diciembre 20, 2008

Ingrid, México y la pena de muerte

Yuriria Sierra
Nudo Gordiano
Excélsior

Estuvo secuestrada a manos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) por seis años, esperando por una libertad que ya sólo aparecía en sueños. Ingrid Betancourt alzó los brazos de nuevo sin tener armas de por medio que apuntaran contra su vida. En julio pasado recuperó esa libertad perdida en 2002 y le dio al mundo una muestra de esa fortaleza que la hizo contender por la presidencia de uno de los países más rebeldes del continente americano: Colombia.

Y como parte de las actividades que la están reincorporando al mundo, Betancourt llegó a nuestro país hace un par de días, con dos objetivos:

1. Visitar la Basílica de Guadalupe, de quien ha sido ferviente devota y cuya fe se acrecentó en sus días de cautiverio en la selva colombiana. Cuenta que esa fe fue la que le ayudó a soportar los maltratos y, claro, la violencia emocional que le provocaba no saber lo que pasaría con su vida. Al ser liberada, prometió visitar el santuario guadalupano y así lo hizo.

2. Se reunió con el presidente Felipe Calderón y, aunque la reunión fue privada, Betancourt dio una conferencia de prensa al día siguiente donde las preguntas giraban a en torno a la pena de muerte que actualmente intenta discutirse en nuestro país.

Y es que con esa sonada propuesta que de parte de algunos se ha dejado escuchar en el país, que intenta dar pena de muerte a los criminales que asesinen a sus víctimas con dolo, incluidos, por supuesto, los secuestradores...

De ahí que se le cuestionara lo viable y, sobre todo, lo eficaz en su aplicación. Sobre esto, Ingrid sólo pudo expresar lo tentadora que es la idea de poder condenar a pena de muerte a los secuestradores. Claro, alguien que estuvo por tanto tiempo en cautiverio conoce en sus entrañas a esos personajes sin escrúpulos que coartan las libertades, sea cual sea, el motivo.

Ella también sabe que un entorno tan fácil de corromper como el nuestro nos podría volver más frágiles y haría de la misma condena una arma para uso de esos personajes poderosos y que forman parte de ambos lados, criminales y autoridades. Ella, haciendo hincapié en la desigualdad social que en gran parte provoca la criminalidad, sabe que es ahí donde se debe actuar antes de pensar en sentencias prohibidas por constituciones de muchos países.

Pero para Ingrid es momento de cerrar ciclos y también de iniciar otros, anunció que hará un retiro espiritual de un año para terminar de reencontrarse con su familia y ella misma, algo sin duda necesario, porque no se puede dejar atrás un episodio de una manera tan sencilla a pesar de la inmensa fortaleza que nos demostró durante su encierro y la ganas de seguir que la hicieron venir a nuestro país.

Y es que Ingrid se convirtió en el emblema que muchas víctimas de secuestro, por causas políticas o no, necesitan para que les demostrara que no hay imposibles. Con ganas de estar de nuevo, y por completo, en la vida que le obligaron a dejar por unos años, pero con la convicción de ver por aquellos que siguen en cautiverio y en manos de las FARC, también por quienes han sufrido un secuestro de manera particular, por ellos, es que Betancourt planea llegar y quedarse para defender esas libertades, aunque sabe que para eso también se necesita la cooperación de los gobiernos de manera individual y en colectivo.

Ella, Ingrid Betancourt, uno de los personajes de este año de vorágine...

Ella se convirtió en el emblema que muchas víctimas de secuestro, por causas políticas o no, necesitan para que les demostrara que no hay imposibles.

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