marzo 12, 2008

Ex rebeldes involucran a mexicanos con FARC

Pablo César Carrillo
exonline.com

Dos ex guerrilleros mexicanos que participaron en luchas armadas en países de Centroamérica afirman que ninguna persona puede entrar a un campamento guerrillero si no tiene una recomendación importante y un “contacto” mínimo de un año con la organización. Se necesita ser al menos militante para resultar aceptado, dicen.

El ex comandante del Frente Sandinista de Liberación Nacional de Nicaragua Víctor Manuel Tirado, entrevistado vía telefónica en Managua, afirma que los mexicanos que estaban en el campamento de las FARC tenían una recomendación y eran conocidos del grupo para que los dejaran entrar.

El ex vocero de la guerrilla del Frente Farabundo Martí para La Liberación Nacional (FMLN) de El Salvador, Rubén Aguilar Valenzuela, señala que si se quiere entrar a un campamento guerrillero debe tenerse de dos a tres años de militancia y ser muy conocido.

“Es muy peligroso dejar entrar a un desconocido”, señala Víctor Manuel Tirado, el sinaloense que estuvo cuatro años en combate en la guerrilla de Nicaragua y 13 en la insurrección en Managua.

“Estos mexicanos no se incorporaron espontáneamente. Tenían una recomendación. Tenían el contacto desde antes. Hay una relación. Eran conocidos. Estaban bien parados. Tenían un padrino, un amparo”, señala Tirado, quien en 1962 se incorporó al Frente Sandinista de Liberación Nacional.

“Nadie puede entrar a un campamento de retaguardia. Deben militar al menos a nivel de solidaridad. Creo que estos mexicanos eran militantes solidarios con responsabilidad. No creo que eran guerrilleros con armas, tenían una responsabilidad de crear una buena imagen de la organización”, señala Rubén Aguilar Valenzuela.

Víctor Manuel Tirado nació en Rosarito, Sinaloa, en 1942, en una familia de joyeros. De joven se fue a vivir a Ensenada, Baja California, y allá entró al Partido Comunista Mexicano y estudió la revolución cubana. En ese entonces conoció a un activista que estaba formando el Frente Sandinista de Liberación Nacional de Nicaragua, en 1962, y comenzó a empaparse del movimiento guerrillero.

Tirado decidió entrar a la organización para luchar contra la dictadura de la familia Somoza.

“Le presenté a esta persona mi solicitud de ingreso y comenzó a darme responsabilidades. Yo tenía identificación ideológica. Venían algunos cubanos a entrenarnos en México. Y, después de un año, me llevaron a Managua”, explica. “Yo no llegué por mi propia cuenta. Jamás, nunca alguien llega por sí solo. Hay que estar bien parado, ser conocido. Yo era conocido”.

Víctor Manuel Tirado combatió cuatro años en las montañas. Y fue subiendo de rango. Después estuvo en la insurrección en la ciudad durante varios años. Hasta que fue nombrado uno de los nueve comandantes del Frente Sandinista, junto con Daniel Ortega.

“Por mi honestidad, mi ética, mi tiempo, mi trabajo en batalla, fui subiendo hasta ser comandante”, platica.

Tirado participó en la lucha urbana de los setenta y contribuyó al triunfo revolucionario de 1979. Después estuvo en el gobierno y sigue viviendo en Managua. Allá se casó y tuvo hijos. Nunca regresó a México.

A pesar de la lejanía, Víctor Manuel Tirado lee noticias de México y está enterado de lo que ocurrió en Ecuador el primero de marzo. Él tiene sus hipótesis.

“Estos mexicanos tenían una relación. No es casualidad. No se incorporaron espontáneamente. Tenían una recomendación. Tenían el contacto desde antes.”

Tirado afirma que resulta muy peligroso dejar entrar a cualquier persona a un campamento guerrillero. “Sólo entran los que tienen un padrino, un amparo. El que es muy conocido, el que está bien parado”, expresa.

Después de 46 años, Tirado afirma que valió la pena entrar a la guerrilla en Nicaragua. “Yo estaba convencido de que sólo con la guerrilla se podía derrocar al gobierno”, dice. “No es fácil ser guerrillero. Hay que tener una convicción profunda de tus ideas. Son contados con los dedos de la mano los mexicanos que han estado en las guerrillas centroamericanas. Y la convicción de uno es lo que vale, porque puedes morir. Pero la guerrilla era la única forma de derrocar a esos gobiernos”.

Víctor Manuel Tirado cree que ahora los tiempos son diferentes y no se requieren las armas para cambiar un país.

“Ya no es tiempo de tomar las armas. Ya es momento de hacer otra lucha. Las FARC se quedaron atrás. Tenían que haber hecho algo en los años sesenta. Y no los entiendo. No es un gran movimiento de transformación. No creo que triunfen en corto tiempo. Yo no les veo ninguna ofensiva militar a pesar de que tienen más de ocho mil hombres, ojalá nosotros hubiéramos tenido eso en 1963.

“En Brasil ya agarraron su rumbo, En Argentina agarraron su rumbo. En Perú agarraron su rumbo. Ahora se requiere otra forma de lucha.”

Desde el principio, Tirado pensaba regresar a México a hacer su vida. Pero no pudo. Allá, en Managua, vive en un hotel y sigue siendo el comandante sinaloense Víctor Manuel Tirado.

Rubén Aguilar Valenzuela estuvo en el área de comunicación de la guerrilla salvadoreña en los años ochenta. Él había estado relacionado con Centroamérica gracias a los jesuitas y tenía varios amigos que habían dejado la Compañía de Jesús para incorporarse a la guerrilla. Lo invitaron a participar en las Fuerzas Populares de Liberación Farabundo Martí, una de las cinco áreas del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), de El Salvador. Rubén Aguilar era encargado de romper el cerco informativo y dar a conocer a la comunidad internacional lo que hacía la guerrilla.

Rubén Aguilar afirma que un militante tarda al menos de dos a tres años en llegar a un campamento de seguridad como el de las FARC en Ecuador, y “normalmente es a través de recomendaciones y contactos de otras personas”.

“Pienso que estos compañeros llegaron ahí organizados por las FARC. Y no iban a dejar llegar a cualquier gente, porque es un campamento de seguridad y no van a dejar que lo conozca cualquier persona. En la guerrilla de los ochenta no llevabas a gente que no era la tuya, porque era contraproducente”, dice.

Rubén Aguilar asegura que su hipótesis es que los compañeros mexicanos que estaban en el campamento no sólo eran simpatizantes, “sino que deben de militar en el movimiento de las FARC al nivel de solidaridad”.

“Pienso que estos compañeros mexicanos eran militantes de las FARC y ellos estaban en el área de la solidaridad, con la responsabilidad y encargados en México de generar una información sobre las FARC, para buscar una buena imagen sobre la organización”, explica.

“No se trata de chicos que estuvieran siendo entrenados para participar en el ámbito militar. Las guerrillas son político-militares y no tiene ningún caso incorporar a chicos a la parte militar, sobre todo internacionalistas. Ya tienen un ejército grande que conoce el territorio. Sería absurdo.”

Hay muchos niveles de participar en la guerrilla, dice Rubén Aguilar, pero, en general, las estructuras de solidaridad en los ochenta eran integradas por compañeros que militaban en las organizaciones guerrilleras para que éstas pudieran establecer cómo querían que siguiera tal solidaridad.

“Incluso eran reclutados en el extranjero, el FMLN reclutó en Europa y en Estados Unidos. Y participaban en la organización de alguna manera”, dice.

Rubén Aguilar señala que hay gente que está en la solidaridad y nunca va a ser reclutada, pues no parece lo suficientemente sólida en sus convicciones y su compromiso. Y reitera que a un campamento no puede entrar nadie que no tenga identidad con la organización.

Aguilar Valenzuela dice que hay muchas maneras de contactarse con una organización guerrillera. “A través de un conocido, de un pariente, de un amigo que puede invitar a tomar una relación de este carácter”.

Rubén Aguilar ingresó a la guerrilla al inicio de los años ochenta y estuvo en un área política relacionada con la información. “Yo nunca estuve en el área militar. Sí estuve en los campamentos, alguna vez me quedé en los campamentos y viví en campamentos, pero yo nunca estuve en el área militar”, platica.

Después de 20 años de su participación en la guerrilla, Aguilar Valenzuela fue vocero de la Presidencia de la República de México y catedrático en varias universidades. Ahora él cree que hay una gran diferencia entre los movimientos guerrilleros de los setenta y ochenta y el de las FARC.

“La diferencia radical estriba en tres situaciones: vivimos en otro mundo después de la caída del muro. Nosotros luchamos contra dictaduras militares, y no es el caso de Colombia, que es una democracia imperfecta, pero al fin y al cabo democracia. Nosotros nunca estuvimos relacionados con el crimen organizado, cosa que sí ocurre con las FARC. Las guerrillas de los ochenta realmente pelearon por un cambio en la sociedad y para eso apostaron la vida de muchos jóvenes; no es el caso de las FARC, que perdieron su ideal de lucha”.