junio 16, 2008

iPhone consolidará tecnología 3G en AL

El Economista
Notimex

"Ahora en México los usuarios esperan disponer de un terminal móvil que incluye no sólo características como iTunes, aplicaciones de correo electrónico, localización GPS, WiFi, sino que además podrán utilizarlo a través de redes 3G HSDPA", informó la organización 3G Américas.


La entrada al mercado latinoamericano de dispositivos móviles como el iPhone consolidará otras tecnologías de Tercera Generación (3G) como el Universal Mobile Telecommunication Service/High-Speed Data Packet Access (UMTS/HSDPA).

El director para América Latina y el Caribe de la organización 3G Américas, Erasmo Rojas, destacó que el lanzamiento regional de este teléfono inteligente es ejemplo del fortalecimiento de las redes de tercera generación, impulsado por la fuerte demanda de servicios de valor agregado en telefonía móvil.

“Las redes 3G están listas para utilizarse a su máximo potencial en Latinoamérica a través de dispositivos como el iPhone 3G, que en breve estará en las manos de los consumidores de la región”, subrayó mediante un comunicado.

A nivel mundial, refirió, existen más de 226 millones de suscripciones a UMTS/HSPA 3G, lo que representa un incremento sustancial respecto a las 100 millones de suscripciones de enero de 2007.

Explicó que América Móvil, empresa elegida por el fabricante Apple para ingresar el iPhone a la región empezando por México el próximo 11 de julio, ofrece redes 3G HSDPA a través de su filial Telcel.

Con ello, anotó, será posible consolidar la promesa de servicios de correo electrónico, acceso a Internet, descargas de música y video para sus clientes en un dispositivo de este tipo.

“Ahora en México los usuarios esperan disponer de un terminal móvil que incluye no sólo características como iTunes, aplicaciones de correo electrónico de Microsoft, localización GPS a través de las redes inalámbricas locales, WiFi o HSDPA para voz, vídeo y datos, sino que además podrán utilizarlo a través de redes 3G HSDPA”, agregó.

Creel

Jacobo Zabludovsky
Bucareli
El Universal

Santiago Creel me envió el libro prometido, objeto de su atención absoluta las casi cinco horas de vuelo de Nueva York a México, escrito por Macario Schettino y titulado Cien años de confusión. México en el siglo XX

En el primer párrafo de la introducción, el autor define el sentido y la razón del libro: “La Revolución que marca el siglo en nuestro país nunca existió”. Se enfatiza el concepto en el renglón inicial del capítulo 1: “La Revolución Mexicana es un hecho inexistente, una construcción simbólica realizada con el fin de dotar de legitimidad a los ganadores de una serie de conflictos armados”.

“Lo que llamamos Revolución Mexicana, así con mayúsculas, no existió nunca… Lo que sucede es más sencillo”, dice Schettino y atribuye el fenómeno a “La única causa: la vejez de (Porfirio) Díaz”. A lo largo de 500 páginas trata de sustentar su tesis con temas como: “Una Revolución sin resultados… Los sonorenses, continuidad del porfiriato…” y frases como: “El porfiriato es, más que la dictadura sangrienta de la leyenda, una etapa histórica de cambio”.

Afirma también que no había una situación generalizada que permitiera pensar en una revolución agraria, “menos aún una revolución de obreros. Los obreros prácticamente no participaron en la Revolución. La Revolución no se inició porque los salarios fueran bajos: los salarios fueron bajos por causa de ella. La Revolución empobreció a los obreros”.

Merece la pena su lectura como tema de reflexión y polémica, hasta llegar a sus párrafos finales: “El siglo XX mexicano fue el siglo de la Revolución Mexicana. Y fue un siglo perdido…. Permitió a nuestro país una cierta paz social, pero a un enorme costo: el costo de no mejorar el nivel de vida de los mexicanos, no reducir los niveles de desigualdad, no cambiar la estructura social y no promover el desarrollo político. Fue un siglo de estancamiento… es momento de construir un régimen nuevo… El experimento mexicano fracasó. Hay que intentarlo de nuevo”.

Que Creel haya puesto tanto interés en la lectura de este libro no significa necesariamente que comparta su contenido. El ejemplar que me envió no fue el anotado y subrayado por él. En un trabajo de investigación tan extenso y documentado se puede estar de acuerdo o no en todo o en partes. Lo que piense ahora, a la luz de su destitución, importa menos que cuando lo leyó vestido de presidenciable, vestimenta que a mediano plazo no habrá de usar. Hace unos 20 años, cuando Creel fue electo diputado federal después de graduarse de abogado en la UNAM, con maestría en la Universidad de Michigan y posgrado en la de Georgetown, Juan Sánchez Navarro me dijo: “Ese muchacho va a ser presidente de México”. Dos veces estuvo cerca de hacer bueno ese presagio que más parecía la confesión de los deseos de Juan, porque en el joven abogado litigante advertía sus propias convicciones políticas y religiosas.

Podemos tener idea de lo que sería Creel al frente del Poder Ejecutivo si examinamos algunos de sus discursos como secretario de Gobernación sobre un tema básico de la política interior de México: el estado laico. Habla, el 10 de octubre de 2004, en el Congreso Eucarístico Internacional, de una “libertad religiosa que debe irse ensanchando día a día en este país”.

En México el único espacio del que aún no se apoderan para “ensanchar su libertad” es la educación pública y gratuita. Dijo también: “Antes hubiera sido impensable que el secretario de Gobernación dirigiera estas palabras que hoy estoy pronunciando ante los más altos representantes de la Iglesia católica. El catolicismo históricamente ligado a la patria mexicana se encuentra en posibilidad de realizar abiertamente sus actividades, de brindar sus servicios y de difundir su mensaje. Un mensaje eucarístico de luz y vida para el nuevo milenio”. No son éstas, cualquiera que sea la religión que se profese, las palabras que se esperan de quien tiene la obligación constitucional de tratar con el mismo respeto y distancia a todos los creyentes y a quien no lo son.

Las respuestas a la pregunta de por qué cayó Creel son inacabables. La falta de explicación por parte de sus verdugos abre un hueco en que caben todas las hipótesis. Tal vez la suma de ellas nos ayude a entender el fondo aunque no la rudeza innecesaria de la forma, rudeza que despertó simpatías hacia la víctima, aplaudida por sus colegas senadores al día siguiente del cese.

La consecuencia inmediata, a juzgar por quienes entran a ligas mayores en el juego de sustituciones, no es muy alentadora. Cómo será la cosa que frente a los nuevos, por comparación, Creel parece comunista. Otra: los poderes furtivos le tomaron la medida al presidente Felipe Calderón, obligándolo a desaparecer del mapa a quien no les dio, como senador, tanto como cuando fue secretario de Gobernación. Otra más: se despeja, temprana y débilmente, el camino hacia las elecciones presidenciales, quitando al favorito y ampliando carriles, como el de Bucareli a Los Pinos.

La gota que se agota

Pedro Ferriz
El búho no ha muerto
Excélsior

Es fácil entender que estamos en el inicio del final de una era. El petróleo como fuente energética se acabará este siglo y el inicio de la transición hacia otras formas de vivir y usar la energía, ha comenzado. La reconversión del proceso, será el movimiento humano más grande de nuestra historia como especie. Los estertores en el camino, sacudirán e incluso pondrán a prueba, las formas de convivencia más elementales que nos han dado equilibrio. Los mares de petróleo en el subsuelo empiezan a escasear en sitios accesibles y el grado de complejidad de extracción de los que quedan, ha encarecido toda la cadena de la economía de pueblos, gobiernos y empresas. Visiones optimistas ven difíciles las siguientes cuatro décadas, hasta llegar al 2050. Miradas pesimistas auguran un cataclismo generado por el hombre mismo, que le hará perder paciencia, tolerancia y convivencia.

Solo para darnos una idea de la problemática hoy, he de decirles que Estados Unidos consume, solo, más gasolina que Japón, China, Canadá, Rusia, Alemania, México, Inglaterra. Italia, Irán, Australia, Francia, Brasil, Arabia Saudita, Indonesia, Venezuela, India, España, Taiwán, Sudáfrica y Corea del Sur ¡Juntos! Veinte países de las dimensiones mencionadas, representan todos, 6/7 partes de la quema de gasolina de nuestro vecino del norte. Con la otra séptima parte que queda, para llegar al 100% “bebido” en la Unión Americana, podríamos adicionar una veintena más y así poder decir que casi el resto del planeta, usa el equivalente energético de una sola sociedad con 300 millones de habitantes. Con este apetito voraz por el movimiento, la transferencia monetaria que se está dando del mayor consumidor a los centros de producción, es tan grande, que está amenazando la estabilidad del dólar, la liquidez de la mayor economía del mundo y por ende, el equilibrio de las reglas de cómo se movían los factores de la producción hasta hace relativamente poco tiempo. Con el alza incontrolada del precio del barril de crudo, no pasó mucho tiempo, para que otros componentes de la macro economía se descompusieran. Precios de productos del campo, se han disparado… más que duplicado, en lo que va del año. Cosa que si llegamos a extrapolar al próximo lustro, pudiéramos estar en el umbral de dimensiones inimaginables sobre la proporción que desequilibrios así, nos marcarán. No sólo desde el punto de vista energético y alimenticio. Sino, el efecto más devastador al equilibrio social, que jamás hubiéramos pensado, se levantara al mismo tiempo en el concierto de las naciones. ¿Nos extraña entonces que se haya desatado la violencia —dos veces en 15 años— con países árabes, poseedores del recurso?... Y si esto no nos cae de sorpresa… ¿Qué podríamos esperar para el futuro, conforme la demanda sea mayor y el petróleo exiguo? ¡Más violencia, seguro! Más presiones a los países productores sobre la explotación de lo que queda, en función del tiempo que resta para traslapar al final de la era petrolera, con su substitución por nuevas tecnologías. Francamente no creo que los mexicanos estemos muy solos en la necesidad de definir, lo que forzosamente tendrá que ser la nueva forma que habremos de adoptar para explotar nuestros nuevos recursos. Las presiones de Washington para que sus aliados del sur entremos a la explotación integral de la cuenca profunda del Golfo de México me parecen obvias. No siento –yo no lo haría- que tengamos a un Tío SAM, cruzado de brazos esperando que las soluciones a un problema que tienen encima, no estén siendo llevadas al extremo de lo que para ellos representa su seguridad nacional y viabilidad futura. En este período de nuestra historia: “Ténganle miedo a la ira de Dios y a la escasez de nuestros energéticos” Estos, que por escasos, amenazan la paz del hombre moderno. Las reformas a Pemex no son la definición de un problema de soberanía. Son los pasos a seguir para garantizar nuestra sobre vivencia, en un mundo que ya no reconoce las reglas de ayer.

Imágenes y posibilidades europeas

Jorge Fernández Menéndez
Razones
Excélsior

¿Sirven las giras internacionales para consolidar la política interna de una administración? Sirven y pueden, de muchas maneras, colocar la agenda de diversos capítulos de la misma. En México hemos tenido gobiernos, presidentes, que han intentado, y en algunos casos conseguido, hacer girar muchas de sus decisiones internas a partir de una estrategia de inserción internacional. Lo realizaron administraciones tan disímiles como las de Luis Echeverría o Carlos Salinas de Gortari. Lo logró en buena medida José López Portillo. Renunció casi completamente a ello Miguel de la Madrid y, parcialmente, Ernesto Zedillo. Vicente Fox tenía todo para hacerlo, pero se equivocó una y otra vez (como volvió a hacerlo esta semana en Bogotá) y cada salida al exterior terminaba en un conflicto interno en lugar de imponer una lógica de gobierno a partir de una visión internacional. En ocasiones, esa posibilidad depende de los gobernantes y de su respectiva personalidad; en otras, son las circunstancias las que los marcan.

Ahora, con motivo de su reciente visita a España, a Felipe Calderón se le abre un espacio de oportunidad para convertir la relación con ese país y la Unión Europea en algo más que una serie de encuentros diplomáticos: si lo que se dijo y se vio en estos días en Madrid, Zaragoza y Barcelona es concebido con una perspectiva de largo plazo, como una relación realmente “estratégica y preferencial”, según la calificó el presidente del Gobierno Español, José Luis Rodríguez Zapatero, en torno a ella se puede terminar de construir una agenda, una lógica política que englobe, desde la diplomacia hasta la política social, desde el tipo de democracia y las reglas del juego que se quieren edificar, hasta la economía sobre la que se debe sustentar ésta.

En todo caso, esa parece ser la intención, falta por ver que realmente se lleve a cabo. Pero las condiciones están dadas para ello: México, y su gobierno, necesitan establecer nuevas expectativas con respecto a la inserción internacional del país. Estados Unidos sigue siendo nuestro más importante socio comercial, mas no cabe duda de que la Unión Americana vive una etapa difícil, no sólo debido al proceso de comicios, sino también a causa de la situación de la economía y las fuertes contradicciones políticas y sociales que viven al concluir la administración de Bush. Gane Barack Obama o John McCain, el futuro de Estados Unidos será, por lo menos, complejo.

Eso no implica desconocer, al contrario, que nuestra integración como país en el bloque de América del Norte va mucho más allá de la geografía: es el eje de nuestra inserción internacional. Tampoco puede desconocerse la identificación y el sentido de pertenencia latinoamericana que se ha reconstruido en los últimos años. Sin embargo, la región vive, en estos momentos, horas bajas, desde Venezuela hasta Argentina, con la transición cubana como un interrogante permanente.

En ese contexto, la revitalización de la relación con España, y a través de ella con la Unión Europea, puede potenciar a los dos actores en sus políticas: en nuestro caso, diversificar el intercambio comercial y las inversiones, apostar por un modelo político que se mostró exitoso ante desafíos similares al nuestro (una economía que hace 30 años estaba cerrada y sin integrarse plenamente, con pobreza y un sistema político autoritario) y, por una suma de voluntades diplomáticas que permitan mostrar, para México, desde América del Norte y, en el de España, desde la Unión Europea, coordenadas comunes. España se beneficia de muchas formas: su industria, muy poderosa en distintos ámbitos, puede tener una profunda participación, mucho mayor que la actual, en la economía mexicana y llegar a mercados del norte del continente que ahora se muestran reacios a esa relación, luego del retiro español de Irak. En América Latina la apuesta es por una posición liberal alejada, como se insistió en la gira de los últimos días, de los autoritarismos y el populismo, que están comenzando a mostrar profundas grietas, según está sucediendo en el gobierno de Chávez y el llamado proyecto bolivariano.

Sin duda, para llevar todo eso a la realidad, se requiere voluntad política y evitar distraerse en la coyuntura. También colocar el tema mucho más allá de la agenda mediática cotidiana. Pero todo está ahí con el fin de demostrar que es posible avanzar mucho más apostando a la diversificación y a equipararnos con modelos exitosos de democracia real que el aislacionismo o el nacionalismo vacío.

Más allá de la diplomacia, tres puntos interesantes en la gira presidencial. Primero, la declaración sobre los debates petroleros. Por una de esas extrañas razones, fue inventado un conflicto que nunca existió: Calderón nunca descalificó el debate, dijo que éste no había abordado los tres puntos principales de su propuesta: que con ella se aumenta la exploración y la explotación; que se incrementan las reservas y se reduce la importación de gasolina. En lugar de una descalificación, esas parecen ser las bases sobre las cuales estaría el gobierno dispuesto a negociar. Una negociación en la que, por lo visto, los gobernadores quieren tener también un espacio. Segundo punto, la salida de Creel del grupo parlamentario del PAN: públicamente se reconoció la honestidad del todavía presidente del Senado. En privado, el consenso es que no estuvo a la altura de las circunstancias y que, precisamente la negociación sobre los tres puntos anteriores, presionó para el cambio del coordinador panista. Eso se suma a la búsqueda del fortalecimiento de Germán Martínez con la incorporación al CEN de Juan Ignacio Zavala y Rogelio Carbajal, ambos en posiciones clave. Tercero: una declaración que pasó desapercibida: “Mi gobierno será emocionante de principio a fin”.

El debate, Presidente, no es por el petróleo

Pablo Hiriart
Vida Nacional
Excélsior

En España el presidente Calderón se quejó de que no le han rebatido la parte sustancial de su propuesta de reforma petrolera.

Que sólo le han hecho cuestionamientos políticos o ideológicos. ¿Y qué esperaba?

¿De veras el Presidente pensó que el debate es por el petróleo, la eficiencia de Pemex y sacarle el mayor provecho a menor costo a esa riqueza natural no renovable?

El tema tampoco es de soberanía.

El petróleo es una mercancía y hay que ver la forma más eficiente de venderla, en beneficio del país y de sus necesidades.

Los bienes son para remediar los males.

El petróleo, en el fondo marino, no crea infraestructura ni equipa hospitales ni financia los proyectos educativos que el país requiere para que sigamos siendo una nación viable.

El debate debería ser, en consecuencia, cuál es la mejor manera de obtener mayores recursos económicos de esa riqueza natural no renovable.

Y discutir también en qué vamos a gastar el ingreso petrolero.

Hasta ahora esa discusión se ha dado de manera tímida en el Congreso, donde los partidos, todos, han aprobado por unanimidad los proyectos de presupuesto más recientes.

¿Por qué no se han invertido bien los ingresos petroleros?, hay que preguntar a los gobiernos anteriores y a los legisladores de todos los partidos.

En el mal manejo de los recursos petroleros y de sus excedentes, unos tienen mayor responsabilidad que otros, pero no hay buenos ni culpables únicos.

Ahora bien, ¿qué se le ha rebatido a la parte sustancial de la iniciativa del presidente Calderón?

Nada. Nada serio.

La propuesta del Ejecutivo va a propiciar mayor crecimiento económico. Ese es un primer argumento, que no se le ha rebatido, y no es menor.

Segundo: la reforma, de aprobarse, servirá para generar más empleos en el país. Tampoco se le ha refutado.

Tercero, va a otorgar más recursos a Pemex, al gobierno federal y a los estados. ¿Quién ha dicho que no es así?

Cuarto, se podrán extraer los 500 mil barriles diarios que vamos a necesitar dentro de 11 años, con el fin de reponer las mermas de los yacimientos actuales y de esa manera mantener los niveles de producción. ¿No es verdad?

Quinto, va a contribuir a la seguridad energética del país. Al importar gasolinas de otras naciones, como hacemos ahora, estamos expuestos a una crisis energética que México no conoce, y que otros países han padecido. Con la reforma se conjura ese riesgo. ¿Sí o no?

Los argumentos contra la reforma se centran, fundamentalmente, en que es “privatizadora”, atenta contra la soberanía del país y es “antipatriota”.

Nadie ha dicho, sin embargo, en qué afecta a la soberanía del país. Los hidrocarburos, bajo tierra o en el subsuelo marino, seguirían siendo propiedad de la nación.

Tampoco se vende un solo activo de Petróleos Mexicanos.

¿Dónde está la privatización?

Proponer que empresarios privados construyan en México refinerías a través de un esquema de maquila, donde las empresas reciban hidrocarburos de Pemex para su procesamiento y después entregar la gasolina a Pemex, no elimina el hecho de que se mejoren las refinerías que tiene el Estado.

Lo que se pretende con esa propuesta es refinar aquí, en vez de importar gasolinas de España, Estados Unidos, Holanda, Francia, Suiza, Bélgica, Italia, Brasil y, próximamente, India.

Con ello dejaremos de importar miles de millones de dólares en gasolinas y vamos a detener el absurdo de exportar empleos, impuestos y crecimiento económico a otros países.

¿Dónde está lo dañino a la soberanía nacional?

En este caso, ¿qué es ser antipatriota?

¿Dónde queda lo nacionalista al permitir que siga esa sangría multimillonaria al exterior, si los recursos pueden quedarse en México?

Bueno, para entender lo absurdo que hay en todo esto, es preciso no perder de vista un factor fundamental.

Aquí nadie quiere “vender Pemex” ni “entregar a México”.

Sí hay, en cambio, un grupo político, con fuerte influencia en comunicadores y medios de comunicación, que quiere que al país le vaya mal para que a su partido y a su líder les vaya bien.

Por eso no tienen respuestas.

Para ellos el debate no es por el petróleo. Es lucha por el poder.

Los medios en los tiempos de la guerra

Leo Zuckermann
Juegos de Poder
Excélsior

El gobierno de Calderón le declaró la guerra al crimen organizado que se había apoderado de muchos espacios del Estado mexicano. Afortunadamente los delincuentes han recibido importantes golpes durante este sexenio. Pero el narcotráfico es un enemigo muy poderoso que no va a ser derrotado tan fácilmente. Va a dar una pelea muy sangrienta. Ya estamos viendo, por ejemplo, cómo usan el terror para defender su posición. Llevan a cabo actos de mucha violencia con el fin de inducir el miedo en la población de tal suerte que ésta se desespere y presione al gobierno para que detenga la guerra. Ante esta realidad, ¿qué deben hacer los medios de comunicación? ¿Limitar sus coberturas censurando cierta información para apoyar al gobierno en el esfuerzo bélico? ¿O reportar los mensajes de terror que mandan los narcos haciéndoles el caldo gordo a los enemigos de la sociedad y del Estado?

De acuerdo con el Presidente, los medios deben dejar de manifestar y divulgar “las acciones que están, precisamente, deteniendo la estructura de los criminales; para que no se convierta la estrategia de los criminales, que buscan sembrar terror, en una estrategia compartida por los propios medios de comunicación”. La postura gubernamental es muy clara: el comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas solicita el apoyo de la prensa en la guerra que está librando en contra del crimen organizado.

¿Deben los medios atender este pedido? ¿Tienen que jugársela con el Estado? ¿Deben dejar de reportar los mensajes que ponen los narcos junto a los ejecutados? ¿Abstenerse de publicar imágenes horrorosas como la de los decapitados?

La disyuntiva

Yo, como ciudadano, quiero que el Estado mexicano lo controlen autoridades elegidas por la ciudadanía y no representantes del crimen organizado. Por tanto, aspiro a que el gobierno efectivamente se imponga a los narcotraficantes que hoy por hoy son la principal amenaza a la seguridad nacional. En este sentido, como en toda guerra, creo que los grupos sociales, entre ellos los medios, deben ser solidarios. Poner su granito de arena para que el Estado le gane a un enemigo de la calaña de los narcos. Esto implicaría atender el llamado del Presidente y limitar la información con el fin de no hacerle el caldo gordo al terror que está tratando de crear la delincuencia organizada.

Sin embargo, yo, como miembro de la comunidad de los medios de comunicación, no creo en la censura ni en la impuesta por el gobierno ni en la autoimpuesta. Ni siquiera en tiempos de guerra porque ésta incentiva los abusos de poder de las fuerzas del Estado. Los derechos humanos son las primeras víctimas de la censura. Además, la información es una condición sine qua non para la rendición de cuentas en una democracia. Una prensa alineada al gobierno puede generar, en el corto plazo, gran optimismo y apoyo público. Puede crear la idea falsa de que la guerra se va ganando, como ocurrió con los estadunidenses en Vietnam. Pero cuando la verdad sale a la superficie, y el público se entera del tamaño real del enemigo, se pierde la confianza tanto en los medios como en el gobierno (lo que efectivamente sucedió en Estados Unidos por la guerra en Vietnam). En este sentido, mantener en la oscuridad al público de lo que realmente está pasando puede convertirse en un tiro en la culata para el esfuerzo bélico.

Entonces, ¿qué hacer?

La disyuntiva no tiene soluciones fáciles. Es un tema que hay que debatir a fondo para encontrar un equilibrio que no mate a la democracia ni porque los narcos se apoderan de ella ni porque el gobierno censura la libertad de prensa.

Quizás en el corto plazo lo más conveniente es que cada parte haga lo suyo con mucho profesionalismo y seriedad. Al gobierno le toca no sólo enfrentar a los narcos sino tener una estrategia de comunicación de cómo va esta guerra. A los medios nos toca reportar y analizar lo que está sucediendo, siempre tomando en cuenta que lo que se encuentra en juego en esta guerra es la viabilidad futura del Estado mexicano.

Lo que no podemos hacer es que la prensa sustituya al gobierno en su labor comunicativa. Porque es ahí, quizá, donde Calderón ha fallado en esta guerra. No ha sabido enfrentarla en los medios. Ciertamente las encuestas demuestran un gran nivel de aprobación a lo que está haciendo en materia de combate al crimen organizado. Pero también hay confusión en la opinión pública (no se sabe, por ejemplo, quién va ganando la guerra) y sobre todo mucha preocupación (particularmente en el norte del país). Una guerra seria merece una estrategia de comunicación seria. No puede atenderse con una feria de spots desgastados que la justifican sólo “para que las drogas no le lleguen a nuestros hijos”.

Cuando un país está en guerra, el tema de las coberturas mediáticas se vuelve problemático. Los gobernantes, demócratas y autócratas por igual, siempre quieren controlar a los medios para evitar que el enemigo utilice prácticas propagandísticas o terroristas que socaven la moral de la población. El tema, como mencioné, no tiene soluciones fáciles. De lo único que estoy convencido es de que una sociedad democrática debe tener alternativas de información independientes del gobierno para saber adonde está parada. Para evitar, como decía Hiram Johnson, que la “primera víctima de la guerra sea la verdad”.

El PRD, un gato egoísta y sádico…

Juan Pablo Becerra-Acosta
jpbecerracostam@prodigy.net.mx
Doble Fondo
Milenio

Hoy se cumplen tres meses de que se efectuó la elección para elegir la nueva dirigencia nacional del PRD. Han transcurrido noventa y tres días desde aquel 16 de marzo y… todavía no se sabe quién ganó. Lo que sí se sabe, porque Alejandro Encinas, Jesús Ortega y sus grupos afines se encargaron de documentarlo, es que se trató de un proceso electoral fraudulento, bochornoso y vergonzante. Y lo que también se sabe es que no hay un solo sancionado por haber organizado tales actos ilegales. Así, en el PRD los espurios conviven hoy con los ilegítimos.

¿Qué más se puede decir sobre esta tragicomedia, farsa, o como usted quiera aderezarla? Nada. Simplemente se puede hacer un nuevo recuento –con los datos más recientes– de lo que ya le ha costado a la izquierda electoral tanto desatino:

Encuesta de María de las Heras: si hoy fueran las elecciones para diputados (las cuales se llevarán a cabo en trece meses), el PRI ganaría con 42% de los votos, le seguiría el PAN con 39%, y el PRD acabaría en el fondo… con 16% (15%, según las encuestas, también nacionales, de Consulta Mitofsky, Reforma y GEA/ISA). Los priistas conseguirían 13.8 millones de votos, los panistas 12.5 millones, y los perredistas… 5.4 millones.

Para que usted tenga un comparativo del desastre que le espera al PRD el próximo año, recordemos los resultados de los comicios para diputados del 2006: PAN, 13.7 millones de votos (33.39%); PRD, 11.9 millones (28.99%); y PRI, 11.6 millones (28.21%). Es decir, que la caída que se prevé para el PRD en el 2009 es de prácticamente trece puntos porcentuales (12.99). O si usted prefiere, de 6.5 millones de votos. Serán 6.5 millones de sufragios perdidos –mandados al demonio– en tres años de presidencia legítima, de resistencia civil pacífica, y gracias a unos comicios internos nauseabundos. Del histórico segundo lugar que obtuvo la izquierda en el Congreso, ésta yacerá en un lejanísimo tercer lugar testimonial.

¿Qué más se puede añadir? Un dato de la encuesta del Gabinete de Comunicación Estratégica: “¿Cuál sería el partido por el cual nunca votaría?”. Cuatro de cada diez mexicanos (43.1%) respondieron “PRD”, sólo 16.2% “PAN” y únicamente 14.5% “PRI”. Felicidades.

Y es que el PRD es un “gato egoísta”, consideraron tres de cada diez mexicanos (30%) cuando el Gabinete preguntó que, si los partidos fueran un animal, cuál de éstos sería el felino avaro y codicioso (el 23% eligió al PRI y el 21% al PAN).

Sí, el PRD es un gato egoísta. Y sádico… consigo mismo.

Izquierda y derecha / España y México

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

Que el Presidente mexicano diga en España que no se siente de derecha es una manera de deslindarse de la derecha española, específicamente la representada por el ex presidente de ese país, José María Aznar, personaje favorito del ex presidente Fox y del ex dirigente del PAN, Manuel Espino.

Es una manera también de postular el gobierno de Calderón como más cercano al gobierno de Rodríguez Zapatero, que lo recibe con calidez inusual, junto con el rey y las cortes y el derechista pero liberal alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, quizá el hombre de mayor futuro que hay en la política española, situado a la derecha de Zapatero pero a la izquierda de Aznar.

Apenas entran los matices, empiezan a reventar las etiquetas. El gobierno derechista de Calderón parece más cómodo o más sintonizado con la izquierda que representa el gobierno de Zapatero que con la derecha que representaba Aznar.

Por eso dice a la prensa española que no siente que su gobierno sea de derecha: comparado con el de Zapatero. No lo es, en efecto, porque Calderón tiene una estructura de gobierno con políticas sociales mal diseñadas, mal financiadas y mal operadas, pero características de gobiernos socialdemócratas como el español, mientras que Zapatero preside un país con libertades de inversión y emprendimiento características de agresivas economías de mercado, como las que Calderón querría implantar en México.

De modo que entre la izquierda que gobierna España y la derecha que gobierna México hay más afinidades reales y más comunión de propósitos de lo que pueda pensarse.

No obstante, para gran parte de la izquierda que lucha por el poder en México, nuestra izquierda realmente existente, el gobierno de izquierda que gobierna España es en realidad de derecha: un socialismo descafeinado que le hace el trabajo sucio al capitalismo, a la globalización y a sus empresarios, como lo demuestran las gigantes inversiones españolas en América Latina y en México.

Así las cosas, quienes reconocen y admiran en México los logros del socialismo español, su aportación estratégica y práctica para hacer de España un país próspero en el lapso de una generación, no pueden sino naufragar en el laberinto de las etiquetas.

¿Quieren para México un gobierno de derecha o un gobierno de izquierda? Dirán, si son sensatos, que quieren un gobierno eficaz, que dé crecimiento sostenido con garantías sociales efectivas. Es decir, un gobierno de izquierda a la española, aunque sea de derecha a la mexicana.

Se nos ríen en la cara

Luis González de Alba
La Calle
Milenio

Impedir el funcionamiento de uno de los tres poderes de la Unión, como ocurrió cuando el PRD y sus partidos satélites (que sus enemigos mantenemos, por cierto) ocuparon la tribuna de la Cámara de Diputados, es un acto no solamente violento, pues sólo con violencia es posible apoderarse de la tribuna y sólo con violencia se encadenan las puertas del salón de sesiones; es un acto bochornoso, inconcebible en un sistema apenas civilizado, ya no digamos democrático. Es un feroz atentado contra la soberanía del país porque el Poder Legislativo pierde no solamente soberanía sino que cesa de existir.

Mucho menos que esto dijo el PAN en su denuncia y por hacerlo se consiguió una multa aplicada por un IFE vasallo de la oligocracia partidaria. Que el PAN denuncie lo que todos vimos, cuya verdad nos consta a 100 millones de mexicanos, ni siquiera importa. No es objeto de la ley si la denuncia es calumniosa o comprobada, sólo importa que algunos partidos se sintieron deshonrados. La multa del IFE contra el PAN demuestra que los partidos triunfaron en sus propósitos de imponer sirvientes temerosos del despido en donde debería haber árbitros inamovibles y con plena autonomía, prueba también que esas leyes que hicieron para defenderse de toda crítica atentan, como no ocurrió ni durante el apogeo del PRI, contra la simple expresión de las ideas.

Poner cadenas a las puertas del auditorio donde ejerce uno de los tres poderes de la Unión es no sólo un acto violento, palabreja tibia, sino criminal y plenamente tipificado en leyes y códigos penales desde que el Estado mexicano existe.

Los diputados (y diputadas) delincuentes quedan impunes no sólo cuando se mean en su propia tribuna, sino en el caso de que ahorcaran a su madre, pues se amparan en el fuero, reliquia de aquellas guerras “por religión y fueros” que ensangrentaron nuestro siglo XIX e impidieron el desarrollo del país, que se mantuvo clerical y virreinal hasta que un indio en la Presidencia acabó con las leyes para indios y dio al país la legislación liberal que exigen la ciencia, la industria y el desarrollo. Ahora poseen, además de fuero, un escudo legal por el que no se puede llamar “puta” a quien vende sus favores, como hacen no solamente las putas, sino los partidos.

Y, como decían las abuelas, el mal ejemplo cunde: en México ya todo inconforme (o inconforma) cierra calles y carreteras para exigir atención. Lo hicieron los camioneros españoles ante el alza mundial de las gasolinas. Pero el gobierno socialista de Rodríguez Zapatero actuó conforme a la ley: intentó negociar, les dio un plazo y concluido éste empleó la fuerza pública sin temor.

En México no podemos hacer lo mismo. Nuestras policías parecen no conocer términos medios: o disparan por la espalda a quien huye luego de hacer una pinta o miran cómo una turba destruye comercios, autos… y desvían el tránsito para que los forajidos actúen a sus anchas, como, otra vez, vimos en Oaxaca.

Los estados en donde más “combativos” son los maestros y con más frecuencia van a la “lucha” son, por eso mismo, los de peor y más inaceptable índice de analfabetismo, por lo mismo los más pobres en un país de pobres, los que atraen menos inversiones: ¿quién desea poner su fábrica de fertilizantes en donde los trabajadores no saben leer el aviso “peligro” o se rigen por el tiempo indígena, “cósmico”, etcétera?

Los appos degollaron a un maestro que pretendió dar clases, asesinaron a un joven que movió una piedra para meter su coche… y están sueltos para volver a cerrar escuelas y negocios en Oaxaca sin que el acobardado gobierno federal tome la decisión de hacer el trabajo principal para el que fue elegido: dar seguridad a los habitantes.

Una solución es que los appos declaren, ya, la independencia de la República Libre y Democrática de Oaxaca: eso ahorraría a los demás estados el 98 por ciento del presupuesto que en Oaxaca tiramos a la basura. Quien deseara ir a pescar brucelosis, salmonela, infecciones intestinales o al menos indigestión con moles de carnes sospechosas, debería tener visa. Algunos ni siquiera la pediríamos.

Pobre Brasil. La compañía española Repsol acaba de encontrar yacimientos petroleros en aguas profundas de Brasil. ¡Pobres brasileños! ¡Ya se quedaron sin soberanía!... esa es la “lógica” del obradorismo que ahora impide hacer lo que propuso en su mismísimo proyecto de gobierno, ése con el que buscó llegar a la Presidencia.

Desagravio a la bandera... del rollo

Carlos Marín
cmarin@milenio.com
El asalto a la razón
Milenio

Quienes berrearon por la falsa “ofensa” en España de Felipe Calderón al Senado y el supuesto desdén al debate de la iniciativa petrolera, desperdiciaron la oportunidad de protestar (sin lloriquear, por favor) por algo cierto:

Si bien el Presidente puede hablar de y criticar lo que quiera (incluido el desempeño de los poderes Legislativo y Judicial como sucede al revés), antes que en el extranjero debió hacerlo en su país, siquiera por “buen gusto”.

No decirlo aquí propicia la idea de que afuera tira la piedra y adentro esconde la mano.

En rigor, en la plática que sostuvo en el Palacio de la Moncloa con los reporteros nada indica que Calderón se hubiera propuesto, ni remotamente, descalificar a quienes cuestionan su propuesta. De las 18 preguntas que respondió, sólo dos tocaron el tema energético, y fue hasta la décimoquinta cuando soltó lo que piensa, nada extraordinario, sobre el debate que tiene lugar en el Senado. Entre la primera sobre la reforma (número siete) y la que desató los demonios, los periodistas le plantearon interrogantes acerca del “candidato derrotado” y su movimiento contra la propuesta, sobre la estallidos sociales, el turismo, el narcotráfico, la frontera sur y la modernización de México.

Vino entonces la número 15, otra vez relativa a la reforma energética, y un mal entendido de la respuesta (que El Universal corrigió) vitaminó a los rolleros de siempre y a los oportunistas que han hecho del tema su circunstancial modus vivendi.

“Me parece que es muy sano que en México se estén expresando, en el debate del Senado, todas las voces, todas las opiniones”, comenzó a decir Calderón. “Pueden tener una mayor dosis de sensacionalismo las que sean más sensacionalistas, quizá menos atención las que sean estrictamente técnicas”, describió. “Pero yo rescato algunas cosas fundamentales: por ejemplo, nadie ha cuestionado un objetivo central de mi propuesta: la reforma que he propuesto aumentaría la producción de Pemex. Nadie la ha cuestionado”, reflexionó.

Y celebró que los temas fundamentales de su iniciativa (fortalecer a Pemex, aumentar las reservas y la producción de refinados), “unos y otros nos lo han reconocido, o simplemente no han objetado ese punto (…)”.

Encarrilado ya, dijo esta obviedad:

“Creo que todas las reformas que hemos hecho, yo creo que no sólo en México sino en muchas partes del mundo, pasan por ese mismo proceso: se hace una propuesta inicial, se genera un debate, se presentan propuestas alternativas, se negocia finalmente, se busca un acuerdo y, cuando este acuerdo se presenta, se vota”.

No haber dicho antes lo mismo en México incidió en la magnificación de una “ofensa” que, la neta, jamás ocurrió.

Lo demás es buscarle ruedas a la abuelita para volverla bicicleta.

Cuatro para irnos de España

Ciro Gómez Leyva
gomezleyva@milenio.com
La historia en breve
Milenio

1. A punto de regresar, leo que hay quienes protestan porque Calderón vino a España a venderle México a los gachupas. Verdad de Perogrullo. Si no es a reparar relaciones diplomáticas o hacer acto de presencia en efemérides, exposiciones, eventos deportivos o culturales, los presidentes van al extranjero a vender la imagen de sus países. ¡Y el buen clima de negocios, joder!

2. Leo también que el éxito de Felipe Calderón en el Congreso español no lo fue en realidad. Que se trató de una maniobra de propaganda. Es imposible convencer a los “legítimos”, jamás van a reconocer virtud ajena. Para bien, para mal, qué sé yo, las Cortes se rindieron ante Calderón. Nadie inventó los dos largos aplausos. Los elogios y adjetivos de los congresistas se pueden consultar cómodamente en internet. Pero los “legítimos” no leen, no ven videos, no escuchan lo que les suena forastero.

3. Calderón no dijo en la Moncloa lo que la prensa mexicana dijo que dijo sobre los foros de Pemex. Pero bastó que un medio pusiera en internet la imprecisa versión de que descalificaba las discusiones en el Senado para que una veintena de políticos aplastaran al Presidente con “reacciones a lo dicho en España”. ¿Llegará la fecha en que pregunten antes de lanzarse a declarar? Eso sí, al día siguiente, ante la crema empresarial de Madrid, Calderón reaccionó también y se desdijo de lo que nunca dijo.

4. Cataluña merecía mucho más. Había que ver la cara de fastidio de los concejales en traje de gala el sábado en la tarde-noche, único hueco en la gira para pasar a decirles “¡Visca Catalunya!” Después de la fiesta madrileña pareció que Calderón sólo fue a patrullar Barcelona a esa hora maldita en que los bares a punto están de cerrar.

Google

Rodolfo Tuirán
r_tuiran@yahoo.com.mx
Analista y subsecretario de Educación Superior de la SEP
El Universal

La semana pasada, Google, el famoso buscador de internet, fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2008. El jurado reconoció la relevancia de esta herramienta en el mundo actual y la distinguió por haber puesto “de forma instantánea y selectiva, al alcance de centenares de millones de personas, el enorme caudal de información de internet”. Según el acta del jurado, Google ha hecho posible “una gigantesca revolución cultural”.


Se sabe que la decisión del jurado no fue fácil y estuvo acompañada por un debate arduo que exigió hasta siete votaciones antes de anunciarse el fallo final. El otorgamiento del premio a Google refleja, ante todo, una enorme admiración por las nuevas tecnologías, sus usos y sus extraordinarias consecuencias. Recuérdese que el buscador fue desarrollado en 1996 por dos estudiantes de doctorado de la Universidad de Stanford (Sergey Brin y Larry Page).

Esencialmente, Google permite organizar de manera extraordinariamente ágil y rápida el universo de conocimientos e información disponible en la red. Su mérito radica no sólo en su capacidad de identificar los sitios en los que aparecen las palabras buscadas, sino también de ordenarlos en función de su relevancia.

Google adoptó su nombre por su parecido al término matemático googol (que representa la cifra de 10 elevado a 100), en alusión a la enorme cantidad de información que el buscador es capaz de identificar y clasificar. Actualmente, Google permite buscar en más de 8 mil millones de páginas electrónicas. Su motor de búsqueda realiza más de 200 millones de consultas diarias y funciona en 100 idiomas. Estos datos revelan que Google es el gigante de la red. Quizá por eso el buscador es para muchas personas un sinónimo de internet.

Google funciona gratuitamente para los usuarios a pesar de que su operación y mantenimiento implican algunos costos. La firma fundada por Brin y Page no sólo encontró la fórmula para compensarlos, sino también para ganar grandes sumas de dinero. La clave fue acercarse a quienes podrían beneficiarse de las búsquedas. Si los usuarios inician alguna consulta, Google muestra las páginas electrónicas resultantes y, además, unos pocos enlaces de anunciantes con publicidad dirigida (es decir, aquella que guarda relación con las palabras utilizadas en la búsqueda). Gracias a la venta de publicidad en Internet, Google es hoy en día una de las firmas más exitosas del mundo. Tan sólo el año pasado facturó alrededor de 16 mil 600 millones de dólares y obtuvo más de 4 mil millones de ganancias.

Debido al éxito y creciente número de personas que utiliza el buscador (alrededor de siete de cada diez internautas), algunos analistas han alertado de los riesgos de que Google se convierta en la “fuente única” para organizar, filtrar y comunicar la incalculable cantidad de información disponible en la red. La preocupación por esta “Googlarización de la red” se agudizó en fecha reciente cuando la firma cedió a la presión del gobierno chino para que en ese país los resultados que ofrece el buscador estén convenientemente filtrados.

Por razones como ésta, hay personas que piensan que, además de premiar al buscador más usado en el mundo, deben examinarse con lupa y ojo crítico las prácticas del nuevo gigante empresarial. Los usuarios de internet entregan a la firma, por diferentes vías, una enorme cantidad de información sobre sus gustos, intereses y creencias personales. Es tal la capacidad de la firma de acumular, analizar y retener este tipo de datos, que diversos grupos defensores de los derechos de los usuarios en varios países temen que ocurra —en ausencia de regulaciones adecuadas— una invasión creciente a la privacidad. Para una firma que tiene como lema Don´t be evil (no hagas el mal o no seas malo), resultan un tanto chocantes sus técnicas de intrusión y sus cada vez más largos tentáculos empresariales.

Al margen de estas consideraciones, no está de más reconocer los merecimientos del buscador: Google ha facilitado la navegación y transformado profundamente nuestra relación con la internet.

Dos presidentes en Madrid: 1977-2008

Leonardo Curzio
Analista político
El Universal

Hace poco más de 30 años, López Portillo realizó una triunfal gira por España. Con la soflama propia del criollo fue repartiendo dones y buen humor. Eran los años del derroche y la dolce vita del priísmo inderrotable.

En su discurso ante el Congreso, López Portillo intentó emparejar la transición española que entonces empezaba, con la tímida apertura mexicana que iniciaba con la reforma Reyes Heroles. En su Plan Global de Desarrollo se atrevió a arriesgar que a finales del siglo XX igualaríamos en nivel de renta a los españoles. Treinta y un años después, qué lejos estamos de las viejas aspiraciones. Felipe Calderón consigue el aplauso unánime del arco parlamentario español con un discurso que, entre otras cosas, plantea el dilema pasado/futuro por encima de la díada izquierda/derecha. Las palabras de Calderón en Madrid dejan, sin embargo, un regusto amargo por la inevitable comparación de lo que han sido tres décadas para España y México.

España dejó de ser una atroz dictadura regida por un atávico nacional catolicismo; abandonó un nacionalismo autárquico y ramplón y dejó en la cuneta un profundo complejo de inferioridad respecto a sus vecinos europeos. Hoy España es un país plenamente integrado a la Unión Europea, un país que confía en sí mismo, que igual destaca en los deportes que en la tecnología aeronáutica. Pero su mayor logro es haber conseguido reducir las brechas sociales internas y aquellas que lo separaban de sus vecinos. Hoy aquella frase de que “África comienza en los Pirineos” es un vetusto lugar común.

Para México estos 30 años han sido una etapa de claroscuros, pero absolutamente miserable si la comparamos con España. Hemos visto, en este tiempo, hundirse en tres ocasiones nuestra economía con marchas fúnebres del viejo estatismo y del capitalismo de compadres. Hemos tenido un sinfín de reformas sin superar del todo las inveteradas trampas y desconfianzas. Somos un país que tiene muchas razones para sentir indignación por lo que es y frustración por lo que puede ser y no es. Seguimos atrapados en viejas disputas orquestadas en gran medida por los mismos taimados que gobernaban entonces y ahora rugen como leones de oposición.

No en todas las épocas históricas ni en todos los países se dan generaciones de reformadores, pero es poco frecuente que los niveles de mediocridad se repartan tan universalmente como en México. El PRI que hundió la economía del país y que frustró los anhelos de libertad con represión y fraudes electorales, sigue siendo un dique para la modernización con sus obtusos gobernadores que reproducen las peores prácticas. Su único consuelo es que las oposiciones no son mucho mejores. La izquierda perredista se ha labrado (según la última encuesta de Liébano Sáenz) un desprestigio mayor que el PRI. Tiene mérito el sol azteca, porque superar al PRI en desprestigio no era cosa simple pero lo van ganado a pulso por sus mentiras y su arrogancia savonaroliana.

El PAN, que ha gobernado ocho años, sigue incubando un miedo animal y paralizante a golpear las estructuras que reproducen los poderes fácticos que le impiden dar el salto a este país porque les temen o se han mestizado con ellas.

De todas las historias de la historia, la más triste de todas ya no es la de España, sino la de México porque después de 30 años de discursos transformadores, nos damos cuenta de que no hemos perdido una década, como dice un cínico, sino tres y tal vez, como dice Schettino, bastante más.

¿Es necesario insultar?

Sara Sefchovich
sarasef@prodigy.net.mx
Escritora e investigadora en la UNAM
El Universal

Como Andrés Manuel está muy enojado porque Felipe Calderón es el Presidente de la República y no él, busca por todos lados la forma de deslegitimarlo. La más reciente es que le ha dado por insultarlo y sus palabras son cada vez más fuertes: empezó por decirle “espurio” y ahora no lo baja de “pelele”, “inútil”, “tenga su privatización”, “discúlpese con sus jefes”.

Según el diccionario, un insulto es cualquier palabra que sea utilizada por el emisor con la intención de lastimar u ofender a otro individuo, o que es considerada por el receptor como tal. Qué constituye o no un insulto es difícil de determinar con precisión, ya que se halla sujeto a convencionalismos sociales y culturales.

En tiempos de la Colonia por ejemplo, circulaban panfletos anónimos contra los virreyes diciéndoles “tonto o animal”, lo cual se consideraba muy fuerte. En el siglo XIX los liberales se burlaban de los conservadores llamándolos “cangrejos” porque “dan un paso pa´delante y otro para atrás”. El tono empezó a subir a principios del XX cuando el poeta Tablada le escribió a Madero aquella copla:

¡Que paladín vas a ser,

te lo digo sin inquinas,

gallo bravo quieres ser,

y te falta Chantecler,

lo que ponen las gallinas!

Pero en tiempos del PRI, esto dejó de suceder y durante años nadie se atrevió a decirle nada al mandatario. Se consideraba fundamental el respeto a la investidura, tal que cuando Villa se presentó frente a Carranza, éste le ordenó que se quitara el sombrero porque estaba frente al Presidente de la República y aquel, que era muy bravo, de todos modos obedeció. Y Ruiz Cortines cuando decía alguna mala palabra (y se le salían muchas porque como buen veracruzano era muy mal hablado) le pedía disculpas a la investidura.

En los años setenta, al amparo de la llamada “apertura democrática”, volvió la moda, aunque para insultar a los poderosos había que esperar a que acabara el sexenio, cuando los atacados ya no podían hacer daño. Y entonces sí, muchos se daban vuelo diciéndoles de todo a presidentes y gobernadores y contando chismes sobre empresarios.

En los ochenta, la derecha se apropió del método y se puso a hablar de “zoocialistas”, “indoizquierda” y “subamericanos”, para ofender a quienes venían de los países del cono sur del continente a refugiarse en México y contraponiéndolos a “los buenos mexicanos” y a “los ciudadanos decentes”.

Pero el insulto como cosa de todos los días y cuando los aludidos aún están en pleno poder, entró a nosotros con el siglo XXI. Nunca habíamos oído lo que se dijo en la campaña electoral del año 2000 (un candidato le dijo a otro “mandilón”) ni menos habíamos imaginado siquiera que podríamos llegar a escuchar lo que se le dijo durante su sexenio al presidente Fox y a su esposa. A aquel le dijeron de todo y un novelista hasta lo acusó de “impotente” y presentó supuestos documentos médicos para avalarlo. Y a ésta, se le dijo “demente”, que “se le aflojaron las tuercas” y que “ya solo falta que salga en la televisión haciendo pipí”

La campaña del 2006 ya fue prolija en insultos. El candidato de la coalición Por el Bien de Todos le dijo al primer mandatario “chachalaca” y “pájaro que hace mucho ruido” y le pidió que se callara la boca. A su vez a ese candidato los opositores le llamaron “mesías tropical” y “loco”. Y poco después, al nuevo presidente Felipe Calderón la oposición le llamó Fecal y Cacalderón.

No cabe duda que como me escribió una vez un lector: “La falta de respeto a la autoridad se está volviendo un hábito. Ya no son hechos aislados sino parte de una costumbre que se va generalizando.”

No voté por Calderón ni soy panista, pero como ciudadana me enoja que se insulte al Presidente de la República, pues es una investidura que merece y exige respeto. Y no sólo eso: me indigna que nadie se lo refute a AMLO y a los suyos y que les permitan recurrir a ese método aún en los sitios en los cuales se supone que se cuidan las instituciones y la legalidad, como el Senado. Y además, porque estoy convencida que buenos argumentos nos convencerían más que palabras ofensivas.

Debate, ¿cuál debate?

Luis Soto
Agenda Confidencial
El Financiero

Tiene razón el presidente Felipe Calderón cuando prácticamente afirma que en el debate petrolero "no le han quitado ni una pluma a su gallo", perdón, a la reforma energética que envió al Congreso de la Unión.

Efectivamente, el debate ha servido para discrepar, pero sobre cuestiones políticas y/o ideológicas y no técnicas, como comenta el jefe del Ejecutivo. Y "no es reproche", aclaró.

Para los observadores políticos objetivos e imparciales, en ocasiones los foros parecen más un "circo político", deprimente por supuesto, en el que todos quieren participar, Incluyendo algunos "payasos que se presentan como especialistas"; políticos resentidos en decadencia; charlatanes, merolicos, exfuncionarios frustrados, fracasados (además del "Perfecto Fracasado", Francisco Labastida Ochoa, claro); ignorantes en todas los temas que se han abordado. Y por supuesto los que quieren "llevar agua a su molino", entre otros muchos otros.

Y como lo dice el primer mandatario, no han discrepado sobre los objetivos que se plantean en las iniciativas de reforma, que para quienes los olvidaron se los recordó: aumentar las reservas probada mediante una mayor exploración; incrementar la capacidad de producción de petróleo y de gas, y aumentar la capacidad de refinación de Pemex.

Lo paradójico del debate petrolero es que los medios de comunicación en ocasiones le dan más relevancia y espacio a esas "discrepancias políticas e ideológicas", que a los aspectos técnicos y financieros en que se encuentra la paraestatal. La sociedad, pues, debería estar realmente preocupada porque estamos derrochando los recursos de la abundancia petrolera en importaciones de petrolíferos. ¿Por qué no hacerles caso a quienes saben del negocio petrolero? ¿Por qué no confiar en aquellos técnicos que han dedicado casi toda su vida a la empresa?

La semana pasada por ejemplo, Guillermo Ruiz, técnico de Pemex con más de 25 años de experiencia, esbozó con claridad la posición de la empresa respecto a los retos en Refinación. A quienes participan en el debate petrolero deberían de "ponérseles los pelos de punta" por el panorama que presentó, en lugar de alegrarse de que, según ellos, "el Ejecutivo va perdiendo". Se equivocan los "agoreros del desastre", diría López Portillo si viviera; el que va perdiendo es el país y quienes aquí vivimos.

Dice el ingeniero Ruiz, por ejemplo, que "el Sistema Nacional de Refinación atraviesa por una coyuntura crítica que dificulta abastecer la demanda interna de derivados del petróleo, con eficiencia y rentabilidad. El hecho de que Pemex Refinación se apoye en terceros para realizar obras indispensables para el país, lejos de debilitarlo, lo fortalece; proponer, como se hace en la iniciativa, la maquila de refinación, no significa que éste vaya a ser el único camino que elija Pemex Refinación. Paradójicamente, para Pemex Refinación el tiempo es un recurso más escaso que el dinero. Y mantener las cosas como están sólo puede llevarnos a un deterioro mayor.

"Ante la falta de capacidad de producción, Pemex importa el 40 por ciento de la demanda de gasolinas. El valor de las importaciones ha pasado de cinco mil 500 millones de dólares en 2004 a 16 mil 800 en 2007; semejante nivel de importaciones se traducen, en términos prácticos, en exportar empleos, impuestos y crecimiento económico a otras latitudes.

"Están saturados los sistemas de transporte por ducto y marítimo, así como la infraestructura de almacenamiento y distribución en las zonas de mayor demanda.

"Desde el inicio de sus operaciones (1993), Pemex Refinación ha tenido resultados negativos o marginalmente positivos... alcanzando una pérdida antes de impuestos de 42 mil millones de pesos en 2007 con una tasa impositiva similar a la de cualquier empresa.

"Pemex Refinación no tiene la suficiente flexibilidad para desarrollar los proyectos prioritarios con la oportunidad requerida. Se requiere un programa de inversiones en cuatro líneas de acción:

"1) Incrementar la capacidad de importación y fortalecer la infraestructura de almacenamiento y distribución de productos;

"2) Reconfigurar las refinerías de Salamanca, Tula y Salina Cruz para transformar la producción de residuales (combustóleo) en productos de alto valor (gasolina y diesel);

"3) Adecuar la infraestructura de producción para elaborar combustibles de ultra bajo azufre y reducir la emisión de óxidos de azufre a la atmósfera; y

"4) Construir nueva capacidad de refinación por 600 mil barriles día para poder reducir las importaciones de gasolinas y la dependencia del exterior.

"Todas estas obras implican la construcción de más de 80 plantas de manera simultánea. El monto de inversión física asociado a estos proyectos es de 65 mil millones de pesos por año para los próximos nueve años; ejecutar estos proyectos con inversiones mayores a tres mil millones de dólares cada uno representa un reto formidable para una sola empresa."

De lo que se trata, pues, es de no seguir derrochando la abundancia petrolera en importaciones de gasolinas y gas, por ejemplo.

Agenda previa

Para trabajar y proteger a los infantes que intentan ingresar a Estados Unidos y terminan repatriados en la frontera, los gobernadores de Hidalgo y Sonora, Miguel Ángel Osorio Chong y Eduardo Bours, respectivamente, firmaron un convenio que contiene acciones concretas para lograr que estos menores regresen con sus familias.

Durante la firma de este convenio, que se realizó en Pachuca, el gobierno de Hidalgo entregó un cheque por 300 mil pesos para el fideicomiso de este programa, que se instrumentó a través de Nafin, y que contribuirá a la atención de los menores y los adolescentes migrantes que son repatriados por la frontera sonorense y que permanecen en albergues y centros de atención de aquella entidad, hasta su regreso a Hidalgo.

Nuestro más sincero pésame para Alejandro Rodríguez, director de Comunicación de Nafinsa y Bancomext, por el fallecimiento de su señor padre.