junio 08, 2008

Islam vs. Occidente, ¿religión o sexo?

Jean Meyer
jean.meyer@cide.edu
El Universal

Mi último artículo hablaba bien del precandidato demócrata a la Presidencia de Estados Unidos y me valió reacciones muy encontradas: un lector, partidario de AMLO, me reclama simpatizar con un “hombre blanco honorario” que “optó por recorrerse a la ultraderecha” que “estuvo en Florida ante el ente terrorista gusano para escuchar más de lo mismo sobre el futuro de Cuba. Del presidente venezolano se expresa como Andrés Oppenheimer… no ofrece dejar de subsidiar al Estado nazi de Israel”, etcétera. Mientras que otro lector me reclama simpatizar por el radical que pretende dialogar con Cuba, Venezuela e Irán, y como buen musulmán que es —y subraya que se llama Barak Husein Obama— quiere la desaparición de Israel. Bueno, así somos, pero como la semana anterior varios lectores me habían pedido escribir otra vez sobre el tema del islam y sus difíciles relaciones con el cristianismo, aprovecho el falso rumor que hace de Obama un musulmán para volver a la cuestión del antagonismo entre islam y Occidente.

¿Choque de religiones? Sí y no. Empezaremos por una anécdota, mejor dicho por dos: resulta que las estudiantes mujeres de la Universidad de Upsala en Suecia reclaman nuevos derechos en nombre de la igualdad entre los géneros (no hay que decir “sexos”); reclaman el derecho de entrar en la alberca con los pechos desnudos. Dicen que las albercas públicas discriminan entre hombres y mujeres al obligar a las segundas a cubrirse el pecho. Suecia se encuentra en Europa. Francia también. Pues, en Francia, mujeres musulmanas piden que se abran albercas exclusivamente para mujeres, para no sufrir la mirada (sin calificativo) de los hombres; piden también que en el deporte escolar haya separación de los sexos, perdón, de géneros. En ambos casos son mujeres que reclaman algo, algo que tiene que ver con el cuerpo. No será entonces que las tensiones innegables entre nuestro mundo y el mundo musulmán —hablo de mundos culturales, sociales— se deben más al estatuto de la mujer, a la diferencia entre los dos sexos y, finalmente, ¿más al cuerpo que a la religión?

En tal caso estaríamos en presencia no de una guerra de religiones, y Osama bin Laden —cuyo nombre explotan los adversarios de Obama, haciendo como que se confunden— se equivocaría al evocar a los occidentales que somos todos como “los cruzados”. Ya no sería la guerra de la cruz contra la media luna, sino una guerra sexual…

Hace tiempo el norteamericano Francis Fukuyama publicó un artículo intitulado “Velo y control sexual”, a propósito de la interdicción del velo en las escuelas públicas francesas, secundarias y prepas. Afirmaba, con razón, que esa prohibición “es parte de una lucha más amplia en toda Europa cuyo objeto es la identidad cultural del continente. La rapidez con la cual un grupo de la segunda o tercera generación se integra, depende en parte de la tasa de matrimonios fuera de la comunidad, la cual es consecuencia del grado de control de la sexualidad de sus hijas por las familias de inmigrados. El individualismo en la familia, es decir el derecho de casarse con quien quiere uno (una), es la clave de todo individualismo; la negación de tal derecho permite a las estructuras sociales y familiares transmitirse de generación en generación”. (4 de febrero 2004, Le Monde).

Osama (¡!) Ibn Munqidh, hace siglos, en sus Crónicas árabes de la cruzadas, contaba su estupefacción sobre la aventura vivida por un amigo dueño de baños públicos: resulta que un caballero franco (igual cristiano, latino) le había pedido rasurar el pubis de su esposa: “¡Vaya contradicción!, escribe Osama. Los francos no tienen ningún celo y tampoco sentido del honor, y al mismo tiempo ¡tienen tanto valor! Y sin embargo el valor nace únicamente del sentido del honor y del desprecio por todo lo que es malo”. Incomprensión total entre el valor del noble franco que no se funda en el dominio sobre la mujer, y el sentido del honor del musulmán, honor que depende del control del cuerpo de la mujer para preservarlo de la mirada y del deseo de los otros hombres.

Las estudiantes de Upsala se comportan como el caballero franco, las musulmanas de París aprueban el discurso de Osama Ibn Munquidh, ocho siglos después. Estas mentalidades ¿tienen algo que ver con la religión, la espiritualidad, y la relación del individuo con Dios? Con todo y las referencias a un texto sagrado, parece más bien tratarse de relaciones entre los sexos, y también de relaciones de fuerza entre los hombres, quiero decir los individuos del género masculino, cuyo honor y cuya fuerza depende del control absoluto que ejerce sobre el cuerpo de la mujer. La libertad sexual de la mujer es una amenaza terrible para el honor, para la fuerza viril.

Hace poco, en un canal de televisión europeo, un muchacho de un suburbio parisino, hijo de inmigrados argelinos, nacido en Francia, contestaba al periodista: “Si mi hermana viste como una puta, soy una víctima, estoy acabado. El hermano tiene el derecho, debe pegarle a su hermana para que se porte bien”. El año pasado, en Inglaterra, hubo más de cien crímenes “de honor” en el seno de la comunidad islámica: muchachas asesinadas por sus hermanos o sus padres. No se pueden borrar de un día para otro 15 siglos de machismo cuando hay autoridades religiosas como el gran mufti de Australia para predicar: “Si usted pone carne en la calle sin cubrirla y los gatos vienen a comerla, ¿quién tiene la culpa, los gatos o la carne al aire? La carne al aire, es el problema. Si la mujer se queda en su casa, en su cuarto, con su velo, no habría ningún problema”.

México y Suecia, dos caminos

Pascal Beltrán del Río
Bitácora del director
exonline.com.mx

México y Suecia salieron de la misma línea de arranque. Hacia 1870, ambos eran entonces países pobres, eminentemente rurales, con niveles de desarrollo semejantes a algunas colonias africanas.

México venía saliendo de tres lustros de conflictos armados: la guerra de Reforma, la intervención francesa y el imperio de Maximiliano. Suecia vivía el pico de su emigración hacia Estados Unidos, propiciada por una explosión demográfica que no podía ser atendida por su economía agrícola primitiva.

Ambos países apostaron a la industrialización para salir de la pobreza. La diferencia es que mientras México lo hizo en la dictadura porfirista, Suecia se empeñó en la construcción de instituciones democráticas y la implantación del Estado de derecho.

Tomó a los suecos 40 años duplicar su riqueza. Sin embargo, hacia 1950 la habían cuadruplicado. Para entonces, la mortalidad infantil se había reducido 85% y la expectativa de vida había aumentado en 25 años.

La base de su éxito fue la competitividad y fortalecimiento de su régimen democrático. Las exportaciones de madera y derivados del hierro permitieron satisfacer las demandas sociales de vestimenta, servicios médicos y educación.

En México, la creación de riqueza en el porfiriato se dio con un precio social muy alto, principalmente la concentración del ingreso en pocas manos. La economía mexicana estaba sobrerregulada, siempre en beneficio de empresas extranjeras y de la oligarquía local. Este sistema se mantenía gracias a los aparatos coercitivos.

En la posguerra, tanto México como Suecia apostaron por la construcción de un Estado benefactor.

México construyó instituciones como el IMSS, con un sistema de pensiones solidario. El Estado se volvió empresario. El modelo funcionó bien durante un tiempo, aunque nunca tuvo a la democracia como ingrediente. Durante los años 50 y 60, los mexicanos vivieron una etapa de progreso económico conocido como el desarrollo estabilizador. El gobierno recurrió fuertemente a subsidios, aranceles y exenciones fiscales. En las dos décadas siguientes, el modelo mostró su agotamiento y sucumbió ante los efectos de la gran corrupción y la indolencia.

Suecia apostó por un sistema concebido a principios de siglo por el politólogo Johan Rudolf Kjellén, llamado Folkhemmet (la casa del pueblo). El modelo fue introducido hacia finales de los años 20 y siguió su desarrollo en las décadas siguientes. Sus principios son una economía planificada, donde el Estado es más regulador que dueño de las empresas y tiene por meta el bienestar social. La educación juega un papel fundamental en este modelo. Tan es así que Suecia fue uno de los primeros países en ofrecer educación gratuita en todos los niveles.

Los dos países conocieron, a partir de los años 20, la hegemonía de un solo partido político: el Partido Revolucionario Institucional, en México, y el Partido Obrero Socialdemócrata, en Suecia.

El PRI gobernó México desde 1929 hasta el año 2000, es decir, 71 años. Los socialdemócratas suecos ascendieron al poder por primera vez en 1920. En los 86 años siguientes, gobernaron casi 64 años en total. Uno de sus líderes, Tage Erlander, tiene el récord mundial de permanencia en el poder en un sistema parlamentario: 23 años.

La diferencia es que una hegemonía estaba basada en el autoritarismo y la otra, en la democracia. Hoy los dos partidos están fuera del poder, pero sus herencias son muy distintas.

Para alcanzar la igualdad, Suecia apostó por la democracia, la educación, las instituciones, la regulación del Estado y la competitividad. México lo hizo por un modelo proteccionista, corporativista y antidemocrático que después se cambió abruptamente por una serie de principios neoliberales, al gusto de los adoradores del mercado.

Quizá la comparación anterior haya sido esquemática e incompleta. Lo que no admite discusión son los resultados que han alcanzado uno y otro país. Casi 140 años después de ese arranque parejo, ¿dónde se encuentra Suecia y dónde se encuentra México?

Según datos del FMI, Suecia tiene hoy un ingreso anual per cápita de casi 39 mil dólares, mientras que el de México es de 13 mil 500 dólares. En ese rubro, Suecia está en el lugar 19 entre 181 países del mundo, al tiempo que México está en el lugar 61.

Compararnos en otros rubros, como la seguridad pública, el respeto por la propiedad privada y el derecho de los demás, la educación, la calidad de los servicios públicos y el cuidado del medio ambiente es aumentar inútilmente el rubor.

Digamos solamente que llama la atención que un sueco tenga que pagar el equivalente de 25 pesos por un litro de gasolina y un mexicano pueda cargar el tanque con un precio subsidiado de ocho pesos. En tanto, al sueco le cargan un MOMS, como se llama allá al impuesto al valor agregado, de 25% en la mayoría de sus compras, pero aquí sería un escándalo pensar en subir el IVA a más del 15% actual.

Habrá quienes digan que es injusto comparar a México con Suecia, quienes hablen de diferencias culturales y demográficas, quienes saquen a cuento nuestra condición de nación subdesarrollada.

Aun así, considerando todo eso y después de pasar unos días en Suecia, resulta difícil pensar que no hay otro camino posible para México, y que para alcanzar el potencial de nuestra nación debemos apostar por la democracia, la educación, la competitividad, la protección del ambiente, el Estado de derecho, las obligaciones ciudadanas y la construcción de un sistema fiscal coherente, entre otras cosas.

Está claro —porque Suecia no es el único ejemplo— que cuando verdaderamente se abrazan esos valores en conjunto es más fácil obtener el bienestar de la mayoría.

Pajas vs. Vigas por Paco Calderón

Hillary Clinton dice adiós y da su apoyo a Obama

Milenio

EU. La ex primera dama pidió luchar por el senador afroamericano

La senadora por Nueva York no dudó en utilizar el lema de su rival: “Sí podemos”, en un discurso ante sus seguidores en el que instó a las mujeres y los jóvenes a “trabajar fuerte”.

Hillary Clinton, la senadora que soñaba con ser la primera mujer elegida a la presidencia de Estados Unidos, le dio ayer todo su respaldo a su rival demócrata Barack Obama, al finalizar formalmente su histórica campaña por la Casa Blanca. “Trabajaré con todo mi corazón para asegurar que Barack Obama sea nuestro próximo presidente”, prometió Clinton ante miles de seguidores que desde tempranas horas y bajo un sol calcinante hicieron cola para oír su discurso en el edificio del Museo Nacional, un vasto complejo cultural en el corazón de la capital y a unas cuadras de la Casa Blanca.

“Hoy suspendo mi campaña, felicito (a Obama) por su victoria y su extraordinaria campaña. Le doy mi refrendo y mi pleno apoyo, y les pido que se unan a mí y trabajen fuerte por Barack Obama como lo hicieron conmigo”, dijo Clinton. “No es el tipo de reunión que preveía, pero estoy segura de apreciar vuestra compañía”, afirmó con cierto humor al iniciar su discurso.

Clinton reconoció que fue una cruenta lucha, en la que hubo 22 debates y en la que su campaña acumuló una deuda de unos 30 millones de dólares. Acompañada de su esposo, el ex presidente Bill Clinton, su hija, Chelsea, y su madre, Dorothy Rodham, Clinton instó a las mujeres y votantes jóvenes, desalentados por su derrota, a que “aspiren alto y trabajen fuerte” para romper barreras.

“Si podemos enviar a 50 mujeres al espacio, de alguna manera pondremos a una mujer en la Casa Blanca”, señaló, mientras algunas mujeres presentes derramaban lágrimas y otras la vitoreaban.

“Y aunque esta vez no fuimos capaces de romper ese elevado y duro techo de cristal, les doy las gracias”, dijo. Clinton no dudó en tomar prestada la consigna emblemática de Obama —“sí podemos”— y citó no menos de quince veces el nombre de su rival. Tanto Clinton como Obama habían prometido que el partido estaría unido a la hora de luchar contra John McCain, aunque muchos de los 17 millones de electores que apoyaron a la senadora no están convencidos de votar por su vencedor.

“La manera de continuar ahora nuestra batalla, para alcanzar los objetivos que nos habíamos fijado, es poner nuestra energía, nuestras pasiones, nuestras fortalezas y hacer todo lo que podamos para ayudar a elegir a Barack Obama como el próximo presidente de Estados Unidos”, insistió Clinton.

Para vencer en noviembre, Obama necesita atraer a buena parte de quienes respaldaron a Clinton en las primarias: las mujeres, los obreros, las personas de edad y los estadounidenses de origen hispano. Aunque no es dueña de la voluntad de sus electores, ella podría ayudar a convencerlos de que no se abstengan o voten a un republicano en noviembre.

Ambos se encontraron discretamente el jueves en Washington en el domicilio de la senadora Dianne Feinstein, una amiga de la ex primera dama. Antes de ese encuentro, Clinton anunció que no buscaba la candidatura a la vicepresidencia.

Unidad demócrata

“Los republicanos ya han empezado con sus ataques negativos y no me sorprende, porque es lo único que saben hacer cuando no tienen propuestas claras y serias para responder a los retos del país”, dijo Lanny Davis, uno de los asesores de Clinton.

La portavoz hispana de la campaña de Hillary Clinton, Fabiola Rodríguez-Ciampoli, afirmó por su parte que “en estos momentos la preocupación principal es la unidad del partido” y es el mensaje que Clinton quiere que cale entre los demócratas.

Recuerdan ataques en la red

El Comité Nacional Republicano abrió una página web (www.gop.com/clintonvsobama) en la que ofrece videos y textos sobre los ataques mutuos que Obama y Clinton mantuvieron durante la campaña por la nominación demócrata. El sitio web, denominado “Clinton contra Obama”, cuestiona los intentos del Partido Demócrata por sanar sus fracturas y pone a disposición del público las críticas que intercambiaron los aspirantes en cuestiones como integridad, experiencia y políticas. La página de Internet incluye, por ejemplo, las críticas de Clinton a la relación de Obama con el empresario Tony Rezko, acusado de fraude, así como sus posturas en diversos temas. “Estoy en desacuerdo con su continua declaración de que él(Obama) se reuniría con algunos de los peores dictadores en el mundo sin condiciones previas y sin el real entendimiento de qué es lo que conseguiríamos con eso”, es una de las citas extraídas de los discursos de Clinton. También destaca las críticas del senador por Illinois a Clinton, como la ocasión en que la acusó de “decir cualquier cosa para conseguir una ventaja política o táctica, aunque erosione la confianza de la gente en el gobierno”.