abril 15, 2008

In Memoriam - Miguel Galván

Documenta Ortega en video intervención de AMLO en elección

Redacción
El Universal
Ciudad de México
Martes 15 de abril de 2008



En un formato de documental, incluye la propaganda distribuida por Encinas, la carta de López Obrador y spots de radio difundidos en estaciones del interior de la República

A punto de cumplirse un mes de la elección interna por la presidencia del PRD, el candidato de Nueva Izquierda, Jesús Ortega, produjo un video para documentar la intervención de Andrés Manuel López Obrador, René Bejarano y el gobernador priísta de Colima, Ney Gonzalez, en el proceso a favor de la candidatura de Alejandro Encinas.

En un formato de documental, incluye la propaganda distribuida por Encinas, la carta de López Obrador y spots de radio difundidos en estaciones del interior de la República. El contenido destaca la existencia de una campaña de odio, fomentada principalmente desde el portal Sendero del Peje, en contra Ortega.

El video, llamado Democracia e Intolerancia, testimonio de la manipulación electoral en el PRD, da cuenta de la posición del candidato de Nueva Izquierda para que concluya el conteo de votos, de la elección realizada el 16 de marzo. EL UNIVERSAL confirmó con el equipo de Ortega la autoría del documental.

La toma del Congreso - Golpe de Estado en España - febrero 23, 1981

Que se sigan equivocando

Jorge Fernández Menéndez
Razones
exonline.com

Ochenta y cinco por ciento de la población rechaza las acciones tomadas por el PRD para “clausurar” (como lo han intentado, siempre, todos los golpistas) el Congreso de la Unión, según las encuestas dadas a conocer en las últimas horas. Para fortalecer esa impresión, los dirigentes perredistas y López Obrador han decidido, por lo menos al momento de escribir estas líneas, endurecer su posición e insisten en que no abandonarán las tribunas si no se da un debate con el formato, el tiempo y hasta los ponentes que ellos desean, que se debería extender por lo menos hasta agosto, con el objetivo de que se engarce con el Informe presidencial, mientras mantienen paralizado al país más de cuatro meses.

Cuando tu enemigo se equivoca, dicen los que saben, no debes distraerlo. Y el lopezobradorismo se ha equivocado con esta acción tanto como con el famoso plantón de 2006: no tiene apoyo social; no hay repercusiones positivas en los medios (se quejaba López, después de que durante dos meses tuvo más cobertura que nadie en el mundo político, de que los medios lo han criticado, ¿qué esperaba?, ¿acaso recibió muchas felicitaciones Tejero cuando tomó a punta de pistola Las Cortes españolas para tratar de frenar la transición democrática?); han unificado a los otros partidos en su contra y han puesto en evidencia las fracturas internas en el perredismo. La gente ha recibido muy mal la medida y López no llega a comprender que en el resto del país sus decisiones parecen esotéricas y no tienen seguidores. De alguna manera busca salir del problema y lo dijo el domingo: hay un nuevo “compló”, éste es mediático e incluye a la Suprema Corte (¿será porque aún tiene procesos penales abiertos o porque la elección del PRD terminará en el Tribunal Electoral?) y, para levantar las tomas, se debe hacer exactamente lo que dice e intentar imponer partidos que tiene un poco menos de un tercio del Congreso.

La tentación entonces es enviarlos tan al diablo como ellos mandan las instituciones, como lo volvió a repetir el domingo López. Pero sería un error. En parte es lo que estos personajes quieren: la utilización de la fuerza pública por el gobierno federal. Y como saben que es difícil aplicarla contra un grupo de patanes con fuero, chantajean con que la única salida debe ser el diálogo interminable que proponen. En realidad hay que buscar medidas que se escapen de esas dos opciones para seguir trabajando, si es con un sector del PRD mejor, si el síndrome de Estocolmo se los impide, ni modo. La fuerza pública debe estar y contener los intentos de tomas más violentas de los recintos. En el fin de semana, la idea que tenían quienes encabezan esta movilización es que las llamadas adelitas tomaran los salones de sesiones, sobre todo en el Senado. El pequeño detalle es que ellas no tienen fuero y eso no puede permitirse. Son grupos pequeños pero provocadores, de alguna manera se debe mantener el control del proceso en una ciudad como la de México, que no garantiza los derechos de los ciudadanos cuando debe tomar acciones contra la infantería de su jefe político. Ahí estaban el domingo, en un acto destinado a desconocer a las instituciones del país y a apoyar medidas que violan la ley, el secretario de Gobierno, el de Desarrollo Social y el secretario de Seguridad Pública capitalinos.

Pero el tema es el debate: el jueves, cuando se tomaron las tribunas, ya tenía en sus manos Carlos Navarrete el acuerdo para un debate de tres semanas, más que suficiente en el caso de un tema del que se ha hablado hasta el hartazgo durante años, con el fin de analizar al sector y la iniciativa. Incluso con ello el PRD hubiera impedido que se aprobaran las iniciativas durante este periodo ordinario de sesiones. Ahora se propone un debate de 50 días y todo indica que el FAP también lo rechazará. La opción debe ser clara: el PRD acepta la propuesta o se queda sin ella. Porque se puede avanzar de otras formas: por ejemplo, ¿qué mejor que una consulta sin límites?, ¿qué sucedería si el Congreso abre mañana mismo un espacio en internet para que todas las instituciones, todos los especialistas, todos los ciudadanos que tengan propuestas que hacer en el tema, puedan presentarlas? Un espacio que sea de acceso abierto para poder revisarlas, leerlas, valorarlas. ¿Qué sucedería si la Comisión de Energía, con un comité asesor funcional, designado por dos tercios de sus integrantes, revisa todas esas propuestas en tres semanas y, luego, con base en ellas, hace las modificaciones o agregados que sean necesarios?, ¿qué sería más universal, más amplio, más democrático que una consulta así?

Al mismo tiempo se debe seguir con la agenda legislativa: en la Cámara de Diputados hay iniciativas de todo tipo (cerca de 40) que abarcan gran cantidad de temas, desde la educación media hasta la designación del contralor del IFE. Una opción pueden ser las sedes alternas, pero ocurriría lo mismo: para tomar la tribuna no se necesitan decenas, con que unos hooligans con fuero se abalancen sobre ellas es suficiente. Se debe legislar en el Congreso, pero en ocasiones se olvida que no necesariamente hay que hacerlo en el pleno y esas iniciativas necesitan sólo una mayoría simple para ser aprobadas: ¿están dispuestos todos los legisladores del FAP a no intervenir en estos debates y en la elaboración de esas leyes? En última instancia tendrán que asumir su responsabilidad: se subordinan a lo que diga López o toman sus respectivas decisiones.

Si el PRD no quiere debatir, que no lo haga, si no quiere participar del proceso legislativo, que quede fuera, si sus funcionarios y dirigentes creen que un día pueden desconocer a las instituciones y al otro día pedirles desde recursos y apoyos políticos, alguien tiene que recordarles su contradicción. Que se sigan equivocando y alejándose de la gente, pero que alguien se encargue de hacerles pagar la factura. En política nada es gratis.

El chiste de los 75 días

Carlos Marín
Milenio
cmarin@milenio.com

La teatral solemnidad con que Andrés Manuel López Obrador y sus legisladores arguyen que se requieren 75 días hábiles (15 temas, uno por semana con descanso sábados y domingos) para debatir con amplitud la iniciativa de reforma petrolera, en realidad es un chiste.

Broma que, al paralizar el Congreso de la Unión, sumarse al desconocimiento del “espurio” Felipe Calderón y a la acusación de que la Suprema Corte está en manos de ministros “protectores de políticos corruptos y delincuentes de cuello blanco”, descalifica a los poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial del Estado mexicano.

Con la cara sucia y sin autoridad moral tras la funesta elección interna del PRD, estos “defensores de la patria” con seguridad ignoran que toda la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (no sólo algunas leyes) fue debatida y aprobada ¡en 62 días!: del 1 de diciembre de 1916 al 31 de enero de 1917, y que sus redactores pudieron celebrar las fiestas de fin de año y comprar juguetes para el Día de Reyes.

¿Qué hacer?

Leo Zuckermann
Juegos de Poder
exonline.com
abril 15, 2008

En mi artículo de ayer argumentaba que la mayoría ciudadana debe defender al sistema democrático hoy amenazado por un grupúsculo autoritario que ha secuestrado al Congreso. Recibí muchos correos preguntándome qué hacer. Un lector, por ejemplo, me dice que está de acuerdo en que ha llegado la hora de enseñar el músculo de la mayoría: “Sin embargo, me pregunto si este enunciado, tan apropiado para este momento, no es también un eufemismo. En consecuencia, te pido que fueses más claro. Si recomiendas que enseñemos el músculo, ¿qué acciones específicas propones? Espero que no vayas a responder diciendo que tú sólo eres un articulista”.

Ni me voy a salir por las ramas ni voy a utilizar eufemismos, pero advierto que no tengo una respuesta contundente. Si la tuviera, ya la hubiera dado. Lo que pretendía con mi artículo era precisamente comenzar una discusión de si ha llegado el momento de enseñar el músculo de la mayoría y cómo podría hacerse.

Un lector sugiere la convocatoria a una marcha similar a la que se realizó en junio de 2004 en contra de la inseguridad: “Que nos digan adónde y cuándo que nosotros vamos”. Primer problema que hay que discutir: ¿quién y cómo se convoca?

Quisiera recordar lo que sucedió en Colombia en febrero pasado. Resulta que Óscar Morales, ciudadano común y corriente, ingeniero de profesión, convocó a una marcha en contra de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) que han asolado a su país por tantos años. Desde su casa en Barranquilla, lanzó la convocatoria a través del sitio de internet de Facebook. Jóvenes internautas se fueron sumando al llamado. El resultado fue impresionante. La mayoría silenciosa efectivamente salió a las calles a protestar en las ciudades colombianas e incluso de otras naciones. Cansados del terrorismo extremista, millones repudiaron a las FARC. En Bogotá se abarrotaron todas las plazas públicas. Al respecto, un sazonado político colombiano dijo: “Fue una expresión de la sociedad civil que el país no conocía en toda su historia. Una expresión que desbordó los partidos políticos, los sindicatos y las instituciones”.

Fue la convocatoria de un simple ciudadano en internet que prendió como la pólvora. ¿Por qué? Por el hartazgo de la mayoría de los abusos de una minoría. Llegamos, entonces, a otra pregunta para el caso mexicano: ¿existe el hastío de la mayoría para movilizarse en contra de una minoría que amenaza a la democracia? En 2004, cientos de miles de personas salieron a protestar en la Ciudad de México porque estaban hartos de la inseguridad. Había mucha molestia. ¿La hay hoy como para manifestarse en contra de las tomas de las tribunas del Congreso?

Muchos lectores, de hecho, se muestran escépticos: “No me imagino a la gente que sí cree en la democracia en plantones frente a las oficinas de AMLO. No me imagino a la gente que sí trabaja y produce en marchas y bloqueos. Eso está hecho para los vividores que no tienen oficio ni beneficio, que cobran por cada mitin al que asisten como borregos”. Otro lector va más allá: “¿Hablar con mi diputado? Pérdida de tiempo y dinero. ¿Mandarle un mensaje a AMLO? Sería para el bote de la basura y para que se burlen de mi opinión. ¿Irme al Zócalo a abuchear a los acarreados? Me linchan. ¿Levantarme en armas? Me fusila el Ejército además de acusarme de narco. ¿Mandar mis opiniones a los periódicos? Ya vio lo que opina AMLO de los medios, llevándolos al ridículo ¿Entonces? Aparte de votar en las urnas el próximo año, ¿hay otra salida? Millones de mexicanos esperamos una respuesta”.

Creo que debe haberla. Por lo menos hay que discutirla. No puede ser que la mayoría se quede callada frente a otro atropello más en contra de las instituciones democráticas. Ellos, de hecho, buscan que los repriman las fuerzas del orden. Lo mejor sería una muestra ciudadana de gran alcance para que se den cuenta que no tienen el monopolio de la movilización social. Insisto: ha llegado la hora de demostrar el músculo de la mayoría. Sigamos discutiendo cómo hacerlo. Y después de la discusión, la acción.

'¿Quién los entiende...?' por Paco Calderón