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noviembre 05, 2008

Juan Camilo Mouriño y el Estado en vilo

Carlos Mota
motacarlos100@gmail.com
Milenio

Anteayer vi a Juan Camilo Mouriño. Fue en el Castillo de Chapultepec, durante la recepción que el presidente Felipe Calderón ofreció al presidente de Paraguay, Fernando Lugo. Durante varios minutos, antes de iniciar la comida, a Juan Camilo se le veía sonriente y contento. Charlaba con Josefina Vázquez Mota y con Luis Téllez.

El horror de ayer en Periférico y Reforma, en el corazón mismo de la capital del país, representa una de las más graves amenazas al Estado mexicano que esta generación haya atestiguado.

Vendrán días en las que habrá más preguntas que respuestas. ¿Fue en verdad un accidente? ¿Fue un atentado? ¿Cabe esa posibilidad? En cualquiera de los dos casos, accidente o atentado, la muerte del secretario de Gobernación equivale a la más severa crisis de institucionalidad en México, porque si fue accidente existen altas probabilidades de que las líneas de investigación apunten hacia el mantenimiento de la aeronave —y si hay un avión que no puede tener fallas de mantenimiento es aquella en el que viaja el secretario de Gobernación—. Pero si fue atentado, pues entonces este país está en una de sus peores crisis de su historia reciente.

En cualquiera de los casos, la muerte del secretario de Gobernación es la peor noticia que ha tenido el país este año. No sólo por lo que representa para la familia Mouriño —la sensación de dolor es indescriptible ante la prosperidad y logros del joven Juan Camilo—, sino porque nuestra eterna incapacidad de acuerdo político hará harto difícil el reacomodo político que se avecina.

Este país debe tener dolor en este momento. Pero no sé si el pueblo de México lo tendrá y lo manifestará, y esa es precisamente nuestra tragedia: que ante el fallecimiento de nuestros más altos representantes gubernamentales y servidores públicos, lo que puede florecer es el miedo y el temor por la suerte que corra el Estado, dejando detrás el dolor que debería emanar de una situación como la que viven familias que ayer perdieron a sus seres queridos.

¿Quién tiene el control del Estado? ¿Está en manos de alguien más que no sea el gobierno del presidente Calderón? Ojalá las respuestas sean benéficas para el país. O estamos en serios problemas.