septiembre 22, 2008

Buenos y malos

Román Revueltas Retes
rrevueltas@milenio.com
Interludio
Milenio

López Obrador suele evocar la existencia de un pueblo de México obligadamente virtuoso, sabio e infalible que, al encarnar de manera absoluta la esencia nacional, debiera disfrutar de cuantos merecimientos pueda ofrecer un caudillo salvador. Si hubiera justicia social en este país, todos los esfuerzos públicos se encaminarían a asegurarle a ese “pueblo bueno” las retribuciones que no le han tocado luego de la aviesa repartición de los bienes decretada por los “ricos y los poderosos”. No le falta razón a Rayito pero en su visión no parecen caber millones de mexicanos independientes y emprendedores que, siendo tan buenos y cumplidores como el más sufrido de los proletarios, viven sus vidas sin reclamar los derechos especiales, canonjías y privilegios de que gozan ciertos grupos a los que el líder fáctico de la izquierda jamás ha cuestionado.

Hablemos, por ejemplo, de los maestros de Morelos o de los taxistas vandálicos de Ecatepec o de esa turba sanguinaria de Tláhuac que presenció, sin pestañear, el bárbaro linchamiento de tres policías: nunca hemos escuchado una condena ni un llamado al orden. Por el contrario, el anuncio de que el Frente Amplio Progresista va a tomar avenidas, plazas, carreteras y aeropuertos en caso de que el Congreso, en pleno uso de sus atribuciones legales, decida promulgar una reforma energética, nos avisa de que el orden público se va a quebrantar. Desde luego, será todo muy pacífico: no habrá vitrinas rotas sino puras pérdidas económicas; por ahí, algún herido grave no alcanzará a llegar en la ambulancia al hospital. Eso es todo. Pero, el verdadero “pueblo” habrá salido a las calles.

Ahora bien, dejemos de lado este asunto de representatividades otorgadas arbitrariamente para consignar la estremecedora realidad de nuestros días: hoy, estamos viendo, justamente, una lucha entre un México “bueno” y un México “malo”. Hay un país que trabaja honradamente todos los días. Otra nación, siniestra y aterradora, amenaza el futuro mismo de los justos. Ahí sí que me quedan claras las diferencias.

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