noviembre 12, 2008

La tragedia pudo evitarse

Pablo Hiriart
Vida Nacional
Excélsior

Los que piensan que ceder ante el uso de la fuerza y las amenazas de los violentos es una señal de “prudencia política”, que se lo expliquen a los familiares y amigos de los nueve pasajeros que viajaban en el Learjet que cayó en Reforma y Periférico.

Que se lo expliquen a los hijos, hermanos, esposas y esposos de los cinco muertos en tierra a consecuencia de la caída del avión.

Si el gobierno anterior no hubiera dado su brazo a torcer por una minoría violenta que impidió la construcción del nuevo aeropuerto en Texcoco, hoy estarían vivos Juan Camilo Mouriño, José Luis Santiago Vasconcelos, sus colaboradores y la tripulación de la aeronave.

Si no se hubieran echado para atrás ante la agresividad de un grupo de ejidatarios que los amedrentaron con el filo de unos machetes, hoy estarían vivos Alan Cristian Vásquez Vargas, Pedro Sánchez Arteaga, Patricia María del Carmen Oropeza, Roberto Cesáreo González y un desconocido que aún se encuentra en el Semefo.

No se trata de un “hubiera” abstracto y especulativo, sino de una realidad: el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México se encuentra saturado, y por esa razón se proyectó una nueva terminal aérea en Texcoco.

Por la relevancia pública de quienes viajaban en el Learjet y por la posibilidad para mí, muy remota de que se trate de un atentado, se ha descuidado ese otro ángulo de la tragedia: pudo evitarse.

Hoy ese aeropuerto en Texcoco debería estar en funcionamiento, con cuatro pistas en lugar de las dos que actualmente hay.

Ese aeropuerto, que no se hizo porque el estado se doblegó ante una minoría violenta, hubiera hecho imposible que un boeing 767, como el de Mexicana que venía procedente de Buenos Aires, volara a una altitud tan baja sobre la Ciudad de México.

De ninguna manera un Learjet se habría acercado a una distancia peligrosa de un 767 que aterrizaría en Texcoco.

Las rutas de llegada al nuevo aeropuerto eran mucho más favorables que las actuales.

Sólo en casos excepcionales los aviones grandes pasarían sobre la Ciudad de México, y a una altitud muy superior a la que todavía sobrevuelan.

Con el nuevo aeropuerto se creaba una tercera vía de aproximación, que estaba programada entre el Ajusco y Morelos.

Algún día va a ocurrir un accidente serio en el Distrito Federal por la saturación de vuelos y porque los aviones pasan muy bajo sobre la ciudad, se dijo cuando fue cancelado el proyecto de Texcoco.

Ese accidente ya ocurrió, y costó la vida a 14 personas.

Incluso en el improbable caso de que la caída del Learjet en que viajaba el secretario de Gobernación hubiese sido producto de un atentado, las personas que perecieron en tierra hoy estarían con vida.

Sí, la debilidad en el manejo del gobierno también puede derivar en negligencia criminal.

Es cierto que el gobierno anterior planteó muy mal los términos de la expropiación, pues se pagaba a siete pesos el metro cuadrado a los ejidatarios.

Luego se ajustó el precio y una minoría compuesta por dos comunidades, de un total de 14, se opuso a la construcción del Aeropuerto Internacional de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México.

La asamblea de comunidades ejidales era ampliamente favorable a la construcción del aeropuerto.

Sin embargo, una minoría en la que participaban grupos armados con machetes, se enfrentó a la policía en distintas ocasiones, como una forma de frenar el proyecto.

Luego secuestraron a funcionarios que acudieron a San Salvador Atenco a negociar, de buena fe, un mejor arreglo para que dieran su anuencia a la construcción de la nueva terminal aérea.

A esos funcionarios los amarraron a un poste en la plaza pública y amenazaron con quemarlos vivos.

Luego secuestraron camiones de la policía y uno de Coca-Cola, a los que incendiaron.

Patearon y golpearon a policías sin que nadie les marcara el alto en sus acciones agresivas e ilegales.

Así acobardaron al gobierno y se canceló el proyecto que, además, implicaba una inversión de más de tres mil millones de dólares, generación de empleos y posibilidades de desarrollo para los habitantes de la región.

Fue así como nos quedamos con el mismo aeropuerto, que tuvo una ampliación de instalaciones, pero permanece en el mismo lugar y no agregó ni una nueva pista.

Los aviones siguen pasando sobre nuestras cabezas. Y los violentos se siguen saliendo con la suya.

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