junio 04, 2008

Para un corazón siempre joven

BBC Ciencia

Se sabe desde hace tiempo que el vino tinto contiene antioxidantes y otras sustancias beneficiosas que ayudan a mantener un corazón sano.


Pero ahora un equipo de científicos afirma que otro compuesto que se encuentra en el vino tinto podría algún día ayudarnos a mantener un corazón "genéticamente joven".

Sin embargo, no se apresure a abrir esa botella de vino ya que, según el estudio, no podremos obtener estos beneficios consumiendo la bebida.

Se trata de un compuesto, llamado resveratrol, que según los científicos de la Universidad de Wisconsin-Madison, en Estados Unidos, parece detener los cambios relacionados al envejecimiento en las funciones de los genes del corazón.

Los efectos del resveratrol -afirma el estudio publicado en la revista de la Biblioteca Pública de Ciencia de Estados Unidos, PLoS One- parecen ser los mismos que los que produce consumir una dieta de muy bajas calorías, que se sabe prolongan la vida.

Algunos expertos creen que el resveratrol, un polifenol vegetal que se encuentra en la uva, el vino tinto y las granadas, es una de las razones de la llamada "paradoja francesa".

Ésta es la relativa longevidad de los franceses a pesar de que consumen una dieta rica en grasas animales (que bloquean las arterias), una dieta común en los países del sur de Europa.

Vida larga

Y es que se ha sugerido que una copa de vino tinto durante las comidas podría ayudar a combatir la enfermedad del corazón.

En el estudio llevado cabo con ratones, los investigadores de Wisconsin alimentaron a los animales "de edad madura" con una dieta que contenía dosis bajas de resveratrol.

El proceso natural de envejecimiento en animales y humanos está marcado por cambios en las funciones, o expresiones, de miles de genes en el corazón.

Y a pesar de que no se conocen totalmente las consecuencias precisas de todos estos cambios genéticos, se cree que contribuyen al debilitamiento general y gradual del órgano.

Los investigadores descubrieron que los animales que consumieron resveratrol mostraron menos cambios en su expresión genética que los que comieron su dieta normal.

También notaron similitudes entre los cambios en la expresión genética de los animales con resveratrol y los cambios en ratones alimentados con dietas de bajas calorías.

Según los investigadores, los animales que son sometidos a restricciones calóricas viven más y creen que un proceso similar podría ocurrir con el resveratrol.

"Debe haber algunas secuencias bioquímicas maestras que se activan como respuesta a la restricción calórica" afirma el doctor Tomas Prolla, uno de los autores del estudio.

"Éstas, a su vez, activan muchas otras secuencias y el resveratrol parece activar también algunas de estas secuencias maestras", agrega.

Según los científicos, estos resultados demuestran que el resveratrol podría mejorar y alargar la calidad de vida durante el envejecimiento.

Pero todavía se necesitan más estudios para poder comprobarlo.

Además, los expertos subrayan que la única forma de obtener los beneficios del resveratrol sería desarrollando un compuesto químico o fármaco.

Esto se debe a que el resveratrol que contiene el vino no permanece el tiempo suficiente en el cuerpo porque es metabolizado y retirado rápidamente por el hígado.

Y para que tuviera algún efecto se necesitaría beber literalmente litros de vino.

Y Calderón dijo no

Joaquín López-Dóriga
lopezdoriga@milenio.com
En privado
Milenio

Los hay que les gustan más los objetos que las personas. Florestán

El Congreso de Estados Unidos subestimó a Felipe Calderón como Presidente de un México arrinconado por el crimen organizado y limitado en recursos para combatirlo, por lo que dio un salto en su política históricamente intervencionista en asuntos de otros países, especialmente en el nuestro.

Y a partir de ahí, el Senado endureció las exigencias de supervisión del dinero del paquete Mérida hasta hacerlas inaceptables.

Su error de cálculo fue pensar que este Presidente las aceptaría, error a partir del cual introdujo medidas que convierten a la Iniciativa Mérida en el más grosero instrumento de intervención de ese gobierno que remite la vecindad a etapas que parecían haber quedado atrás y regresando las relaciones a su nivel de rispidez histórica.

Las obligaciones que el Senado ha establecido al gobierno de México para liberar la ayuda, porque la entrega del dinero está en esos términos, ayuda, son inaceptables: fortalecer la transparencia y rendición de cuentas de las policías a través de comisiones de quejas, que ellos evaluarán; que los militares sean procesados en el fuero civil, lo que ellos no aplican en su propia legislación, en la que no sólo someten al fuero militar a sus fuerzas armadas, sino también a civiles; se da un rol beligerante a ONG, con marcada influencia y soportes estadunidenses, al punto que las financian; y exigen que los secretarios de la Defensa y Seguridad Pública, y el procurador general de México investiguen, suspendan y procesen a quienes esas organizaciones señalen como violadores de los derechos humanos, supervisores que serán consultados por su Departamento de Estado.

Esta vez estiraron tanto la liga que forzaron al Presidente de México a decir no, antes que ese no se gritara en las calles.

Y ahora, para beneplácito del crimen organizado, habrá que comenzar de nuevo.

Retales

1. EL BOSQUE. La secretaria del Medio Ambiente capitalina, Martha Delgado, habla de las invasiones al Bosque de Chapultepec, pero omite señalar la del propietario del llamado “Castillito”, cuyas influencias llevaron a un juez a ordenar un nuevo trazo de la poligonal de ese bosque para proteger al invasor. Y la Judicatura dejó pasar el caso;

2. AMÉN. La Arquidiócesis de México anunció que este domingo ya estaría la PFP custodiando la Catedral Metropolitana, en relevo de la policía capitalina, pero algo no se coordinó y los de Joel Ortega seguirán dando ese servicio otros quince días; y

3. MONITOR. Confirma José Gutiérrez Vivó que debe 22 quincenas a sus trabajadores, pero que es culpa de Radio Centro que le debe dinero. Para los trabajadores su patrón es él, no los Aguirre. Lo podría tratar otra vez con el gobierno, como hizo en su momento con Fox y con Creel y recientemente también.

Nos vemos mañana, pero en privado.

Anclajes

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

Combatir la inflación anclando precios claves de la economía que se disparan es un error que México ha pagado caro en el pasado.

Mantener el peso fijo o con una flotación rígida fue una de las medidas que precipitaron y encarecieron las devaluaciones de 1976, 1982-87 y 1994-95.

Esta última devaluación necesitó un rescate de emergencia de 20 mil millones de dólares que aportó el presidente estadunidense William Clinton. Esa es la cantidad que el gobierno de Felipe Calderón está dispuesto a poner este año en el subsidio a las gasolinas: unos 220 mil millones de pesos.

Con su elocuencia habitual, que es la de los hechos, escribe Leo Zuckerman:

“La Secretaría de Hacienda reporta que entre enero y marzo el subsidio a los combustibles fósiles fue de casi 55 mil millones de pesos. Tan sólo en un trimestre. La cifra equivale al presupuesto entero de la Secretaría de Desarrollo Social para 2008 que incluye todos los programas de combate a la pobreza”.

El gobierno sale al paso del alza mundial del petróleo con un subsidio nacional a la gasolina. Dice haber pagado ese subsidio con el alza concomitante del crudo, lo cual, según Hacienda, ha evaporado los excedentes petroleros de este año.

La noticia tiene locos a los gobernadores del país que llevan años gastando excedentes petroleros y presentan ya síndromes de abstinencia. Pero el gobierno de Calderón tiene menos miedo de ellos que de los usuarios de la gasolina, no precisamente los pobres del país.

La revuelta de los consumidores por el alza de las gasolinas podría ser políticamente demoledora para un gobierno como el de Calderón, que conserva altos márgenes de aceptación (75 por ciento, según MILENIO) pero tiene pocos márgenes de maniobra.

El año lo ha recibido con las peores noticias económicas de mucho tiempo: alza del petróleo, alza de los alimentos y un hoyo negro en las finanzas mundiales que detiene a EU. El horizonte es recesión con inflación, en el marco de una disputa política en ascenso, hoy por la reforma petrolera que el gobierno no va ganando, mañana por las elecciones de 2009 que parece condenado a perder.

El gobierno incurre entonces en la tentación de jugar con la economía, como dice Zuckerman, y manipular los precios mediante subsidios o controles artificiales.

La inflación es baja entonces, pero no es real. Habrá que pagarla tarde o temprano, porque no se pueden anclar con subsidios precios claves de la economía. Revientan tarde o temprano, como en 1976, 1982-87 y 1994-95.

¿Por qué perdió Hillary Clinton?

La mujer que pudo ser nominada

Univision Online

Hillary Clinton podría estar ahora celebrando su nominación a la candidatura presidencial por el Partido Demócrata en un hecho que hubiera sido histórico, por ser la primera mujer que llegaría a disputar directamente la Casa Blanca.

Teniendo todo a su favor, ¿qué le pasó a la ex primera dama? O mejor dicho, ¿qué le pasó a su campaña?

Varios factores

Cuando comenzó la campaña por las primarias, a mediados del año pasado, todo el mundo conocía a quien durante ocho años había vivido en la Casa Blanca durante los dos mandatos de su esposo, Bill Clinton.

Durante aquellos años, 1992-2000, Hillary rompió con varios esquemas y terminó siendo un importante engranaje en la maquinaria que movía las políticas y las decisiones de su esposo y su equipo de trabajo.

Si bien la reforma del sistema de salud no fue aprobada durante los dos mandatos de su marido –el proyecto por el cual Hillary apostó todas sus fichas- la actual senadora por Nueva York fue uno de los pilares sobre los cuales el ex gobernador de Arkansas se apoyó casi a ciegas.

Clinton tenía argumentos suficientes no sólo para postularse por el Partido Demócrata, sino para ganar las elecciones primarias y así aspirar a la Presidencia de EU. Pero tras una extenuante batalla de meses perdió la nominación, lo que hace saltar el gran interrogante: ¿Por qué perdió Hillary Clinton?

La primera razón se debe a Barack Obama. Si el afroamericano de 46 años no se hubiera presentado como precandidato en las primarias, es muy probable que Hillary hubiera sido quien hoy estaría celebrando su victoria, en un hecho tan histórico e importante; el de ser la primera mujer en lograr la nominación de uno de los principales partidos políticos en Estados Unidos.

Pero Obama se le cruzó en el camino. Y lo que a juicio de Hillary era una carrera segura con un final esperado, se convirtió en una derrota con mayúsculas.

La segunda razón apunta a que la senadora por Nueva York centró su campaña en la "familiaridad" de su apellido entre el electorado. Todo giró en torno su "experiencia" en Washington, DC, a sus años en la Casa Blanca.

Y a su esposo Bill, cuyo ingreso de lleno en su campaña se convirtió en uno de los errores más grandes ya que la candidata si bien brilló durante los meses que se extendió la campaña interna, lo hizo en mayor parte sin luz propia. Todo lo contrario a su contendiente, quien a lo “conocido” le antepuso el “cambio”.

Sin fondos y sin rumbo

Además de lo familiar de su apellido de casada, Hillary Clinton subestimó en demasía las posibilidades de su contrincante. La nominación demócrata, según su equipo de asesores, iba a estar bajo el brazo de la senadora después del “supermartes”, donde cientos de delegados estuvieron en juego en un jugoso cóctel de primarias y asambleas en decenas de estados.

Pero no fue así. Y a medida que avanzaban las internas, Obama continuaba su imparable cosecha de votos y delegados. Mientras tanto, la campaña de la ex primera dama no tenía preparado un plan de contingencia, un plan “B”.

Otra falla que erosionó sus reales posibilidades de convertirse en la nominada demócrata estuvo relacionada con la manera en que ella y su equipo de trabajo encararon la campaña.

Lo hicieron a la manera de siempre, con las mismas tácticas de recaudar fondos, con el apoyo de los “conocidos de siempre” y a la espera de los resultados previstos.

Obama y su equipo, por el contrario, pusieron en marcha una campaña nunca antes vista, desde abajo hacia arriba, centrada en la movilización popular, de las “masas”. Y los resultados saltaron a la vista de manera casi inmediata: millones de personas, de todos las razas, credos y posturas políticas, cristalizaron sus esperanzas en donaciones individuales de $25 gracias a una campaña que se manejó de manera impresionante por medio de Internet.

Esto se puso de manifiesto en las últimas semanas de la campaña, cuando las arcas de la campaña de Clinton comenzaron a vaciarse. Y las de Obama, a engordar.

Pero hay más. La falta de unanimidad y coherencia en las más altas esferas de su equipo de asesores, le resultó muy cara a Hillary con el alejamiento a mitad de camino de quien fuera el motor organizador de sus aspiraciones; la hispana Patty Solis Doyle.

Mientras Obama y su equipo continuaban su derrotero imparable y acertando en cada movimiento, Clinton tambaleaba, no solo estratégicamente, sino económicamente.

Otro error tuvo que ver con la carga de “negatividad” en sus ataques hacia Obama, quien le contrarrestaba con el llamado a la unidad y a mirar más allá de las divisiones, por el bien común del pueblo, el país y el mundo.

Mucho se hablará de estas campañas primarias en las que un afroamericano terminó quedándose con la nominación presidencial por uno de los más importantes partidos políticos de este país, el Demócrata.

Pero también se hablará, y mucho, de los errores que imposibilitaron que una mujer, inteligente y astuta como ella, se alzara con la candidatura.

Resta saber qué decisión tomará Obama respecto de quien lo acompañará en la fórmula presidencial. No pocos señalan a Hillary Clinton como la persona indicada, aunque no faltan quienes aseguran que ésa sería una movida desacertada ya que el senador por Illinois centró su campaña en el “cambio”, y regresar a los Clinton a la Casa Blanca iría en contra de ese principio.

Sí a una reforma petrolera

Eugenio Anguiano
Profesor investigador de El Colegio de México
El Universal

El tema de la reforma petrolera propuesta por el gobierno de Felipe Calderón se ha discutido hasta el cansancio en diversos frentes: audiencias en el Senado de la República; debates en la Cámara de Diputados; conferencias y proclamas de partidos políticos y sus coaliciones transitorias; televisión, radio y prensa escrita; reuniones académicas, etcétera. Esas discusiones en su mayoría han sido unilaterales, porque se efectúan en foros sesgados hacia posiciones preestablecidas y refractarias al razonamiento, trátese de los organizados por el gobierno y quienes lo apoyan —grupos empresariales y el PAN—, o los armados por la oposición a las iniciativas gubernamentales, en particular los foros del PRD y del FAP.

Ha faltado un diálogo en el que se expongan argumentos fundamentados y donde los participantes estén dispuestos a escuchar en vez de descalificar de antemano. Y no parece viable que el periodo de consultas puesto recientemente en marcha sea el instrumento adecuado para establecer ese diálogo, ello debido a la forma en la que el gobierno ha tratado de manipular la discusión pública; tampoco creo que una consulta popular a la manera como el PRD y las autodenominadas “fuerzas progresistas” acostumbran efectuar sea el mecanismo para encontrarle la cuadratura al círculo de una necesaria transformación de la industria petrolera del país y del sector energético en su conjunto.

En cuanto a que la reforma de la industria petrolera es indispensable e impostergable, parece no haber discrepancias entre los diferentes grupos, dado el prolongado estancamiento de la empresa estatal Pemex y la decadencia de las reservas probadas de crudo, por citar solamente dos de los más grandes problemas. Si se mantuvieran sin cambio las formas en que se explota, procesa, comercializa y aprovecha el recurso natural y no renovable de los hidrocarburos, la próxima generación de mexicanos carecerá de este elemento estratégico, y no habrá base alguna de participación de México en la transición energética que ya está viviendo el mundo.

El mayor defecto de las iniciativas de reforma presentadas por el Poder Ejecutivo es la cortedad de miras sobre la industria petrolera nacional y sobre el futuro de la energía en México. Aun aceptando, sin conceder, que la estrategia oficial es la adecuada para abordar el espinoso problema de transformar a Pemex, la forma propuesta para llevar eso a cabo es bastante chata. Se ha tratado de convencer a la opinión pública de la ingente necesidad de dotar a la empresa de alianzas con el capital privado.

Se arguye la incapacidad económica y tecnológica de la misma y del Estado para movilizar recursos suficientes con los cuales revertir la disminución de las reservas de petróleo, lo que se haría a partir de la localización y eventual explotación de los tesoros escondidos en aguas profundas del Golfo de México; se dice también que la modificación de las leyes reglamentarias subsidiarias para hacer posible esa alianza estratégica de Pemex con empresas privadas no atenta contra la Constitución, la que de cualquier forma está ya parchada con los cientos de reformas que se le han introducido en sus 91 años de vida.

Ni las propuestas del Ejecutivo dejan incólume el sacrosanto artículo 27 constitucional, ni lo asentado en el mismo garantiza que el usufructo del petróleo sea realmente en beneficio nacional. Tampoco es cierto que la solución en estos momentos sea perforar en aguas profundas, cuando existe una masa de reservas contingentes considerables en aguas someras y en zonas terrestres explotadas desde que iniciaron las extracciones de hidrocarburos en México.

Recientemente escuché de Adrián Lajous, ex director de Pemex y uno de los más connotados expertos en la economía del petróleo, una muy clara explicación de la tendencia decreciente e inexorable de las reservas totales del país, y de la posibilidad de dedicar recursos económicos y tecnológicos a la administración de esa decadencia. De esa masa de reservas contingentes es posible recuperar proporciones viables de aceite, acción que alargaría por unos años más la existencia de recursos petrolíferos, mientras gradualmente se construye el esquema para la exploración en aguas profundas, ya en el largo plazo.

Necesitamos una profunda reforma energética, de Pemex y de toda la industria, por la que se modifiquen patrones de consumo y sesgos exportadores, y se avance hacia un desarrollo sustentable de la energía.

'Obama en las alturas' por Paco Calderón

¿Qué hacer ante la crisis?

Ricardo Pascoe Pierce
Analista político
ricardopascoe@hotmail.com
El Universal

La multiplicación de los problemas naciona-les —producto sólo en parte de las complejas crisis internacionales (inestabilidad financiera, alzas históricas en los precios del petróleo y los granos, narcotráfico, tráfico de armas y personas, terrorismo)— ha incubado un ambiente de zozobra en algunos sectores sociales. Como país estamos arribando rápidamente a una encrucijada que exigirá respuestas claras y condundentes.

México es un país curioso, lo cual no quiere decir que sea distinto a otros, necesariamente. Los mexicanos somos solidarios y culposos, pero, al mismo tiempo, profundamente individualistas y egocéntricos. Un espacio donde estos sentimientos encontrados se expresan en todo su esplendor es en la política.

Envueltos en un discurso de salvaguarda de la patria, los gobernantes y sus partidos se disponen a utilizar recursos públicos para sus fines particulares. Estos elementos hacen que las formas en la política sean un velo que disfraza, aunque someramente, el fondo del interés específico. Uno podría argumentar que este relato es el de la humanidad, desde que es humanidad. Sin embargo, ante esta historia, los límites son importantes. Debe haber límites a toda conducta en sociedad.

Los límites son legales, en primer término, y sociales o culturales, en segundo. En política no sólo se debe parecer algo: hay que serlo. En México, uno de los “valores culturales” de la política es no ponerse de acuerdo con el oponente. Nunca, se diría, hay que darle la razón al enemigo, incluso aunque la tenga. México valora, culturalmente, los acuerdos alcanzados por los políticos como hechos indignos y forjados “en lo oscurito”. Para ser un político digno en México hay que rechazar los acuerdos, como sistema.

Claro, a lo que conduce esta aberración es a una de dos: o el regreso a un régimen autoritario donde los “acuerdos” se imponen como decisiones unilaterales, o a una vida “democrática” en la que todos reniegan de todos y en donde no caben los acuerdos, ni siquiera los mínimos. Culturalmente, los mexicanos, los políticos primero, creemos mucho más en el autoritarismo que en la democracia como forma de gobierno.

Por lo tanto, estamos atrapados en el fragor de nuestras propias palabras y designios: exigimos democracia, sacamos al PRI de Los Pinos, pero no estamos equipados para jugar a la democracia, respetando las reglas democráticas. ¿Qué reglas? No son muchas, pero son esenciales.

1. Una vez acordadas las reglas de la competencia, hay que jugar con ellas y respetarlas. 2. Alguien siempre gana y alguien pierde. Las partes deben aceptar tanto la victoria como la derrota. 3. La negociación y acuerdos son una parte indispensable de la política. Todos deben ser partícipes en ese quehacer necesario. 4. Proteger al Estado es el fin común. Cuestionar al gobierno, el papel legítimo de la oposición. 5. Los líderes de opinión son importantes, pero también lo son los que no “lideran” opiniones, pero que son los afectados por las decisiones: la sociedad en general, cuya opinión no puede ser despreciada. 6. Todos deben pagar impuestos, para poder exigir el buen gobierno. La informalidad/criminalidad económica reproduce las opciones de no ser un ciudadano pleno de la nación. Todos los mexicanos tienen que ser ciudadanos plenos para poder exigir corresponsabilidad gubernamental ante sus quejas.

Ante el cúmulo de problemas, el país requiere gobernantes capaces de comprender, en todo lo que vale, el problema democrático de México. Esto quiere decir, en pocas palabras, que todos son necesarios para la tarea que enfrentamos como nación, porque todos son corresponsables. Nadie puede, o debe, alegar que está fuera de la toma de decisiones, en algún nivel, en el nivel que le toca a cada quien.

La legislación sobre Pemex debiera acordarse entre todos, viendo por el Estado mexicano. El combate al narcotráfico también, al igual que el combate a la pobreza. La victoria en estos frentes sería de todos, no sólo del partido en el poder. Y, de todos modos, en las siguientes elecciones la gente votará por el partido de su preferencia. Resolver problemas de la nación no significa, per se, refrendar al gobierno actual en el poder, pues la alternancia se da por muchas razones (Churchill ganó la Segunda Guerra Mundial y perdió su siguiente elección parlamentaria).

¿Qué hacer ante la crisis de la nación mexicana? Aceptar las reglas básicas para el funcionamiento de la nueva democracia. Además, si no lo hacemos, la opción será la vuelta al autoritarismo. ¿Queremos eso?