abril 28, 2008

Parábola de los amorosos

Carlos Marín
El asalto a la razón
Milenio
cmarin@milenio.com

No era necesario conocer la deshonrosa discusión entre Carlos Navarrete y Andrés Manuel López Obrador para corroborar que hace ya mucho se resolvió la adivinanza:

La patria no es, Pemex no es, la soberanía no es, “la gente” no es, “el pueblo” no es, pero los reporteros que pusieron grabadoras en la ventana del cuartel general del movimiento “por la defensa del petróleo” documentaron lo que sí es: la canija necedad por el Palacio Nacional, si no se puede antes, aunque sea en 2012.

Así se entiende, por hilarante que a los escépticos les haya parecido, el mensaje de ayer en la Plaza de la Constitución, donde López Obrador admitió que no puede aún cantar victoria.

Pretextó que “es mucha la codicia de quienes quieren convertir la industria petrolera nacional en una negocio privado”, e insistió en que los malosos Calderón y Mouriño (con “sus socios nacionales y extranjeros”) necesitan que se apruebe la iniciativa petrolera para blindarse y “atracar con impunidad en todo el sector energético”.

El tremendismo de su discurso fue proporcional a la magnitud de lo que se propone hacer mientras el debate de la iniciativa discurre y no se llegue al momento fatal en que la mayoría en el Congreso apruebe, con los remiendos que se quiera, la reforma que tan poco le importa pero tanto aire le ha dado a López Obrador.

Para junio, calculó, los 100 mil adelitas y adelitos que lo siguen se habrán duplicado y visitarán casas en todo el país para entrar (con él en la primera línea) “en comunicación de manera permanente con diez millones de familias”. Esto quiere decir que la venta puerta por puerta del susto, con la Buena Nueva de que alguien se preocupa por los mexicanos, competirá con el proselitismo tenaz de los testigos de Jehová y otros “protestantes”.

A los recelosos que no faltan en su feligresía, López Obrador les hizo ver que “la razón tarda mucho en madurar” pero “siempre llega y entonces se convierte en verdad de todos”.

Patrimonialista en el manejo de su liderazgo, este domingo, en ecuménico duelo con su vecino ocasional, el cardenal Norberto Rivera, fue más bien apostólico y pastoral:

“Aceptemos la afirmación del amor como la mejor forma de hacer política. No debe caber en nosotros ni el odio ni la amargura. Seamos el amor que todo lo da. Amar es perdonar en todo instante. Que nos mueva el amor a la Patria y la vocación humanista del amor al prójimo. Luchar por los pobres, los humillados y los ofendidos, es nuestro propósito esencial. Tengamos la confianza de que la fuerza del amor se impondrá sobre la codicia y la manipulación…”, predicó.

Por lo pronto, pues, abonó la tierra de la desesperanza que sembró con su letal intromisión en la elección interna de su partido y con la orden a sus incondicionales (con toda su secuela) de asaltar el Congreso.

Tiempo hay para todo, reza el Eclesiastés, y mientras viene el tiempo de guerra, esta vez se lo dio para “amar”.

Cuando llegue el madruguete de agosto

Ciro Gómez Leyva
La Historia en Breve
gomezleyva@milenio.com

Desocupadas las tribunas del Congreso, y una vez que Andrés Manuel López Obrador mandó el conflicto en torno de Pemex a una pausa, vale preguntar qué podría pasar cuando concluya la ronda de debates, hacia finales de julio.

La política es el reino de lo incierto y lo complejo, cierto, pero hay experiencia y evidencia para proponer que el PRD radical y el lopezobradorismo no se retirarán a observar cómo la mayoría del PAN y el PRI votan una reforma de Pemex, quizá corregida, quizá mejorada, pero siempre sospechosa para ellos.

Yo no confiaría en que quienes se dicen los triunfadores de abril vayan a respetar en agosto el punto 16 del acuerdo que firmaron el viernes para liberar las tribunas: “… se iniciará en el Senado el proceso de análisis, debate y dictamen de las iniciativas que se hubieran presentado”. Es decir, se procedería a legislar la reforma. De ahí la pregunta a Manlio Fabio Beltrones, líder de los senadores del PRI: ¿Y si atenazan al Congreso para evitar el nuevo madruguete, el nuevo mayoriteo, se puede pedir la intervención de la fuerza pública?

—Soy optimista —responde—. Ya pasamos el momento del combate, sigue el momento del debate y después nos tenemos que acercar a los acuerdos.

—¿Si “secuestran” en serio el Congreso?

—Los presidentes de las mesas directivas en el Senado y la Cámara de Diputados tienen, sí, facultades para llamar a la fuerza pública para que se nos brinden garantías adentro de los recintos para sesionar. Eso es sólo lo que dicen las leyes y estatutos. No lo estoy sugiriendo, sólo estoy respondiendo a tu pregunta. No es lo más sano, no es lo más conveniente.

No. Pero creo que para allá vamos. No soy tan optimista.

‘Roba’ Fox cámara

Claudio Jorge Blanco
AM

No cabe duda: Fox sigue siendo Fox. Apenas se apareció en los pasillos de Sapica y como un imán jaló todo, igual funcionarios, fotógrafos, zapateros, reporteros, miradas, sonrisas, regalos, aplausos, saludos, peticiones y hasta una buena parte de la comitiva del gobernador Oliva.


Ayer fue una inauguración de Sapica diferente, anecdótica, divertida, sugerente.

Todo estaba planeado para que la comitiva principal fuera la del Gobernador; le programaron una visita de seis horas, estaba de buen humor, lo acompañaron sus más fieles colaboradores y era la más alta autoridad en el recinto.

Y así comenzó el día: de entrada se tomó la foto con el aguerrido líder empresarial Aurelio Martínez, lo saludó y hasta sonrió para los fotógrafos, anunció apoyos a Sapica y recibió aplausos.

Luego vino el corte del listón, ese que su antecesor Juan Carlos Romero nunca quiso hacer.

El Gobernador iba feliz; saludaba, posaba para la foto, accedía a ir a los stands, revisaba calzado, sonreía, bromeaba, en fin se veía que disfrutaba el momento.

Pero en un momento el protagonista cambió. Del stand de Quirelli, propiedad del empresario y funcionario Luis Quirós, salieron Vicente Fox y Marta Sahagún.

Iban escoltados por un grupo de jovencitas uniformadas con playeras con el logo de Centro Fox; ellas repartían folletos mientras Vicente y Marta repartían saludos y sonrisas.

Se encontraron con Juan Manuel Oliva y la comitiva y todo cambió para ambos. Fox y Oliva se saludaron, bromearon, se tomaron la foto y luego se despidieron.

Fue en ese momento cuando volvió el efecto Fox, pero esta vez no en los votos, sino en la comitiva.

Literalmente Fox robó cámara, todos querían foto con Fox, muchos querían que visitara su stand y otros, como Luis Ernesto Ayala o el propio presidente de Sapica, Demetrio Martín Dueñas, o José Mendoza Márquez, se fueron a seguirlo para saludarlo o simplemente verlo caminar.

Igual Elías Villegas sonriente al saludar a Fox, pero parco y serio con Marta.

Como tratando de no robar reflectores, Vicente y Marta se metieron a los pasillos de personal de Poliforum y salieron directo a su stand, el de Centro Fox, allí se dieron tiempo y se tomaron la foto.

Luego siguieron su camino a la puerta, se despidieron de sus colaboradoras, de quienes los saludaban. Fox abrió la puerta de aquel controvertido Jaguar de Marta y se retiraron, eso sí, por la puerta del frente.

La comitiva de Oliva volvió a tomar forma y siguió su recorrido.

La guerra detrás del petróleo

Agustín Basave
exonline.com

En la contienda política endurecimiento llama a endurecimiento. Cuando un extremismo gana fuerza el del signo opuesto también se fortalece. Por eso las radicalizaciones se tocan.

Enhorabuena, Pascal

Todos estamos pendientes de la guerra del petróleo. Me refiero a las batallas que están sosteniendo en torno a la reforma a Pemex el Frente Amplio Progresista y el Partido Acción Nacional o, mejor dicho, Andrés Manuel López Obrador y Felipe Calderón. Seguimos con atención los encuentros y desencuentros y las negociaciones entre las partes. Pero a menudo se nos escapa que hay otras dos escaramuzas menos visibles pero más importantes. Son las que libran los grupos de radicales y moderados de cada lado: aquellas que nada tienen que ver con el petróleo y en las que se enfrentan los duros que quieren aprovechar la coyuntura para deshacerse del enemigo contra los negociadores de que buscan solucionar el conflicto sin aniquilar al adversario.

No son dos sino cuatro, pues, los grupos en combate. En una trinchera se baten en una refriega intestina quienes representan a la extrema izquierda (EI) y al centro izquierda (CI), cada uno con objetivos y estrategias significativamente distintos. Los de la EI están convencidos de que nunca los dejarán llegar por la vía electoral y se proponen derrocar a Calderón o al menos atrofiar su Presidencia —se trata de algo muy parecido a la ruta boliviana—, por lo que no aceptan que se legisle en relación con Pemex. Es decir, su verdadera oposición no es sólo al proyecto gubernamental sino a cualquier reforma, porque consideran que aun si se aceptaran las demandas del FAP los cambios resultantes mejorarían la situación de la paraestatal, beneficiarían al gobierno y alejarían la posibilidad de forzar la renuncia del Presidente. En ese sentido, el tema del petróleo es bandera de movilización y debate y referéndum son propuestas para ganar tiempo y preparar la insurrección civil. Los del CI, en cambio, pretenden impedir que se aprueben como están las iniciativas del gobierno, pero no desechan la posibilidad de que se negocie una reforma sin rasgos privatizadores que incluya la autonomía de gestión y medidas en contra de la corrupción en la empresa y en el sindicato. Ellos sí creen que pueden llegar al poder por las urnas y su apuesta es ganarse a la opinión pública y traducir ese apoyo en una votación mayoritaria, y por eso son renuentes a las tomas de tribunas y a las protestas en la calle.

En la otra trinchera chocan los representantes de la extrema derecha (ED) y los del centro derecha (CD). Los de la ED quieren aprovechar la coyuntura para desaparecer o al menos diezmar al lopezobradorismo, y por eso empujan a la aprobación de las iniciativas en el menor tiempo posible y sin mayores modificaciones. Su intención es provocar protestas callejeras, sostener una campaña mediática para generar la animadversión ciudadana contra López Obrador y preparar así la represión y el desmembramiento o la desarticulación de su movimiento. En otras palabras, y dado que las restricciones impuestas al PAN por el PRI impidieron que se enviara al Congreso una propuesta de enmienda constitucional a favor de la privatización, lo que pretenden es impulsar una reforma lo suficientemente provocadora para causar el desgaste del principal líder de oposición y acabar con él de una vez por todas. Los del CD, por su parte, desean lograr una transformación de Pemex que le dé al gobierno apoyos y beneficios económicos y el respaldo de la mayoría del electorado para conservar el poder. No quieren arriesgarse a que las movilizaciones se salgan de control y a que tengan que pagar el costo político de otro Atenco o de un nuevo Tlatelolco.

En suma, la EI y la ED pugnan por que se desate la crisis, mientras que el CI y el CD se mueven bajo la lógica electoral. Pese a que, a juzgar por la vehemencia de sus desplantes, todos están seguros de que el escenario les sería favorable, no está claro quién ganaría en cada caso. Lo cierto es que en la contienda política endurecimiento llama a endurecimiento. Cuando un extremismo gana fuerza el del signo opuesto también se fortalece. Por eso, porque ambos asumen que tienen que inducir un estallido social para obtener el triunfo, sea por medio de la demolición de un régimen irredimible o mediante la destrucción de un opositor intransigente, las radicalizaciones se tocan. Comparten la percepción de que viven en el peor de los mundos posibles o bien que el nuevo orden de cosas traerá consigo el paraíso terrenal, aunque la historia haya refutado una y otra cosa. Y es que sólo de esa manera pueden justificar el sufrimiento y la desolación que golpea a todos cuando un país llega a una confrontación violenta.

Contra lo que sostienen algunos analistas, yo no creo que AMLO y FCH estén ya encabezando a sus respectivas alas radicales. Quiero pensar que están tocando de oído, que en esta guerra oculta escuchan a sus duros y a sus negociadores y que por momentos se inclinan a una u otra estrategia, pero que al final imperarán la prudencia y la sensatez. Confío en que ambos están conscientes de que en este país hay un umbral de violencia irreversible, un lindero que separa la paz del caos cuya nebulosidad torna irresponsable un acercamiento a guisa de amago. Y hago votos por que la conflagración de verdad, la que presupone cualquiera de los prolegómenos de una guerra civil, sea inequívocamente conjurada por el bien de México.

abasave@prodigy.net.mx

En suma, la EI y la ED pugnan por que se desate la crisis, mientras que el CI y el CD se mueven bajo la lógica electoral.

¿De qué se trata?

Macario Schettino
El Universal

EL UNIVERSAL, en nota de Jorge Octavio Ochoa, ha documentado, una vez más, el estilo personal de gobernar de López Obrador. Nadie puede llamarse a engaño a partir de ese momento. Antes, podían mantenerse dudas, pero ya no más.

Para quien no comprenda aún de qué se trata lo que estamos viendo, lo pondré con todas sus letras: es un intento más de restauración autoritaria. López Obrador representa el regreso a los peores tiempos del régimen de la Revolución, a esa versión fársica que vivimos en los años 70, que es la responsable del deterioro general del país, en lo político, en lo económico y en lo social.

Fue esa versión del nacionalismo revolucionario la que destruyó al sistema educativo nacional, la que pervirtió a las universidades públicas, la que llevó a la quiebra la economía, la que institucionalizó el crimen. Aunque todavía hoy sus intelectuales se sigan defendiendo por el simple expediente de culpar a otros: a la globalización, al neoliberalismo, a quien sea, menos reconocer que ellos, amparados en Echeverría y López Portillo, acabaron con el país.

Hoy, son precisamente esos mismos intelectuales los que rodean a López Obrador, y exigen un debate en el que repetirán lo que dijeron hace 30 años, lo que hicieron hace 30 años. Porque ellos mismos sugirieron usar a Pemex como fuente de ingresos para el gobierno. Ellos fueron quienes promovieron el abuso del petróleo para sus faraónicos proyectos de desarrollo. Y lo hicieron entonces como ahora, amparados en el autoritarismo del líder.

Lo que hoy estamos viviendo es todavía parte del proceso de cambio de régimen. Aunque el surgido de la Revolución llegó a su fin en 1997, con la pérdida de mayoría del PRI en la Cámara de Diputados, eso no ha significado su muerte. El antiguo régimen vive en esos intelectuales que no pueden pensar fuera del marco de la Revolución. Vive en los grupos que fueron privilegiados, y no están dispuestos a renunciar a sus prebendas. Vive en los millones de mexicanos incapacitados por el sistema educativo, hoy convertidos en lumpen, como se decía antes. Carne de cañón para las brigadas.

Nadie debe confundirse pensando que estos grupos buscan el bienestar nacional. Se trata sólo de la lucha por el poder. Se trata de una restauración autoritaria en forma. Y como tal, no puede darse dentro del marco institucional de la democracia.

No se trata de defender a la patria, como cínicamente dicen, sino de tomarla bajo su control, para su beneficio, para poder regresar a ese sistema autoritario, corrupto y corruptor, en el que ellos se hicieron y que hoy representan. La patria que dicen defender es ese inmenso fracaso que fue México durante el siglo pasado, precisamente gracias a ellos. Quieren volver al poder para destruir lo poco que ha quedado. Porque el poder lo vale, porque nada se compara con él, porque humillar, violentar, insultar, robar sin castigo no tiene comparación. Y eso quieren volver a hacer, como lo hicieron antes.

Pero este país ha cambiado. Hoy, no representan a la mayoría de los mexicanos, ni mucho menos. Hoy sólo le apuestan a la restauración unos pocos intelectuales, viejos en edad y en ideas, unos pocos grupos de vividores del antiguo régimen, algunos políticos hechos a la genuflexión, y varios miles de lúmpenes, ahora brigadistas, que con fe de carbonero siguen a su redentor. Redentor que los sacrificará cuando lo necesite, a todos ellos, como ya lo ha hecho antes.

El régimen de la Revolución le hizo mucho daño a México. Fuimos un fracaso. Construimos un país sin democracia, sin competitividad y sin justicia. Y a eso quieren que regresemos. No hay manera de aceptar esa propuesta. Porque ya sabemos que ese camino lleva al precipicio. Es necesario que lo digamos con toda claridad, que el resto de las fuerzas políticas reconozca, de una vez por todas, que el camino seguido por México era equivocado. Es necesario criticar nuestro pasado, para no perder también el futuro.

www.macario.com.mx

Profesor de Humanidades del ITESM-CCM

El Decálogo

Pedro Ferriz
El búho no ha muerto
exonline.com

Todos queremos ser poderosos… Influir en los demás, es la pretensión más elaborada del ser humano. Determinar el destino de lo que es iluminado por el sol, ha sido en la historia, causa de enfrentamiento, crueldad,… y las más altas y bajas pasiones. Ejercer el poder implica usar la fuerza de otros, en aras de dominarlos. Pensar en tu entorno, para después poseerlo. No tiene remedio. Quien lleva la batuta, argumenta siempre una conveniencia para el prójimo… bajo una honda premisa de egoísmo. Estos últimos días me han resultado de utilidad suprema. Me gusta observar acontecimientos, para capitalizarlos. Lo que condujo a mi mente a elaborar este pequeño manual, para todo aquel que quiera dominar su esfera.

1.-Es más cómodo ejercer el poder desde la oscuridad. Nadie reclama lo que oficialmente es invisible. Recuerdo que hace poco el Presidente festejó su cumpleaños. Le exigieron cuentas, hasta de quién pago por los refrescos. AMLO podrá hacer una bacanal en su aniversario… nadie reclamará.

2.-Apuesta a la desmemoria. Si tú en algún momento dijiste… “al diablo con las instituciones” y hoy atentas contra ellas. No te preocupes. La gente olvida. Transitarás por el campo fértil de la impunidad.

3.-Si quieres hacer tu voluntad, invita a que todos opinen. Acabarán haciendo lo que quieres. Hoy que estamos por decidir el futuro de nuestro petróleo, haz que hable todo México. De todas maneras ya sabemos que en fondo se hará todo lo que no rebase tu trinchera.

4.- No tengas miedo en romper la estabilidad o la paz. Impón tu ley, aunque no sea legal. Siempre habrá un dueño para el temor. No te preocupes. Que otros lo hagan. Tú adelante y atenta contra lo que otros consideren sagrado.

5.- Envuélvete en una manta de tejido más fuerte que la de tu adversario. Si la causa de otros es “el tesoro”, que la tuya sea… México.

6.- Sorprende al enemigo. Cambia de estrategia. Confunde hasta dejarlo atónito. Ponlo en evidencia. Debilita a tu adversario. Su abatimiento ante terceros te hará fuerte. Si tu enemigo proyectaba poder… mostrarlo arrinconado, será un deleite.

7.- Si quieres ganar el fondo, ubica la discusión en la forma. Acabarás venciendo. Hasta hace poco, todos queríamos un mejor Pemex así como formas para llegar a nuevos recursos. Hoy la gresca es… por los días que durará el debate.

8.- Confronta. Tu real fortaleza está ubicada en la medida que logres dividir a tu adversario. Dividir para vencer. Dos gallos en pelea, te dejan libre a las gallinas.

9.- Tú eres honesto y valiente. No pesará que sean condiciones basadas en una austeridad ficticia y un valor cobarde. No importa lo que seas. Lo vital es lo que aparentas ser.

10.- Si todos piensan que ya acabaste. Vuélvelo a hacer. Hoy, todos gritamos de alegría porque la República ha sido liberada. El dulce triunfo de amargas secuelas. ¿Hasta cuándo gozaremos de ésta cálida estabilidad?... Hasta que lleguemos a conclusiones que no me parezcan, para volver a empezar.

Aplica este decálogo hasta romper la vara. Que después de todo, siempre será posible de que todos piensen, que la vara se rompió… nunca que fuiste tú.

Lanzo un lamento por el futuro. Veo nubes oscuras en el firmamento. La semilla de una plaga, se ha fijado a nuestro suelo… Y no veo el valor para segarla de raíz.