marzo 23, 2008

Ni revolucionario ni democrático

René Avilés Fabila
exonline.com
23-Mar-2008


Anadie le cabe la menor duda: el PRD está sumido en una grave crisis y no es posible vislumbrar la salida. La elección interna estuvo manchada de manera indeleble. El partido se ha hecho más y más sucio y el desprestigio aumenta, no es más una esperanza de cambio positivo si en la mayor parte de los puntos donde gobiernan hay corrupción, autoritarismo e ineptitud. Los resultados oficiales aparecerán hoy domingo, pero a nadie convencieron: hubo de todo, intercambio de insultos, compra de credenciales, quema de casillas, urnas embarazadas, robo de votos a mano armada y hasta caída del sistema. Por la turbiedad del PRD, no es fácil conocer su padrón; oscila, según quien hable, entre seis y ocho millones de afiliados, pero fue inflado como parte de la estrategia de 2006. La realidad es inflexible: apenas acudieron a las urnas alrededor de millón y medio de militantes. En torno a los lamentos de Jesús Ortega y los eufóricos gritos de Alejandro Encinas y la ex azafata de los coches lujosos y el avión, Alejandra Barrales, hay una realidad documentada por los medios: el PRD mostró que en su interior hay niveles de suciedad apenas imaginables. ¿Hay duda sobre la clase de partido que es el PRD? Ni revolucionario y mucho menos democrático. El escándalo es de tal magnitud que el propio fundador, Cuauhtémoc Cárdenas, ha exigido anular la elección.

Los partidarios de Jesús Ortega tienen razón al estar irritados: se trató de una elección injusta y manchada por la presencia de los mayores jerarcas del PRD y del gobierno capitalino en favor de Encinas. Desde antes de la famosa carta de AMLO para apoyar a su candidato ya había arrancado una campaña para desprestigiar a Nueva Izquierda. Imposible olvidar el discurso de López Obrador donde calificaba a Los Chuchos de blandengues o las acciones de Valentina Batres y Alejandra Barrales, menos las del propio Marcelo Ebrard, todas en favor de Encinas. El aparato se volcó en contra de Ortega y Zavaleta. Los Chuchos, a su vez, no acabaron de decidirse a enfrentar una elección con los recursos del poder. El miedo al caudillo tabasqueño los detuvo. Tendrán que contentarse con las migajas y ver de lejos cómo conducen al PRD hacia su mayor fracaso en 2012. Sin duda, en Los Pinos se felicitan por los resultados, queda comprobado que el fundamentalismo los llevará a un desprestigio dentro de una nación que no quiere ver más actos violentos ni plantones ni mentadas de madre en lugar de propuestas.

Es probable que cuando aparezcan estas líneas, los resultados oficiales habrán confirmado dos cosas: el irregular triunfo de Encinas y un proceso electoral viciado de principio a fin para consolidar el dominio de López Obrador sobre el partido. Encinas tiene fama de ser negociador, pero, como Ebrard, está sujeto a la voluntad de López Obrador. Lo que ocurrió el pasado domingo no fue más que la confirmación de que el PRD no tiene ideología sino un caudillo elegido por voluntad divina, un Mesías. Ebrard finge regocijarse con el triunfo de Encinas y Barrales; en el fondo llora, sabe que perdió la candidatura presidencial. De nueva cuenta queda subordinado a las decisiones del dueño del partido: AMLO. A pesar de su relativa juventud, no podrá ser candidato para el siguiente periodo. En ese momento el país habrá cambiado su apariencia política y el PRD estará rehaciéndose. Ebrard tendrá que escribir sus memorias llenas de playas artificiales y pistas de hielo para justificar su pésimo mandato.

Debe quedar claro que la verdadera izquierda no puede conducir este tipo de procesos sucios, donde la ideología fue desechada en favor de un tosco pragmatismo y la limpieza democrática fue aplastada por las corruptelas que antes denunciaban los perredistas. De poco le servirá a López Obrador encontrar nuevas acusaciones contra el tramposo de Mouriño. No tiene ninguna calidad moral para hacerlas.

La mejor prueba de la división del PRD en dos grandes bloques de mafias fue la celebración del 18 de marzo en el Zócalo. Los Chuchos se abstuvieran de ir, y AMLO se hizo rodear por el aparato, incluso estaba Marcelo Ebrard, mostrando que es un faccioso sin ética y no el jefe de Gobierno de una ciudad donde coexisten todas las tendencias y partidos.

¿Qué le queda a los “vencidos”? No mucho. ¿Presentar una lucha seria para hacer valer su fuerza? Para ello necesitarían algo que le sobra a los triunfadores, audacia y coraje. Dadas las condiciones impuestas por López Obrador y los suyos, no tendrán más que replegarse y someterse al caudillo y sus ocurrencias. Pobres, ahora necesitan salvarse de la cacería política que ya arrancó con Zavaleta, Círigo y otros más que osaron levantarle la voz al Líder Supremo del PRD.

El PRD ahora amenaza con bloquear la Cámara de Diputados, el aeropuerto y carreteras para salvarnos del “extraño enemigo” que nos arrebatará el petróleo. En realidad se trata de provocar terror y mantenerse en los medios. Estrategia fascista que le ha funcionado.

www.reneavilesfabila.com.mx

Escurre sangre del techo del mundo: el Tíbet

Francisco Javier Acuña
exonline.com
23-Mar-2008


El cúmulo de acciones violentas en contra de las manifestaciones de liberación del Tíbet, en Lhasa, han subido de proporción y en estas semanas han alcanzado el nivel de un escándalo, al grado de hablarse de un verdadero genocidio cultural que ha arrojado miles de víctimas atrapadas en un lugar sagrado y a la vez sitiado, bajo el toque de queda del ejército chino. El gobierno del gigante amarillo ha comunicado su deliberada intención de aplastar cualquier protesta y así “defender” los preparativos de las olimpiadas que se avecinan, al interpretar las réplicas tibetanas como un pretexto mezquino y absurdo.

Lhasa, la ciudad más alta del Asia, también denominada “el techo del mundo”, es la capital histórica del Tíbet, y vive sujeta a un clima de cautiverio. La triste historia de los monjes tibetanos los hace revelar la suerte de vivir en la auténtica “ciudad prohibida” de nuestros tiempos. Lhasa ha sido ensombrecida, no por las cúspides de la cadena montañosa más elevada del mundo, sino por el odio de Pekín que ha exacerbado su obsesión por sofocar —realmente exterminar— el liderazgo espiritual del Dalai Lama, al que acusa de pretender la independencia de la región; resabio de un viejo arreglo con Gran Bretaña, la cual dispuso que dicha zona debería ser tutelada a modo de protectorado por China. Los errores del pragmatismo colonialista del ayer engendran monstruosas condiciones del presente.

La solidaridad de occidente con el Dalai Lama se hace plausible en 1989 al otorgarle el Premio Nobel de la Paz, sin duda una decisión audaz previsiblemente sopesada por sus efectos de molestia en China; pero, el peso de China es muy grande y su fuerza comercial expansiva ha logrado que las muestras de adhesión en exigencia de respeto a la figura del Dalai Lama sean pálidas, hasta ahora que, las violaciones a los derechos humanos reiteradas y progresivas en contra de la población tibetana, se perciben insostenibles. Lo curioso es que esto se intensifica por la aproximación de los Juegos Olímpicos que se llevarán a cabo este verano en Pekín. No es ocioso recordar que las guerras han interrumpido ya justas olímpicas, como ocurrió durante la I y la II Guerra Mundial, y, cada cuatro años, se han dado incidentes graves, como los de 1972 en Munich (con el “septiembre negro”) y otros que han alcanzado el boicot a los eventos deportivos: en 1976, las delegaciones de 24 países africanos desairaron Montreal en absurdo apoyo al régimen de Sudáfrica que instituía el apartheid; en 1980 fue clara la ausencia de atletas de EU en los Juegos de Moscú, por la invasión a Afganistán y la reacción recíproca de los soviéticos en desdén a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles en 1984. Esta vez, sin embargo, se plantea un boicot que no margine a los atletas, sino que sólo se inscriba a nivel de los gobiernos de las naciones participantes que se asuman plenamente democráticos, lo que permite diferenciar el valor de la cumbre deportiva mundial de las circunstancias que deslegitiman al gobierno que organiza las olimpiadas. Lo cierto es que el origen de estos eventos llevaba una evidente convocatoria a renovar el clima de paz entre los participantes, fincando en el deporte una luz en el túnel de la guerra y la sinrazón. Sirvan estas líneas de reconocimiento y aliento al valor del pueblo del “techo del mundo” cuyo dolor es injusto e inaceptable.

fjacuqa@hotmail.com

'No cual mito' por Paco Calderón

El destino del PRD

Manuel Gómez Granados
La Crónica de Hoy
Domingo 23 de Marzo de 2008

La tormenta al interior del PRD se desató con el polémico y discutido triunfo de Alejandro Encinas no aceptado por Jesús Ortega, de manera que se está pidiendo incluso por Cuauhtémoc Cárdenas la anulación y otros perredistas piden dirimir la cuestión en el TEPJF.

El reto más importante que deberá enfrentar el nuevo presidente del PRD es terminar con la lucha intestina entre las diversas tribus y construir la unidad del perredismo, que ha estado ya varias veces en peligro de desmembrarse y ahora atraviesa, a decir de Cárdenas, uno de sus peores momentos: “sucio y lastrado… por las violaciones a sus reglas internas y los vicios y las conductas de muchos de sus dirigentes y militantes”.

De nueva cuenta en las elecciones internas del PRD privó el voto clientelar, el acarreo, las amenazas y la violencia, en una vergonzosa muestra de marrullerías electorales que dejaría perplejo al más avezado mapache priista.

Cuando todo apuntaba a un claro triunfo de Nueva Izquierda, López Obrador y Encinas pusieron en marcha una estrategia de grosero clientelismo electoral, comprando votos, coaccionando a los electores e induciendo a la violencia con el fin de anular la elección.

Sin embargo, Jesús Ortega no cayó en la provocación. A pesar de que en el proceso se documentaron actos como robo de boletas, de urnas, ratones locos, urnas embarazadas, operación tamal y hasta agresiones directas a dos diputados miembros de la coordinación de campaña de Ortega, éstos decidieron no impugnar previamente la elección, ya que estaban convencidos de que ganarían. Ahora las cosas cambiaron. El triunfo de Encinas es resultado, según se dice, de todo tipo de trampas.

Si el PRD será, como lo anticipó Encinas durante su campaña, la columna vertebral del movimiento que encabeza AMLO, ya podemos irnos olvidando de la modernización de la izquierda mexicana, porque, como lo había planteado Jesús Ortega, en esta contienda estaban en juego dos proyectos diferentes: “No es verdad que hablemos de lo mismo y que propongamos lo mismo. Yo sostengo que hay un proyecto que continúa anclado en el pasado y es el que representan muchos de los que apoyan a Alejandro. Un proyecto que no se atreve a modernizarse, a actualizarse, a encontrarse con las nuevas realidades de México y del mundo. El desafío es dejar atrás el nacionalismo revolucionario y definirnos como una izquierda democrática”.

Esa izquierda democrática que define Ortega es la que hace falta en México. Una izquierda que busque combatir la pobreza y la desigualdad social. Que proponga políticas públicas en beneficio de todos y no de la polarización social, que promueva el acceso a una educación de calidad y para todos, que defienda los intereses de los más desprotegidos, que respete la voluntad de los ciudadanos en los procesos electorales. Una verdadera izquierda democrática que busque y promueva los derechos humanos, no populista ni demagógica como la que encarna AMLO.

Esa izquierda democrática y abierta al diálogo es la que se ha perdido en México. La izquierda que representa en la actualidad AMLO carece de ideología social. La muestra fue evidente el domingo pasado. Cualquier ciudadano que haya acudido a votar en la elección interna se dio cuenta.

El destino del PRD está perfilado desde el año 2000, con el triunfo de AMLO en la elección para jefe de Gobierno del Distrito Federal. El partido fue poco a poco colonizado —o asaltado— por personajes que poco tienen que ver con la izquierda nacional: Manuel Camacho, Arturo Núñez, Marcelo Ebrard o Alejandro Rojas Díaz-Durán representan el grupo que apoyó políticamente a Alejandro Encinas y que aparentemente hoy se perfilan como el nuevo liderazgo perredista que será el regreso a las viejas prácticas del PRI.

Parece que el destino del PRD seguirá marcado por la política intolerante, que insulta, agrede y excluye a aquellos que no piensan como ellos; seguirá marcado por la política de rechazo a las instituciones; seguirá marcado por una pseudo izquierda contestataria y poco propositiva, que basa su poder en apoyar a grupos con intereses muy específicos como ciertos sindicatos, ambulantes, taxistas piratas, paracaidistas o empresarios que aportan dinero durante las campañas electorales para después obtener alguna prebenda.

El destino del PRD seguirá marcado por los grupos que sólo aceptan los resultados electorales que les favorecen y rechazan, impugnan y desconocen los que pierden.

La izquierda que dice haber triunfado considera legítimo el derecho a privatizar e invadir calles, a obstaculizar el libre tránsito o las actividades de las personas para obtener, mediante la presión, el beneficio clientelar de unos cuantos. Y así no tiene ninguna autoridad moral.