julio 07, 2008

Evo Morales volverá a cultivar coca si pierde referendo en Bolivia

LA PAZ (AFP) - El presidente boliviano Evo Morales afirmó que si pierde el referendo revocatorio de mandato en agosto, retornará al Chapare -donde nació a la política como líder campesino- a cultivar coca, dijo la prensa local de este lunes.

"Si me ratifican tengo dos años y medio más, si me revocan tengo que irme al Chapare, con mi 'cato' (superficie de 1.200 m2) de coca", afirmó el gobernante, que el 10 de agosto pondrá su cargo en juego en un referendum, junto a los de su vicepresidente y nueve prefectos, siete de ellos opositores.

Morales nació como líder de los cosechadores de coca del Chapare (en el corazón de Bolivia) a mediados de la década del 80, y su resistencia a los programas gubernamentales para erradicar la planta lo catapultó como líder campesino.

Morales, primer indígena presidente de Bolivia, sembró coca en el Chapare y también se dedicó a cultivar alimentos, como banano y naranja, según su biografía.

El gobernante boliviano llamó a consulta popular, ratificada por ley en el Congreso, buscando saldar en las urnas las divergencias entre el oficialismo -que apoya una nueva Constitución de corte estatista, aún sin vigencia- y la oposición que respalda la formación de gobiernos autónomos de tinte liberal.

Tarifas restan expectativa a llegada del iPhone a México

Dalia de Paz
dalia.depaz@eluniversal.com.mx
El Universal

Altos precios y condiciones en su venta quitan el encanto al dispositivo

Telcel condicionará a los consumidores del iPhone 3G a un plan de 20 meses con un costo de mil 100 pesos, el cual incluye voz y datos, según comentaron empleados de centros de atención de Telcel en un recorrido realizado por EL UNIVERSAL.

También explicaron que el aparato podrá ser vendido en Amigo Kit a un precio aproximado a 8 mil pesos, aun cuando Steve Jobs, presidente de Apple, anunció que el handset se comercializaría en 299 dólares —el de 16GB—.

El equipo que ha provocado gran interés de los consumidores estará disponible a partir del 11 de julio.

“La gente entra esperanzada de que a lo mejor tengamos más información del iPhone 3G, pero lo único que podemos hacer es registrarlos en una larga lista de clientes que desean tener uno”, dijo Raúl Gómez, ejecutivo de ventas de un centro de atención a clientes Telcel.

Hasta el momento Apple y Telcel aun no han dado a conocer más detalles en cuanto a planes y costos del equipo.

Hace unos días, la compañía AT&T, que tiene la exclusividad para la venta del iPhone en Estados Unidos también ofreció esta alternativa para quienes quieran comprar el celular de la empresa de la manzana mordida, pero que no deseen firmar un contrato de dos años. Para ellos, el iPhone se venderá sin contratos, aunque deberán los usuarios pagar 400 dólares adicionales al precio original. “Telcel sabe bien que hay personas que quieren comprar un iPhone, así que aprovechará la oportunidad para fijar su precio, porque al final los clientes pagarán lo que sea”, comentó al respecto, Carlos Ruiz, profesor de Estrategia del IPADE.

Agregó que la tarifa establecida será de tres meses, pues es el tiempo que tiene de exclusividad Telcel. “Al principio, la gente pagará hasta 8 mil pesos por tener el iPhone, pero al poco tiempo éste bajará considerablemente, lo único que puedo recomendarles es que tengan paciencia para comprarlo”, dijo.

Según Apple, se han vendido más de 6 millones de unidades en el mundo y espera llegar a 10 millones antes de que fin de año.

“Si pretenden vender esta cantidad, su costo deberá disminuir, de otra manera podría ser muy complicado llegar a la meta prevista”, comentó Ruiz.

DF, fracaso total en seguridad

Demetrio Sodi de la Tijera
El Universal

La semana pasada, Marcelo Ebrard declaró que Joel Ortega era un buen hombre y un funcionario capaz y responsable, sin embargo, los resultados que ha dado en los tres años que ha estado a cargo de la Secretaría de Seguridad Pública de la ciudad demuestran todo lo contrario.

No es sólo la percepción ciudadana que siente que la inseguridad ha aumentado, los datos de la Procuraduría General Justicia del DF muestran un aumento constante en el número de delitos, que pasó de un promedio diario de 410 en el primer semestre de 2006, año en que Joel Ortega asumió el cargo, a 440 en 2007 y 459 durante el primer semestre del presente año.

Más allá de si Joel Ortega es un buen hombre, de lo cual no tengo la menor duda, lo que es un hecho es que no ha podido con el paquete de mejorar la seguridad en la ciudad de México.

Parte del fracaso se debe a que el gobierno capitalino ha estado más preocupado por llevar a cabo acciones espectaculares que por atacar los problemas de fondo como son el desorden y la corrupción que existe en la policía.

De hecho, el desorden, la corrupción, y la politización que existen en todas las acciones del gobierno capitalino fueron las que provocaron la muerte de nueve jóvenes y tres policías en la discoteca New’s Divine.

Si lo que se buscaba era clausurar el lugar, no era necesario enviar a 500 policías, ya que un pequeño grupo de inspectores habría logrado ese objetivo, sin embargo, lo que buscaba el gobierno capitalino era dar un golpe político al detener, y luego liberar, a cientos de jóvenes, como ya lo había hecho en otras ocasiones.

No podemos dejar que se quiera ocultar la verdad, la decisión para llevar a cabo este tipo de operativos no fue del delegado o del policía a cargo, sino del secretario de Seguridad Pública, con la aprobación del jefe de Gobierno, que son, al final de cuentas, los principales responsables de las 12 muertes.

Joel Ortega es sin duda un buen amigo de Marcelo Ebrard, pero ha sido, como lo demuestran los resultados en el combate a la delincuencia y el desorden en la policía, un pésimo secretario de Seguridad Pública, por lo que el Presidente de la República y el jefe de Gobierno del DF tienen la obligación de sustituirlo.

La fórmula para la infelicidad

Lydia Cacho
Plan B
El Universal

La mayoría admite que se siente mal cuando es blanco de violencia, pero no asume su responsabilidad al ejercerla

La juventud mexicana de entre 15 y 19 años le teme a la vida. El 45.2% de las mujeres y 35.7% de los varones consideran a esa edad que su vida es un fracaso. El 62% de las adolescentes dejan de comer por tristeza; 61.5% de mujeres está deprimida, contra 47.2% de hombres. El 42.6% de niñas cree que no vale la pena vivir, y 28.7% de niños no le encuentran sentido a su existencia. Las cifras son abrumadoras, y por su usted cree que todo está bien en casa, vuelva a preguntárselo. Entre 84.9 y 62% de estudiantes viven con miedo y temor a casi todo, incluyendo a las personas adultas y sus opiniones. Más de la mitad de jóvenes no pueden comunicarse con su madre y padre, y casi la mitad aseguran que son incapaces de mostrar sus afectos en casa. Casi 40% nunca les cree a sus padres.

Estos datos los revela con precisión la Primera Encuesta Nacional de Exclusión Intolerancia y Violencia elaborada por la SEP y presentada por el subsecretario de Educación Media Superior, el doctor Miguel Székely.

La encuesta no solamente nos muestra qué piensan y sienten las y los estudiantes de escuelas públicas de todo el país (que bien podría extrapolarse a las escuelas privadas), también nos revela cómo su propia intolerancia, racismo, violencia y exclusión, les lleva a perder el sentido de la vida y la alegría.

La intolerancia entre jóvenes es abrumadora. El 54% no acepta que haya estudiantes con VIH-sida en su escuela; 52.8% del estudiantado se declara homofóbico, la mitad desprecian a adolescentes con discapacidades. El 47.7% rechaza a las personas indígenas en su entorno y casi 40% no está dispuesto a convivir con personas de ideas políticas diferentes. ¿Sorpresa? Baste recordar cómo se dividió el país y las familias con la crisis postelectoral del 2006.

Pensaríamos que entre los 15 y los 19 años nadie nos rechazaría por nuestra religión, pero en realidad 35.1% de estudiantes aseguran no querer convivir con personas de fe diferente a la suya. El 30% rechaza a personas extranjeras y desprecia a jóvenes de baja condición socioeconómica. Casi 40% no quiere tener compañeras de otro color de piel diferente al suyo.

El círculo vicioso se fortalece sin que ellas y ellos se percaten de que son quienes nutren la fórmula para la infelicidad. Casi la mitad de estudiantes ejercen violencia verbal y se dedican a hablar mal de las y los demás. La mayoría admite que se siente mal cuando es blanco de violencia, pero no asume su responsabilidad al ejercerla.

Parece que el discurso político contra la corrupción, la violencia de género, los asesinatos por homofobia, las políticas públicas sobre VIH-sida y el racismo, no da resultados. Las nuevas generaciones están más deprimidas y son más intolerantes, dos ingredientes que exacerban la violencia social y familiar.

La construcción de la paz precisa de dos factores esenciales: el deseo de la felicidad propia y ajena, y el respeto a las diferencias. El reto está en aprender desde la infancia que dañar a las y los otros siempre acaba por destruirnos.

La Utopía

Pedro Ferriz
El búho no ha muerto
Excélsior


Inquietud de algunos ha sido, si llegará el día en el que los tres países del TLC, formemos una región económico-política común —como hoy— las 27 naciones que conforman la Unión Europea. El proceso integrador no es sencillo… reclama la homologación de principios, reglas, condiciones, educación, leyes, ahorro interno, inflación, una base mínima de infraestructura, tasas, moneda, justicia y su aplicación, nivel de vida, ejercicio democrático, respeto a los derechos humanos… a la ecología. Pago de impuestos, subsidios, reglas de mercado. En suma, una manera de vivir, ser y estar, propia de pueblos desarrollados. Tengo la impresión que lo realizado —primero por los europeos— después de enormes esfuerzos integradores, tendrá que hacerlo el resto del planeta, cuando eventualmente vayamos progresando —en lo individual— en políticas públicas que nos lleven con sensatez, a un escenario diferente al que hoy —en el caso nuestro— padecemos. En los últimos años, México ha llevado adelante una estrategia de contención y no de solución a los más ingentes problemas. La acuciante situación es maquillada, en ocasiones ignorada, minimizada, incomprendida. Esto nos lleva a dar pasos muy cortos en aras de “ir avanzando” por el camino que nos dejan los márgenes políticos. Rendijas tan estrechas, no han permitido recuperar el gran país que deseamos.

Siempre he sido un demócrata de naturaleza. Dicho sea de otra manera, mi lucha contra el autoritarismo ha marcado mis años. Aunque entiendo que el reto de compartir el poder, implica una mínima calidad de los elementos que se dividen las decisiones conjuntas. Estoy convencido que el mecanismo político empleado por México, ha dejado de funcionar. Esto nos aleja de un brillante porvenir.

Lo primero que nos viene a decir John Mc Cain, —el próximo Presidente de Estados Unidos— es que antes que cualquier otra cosa, buscará sellar real y virtualmente, la frontera con México. Controlar el flujo que llega desde el sur —para ellos— resulta un tema prioritario. Lejos de pensar en una integración como la que imagino. Los muros reales y mentales, alejan a nuestros pueblos de forma dramática. Más que pensar en una futura integración, “se ve a la legua” no solamente cómo sopesan diferencias. Sino que en su lectura, no ven en México, un país que vaya a avanzar rápidamente a tratar de alcanzarlos. Muchos mexicanos me preguntan por qué Estados Unidos no ayuda a nuestro bienestar. La respuesta en muy sencilla. No lo hacen, porque nosotros mismos no nos ayudamos. Lo primero que me argumentan en Washington, es que se allanaría mucho el camino, si por ejemplo: todos los mexicanos pagáramos impuestos. El sólo hecho de asumir responsabilidades propias, acercaría en ellos, compromisos ajenos. Si nos propusiéramos educar a toda nuestra gente con promedios de 12 a 15 años en escolaridad. “Otro gallo nos cantara”. Sin intenciones y propósitos reales, es imposible alcanzar una homologación que nos haga vernos en otra dirección. En igualdad de circunstancias.

Es claro que a los alemanes no les fue fácil integrarse a los chipriotas. ¡Tampoco Malta, es igual que Francia! Pero lo que sí es cierto, es que todos ellos se pusieron metas, priorizaron objetivos y tomaron —con seriedad— medidas para hacer posible su unión.

Bienestar y progreso es la recompensa en un trabajo de equipo. México debería estar mirando por etapas su futuro. Dejar de lado la improvisación y sobre todo, algo que nunca fue empleado por Europa en sus —casi imposibles pretensiones— El populismo, como una forma de hacer sentir un progreso que siempre resulta en utopía.

La Suprema Corte de cara a la nación

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

Como pocas veces en su historia, la Suprema Corte de Justicia de la Nación está bajo escrutinio público. No es un escrutinio de conocedores, pues los temas jurídicos y constitucionales no son una especialidad de nuestra opinión pública ni de los medios que la alimentan ni de los comentaristas que ocupamos un lugar en esos medios.

Buena parte de las críticas a la Suprema Corte se construyen con criterios políticos más que con rigor jurídico, lo cual que pone a la Corte en una posición disonante respecto de las exigencias de la crítica y las expectativas del público, por lo común desmesuradas.

Cada quien habla de la Corte como le va en ella, y en esto no hay excepciones. No es parte de nuestra cultura política la aceptación rigurosa de ese tribunal como lo que por fortuna es: un árbitro definitivo de nuestros diferendos y, por tanto, una garantía para nuestra convivencia bajo el amparo exigente de la ley.

Si algo se hizo claro con la pluralidad democrática es la gran cantidad de asuntos fundamentales de nuestra vida pública que requieren definiciones constitucionales, es decir, veredictos de la Suprema Corte.

Las lagunas son tan numerosas y los inconformes tan centrales, que casi no hay litigio de alguna envergadura que no termine ahí.

Al igual que los ciudadanos, la Suprema Corte aprende poco a poco su papel, acertando y equivocándose. Lo cierto es que está sujeta a niveles de incomprensión técnica y de insatisfacción política que no convienen a su deseable majestad como juez último.

Siempre habrá un sector de quejosos molesto con los fallos de la Corte. Lo que nadie podrá negar a los ministros de esa institución en los tiempos que corren es que han dado la cara al tiempo que les toca vivir. No se han escondido frente a asuntos que pueden crear problemas políticos, polarizar a la opinión o desatar las iras de influyentes quejosos.

Los ministros se han manifestado igual sobre el aborto que sobre la ley de medios, sobre violación de derechos humanos de periodistas y sobre el sida como impedimento para estar en el Ejército.

En los años que corren la Suprema Corte de la Nación ha tratado de ser lo que su nombre indica. Merece por ello nuestro reconocimiento, más allá de si sus veredictos nos gustan o no, porque ese tribunal no está para darnos gusto sino para darnos certidumbre constitucional y proteger los derechos fundamentales.

Confundidos

Macario Schettino
schettino@eluniversal.com.mx
Profesor de Humanidades del ITESM-CCM
El Universal

El sistema político más exitoso en los últimos dos siglos es la democracia representativa. Lo es porque permite que el grupo más importante, la “clase media”, transforme su voluntad en decisiones colectivas. En otras sociedades, en donde este grupo no ha existido, o no ha sido importante, el sistema adecuado ha sido otro. La democracia representativa es un sistema político que permite concentrar las preferencias de millones de personas en un grupo manejable de representantes. Para que este sistema funcione se requieren reglas acerca de su elección, sus atribuciones y límites, pero también de mecanismos que faciliten el flujo de información y deliberación.

Este sistema depende precisamente de la representación, que permite construir espacios de negociación, imposibles entre millones de personas. Es decir, que los representantes no deben ser expertos en los temas sobre los que legislan o deciden, sino capaces de entablar negociaciones que permitan que esas leyes o decisiones puedan contar con el máximo apoyo posible.

En tiempos recientes se ha hecho popular la idea de que este sistema se puede perfeccionar a través de medidas de democracia directa. Es un error. Estos mecanismos minan la base de la democracia representativa, puesto que los representantes pierden toda su utilidad. De hecho, lo que estos mecanismos logran es anular el cuerpo representativo para abrir una comunicación directa entre el líder y el pueblo. Más claro, los mecanismos de democracia directa son, en realidad, la institucionalización del populismo político.

Es por eso que las democracias representativas que tienen estos mecanismos los limitan mucho: son para decisiones muy locales o muy importantes. Para decidir si se instala un basurero o para refrendar una nueva Constitución, pero no para la inmensa mayoría de las decisiones que están entre estos dos extremos. De otra forma, los representantes serían innecesarios y el poder se concentraría, acabando con la democracia.

Es por eso que la idea de hacer referendos, plebiscitos o consultas populares debe limitarse. Aunque no lo parezca a primera vista, estos mecanismos acaban siendo antidemocráticos. Sin embargo, la popularidad de estas ideas hace difícil oponerse a ellas, porque es políticamente incorrecto. Y así, gracias a la corrección política, las democracias acaban en manos de los demagogos y los populistas, que no tardan mucho en mostrar su verdadero rostro: el autoritarismo.

Lo vuelvo a decir: así se hundió Europa Central entre las dos guerras, y así se construyó el régimen de la Revolución. No repitamos los errores.

PAN: el PRI, como aliado y adversario

Jorge Fernández Menéndez
Razones
Excélsior

El PAN inició formalmente la campaña electoral para 2009, haciéndolo coincidir con lo que hoy debería constituir su principal señal de identidad: la victoria electoral de Felipe Calderón de 2006. Y lo hizo con un acto en Naucalpan en el cual el discurso de Germán Martínez estuvo marcado por una definición que a muchos sorprendió: dijo el presidente del PAN que el PRI es necesario para el panismo y el gobierno federal con el fin de llegar a acuerdos importantes en la agenda nacional pero que, al mismo tiempo, el PRI es el adversario a vencer por el PAN en las elecciones del 5 de julio de 2009.

Algunos han dicho que esa definición le quitará posibilidades de acuerdo al presidente Calderón en el tema energético o que le puede dificultar la aprobación del presupuesto. Hay quien ha asegurado que, con ello, se subestima la fuerza del PRD. Pero el hecho es que así son las cosas: el PAN y el PRI se necesitan, a nivel federal y estatal, para gobernar, pero al mismo tiempo la elección del año próximo será un enfrentamiento que los tiene a ambos como principales protagonistas. No es una subestimación del PRD: simplemente, en el calendario electoral del año próximo esa es su realidad: según todas las encuestas, está bastante por debajo de 20%, con el voto concentrado en el área metropolitana de la Ciudad de México y en algunas zonas del país, como Guerrero, y en el resto simplemente la suya es una presencia marginal. En ninguna de las seis elecciones para gobernador del año próximo el PRD será protagonista: en Nuevo León, Sonora, Querétaro, Campeche, San Luis Potosí y Colima las posibilidades perredistas son nulas mientras que en la mayoría de esos estados la diferencia entre priistas y panistas ha sido mínima, de unos tres mil votos. Habrá elecciones, además, para renovar congresos locales y municipios en Jalisco, Guanajuato, Morelos, Guerrero, el Estado de México y el DF. Y, salvo en el DF y la zona oriente del Edomex, Guerrero o en zonas muy específicas de Morelos, la contienda será, también allí, bipartidista, entre el PRI y el PAN. Y el panismo tendrá que encontrar un lenguaje que muestre hacia dónde quiere ir, como proyecto de país y de gobierno a nivel federal y, en algunos casos, local y, como oposición, en muchos otros. La única forma de combinarlo es tener una visión de futuro común, pero sobre todo colocar a los mejores candidatos posibles, distrito por distrito y estado por estado. Durante mucho tiempo, el panismo apostó por colocar a sus mejores hombres y mujeres en los listados plurinominales, para asegurar que llegaran al Congreso. Ha llegado la hora de enviarlos a los distritos, para que allí ganen o pierdan posiciones. Ahí definirá el PAN el resultado de 2009 y su principal adversario será el PRI, precisamente, donde es más fuerte.

El PRI tiene una ventaja adicional: además de una estructura mucho más asentada en todo el país, que se pone de manifiesto principalmente en las elecciones intermedias, las encuestas demuestran que termina recibiendo los votos desencantados del PRD y, éstos, hoy son legión: por lo menos de la mitad de quienes votaron por ese partido hace dos años. El PAN, por su parte, está en un proceso de renovación luego de la desastrosa gestión de Manuel Espino, que dejó un partido desarticulado y sin estructuras funcionando en buena parte del país: la mejor demostración de ello fueron las enormes dificultades que tuvo el panismo en 2006 para cubrir, como debía, incluso la totalidad de las casillas. Al señalar que el PRI es el adversario a vencer, al panismo le debe quedar en claro que los comicios de 2009 serán, por sobre todas las cosas, locales, que la elección se ganará o perderá en cada distrito y que eso va a ser en lucha con un PRI que hoy está mejor organizado, ha sabido capitalizar su papel de oposición y está jugando desde hace tiempo con ese doble papel de aliado necesario y adversario electoral. Y, por no tomar en cuenta esas realidades, el PAN ha perdido elecciones que podría haber ganado, como Yucatán.

El tema no sólo es definir líneas, sino complementarlo con la elección de candidatos acertados, apostando más a la aceptación de la gente que a los grupos que tienen el control tradicional de las estructuras partidarias, pero no le dicen nada al electorado. O a dirigentes o funcionarios que aspiran a llegar al Congreso, mas no quieren pasar por el fragor de una campaña en sus distritos. Allí estará la clave del enfrentamiento, porque el PRI aparentemente ya aprendió y ha enviado, y seguirá haciéndolo, a los mejores candidatos locales posibles, mientras que en el PRD la batalla interna ha alcanzado un tono tan álgido que los mayores enemigos para ocupar esas posiciones serán del mismo partido, al tiempo que se hará aún más conflictiva la lucha por ocupar espacios plurinominales.

Y, por último, el PAN deberá, en todo esto, asumirse como el partido en el poder: y va para ocho años de que está en esa situación y todavía no lo termina de comprender. Ser el partido en el poder no significa ser el partido del poder y convertirlo en una secretaría de Estado más. Eso no lo entendió (ni necesitaba entenderlo) durante años el PRI, pero desde la derrota en 2000 lo ha asimilado cada vez más; no lo entiende el PRD, que suele mantener una relación de las más anacrónicas entre el partido, sus gobiernos e incluso algunos de sus líderes. En el PAN, en el primer año de Calderón, el entonces presidente Manuel Espino quiso establecer una distancia con el poder que lo convertía, prácticamente, en partido de oposición, con el objetivo de colocar a sus partidarios en las mejores posiciones. Ser partido en el poder significa, entre otras cosas, asumir las políticas del poder y comprender que la suerte de la administración está indisolublemente ligada a la de ese gobierno. Y hoy no todos en el panismo parecen comprenderlo así.

De cabras y comunistas

Luis González de Alba
La Calle
Milenio

La cabra tira al monte, y el ex comunista… al control estatal. Amigos muy queridos y cuyas ideas respeto y sigo, sostienen que la equidad en las campañas políticas debe regularse con muy estrictas medidas de Estado. Coincido con ellos en el postulado inicial: que vivimos setenta años de avasallante dominio del PRI debido a que tenía el control del gobierno y de todos los elementos del Estado. Así que no era un partido, sino el brazo del gobierno. Modificamos los mexicanos esa aberración y nos dimos un sistema de partidos, un organismo electoral independiente y elecciones bajo vigilancia de los mismos partidos contendientes y de los ciudadanos.

Pero se ha legislado hasta el nivel de contabilizar los segundos que serán destinados a cada partido en campaña. Y aquí es donde asoma el viejo y conocido rabo del culto a los controles estatales. Así entre comerciantes como entre partidos, la equidad es labor del gobierno, nos dicen. Pero siempre que hemos tratado de imponer la equidad, hemos caído en una pendiente resbaladiza. A la equidad sobre-regulada en las campañas le ocurre como a la vieja fórmula para la equidad económica: si hay carestía se ordena control de precios, si lo evaden se expropia, si los expropiados huyen con sus capitales, se estatiza la banca. Es redescubrir al PRI.

Llevada a las campañas esta vieja idea, bajo su nuevo disfraz, nos dice que urge la equidad entre los partidos contendientes (cierto, como urge la equidad entre las personas) y para eso el Estado debe vigilar que nadie tenga ventajas. De ahí que repartan los tiempos en radio y televisión de forma proporcional y, para conservar esa proporción, supuestamente equitativa, prohíban a los ciudadanos sin partido comprar tiempos para influir en las preferencias electorales.

Para garantizar el buen comportamiento, además prohíben a todos mencionar los defectos del oponente: si un candidato maquinó un fraude en su anterior puesto, no puede mencionarse el tema; las macrolimosnas, los fajos de dólares con ligas, la complicidad para encarcelar a una periodista, la sublevación de Oaxaca son temas prohibidos por la ley electoral y ahora por la Constitución.

Pero todos sabemos que la equidad es imposible: el partido pequeño recibe menos que el grande. Eso ya es injusto; pero al además negarle posibilidad de financiarse por sus propios medios, la búsqueda de equidad se vuelve contraproducente: la ley castiga la eficacia y premia a quien sólo estira la mano para pedir. Como los subsidios a la economía, el destino de los subsidios a los partidos es el despilfarro. No lo supongo, lo vemos y oímos todos a diario: desde que los anuncios no les cuestan, los partidos han abatido la calidad de su propaganda, en vez de invertir lo ahorrado en mejores campañas. Sería distinto si el minuto les costara y se gastarían más cerebro en sus spots.

Con afán de equidad, muy loable, la humanidad se topó con Stalin y Fidel Castro. Y apenas viene saliendo de la pesadilla. Ahora los partidos mexicanos se topan con que no pueden llamar “violento” al violento ni anteponer el título que deseen al amor de sus amores: presidente legítimo o alteza serenísima. No es culpa del IFE, es de una ley ridícula pergeñada al calor del berrinche y la rabieta, que el IFE sólo aplica. Y falta lo peor: que los infractores de esa ley vean canceladas sus “concesiones” en radio y TV, porque concesiones y no derechos son, y el gobierno es dueño hasta del campo electromagnético… ¿Hasta cuántos kilómetros por encima del planeta? Porque el electromagnetismo permea el universo entero.

SCJN. Un gran aplauso merece la Suprema Corte de Justicia por cancelar el monstruoso cambalache de votos que las oligarquías de los partidos se habían otorgado alborozadas: si a alguno le faltaban votos para conservar su registro (es lo de menos) y su tajada presupuestal (es lo de más) sus secuaces podían “mocharse” con un fajo de votos para ayudar al menesteroso. Era indignante porque los ciudadanos votamos por un partido, no por cualquiera al que deseen regalar nuestra boleta cruzada.

Los ciudadanos como botín. Así se tituló, hace ya como 35 años, un manifiesto contra las redadas y razias que firmamos nombres de todos los colores políticos. Hoy se siguen cometiendo para robar a los jóvenes y extorsionar a sus padres. Por eso la policía no dejaba salir a los muchachos del New’s Divine: se les iba el negocio. Y la avaricia dejó una docena de muertos.

Vean a los defensores de la Constitución

Pablo Hiriart
Vida Nacional
Excélsior

Hoy deberían conocerse por lo menos dos renuncias, o remociones: la del secretario de Seguridad Pública del Distrito Federal, y la del procurador de Justicia de la capital, por violar la Constitución con un saldo trágico de 12 muertos.

En principio, ellos son responsables de lo ocurrido en la discoteca News Divine.

Lo que hubo esa tarde fue una redada, como muchas otras practicadas por las autoridades del Distrito Federal en contra de jóvenes.

Y las redadas, lo sabe cualquier pasante de derecho, son inconstitucionales.

Por eso digo que, en principio y sólo en principio, los responsables son Joel Ortega y Félix Cárdenas.

Si ellos recibieron órdenes o enteraron al jefe de Gobierno sobre esas redadas, el que debería renunciar este día es el jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard Casaubón.

Los artículos 14 y 16 de la Constitución son muy claros al precisar que las detenciones proceden cuando hay de por medio una orden de aprehensión girada por un juez o en caso de flagrancia. De lo contrario, dice el artículo 14 de la Carta Magna, “nadie podrá ser privado de su libertad o de sus derechos”.

El 16 establece que la detención también procede “en caso de delitos flagrantes, poniéndolos sin demora a disposición de la autoridad inmediata, y ésta, con la misma prontitud, a la del Ministerio Público”.

¿Qué delitos cometían los jóvenes que fueron detenidos mientras se divertían en la discoteca News Divine?

Ninguno.

¿Había una orden judicial para aprehenderlos y llevarlos a la agencia del Ministerio Público?

Desde luego que no.

En este caso las autoridades capitalinas son responsables de violar la Constitución que juraron cumplir y hacer cumplir.

El saldo de su violación a la Carta Magna fue de 12 muertos, y no es poca cosa.

Los guardianes de la Constitución en materia petrolera (que no viola el proyecto de reformas que se discute en el Senado), ¿van a lavarse las manos por pisotearla y, como consecuencia de ello, provocar la muerte por asfixia y golpes de jóvenes y adolescentes?

Una consulta a los capitalinos organiza el Gobierno del DF para “frenar la violación a la Constitución” con la reforma petrolera.

¿Y cómo andamos por casa?

Si Calderón, Reyes Heroles, Kessel, Beltrones, Labastida y otros son acreedores del calificativo de vendepatrias por impulsar una reforma a Pemex, ¿qué queda para los que violan la Constitución y provocan la muerte por asfixia de jóvenes mexicanos?

Ya sabemos que los jóvenes y tres policías murieron porque las autoridades taponaron las puertas de salida de la discoteca.

Las bloquearon a fin de esperar a que regresaran los camiones que habían llevado detenidos a los jóvenes, y volverlos a cargar con más muchachos.

¿Por qué violaron la Constitución al detener y provocar la muerte de jóvenes, si no estaban cometiendo delitos ni había orden de captura contra ellos?

Todo apunta al dinero. Al robo y a la extorsión.

De acuerdo con datos revelados por los detenidos, en la agencia del MP fueron marcados con plumón los que ya habían hablado a sus casas.

El rescate para dejarlos salir era de mil pesos por muchacho.

Si la Procuraduría capitalina entrega hoy su informe con esos datos, que son verificables, el personal de la Procuraduría tendría que ser procesado por secuestro.

¿Va a acusarse a sí misma la PGJDF?

Difícilmente lo hará.

Pero los ciudadanos podremos ver de qué están hechos “los puros”, los que todo el día acusan de corruptos a los demás y no se han mirado al espejo.

Desde cuando se creó la Unipol en cinco delegaciones del DF, se incentivó la detención de muchas personas para que la estadística reflejara que “estaban trabajando” y había resultados rápidos.

Así, es mucho más sencillo —y eficaz para la estadística— atrapar a muchachos inocentes, de escasos recursos, sin acceso a buenos abogados ni a medios de comunicación, que aprehender a criminales, secuestradores y delincuentes de alta peligrosidad que son el azote de los ciudadanos del Distrito Federal.

Lo de negligencia criminal, es obvio.

Un radioescucha nos envió un correo que decía, más o menos:

El ejército de Colombia liberó a 14 secuestrados y detuvo a dos jefes guerrilleros secuestradores sin disparar un solo tiro.

Aquí, las policías del DF mataron a 12 personas inocentes sin disparar un solo tiro.

Calderón, el PAN y el 2009

(Podemos no estar de acuerdo, pero es importante escuchar y leer a los críticos)

Ricardo Alemán
aleman2@prodigy.net.mx
Itinerario Político
El Universal

El partido será una maquinaria sin más ideología que la capacidad de captar votos
Donde haya acciones de política social del gobierno, habrá una célula blanquiazu
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Los estrategas de la casa presidencial saben muy bien que la de 2009 será una elección decisiva para el futuro del gobierno de Felipe Calderón.

Por eso la apuesta fundamental para esa elección —que renovará los 500 diputados federales— es lo más cercano a una reconstrucción del partido azul que —a decir de los calderonistas— prácticamente fue destruido a lo largo de los seis años del gobierno de Vicente Fox y del ex dirigente Manuel Espino.

Acaso por eso —en una estrategia que según reputados panistas no es más que una burda justificación de que el PAN fue asaltado por la cultura del viejo partido de Estado— los generales que despachan en Los Pinos y en la colonia Del Valle pretenden convencer a todos de que el partido azul vive una suerte de refundación, en donde abrirá las puertas a todos aquellos que tengan algo que dar al partido, no sólo para hacer frente al proceso electoral del año venidero, sino para mantener el poder en las décadas por venir.

Y es que en los hechos —en una paradoja del septuagenario que es el partido azul—, Acción Nacional vive una severa crisis que en su momento describió el hoy presidente Calderón: ganó el poder, pero vive la peor de las tragedias de identidad. Existe el riesgo de perder el partido.

Es decir, luego de un sexenio en donde el poder presidencial estuvo en manos de un puñado de neopanistas —muchos de ellos sin identidad con el partido azul— y cuando el PAN está en manos de lo que se llamó la militancia doctrinaria, es precisamente cuando el viejo partido de la derecha reniega de su estandarte derechista, se mueve al llamado centro ideológico y con ello abre sus puertas de par en par para que lleguen todos aquellos que quieran entrar, prácticamente, sin limitación alguna.

Por esa razón, el PAN que se enfrentará a la voluntad popular en la elección de 2009 será lo más parecido a una maquinaria electoral sin más ideología que la capacidad de captar votos, ya que a partir de las reformas recientes a sus estatutos, la dirigencia nacional —en manos de Germán Martínez, pero bajo la mirada rigurosa del jefe real que es el presidente Calderón— tendrá entre sus facultades las de promover e incluso imponer candidaturas a puestos de elección popular, sea en diputaciones locales y alcaldías, sea de gobernadores, diputados federales y senadores.

En pocas palabras, que la dirigencia nacional del PAN podrá buscar a los líderes regionales más populares, carismáticos y con capacidad de ganar votos, para postularlos, por ejemplo, a diputados federales. Esas nuevas facultades de la dirigencia nacional del partido azul le darán a su presidente, Germán Martínez, y a su líder real, el presidente Calderón, un margen de maniobra que nadie ha tenido en la historia del partido azul. O si se quiere ver desde otro ángulo, el PAN operará bajo la lógica y la cultura del partido de Estado.

De esa manera, una vez que de manera formal arrancó para los azules la contienda electoral de 2009 —y frente a un PRI cuya maquinaria parece avejentada, y un PRD prácticamente balcanizado—, muy pronto veremos aparecer una nueva estructura piramidal de generales que en las bases territoriales del PAN serán los estrategas bajo cuyo mando se organizarán los andamios sobre los que se edificará el nuevo partido. Eso sí, siempre bajo la lógica del mando único que está en la residencia oficial de Los Pinos.

El control del partido en las distintas entidades del país, y sobre todo en donde Acción Nacional es gobierno, no estará en manos de los gobiernos estatales, de los alcaldes o de otros centros de poder vinculados con el servicio público, sino que el verdadero centro de mando estará en la colonia Del Valle, a donde llegará la instrucción del jefe real y único: el presidente Calderón.

Y en tiempos electorales, como los que viviremos a partir de hoy, estará a la vista de todos un diseño político electoral que entrelazará una nueva estructura del partido azul con las políticas sociales del gobierno, a fin de capitalizar precisamente las acciones y gestiones de la administración de Felipe Calderón. Es decir, que allí donde se realizan fuertes acciones de política social, allí mismo y de manera simultánea se desarrollará una célula nueva del PAN, que crecerá a la par de los programas públicos. Por eso la dirigencia de los azules están confiados en que resultarán gananciosos en 2009. El riesgo es alto. Al tiempo.

EN EL CAMINO

Y a propósito del PAN, resulta que el pasado sábado, en Hidalgo —durante la jornada de reforestación que a nivel nacional—, el panismo estatal se dijo agraviado por el secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, quien prácticamente ignoró a la dirigencia estatal y a sus legisladores...

En aras de la equidad: una mala solución

Leo Zuckermann
Juegos de Poder
Excélsior

En la última reforma electoral se prohibió en la Constitución que cualquier persona u organización social pueda comprar anuncios de radio y televisión dirigidos “a influir en las preferencias electorales de los ciudadanos, ni a favor o en contra de partidos políticos o de candidatos a cargos de elección popular”. De acuerdo con José Woldenberg, defensor de esta prohibición, el “sentido es claro: impedir que una persona o un grupo de ciudadanos disloquen uno de los pilares de cualquier contienda democrática: la equidad”.

En su argumentación, el ex presidente del IFE nos invita a un ejercicio de “(poca) imaginación” donde “un grupo (o un individuo) decide gastar (¿invertir?) un buen número de millones de pesos para respaldar a un candidato y descalificar a sus oponentes. Llena las pantallas de televisión y a las emisiones de radio con sus mensajes. Y así, de esa manera, ejerciendo su libertad y gastando su dinero acaba desequilibrando las condiciones de la contienda electoral que tanto esfuerzo ha costado construir”. Ergo, debe prohibirse que cualquier ciudadano, con mucho o poco dinero, compre spots de radio y televisión, ya sea de los caros o de los baratos.

¿Impedir una plutocracia?

Me parece que en el fondo los defensores de esta restricción tienen el temor de que nuestra incipiente democracia se convierta en una plutocracia. Que los grandes capitalistas utilicen su poder económico en los medios para desequilibrar el juego político a favor de un candidato que les conviene. Sobre todo en un país como México donde hay empresarios monopolistas y oligopolistas con mucho poder económico. Para el interés general de la sociedad, resulta mejor prohibirles a estos grupos que participen en el debate político con anuncios de radio y televisión.

El argumento parte de una premisa que podría estar equivocada, es decir, que la gente con dinero compra el voto ciudadano. Que entre más spots en la radio y la televisión, más votos se consiguen. Este razonamiento no se sostiene empíricamente. Cualquier estudiante de los procesos electorales sabe que cuenta más el mensaje que el dinero. Pero por un momento asumamos que los defensores de la reforma electoral tienen razón con su argumento de que hay que prohibir que los adinerados influyan en las preferencias electorales. Lo que está mal es la solución que defienden, es decir, prohibirle a toda la ciudadanía comprar espacios en los medios electrónicos.

Se rompen los puentes entre los partidos y la sociedad

Para empezar, la solución no sólo afecta a la minoría de empresarios multimillonarios que podría instaurar una plutocracia en México. Perjudica a todas las minorías que no podrán comprar anuncios para apoyar o criticar a un candidato o partido. La comunidad judía no podrá adquirir spots para desaprobar a un político antisemita ni las feministas a un misógino. Los ultramontanos no podrán apoyar a un candidato que esté en contra de la despenalización del aborto o los sindicalistas a un partido que defienda sus intereses. Es decir, en aras de la equidad en las contiendas entre partidos, se genera una inequidad entre los partidos y la sociedad. Sólo los partidos podrán hablar de política en spots de radio y televisión. La sociedad deberá callarse en estos espacios.

El asunto no es trivial. En México vivimos en una democracia cuyo eje central son los partidos. Claro que la democracia necesita partidos para funcionar. Pero tampoco se puede sacar de la ecuación democrática a la sociedad porque terminamos con una partidocracia.

De hecho, el problema es que, estos años, se han venido rompiendo los puentes que deben de existir entre la sociedad y los partidos. Fíjense ustedes en todas las reglas que están diseñadas para aislar cada vez más a los partidos de la sociedad. Uno: están prohibidas las candidaturas apartidistas. Dos: la constitución de un nuevo partido es cada vez más difícil. Tres: los partidos existentes privilegian en sus reglas internas que sus militantes y adherentes decidan las candidaturas. Cuatro: un partido no necesita del financiamiento privado para sobrevivir. Cinco: no hay reelección inmediata consecutiva de legisladores por lo que éstos no tienen por qué rendirles cuentas a los ciudadanos a quienes supuestamente representan. Y ahora la sociedad no puede opinar sobre política en spots de radio y televisión. El resultado es evidente: una partidocracia de tres partidos cada vez más aislada de la sociedad. ¿De verdad este es el tipo de democracia que queremos tener?

La solución a la plutocracia

Si el problema es la posible instauración de una plutocracia en México, la solución no consiste en restringir a la sociedad sino atacar las verdaderas bases del poder plutocrático. En nuestro país esto implica romper los monopolios y oligopolios que dominan a varios sectores de la economía. Para ello se necesita una clase política efectivamente dispuesta a hacerlo porque responde al interés general de la sociedad. Y esto entraña tender puentes para conectar a los partidos con la sociedad.

Pero, con reformas electorales que restringen las voces ciudadanas en la política, lo único que se logra es dinamitar estos puentes y consolidar una partidocracia dedicada a defender sus respectivos intereses partidistas y no los de la sociedad. En aras de una supuesta equidad en las contiendas electorales, estamos creando un oligopolio político de tres, cada vez más desconectado de la sociedad, que no está haciendo nada por resolver la verdadera amenaza del poder plutocrático: los monopolios y los oligopolios económicos.