, y de piedad porque la suerte los condenó a tan duro ministerio; levanten con mano firme el corazón de la víctima y declaren los agüeros de su propia fama ya que la patria no necesita de tan funestos auspicios…”.

Leyéndole, al Nigromante, que dijo que no creía en Dios, pero parece lo contrario y su respeto a la ley conmociona, pensaba si había leído, él, a su vez, la memorable carta de Víctor Hugo a Juárez (28 de mayo de 1867) en la que le pedía no condenara a muerte a Maximiliano: “… Usted viene de vencer las monarquías con la democracia. Después de ese golpe del rayo, revelad la aurora. Al cesarismo que masacra, mostrad la república que deja vivir. A las monarquías que usurpan y exterminan, mostrad al pueblo que reina y se modera. A los bárbaros mostrad la civilización. A los déspotas mostrad los principios”.

De principios hablaba El Nigromante. En el mismo año, en un texto titulado El Atentado, El Nigromante condenaba otros horrores: “Hemos oído al general Ortega que en el estado de Zacatecas, en los tres años de la revolución por la Reforma, fueron ejecutados más de 2 mil ladrones; será mucho suponer que desde la Independencia hasta nuestros días ha matado la Justicia a razón de mil por año: ¡46 mil ajusticiados por robo! ¡Y los robos continúan! Nosotros también hemos creído que el terror era una medicina. Las autoridades militares, en tiempos de guerra, tienen necesidad de ensangrentarse no sólo cuando pelean, sino cuando juzgan, pero en la paz, cuando la miseria pide un pan a la misma muerte, ¡46 mil cadáveres dicen a sus jueces: Nosotros, ladrones, vosotros asesinos!”.

Esas impresionantes palabras del Nigromante, nos plantean, conciencialmente, ante la tragedia de los secuestros, un tema capital: si las penas más implacables contra los delitos, que pueden incrementar el posible autoritarismo de lo arbitrario ¿pueden imponerse antes de que los ciudadanos estén convencidos de la existencia, incorruptible, de la Justicia ordinaria?

'Pan comido' por Paco Calderón

Provocación

Francisco Garfias
Arsenal
Excélsior

Los obradoristas van a realizar una manifestación en el Zócalo el 15 de septiembre. El legítimo anunciará, en la Plaza de la Constitución, su radical plan de acción para la defensa del petróleo. El senador pejista Ricardo Monreal explica que se escogió esa fecha por una razón. Están convencidos de que en la tercera semana de septiembre irá al pleno del Senado la iniciativa de reforma energética, que previsiblemente aprobarán el PAN y el PRI.

La noche de ese día está programada la ceremonia del Grito en el Zócalo. La plaza va a estar atiborrada de elementos del Estado Mayor Presidencial. Una concentración de opositores radicales al gobierno de Calderón no parece sino una provocación. En 2006, Vicente Fox aceptó dar El Grito en Dolores Hidalgo, Guanajuato, para alejar el peligro de una confrontación. Dudamos que Felipe le deje el campo libre a su acérrimo enemigo quien, junto con Porfirio Muñoz Ledo y Manuel Camacho Solís, promueven abiertamente la caída de su gobierno.

* * *

Al perredista Carlos Navarrete, quien no pudo llegar a la presidencia de la Mesa Directiva de la Cámara de Senadores, le dieron un premio de consolación. Va a presidir el Instituto de Investigaciones Legislativas, que actualmente tiene la misma importancia que la Comisión de Parques y Jardines. Pero, eso sí, le prometieron que van a reforzar el Instituto para ponerlo a la altura de los otros órganos de gobierno. “Se lo chamaquearon”, nos comentó Monreal.

Navarrete llegó ayer a Xicoténcatl sin el traje de guerrero que amagó con ponerse si el PRI y el PAN se repartían los órganos de gobierno en la Cámara de Senadores. No presentó planilla y hasta participó en la votación para elegir al panista Gustavo Enrique Madero como presidente de la Mesa Directiva. Nada pudo hacer tampoco para evitar que Manlio Fabio Beltrones se quedara en la presidencia de la Junta de Coordinación Política.

El compromiso al que llegó con sus pares coordinadores fue que se revisaría a la baja el porcentaje que la Ley Orgánica exige para ocupar la presidencia de la Junta de Coordinación Política. Actualmente es requisito que la bancada del aspirante tenga, por lo menos, 25% de los escaños. A Navarrete no le alcanzó. Tiene apenas 26 de los 128 senadores. A ver si el año que entra…

* * *

A Santiago Creel también le dieron su premio de consolación. Será uno de los tres panistas que van a integrar la Junta de Coordinación Política. Los otros dos son el coordinador Madero y el poblano Humberto Aguilar Coronado. A este último ya le volvió la sonrisa. Le restituyeron, por lo menos momentáneamente, el lugar que tenía al lado del coordinador de la bancada. Se lo quitaron durante las sesiones de la Comisión Permanente para que allí se sentara el diputado Héctor Larios.

* * *

La gobernadora de Yucatán, Ivonne Ortega, está convencida de que los doce cuerpos decapitados que se encontraron ayer en Mérida no pertenecen a personas que vivían en esa entidad. “Los vinieron a tirar aquí, para aterrorizarnos”, dijo a este espacio. La joven mandataria está muy preocupada por la violencia que empieza a aparecer en ese estado, pero se declara decidida a evitar que, uno de los más seguros en la República, se convierta en terreno de vendettas de narcos.

“No voy a dar un paso atrás, no nos van a amedrentar. Yo vivo aquí, mi familia vive aquí, ya saben que no nos interesa el dinero, y que no vamos a permitir que perturben la seguridad de los yucatecos…”, subrayó. Dijo también que el secretario de Seguridad Publica local, Luis Felipe Saidén Ojeda, recibió recientemente amenazas de muerte.

No hay precedente en esa entidad de una masacre parecida. El prestigiado Diario de Yucatán lo definía ayer, en su pagina electrónica, como “el episodio más cruento en la historia policiaca del estado…”

* * *

El ambiente que rodeó la pasada Asamblea Nacional del PRI, en Aguascalientes, no fue tan terso como pareció. La madrugada del sábado, a unas horas de que se inaugurara el evento, el gobernador de Sonora, Eduardo Bours, amenazaba con desfederalizar al PRI estatal. No estaba de acuerdo con las facultades que se arrogó la presidenta del PRI, Beatriz Paredes, de desconocer a los comités estatales rebeldes. “Se quería despachar con la cuchara grande. Manejar al PRI en su tierra como si fuera de su propiedad”, nos dijo un senador. Otras dos entidades, entre ellas San Luis Potosí, amagaron con lo mismo.

El legislador destacó también que la delegación del PRI en el Estado de México —léase Enrique Peña Nieto— estaba en desacuerdo en transformar al PRI en un partido socialdemócrata. A Beatriz, sin embargo, todo le salió a pedir de boca. La de Aguascalientes fue la Asamblea más ordenada de la que se tenga memoria.

agosto 28, 2008

'Narcopropaganda' por Paco Calderón

¿De verdad lo quieren tirar?

Joaquín López-Dóriga
lopezdoriga@milenio.com
En privado
Milenio

Sólo cuando deja de hablar comienza uno a escuchar. Florestán

Una de las estrategias centrales de Andrés Manuel López Obrador, en la que insistió una y otra vez tras su derrota electoral, fue la de impedir a cómo diera lugar que gobernara Calderón.

Eran los días del largo conflicto postelectoral, cuando el Tribunal Federal había reconocido la presidencia al candidato panista, y el perredista endurecía su postura.

Luego, en la etapa que siguió a la toma de posesión el 1 de diciembre de 2006, López Obrador dio la impresión, que aún la tengo, de que había tomado la decisión de aprender a vivir con Calderón en Los Pinos, pero sin reconocerlo, cada uno por su parte, cada uno con su presidencia, éste, la constitucional, aquél, la legítima.

Pero en tiempos recientes he registrado cómo algunos de los suyos han tratado de rebasarlo en la línea discursiva dura.

Algunos sensatos como Manuel Camacho Solís, que parece despegarse de esa posición, advirtiendo del enfrentamiento que viene, que lleva más allá de lo dialéctico, transportándolo a la calle, un espacio que como medio de lucha le es desconocido.

Otros, locuaces como Porfirio Muñoz Ledo, llamando a tirar a Calderón de la Presidencia para designar a un Presidente interino, él por supuesto, que conduzca al país a las elecciones de 2012.

Y en medio de estos disparos, López Obrador se mantiene en su línea, dejando la impresión de que el juicioso es él y los pasados los suyos.

No lo sé del todo, pero no hay mucho por dónde irse: o Camacho y Muñoz Ledo se han ido por la libre en ese ejercicio político de quedar bien con el líder, o el líder los ha enviado de avanzada de una nueva estrategia que, al final, resultaría vieja.

Retales

1. DALAI.- Fiesta ayer en la embajada de la República Popular China, ante la cancelación de la visita a México del Dalai Lama, y alivio en el Senado, que no sabía cómo resolver su visita, en la cancillería y en Los Pinos, porque se han ahorrado un factor de fricción con aquel gobierno. Hace dos meses, el presidente Calderón cumplió una visita oficial a China;

2. MESAS.- Hoy protestan sus cargos los presidentes de los órganos de gobierno legislativo. En la Cámara Diputados la mesa directiva es del priista César Duarte, y la Junta de Coordinación del perredista Javier González Garza. En el Senado, la mesa directiva es del panista Gustavo Madero, quien desplazó a Santiago Creel, y la Junta de Coordinación Política del priista Manlio Fabio Beltrones. En pleno año electoral, Calderón se queda sin posiciones de gobierno en San Lázaro, aunque recupera la mesa en Xiconténcatl; y

3. CONSEJO.- Un sector del PRD llama a Consejo Nacional este fin de semana. Pero como no han terminado de contar los votos del proceso del 20 de marzo, el otro frente dice que no cuentan con los delegados necesarios. A ver.

Nos vemos mañana, pero en privado.

Medios, seguridad, responsabilidad

Jorge Fernández Menéndez
Razones
Excélsior

En términos generales los medios de comunicación (prensa, radio, televisión) y quienes trabajamos en ellos gozamos de un nivel de credibilidad y aceptación por encima de instituciones y gobierno, mucho más que legisladores y partidos. Sólo ese dato exigiría mucha mayor responsabilidad nuestra en el tratamiento de la información. No sólo que sea veraz sino también que sea un sustento para que la ciudadanía pueda tomar decisiones. Una sociedad informada será, cada vez más, una sociedad que actúa, exige, participa. Pero en muchas ocasiones en los medios no estamos actuando como deberíamos, particularmente en el tema de la seguridad pública y la lucha contra el narcotráfico.

No se trata de señalar a quienes aciertan o se equivocan en una labor cotidiana que necesariamente es falible, sino de analizar la corresponsabilidad que debemos asumir en estos temas. No estamos inventando nada nuevo: en Colombia, en la lucha contra los secuestros o el narcotráfico, todos los medios coincidieron en respetar a las víctimas o considerar, desde la línea política o ideológica que primara en cualquiera de ellos, que el narcotráfico era un enemigo de la sociedad, del país, de los medios. En Estados Unidos no hemos visto una sola foto de los cadáveres de las víctimas que surgían de los despojos de las Torres Gemelas: los medios, todos, se pusieron de acuerdo en que mostrar esos cuerpos desgarrados era un insulto a las víctimas, pero además eso precisamente buscaban quienes habían matado a miles, para generar miedo, incertidumbre, inseguridad. La información, en sí misma, las imágenes de los aviones estrellándose contra las Torres Gemelas, era tan impactante que no tenía sentido, además, mostrar cuerpos destrozados. Han pasado siete años y esas imágenes continúan guardadas en los archivos.

Quizá porque no hemos vivido, desde la Revolución y la guerra cristera, situaciones de tanta violencia, dramatismo y enfrentamiento contra la sociedad y las instituciones como los que estamos sufriendo en estos días, los medios no hemos terminado de comprender la magnitud de la responsabilidad. No hablo de censurar hechos, información, mucho menos, opiniones. Pero, ¿tiene algún sentido, fuera de darle publicidad gratuita a uno de los grupos del narcotráfico difundir en primera plana o en espacios noticiosos privilegiados el contenido de sus mensajes, sus mantas, sus amenazas?, ¿tiene sentido divulgar al detalle lo que dice una cartulina dejada junto a la cabeza de un decapitado?, ¿tiene sentido que, mientras cualquier organización civil que lucha por las mejores causas debe hacer un enorme esfuerzo para divulgar sus ideas y propuestas o pagar por ello, se le regalen portadas y espacios en los noticiarios a amenazas y acusaciones de grupos criminales, que han matado a más de cinco mil personas en menos de dos años, que secuestran, torturan, extorsionan?, ¿por qué contribuir a reproducir el clima de terror que necesita el crimen organizado para intimidar a la sociedad, las autoridades y los medios? No estoy hablando de ocultar ninguna información, pero una cosa es decir que se dejó una cartulina con amenazas junto a un cuerpo y otra divulgar, al detalle y con imágenes explícitas, el texto de las amenazas. ¿Tiene sentido reproducir entrevistas o declaraciones de supuestos miembros del narcotráfico, para denunciar alianzas, corrupciones, crímenes, sin poder identificar plenamente al denunciante, sin dejar en claro que es parte del mismo juego que denuncia y sin corroborar la información por otras fuentes? Por supuesto, son notas que venden, generan audiencia e incluso son valientes, pero no es un periodismo verosímil ni responsable.

En el ámbito de los secuestros ocurre algo similar. Es verdad, alguien puede “ganar” una nota anunciando que se produjo un secuestro que la familia de la víctima, o las autoridades, por las razones que sean, no quieren aún hacerlo público. El único detalle es que, con eso, muy probablemente, se pondrá en riesgo la vida de la víctima. ¿Es más importante ganar una nota que arriesgar la vida de una persona inocente? ¿Vale la pena, como ocurrió en estos días, con el caso del secuestro de la joven Silvia Vargas Escalera, especular, sin fuentes públicas, sobre pagos y mecanismos de rescate que, en lugar de coadyuvar a la libertad de la víctima, en realidad la pone en peligro, como insistieron sus familiares?, ¿qué se gana periodísticamente, además de un nota de primera plana que se muere al día siguiente?

Hubo una época en la cual, para desprestigiar a alguien, en el mundo político, el periodístico o el empresarial, sus enemigos lo acusaban de homosexual o de lesbiana, lo fuera o no. Afortunadamente, aunque no tanto como sería deseable, eso ha ido quedando en el olvido en la misma medida en que la sociedad estuvo más y mejor informada y ha ampliado sus criterios. Pero hoy lo de moda es acusar a cualquier enemigo de narcotraficante o de aliado de éstos. No dudo que en algunos casos sea verdad, pero, ¿no se tendría, antes de publicar una acusación de esas características, acudir a por lo menos alguna fuente adicional que la confirme? Y no hablo de reproducir información oficial, al contrario, se trata de hacer nuestra tarea, investigar y entregar, no sólo información oportuna sino también verosímil. Si le gusta o no a las autoridades, no es nuestro problema: nuestro compromiso es con la gente.

Hoy, cuando tanto se habla de corresponsabilidades en la lucha contra la delincuencia, o de la exigencia, legítima, de que se vaya quien no esté a la altura de la tarea en los gobiernos, los medios tendríamos que hacer nuestro correspondiente ejercicio de autocrítica para convertirnos en un pilar tan sólido en la lucha contra la inseguridad como en algún momento lo fuimos o intentamos serlo, en el empuje de la transición política.

¡Que se vayan todos!

Ricardo Rocha
Detrás de la noticia
El Universal

Supongo que usted se refiere al presidente. No, no, qué va. Los ministros, los gobernadores y los alcaldes

Era el grito de los argentinos en 2002 en los tiempos de Menem y Duhalde. Hablé con ellos lo mismo en sus bellas avenidas que en los arrabales de Buenos Aires: ¡Que se vayan todos!

Supongo que usted se refiere al presidente. No, no, qué va. ¡Que se vayan todos! Los ministros, los gobernadores y los alcaldes. ¿Y qué de los congresistas? ¡Que se vayan todos! Que se vayan también los magistrados de la Corte y los policías y los jueces. ¡Que se vayan todos! Ese era el reclamo de cientos de miles en toda Argentina. Lo mismo me dijeron intelectuales en un café, que mujeres de todas las condiciones o hasta los pibes de la clase alta que andaban despellejando las paredes de anuncios de cartón para conseguir algún dinero.

Allá el estallido social se produjo por la madre de todas las crisis económicas. Acá, aunque la economía tampoco anda nada bien, la motivación principal del hartazgo es otra: la peor crisis de inseguridad, injusticia, impunidad y criminalidad de que los mexicanos tengamos memoria.

Es probable que nunca lleguemos al extremo de exigir “¡Que se vayan todos!”. Pero también es posible que rebasemos ese límite. Por lo pronto la distancia se acorta y se sintetiza en la ya célebre exigencia de Alejandro Martí: “¡Si no pueden, renuncien!”, expresada en una apresurada sesión del Consejo Nacional de Seguridad Pública ante la descomposición del escenario social en la mayor parte del país.

Por supuesto que la intención mediática fue la de una imagen de cohesión y fortaleza de 50 notables para combatir —ahora sí— la violencia generalizada. Un evento desprovisto del elemento toral de la credibilidad por la sencilla razón de que varios de sus protagonistas están severamente cuestionados por abusos, tráfico de influencias y hasta sospechas de nexos criminales.

Hubo gobernadores ahí presentes en cuyos territorios se ha multiplicado la presencia del narcotráfico. No faltaron funcionarios que han encubierto investigaciones criminales o enriquecimientos inexplicables de sus antecesores. A ver: ¿hay alguna investigación oficial sobre la ostensible riqueza de Marta, Vicente y sus hijastros? ¿Se puede creer en un pacto firmado por el gobierno represor de Ulises Ruiz? ¿Es posible confiar en un compromiso de lucha contra el secuestro avalado por Mario Marín, el secuestrador de Lydia Cacho?

Seamos claros: el gran obstáculo para la justicia en México es el abuso sistemático del poder de los tres niveles de gobierno que usan a sus policías como ejércitos particulares y a los ministerios públicos, jueces y magistrados como gestores de sus intereses personales y políticos.

En sentido contrario, los hechos y declaraciones oficiales recientes confirman una realidad devastadora: en México hay una justicia para los ricos y los poderosos y otra para los pobres y los jodidos. Los gobiernos todos se movilizan por un secuestro notable y nadie mueve un dedo por el regadero de muertos entre los miserables. En cambio, se aplica la ley de modo inhumano y absolutamente desproporcionado en el caso de Ignacio del Valle, el de Atenco, a quien se le ha sentenciado oficialmente a 112 años de prisión por retener unas horas a funcionarios públicos, pero con la evidente venganza política por haberse opuesto a la construcción de un nuevo aeropuerto.

Ni una palabra sobre la miseria, la polarización social o el desempleo. Tampoco sobre los grandes beneficiarios del crimen organizado. Solamente una foto. Pero también una frase.

Un otoño para tirar a Calderón

Ciro Gómez Leyva
gomezleyva@milenio.com
La historia en breve
Milenio

Referí ayer la frase expresada hace unos días por Porfirio Muñoz Ledo, coordinador del FAP, en cuanto a que lo urgente es “la suspensión constitucional del mandato de Felipe Calderón”, o de lo contrario México se desmoronará: “Ya no hay solución, no va a terminar”.

El domingo, José Agustín Ortiz Pinchetti, otro de los cerebros y operadores finos de López Obrador, escribió: “Lo único que puede conmover a la reacción es una gran crisis; y esta por desgracia está en curso”.

Ortiz Pinchetti explicó que en una sociedad tan dividida es imposible ya el acuerdo político, y remató: “Serán los hechos duros, la terca realidad, la que obligará más temprano que tarde a una rectificación mayor a los reaccionarios que están en el poder”.

Quizá sólo sean palabras. Pero perfilan un pensamiento: como los problemas se propagan sin solución a la vista y no hay espacio para la política, el gobierno de Calderón tiene que caer por la vía de la movilización, la insurrección.

Parece una ruta lógica. El lopezobradorismo se ha desfondado y su perspectiva electoral es mísera. Su autovictimización, además, no conmueve. En cambio, el trance de la violencia y los secuestros, el desaliento económico del grueso de la gente y el escepticismo colectivo, se estarían alineando para favorecer la aventura de salir a las calles a derrocar “pacíficamente” al gobierno e iniciar la “reconstrucción institucional”.

Una reforma “que le quite Pemex a los mexicanos” sería un detonador ideal para intentar el asalto al Palacio de Invierno, a través de la toma de aeropuertos, carreteras, medios… No se requiere de millones de almas, sino de unas cuantas bien resueltas.

Lo veremos. El domingo salen a la calle. Y el lunes comienza un septiembre muy otoñal.

Ojo, no son los tres chiflados

Pablo Hiriart
Vida Nacional
Excélsior

Ahora es Manuel Camacho el que amenaza con violencia.

Ya lo habían hecho, con muy pocos días de diferencia, Porfirio Muñoz Ledo y López Obrador.

Sus convocatorias al derrocamiento del gobierno y el anuncio de no respetar las decisiones del Congreso, no son para minimizarlos.

Son demasiados avisos como para no tomarse en cuenta.

“Enfrentamiento si desoyen consulta, amaga Camacho”, cabeceó El Universal, diario donde escribe el ex jefe del Departamento del Distrito Federal.

Para Camacho, si el PRI y el PAN van a un “mayoriteo” en la reforma energética, entonces “vamos a restablecer los enfrentamientos y las movilizaciones en todo el país”.

A ver, a ver, Manuel Camacho: ¿usted va a ir a un enfrentamiento?

¿O va a mandar gente de las colonias populares a la calle para que se enfrenten a otros mexicanos mientras usted se entera de la gresca desde un confortable lobby bar?

Camacho, Muñoz Ledo y López Obrador están jugando con fuego.

Lo que dice Camacho es que, si no se hace lo que ellos quieren en materia energética, “vamos a restablecer los enfrentamientos”.

¿Qué es un mayoriteo? Haciendo a un lado el desparpajo del lenguaje críptico y despreciativo de algunos políticos, mayoriteo debe ser lo opuesto a minoriteo.

¿Qué quiere Camacho? ¿Minoriteo?

¿Que se haga la voluntad de una minoría por sobre la mayoría de los integrantes del Congreso? Eso es lo que quiere o, por lo menos, es lo que dice.

Esgrime su consulta ciudadana, en la que el FAP hizo las preguntas, el FAP hizo la propaganda y el FAP contó los votos… y no acudieron a las urnas 96% de los ciudadanos empadronados.

Además, ni siquiera han terminado de contar todos los votos de las mesas que ellos instalaron el 27 de julio.

En Oaxaca sólo han contado 55% de las mesas. En Puebla 74%, en Yucatán 73%, en San Luis Potosí 74% y en Veracruz 69%, entre otros estados. Ahí está su página, para quien quiera verla.

Ni eso pueden hacer de manera correcta: contar un puñado de votos en una consulta que ellos organizaron, ellos votaron y ellos contaron los sufragios.

¿En nombre de esa “consulta” van a restablecer los enfrentamientos si la mayoría del Congreso decide otra cosa?

Lo preocupante es que no solamente Camacho habla de salidas de fuerza.

El coordinador nacional del FAP, que agrupa al PRD, al PT y Convergencia, Porfirio Muñoz Ledo, explicó, en entrevista con Georgina Morett, que “el proyecto” es: “Primero se tiene que acabar con el gobierno de Calderón, luego tiene que surgir un gobierno interino”.

Agregó en esa entrevista que citamos aquí el viernes anterior: “Yo creo que la solución a corto plazo en el país es el gobierno interino. El movimiento de Andrés Manuel es de mediano plazo: tiene 20 o 22% de la población, con eso se puede hacer una transición. Pero lo urgente es la suspensión constitucional del mandato de Calderón”.

Son sus palabras. Dichas la semana pasada y ningún partido del FAP lo ha reconvenido por ese golpe anunciado.

En Chihuahua, este domingo, López Obrador dijo que no van a permitir que uno de los tres poderes del Estado funcione si no se hace lo que él quiere.

Dijo, en torno a la reforma petrolera: “A donde vayan (los legisladores) y hagan lo que hagan, nosotros vamos a impedir que se salgan con la suya”.

Agregó: “A donde vayan. Si priistas y panistas insisten en maniobrar para aprobar su reforma energética, se van a activar las movilizaciones a escala nacional y lo vamos a impedir”.

Dijo más: “Tampoco es un asunto que se vaya a definir en las cámaras del Congreso, esto es algo en lo que debe decidir todo el pueblo”.

Ahí están los tres.

¿Qué hacemos?

¿Hacemos como que no oímos nada?

¿Germán Martínez va a seguir azuzando a los panistas contra el PRI como “el enemigo”?

¿Beatriz Paredes va a seguir descalificando de por vida al PAN?

¿Van a continuar en su pleito mientras una minoría es encabezada por dirigentes rencorosos y frustrados que juegan a prenderle fuego al país?

El país está bajo amenaza. Y no es juego.

¿Qué quiere Camacho? ¿Minoriteo?¿Que se haga la voluntad de una minoría por sobre la mayoría de los integrantes del Congreso? Eso es lo que quiere, o por lo menos es lo que dice.

Lanzada del narco contra Calderón

Ricardo Alemán
aleman2@prodigy.net.mx
Itinerario Político
El Universal

El cártel de los Beltrán apunta a lo más alto: a derribar al Presidente
Juegan con fuego AMLO, Muñoz Ledo y Camacho, que apuestan a lo mismo


Acaso habrá que empezar a tomar en serio las advertencias que un día sí y otro también lanzan Porfirio Muñoz Ledo, Manuel Camacho y el propio Andrés Manuel López Obrador —verdadera labor de zapa—, para promover la caída del gobierno de Felipe Calderón.

Como si fuera un mero juego de palabras —sin duda irresponsable—, los políticos en cuestión no sólo apuestan a la caída de Calderón, sino que aseguran que su gobierno no llegará a las posadas y menos “cargará los peregrinos”. Temeraria venganza política a la vista de todos —que exhibe que la masa de la que están hechos los opositores aludidos es de lo más cuestionable en la política— y en la que hasta se barajan potenciales sustitutos del Presidente.

Pero del despropósito político promovido contra Calderón por Muñoz Ledo, Camacho y AMLO —respuesta locuaz e irresponsable, de odio elemental, que dan los aludidos a la derrota electoral—, ahora saltamos los peldaños de la guerra del narcotráfico y de la lucha de policías contra ladrones, para llegar a una inédita lanzada del narcotráfico nada menos que contra el presidente Felipe Calderón.

Es decir, que el poder fáctico, ilegal y terrorista del narco ya dejó atrás la lucha de sicarios contra policías de barrio, contra comandantes y jefes estatales policiacos; dejó atrás la lucha interna entre cárteles, las amenazas a alcaldes, gobernadores, legisladores y juzgadores, para lanzar sus baterías hasta lo más alto; nada menos que contra el jefe de las instituciones.

El martes se vivió un inédito en la feroz lucha del Estado contra el narcotráfico, cuando en el corredor del golfo de México que forman los estados de Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas, Veracruz y Quintana Roo, aparecieron en sus capitales y ciudades de mayor importancia nada menos que 27 mensajes en narcomantas —en parques, jardines, avenidas principales—, en donde los hermanos Beltrán Leyva le hablan al presidente Calderón para acusarlo, junto con su gobierno, generales y políticos, de proteger al cártel de El Chapo Guzmán.

Pero más allá de la interpretación que harán los genios de la seguridad nacional del fenómeno mediático y de la campaña contra el presidente Calderón —por un poderoso grupo criminal formado de la reciente alianza de Los Zetas y los hermanos Beltrán Leyva—, el mensaje que queda entre los ciudadanos de a pie no resulta alentador. ¿Por qué? Porque en el ánimo colectivo queda la sensación de que el poder del crimen organizado es infinito al grado de hablarse de tú a tú con el mismísimo Presidente. Y frente a esa realidad, el resto de los mortales quedamos a merced de los criminales.

¿Qué lectura se puede hacer de la revisión de los 27 mensajes en cinco estados de la República? Un mensaje que asusta. Para esa alianza criminal el gobierno de Felipe Calderón es un aliado del cártel “de El Chapo Guzmán”. ¿Y eso qué?

Pues casi nada, que para Los Zetas y los Beltrán Leyva, el gobierno de Calderón, las instituciones que preside, no son vistos como los jefes del poder constituido, sino que ven al gobierno de Calderón como aliado de sus enemigos. En pocas palabras, que el gobierno y el Estado mexicanos, y su jefe, el presidente Calderón —y el resto de las instituciones—, no serían tratados como representantes del poder institucional y de la ley, sino como parte de otro cártel, del bando enemigo.

La guerra de Los Zetas y los Beltrán Leyva no sólo se concentrará en el combate contra El Chapo Guzmán, sino contra el gobierno federal, contra el presidente Calderón, contra las instituciones del Estado.

Pero además, la campaña mediática desplegada en todo el golfo de México por Los Zetas y los Beltrán Leyva, el contenido que los traficantes le imprimieron a los mensajes, y la definición del gobierno de Calderón, como aliado de El Chapo, nos deja ver no sólo logística, sino diseño estratégico y político, y que esa alianza entre Zetas y Beltrán estarían proponiendo la guerra directa y abierta contra el gobierno de Calderón y, al mismo tiempo, un señuelo de negociación.

Queda claro, según la estrategia desplegada por la alianza Zetas-Beltrán, que ese poder fáctico ilegal, criminal y del narcotráfico intenta lo mismo que otro poder fáctico, político que se mueve en la frontera de la ilegalidad y que se alimenta sólo del odio —más que una doctrina política—, y que lideran AMLO, Muñoz Ledo y Camacho. Por descabellado que se antoje, las alianzas políticas del FAP, por un lado, y Zetas-Beltrán Leyva, por el otro, le apuestan a derribar al gobierno de Calderón. ¿Y dónde queda el interés general de la nación? AMLO, Muñoz Ledo y Camacho juegan con fuego.

agosto 27, 2008

Pena de muerte por Paco Calderón

Socialdemocracia tricolor

José A. Crespo
Horizonte político
Excélsior

Giovanni Sartori clasificó muy bien al PRI como partido hegemónico, es decir, uno que monopolizaba esencialmente el poder, pero compartiendo el escenario político con otros partidos para barnizarse de cierta legitimidad democrática. Además, lo catalogó un partido pragmático, a diferencia de aquellos que tenían un compromiso vital con una ideología específica, como lo era el Partido Comunista de la Unión Soviética. La ideología de la Revolución Mexicana, de la que el PRI se proclamó heredero directo, abarcaba la mayor parte del espectro ideológico, a partir del pensamiento de sus héroes y sus caudillos: el liberalismo de Madero, el agrarismo de Zapata, el laborismo de Obregón o el socialismo de Cárdenas. Sólo los extremos a la derecha y la izquierda quedaron fuera de las posibilidades ideológicas del PRI (y reservaron tales extremos a su oposición, por ejemplo, la Unión Nacional Sinarquista, el PAN, el Partido Comunista Mexicano y otras formaciones de izquierda marxista). Eso le brindó gran capacidad de adaptación ideológica, interna y externa. Internamente, cada mandatario podía diseñar su respectivo programa dentro de ese amplio espectro, a despecho del que hubieran seguido sus antecesores (primero el hombre, luego el programa). Y, externamente, el PRI pudo adaptarse a las grandes tendencias económicas del mundo o de la región, como el Estado benefactor, el desarrollismo latinoamericano o el neoliberalismo de las últimas décadas del siglo (que Carlos Salinas de Gortari quiso y aún quiere disfrazar como “liberalismo social”).

El PRI sigue gozando de sus rasgos pragmáticos que le permiten navegar a conveniencia por distintas aguas ideológicas. Al perder el poder en el año 2000, se hallaba aún instalado en el neoliberalismo tecnocrático, lo que para muchos tradicionalistas de ese partido explica la razón de su alejamiento con respecto a la ciudadanía, y su consecuente derrota electoral. Por eso en la XVIII Asamblea, la de 2001, el PRI renegó públicamente del neoliberalismo y dijo regresar al viejo nacionalismo revolucionario. Pero los priistas han percibido, correctamente, que ni el nacionalismo revolucionario ni el neoliberalismo son ya buenas banderas electorales, de cara a 2009 y 2012. De ahí su reciente proclamación como socialdemócratas.

De alguna manera los priistas han observado que hay un importante sector de electores que aspira al surgimiento en México de una socialdemocracia al estilo europeo, lo que aquí jamás ha existido. Pero, contrariamente a lo dicho por algunos dirigentes tricolores, la socialdemocracia no es una actualización del nacionalismo revolucionario. La socialdemocracia fue resultado de una adecuación estratégica y de la moderación ideológica del marxismo tradicional en Europa, al percatarse muchos militantes de que en sus respectivos países sería poco menos que imposible provocar una revolución comunista (los pioneros fueron los alemanes). Por lo cual, la nueva meta consistió en competir y ganar dentro de los cauces electorales, lo que exigía dejar de lado la hoz y el martillo y la dictadura del proletariado, para captar el importante sufragio del centro izquierda.

Ese no es, evidentemente, el origen ideológico del ideario priista. Más bien sus fundadores se basaron en esquemas antagónicos en lo ideológico, pero convergentes en su ángulo organizativo: Calles se inspiró en el fascismo italiano y Cárdenas en el bolchevismo soviético. El corporativismo priista se inspiró en esos modelos orgánicos. Quien sí pudo seguir y desarrollar una vía socialdemócrata fue la izquierda histórica de origen marxista, al aceptar, después de 1979, el reto de la democracia electoral. En esas estaba cuando se le cruzó en el camino la escisión del PRI en 1988, con la cual dos años después fundó el PRD. Pero, en virtud de que los dirigentes más importantes de partido venían del PRI (Cárdenas, Muñoz Ledo, López Obrador), fue el nacionalismo revolucionario el que logró imponerse como ideología predominante. Difícilmente puede considerarse al PRD como expresión de la socialdemocracia moderna. Nunca lo ha sido y se ve difícil que evolucione hacia allá y menos ante la profunda crisis que hoy lo pone al borde de la ruptura. Tampoco puede ya esperarse demasiado del Partido Alternativa Socialdemócrata, que eligió esa doctrina como eje de su identidad. Pero al ver la forma en que resuelven sus pugnas internas (con métodos no precisamente democráticos), muchos de sus electores se muestran decepcionados y difícilmente le refrendarán su apoyo.

Así pues, hay un espacio en el centro izquierda que nadie ha podido ocupar plenamente y que el PRI intenta hoy ocuparlo, dado que necesita poner mayor distancia programática con el PAN, su verdadero rival en los próximos comicios. Claro, una cosa es que el PRI se proclame socialdemócrata y otra muy distinta que los electores que simpatizan con esa corriente ideológica así lo crean. Es probable, pues, que los votantes socialdemócratas no sufraguen por el PRI pese a la nueva y atractiva envoltura del tricolor. Pero hay muchas otras razones que pueden llevar a varios electores (sean de centro derecha o centro izquierda) a sufragar por el PRI, como es la enorme falta de oficio político del PAN y sus gobiernos (una rica veta que el PRI ya empezó a explotar electoralmente), así como su claudicación democrática. Cuenta también, desde luego, el nuevo radicalismo del PRD, sus estrategias extrainstitucionales, su falta de unidad interna y su rezago ideológico. Y ello le abre al PRI buenas expectativas para 2012, pero antes falta ver si la disputa por las candidaturas (incluida la presidencial, desde luego), no le provoca las fisuras que hoy logra evitar.

¿Qué nos pasó?

Alfonso Zárate
Usos del poder
El Universal

¿Cuándo empezamos a aceptar como “normales” los excesos de nuestras autoridades?

¿Por qué habría de ser diferente? ¿Por qué tendríamos que vivir en un ambiente sano, de tranquilidad y prosperidad, cuando hemos hecho todo para ensuciar nuestras casas, calles, bosques y ríos… cuando la cultura social premia la holgazanería, la especulación y la delincuencia… cuando hemos construido una de las sociedades más desiguales del planeta?

¿Por qué habría de ser diferente si detrás de los éxitos —social, político o empresarial— se multiplican las historias de trampas y cochupos, y son raros los ejemplos de esfuerzo, disciplina y creatividad?

La degradación moral, ambiental, social, no surgió de repente. Una cultura permisiva a la corrupción alentó los abusos y la hipocresía. Los gobernantes que simulan que gobiernan no son menos patéticos que los empresarios que simulan que emprenden cuando en realidad han fincado sus fortunas en la especulación y el tráfico de influencias, o que los trabajadores que simulan que trabajan pero que hacen todo al a’i se va, o que los maestros que simulan que enseñan a alumnos que simulan que aprenden.

¿Cuándo empezamos a aceptar como “normales” los excesos de nuestras autoridades? Las historias son muchas y vienen de mucho tiempo atrás. En los últimos 100 años las narraciones se multiplican: el capitán Huerta, hijo del usurpador, comprando armamento con sobreprecios que escandalizaban al embajador alemán en México; los negocios al amparo del poder de los generales revolucionarios —Obregón, Abelardo L. Rodríguez, Aarón Sáenz y un largo etcétera— o de los abogados que los reemplazaron a partir de Miguel Alemán.

“Que roben pero que salpiquen”; “la amistad se demuestra en la nómina”; “el que no tranza no avanza”; “no les pido que me den, nomás que me pongan donde hay”… son frases de la picardía mexicana que reflejan la cultura dominante: un país de cínicos.

A lo largo de muchos años, la sociedad hizo de la corrupción un activo. Por eso resulta un descaro que hoy algunos priístas reclamen la falta de resultados en el combate a la delincuencia del gobierno federal, cuando lo que ocurre hoy son polvos de aquellos lodos; cuando muchos de los capos de hoy fueron, en los mejores años del PRI, comandantes de las corporaciones policiales; cuando los casos más escandalosos de delincuencia —las ejecuciones, los secuestros, los feminicidios— competen al orden común y ocurren en entidades como Chihuahua o Tamaulipas, gobernadas por priístas.

Una sociedad agraviada, un país secuestrado, no puede aceptar que no haya alternativas. Pero seguiremos mal en la medida en que, como infantes, pongamos la culpa en “los otros” y no asumamos la parte que nos toca.

La clase gobernante —políticos, ministros religiosos, hombres de negocios, dirigentes sindicales— está ante la oportunidad de lavarse la cara. El acuerdo suscrito el jueves 21 de agosto, en Palacio Nacional —reunión inédita en la que se establecieron compromisos puntuales con responsables y fechas límite para su cumplimiento—, puede ser un punto de quiebre si cada uno o, al menos, la mayoría decide dejar la pachorra, la indolencia y hacer lo que les toca. Pero puede llevar, igualmente, a una frustración mayor si los responsables hacen como que hacen pero en la realidad, por irresponsabilidad, complicidad o miedo, pactan con las bandas y regresan a lo suyo, simular.