junio 02, 2008

Calvos con pelo "clonado"

BBC Ciencia

Células cultivadas en laboratorios podrían ofrecer una solución a la calvicie, indican los resultados de unos experimentos preeliminares efectuados en el Reino Unido.

La técnica involucra tomar pequeñas cantidades de células de cabello que no se hayan atrofiado aún y multiplicarlas para poder inyectarlas en las áreas donde ya no crece pelo.


Seis meses después de recibir el tratamiento, a 11 de los 19 pacientes les había crecido cabello, anunciaron en una conferencia en Italia los científicos británicos a cargo del estudio.

Pero para no alentar falsas ilusiones, uno de los especialistas advirtió que falta mejorar la técnica para que el nuevo cabello se vea bien.

Retrocediendo el tiempo

La pérdida de cabello afecta al 40% de los hombres mayores de 50 años de edad y puede convertirse en un problema permanente para algunas personas por quemaduras o tras recibir radioterapia.

Uno de los métodos contra la calvicie que se utiliza en este momento implica tomar -bajo anestesia local- grandes cantidades de los folículos que sobreviven y transplantarlos a las áreas deseadas, una técnica que depende de la cantidad de cabello que quede, pues no se genera nada nuevo.
El método presentado, llamado implantación de células foliculares, fue desarrollado por la firma británica Intercytex y promete llegar ofrecer un suministro ilimitado de células "de repuesto".

Si las pruebas que se disponen a realizar demuestran que es un método seguro y efectivo, el remedio podría estar a disposición de quienes lo requieran en cuestión de cinco años.

Revolución del cabello

El doctor Paul Kemp, de Intercytex, opina que el tratamiento "revolucionará el cuidado del cabello: la gente lo usará apenas empiecen a quedarse calvos".

"Vendrán y tomaremos algunas de sus células, las cultivaremos en el laboratorio, congelaremos la mayoría y les inyectaremos algunas", vaticina.

"Podrán seguir viniendo a medida que la calvicie se desarrolla. Estoy convencido de que funcionará... es cuestión de afinar la técnica".
Kemp añade que los mismos principios se podrían aplicar en el futuro para cultivar dientes u otros órganos de repuesto.

"Cada hebra de cabello es un pequeño órgano, al fin y al cabo".

Para el doctor Val Randall, del Departamento de Ciencias Biomédicas de la Universidad de Bradford, Reino Unido, explicó a la BBC que la noticia es "emocionante", pero aún le falta mucho camino que recorrer en el laboratorio.

"Lograr que cualquier cosa crezca es un gran logro, aunque será difícil hacer que el cabello crezca bien, en la dirección correcta, con la alineación correcta", recalcó el especialista en estudios celulares del cabello humano.

Amnistía necea

Carlos Marín
El asalto a la razón
Milenio

El director ejecutivo local de Amnistía Internacional quiso hacer “aclaraciones” a lo publicado el jueves por Ciro Gómez Leyva (Dejaron de cuidar las palabras) y el autor de estas líneas (Patinó Amnistía), pero más bien avivó la suspicacia que provoca el más fresco informe de la organización sobre México.

Alberto Herrera Aragón (MILENIO del sábado) justificó las generalizaciones “políticamente correctas” del reporte, las insinuaciones retorcidas y hasta el certificado de autenticidad que AI extendió a una escatológica patraña.

¿Descuidos de lenguaje (como se planteó en La historia en breve) o rectificables patinadas (en El asalto a la razón)? No: actos deliberados que subvierten el sentido de un informe que se ansía preciso pero siembra confusión.

Ciro escribió: Le digo a Alberto Herrera, director de AI en México, que práctica generalizada de tortura eran los centros de interrogación de la dictadura argentina. Lo reconoce, pero dice que hay una tendencia a no garantizar que los actos de tortura lleguen satisfactoriamente al sistema de Justicia. Le digo que eso no significa práctica generalizada. Insiste que no hay un sistema sólido al que puedan acudir las víctimas. Que me disculpe, pero AI no está cuidando las palabras. El informe indica también que México es uno de los 77 países donde se restringe la libertad de expresión. ¿En qué medios, a qué periodistas? “Hay ataques reiterados, especialmente a periodistas que han dado noticias sobre narcotráfico y corrupción”, responde.
“Tenemos registrados al menos seis periodistas que fueron asesinados y otros tres que fueron secuestrados, que vienen acompañados de una serie de amenazas que han implicado autocensura”. Le digo que con nueve casos ligados al crimen crean la percepción de que el Estado mexicano censura. Responde que si el Estado cumpliera con la obligación de dar protección a los periodistas, “la libertad de expresión podría llegar a desarrollarse de manera adecuada”. Que me disculpe de nuevo. AI ha dejado de cuidar las palabras. Qué preocupante.

Y ofensivo para el resto de la sociedad, se añade aquí, que AI demande protección especial para periodistas.

Bochornoso: el informe también consigna la fantasiosa “preocupación generalizada” por el cierre del veracruzano caso de Ernestina Asención, de cuyo cadáver medró una runfla de perversos con el cuento de que había sido “violada y asesinada” por soldados.

A todo esto, Alberto Herrera “aclaró”: “No es labor de AI determinar quién(es) son los responsables de estas agresiones (esta es facultad y responsabilidad de las autoridades responsables de la procuración de justicia)”. Dice que en México se carece “de un clima en el que un ser humano (periodista o no) pueda manifestar libremente sus ideas sin temor a represalias provenientes de cualquier sector de la sociedad”.

... Y elude “aclarar” por qué AI avala el embuste de la viejita “víctima” de militares.

cmarin@milenio.com

El hereje y el cortesano

Ricardo Raphael
Analista político
El Universal

El título es de Matthew Stewart, quien lo utilizó en un libro, de manufactura relativamente reciente, sobre las vidas y las ideas de dos grandes filósofos del siglo XVII: Bento Spinoza y Gottfried Leibniz.

Se trata de un texto muy generoso en inspiración para entender los inasibles días que por ahora corren bajo nuestros puentes.

Spinoza decía que una vida sin reflexión no merecía la pena. Leibniz estaba convencido de que las burbujas son la semilla de todo cuanto existe. El primero fue un hereje, el segundo un cortesano. Spinoza vivió de pulir lentes. Leibniz inventó el cálculo.

El libro de Stewart gira alrededor del único encuentro que sostuvieron estos dos hombres. En noviembre de 1676, en la ciudad de La Haya, el hereje y el cortesano compartieron sus diferencias.

Es probable que el encuentro haya sido posible porque dentro de todo cortesano hay un hereje y viceversa. Y también porque una identidad o la otra terminan por decantarse en cada espíritu humano.

Dos fueron los ejes del contraste entre Spinoza y Leibniz: el que gira alrededor del poder y el que lo hace alrededor de las ideas. Respecto al poder, Spinoza no fue un filósofo interesado en el statu quo. En cambio Leibniz vivió para defenderlo.

El primero tuvo la desgracia (o quizá la fortuna) de ser un doble exiliado: judío de ascendencia portuguesa entre los holandeses y apóstata expatriado entre los judíos. No hubo clase, estamento, casta o corte poderosa que le acogiera.

Comenzó siendo un hereje porque negó en la sinagoga la existencia de Dios. Tenía 22 años cuando lo expatriaron de su comunidad. Aquel momento sería sólo el principio de un largo recorrido por la épica de sus razonamientos heréticos.

Leibniz, en cambio, dedicó la mayor parte de su inteligencia para agradar a los círculos del prestigio y el poder. Gastó su vida calculando cómo podía ligarse a la autoridad. Fue discípulo de catedráticos destacados y a todos aduló. Por el mismo camino obtuvo la gracia de condes, duques, una reina y un emperador.

Para entrar y salir de las diversas cortes que lo acogían, Leibniz se paseaba vestido con los ropajes del gran conciliador. Su retórica era diestra a la hora de convencer a unos y otros de la inexistencia de las diferencias políticas, religiosas o ideológicas.

Para Leibniz las contradicciones entre los poderosos sólo eran una cuestión de estilo, de forma, de modales, de cortesía (valga la redundancia). Luterano de nacimiento, este hombre de cuna alemana argumentaba que podría reunir —gracias a sus atributos de conciliador— a las iglesias católica y protestante.

No obstante, el principal objetivo de este cortesano era entrar y salir libremente de todas las cortes, y no tanto resolver los acertijos de la polarización. (Sin ruptura no hay necesidad de conciliadores y por tanto, tampoco de cortesanos).

Así como jugó al artífice del concilio, Leibniz también supo acomodar la interpretación de la realidad que él promovía con las conveniencias muy particulares de su ruta personal de vida. Inventó peligros (burbujas) donde no los había, y confeccionó planes de guerra para usar a terceros como pretexto en la reunificación religiosa de Europa.

Stewart recuerda que Leibniz llevó a la Corte de París la idea de hacer una guerra santa contra Egipto. Esto con el propósito de que protestantes y católicos volvieran a sentirse tan comúnmente cristianos como antes de la reforma luterana.

Desde cualquier punto de vista aquello era una locura, pero la propuesta dio más frutos de lo que Leibniz hubiera sospechado. Con el Plan Egipto bajo el brazo, este filósofo alemán se hizo apreciar por Luis XIV y, aún más, por su consejero Juan Bautista Colbert.

Mientras esto sucedía, Spinoza dejó de ser un hereje ninguneado para convertirse en un hereje perseguido. Sus reflexiones a propósito de la política y sobre la condiciones que permiten pensar con libertad y también ser escuchado libremente, hicieron que fuera señalado como un hombre sedicioso e impío. Leibniz dijo de su adversario que era un peligro para la religión.

La forma como se relacionan con el poder no es la única de las diferencias entre el hereje y el cortesano. La otra frontera que les divide es la que se produce con respecto a las ideas.

Mientras el hereje prefiere hacer preguntas, el cortesano gasta su tiempo en formular respuestas. Spinoza escribió un tratado sobre el complicado arte del entendimiento. A la inversa, Leibniz se esforzó —hasta el agotamiento— escribiendo discursos para convencer a los poderosos sobre sus puntos de vista, y también para que éstos pudieran luego convencer a los demás cortesanos.

Las ideas son imprescindibles para el hereje. Para el cortesano, en contraste, son utilitarias. A diferencia del hereje que suele ser acusado de ingenuidad, los cortesanos argumentan tener una relación pragmática con sus convicciones.

Los cortesanos son en realidad practicantes del relativismo. Trazan las fronteras de lo posible en función de sus muy particulares conveniencias, y no a partir de las ideas que importa poner en marcha. Su relativismo radica en que estiman más valioso permanecer en la corte, que salir de ella para defender lo justo.

Una última distinción que puede ser tratada aquí es la que el hereje y el cortesano establecen con los prejuicios. Mientras a Leibniz le preocupa mucho lo que se diga o piense de él, a Spinoza los únicos prejuicios que le interesan son los que se instalan dentro de su propia cabeza; aquellos que no le dejan mirar libre y nítidamente al mundo.

Alguien parecido a Spinoza y también a Leibniz vive hoy dentro de cada uno de nosotros. Nada de qué sorprenderse: ellos fueron fundadores de la civilización a la que pertenecemos.

Con todo, hay sociedades que poseen un potentísimo magnetismo para sacar al cortesano que llevamos dentro. Las hay también las que liberan al hereje para que participe en la confección del espacio público.

Tengo para mi tristeza que hoy en México, por razones cuyo tratamiento necesitaría de más espacio, abundan los Leibniz y escasean los Spinoza.

El callejón del mutuo reproche

Leonardo Curzio
Analista político
El Universal

En los últimos años del gobierno de Fox fueron frecuentes las críticas de funcionarios estadounidenses por la grave crisis de seguridad pública que se vivía en México.

A cada señalamiento crítico, el gobierno mexicano contestaba que en los temas de narcotráfico las críticas unilaterales no eran válidas ya que ambos países tenían una corresponsabilidad en la deteriorada situación.

El gobierno de Calderón trató de salir de esa escalada simétrica e intentó construir una iniciativa con un presidente devaluado como Bush. El acuerdo de Mérida es ahora tildado de “secreto” por legisladores como Patrick Leahy. Esta entrada en escena de los demócratas negándose a dar lo que ellos llaman un “cheque en blanco”, mete a México en el cálculo político de los demócratas y regresa el debate al 2005 al instalarnos nuevamente en el callejón del mutuo reproche.

El principio de corresponsabilidad en el combate a las drogas es el correcto y desde que se anunció la iniciativa me preguntaba, en estas mismas páginas, qué tipo de condicionamiento plantearían nuestros vecinos para autorizar el paquete financiero. Me preguntaba si el apoyo abría las puertas a una nueva forma de certificación, cosa que las autoridades mexicanas y estadounidenses negaron rotundamente.

Hoy ratificamos que nada es gratis y los demócratas han tomado el tema de los derechos humanos como cuña para desgastar a su enemigo político y poner a México en una situación complicada.

Las expresiones de legisladores demócratas diciendo que los recortes y los condicionamientos obedecen a que el gobierno mexicano no negoció directamente con ellos, es un gesto que denota la profunda incomprensión por parte de un amplio sector de la clase política estadounidense de la situación que ha vivido México en los últimos años.

Fox apostó por una mayor integración con Estados Unidos y supuso, erróneamente, que un acuerdo migratorio colmaría una aspiración mexicana y abriría una nueva etapa en las relaciones bilaterales.

El acuerdo nunca llegó, y Fox recibió una bofetada en forma de muro. Felipe Calderón apostó por desmigratizar la agenda e intentar acuerdos pragmáticos. Desde los primeros meses de su administración avanzó una agresiva agenda de extradiciones para cumplir con una vieja petición de los vecinos. La Iniciativa Mérida se interpretó como la respuesta amistosa de Estados Unidos a la nueva disposición del gobierno mexicano.

Hoy que el gobierno está a punto de decir: “No, gracias”, es claro que la discusión legislativa ha desvirtuado el propósito original de la corresponsabilidad y ha convertido los 350 millones de dólares en una especie de ayuda imperial a un país que está en el banquillo de los acusados.

No creo que a estas alturas se pueda acusar a México de obstruir el escrutinio internacional en materia de derechos humanos, por lo tanto constato que los demócratas no ponderan la delicada situación del gobierno de Felipe Calderón en esta materia e inconscientemente fomentan las posiciones de los nacionalistas revolucionarios que vuelven a poner sobre la mesa, sin que les falte razón, que Estados Unidos nos considera su patio trasero.

En el siglo XVIII, el parlamento inglés no logró comprender que si quería mantener la lealtad de las colonias americanas, el tratamiento fiscal y la representación debían ser iguales en las dos orillas del Atlántico y la razón por la que no atendió los reclamos de los americanos era porque en el fondo los despreciaba.

Creo que en el Washington contemporáneo sucede algo similar con México. Lo que pide nuestro país es sensato: profundizar con corresponsabilidad en los temas de la agenda conjunta, pero el profundo prejuicio que tienen en nuestra contra les impide comprender que en la batalla contra el crimen organizado los dos países están en la misma trinchera y que eso requiere algo más que declaraciones.

Democracia y referéndum

Macario Schettino
Profesor de Humanidades del ITESM-CCM
El Universal

Es sabido que destruir es más fácil que construir. Que es más sencillo obstaculizar, estorbar, bloquear, que ayudar. Y es también claro que no hacer nada es mucho más popular que buscar cambios. Sabiendo todo esto, no debe sorprender el éxito que han tenido hasta ahora quienes buscan impedir cualquier reforma en materia energética.

Lo que sí sorprende es la pequeñez de ese éxito, considerando, además de las humanas condiciones que mencionaba, la actual situación política. Porque el petróleo resulta ser el último gran aglutinador del nacionalismo revolucionario, y no les está alcanzando para convencer mayorías. Ni siquiera con la ayuda que implica la inoperancia del PAN y su gobierno y la taimada indefinición del PRI.

No cabe duda de que hay una gran cantidad de personas que se oponen a la reforma energética, pero no son mayoría. De hecho, son menos que quienes están a favor, de acuerdo con todas las encuestas disponibles. Es decir que si se hiciese una consulta, en los términos en que se han hecho las encuestas, habría una mayoría a favor de la propuesta del Presidente.

Sin embargo, quien propone que se realice esta auscultación popular es Marcelo Ebrard, jefe de Gobierno del DF. Hará una consulta en el DF, en donde las preferencias son exactamente las opuestas. En la capital hay una sólida mayoría en contra de la reforma energética, que es también una sólida mayoría en contra del gobierno de Calderón y a favor de López Obrador. Esta particularidad del DF ya la analizamos hace un par de años: la capital del país ha sido la gran perdedora en el proceso de finalización del régimen de la Revolución, y se sigue oponiendo a ello. Dicho de otra manera, el DF es el núcleo conservador del país, la zona que más quisiera regresar a un pasado en el que vivía del resto de la República. Los inmensos flujos de recursos que a mediados del siglo XX financiaban el centralismo se han reducido, y los capitalinos han visto cómo otras entidades crecen, mientras su ciudad se deteriora.

Y es de ese resentimiento de lo que se alimenta el movimiento de López Obrador, y de él busca cosechar también Ebrard. Sabe que si consulta a los capitalinos obtendrá el rechazo a la reforma energética y lo blandirá como evidencia frente al resto del país. Y será, efectivamente, evidencia. Es decir, mostrará hasta qué punto la capital se ha desfasado del resto; hasta dónde el DF quiere vivir en el pasado y cuán poco le importa lo que pase en el resto del país. Y será un dato más en la larga cadena de acciones inescrupulosas de los líderes del nacionalismo revolucionario. Una raya más, casi innecesaria.

Frente a este oportunismo de Ebrard, habría la posibilidad de hacer un referéndum. Total, las mismas encuestas muestran que los mexicanos quieren opinar directamente sobre el tema. Y, en realidad, sobre cualquier tema. No dudo que también quieran un referéndum sobre el precio de la gasolina, los impuestos, el financiamiento a los partidos, las aportaciones a los estados, sobre cualquier tema.

Pero si se hace un referéndum, ¿aceptarán los perredistas el resultado? Jamás, según toda la evidencia con que contamos. No han podido aceptar su derrota en la elección de 2006, a pesar de que nunca han podido documentar nada en su contra. No han podido aceptar el resultado de su elección interna. Es más, ni siquiera tienen resultado de esa elección.

El objetivo de la propuesta de Ebrard, y del largo debate, es posponer lo más posible su derrota. A ver si mientras hay una crisis económica que les permita concretar sus tentaciones golpistas. Porque no tienen ya otra manera de llegar al poder.

Si habrá referéndum: será la elección intermedia de 2009. Ahora, que los legisladores hagan su trabajo y asuman su responsabilidad. Saquen la reforma y esperen el juicio de los votos, que de eso trata la democracia. Ésa que el PRD desprecia.

www.macario.com.mx

La faramalla de la consulta

Pablo Hiriart
Vida nacional
exonline.com

La “consulta popular” que promueve López Obrador a través del jefe de Gobierno del Distrito Federal, para determinar si acepta o no la reforma petrolera presentada por el Ejecutivo, es otra tomadura de pelo.

Y el anuncio hecho por Marcelo Ebrard de que ya hay 15 gobiernos estatales que han aceptado organizar la consulta es fanfarronería pura.

No hay nada de eso. Es sólo parte de la estrategia para crispar el ambiente, acalambrar al gobierno, engañar a incautos y hacer un mitote que les va a dar argumentos para sus siguientes pasos.

En eso son especialistas, en la grilla, que es muy distinta de la política.

Después de reunirse con el jefe de Gobierno, el dirigente interino del PRD, Guadalupe Acosta Naranjo, dijo que su partido “avala” la consulta nacional que va a realizarse el 27 de julio, un día después de que terminan los foros de discusión en el Senado.

Entonces, ¿para que querían los debates en el Senado?

Supuestamente era una consulta con especialistas, al cabo de la cual los integrantes de las comisiones legislativas correspondientes elaborarían un dictamen para ser presentado al pleno de la Cámara de Senadores.

Eso que se hizo, el debate, pierde sentido si al día siguiente de su conclusión se realiza una consulta nacional (al estilo PRD).

Aquí apuntamos otra vez que ese debate, interesante y necesario para enriquecer o modificar la iniciativa, era con el fin de ganar tiempo en la estrategia desestabilizadora de AMLO.

Que los legisladores del PRI, el PAN, el Verde, el Panal y el gobierno mismo pecaban de ingenuos si creían que al terminar la consulta el Poder Legislativo iba a deliberar y a votar.

La intención del Frente Amplio Progresista no era ésa, porque su interés no está puesto en cómo hacer más eficiente la industria petrolera del país, sino todo lo contrario.

Que se descomponga Pemex todavía más, para que falten recursos, aumente la pobreza, crezca el desempleo y se estanque la economía.

De esa manera, López Obrador podrá decir a los cuatro vientos, ante un país en ruinas, lo que el viernes dijo en Veracruz: la gestión de Felipe Calderón “ha sido un rotundo fracaso”.

Perder de vista el objetivo de la estrategia lopezobradorista es un lujo que ni el gobierno ni los partidos democráticos pueden darse.

Acosta Naranjo informó, al término de su reunión con Ebrard, que pedirán ayuda al IFE para hacer la consulta a nivel nacional y que “las preguntas las hará un grupo de académicos”.

Sigamos su juego por un momento:

¿Qué sentido tiene haber realizado foros con especialistas en el Senado, si al final no van a decidir los legisladores, sino los participantes en una consulta que organiza el PRD?

¿Qué sentido tiene la existencia del Poder Legislativo, si no va a poder analizar, dictaminar y votar la iniciativa petrolera?

¿Cuál va a ser la pregunta?

¿Quiere usted que se privatice Pemex?

¿Quiere que entreguemos la soberanía nacional a empresas extranjeras?

Si la respuesta fuera “sí”, sería una locura.

Y si la respuesta fuese “no”, eso no anula la reforma presidencial, que no implica privatización.

O va a ser: ¿quiere que Pemex sea más eficiente?

¿Quiere que aumente la renta petrolera?

Si la respuesta es afirmativa, ¿qué medidas se van a tomar? ¿Las que planteó el Ejecutivo en su iniciativa? ¿O el proyecto que dice el PRD que va a presentar el 26 de julio?

Ahora bien, si la pregunta es: ¿está usted de acuerdo o en desacuerdo con la reforma petrolera presentada por el gobierno?

En caso de que gane el “sí”, tendría que ser aprobada íntegramente, lo que anularía cualquier corrección que pretenda plantear el Legislativo.

Y si la respuesta es “no”, ¿qué quiere decir? ¿Quiere decir que las cosas deben quedarse como están?

Cualesquiera de los dos escenarios es malo para el país.

En fin, volvamos a la realidad.

La oposición de López Obrador y sus alfiles a la reforma no tiene nada que ver con el petróleo.

Tiene que ver con una estrategia de desgaste del gobierno y de asfixiar a México.

Sólo así les irá bien a López Obrador y a los suyos.

Por eso eligieron ese camino.

¿Qué van a hacer el gobierno y los partidos democráticos?

¿Le van a seguir el juego?

¿O es mejor pararlo antes de que sea demasiado tarde?

Dónde va ganando y dónde va perdiendo el gobierno

Leo Zuckermann
Juegos de Poder
exonline.com


En los últimos días se han publicado tres encuestas nacionales en vivienda: la de Consulta Mitofsky (CM), la de GEA-ISA (ISA) y la del periódico Reforma (REF). A partir de los datos de estas tres encuestas representativas de la población nacional, se puede concluir que el gobierno va ganando en la opinión pública con respecto al tema de la guerra en contra del crimen organizado. Sin embargo, va perdiendo en la reforma petrolera. Y en el tema económico hay mucha preocupación y, por lo pronto, la opinión pública no le está reconociendo al gobierno el grandísimo esfuerzo que está realizando para mantener la inflación baja.

La guerra: confusión y aprobación

La inseguridad es el segundo problema que más le preocupa a la población; sin embargo, en el norte del país, es el tema número uno en las preocupaciones ciudadanas (CM). En cuanto al narcotráfico, 81% de los mexicanos cree que representa un problema para la seguridad nacional (ISA). Setenta y nueve por ciento piensa que el gobierno debe utilizar la fuerza pública para combatir este flagelo y 83% está de acuerdo en que el Ejército participe en esta lucha (ISA).

La gran mayoría de los mexicanos, 71%, cree que el combate al narcotráfico se trata de una guerra (ISA). Sin embargo hay confusión de quién la va ganando. Mientras 24% piensa que el gobierno, 53% opina que hasta ahora el crimen organizado es el vencedor (REF). Ahora bien, cuando se pregunta de manera distinta, resulta que 68% de la gente piensa que los operativos están logrando sus objetivos, pero 73% cree que el problema todavía no está controlado (ISA). En suma, hay confusión en la opinión pública sobre los resultados.

No obstante, 82% de los mexicanos aprueba los operativos de Calderón en contra del narcotráfico (ISA). En este renglón, no hay duda, el gobierno tiene un gran apoyo de la opinión pública.

Reforma petrolera: el otro lado de la moneda

Pero el gobierno va perdiendo en la opinión pública con respecto al tema de la reforma petrolera (a continuación sólo menciono datos de ISA ya que las otras dos encuestas no publicaron resultados sobre este asunto). Resulta que 65% de los mexicanos opina que Pemex es una empresa eficiente. Es una percepción increíble si se toma en cuenta que objetivamente Pemex es una de las empresas petroleras más ineficientes del planeta. Pero, al parecer, para los mexicanos es un orgullo nacional y quizá por eso opinen que es eficiente, más como aspiración que como realidad.

No obstante esta opinión de eficiencia, 52% considera que la empresa debe reformarse. Mas no cómo el presidente Calderón está proponiendo. Todos los indicadores muestran que el gobierno no ha logrado convencer a la opinión pública de su propuesta. Sólo 16% de los mexicanos estima que Pemex necesita inversiones privadas. En contraste, 70% cree que si le dejaran los excedentes petroleros a la empresa, ésta tendría los recursos necesarios para crecer al ritmo que se requiere. De las reformas que envió Calderón al Congreso, 41% de la población opina que fortalecerán a Pemex y 38% al país. Pero hay 38% que cree que las reformas debilitarán a Pemex y 40% que perjudicarán al país.

El rosario de malos datos para el gobierno sobre la reforma petrolera continúa: 56% de los mexicanos piensa que la iniciativa sí privatiza a Pemex. Sólo 42% opina que los cambios propuestos respetan la Constitución; el resto no lo sabe o piensa que sí violan la Carta Magna. Únicamente 30% dice que el Congreso debe aprobar las reformas de Calderón tal cual. Cincuenta por ciento afirma que hay que modificarle. Pero 58% cree que los ciudadanos son los que deben decidir sobre las reformas (34% opina que el Congreso) y 78% apoya la idea de López Obrador de realizar una consulta popular.

La economía: preocupación e incertidumbre

Los temas económicos son los que más preocupan a la población. Cincuenta y siete por ciento menciona asuntos relacionados con la economía como los principales problemas del país (CM). Y todas las evaluaciones económicas van en picada.

Setenta y dos por ciento de la gente piensa que la economía del país está peor que el año pasado. De hecho, CM registra el número más bajo de los que opinan que la situación económica está mejor (sólo 26%) de su larga serie de encuestas desde 2001. La caída es particularmente importante en las clases más altas y más pobres del país (CM). En cuanto a la economía personal, 32% de la población dice que su situación ha empeorado en los últimos 12 meses (REF). Y hacia adelante, sólo 29% de la población cree que la economía estará mejor el próximo año; 66% opina que va a empeorar (CM).

Hasta ahora sólo 3.2% de la población dice que el principal problema del país es la inflación (CM). Es lógico: la inflación en México es baja porque el gobierno está subsidiando muchos productos para mantenerla en esos niveles (sólo el subsidio a las gasolinas le costará al país entre 200 y 300 mil millones de pesos este año). Llama la atención, en este sentido, que sólo 12% de la población crea que el gobierno está haciendo mucho para disminuir la inflación. Se trata del indicador más bajo de todas las áreas gubernamentales que mide la encuesta de CM. Increíble. Aunque las finanzas públicas se están desangrando para mantener la inflación baja, son muy pocos los ciudadanos que creen que el gobierno está haciendo mucho en esta materia. Y con todo y este esfuerzo gubernamental, 53% de la población opina que habrá grandes aumentos a los precios en los próximos 12 meses (CM).