febrero 05, 2008

Enero negro: Andrés Manuel toma el micrófono

Ciro Gómez Leyva
La historia breve
Milenio

Escribí el jueves que Andrés Manuel López Obrador falló al pronosticar un “enero negro”, que se produciría debido a la combinación del fin de las protecciones arancelarias al maíz y el frijol, con el aumento de dos centavos en el litro de gasolina. Y que no aceptaría la equivocación y pediría que tiráramos a la basura los números del Banco México y saliéramos a preguntarle a “su” pueblo por la negrura del “enero negro”.

El mismo jueves, López Obrador dijo en un mitin: “Hoy venía leyendo a un articulista de los periódicos nacionales y decía que cuál enero negro, que yo había dicho que iba a ser muy difícil enero y que no, que ahí están los datos del Banco de México, que no hay inflación. Yo le diría nada más a este señor que hiciera una encuesta en los pueblos y que preguntara cuánto cuesta la tortilla, y que investigara un poco cuánto costaba la tortilla cuando usurpó el gobierno Calderón. En ese entonces costaba seis pesos el kilo; ahora cuesta 10, 11 y hasta 12 pesos, entonces que haga la investigación”.

Voy a una tortillería de Tlalpan y a un supermercado de Coyoacán: precio del kilo, ocho pesos, igual que en enero de 2007.

Sigue López Obrador: “Y ¿por qué dije enero negro? Precisamente porque abrieron las fronteras para la entrada del maíz, frijol, leche, azúcar al extranjero”.

¡Y!

Concluye: “Le digo a este articulista que los campesinos que hoy se están manifestando, lo están haciendo por gusto, nada más porque les gusta protestar. ¡Lo están haciendo porque con esa medida se afecta más al campo, se afecta más a los productores!”

A López Obrador se le olvidó decir que los líderes organizan esa manifestación cada 31 de enero. Pero, bueno, eso es pecata minuta.

Negro que te quiero negro.

Calderón recupera popularidad

Jorge Buendía y Javier Márquez
El Universal
politica@eluniversal.com.mx

Martes 05 de febrero de 2008

Se incrementa la percepción positiva sobre la situación del país


De acuerdo a la encuesta nacional de Ipsos-Bimsa/EL UNIVERSAL, el presidente Felipe Calderón ha recuperado el terreno perdido con el llamado gasolinazo. La aprobación presidencial aumentó nueve puntos porcentuales, al pasar de 57% a 66% de noviembre a la fecha. Esta cifra es de las más altas de su gestión.

En esta ocasión, el aumento en la aprobación del Presidente se debe principalmente a que sumó puntos en el rubro de la aprobación dura (el conjunto de ciudadanos que manifiesta aprobar “mucho” su trabajo). La aprobación dura se sitúa en 19%, siete puntos porcentuales arriba de nuestra medición de noviembre del año pasado. Desde el inicio su mandato, el jefe del Ejecutivo federal no había recibido opiniones positivas de esa intensidad.

El descenso en la aprobación observado en el último trimestre de 2007 estuvo estrechamente relacionado con el anuncio del incremento al precio de la gasolina. Ese efecto ha desaparecido. Hoy, los mexicanos tienen percepciones menos desfavorables sobre la economía que en noviembre pasado. Aunque el porcentaje que opina que la situación económica del país ha mejorado en comparación con un año atrás es de sólo 14%, el número de quienes consideran que ha empeorado o sigue igual de mal disminuyó. Además, la opinión de que el país va por buen camino aumentó ocho puntos porcentuales (a 49%), mientras que la opinión contraria disminuyó 10 puntos (a 24%).

Como suele ocurrir, el comportamiento del indicador de la economía familiar no es muy distinto al de la apreciación de la economía en su conjunto: también se observa una disminución en la percepción de que la economía familiar ha empeorado (24%) o sigue igual de mal (28%), en tanto la opinión de que sigue igual de bien aumentó (32%) y la de que ha mejorado se mantiene sin variación (14%). Estas últimas cifras son opuestas a la noción común de que a principios de año la situación económica familiar se torna más adversa (cuesta de enero) y, en consecuencia, podría afectar negativamente a la aprobación del Presidente.

La encuesta apunta hacia la existencia de una cuesta de enero, pero con matices. Sólo 26% de los encuestados manifestó sentirse cómodo con la cantidad de dinero que debe actualmente, mientras que 30% se siente incómodo con dicha situación. En contraste, 44% se siente bien con los recursos que cuenta para cubrir los servicios y alimentos de su hogar, y sólo 19% opina lo contrario. En términos generales, puede decirse que la cuesta de enero impactó en las deudas de los mexicanos, pero aún no tiene efectos sobre su consumo. Esta miopía en el presupuesto familiar es una de las razones por las cuales no se aprecia un efecto negativo en la aprobación presidencial.

Los datos también sugieren que la percepción de la economía familiar (el ámbito en el que se resiente en mayor medida la cuesta de enero) tiene efectos menos pronunciados sobre la aprobación presidencial. Naturalmente, Calderón recibe menos apoyo entre quienes perciben que su economía familiar ha empeorado. Sin embargo, entre quienes opinan que ha empeorado, la proporción de quienes aprueban y reprueban su gestión es prácticamente la misma (44% y 40%, respectivamente). Es probable que en lo que se refiere al ámbito doméstico, los ciudadanos tienden a hacerse más responsables de sus decisiones económicas y culpan menos al gobierno de su situación financiera.

Los indicadores relacionados con otros aspectos del desempeño del ejecutivo no muestran variaciones importantes. El cumplimiento de expectativas se mantiene estable (15%), al igual que su credibilidad (41%) y su eficacia para implementar reformas (33%). En general, los resultados señalan una recuperación luego del pesimismo económico que se presentó a finales del año pasado. No obstante, habrá que observar de cerca la reacción una vez que se sientan las consecuencias de la desaceleración económica del país.